Libros proféticos

√ćndice

1 El profeta

1.1 Concepto de ‚Äúprofeta‚ÄĚ

1.2 Verdadera y falsa profecía

2 La profecía escrita en la Biblia Hebrea

2.1 De la palabra oral a la palabra escrita

2.2 Los libros proféticos

2.2.1 Los profetas ‚Äúmayores‚ÄĚ

2.2.2 Los profetas ‚Äúmenores‚ÄĚ

2.3 La doctrina dos libros proféticos

2.4 Significado de los libros proféticos

3 Libros asociados  a la profecía

3.1 Daniel

3.2 Lamentaciones

3.2 Baruc

4 Referencias bibliogr√°ficas

1 El profeta

1.1 Concepto de ‚Äúprofeta‚ÄĚ

El t√©rmino ‚Äúprofeta‚ÄĚ proviene del griego (proph√©tes) y deriva del verbo phem√≠, que significa ‚Äúdecir, anunciar, proclamar‚ÄĚ. Seg√ļn el sentido del prefijo pr√≥-, el t√©rmino puede significar: aquel que transmite un mensaje a √©l confiado (pr√≥– en sentido substitutivo: en lugar de, en nombre de); aquel que habla delante de alguien (pr√≥– en sentido espacial); aquel que predice acontecimientos futuros (pr√≥– en sentido temporal: antes de). La acepci√≥n m√°s conveniente al ‚Äúprofeta‚ÄĚ es la primera: √©l es, por encima de todo, mensajero, que transmite la palabra a √©l confiada por Dios o por los Dioses (en el caso de pueblos polite√≠stas), una palabra que no tiene en √©l mismo su origen. El profeta puede tambi√©n hablar del futuro, pero sus palabras se dirigen primeramente al presente e, incluso cuando se refieren a acontecimientos a√ļn por venir, est√°n destinadas a sus oyentes inmediatos.

Una persona es caracterizada como profeta, por tanto, cuando se presenta como portador de una palabra divina (‚Äúor√°culo‚ÄĚ), recibida por revelaci√≥n. En esto, el profeta se distingue de otras formas de obtener respuestas divinas para cuestiones humanas (adivinaci√≥n por la observaci√≥n de astros, animales, por interpretaci√≥n de objetos, la necromancia, √©xtasis, entre otras), pues su mensaje no deriva de t√©cnicas para obtener el conocimiento, sino √ļnicamente de la comunicaci√≥n de Dios.

La Biblia hebrea us√≥ una nomenclatura variada para referirse a figuras prof√©ticas, siendo m√°s comunes t√©rminos vinculados a las ra√≠ces Hzh (tener visiones, recibir una revelaci√≥n) y r‚Äôh (ver, tener visiones) as√≠ como la expresi√≥n ‚Äô√ģŇ° [h√§]‚Äô√©l√∂h√ģmi (‚Äúhombre de Dios‚ÄĚ). La terminolog√≠a m√°s utilizada est√° vinculada a la ra√≠z nB¬ī, de la cual proviene el t√©rmino n√§b√ģ¬ī, traducido en la versi√≥n de los Setenta preferencialmente por proph√©tes.

1.2 Verdadera y falsa profecía

Controlar si la palabra que el profeta transmite proviene realmente de Dios o es imaginaci√≥n o invenci√≥n suya, no es una cuesti√≥n de f√°cil soluci√≥n. Como muchos personajes b√≠blicos que aparecen como ‚Äúprofetas‚ÄĚ reivindican hablar en nombre del Se√Īor, hubo la necesidad de establecer criterios para discernir las caracter√≠sticas de aquellos que realmente transmiten el mensaje divino:

  • Juzgan la realidad a partir de la voluntad divina (cf. Mq 2,11);
  • son obedientes a la palabra recibida (cf. Jr 23,28-29; 28,1-17);
  • no usan la profec√≠a como medio de vida (cf. Mq 3,5; Am 7,12-14);
  • su vida est√° de acuerdo con lo que anuncian (cf. Jr 23,14; Os 3,1-4);
  • son enviados por Dios para esta misi√≥n, muchas veces contra su propia voluntad (cf. Jr 1,4-10; 20,7-18).

