Las cinco Conferencias generales del Episcopado Latinoamericano

脥ndice

Introducci贸n

1 Conferencia de R铆o

2 Conferencia de Medell铆n

3 Conferencia de Puebla

4 Conferencia de Santo Domingo

5 Conferencia de Aparecida

Conclusi贸n

Referencias

Introducci贸n

La Iglesia cat贸lica de Am茅rica Latina conoci贸 una evoluci贸n importante desde la fundaci贸n del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), dejando progresivamente de ser 鈥淚glesia espejo鈥 para tornarse 鈥淚glesia fuente鈥, como lo dec铆a Henrique Cl谩udio de Lima Vaz al hablar de Brasil, pero que se puede aplicar a todo el continente (Cf. VAZ, 1968, p. 17-22). En este proceso fueran fundamentales las conferencias del episcopado de la regi贸n. Al comienzo, en la conferencia de R铆o de Janeiro, en 1965, la preocupaci贸n era m谩s bien la del centro romano, pero, a partir de Medell铆n, en 1968, hubo un verdadero giro, que no s贸lo ha afectado el catolicismo latinoamericano y caribe帽o, pero tambi茅n, sobre todo con el pontificado de Francisco, el conjunto de la Iglesia cat贸lica. El presente texto propone una s铆ntesis de los principales ejes de cada una de las cinco conferencias.

1 Conferencia de R铆o

聽La primera Conferencia General del Episcopado Latinoamericano fue convocada por P铆o XII y tuvo lugar en R铆o, en 1955. As铆 lo expresa 茅l mismo: 鈥淣os ha parecido oportuno, recogiendo adem谩s el voto que Nos present贸 el Episcopado de la Am茅rica Latina, que la Jerarqu铆a Latinoamericana se reuniera para proceder al estudio a fondo de los problemas y de los medios m谩s aptos para resolverlos con esa prontitud y plenitud que las necesidades exigen鈥 (PIO XII, 1955).

聽Lo m谩s notable de ella fue sin duda el acuerdo de crear el Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM): 鈥淟a Conferencia General del Episcopado Latinoamericano por unanimidad ha aprobado pedir, y atentamente pide a la Santa Sede Apost贸lica, la creaci贸n de un Consejo Episcopal Latinoamericano鈥 (DR 97). La misi贸n que le dan es preparar las Conferencias Generales del Episcopado y sobre todo el ejercicio de la pastoral org谩nica a trav茅s de cinco subsecretariados (DR 97)[1].

Pero tambi茅n hay que destacar que los obispos, aleccionados por los m谩s carism谩ticos, realmente se encontraron como obispos de la Patria Grande y debatieron los temas.

Ahora bien, la limitaci贸n mayor fue que tanto el presidente de la Conferencia como su ayudante fueron italianos elegidos por el papa, que tambi茅n dio el tono, el enfoque y la tem谩tica. La carta que les envi贸 antes de las sesiones fue casi literalmente la gu铆a para la Declaraci贸n inicial y para las Conclusiones. As铆 lo reconocen ellos mismos: 鈥渓as important铆simas Letras Apost贸licas “Ad Ecclesiam Christi鈥 (que) constituyeron para nosotros la 鈥楳agna Charta鈥 en los trabajos y en las conclusiones de la Conferencia鈥 (DR, Declaraci贸n). Ahora bien, esto no hay que verlo como una injerencia porque los obispos estaban de acuerdo en que ellos eran, digamos, los brazos del papa.

Las necesidades, seg煤n el papa y los obispos, eran ante todo las de la instituci贸n eclesi谩stica. As铆 lo atestiguan en la Declaraci贸n y lo repetir谩n en el documento conclusivo: 鈥渓a Conferencia ha tenido como objeto central de su labor el problema fundamental que aflige a nuestras naciones, a saber: la escasez de sacerdotes鈥. Lo califican como 鈥渓a necesidad m谩s apremiante de Am茅rica Latina鈥. Por eso la insistencia en la promoci贸n de vocaciones y en su preparaci贸n en los seminarios, as铆 como de modo m谩s general la instrucci贸n religiosa. No se puede encarecer m谩s el valor de la doctrina cristina: 鈥淟a Santa Iglesia, por disposici贸n de Dios, es la depositaria de la doctrina cristiana que, fund谩ndose en los principios eternos e indestructibles de la verdad divina, da la soluci贸n de todos aquellos problemas que tocan directa o indirectamente la vida espiritual y moral del hombre, para que 茅ste realice plenamente su condici贸n de hijo de Dios y se haga digno de las promesas del Cielo鈥 (DR, Declaraci贸n).

Este valor de la doctrina y de la instituci贸n eclesi谩stica, que es su depositaria, es tan grande que al recomendar lo que llaman las Sagradas Letras, insisten en que hay que hacerlo 鈥減oniendo de relieve los textos m谩s importantes y fundamentales, como los relativos al Primado de Pedro, a la infalibilidad del Magisterio Eclesi谩stico, al valor de la Tradici贸n etc.鈥 (DR 72). Como se ve, la Biblia y sobre todo los Evangelios no son la narraci贸n de un acontecimiento salvador, proclamado para que nos integremos a 茅l, sino un repertorio de textos que ratifican la sacralidad y autoridad de la instituci贸n eclesi谩stica.

Desde esta absolutizaci贸n de la instituci贸n eclesi谩stica, el Papa y luego los obispos se refieren a los enemigos. Citemos al Papa:

Muchos son, desgraciadamente, los asaltos de astutos enemigos y para rechazarlos es necesaria en茅rgica vigilancia: como las insidias mas贸nicas, la propaganda protestante, las diversas formas del laicismo, de superstici贸n y de espiritismo que, cuanto m谩s grave es la ignorancia de las cosas divinas y m谩s adormecida la vida cristiana, tanto m谩s f谩cilmente se difunden, ocupando el lugar de la verdadera Fe y satisfaciendo enga帽osamente las ansias del pueblo sediento de Dios. A ellas se a帽aden las perversas doctrinas de los que, bajo el falso pretexto de justicia social y de mejorar las condiciones de vida de las clases m谩s humildes, tienden a arrancar del alma el inestimable tesoro de la religi贸n (PIO XII, 1955).

Por eso, para vencerlos, insisten tanto en la difusi贸n de la doctrina y de la moral cat贸licas.

Teniendo en cuenta la escasez de sacerdotes, animan a los seglares que 鈥渕ilitan en una u otra organizaci贸n de apostolado, con plena sumisi贸n a las directivas y disposiciones de los Romanos Pont铆fices y de la Sagrada Jerarqu铆a鈥 (PIO XII, 1955). Les reconocen que 鈥渆l apostolado, aun siendo misi贸n propia del sacerdote, no es exclusiva de 茅l, sino que tambi茅n les compete a ellos, por su mismo car谩cter de cristianos, siempre bajo la obediencia de los Obispos y de los P谩rrocos y dentro de las formas y oficios que no son privativos del ministerio sacerdotal鈥 (DR 43). Su contenido es absolutamente eclesioc茅ntrico:

adem谩s de un esfuerzo continuo por conservar y defender 铆ntegramente la fe cat贸lica, debe ser un apostolado misionero de conquista para la dilataci贸n del reino de Cristo en todos los sectores y ambientes, y particularmente all铆 donde no pueda llegar la acci贸n directa del sacerdote (DR 46).

Sin embargo, queremos destacar que, a pesar de tanta mediatizaci贸n, reconocen lo que luego insistir谩 el Vaticano II: que la misi贸n les compete a ellos como cristianos, es decir, por el bautismo.

La problem谩tica social es enfatizada por el papa por su 铆ntima relaci贸n con la vida religiosa: 鈥渆l campo social: tema 茅ste que si en todos los pueblos es merecedor de la mayor consideraci贸n, en las Naciones Latinoamericanas ofrece motivos particulares para reclamar la solicitud pastoral de la Sagrada Jerarqu铆a, ya que se trata de cuesti贸n 铆ntimamente ligada con la vida religiosa鈥 (PIO XII, 1955). Los obispos en la misma onda insistir谩n en que el disc铆pulo de Cristo debe verla como un deber moral. La situaci贸n es vista fundamentalmente como subdesarrollo: 鈥渕uchos de sus habitantes – especialmente entre los trabajadores del campo y de la ciudad – viven todav铆a en una situaci贸n angustiosa鈥 (DR, Declaraci贸n). Por eso la elevaci贸n de las clases necesitadas acontecer谩 con el progreso y colaborar a 茅l es para el cristiano un deber moral:

El pensamiento cristiano, seg煤n las ense帽anzas pontificias, contempla como elemento important铆simo la elevaci贸n de las clases necesitadas, cuya realizaci贸n en茅rgica y generosa aparece a todo disc铆pulo de Cristo, no solamente como un progreso temporal, sino como el cumplimiento de un deber moral (DR, Declaraci贸n).

