M√ćSTICA Y ESPIRITUALIDAD

La palabra ‚Äúm√≠stica‚ÄĚ, aunque haya aparecido por primera vez en el texto de Dionisio Areopagita fechada al final del siglo V, inicio del siglo VI de la era cristiana, es algo cuyo contenido siempre estuvo presente en la historia del Cristianismo. Despu√©s pas√≥ a ser usada m√°s como sustantivo, alrededor del siglo XVII en Francia. En verdad, la m√≠stica propiamente dicha encontr√≥ muchas dificultades para establecer su ciudadan√≠a en los medios teol√≥gicos, especialmente protestantes. Existe una gran sospecha en estos medios sobre la experiencia que provoca estados alterados de conciencia desvinculada de una √©tica y de una praxis.

¬†Sin embargo, hay una intuici√≥n presente, desde los inicios del Cristianismo que la abertura del esp√≠ritu humano al Absoluto tiende en su propio dinamismo hacia un horizonte inatingible para la plenitud del ser y del bien, que moviliza la inteligencia y la libertad humana y est√° presente en cada acto cognitivo o volitivo como condici√≥n de su propia posibilidad. Este horizonte infinito, para el cual est√° orientado estructuralmente el ser humano, es el propio Dios, experimentado como cercano e inmediato, y fundamentando la esperanza de llegar a √Čl.

A partir de una adecuada concepción cristiana de la creación, siempre y totalmente orientada hacia la salvación, lo Último hacia lo que el hombre está direccionado es el Dios que gratuitamente toma la iniciativa de la salvación y que libremente se autocomunica. En cada acto de conocimiento o de querer, el dinamismo del espíritu ultrapasa el objeto conocido o querido, orientándose hacia este horizonte infinito. La experiencia de Dios es propiamente una experiencia de estar orientado (feciste nos ad te) para Dios y sucede siempre una experiencia del conocimiento o del querer concreto. En esta experiencia está la base segura para el discurso sobre Dios. En caso contrario, siempre se corre el peligro de imaginarlo de forma errada.

De cualquier manera, en ella debe estar presente una intencionalidad propia, dirigida al Sentido Radical, o a la Realidad √öltima de la historia que confiere al que realiza esta experiencia un sentido definitivo para el sujeto y para toda la realidad que lo envuelve. √Čsta es la intencionalidad de la fe, dirigida a Dios, revelado y actuante en Jesucristo.

Esta experiencia tiene su origen en el propio Dios. No es un mero producto de la interpretaci√≥n humana ni creaci√≥n del propio hombre. No hay experiencia verdadera cuando se fija en lo particular, sino solamente en relaci√≥n con la totalidad de la existencia que no puede ser controlada por el hombre. La experiencia espiritual aut√©ntica no consiste en un simple ac√ļmulo de sensaciones. Siempre que el ser humano pone en conflicto su experiencia particular con la totalidad se abre a la dimensi√≥n espiritual. De este modo, toda experiencia verdaderamente humana est√° abierta a lo trascendente y, por lo tanto, a lo espiritual.

No es el ser humano qui√©n dirige su experiencia con Dios. Antes, es la confianza y la recepci√≥n del misterio lo que vuelve posible la experiencia. √Čl es invitado a participar de la misma experiencia ejemplar o arquet√≠pica de Jes√ļs, viviendo con √Čl, por √Čl y en √©l el misterio de la entrega total en las manos del Padre. La experiencia humana es realmente plena cuando se trasciende en Dios, que es infinitamente mayor a todo lo que los hombres est√°n dispuestos a experimentar.

Este eje de la Enciclopedia pretende ocuparse de esta cuestión de la mística y de la espiritualidad. Los artículos que siguen buscarán delimitar las fronteras y diferencias entre la experiencia religiosa y la experiencia de Dios; los fundamentos y las posibilidades de una teología de la espiritualidad; los modelos de la mística en la tradición Occidental; la historia de las espiritualidades en el Occidente cristiano, así como las grandes figuras que se destacan en esta historia; finalmente serán expuestos los contornos que la experiencia espiritual y mística cristiana presente en las comunidades populares de América Latina, con su identidad y perfiles propios y, para concluir, serán levantadas algunas cuestiones emergentes en el área de la mística, que hacen que hoy sea una de las áreas más vivas y dinámicas de la teología.

En el pensamiento occidental, la reflexi√≥n de tipo especulativo sobre la m√≠stica creci√≥ por medio de la filosof√≠a en la direcci√≥n de un pensamiento propiamente teol√≥gico. √Čste fue construido, a su vez, en base a los datos de la Escritura, a partir de la doctrina de la gracia y de la vida espiritual elaborada por la tradici√≥n cristiana. Y as√≠ provey√≥ una base s√≥lida para que la teolog√≠a pudiese ocuparse de este campo con los instrumentos que le son propios. Sin embargo, no se puede negar que aun los fil√≥sofos rigurosamente fieles a su epistemolog√≠a tuvieron que concordar que esta reflexi√≥n debe ser apoyada en concordancia con los testimonios relativos a las experiencias religiosas reconocidas como aut√©nticas.

Por lo tanto, parece que la definición de mística como cognitio Dei experimentalis, o sea, el conocimiento de Dios por experiencia, todavía permanece válida hasta hoy. Si en un segundo momento la mística puede ser abordada y reflexionada por la teología en términos más intelectuales, activando el pensar (la forma de pensar, el pensamiento), no significa ni elimina de ninguna manera y en ninguna medida este primer nivel experimental, fundamental para que reconocidamente haya lo que se entiende por mística, es decir, una experiencia del misterio de lo totalmente Otro, un conocimiento de ese Otro por medio de la experimentación. Por lo tanto, una experiencia de Dios que es misterio santo pero que, permaneciendo abscóndito, permite ser experimentado y conocido.

 Dios se revela como el Sentido Radical de la vida humana. Si toda la experiencia religiosa es una experiencia de lo Sagrado, ciertamente la experiencia mística debe ser  entendida como experiencia que tiene como objetivo más grande la unión con Dios. En cuanto misterio y gracia, es una experiencia del Sentido que requiere la persona entera en una conciencia que aprende, asimila e interpreta la experiencia, no conformándose con la sensación afectiva y catártica que ella provoca.

Siendo la teolog√≠a cristiana intellectus fidei ‚Äď o sea, fe que busca su inteligencia‚Äď ella ha aceptado constantemente, a lo largo de m√°s de 2000 a√Īos de historia del cristianismo, un desaf√≠o osado: el de buscar elaborar una reflexi√≥n rigurosa y enunciar principios sobre algo que se sit√ļa fundamentalmente en el campo de la experiencia, de lo indecible y de lo inefable como la m√≠stica.

Maria Clara Bingemer, PUC-Rio, Brasil. Texto original en Portugués.