La cuesti贸n del mal

脥ndice

Introducci贸n

1 La experiencia humana del mal en la historia de la teolog铆a moral

1.1聽 La experiencia humana del mal

1.2 En la historia de la teolog铆a moral

2 Caracter铆sticas del mal

3 Simb贸lica del mal

4 Culpa y pecado

5 Formas de expresi贸n

6 Respuesta al mal

7 Jes煤s frente al mal

8 Referencias Bibliogr谩ficas

Introducci贸n

Antes de iniciar el desarrollo de cada uno de los puntos enunciados es necesario situar, de manera muy breve, el asunto del mal. En primer lugar, es importante tener presente que el asunto del mal ha sido y puede ser planteado de diversos modos, por ejemplo, desde el punto de vista psicol贸gico; otros consideran que el mal es un asunto de naturaleza metaf铆sica, otros que es casi exclusivamente de 铆ndole moral. Pero, en primer lugar, en lo que todos est谩n de acuerdo es que el mal es una realidad que afecta a los seres humanos; segundo, existen varias teor铆as acerca de la naturaleza del mal, entre 茅stas est谩n las que afirman: a) el mal forma parte de la realidad; b) el mal es el 煤ltimo grado del ser, entendido este grado como pobreza ontol贸gica; c) el mal forma parte de lo real, pero como una entidad que opera din谩micamente y contribuye al desenvolvimiento l贸gico-metaf铆sico de lo que hay; d) el mal es el sacrificio que ejecuta una parte en beneficio del todo; e) el mal es una falta completa de realidad, es pura y simplemente el no ser, f) el mal es concebido como un alejamiento de Dios y desde esta perspectiva religiosa se concibe como una manifestaci贸n del pecado; tercero, las doctrinas m谩s destacadas sobre el origen del mal plantean que: a) el mal procede de Dios o de la causa primera; b) el mal tiene su origen en el ser humano; c) el mal es consecuencia del azar; d) es consecuencia de la naturaleza, de la materia o de otras fuentes; cuarto, tradicionalmente las clases de males se han clasificado entre el mal f铆sico, que equivale al dolor y al sufrimiento, y el mal moral que es identificado con el pecado y que algunos autores concluyen que 茅ste es el origen del mal f铆sico. A partir de Leibniz, que clasific贸 el mal en tres tipos: metaf铆sico, f铆sico y moral, se habla tambi茅n de mal metaf铆sico; finalmente, las siguientes maneras de enfrentar el mal, o actitudes frente a 茅ste, que se han identificado son: a) la aceptaci贸n del mal; b) la desesperaci贸n; c) la huida; d) la adhesi贸n; e) la acci贸n individual o colectiva para trasformar radicalmente el mal. (FERRATER MORA, 1979, p. 2079-2086).

Por 煤ltimo, es importante subrayar que en su mayor铆a las religiones han comprendido el problema del mal esencialmente desde su dimensi贸n moral y no como una cuesti贸n f铆sica o metaf铆sica, aunque en los relatos m铆ticos siempre se hayan relacionado todos estos aspectos. Para una gran mayor铆a de religiones el mal ha consistido en una infracci贸n de la ley divina, por lo tanto el sufrimiento, el dolor y la muerte son consecuencias de la infracci贸n. (Gonz谩lez, p. 49).

1 La experiencia humana del mal en la historia de la teolog铆a moral

1.1聽 La experiencia humana del mal

Debemos empezar se帽alando que abordar una reflexi贸n sobre la cuesti贸n del mal no resulta ser una tarea f谩cil ni sencilla porque de todos los problemas, la presencia del mal en el mundo es, sin duda alguna, el que suscita m谩s preguntas; la dificultad radica tambi茅n en la multiplicidad de aproximaciones debido a la diversidad de las formas con las que se presenta el mal (Latourelle, 1984, p. 335-337).