El profeta enviado por Dios, en el AT, es, as√≠, su portavoz fiel. La palabra que Dios le comunica lo envuelve personalmente. No es solamente una informaci√≥n que recibe, sino que ¬†toca su propia vida; √©l la asimila ¬†y se identifica con ella antes de transmitirla. Esto aparece en diversas narrativas simb√≥licas que ocurren en los libros prof√©ticos. Ezequiel come el rollo de la Palabra (Ez 3,1-4); Isa√≠as tiene sus labios purificados para poder anunciar (Is 6,6-7); Jerem√≠as recibe en su boca la palabra de Dios (Jr 1,9-10); Oseas pasa por una experiencia matrimonial para expresar el amor del Se√Īor (Os 1,2; 3,1).

2 La profecía escrita en la Biblia hebrea

2.1 De la palabra oral a la palabra escrita

El profeta es sobre todo aquel que ‚Äúhabla‚ÄĚ. Por eso, normalmente hay una diferencia temporal entre el profeta como personaje que anuncia la Palabra de Dios y el escrito que lleva su nombre. Aunque haya algunos testimonios de palabras escritas en la misma √©poca del profeta (Jr 36; Is 8,16-17; 30,8), v√≠a de regla el profeta no escribe su mensaje. El texto del libro prof√©tico permite percibir que la colocaci√≥n por escrito fue hecha posteriormente, por aquellos que recibieron esta palabra como palabra de Dios y percibieron su valor. Estas palabras escritas son conservadas y transmitidas pelos cultores de las tradiciones religiosas israelitas. Al ser percibidas como permanentemente v√°lidas, son reinterpretadas y aplicadas para otras √©pocas y situaciones, sufriendo transformaciones y a√Īadidos. En este proceso de ‚Äúrelectura‚ÄĚ, hecho a la luz de las tradiciones religiosas israelitas y guiado por Dios, no hay una desnaturalizaci√≥n de la palabra inicial, pero s√≠ un desdoblamiento de sus posibilidades de significado.

De este modo, el libro profético es formado poco a poco, a partir de la selección y agrupamiento de textos que pasan por un proceso de reelaboración y reorganización, hasta llegar a una forma considerada concluida. Siendo así, los profetas, en cuanto personajes, están vinculados a un determinado período; el libro a ellos referido, sin embargo, no proviene necesariamente de su época, puede haber sido concluido en un tiempo muy posterior.

2.2 Los libros proféticos

En la Biblia Hebrea, los profetas son la segunda parte de la Escritura y comprenden:

  • Los profetas anteriores: Josu√©, Jueces, Samuel y Reyes;
  • Los profetas posteriores: Isa√≠as, Jerem√≠as, Ezequiel y los Doce Profetas (Oseas, Joel, Am√≥s, Abd√≠as, Jon√°s, Miqueas, Nah√ļm, Habacuc, Sofon√≠as, Ageo, Zacar√≠as, Malaqu√≠as).

La Biblia Griega (Setenta) denomina libros prof√©ticos solamente a los ‚Äúprofetas posteriores‚ÄĚ de la Biblia Hebrea e incluye, tambi√©n, otros textos: el libro de Baruc, el libro de las Lamentaciones, la Carta de Jerem√≠as, Daniel, con los pasajes deuterocan√≥nicos (Dn 13‚Äď14; 3,24-90). En el uso actual, en general por ‚Äúlibro prof√©tico‚ÄĚ se entiende el conjunto que comprende Isa√≠as, Jerem√≠as, Ezequiel y los Doce profetas.