Esta elevaci贸n, trat谩ndose del ind铆gena, es pasar de la barbarie a la civilizaci贸n: 鈥渦na labor perseverante para que el 鈥榠ndio鈥 se incorpore con honor en el seno de la verdadera civilizaci贸n鈥 (DR, Declaraci贸n). Como se ve, identifican la cultura occidental con la cultura y consiguientemente las culturas ind铆genas como barbarie.

Concretando un poco m谩s, se refieren a la justicia social, que entra帽a llegar a la armon铆a entre el capital y el trabajo: 鈥渟olucionar estos problemas, buscando, sobre todo, establecer la armon铆a cristiana entre el capital y el trabajo鈥 (DR 80). La acci贸n de la Iglesia tendr铆a que orientarse fundamentalmente en impregnar el mundo econ贸mico de su doctrina y el esp铆ritu de armon铆a que la anima: 鈥渟e requiere la presencia activa de la Iglesia, a fin de influir en el mundo econ贸mico-social, orient谩ndolo con la luz de su doctrina y anim谩ndolo con su esp铆ritu鈥 (DR, Declaraci贸n).

Siguiendo al Papa se refieren espec铆ficamente a 鈥渓a asistencia espiritual a los emigrados鈥 (PIO XII, 1955).

No hay alusi贸n a las causas de esta situaci贸n de falta de lo esencial para las mayor铆as ni, claro est谩, ninguna denuncia. Parecer铆a que la difusi贸n de la doctrina cristiana y el cumplimiento del deber moral ser铆an suficientes para lograr un desarrollo que solucionar谩 b谩sicamente el problema. Por eso Fernando Torres Londo帽o, despu茅s de un an谩lisis acucioso en el que se帽ala todo lo positivo, concluye que esta primera Conferencia 鈥減or su esp铆ritu, por la tem谩tica que trat贸 y las conclusiones a las que lleg贸, se sit煤a en la misma trayectoria del Concilio Plenario Latinoamericano de 1899鈥. 鈥淟a Primera Conferencia muestra una Iglesia que todav铆a se piensa y se concibe en funci贸n de ella misma y de sus estructuras clericales鈥 (LONDO脩O, 1995).

2 Conferencia de Medell铆n

Para entender Medell铆n es necesario comprender su modo de producci贸n. De buenas a primeras parecer铆a que recluirse en un seminario en el centro de un bosque no ayudar铆a a hacerse cargo de la realidad, pero lo que pas贸 fue que el aislamiento provoc贸 que el grupo aconteciera como tal: que los obispos, los peritos y los observadores se compenetraran en las eucarist铆as y en las conferencias iniciales y en los grupos de trabajo y en el compartir de las comidas y el descanso, de manera que todos se dejaran ganar por el tema y lo enfocaran desde un mismo esp铆ritu, de tal modo que las diferencias, en la mayor parte de los casos, llegaron a ser internas y todos se abocaron a contribuir desde lo mejor de cada uno a la elaboraci贸n conjunta. 鈥淎 lo largo de 2 semanas unos 250 participantes en la asamblea, cardenales, obispos, observadores, religiosos y laicos hombres y mujeres compartir谩n todo, el trabajo, la mesa y la liturgia鈥 (SCATENA, 2019, p. 14). Por eso, fuera de dos cap铆tulos (el de pastoral popular y el de 茅lites), el resto posee una unidad org谩nica muy dif铆cil de alcanzar en documentos elaborados en grupo. Por eso 鈥渆n esa experiencia, se impuso a la memoria de muchos de los protagonistas, la idea de una efusi贸n palpable del Esp铆ritu de Pentecost茅s, como dijo despu茅s el argentino Pironio鈥 (SCATENA, 2019, p. 12) o como ponder贸 el cardenal Land谩zuri en su discurso de clausura:

El nuevo Pentecost茅s del que varias veces hemos hablado con ocasi贸n de esta reuni贸n es la gran idea, el gran acontecimiento. La conciencia prof茅tica que en estos d铆as despert贸 y se vivific贸 es la nueva luz para la iglesia, el nuevo Pentecost茅s para la Patria Grande. Un nuevo Pentecost茅s que se dio en el momento mismo en que la iglesia latinoamericana decidi贸 mirar a la cara la nueva realidad latinoamericana en vez de mirarse a s铆 misma (SCATENA, 2019, p. 27-28).

En efecto, el t铆tulo de la Conferencia fue: 鈥淟a Iglesia en la actual transformaci贸n de Am茅rica Latina a la luz del concilio鈥, o sea que el tema no fue ella misma sino Am茅rica Latina. La Iglesia fue el sujeto que discern铆a, interna, ciertamente al tema, y los obispos fueron capaces de interpretar prof茅ticamente la transformaci贸n que se estaba operando, tanto en lo social, lo econ贸mico y lo pol铆tico, como en lo antropol贸gico, tanto en las 茅lites desarrollistas, como en los profesionales solidarios y en el pueblo; y puesto que la miraban desde Jes煤s de Nazaret, la miraron, no desde arriba sino desde el pueblo, desde su inserci贸n solidaria en 茅l y por eso desde la elecci贸n de un modo de vida atenido a lo indispensable. Esta perspectiva fue tan decisiva que la opci贸n por los pobres fue un eje trasversal y la perspectiva para ver y juzgar la realidad y la acci贸n de la Iglesia y sobre todo que incluy贸 considerar a los pobres como sujetos en la sociedad (DM 2,27) y en la Iglesia y hacerse ellos cercanos a los pobres y hasta cierto punto pobres (DM 14: La pobreza de la Iglesia).

La metodolog铆a de Medell铆n es ver, juzgar y actuar; pero teniendo presente la interacci贸n de las tres fases. Quienes redactaron los documentos ya estaban en una acci贸n pastoral. A ella llegaron por una visi贸n y toma de posici贸n cristianas, y es desde ah铆 desde donde contemplan la situaci贸n. Este es el punto de partida de los inspiradores de los documentos de Medell铆n. Ellos los relanzan sobre la Iglesia y la opini贸n p煤blica de una manera m谩s objetivada: comenzando con la visi贸n de la realidad, ilumin谩ndola con la revelaci贸n cristiana y proponiendo los compromisos que se derivan de la conciencia de lo que Dios nos exige para responder a esta situaci贸n. Es claro que los que no comparten la opci贸n, tampoco compartir谩n su visi贸n del continente, aunque no rechacen los datos.

Los documentos ven la situaci贸n de Am茅rica Latina a trav茅s de indicadores que la describen y de vectores que indican sus l铆neas de fuerza. Los indicadores componen una situaci贸n de subdesarrollo. Los vectores de las fuerzas sociales m谩s organizadas van en dos direcciones: hacia una modernizaci贸n desarrollista y hacia una revoluci贸n estructural. Pero, sin coincidir con ninguna de ellas, est谩 la toma de conciencia y la movilizaci贸n de las masas populares hacia mejores condiciones de vida, hacia la superaci贸n de opresiones injustas y hacia una mayor personalizaci贸n y socializaci贸n.

Los documentos incluyen cuatro diagn贸sticos generales del estado de Am茅rica Latina y de su din谩mica que caracterizan certeramente lo m谩s decisivo del cuadro latinoamericano. Tambi茅n contienen una tipolog铆a de los actores sociales organizados (DM 7,5-8). Adem谩s, desglosan la situaci贸n de la familia (DM 3,1-3), de la educaci贸n (DM 4,2-6), de la juventud (DM 5,1-3,9) y del impacto de los medios de comunicaci贸n (DM 16,1-2,6). Pero, sobre todo, en el documento sobre la Paz, desarrollan una visi贸n estructural del subcontinente. Se fijan ante todo en las tensiones entre las clases: marginalidad y frustraciones crecientes, desigualdades excesivas, opresi贸n y represi贸n. Caracterizan el dominio de las clases altas sobre las dem谩s como colonialismo interno, y prev茅n que ser谩 dif铆cil mantener la paz por la insensibilidad de los de arriba, la creciente toma de conciencia de los de abajo y el inter茅s de los revolucionarios en agudizar las contradicciones. Luego caracterizan como neocolonialismo la situaci贸n de dependencia respecto de las corporaciones trasnacionales y del capital financiero mundializado, al que llaman imperialismo internacional del dinero. La distorsi贸n del comercio internacional, la fuga de dividendos y capitales econ贸micos y humanos, la evasi贸n de impuestos, el endeudamiento progresivo y el intervencionismo pol铆tico y hasta militar, ser铆an los 铆ndices m谩s decisivos. Por 煤ltimo, se refieren a las tensiones entre los pa铆ses latinoamericanos y la carrera armamentista.