De la misma manera, debemos aclarar que plantear la cuesti贸n del mal en t茅rminos de problema es una consideraci贸n que puede resultar incompleta y quedarse corta, ya que el mal es una realidad que, tambi茅n se presenta como misterio (LACOSTE, 2007, p. 733); por tanto, podemos decir que si el mal es a la vez problema y misterio, su abordaje no pertenece exclusivamente al campo filos贸fico, sino tambi茅n al campo religioso y teol贸gico (Latourelle, 1984, p. 337-339). 鈥淭odo el enigma del mal radica en que comprendemos bajo un mismo t茅rmino, por lo menos en el occidente judeocristiano, fen贸menos tan diversos como en una primera aproximaci贸n, el pecado, el sufrimiento, y la muerte. Hasta podr铆a decirse que si la cuesti贸n del mal se distingue de la del pecado y la culpa, es porque el sufrimiento es tomado constantemente como t茅rmino de referencia鈥 (Ricoeur, 2007, p. 23-24).

Por otra parte, el fen贸meno del mal es un hecho indiscutible en la experiencia humana聽 (Bravo, 2006, p.17).聽 De una cosa, todos los seres humanos, y no solo los cristianos, somos conscientes: de la existencia del mal. No necesitamos de una revelaci贸n particular o de una demostraci贸n espec铆fica para constatar la experiencia de sus efectos (Gutierrez, 2014, p. 21). Todos podemos ver c贸mo 鈥淓l problema del mal atraviesa como una espada, dura y terrible, la entera historia de la humanidad. Ninguna cultura, y dentro de ella ning煤n individuo, ha podido escapar a su afrontamiento鈥, (TORRES, 2011, 11). De esta experiencia del mal surgen las acuciantes preguntas de 驴por qu茅 el hambre?, 驴por qu茅 los genocidios?, 驴por qu茅 tanta crueldad?, 驴por qu茅 tantas guerras sin sentido?, 驴por qu茅 el sufrimiento de tantos y tantos seres humanos inocentes?, etc. (RUBIO, 1999, 151-155).

Esta experiencia humana del mal la encontramos en los fen贸menos naturales como terremotos, sequ铆as, volcanes, inundaciones, etc.; en los males聽 f铆sicos y ps铆quicos que est谩n relacionados con las enfermedades f铆sicas y mentales; por 煤ltimo, la experiencia del mal est谩 presente en el mal moral que afecta tanto a los individuos como a los grupos. Podr铆amos decir que este 煤ltimo, el mal moral, desde una perspectiva teol贸gica hace referencia al pecado; tiene su fuente en el coraz贸n humano y es la causa de la mayor铆a de los males f铆sicos y ps铆quicos (Latourelle, 1984, p. 339-340). Por consiguiente, la experiencia del mal est谩 vinculada a lo que teol贸gicamente llamamos pecado estructural, pecado colectivo o pecado social (Estrada, 2012, p. 92). Entonces, el mal moral compete a una problem谩tica de la libertad. Intr铆nsecamente. Por eso se puede ser responsable de 茅l, asumirlo, confesarlo y combatirlo. El mal est谩 inscrito en el coraz贸n del ser humano. El mal compete a una problem谩tica de la libertad. O de la moral (Ricoeur, 2007, p. 15) si esto es as铆, la pregunta ya no es de d贸nde viene el mal sino de d贸nde viene que lo hagamos.

1.2 En la historia de la teolog铆a moral

Los Padres de la Iglesia, desde Or铆genes, Clemente de Alejandr铆a, Gregorio de Niza, hasta Agust铆n, plantearon el problema del mal con referencia a la creaci贸n; sin embargo, y a partir de Agust铆n, el mal se concibe no solo como negatividad sino, y sobre todo, como decisi贸n libre de la persona. La causa es la deficiencia de la persona que se aplica a toda su voluntad. Porque aunque 茅sta tiende por naturaleza al bien, tiene la posibilidad de optar por el mal. Aqu铆 radica la grandeza del ser humano pero tambi茅n la mayor deficiencia de su ser. (Gonzalez, p. 5-9). Desde este planteamiento debemos hablar, ya no del mal, sino del pecado constitutivo, y 茅ste como causa del pecado personal y del mal moral.