2.31 Los profetas ‚Äúmayores‚ÄĚ

Tres libros prof√©ticos son conocidos como ‚Äúmayores‚ÄĚ, debido a su dimensi√≥n: Isa√≠as, Jerem√≠as e Ezequiel.

a. Isaías

El libro de Isa√≠as se remonta al profeta que, en el siglo VIII aC, en Jud√°, ejerci√≥ su ministerio. Recoge or√°culos y narraciones que provienen de esta √©poca, adem√°s de otros que, bajo la influencia de su ense√Īanza, fueron redactados siglos despu√©s. Desde el final del siglo XIX dC es mayoritariamente aceptada la distinci√≥n del¬† libro en tres partes: el Primer (Proto) Isa√≠as (que comprende los cap√≠tulos 1 a 39); el Segundo (Deutero) Isa√≠as (c. 40 a 55); y el Tercer (Trito) Isa√≠as (c. 56 a 66). La distinci√≥n es percibida por diferencias de √©poca hist√≥rica y de cu√Īo literario y teol√≥gico. Aunque existan muchos pasajes a√Īadidos en las √©pocas posteriores, en el Primer Isa√≠as buena parte de los textos proviene del siglo VIII aC. El Segundo Isa√≠as es de la √©poca del exilio babil√≥nico adelantado (alrededor del 550 aC) y anuncia en un tiempo pr√≥ximo el fin del cautiverio. El Tercer Isa√≠as est√°, en conjunto, situado en el per√≠odo post-ex√≠lico, aunque contenga textos que puedan provenir de √©pocas anteriores. El Tercer Isa√≠as es responsable no s√≥lo por la tercera parte del escrito sino tambi√©n por la forma final del libro como un todo y, por ese trabajo, el libro, a pesar de las diferentes partes, presenta unidad.

b. Jeremías

El libro de Jerem√≠as recoge or√°culos y acciones del profeta hom√≥nimo, que ejerci√≥ su ministerio en las √ļltimas d√©cadas antes de la¬† ca√≠da de Jerusal√©n, hasta el inicio del exilio babil√≥nico (Jr 1,1-3). Anunciando en una de las √©pocas m√°s conturbadas de la historia de Israel, Jerem√≠as entra en grave enfrentamiento con los reyes y regentes. Anuncia que los pecados de Jud√° llevar√°n inevitablemente ¬†a la deportaci√≥n y al exilio en Babilonia, la gran dominadora de entonces. Por este motivo, muchas veces es expuesto a graves sufrimientos. De su libro, puede inferir con nitidez lo que es el profeta seg√ļn Dios y ¬†como √©l experimenta en su vida el rechazo a la palabra del Se√Īor.

Aunque numerosos textos del libro pueden provenir de la época del profeta, el escrito fue reelaborado en épocas posteriores y tiene particular relación con la teología deuteronomista.

3. Ezequiel

El profeta Ezequiel ejerci√≥ su ministerio en Babilonia entre los a√Īos 593 y 571 aC (Ez 1.1-3; 29.17). Sacerdote, ¬†fue llevado a Babilonia en la primera Deportaci√≥n (598) y anunci√≥ el inminente final del reino de Jud√°. Despu√©s de la ca√≠da de Jerusal√©n en manos del ej√©rcito de Babilonia (587/6), el profeta procur√≥ garantizar la vida religiosa del pueblo, para mantener la fidelidad al Se√Īor. El origen sacerdotal del profeta se evidencia por su preocupaci√≥n con el templo y el culto y su concepci√≥n de Dios sobre todo bajo la idea de “gloria” (Ezequiel 1).

Aunque hay adiciones a los textos del libro, actualmente se acepta que, en su n√ļcleo, puede ser atribuido al Ezequiel de los siglos VII-VI sin tener que recurrir a una ficci√≥n.

2.3.2 Los profetas ‚Äúmenores‚ÄĚ

Son llamados as√≠ por ser de menor extensi√≥n, en comparaci√≥n con los otros tres libros prof√©ticos. Actualmente, se discute si los profetas menores son independientes o est√°n unidos en un solo libro, el “Libro de los Doce”. Si, por un lado hay elementos que unen a algunos de estos escritos, por otro hay caracter√≠sticas propias de cada uno. No est√° claro, por tanto, si ellos forman una unidad y, caso de que esto ocurra, en qu√© sentido y en qu√© medida estar√≠an unidos.

a. Oseas

Oseas es el √ļnico profeta de los Doce procedente del Reino del Norte. Su ministerio se realiza desde mediados del siglo VIII hasta los √ļltimos a√Īos antes de la ca√≠da de Samaria (alrededor de 722/721 aC). Con la imagen del matrimonio y los ni√Īos, Oseas se√Īala la grave infidelidad de Israel a Dios. A trav√©s del castigo, Dios purifica su pueblo y luego le ofrece la salvaci√≥n (Os 2,16-25; 3,1-5; 14,2-9).