Los obispos se distancian de los que promueven revoluciones armadas como v铆a para superar esta situaci贸n. Aunque reconocen la nobleza de sus motivaciones, insisten en que las consecuencias van a ser un empeoramiento de la situaci贸n (DM 2,15.19). Acusan a los que se oponen a las necesarias reformas de ser los causantes de las revoluciones de la desesperaci贸n que pueden sobrevenir (DM 2,17). Proponen el desarrollo integral. Colocan al amor como la gran fuerza liberadora de la injusticia y de la opresi贸n e inspiradora de la justicia social, entendida como concepci贸n de vida y como impulso al desarrollo integral (DM 1,5). Entienden el desarrollo integral como el paso de condiciones de vida menos humanas a m谩s humanas:

Remontarse de la miseria a la posesi贸n de lo necesario, la victoria sobre las calamidades sociales, la ampliaci贸n de los conocimientos, la adquisici贸n de la cultura […] el aumento de la consideraci贸n de la dignidad de los dem谩s, la orientaci贸n hacia el esp铆ritu de pobreza, la cooperaci贸n en el bien com煤n, la voluntad de paz […] la fe […] y la unidad en la caridad de Cristo, que nos llama a todos a participar como hijos en la vida del Dios vivo, Padre de todos los hombres (DM 1,6; 2,14a).

Este proceso requiere cambios, tanto estructurales como personales. La situaci贸n 鈥渆xige transformaciones globales, audaces, urgentes y profundamente renovadoras (DM 2,16). Esto implica vencer el 鈥渢emor a los sacrificios y a los riesgos personales que implica toda acci贸n audaz y verdaderamente eficaz鈥 (DM 2,17). El riesgo sube por la oposici贸n de quienes detentan este poder injusto y opresor. Por eso hablan de 鈥渓a energ铆a fuerte y pac铆fica de las obras constructivas鈥 (DM 2,19). Son las que se mencionan en los documentos sobre la familia, la educaci贸n, la juventud y los laicos. Pero tambi茅n son las que se proponen en los documentos de Justicia y Paz, de car谩cter m谩s global, es decir ciudadano y pol铆tico, con su inevitable dimensi贸n econ贸mica.

Como Am茅rica Latina se consideraba a s铆 misma como un continente cat贸lico, como los gobernantes se ten铆an por tales, lo mismo que las fuerzas vivas y ambas dec铆an representar a pueblos cat贸licos, este diagn贸stico les result贸 intolerable. Y emprendieron una campa帽a virulenta de persecuci贸n ideol贸gica contra los obispos y te贸logos identificados con esta l铆nea, acus谩ndolos de comunistas.

La raz贸n de ser, la inspiraci贸n de fondo, de este documento y su justificaci贸n cristiana es que Jes煤s se ha encarnado en la humanidad: a trav茅s de 茅l, que se ha hecho no s贸lo uno de nosotros sino espec铆ficamente nuestro Hermano, Dios ha echado la suerte con la humanidad; y a su vez, la humanidad no se puede entender adecuadamente sin la referencia a 茅l, no s贸lo como Creador sino como Padre, a trav茅s de su Hijo 煤nico, que se ha hecho para siempre nuestro Hermano y precisamente como pobre y, por tanto, desde los pobres. Por eso 鈥渢odo 鈥榗recimiento en humanidad鈥 nos acerca a 鈥榬eproducir la imagen del Hijo para que 茅l sea el primog茅nito entre muchos hermanos鈥欌 (DM IV,8)

Esta unidad entre cristianismo y humanidad es lo que el documento de Catequesis insiste que hay de poner de relieve:

Sin caer en confusiones o en identificaciones simplistas, se debe manifestar siempre la unidad profunda que existe entre el proyecto salv铆fico de Dios, realizado en Cristo, y las aspiraciones del hombre; entre la historia de la salvaci贸n y la historia humana; entre la Iglesia, Pueblo de Dios, y las comunidades temporales; entre la acci贸n reveladora de Dios y la experiencia del hombre; entre los dones y carismas sobrenaturales y los valores humanos (DM 8,4).

Por eso al contemplar esta situaci贸n desde dentro los obispos la califican de 鈥渧iolencia institucionalizada鈥 (DM 2,16) que constituye una situaci贸n de pecado (DM 2,1). En efecto,

La paz con Dios es el fundamento 煤ltimo de la paz interior y de la paz social. Por lo mismo, all铆 donde dicha paz social no existe; all铆 donde se encuentran injustas desigualdades sociales, pol铆ticas, econ贸micas y culturales, hay un rechazo del don de la paz del Se帽or; m谩s a煤n, un rechazo del Se帽or mismo (DM Paz14 c).

Como se ve, no se trata de un an谩lisis meramente social ni de un juicio meramente pol铆tico sino de una toma de posici贸n medularmente cristiana.

Por eso la alternativa tiene que ser trabajar para que el ser humano asuma su dignidad y responsabilidad y as铆 se empe帽e en transformar las estructuras que impiden la vida y la humanidad:

La originalidad del mensaje cristiano no consiste directamente en la afirmaci贸n de la necesidad de un cambio de estructuras, sino en la insistencia en la conversi贸n del hombre, que exige luego este cambio. No tendremos un continente nuevo sin nuevas y renovadas estructuras; sobre todo, no habr谩 continente nuevo sin hombres nuevos, que a la luz del Evangelio sepan ser verdaderamente libres y responsables (DM I,3).

Lo m谩s caracter铆stico del Documento es su car谩cter responsable (Cf. TRIGO, 2018, p. 33-57): prescriben a la Iglesia, de la que son responsables, lo equivalente de lo que se帽alan a la sociedad y en ambos campos est谩n dispuestos a ponerlo en pr谩ctica, tanto como dirigentes, como en cuanto ciudadanos y miembros del pueblo de Dios (DM Introducci贸n 3). Ante todo, urgen a los privilegiados (DM 2,17), a los pasivos (DM 2,18) y a los violentos (DM 2,19), lo mismo que a los cristianos: asumir su responsabilidad y promover la paz trabajando por la justicia (DM 2,14.16.22). A eso tienen que encaminarse las diversas expresiones de la pastoral (DM 2,24), nuestros colegios, seminarios y universidades (DM 2,25), la espiritualidad de los laicos (DM 10,17) y la tarea del obispo (DM 15,17).

La alternativa tiene que comenzar por un cambio personal (DM 1,3), que es a la vez de personalizaci贸n y cohesi贸n fraterna (DM Introducci贸n 4) y de toma de conciencia de la realidad (DM 2,7). A eso animan a los educadores (DM 4,8; 5,14) que, cristianamente hablando, es una conversi贸n (DM Mensaje; 14,17; 6,8.15). Por eso, los obispos dicen que a ellos les corresponde educar las conciencias en todos estos aspectos (DM 2,20-21) y tambi茅n fomentar los h谩bitos comunitarios hacia la colaboraci贸n (DM 1,17). Esta conciencia cr铆tica de la realidad es fundamental para los cristianos (DM 1,6) y por eso parte ineludible de la catequesis (DM 1,17), porque para conocer a Dios hay que conocer al ser humano y porque en Jes煤s de Nazaret se manifiesta el misterio humano (DM Introducci贸n 1). Esta participaci贸n tiene que llegar a la pol铆tica como ejercicio de caridad (DM 1,16).

La propuesta de una educaci贸n personalizadora (DM 4,4.8.11) se expresa para la Iglesia como necesidad de activar una catequesis integral (DM 8,1.6). Proponen que sean participativas tanto la sociedad (DM 7,21;5,1; 2,15;1,7;4,12; 1,12.16) como la Iglesia (DM 15,3.6; 5,13,14; 11,16.19). A la necesidad de que la sociedad se reestructure a partir de las comunidades de base (DM 2,14.27) corresponde la de que la Iglesia lo haga a partir de las comunidades cristianas de base (DM 15,10.13;8,10;6,14). Se da tambi茅n correspondencia entre la propuesta de planificaci贸n participativa para la sociedad (DM 1,15;7,21), y la de pastoral de conjunto, org谩nica, para la Iglesia (DM 15,5.9.23; 9,13; 15,10). Esta misma correspondencia podemos observar entre adaptar las expresiones societarias seg煤n las diversas culturas (DM 4,3;5,11) y la inculturaci贸n de la pastoral (DM 8,15; 6,1; 8,8; 9,7.10-11).

Una correspondencia especialmente relevante y significativa es la que se da entre la exigencia a las 茅lites de ceder sus privilegios en favor de los de abajo (DM 14,10; 2,5.17), y la decisi贸n a la instituci贸n eclesi谩stica de cambio de destinatario privilegiado, de condici贸n social y de ubicaci贸n (DM 14,9.11.15.16).