2聽Caracter铆sticas del mal

En el contexto de la racionalidad occidental y de la religi贸n judeo-cristiana, el mal se caracteriza por ser universal, irracional, personal y social. Es universal porque de 茅l dan testimonio los mitos m谩s antiguos que buscan explicar la presencia del mal en el mundo.[1] Todas las etapas de la historia est谩n atravesadas por la presencia del mal que, bajo diversas formas, llega hasta el presente. El mal, al menos como amenaza, se encuentra en todas las realidades creadas y adopta una multiplicidad de formas, de ah铆 que podamos afirmar que su presencia es universal y pluridimensional (Gelabert, 1999, p. 191-192). El mal es irracional. El mal siempre es irracional, no tiene raz贸n de ser y est谩 fuera de toda raz贸n (Gelabert, 1999, p. 192-193). Por ejemplo, podemos ver esta irracionalidad en los campos de concentraci贸n de Auschwitz, en las bombas de聽 Hiroshima y Nagasaki; solo para ilustrar lo que decimos. Sin embargo, son much铆simas las situaciones que nos muestran esta irracionalidad del mal.

Una de sus caracter铆sticas m谩s importantes es que el mal es una problem谩tica de la libertad humana. Por esta raz贸n se puede ser responsable de 茅l, asumirlo, confesarlo y combatirlo. El mal est谩 inscrito en el coraz贸n humano, en consecuencia, el mal es tambi茅n de orden moral como ya lo hemos se帽alado (RICOEUR, 15).

3聽Simb贸lica del mal

La simb贸lica del mal consiste en un intento de interpretar, comprender y explicar el asunto del mal, en otras palabras es una hermen茅utica porque como afirma Ricoeur, 鈥淪i 鈥榚l s铆mbolo da que pensar鈥, lo que la simb贸lica del mal da que pensar concierne a la grandeza y al l铆mite de toda visi贸n 茅tica del mundo, ya que el hombre, que esta simb贸lica pone de manifiesto, no parece ser menos v铆ctima que culpable鈥 (Ricoeur, 2004, 17)). Los s铆mbolos son signos que expresan y comunican un sentido, con toda raz贸n afirma Ricoeur que mythos ya es logos (Ricoeur, 2004, p. 179.183). Dentro de las cosmovisiones religiosas que presenta Ricoeur se pueden describir cuatro tipos de mitos sobre el mal: 1) en el primer relato m铆tico, Ricoeur sit煤a el comienzo del mal en el origen mismo del ser, en los Dioses que crean el mundo; 2) en un segundo grupo de mitos, se afirma que el destino marca los acontecimientos, el mal, por lo tanto es intr铆nseco a la existencia y al sufrimiento permanente; 3) en tercer lugar est谩 el mito ad谩mico judeo-cristiano, el cual se帽ala que es el ser humano el que introduce el mal en el mundo; 4) por ultimo, est谩 el mito 贸rfico que se帽ala que un alma de origen divino es encarcelada en un cuerpo que la arrastra hacia el mal (DE COSSIO, 2011, 338-339). No hay, en efecto, un lenguaje directo, no simb贸lico, del mal padecido, sufrido o cometido. Ya sea que el hombre se reconozca a s铆 mismo como responsable o como v铆ctima de un mal que lo ataca y que lo expresa desde el principio en una simb贸lica, (Ricoeur, S.M., p. 27). Sin embargo, los s铆mbolos del mal por antonomasia,聽 son la indigencia y la finitud (Estrada, 2012, p. 74).