b. Joel

El libro contiene muchas referencias a Jerusal√©n. Jerusal√©n tiene muros (Jl 2,7-9) y el culto parece estar organizado en el templo (Jl 2.12- 17). A partir de ah√≠, se supone que el libro fue compuesto despu√©s de Esdras y Nehem√≠as (entre los siglos V y IV antes de Cristo). Pero existe una gran controversia en cuanto a su dataci√≥n. Su tem√°tica se centra en la venida del D√≠a del Se√Īor que, al final del libro, se convertir√° en juicio a los¬† paganos y¬† salvaci√≥n para Jud√° (Jl 4,15-17.18-21).

c. Amós

Amos es el más antiguo profeta que tiene sus oráculos recogidos en un libro. Natural del Reino de Judá (Am 7,10-17), anunció la Palabra de Dios en el Reino de Israel en el siglo VIII aC, probablemente poco antes de 750 (Am 1,1). El punto central de su mensaje es la fuerte crítica al pueblo y a sus dirigentes, por su  desprecio de la ley y la justicia (Am 2,6; 6,1-7; 5,7-27; 8,4-8).

d. Abdías

El profeta es desconocido. El libro, de sólo un capítulo, proporciona pocos indicios para una datación exacta. Cómo trae el juicio contra Edom, parece que debe ser fechado después de la caída de Jerusalén (587/6 aC). Edom se aprovechó de la ruina de Judá para ocupar algunos territorios y saquear la región (Ab 10-14), lo que habría dado lugar al libro.

e. Jon√°s

El libro de Jon√°s no es un libro prof√©tico. Se a√Īadi√≥ a los “peque√Īos profetas” probablemente para completar el n√ļmero doce, considerado perfecto. Es una historia de ficci√≥n, de autor desconocido, entre los siglos IV y III antes de Cristo. Su tema central es la reflexi√≥n sobre el sentido del profetismo y el designio salv√≠fico de Dios, que sobrepasa las fronteras de Israel. El profeta Jon√°s que se menciona en 2 Reyes 14, 25 no es el mismo Jon√°s del libro.

f. Miqueas

Miqueas ejerce su ministerio bajo los reyes Jotam (740-736 aC), Acaz (736-716 aC) y Ezequ√≠as (716-686 aC) (Mi 1,1). A pesar de que profetiza en Jud√°, tambi√©n se refiere al Reino del Norte (Miqueas 1,5-6). Condena en√©rgicamente los abusos sociales y pol√≠ticos de su tiempo (Miq 1,5-6). Los pecados del pueblo promover√°n el juicio de Dios, concretado en la invasi√≥n y dominio asirio. Pero Dios prepara un futuro de salvaci√≥n (Miq 4,1‚Äď5,8; 7,8-20).

g. Nah√ļm

El libro trata de la ruina de N√≠nive, capital de Asiria (Na 2,4‚Äď3,19). Dios es justo y castigar√° a los opresores (Na 1,11-13; 2,1). Con este tema, el libro se sit√ļa probablemente¬† entre la toma de Tebas por los asirios (entre 668 y 663 aC, la ciudad se menciona en Na 3.8) y la ca√≠da de N√≠nive (612).

h. Habacuc

C√≥mo Hab 1,5-11 habla de la¬† amenaza de los babilonios, la √©poca de su anuncio es quiz√°s antes de la deportaci√≥n a Babilonia (598/7 y 587/6 aC). El problema central del libro es la cuesti√≥n del mal : ¬Ņpor qu√© Dios permite que un pueblo extranjero, pecador, avance y ¬†amenace a Jud√°? La respuesta es que Dios gobierna la historia y, a trav√©s de lo que ocurre, prepara la Salvaci√≥n final para pueblo elegido. Para ello se requiere la fidelidad a Dios (Hab 2,4).