Si nos hacemos cargo de lo que fue la primera conferencia episcopal, nos resultar谩 f谩cil comprender el estupor ante estas conclusiones de Medell铆n, tanto de los medios de comunicaci贸n y de los intelectuales y m谩s en general las 茅lites latinoamericanas, como de la curia vaticana y de las cristiandades del occidente y del tercer mundo; pero, ante todo, de la mayor parte de la instituci贸n eclesi谩stica latinoamericana y de los cat贸licos clericalizados, que en gran medida no se hab铆an enterado de la novedad del Vaticano II o no se hab铆an abierto a ella y que por eso no pudieron aceptar lo que era en verdad su recepci贸n creativamente fiel.

El presupuesto de todos ellos era que en el episcopado latinoamericano no hab铆a sujeto con sana autonom铆a, con calidad cristiana y perspicacia hist贸rica. Por eso no se ve铆a de d贸nde hab铆a salido el documento de Medell铆n, porque parec铆a imposible que reflejara el pensar y el sentir, la posici贸n vital y el discernimiento de los obispos latinoamericanos. Por eso es m谩s de alabar que el papa Pablo VI, que hab铆a presidido la inauguraci贸n de la conferencia, le diera un voto de confianza y aprobara sus conclusiones antes de leerlas.

3 Conferencia de Puebla

Esta desconfianza de la curia romana respecto del rumbo que estaba tomando el episcopado latinoamericano se expres贸 institucionalmente cuando el a帽o 1972 intervino el CELAM imponiendo por medio del nuncio como secretario a L贸pez Trujillo (Cf. COMBLIN, 2011, p. 147). 脡l prepar贸 el documento de trabajo para Puebla y propuso tambi茅n coordinar la reuni贸n. Pero el presidente de la asamblea, Lorscheider, lo puso a votaci贸n y la asamblea rechaz贸 ambas medidas. Y aunque el discurso inicial del Papa en alguna medida impuso los temas de Jesucristo, el ser humano y la Iglesia, la asamblea obr贸 con libertad y refrend贸 en repetidos textos a Medell铆n (DP 12, 15, 25, 96, 142, 235, 260, 462, 480, 550, 590, 648, 1134, 1165, 1247), aunque no todas las orientaciones siguieran esa l铆nea, por lo que podemos considerar el documento como un compromiso entre las diversas corrientes (Cf. TRIGO, 1979, p. 98-107). La propuesta de la minor铆a consist铆a en contraponer el radical sustrato cat贸lico de la cultura latinoamericana y el secularismo de la adveniente cultura universal y en optar por una modernizaci贸n sin secularismo. Pero el documento insiste sin ambages que el hecho escandaloso de que 鈥渆n pueblos de arraigada fe cristiana se han impuesto estructuras generadoras de injusticia鈥 es 鈥溍璶dice acusador de que la fe no ha tenido la fuerza necesaria para penetrar los criterios y las decisiones de los sectores responsables del liderazgo鈥 (DP 437).

Para empezar por el m茅todo, Puebla asume el m茅todo de ver, juzgar y actuar que emple贸 Medell铆n: comienza con la visi贸n pastoral de la realidad latinoamericana, prosigue con los designios de Dios sobre la realidad de Am茅rica Latina, contin煤a con los centros, los agentes y los medios de evangelizar y acaba con las opciones y acciones preferenciales. Y para poner en marcha las conclusiones de la asamblea propone un proceso de participaci贸n educando 鈥渆n la metodolog铆a de an谩lisis de la realidad, para la reflexi贸n sobre dicha realidad a partir del Evangelio, la opci贸n por los objetivos y los medios m谩s aptos y su uso m谩s racional para la acci贸n evangelizadora鈥 (DP 1307).

La fundamentaci贸n teol贸gica del m茅todo es que la salvaci贸n acontece en la historia, pero que la historia no es epifan铆a de Dios. Por eso 鈥減ara que todo se haga seg煤n el Esp铆ritu de Cristo, debemos ejercitarnos en el discernimiento de las situaciones y de los llamados concretos que el Se帽or hace en cada tiempo, lo cual exige actitud de conversi贸n y apertura y un serio compromiso con lo que se ha discernido鈥 (DP 338). Por eso colocan como primera opci贸n pastoral la propia conversi贸n de la Iglesia que concretizan muy pertinentemente (SP 973-975).

Para Puebla la primera causa de todos los problemas es el sistema econ贸mico imperante, que no considera al ser humano como centro de la sociedad y por eso no se interesa en lograr una sociedad justa (DP 64, 129). Por eso el efecto de este sistema es la polarizaci贸n creciente entre ricos y pobres (DP 1, 28, 30, 38, 47, 129, 138, 494, 542, 778, 1135, 1207-1209, 1264). Como Medell铆n, los obispos califican a esta situaci贸n como de pecado (DP 28, 70, 73, 281, 452, 487, 509, 1032) y proponen tambi茅n la 鈥渃onversi贸n personal y cambios profundos de estructuras鈥 (DP 30; cf. DP 436-438 et passim).

El acento de Puebla estar铆a en las culturas y las ideolog铆as. Como tendencia hist贸rica dicen: 鈥渓a programaci贸n de la vida social responder谩 cada vez m谩s a los modelos buscados por la tecnocracia, sin correspondencia con los anhelos de un orden social m谩s justo鈥 (DP 129). Ella utilizar谩 los massmedia: ellos 鈥渋r谩n programando progresivamente la vida del hombre y de la sociedad鈥 (DP 128; cf. 1072-1073). Puebla capta el desplazamiento de la cultura tradicional latinoamericana por la que llama 鈥渁dveniente cultura universal鈥, que impulsada por las grandes potencias 鈥減retende ser universal. Los pueblos, las culturas particulares, los diversos grupos humanos son invitados, m谩s a煤n, constre帽idos a integrarse en ella鈥 (DP 421). 鈥淟a Iglesia no acepta aquella instrumentaci贸n de la universalidad que equivale a la unificaci贸n de la humanidad por v铆a de una injusta e hiriente supremac铆a y dominaci贸n de unos pueblos o sectores sociales sobre otros pueblos y sectores鈥 (DP 427). Sin embargo, reconocen que esta cultura ha impregnado todo de tal manera que 鈥渟e puede hablar con raz贸n de una nueva 茅poca de la historia humana (GS 54)鈥 (DP 393).

Respecto de las ideolog铆as, los obispos se refieren al liberalismo capitalista (DP 47, 437, 452), al colectivismo marxista (DP 48, 437, 543) y a la Seguridad Nacional (DP 49, 547-549). Como visiones inadecuadas del ser humano mencionan la determinista (DP 308-309, 335), la sicologista (DP 310), economicista (DP 311-313), consumista (DP 311), liberal (DP 312), colectivista (DP 313), estatista (DP 314), cientista (DP 315).

Insisten en los derechos humanos y en la dignidad absoluta de la persona humana. Subrayan el no reconocimiento de esa dignidad y por tanto la violaci贸n masiva de sus derechos, la fundamentaci贸n de esos derechos y la presentaci贸n positiva de en qu茅 consiste esa dignidad y qu茅 hacer para salvaguardarla y fomentarla. Por eso denuncian lo que niega m谩s radicalmente a la persona: las idolatr铆as de nuestra 茅poca: el dinero y el poder, combinados, que act煤an buscando expandirse y que por eso instrumentalizan todo lo dem谩s (DP 493-501). 鈥淓s urgente (dicen) liberar a nuestros pueblos del 铆dolo del poder absolutizado para lograr una convivencia social en justicia y libertad鈥 (DP 502). Por eso el documento insiste en el derecho primario de la humanidad a los bienes de la tierra, derecho al que est谩 subordinado el de propiedad privada y el de libre comercio (DP 492, 542, 747, 1224, 1281).

Esta evangelizaci贸n tiene que penetrar en las culturas Los obispos optan por dos direcciones complementarias: la evangelizaci贸n de la cultura que se ha ido forjando en Am茅rica Latina en estos cinco siglos, mediante la evangelizaci贸n de la religiosidad popular que es su venero m谩s hondo y de los pueblos que son sus portadores; y simult谩neamente la evangelizaci贸n de la adveniente cultura universal mediante la evangelizaci贸n de los constructores de la sociedad pluralista que se est谩 forjando en nuestros d铆as. Pero insisten complementariamente en que los pobres son tambi茅n sujetos evangelizadores:

El compromiso con los pobres y los oprimidos y el surgimiento de las Comunidades de Base han ayudado a la Iglesia a descubrir el potencial evangelizador de los pobres, en cuanto la interpelan constantemente, llam谩ndola a la conversi贸n y por cuanto muchos de ellos realizan en su vida los valores evang茅licos de solidaridad, servicio, sencillez y disponibilidad para acoger el don de Dios (DP 1147).