4聽Culpa y pecado

Afirm谩bamos en el primer punto de este escrito que el mal se concibe no s贸lo como carencia o negatividad sino tambi茅n como decisi贸n libre del ser humano. Es decir que 鈥渆l mal pertenece al drama de la libertad humana. Es el precio de la libertad鈥, (SAFRANSKI, 2005, 10). Por lo tanto, es desde este planteamiento desde donde debemos hablar, ya no del mal, sino del pecado constitutivo.[2] Sin embargo, al hablar de pecado debemos dar un paso m谩s y es el paso de la raz贸n a la fe porque, como se帽ala Ricoeur, la relaci贸n personal con Dios establece el espacio espiritual en el que se intenta explicar el mal pero a nivel de pecado. Por consiguiente, la categor铆a que rige la noci贸n de pecado es la categor铆a ante Dios. De esta forma, el pecado es una magnitud religiosa antes de ser 茅tico, no es la lesi贸n de una regla abstracta, ni la violaci贸n de una ley o norma sino, y principalmente, es la ruptura de un v铆nculo personal (Ricoeur, 2004, 214). Y el mal no aparece solo como carencia sino como la ruptura de una relaci贸n (Bravo, 218).

Adem谩s del pecado personal existe la realidad de un pecado social o estructural, en el sentido de que todo pecado personal tiene una repercusi贸n sobre toda la comunidad. (Mathias, 2011). El autor afirma en su libro que existe un pecado estructural, cuyo sujeto est谩 constituido por la comunidad presente en aquella instituci贸n social que atenta abiertamente contra la vida humana; y analiza tambi茅n los efectos en los que se reconoce la existencia de un pecado estructural en un sistema social dado. 聽(VIDAL, 2012, P.261-292).

5聽Formas de expresi贸n

Es un hecho indiscutible que el ser humano se encuentra habitando un mundo en el que existe el mal y en el que se pueden reconocer varios tipos o formas de c贸mo 茅ste se expresa. (Montero,聽 coord. 2010, p.7). Entre las聽 diversas manifestaciones del mal que el ser humano ha encontrado est谩n las cat谩strofes naturales, el mal f铆sico que se manifiesta en enfermedades como el c谩ncer, el Sida, el 茅bola, las enfermedades mentales, etc. Sin embargo, la presencia del mal moral como las guerras, el terrorismo, el hambre, la crueldad, la pena de muerte, la explotaci贸n, el maltrato y abuso a mujeres y ni帽os, el mal vestido de progreso, la corrupci贸n, y un sinf铆n de etc茅teras, (L贸pez, 2012, p. 20-49) debe hacernos pensar porque aqu铆 todos somos responsables. Para ilustrar lo dicho presentaremos algunos datos; en el 2000 el presidente del Banco mundial afirmaba:

Son demasiados los pa铆ses donde el VIH/SIDA ha echado por tierra el aumento de la esperanza de vida y provocado tanto dolor y penurias. Son demasiados los pa铆ses donde las armas, la guerra y los conflictos han echado por tierra el desarrollo. (..)

Vivimos en un mundo marcado por la desigualdad. Algo marcha mal cuando el 20% m谩s rico de la poblaci贸n mundial recibe m谩s del 80% del ingreso mundial. Algo marcha mal cuando el 10% de la poblaci贸n recibe la mitad del ingreso nacional, como sucede actualmente en muchos pa铆ses. Algo marcha mal cuando el ingreso medio de los 20 pa铆ses m谩s ricos es 37 veces superior al ingreso medio de los 20 pa铆ses m谩s pobres, diferencia que se ha duplicado con creces en los 煤ltimos 40 a帽os. Algo marcha mal cuando 1.200 millones de personas contin煤an subsistiendo con menos de US$1 al d铆a y 2.800 millones viven con menos de US$2 al d铆a. En vista de todas estas fuerzas que acercan m谩s al mundo, ha llegado el momento de cambiar nuestra manera de pensar. Ha llegado el momento de reconocer que todos vivimos en un mundo, no en dos; esta pobreza est谩 en nuestra comunidad, donde sea que vivamos. Es nuestra responsabilidad. Ha llegado el momento de que los dirigentes pol铆ticos reconozcan esa obligaci贸n, (Wolfensohn).

Stiglitz, premio nobel de econom铆a 2001, afirma que el 1% de la poblaci贸n tiene lo que el 99% necesita. El 1 % de la poblaci贸n disfruta de las mejores viviendas, la mejor educaci贸n, los mejores m茅dicos y el mejor nivel de vida.