i. Sofonías

De acuerdo con el t√≠tulo de Libro (Sf 1.1), el profeta ejerci√≥ su actividad en el Reino del Sur, los d√≠as de Jos√≠as (640-609 aC), en el tiempo de los asirios (Sf 2,13-15). Sofon√≠as se√Īal√≥ las desviaciones del pueblo: la injusticia y la idolatr√≠a (Sf 1,4-6.8-13; 3,1-8). Pero hace hincapi√© en que, en medio de Jerusal√©n / Jud√° est√° la presencia de Dios (Sf 3,5), que, en √ļltima instancia, vencer√°: Dios eliminar√° todo pecado (Sf 3,14-18). El profeta anuncia el D√≠a del Se√Īor, cuando tanto Jerusal√©n como los paganos ser√°n castigados (Sf 1,14-18).

j. Ageo

Profetiz√≥ en el post-exilio inmediato, en la √©poca de Dar√≠o I, alrededor del a√Īo 520 antes de Cristo (Ag 1,1; 2,1.10.20). Alienta al pueblo a reconstruir el templo. De esta empresa se derivar√° la prosperidad en el pa√≠s (Ag 1,6-10) y la bendici√≥n (Ag 2,19). Ageo anuncia la esperanza, en la persona de Zorobabel, de la restauraci√≥n de la dinast√≠a de David (Ag 2,23).

k. Zacarías

El libro tiene dos partes bien diferenciadas. El proto-Zacar√≠as (c. 1-8) contiene visiones y or√°culos; el Deutero-Zacar√≠as (c. 9-14), or√°culos escatol√≥gicos (ÔÉį escatolog√≠a).

El proto-Zacarías se remonta a finales del siglo VI, a partir del 520 aC (Zac 1,7), aunque algunas partes pueden ser posteriores (Zc 3,1-10, entre otros). El profeta anuncia la proximidad de la era salvífica para  Jerusalén (Zc 1,14-17; 8,1-8).

Deutero-Zacarías anuncia la realización de la salvación, con la venida de un rey mesiánico (Zac 9.1 a 17), y los grandes acontecimientos que tendrán lugar  a continuación (Zac 12.1 a 14). El pueblo será purificado de la idolatría y de los falsos profetas que se anuncian falsamente (Zac 13.1 a 6). La datación de esta parte es muy discutida; puede ser de finales del siglo III antes de Cristo.

l. Malaquías

La √©poca del anuncio es probablemente posterior a la dedicaci√≥n del templo (515 aC), antes de la reforma de Esdras y Nehem√≠as: mediados del¬† siglo V. Critica sobre todo el culto y los sacerdotes, llamando la atenci√≥n para la alabanza que debe darse a Dios (Mal 1.6 a 14) y la fiel observancia de las normas rituales (Mal 2,6; 3,9). Los pecadores pueden progresar en la vida cotidiana, pero Dios va a hacer justicia al fiel (Mal 2,17; 3,14.18).Despu√©s de la purificaci√≥n, el pueblo ser√° reunido y participar√° de la Salvaci√≥n (Mal 3,3-4.17.20). El profeta anuncia el D√≠a del Se√Īor, antes del cual¬† enviar√° a su mensajero (Mal 3,1).

2.3.3 La doctrina de los libros proféticos

Los profetas juegan un papel muy importante en la fe del Antiguo Testamento. Son int√©rpretes de la Tor√°, que se enfrentan a las acciones de individuos y¬† comunidades, disipando falsas esperanzas, se√Īalando las desviaciones, instando a la conducta apropiada a las exigencias divinas y anunciando el juicio debido a la cerraz√≥n del pueblo ante¬† las interpelaciones divinas. Parte esencial de su mensaje, sin embargo, se refiere a la expectativa de una futura salvaci√≥n, tematizada de diversas maneras de acuerdo a los tiempos y las perspectivas de cada escrito. En el centro del mensaje prof√©tico est√° siempre la persona de Dios. A partir de la imagen de Dios son tematizados otros puntos de su anuncio

a. Dios

Los libros proféticos presentan una imagen viva de Dios. Es el Dios santo (Is), que demuestra su gloria (Ez), el Dios de amor y misericordia (Os, Jr), dispuesto a perdonar (Am, J). Pero también es un Dios que exige fidelidad y no acepta los desmanes, sea del pueblo elegido o de otros pueblos (Na, Hab, los oráculos contra las naciones extranjeras en varios libros), desmanes que son tanto la infidelidad a Dios  (culto) como las transgresiones en la convivencia social.