Ahora bien, la opci贸n por los pobres es no s贸lo uno de los cap铆tulos del documento sino un eje trasversal que lo atraviesa completamente (Cf. TRIGO, 1979, p. 108-111). Por eso ese es el aspecto de Puebla que reviste mayor trascendencia hist贸rica, y que, siendo asumido de la Iglesia latinoamericana, fue propuesto repetidamente por el Papa Juan Pablo II a la Iglesia universal. En Puebla es tan crucial esta opci贸n que la podemos considerar, juntamente con la presentaci贸n de Jes煤s de Nazaret, como lo que dinamiza, estructura y unifica todo el documento. Es particularmente pertinente su fundamentaci贸n teol贸gica: Dios toma su defensa y los ama porque 鈥渉echos a imagen y semejanza de Dios para ser sus hijos, esta imagen est谩 ensombrecida y aun escarnecida鈥 (DP 1142). Y pide que nos fijemos en rostros muy concretos que la pobreza generalizada toma entre nosotros (DP 32-39) para que reconozcamos en ellos 鈥渓os rasgos sufrientes de Cristo, el Se帽or, que nos cuestiona e interpela鈥 (DP 31). Por eso 鈥渆l servicio a los pobres es la medida privilegiada, aunque no excluyente, de nuestro seguimiento de Cristo鈥 (DP 1145). Cristo, que en todo el documento es inequ铆vocamente Jes煤s de Nazaret, que 鈥渘aci贸 y vivi贸 pobre en medio de su pueblo Israel, se compadeci贸 de las multitudes e hizo el bien a todos鈥 (DP 190).

La medida de la integralidad de la opci贸n por los pobres es la pobreza evang茅lica que est谩 鈥渆xigida a todos los cristianos鈥 (DP 1148) y se caracteriza por tres elementos: actitud de apertura confiada en Dios; una vida sencilla, sobria y austera que aparte la tentaci贸n de la codicia y del orgullo; y la comunicaci贸n de bienes materiales y espirituales con los pobres (DP 1149-1150). Para los obispos 鈥渆sta pobreza es un reto al materialismo y abre las puertas a soluciones alternativas de la sociedad de consumo鈥 (DP 1152). Los obispos se alegran al ver que muchos de sus hijos no pobres viven esta pobreza cristiana (DP 1151). Desde la libertad que da la pobreza evang茅lica tienen sentido las propuestas que se esbozan, que van desde la condena de la pobreza antievang茅lica en que est谩 sometida la mayor铆a de Am茅rica Latina, al esfuerzo por conocer cada vez m谩s los mecanismos que causan esta tragedia y denunciarlos, a sumar los esfuerzos con los que luchan por desarraigarla y crear un mundo m谩s justo y humano, a apoyar a los trabajadores que quieren ser tratados como libres y responsables y participar en las decisiones que conciernen a su vida, y a defender el derecho a crear sus propias organizaciones (Cf. DM 2,27), y a respetar y apoyar a las culturas ind铆genas (DP 1159-1164).

Desde esta opci贸n se comprende su mensaje a los constructores de la sociedad pluralista. Destacamos dos elementos: el primero, la defensa del salario de los trabajadores, del derecho a organizarse y participar en las empresas y el derecho m谩s general a una pol铆tica econ贸mica que no vaya hacia la reducci贸n del empleo. El segundo, el de la justicia en el punto espec铆fico de los contratos, m谩s all谩 de su legalidad y en el m谩s gen茅rico de la destinaci贸n primaria de los recursos de la tierra para la humanidad como magnitud real, como sujeto colectivo, al que est谩 subordinada la propiedad privada.

El servicio del pueblo de Dios a los pueblos es la evangelizaci贸n. Ella

da a conocer a Jes煤s como el Se帽or, que nos revela al Padre y nos comunica su Esp铆ritu. Nos llama a la conversi贸n que es reconciliaci贸n y vida nueva, nos lleva a la comuni贸n con el Padre que nos hace hijos y hermanos. Hace brotar, por la caridad derramada en nuestros corazones, frutos de justicia, de perd贸n, de respeto, de dignidad, de paz en el mundo (DP 353).

El documento insiste en el binomio de comuni贸n y participaci贸n, tanto como estructura de la Iglesia como la misi贸n que tiene que llevar al mundo. El motivo es que el Reino 鈥渟e da en cierto modo donde quiera que Dios est谩 reinando mediante su gracia y amor, venciendo el pecado y ayudando a los hombres a crecer hacia la gran comuni贸n que les ofrece en Cristo鈥 (DP 226). El designio de Dios es que los seres humanos construyan la comuni贸n 鈥渆n toda la vida鈥, incluso 鈥渆n su dimensi贸n econ贸mica, social y pol铆tica鈥 (DP 215). Esta comuni贸n, que es la m谩s genuina producci贸n humana, desde el plano trascendente, est谩 鈥減roducida por el Padre, el Hijo y el Esp铆ritu Santo鈥 porque 鈥渆s la comunicaci贸n de su propia comuni贸n trinitaria鈥 (DP 215). Por eso las formas de comuni贸n humana en sus diversos 谩mbitos 鈥渟on, animadas por la gracia, su primicia鈥 (DP 218). Ahora bien,

el pecado, fuerza de ruptura, obstaculizar谩 permanentemente el crecimiento en el amor y la comuni贸n, tanto desde el coraz贸n de los hombres, como desde las diversas estructuras por ellos creadas, en las cuales el pecado de sus autores ha impreso su huella destructora. En este sentido, la situaci贸n de miseria, marginaci贸n, injusticia y corrupci贸n que hiere a nuestro continente, exige del Pueblo de Dios y de cada cristiano un aut茅ntico hero铆smo con su compromiso evangelizador, a fin de poder superar los obst谩culos (DP 281).

El Evangelio nos debe ense帽ar que, ante las realidades que vivimos, no se puede hoy en Am茅rica Latina amar de veras al hermano y por lo tanto a Dios, sin comprometerse a nivel personal y en muchos casos, incluso, a nivel de estructuras, con el servicio y la promoci贸n de los grupos humanos y de los estratos sociales m谩s despose铆dos y humillados, con todas las consecuencias que se siguen (DP 327).

En esto consiste la sacramentalidad de la Iglesia: en ser signo cre铆ble de comuni贸n. Por eso

cada comunidad eclesial deber铆a esforzarse por constituir para el Continente un ejemplo de modo de convivencia donde logren aunarse la libertad y la solidaridad. Donde la autoridad se ejerza con el esp铆ritu del Buen Pastor. Donde se viva una actitud diferente frente a la riqueza. Donde se ensayen formas de organizaci贸n y estructuras de participaci贸n, capaces de abrir camino hacia un tipo m谩s humano de sociedad (DP 273).

Para que formen parte de este signo los pastores est谩n al servicio de la Familia de Dios como hermanos: 鈥淪on hermanos llamados a servir la vida que el Esp铆ritu libremente suscita en los dem谩s hermanos. Vida que es deber de los pastores respetar, acoger, orientar y promover, aunque haya nacido independientemente de sus propias iniciativas鈥 (DP 249).

4 Conferencia de Santo Domingo

Esta conferencia se celebr贸 en el quinto centenario del 鈥渄escubrimiento鈥. Lo obvio habr铆a sido un discernimiento de estos cinco siglos y de la actuaci贸n del cristianismo en ellos y propuestas para fortalecer lo bueno y superar lo malo. Pero el Vaticano intervino de modo que a nivel estructural no fue una conferencia del episcopado porque m谩s de la mitad de los presentes no fueron elegidos por los obispos, porque fue desechado el documento de trabajo, porque los que la presidieron vinieron de Roma y de all铆 vino tambi茅n la normativa y sobre todo porque no se admiti贸 la redacci贸n global de lo que hab铆an elaborado los grupos de trabajo que, menos los doctrinales, iban en la l铆nea de Medell铆n y Puebla y avanzaban en esa direcci贸n. Tampoco se admiti贸 el m茅todo ver, juzgar, actuar y se lo sustituy贸 por una doctrina preconciliar sobre Jesucristo y la Iglesia. Estuvo a punto de que la asamblea desechara todo; pero al fin se reestructur贸 lo que se pudo y el resultado fue satisfactorio para la mayor铆a porque los cap铆tulos sobre la promoci贸n humana y la cultura cristiana les parec铆an cauces adecuados para la pastoral.

Tampoco ayud贸 la separaci贸n entre vivienda y lugar de trabajo ni el que la vivienda estuviera repartida por episcopados en lujosos hoteles que siguieron funcionando como tales. En este sentido fue lo m谩s opuesto a Medell铆n.