El 1 de abril del 2014 Jim Yong Kim, presidente del Banco mundial afirmaba:

Vivimos en un mundo de desigualdades. Las disparidades entre ricos y pobres son tan evidentes aqu铆 en la ciudad de Washington como en cualquier otra capital del mundo. Sin embargo, para muchos de nosotros en el mundo de los ricos las personas que est谩n excluidas del progreso econ贸mico siguen siendo en gran medida invisibles. Como expres贸 textualmente el Papa Francisco: 鈥淨ue algunas personas sin techo mueren de fr铆o en la calle no es noticia. Al contrario, una bajada (鈥) en las bolsas constituye una tragedia.

El Papa Francisco en la exhortaci贸n apost贸lica Evangelii gaudium se帽ala:

As铆 como el mandamiento de 芦no matar禄 pone un l铆mite claro para asegurar el valor de la vida humana, hoy tenemos que decir 芦no a una econom铆a de la exclusi贸n y la inequidad禄. Esa econom铆a mata. No puede ser que no sea noticia que muere de fr铆o un anciano en situaci贸n de calle y que s铆 lo sea una ca铆da de dos puntos en la bolsa. Eso es exclusi贸n. No se puede tolerar m谩s que se tire comida cuando hay gente que pasa hambre. Eso es inequidad. Hoy todo entra dentro del juego de la competitividad y de la ley del m谩s fuerte, donde el poderoso se come al m谩s d茅bil. Como consecuencia de esta situaci贸n, grandes masas de la poblaci贸n se ven excluidas y marginadas: sin trabajo, sin horizontes, sin salida, (EVAENGELII GAUDIUM 53).

Vivimos en un mundo roto por la injusticia, el hambre, las guerras, y un largo etc茅tera. Y algo estamos haciendo mal porque estas cifras que hemos presentado y otros muchos informes que se presentan cada a帽o muestran la inequidad en el mundo, en vez de disminuir van en aumento.

6聽Respuesta al mal

Deber铆a ser un hecho indiscutible que 鈥淓l mal convoca a todos a luchar en un frente com煤n: el de encontrar respuestas que, a pesar de los terribles e inacabables envites del mal, permitan vivir sin sucumbir al absurdo y sin rendirse en el esfuerzo por reparar los estragos y buscar las mejoras posibles鈥, (TORRES, 2011, p. 111). Sin embargo, frente al mal encontramos un abanico muy diverso de respuestas, entre las que est谩n: la aceptaci贸n alegre del mal (actitud que encuentra en el mal satisfacci贸n o complacencia); la aceptaci贸n resignada (actitud pasiva o racionalizada ante el mal); la desesperaci贸n (actitud de escape psicol贸gico); la adhesi贸n (actitud de sometimiento o reconciliaci贸n con el mal); y finalmente, la acci贸n (actitud de confrontaci贸n y contestaci贸n), individual y comunitaria (FERRATER MORA, 1979, p. 2084).

No cabe duda que para la teolog铆a la realidad del mal es un desaf铆o (RICOEUR, 2006), y una invitaci贸n a pensar 茅ste como la ra铆z com煤n del pecado y del sufrimiento. La cuesti贸n del mal exige una convergencia del pensamiento y la acci贸n, que pol铆tica y moralmente, exige a su vez una trasformaci贸n de los sentimientos. Por lo tanto, desde esta trasformaci贸n surge, no la cl谩sica pregunta de un por qu茅, sino 驴qu茅 hacer contra el mal?聽 (Ricoeur, 2006, p. 25. 58. 60).