Durante el exilio de Babilonia, se profundiz√≥ la concepci√≥n de Dios como creador de todas las cosas, de la que deriv√≥ el monote√≠smo absoluto y la universalidad de Salvaci√≥n: Si Dios cre√≥ todo, entonces s√≥lo puede ser √ļnico y por lo tanto todos est√°n llamados a participar su salvaci√≥n (Segundo y Tercer Isa√≠as).

b. El pecado

Delante de este Dios, que se mostr√≥¬† como Santo que acompa√Īa, lleno de amor, la vida de Israel, se destaca, por contraste el pecado del pueblo. El pecado es tematizado de diferentes maneras: es lo contrario de la santidad de Dios, es la desobediencia y la falta de fe (Is) traici√≥n del Amor (Os), oposici√≥n al Dios justo (Am); es abominaci√≥n a los ojos de Dios (Ez) y mentira (Jr). Israel no s√≥lo es pecado, sino cerrado a la conversi√≥n y es esta actitud la que lo deja expuesto al juicio de Dios. En la vida real, el pecado se manifiesta en tres √°reas: pol√≠tica, social y de culto.

c. La política

Los profetas hablan contra la conducci√≥n de una pol√≠tica desvinculada de la voluntad de¬† Dios. Critican las clases dominantes, que conducen a la naci√≥n sin respetar las exigencias divinas o que, al procurar alianzas extranjeras, lo hacen en detrimento de la confianza en Dios. En el Reino del Norte, Oseas acusa a la sucesi√≥n mon√°rquica realizada a trav√©s de la intriga y el asesinato. En Jud√°, la cuesti√≥n se refiere sobre todo a la confianza en los medios b√©licos y en articulaciones pol√≠ticas, sin fe en Dios, el √ļnico que realmente puede salvar (Is).

d. Justicia social

La justicia en las relaciones sociales ocupa una parte significativa del mensaje de¬† numerosos libros (Am, Is, Miq, Sof, entre otros).). A la honra de Dios deben corresponder las relaciones correctas en la comunidad. Se se√Īala, sobre todo, la injusticia a los m√°s vulnerables. Se recrimina la riqueza que coexiste con la penuria de los m√°s pobres as√≠ como la corrupci√≥n de los magistrados y gobernantes, la falta de compasi√≥n de los acreedores, los fraudes en el comercio y falso testimonio en el tribunal, todo esto resultado de la violaci√≥n de la Ley.

e. Crítica al culto

En el aspecto cultual, el mensaje prof√©tico sigue dos l√≠neas principales: (a) la cr√≠tica a la idolatr√≠a o al sincretismo; (b) la cr√≠tica al culto israelita. En este √ļltimo punto de vista, se recrimina el culto del Se√Īor realizado para el beneficio de los mismos sacerdotes y las clases dominantes en general (Os) o como un medio para “apaciguar” a Dios en lugar de realizar una conversi√≥n real (Os; Am). Tambi√©n es criticada en particular la pr√°ctica cultual desvinculada de la observaci√≥n de los mandamientos, especialmente en relaci√≥n a la justicia (Is; Am; Miq). Malaqu√≠as se levanta contra la falta de respeto y la falta de temor de Dios, manifestada en la presentaci√≥n de animales defectuosos y en ofrendas impuras (Mal 1).

f. Esperanza escatol√≥gica (√į escatolog√≠a)

Relevante en el mensaje profético es también la esperanza de un futuro prometedor. Esto se basa en el hecho de que Dios domina la historia y quiere llevarla a su plena realización. Dios restaurará a su pueblo, hará que habite en paz en su propia tierra. Jerusalén será purificada (Is, Ez, Zc), de nuevo habitado por Dios y por lo tanto se convertirá en el centro del mundo (Is 2, Miq 4). Los que dominaban al pueblo elegido serán eliminados (Na, Hab, Ab, Jl) y con eso Israel vivirá para siempre con seguridad en completa felicidad (Sf, Miq).

g. El rey ungido (Mesías)

Sobre la promesa hecha a David de que su dinast√≠a permanecer√≠a para siempre (2 Sam 7), se desarroll√≥ en algunos libros prof√©ticos, la expectativa de un rey justo y sabio, que inaugurar√≠a una √©poca de completo bienestar para Israel (Is, Jr, Miq 5). Dirigida principalmente a un futuro inminente, esta expectativa siempre se mover√° a un futuro m√°s lejano (√į escatolog√≠a), preparando as√≠ la venida definitiva de un rey Mes√≠as de parte del Se√Īor.