El tema fue 鈥渋mpulsar con nuevo ardor una Nueva Evangelizaci贸n, que se proyecte en un mayor compromiso por la promoci贸n integral del hombre e impregne con la luz del Evangelio las culturas de los pueblos latinoamericanos鈥 (DSD 1). La parte primera, 鈥淛esucristo, evangelio del Padre鈥, no recoge desgraciadamente la riqueza del conocimiento vivo de Jes煤s de Nazaret a trav茅s de la lectura orante de las comunidades, una de las grandes riquezas del cristianismo latinoamericano que se expres贸 en Medell铆n y Puebla. Ni siquiera dice que fue entregado al procurador romano para que fuera crucificado como subversivo, por las autoridades religiosas, sobre todo la aristocracia sacerdotal, que resent铆a su liderazgo con el pueblo que socavaba el suyo institucional; 鈥渢odo el mundo se fue tras 茅l鈥 (Jn 12,19). 聽Lo que proponen es 鈥淧rovocar en los cat贸licos la adhesi贸n personal a Cristo y a la Iglesia por el anuncio del Se帽or resucitado; Desarrollar una catequesis que instruya debidamente al pueblo, explicando el misterio de la Iglesia, sacramento de salvaci贸n y comuni贸n, la mediaci贸n de la Virgen Mar铆a y de los santos y la misi贸n de la jerarqu铆a鈥 (DSD 141). Como se ve, se sustituye a Jes煤s de Nazaret por el resucitado y la catequesis, en vez de centrarse en el seguimiento de Jes煤s, se restringe a la Iglesia, a la jerarqu铆a y a la devoci贸n a la Virgen. Por eso en el documento la liturgia no es la celebraci贸n de la fidelidad en el seguimiento de Jes煤s en la vida hist贸rica sino la fuente y el centro, que hay que aplicar a la vida (DSD 34-35). El doctrinarismo es tal que llegan a afirmar que los 鈥渧alores, criterios, conductas y actitudes鈥 de la religiosidad popular, que 鈥渃onstituyen la sabidur铆a de nuestro pueblo鈥, 鈥渘acen del dogma cat贸lico鈥 (DSD 36).

Sin embargo, hay muchos textos rescatables: la necesidad de una nueva evangelizaci贸n

surge en Am茅rica Latina como respuesta a los problemas que presenta la realidad de un continente en el cual se da un divorcio entre fe y vida hasta producir clamorosas situaciones de injusticia, desigualdad social y violencia. Implica afrontar la grandiosa tarea de infundir energ铆as al cristianismo de Am茅rica Latina (DSD 24).

Los obispos afirman que 鈥渆l contenido de la Nueva Evangelizaci贸n es Jesucristo鈥 (DSD 27). Nuevas situaciones exigen nuevos caminos. No pueden faltar 鈥渆l testimonio y el encuentro personal, la presencia del cristiano en todo lo humano, as铆 como la confianza en el anuncio salvador de Jes煤s鈥 (DSD 29). El cristianismo y la Iglesia tienen 鈥渜ue inculturarse m谩s en el modo de ser y de vivir de nuestras culturas鈥. 鈥淎s铆, la Nueva Evangelizaci贸n continuar谩 en la l铆nea de la encarnaci贸n del Verbo鈥 (DSD 30).

La proclamaci贸n evang茅lica y la catequesis deben 鈥渘utrirse de la Palabra de Dios le铆da e interpretada en la Iglesia y celebrada en la comunidad鈥 (33). Y se realiza

鈥榙ifundiendo su testimonio vivo sobre todo con la vida de fe y caridad鈥 (LG 12). El testimonio de vida cristiana es la primera e insustituible forma de evangelizaci贸n, como lo hizo presente vigorosamente Jes煤s en varias ocasiones (cf. Mt 7,21-23; 25,31-46; Lc 10,37; 19,1-10) y lo ense帽aron tambi茅n los Ap贸stoles (cf. Sant 2,14-18)鈥 (DSD 33).

En esta nueva evangelizaci贸n piden 鈥渜ue los bautizados no evangelizados sean los principales destinatarios de la Nueva Evangelizaci贸n. 脡sta s贸lo se llevar谩 a cabo efectivamente si los laicos conscientes de su bautismo responden al llamado de Cristo a convertirse en protagonistas de la Nueva Evangelizaci贸n鈥 (DSD 97). Por eso hay que 鈥渆vitar que los laicos reduzcan su acci贸n al 谩mbito intraeclesial, impuls谩ndolos a penetrar los ambientes socioculturales y a ser en ellos protagonistas de la transformaci贸n de la sociedad a la luz del Evangelio y de la Doctrina Social de la Iglesia鈥 (DSD 98). 鈥淯na l铆nea prioritaria de nuestra pastoral, fruto de esta IV Conferencia, ha de ser la de una Iglesia en la que los fieles cristianos laicos sean protagonistas鈥 (DSD 103).

Ya hemos insistido que lo que dicen sobre la promoci贸n humana es fundamentalmente pertinente. Ante todo, afirman que

los derechos humanos se violan no s贸lo por el terrorismo, la represi贸n, los asesinatos, sino tambi茅n por la existencia de condiciones de extrema pobreza y de estructuras econ贸micas injustas que originan grandes desigualdades. La intolerancia pol铆tica y el indiferentismo frente a la situaci贸n del empobrecimiento generalizado muestran un desprecio a la vida humana concreta que no podemos callar (DSD 167).

Lo especifican convincentemente:

El creciente empobrecimiento en el que est谩n sumidos millones de hermanos nuestros hasta llegar a intolerables extremos de miseria es el m谩s devastador y humillante flagelo que vive Am茅rica Latina y el Caribe. As铆 lo denunciamos tanto en Medell铆n como en Puebla y hoy volvemos a hacerlo con preocupaci贸n y angustia. Las estad铆sticas muestran con elocuencia que en la 煤ltima d茅cada las situaciones de pobreza han crecido tanto en n煤meros absolutos como en relativos. A nosotros los pastores nos conmueve hasta las entra帽as el ver continuamente la multitud de hombres y mujeres, ni帽os y j贸venes y ancianos que sufren el insoportable peso de la miseria as铆 como diversas formas de exclusi贸n social, 茅tnica y cultural; son personas humanas concretas e irrepetibles, que ven sus horizontes cada vez m谩s cerrados y su dignidad desconocida.

Miramos el empobrecimiento de nuestro pueblo no s贸lo como un fen贸meno econ贸mico y social, registrado y cuantificado por las ciencias sociales. Lo miramos desde dentro de la experiencia de mucha gente con la que compartimos, como pastores, su lucha cotidiana por la vida.

La pol铆tica de corte neoliberal que predomina hoy en Am茅rica Latina y el Caribe profundiza a煤n m谩s las consecuencias negativas de estos mecanismos. Al desregular indiscriminadamente el mercado, eliminarse partes importantes de la legislaci贸n laboral y despedirse trabajadores, al reducirse los gastos sociales que proteg铆an a las familias de trabajadores, se han ahondado a煤n m谩s las distancias en la sociedad (DSD 179).

Por eso afirman que 鈥渄escubrir en los rostros sufrientes de los pobres el rostro del Se帽or (cf. Mt 25,31-46) es algo que desaf铆a a todos los cristianos a una profunda conversi贸n personal y eclesial鈥 (DSD 178) El texto especifica esos rostros.

聽La conclusi贸n es

– Asumir con decisi贸n renovada la opci贸n evang茅lica y preferencial por los pobres, siguiendo el ejemplo y las palabras del Se帽or Jes煤s, con plena confianza en Dios, austeridad de vida y participaci贸n de bienes. [鈥

Revisar actitudes y comportamientos personales y comunitarios, as铆 como las estructuras y m茅todos pastorales, a fin de que no alejen a los pobres, sino que propicien la cercan铆a y el compartir con ellos. [鈥

Promover la participaci贸n social ante el Estado, reclamando leyes que defiendan los derechos de los pobres (DSD 180)

Se refieren concretamente a la realidad del trabajo (DSD 186) la valoran cristianamente y proponen desaf铆os y l铆neas pastorales congruentes (DSD 182-185). Lo mismo respecto de las migraciones (DSD 186-189) y sobre el orden democr谩tico (DSD 190-193). Destacamos:

Revisar actitudes y comportamientos personales y comunitarios, as铆 como las estructuras y m茅todos pastorales, a fin de que no alejen a los pobres, sino que propicien la cercan铆a y el compartir con ellos. Promover la participaci贸n social ante el Estado, reclamando leyes que defiendan los derechos de los pobres (DSD 180).

Tambi茅n sobre el nuevo orden econ贸mico (DSD 194-203). Destacamos:

Fomentar la b煤squeda e implementaci贸n de modelos socioecon贸micos que conjuguen la libre iniciativa, la creatividad de personas y grupos, la funci贸n moderadora del Estado, sin dejar de dar atenci贸n especial a los sectores m谩s necesitados. Todo esto, orientado a la realizaci贸n de una econom铆a de la solidaridad y la participaci贸n, expresada en diversas formas de propiedad (DSD 201).