La respuesta desde la fe en un Dios que libre y gratuitamente se autocomunica al ser humano (DV 2), nos lleva a afirmar con Ellacur铆a que hay que encararse con la realidad, cargar con ella y encargarse de transformarla (Estrada, 2012, 789). Teniendo presente que J. Sobrino considera la misericordia ante el sufrimiento de las v铆ctimas como la actitud fundamental de todo ser humano cabal ante el sufrimiento de las v铆ctimas y como categor铆a articuladora de la reflexi贸n teol贸gica. (Tamayo 241-242). Este enfoque hacia la acci贸n no pretende dar una soluci贸n ya hecha, sino presentar, s贸lo es el esbozo de una respuesta (Bravo 220). Porque sabemos que 鈥淓l triunfo humano sobre el mal es siempre parcial y toda conquista es precaria, antesala de nuevos desaf铆os (鈥)鈥, (ESTRADA, 2012, 87). Sin embargo, frente al mal, debemos tener esperanza, porque el amor del Dios encarnado en Jes煤s capacita al ser humano para generar el bien desde la experiencia de mal (Estrada, 2012, 94). No hay duda que el misterio del mal es muy profundo, pero m谩s profundo es todav铆a el abismo del amor de Dios. La fuerza para luchar contra el mal la encontramos en un Dios que se ha comprometido con un amor misericordioso en la cruz y nos ofrece la esperanza del triunfo en la resurrecci贸n. En consecuencia, lo que nos hace cristianos es creer que la 煤ltima y definitiva palabra de esperanza en la lucha contra el mal nos ha llegado en la cruz y en la resurrecci贸n (TORRES, 2005a, 267) de Cristo de quien se dijo que 鈥(鈥) pas贸 haciendo el bien (鈥)鈥 (Hch 10,38).

7聽Jes煤s frente al mal

En el apartado anterior hemos hecho una breve aproximaci贸n al asunto de la respuesta al mal y hemos insinuado los l铆mites y las posibilidades que 茅sta tiene. Tambi茅n hemos insinuado que la fuerza y la esperanza, en este intento de respuesta al mal, la encontramos en el amor de un Dios que se ha autocomunicado en Jes煤s de Nazaret. Por consiguiente, acercarnos a mirar c贸mo se situ贸 Jes煤s frente al mal puede orientarnos en esta gran tarea que tenemos pendiente de responder y luchar contra el mal.

Debemos empezar se帽alando que uno de los rasgos caracter铆sticos de Jes煤s es su sensibilidad hacia el sufrimiento. 鈥淵 al ver a la muchedumbre, sinti贸 compasi贸n de ella, porque estaban vejados y abatidos como ovejas que no tienen pastor鈥 (Mt 9, 36). Esta sensibilidad se transforma en compasi贸n y solidaridad con quien est谩 sufriendo y as铆 nos lo demuestra con la par谩bola del Buen Samaritano (Lc 10, 29-37) donde nos muestra que no basta con ser cumplidores con los deberes religiosos, sino que nuestro amor a Dios debe traducirse en una solidaridad efectiva con los que sufren (TAMAYO 243).

Como consecuencia de su sensibilidad hacia el sufrimiento, Jes煤s es solidario con los que son estigmatizados y excluidos por causas religiosas, pol铆ticas y sociales como los leprosos (Lc 5, 12-15; 17, 11-19; Mt 8, 1-4), los ciegos (Mt 9, 27-31 ), los paral铆ticos (Mt 9, 1-8; Lc 5, 17-26), los pose铆dos por demonios (Mt 8, 28-34; 9, 32-34), los pecadores (Mt 9, 10-13; Lc 5, 29-32; Lc 7, 36-50), los samaritanos (Jn 4, 9- 10), etc. Son relaciones de reconocimiento y acogida. Es una solidaridad tan profunda que el propio Jes煤s se identifica con todos aquellos que sufren:

Porque tuve hambre, y me diste de comer; tuve sed, y me diste de beber; era forastero y me acogisteis; estaba desnudo y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la c谩rcel y viniste a verme. (鈥).聽 En verdad os digo que cuanto hiciste a cada uno de estos hermanos m铆os m谩s peque帽os, a m铆 me lo hicisteis.聽 (Mt 25, 31-46).