2.3. Significado de los libros proféticos

Los profetas gozaron de gran prestigio en las sociedades antiguas. Eran respetados y, cuando estaban vinculados al palacio, formaban parte de las clases dominantes, acompa√Īando las decisiones de los gobernantes mediante la consulta a Dios. La Palabra de la cual el profeta es portador juzga al pueblo y a las clases dominantes. Esto le confiere una gran autoridad, es cr√≠tico de la sociedad y del individuo.

En Israel, el profetismo era particularmente importante. En el contexto del Antiguo Oriente Próximo, sólo en este pueblo se conservaron libros proféticos. Esto significa que la palabra profética, aunque proferida en un momento dado, a la vista de las circunstancias precisas, se consideró válida también para otras situaciones. El mensaje profético es perenne porque la palabra de Dios de Israel no tiene vuelta atrás; tiene valor permanente (Is 40,8; 55,10-11).

3 Libros asociados a la profecía

La Septuaginta y las Biblias cristianas asociaron a la profecía los libros de Daniel, Lamentaciones y Baruc.

a. Daniel

Colocado en los Setenta y en la Vulgata entre los libros prof√©ticos, Daniel se encuentra en la Biblia hebrea, entre los “escritos”. Por su contenido, de hecho, el libro no se encuadra como profec√≠a. En la primera parte (c. 1-6), se cuentan historias edificantes. La segunda parte (c. 7-12) est√° compuesta por visiones apocal√≠pticas (√į apocal√≠ptica). De los Setenta constan tambi√©n dos cap√≠tulos que traen narraciones did√°cticas (c. 13-14).

Daniel aparece en el Libro como un tiempo personaje del tiempo del exilio de Babilonia (siglo VI¬† aC). El contenido del libro, sin embargo, indica que fue compuesto en el per√≠odo helen√≠stico. La alusi√≥n a la muerte de Ant√≠oco IV (175-164 aC), en 11.45, nos lleva a situar la finalizaci√≥n del libro en torno al a√Īo 164 aC.

El libro se encuentra escrito en tres idiomas: el arameo (2,4‚Äď7,28),¬† hebreo (1,1-2,3; 8,1‚Äď12,13) y griego (2,36-45; 3,33; 4,31; 7,14). ¬†Esta diversidad es de dif√≠cil explicaci√≥n. Se supone que fue compuesto, en parte, con materiales venidos de la tradici√≥n.

El prop√≥sito del libro es sostener la fe y la esperanza en medio de la persecuci√≥n y la adversidad (2.36 a 45; 3,33; 4,31; 7,14). Es posible para el jud√≠o vivir su fe con fidelidad. Dios interviene en favor de los justos e incluso los extranjeros reconocer√°n al Dios de Israel (c. 1-6). Dios es el Se√Īor de la historia y conoce su significado (2,28). Toda la historia camina hacia su consumaci√≥n en la cual los reinos de la tierra dar√°n lugar al reino de Dios (2,18.19.37.44; 4,34; 5,23; 7,9-14). Los c. 7-12, siguiendo la mentalidad apocal√≠ptica, ense√Īan que el enemigo ser√° destruido al final de los tiempos (8,17-19; 11,36-45). En el reino de Dios, el poder ser√° del “Hijo del Hombre” (7,13-14).

La resurrección de los muertos es testimoniada en 12,1-3.13. Se trata de la  resurrección de justos y malvados, con suertes  diferentes.