Lo mismo respecto de la integraci贸n latinoamericana (DSD 204-209). Destacamos el horizonte:

Todos sentimos la urgencia de integrar lo disperso y de unir esfuerzos para que la interdependencia se haga solidaridad y 茅sta pueda transformarse en fraternidad [鈥 La Iglesia es consciente de su singular protagonismo y de su papel orientador en cuanto a la formaci贸n de una mentalidad de pertenencia a la humanidad y al fomento de una cultura solidaria y de reconciliaci贸n (DSD 204).

Tambi茅n nos parece pertinente lo que dice sobre la familia, aunque no compartimos la insistencia en que todo acto sexual debe estar abierto a la procreaci贸n (DSD 210-227).

El tratamiento de la cultura adolece del mismo problema de enfoque que Puebla ya que de alg煤n modo pretende identificar las se帽as de identidad cat贸licas presentes masivamente en el continente con su condici贸n de evangelizado. Tampoco estoy de acuerdo con la pretensi贸n de que exista o pueda existir una cultura cristiana (DSD 229). La evangelizaci贸n de la cultura se apoya sin duda en elementos positivos, pero nunca corregir谩 del todo los negativos estructurales. Tampoco estoy de acuerdo en que la inculturaci贸n del evangelio consiste en introducir valores (DSD 230): es demasiado et茅reo.

Coincido con la importancia de la catequesis, pero estoy de acuerdo en la paradoja de que coexisten 鈥渦n desconocimiento de la doctrina junto a vivencias cat贸licas enraizadas en los principios del Evangelio鈥 (DSD 247). Insisten y es pertinente hacerlo en 鈥減resentar la vida moral como un seguimiento de Cristo鈥 (DSD 239); pero por eso mismo es una debilidad que al presentar a Jes煤s omitan su vida concreta.

Es valioso el apunte sobre lo que entra帽a la evangelizaci贸n de la cultura negra: 鈥淐onscientes del problema de marginaci贸n y racismo que pesa sobre la poblaci贸n negra, la Iglesia, en su misi贸n evangelizadora, quiere participar de sus sufrimientos y acompa帽arlos en sus leg铆timas aspiraciones en busca de una vida m谩s justa y digna para todos鈥 (249). Lo mismo respecto de las culturas ind铆genas: 鈥淐ontribuir eficazmente a frenar y erradicar las pol铆ticas tendientes a hacer desaparecer las culturas aut贸ctonas como medios de forzada integraci贸n; o por el contrario, pol铆ticas que quieran mantener a los ind铆genas aislados y marginados de la realidad nacional鈥 (DSD 251).

Al referirse a la evangelizaci贸n de las culturas modernas los obispos se帽alan de entrada la 鈥渋ncoherencia entre los valores del pueblo, inspirados en principios cristianos, y las estructuras sociales generadoras de injusticias, que impiden el ejercicio de los derechos humanos鈥 (DSD 253).

La caracterizaci贸n de la ciudad y de la pastoral que se propone para ella revela que falta una comprensi贸n m谩s a fondo de su realidad y adaptaci贸n a ella (DSD 255-262).

“La educaci贸n cristiana desarrolla y afianza en cada cristiano su vida de fe y hace que verdaderamente en 茅l su vida sea Cristo鈥 (DSD 264) 驴Se afirma lo que sucede o lo que quisi茅ramos que sucediera? 驴Est谩 siquiera planteado en lo que se llama educaci贸n cat贸lica?

Lo que se afirma sobre la educaci贸n cristina es tan pertinente que bueno ser铆a que al menos se planteara en los procesos de iniciaci贸n cristiana:

la educaci贸n cristiana se funda en una verdadera Antropolog铆a cristiana, que significa la apertura del hombre hacia Dios como Creador y Padre, hacia los dem谩s como a sus hermanos, y al mundo como a lo que le ha sido entregado para potenciar sus virtualidades y no para ejercer sobre 茅l un dominio desp贸tico que destruya la naturaleza (DSD 264).

Los desaf铆os de la realidad est谩n bien planteados:

la realidad educativa latinoamericana nos interpela por la exclusi贸n de mucha gente de la educaci贸n escolar, aun la b谩sica, por el gran analfabetismo que existe en varios de nuestros pa铆ses; nos interpela por la crisis de la familia, la primera educadora, por el divorcio existente entre el Evangelio y la cultura; por las diferencias sociales y econ贸micas que hacen que para muchos sea onerosa la educaci贸n cat贸lica, especialmente en niveles superiores. Nos interpela tambi茅n la educaci贸n informal que se recibe a trav茅s de tantos comunicadores no propiamente cristianos, vgr. en televisi贸n (DSD 267)

Se cae en cuenta muy real铆sticamente de la direcci贸n de la demanda:

Generalmente desde los criterios secularistas nos piden que eduquemos al hombre t茅cnico, al hombre apto para dominar su mundo y vivir en un intercambio de bienes producidos bajo ciertas normas pol铆ticas; las m铆nimas. Esta realidad nos interpela fuertemente para poder ser conscientes de todos los valores que est谩n en ella y poderlos recapitular en Cristo (DSD 266).

聽驴Es posible o hay que discernir qu茅 s铆 y qu茅 no? Por eso piden un di谩logo con el hombre t茅cnico y con el humanismo cristiano de manera que resulte sabidur铆a cristiana (DSD 268).

El apunte antropol贸gico en que se basa el tratamiento sobre la comunicaci贸n es certero: 鈥淐ada persona y cada grupo humano desarrolla su identidad en el encuentro con otros (alteridad)鈥 (DSD 279).

Bien planteado el problema:

Nos damos cuenta del desarrollo de la industria de la comunicaci贸n en Am茅rica Latina y el Caribe, que muestra el crecimiento de grupos econ贸micos y pol铆ticos que concentran cada vez m谩s en pocas manos y con enorme poder la propiedad de los diversos medios y llegan a manipular la comunicaci贸n, imponiendo una cultura que estimula el hedonismo y consumismo y atropella nuestras culturas con sus valores e identidades.

Vemos c贸mo la publicidad introduce a menudo falsas expectativas y crea necesidades ficticias; vemos tambi茅n c贸mo especialmente en la programaci贸n televisiva abundan la violencia y la pornograf铆a, que penetran agresivamente en el seno de las familias (DSD 280)

Lo que se dice sobre comunicaci贸n social y cultura es suficiente, aunque se reconoce que se est谩 empezando (DSD 275-286).

Recapitulando: 鈥渘os comprometemos a trabajar en: 1. Una Nueva Evangelizaci贸n de nuestros pueblos. 2. Una promoci贸n integral de los pueblos latinoamericanos y caribe帽os. 3. Una Evangelizaci贸n inculturada鈥 (DSD 292). Son los 3 temas propuestos por el Papa y asumidos por la conferencia.

5 Conferencia de Aparecida

El t铆tulo de la Conferencia de Aparecida (2007) es: 鈥淒isc铆pulos y Misioneros de Jesucristo, para que nuestros pueblos tengan en 脡l vida”, un t铆tulo que expresa adecuadamente nuestro ser cristiano.

El documento gira alrededor de la vida y el sujeto que la promueve es el colectivo de los disc铆pulos misioneros, aunque el sujeto trascendente es Jesucristo. La primera parte 鈥淟a vida de nuestros pueblos hoy鈥 se propone como la mirada de los disc铆pulos misioneros sobre la realidad; la segunda, 鈥淟a vida de Jesucristo en los disc铆pulos misioneros鈥, desarrolla su vocaci贸n a la santidad, su comuni贸n en la Iglesia y su itinerario formativo; y la tercera, 鈥淟a vida de Jesucristo para nuestros pueblos鈥, se refiere a su misi贸n al servicio de la vida, la promoci贸n de la dignidad humana, sobre todo de los pobres, de los que sufren y particularmente de la familia y sus miembros de diferentes edades y responsabilidades, y concluye con la evangelizaci贸n de la cultura.