Pero Jes煤s no se queda 煤nicamente en su trato misericordioso, solidario y compasivo con los que sufren, sino que va m谩s all谩 y denuncia al poder religioso, pol铆tico, social y econ贸mico que est谩n causando este sufrimiento (Mt 23, 1-32; Lc 11, 37-54). Podr铆amos decir que su actitud con los marginados, excluidos y estigmatizados por todos estos poderes ya es una denuncia y una confrontaci贸n contra el mal; este mal que en t茅rminos teol贸gicos identificamos con el pecado social o con las estructuras de pecado (Nebel, 292-340; SARMIENTO, 869-881; Moser, 1369-1383)

Resulta evidente que la persecuci贸n, el juicio, la condena, la cruz y la muerte que sufri贸 Jes煤s fue el resultado de su vida, de su lucha frontal contra el mal y de su compromiso en favor de la justicia y del bien (GELABERT, 217). Por lo tanto, la cruz no es signo de la debilidad de Dios, sino s铆mbolo de la fuerza de su amor. La cruz no es el s铆mbolo de un Dios que pacientemente acepta el sufrimiento al ser 茅l mismo v铆ctima del mal, al contrario, la cruz es el grito de protesta m谩s fuerte que jam谩s alguien haya expresado contra el mal. La cruz no es signo de fracaso y desesperanza en la lucha contra el mal porque 鈥(鈥) Dios se solidariza con la v铆ctima. (鈥) Dios est谩 en el crucificado y en todos los masacrados de la historia, incluyendo el que colgaba en las alambradas de Auschwitz. (鈥) Dios se implica en el mal no desde el poder sino desde el amor. (鈥) No elimina la muerte pero ofrece, desde ella, la vida鈥. (Lois, 35-36).

Al observar cu谩l es la actitud de Jes煤s frente al mal, debemos tener presente que 鈥渓a referencia vinculante a la memoria del crucificado y resucitado, memoria subversiva y subyugante (鈥) permite intuir al creyente qu茅 es lo que su Dios quiere de 茅l en la relaci贸n con el mal existente (Lois, 40). Por consiguiente, el cristianismo no es, en primera l铆nea, una doctrina que hay que mantener lo m谩s pura posible sino una praxis que hay que vivir lo m谩s radical posible (METZ, 33).

Algo aparece claro a partir de la vida y el mensaje de Jes煤s, de su聽 muerte y de su resurrecci贸n: Dios, su Dios, como se帽ala Schillebeecbx, es el anti-mal. 脡sta es la gran aportaci贸n de la fe cristiana al problema del mal. Al situar Jes煤s en el centro de su vida y mensaje el servicio a un Reino de justicia y de fraternidad, la lucha contra el mal se convierte en componente esencial de la vida de todo seguidor de Jes煤s (Lois, 40).

La actitud de Jes煤s frente al mal nos muestra que ni el pecado ni la muerte tienen la 煤ltima palabra. La 煤ltima palabra la tiene la cercan铆a amorosa e indulgente del Dios que se ha comunicado a S铆 mismo y ha querido venir a formar parte de nuestra historia.

Mar铆a Isabel Gil Espinosa,聽Facultad de Teolog铆a,聽Pontificia Universidad Javeriana

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[1] 鈥淓l mal aparece en los mitos m谩s antiguos como una potencia cuyas ra铆ces se encuentran en un caos primordial o en los dominios de lo divino. Pertenece, como se帽al贸 M. Elaide, al mundo de lo religioso y supera las posibilidades del conocimiento, de la acci贸n del hombre hasta que en los tiempos modernos empieza a sufrir un proceso de secularizaci贸n鈥, Montero, 2010, p. 6-7.

[2] 鈥淟a decisi贸n de entrar en el problema del mal por la puerta estrecha de la realidad humana no expresa, por consiguiente, sino la elecci贸n de una perspectiva central (鈥) Se objetar谩 que la elecci贸n de esta perspectiva es arbitraria, que es en sentido fuerte de la palabra, un prejuicio. En absoluto. La decisi贸n de abordar el mal desde la perspectiva del hombre y de su libertad no es una elecci贸n arbitraria sino adecuada a la naturaleza misma del problema鈥, ( RICOEUR, 2004, p. 14).