En la parte final del escrito, la historia de Susana (c. 13) muestra que Dios juzga y hace justicia a los injusticiados; la narración de Bel y la Serpiente (c. 14) critica las imágenes idólatras y defiende el monoteísmo.

b. Lamentaciones

El t√≠tulo hebreo ( “¬°C√≥mo …!”: 1.1) caracteriza un c√°ntico f√ļnebre. El Talmud da al libro el t√≠tulo de “Lamentaci√≥n”, as√≠ como la Septuaginta y la Vulgata. El “c√≥mo” inicial resume el tono de todo el texto, el sentimiento que impregna toda la obra. El libro consta de cinco c√°nticos sobre la ca√≠da de Jerusal√©n, ocupando cada uno un cap√≠tulo: los cuatro primeros son acr√≥sticos; el quinto tiene 22 versos (n√ļmero de letras del alfabeto hebreo). Presentan la destruici√≥n de la ciudad, la situaci√≥n de sus habitantes y muestran la infidelidad del pueblo, especialmente de los profetas y sacerdotes, como la causa de la cat√°strofe (1,8.14-15; 2,14; 3,42; 4,5.13; 5,7.16). El Se√Īor es justo, pero la medida de los pecados se desbord√≥ y puso en tela de juicio la protecci√≥n divina (1,18; 4,12). Pero hay esperanza, por la misericordia de Dios. Importante es la fe y la conversi√≥n para que Dios intervenga y salve (3,24-26.31-33.40-42; 5,19-22).

El libro, obra compuesta, es de la época de exilio o poco después. Aunque atribuido a Jeremías, a partir de la noticia de 2Cr 35.25, no se remonta al profeta.

d. Baruc

Se compone de una colecci√≥n de textos de naturaleza variada, siendo una parte en prosa (1,1-3.8) y otra en poes√≠a (3.9 – 5.9). En la traducci√≥n de los Setenta est√° colocado entre Jerem√≠as y Lamentaciones; en la Vulgata, despu√©s de Lamentaciones. Br 1,1-14 trae una introducci√≥n y sit√ļa el texto penitencial que sigue a continuaci√≥n. En este texto (1.15 – 3.8), se explica el exilio como consecuencia del pecado del pueblo (1,21-22; 3,5). El texto siguiente (3.9 – 4.4) es un canto de alabanza a la sabidur√≠a. Por √ļltimo, hay una predicaci√≥n prof√©tica (4,5- 5.9) que retoma temas del Segundo Isa√≠as y de Jerem√≠as.

El libro utiliza el seud√≥nimo de Baruch, secretario de Jerem√≠as (Jr 36,4). Es conocido s√≥lo en griego, aunque el original puede haber sido hebreo. Los numerosos contactos de 1,15‚Äď3,8 con Dn 9,4-19 y de 4,5‚Äď5,9 con los Salmos de Salom√≥n (ap√≥crifo del siglo II aC) indican que la redacci√≥n final del libro fue el siglo II aC . La situaci√≥n hist√≥rica presupuesta es la crisis helen√≠stica que tuvo lugar en este siglo.

El libro ense√Īa que el camino para que el pueblo supere las dificultades es confesar la culpa (1,15-20) y suplicar el perd√≥n de Dios (2,11-18; 3,1-8). Br 3.9 – 4.4 trata de la excelencia de la sabidur√≠a que reside en¬† Israel (3.22 – 28) y se identifica con la Revelaci√≥n divina (3.37 – 4.1; cf. Sir 24,23). La √ļltima parte del escrito (4,5 – 5.9) abre la perspectiva de la futura restauraci√≥n (4,30 ‚Äď 5,9). Dios es fiel, incluso ante la¬† infidelidad de Israel. Jerusal√©n tendr√° de vuelta la alegr√≠a, la paz, la gloria (5,1 – 4).

La Vulgata a√Īadi√≥ al libro un sexto cap√≠tulo, que contiene la denominada “Carta de Jerem√≠as”, que en los Setenta figura como un libro aparte. Basa su seud√≥nimo probablemente en Jr 29. Es un tratado que condena la idolatr√≠a (6,3 – 5) e ironiza los √≠dolos (6,7-14.15-72). Su dataci√≥n debe ser del per√≠odo helen√≠stico (final del siglo IV o siglo III aC).

Maria de Lourdes Corrêa Lima, PUC Rio. Texto original: Português.

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