El objetivo de Aparecida es 鈥渞epensar profundamente y relanzar con fidelidad y audacia su misi贸n en las nuevas circunstancias latinoamericanas y mundiales鈥 (DAp 11). La necesidad de este relanzamiento deriva de la novedad de la 茅poca, que exige evangelizarla e inculturar el Evangelio en ella. Por eso el documento dedicar谩 muchas p谩ginas a su caracterizaci贸n como oportunidad y riesgo para la vida humana, y la calidad humana de esta vida y, m谩s particularmente, para la fe cristiana. Pero para los obispos es imprescindible tambi茅n una nueva evangelizaci贸n fundante por la situaci贸n del catolicismo en nuestra regi贸n. En efecto, el documento reconoce que en la vida cotidiana de la Iglesia 鈥渁parentemente todo procede con normalidad, pero en realidad la fe se va desgastando y degenerando en mezquindad鈥. Por eso es imprescindible un 鈥渁contecimiento fundante鈥, que est谩 ligado a un 鈥渆ncuentro vivificante con Cristo鈥 (DAp 13). Este acontecimiento incumbe de un modo u otro a todos los cat贸licos: 鈥淎 todos nos toca recomenzar desde Cristo, reconociendo que no se comienza a ser cristiano por una decisi贸n 茅tica o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientaci贸n decisiva鈥 (DAp 12). Por eso la revitalizaci贸n del catolicismo 鈥渘o depende tanto de grandes programas y estructuras, sino de hombres y mujeres nuevos que encarnen dicha tradici贸n y novedad, como disc铆pulos de Jesucristo y misioneros de su Reino鈥 (DAp 11).

Desde este objetivo, el documento reclama que ha sido escrito en continuidad con las anteriores Conferencias (DAp 9, 16, 369, 396, 402, 446, 526), ya que ellas tambi茅n se plantearon el mismo objetivo de actualizar el Evangelio en sus propias circunstancias para contribuir a que los pueblos latinoamericanos tengan vida humana seg煤n la humanidad de Jesucristo.

Queremos se帽alar la importancia de ligar el encuentro con Jes煤s de Nazaret con la entrega a su Reino. Una entrega a Jes煤s que prescinda de la tarea del Reino no es entrega a 茅l sino a un Cristo que nos inventamos, ya que 茅l rechaz贸 la propuesta de Pedro de quedarse contempl谩ndolo en el Tabor (Mc 9,5-8) o la de la Magdalena de quedarse gozando de su persona resucitada (Jn 20,16-18) y los envi贸 a proseguir la misi贸n que el Padre le hab铆a encomendado (Jn 20,21). As铆 pues, el encuentro con Jes煤s no puede concebirse como estarse devotamente con 茅l (en eso consiste el pietismo) sino como el seguimiento de su misi贸n con su mismo Esp铆ritu (DAp 129-153).

El m茅todo es partir de la mirada creyente sobre la realidad para ver en ella el paso de Dios y lo que se opone al mundo fraterno de las hijas e hijos de Dios, es decir al Reino, que vino a instaurar Jes煤s, es decir, auscultando los signos de los tiempos:

Los pueblos de Am茅rica Latina y de El Caribe viven hoy una realidad marcada por grandes cambios que afectan profundamente sus vidas. Como disc铆pulos de Jesucristo, nos sentimos interpelados a discernir los 鈥榮ignos de los tiempos鈥, a la luz del Esp铆ritu Santo, para ponernos al servicio del Reino, anunciado por Jes煤s, que vino para que todos tengan vida y 鈥榩ara que la tengan en plenitud鈥 (Jn 10, 10) (DAp 33; cf. DAp 366).

Por eso el m茅todo que adopta, en continuidad con las conferencias anteriores, es el de ver, juzgar y actuar: 鈥淓ste m茅todo nos permite articular, de modo sistem谩tico, la perspectiva creyente de ver la realidad; la asunci贸n de criterios que provienen de la fe y de la raz贸n para su discernimiento y valoraci贸n con sentido cr铆tico; y, en consecuencia, la proyecci贸n del actuar como disc铆pulos misioneros de Jesucristo鈥 (DAp 19). La raz贸n de esta secuencia es que para hacer el equivalente de lo que 茅l hizo en su situaci贸n, que eso es seguirlo (cf. DAp 139), no s贸lo es preciso conocer su modo de hab茅rselas con su realidad sino tambi茅n nuestra realidad.

Que el tema sea la vida parece bastante acertado ya que en Am茅rica Latina la vida est谩 amenazada, y vilipendiada de m煤ltiples modos, y por otra parte existe en nuestra regi贸n un anhelo inapagable de vida realmente humana, y adem谩s para eso vino Jes煤s al mundo: para que tuvi茅ramos vida, incluso para darnos vida con su vida (DAp 347-364).

El que los cristianos tengamos que ser disc铆pulos es decisivo porque, como reconoce el documento con gran realismo, 鈥淪i muchas de las estructuras actuales generan pobreza, en parte es debido a la falta de fidelidad a sus compromisos evang茅licos de muchos cristianos con especiales responsabilidades pol铆ticas, econ贸micas y culturales鈥 (DAp 501). Tambi茅n es un acierto unir la condici贸n de disc铆pulos y la de enviados porque Jes煤s eligi贸 disc铆pulos para que participaran de su misi贸n; si los tuvo a su lado, fue para que en la convivencia se impregnaran por connaturalidad (cf. DAp 336) de su mentalidad, sus actitudes y su modo de relacionarse. Es tambi茅n un acierto que no proponga la misi贸n como la maquinaria de las empresas para vender sus productos sino como un acontecimiento 鈥渜ue tiene que pasar de persona a persona, de casa en casa, de comunidad a comunidad [鈥 sobre todo entre las casas de las periferias urbanas y del interior [鈥 buscando dialogar con todos en esp铆ritu de comprensi贸n y de delicada caridad鈥 Y prosigue citando al Papa: 鈥渟i las personas encontradas est谩n en una situaci贸n de pobreza, es necesario ayudarlas, como hac铆an las primeras comunidades cristianas, practicando la solidaridad, para que se sientan amadas de verdad鈥 (DAp 550).

El documento especifica los lugares donde nos encontramos con Jes煤s de Nazaret: ante todo en los evangelios (DAp 247, 255), tambi茅n en la comunidad (DAp 256) y se帽aladamente en los pobres (DAp 257) y en la religi贸n del pueblo (DAp 258-265) y, por supuesto, en la Cena del Se帽or (DAp 251).

Desde este encuentro personalizado con Jes煤s de Nazaret se pasa de una Iglesia clericalizada a otra en la que todos son sujetos que se edifican mutuamente y participan activamente en la misi贸n (DAp 154, 156, 159, 162). El documento explana los lugares de comuni贸n para la misi贸n: la parroquia como comunidad de comunidades, las comunidades eclesiales de base y otras peque帽as comunidades y las conferencias episcopales, y analiza a continuaci贸n c贸mo contribuyen a ella cada una de las vocaciones en la Iglesia.

El documento se帽ala que esta misi贸n por su entrega a los pobres y su defensa ha ocasionado m谩rtires, un texto que hab铆amos esperado desde Puebla:

Su empe帽o a favor de los m谩s pobres y su lucha por la dignidad de cada ser humano han ocasionado, en muchos casos, la persecuci贸n y a煤n la muerte de algunos de sus miembros, a los que consideramos testigos de la fe. Queremos recordar el testimonio valiente de nuestros santos y santas, y de quienes, aun sin haber sido canonizados, han vivido con radicalidad el evangelio y han ofrendado su vida por Cristo, por la Iglesia y por su pueblo (DAp 98).

El documento tematiza la relaci贸n entre Jes煤s y los pobres de modo paradigm谩tico: 鈥渆stamos llamados a contemplar, en los rostros sufrientes de nuestros hermanos, el rostro de Cristo que nos llama a servirlo en ellos鈥 (DAp 393). La raz贸n es que 鈥淭odo lo que tenga que ver con Cristo, tiene que ver con los pobres y todo lo relacionado con los pobres reclama a Jesucristo鈥 (DAp 393). Por eso tenemos que dedicar tiempo a los pobres como amigos y procurar que ellos sean sujetos de su liberaci贸n (DAp 394). Por eso, as铆 como Jes煤s vivi贸 y propuso la reciprocidad de dones,

Los disc铆pulos y misioneros de Cristo promueven una cultura del compartir en todos los niveles en contraposici贸n de la cultura dominante de acumulaci贸n ego铆sta, asumiendo con seriedad la virtud de la pobreza como estilo de vida sobrio para ir al encuentro y ayudar a las necesidades de los hermanos que viven en la indigencia (DAp 540).

A esto dicen los obispos que los animan los mismos pobres (DAp 257,265).

Por eso proponen una globalizaci贸n alternativa 鈥渜ue se fundamenta en el evangelio de la justicia, la solidaridad y el destino universal de los bienes, y que supere la l贸gica utilitarista e individualista, que no somete a criterios 茅ticos los poderes econ贸micos y tecnol贸gicos鈥 (DAp 474; Cf. DAp 64); 鈥渘uevas estructuras que promuevan una aut茅ntica convivencia humana, que impidan la prepotencia de algunos y faciliten el di谩logo constructivo para los necesarios consensos sociales鈥 (DAp 384). Para posibilitarlo proponen

Apoyar la participaci贸n de la sociedad civil para la reorientaci贸n y consiguiente rehabilitaci贸n 茅tica de la pol铆tica [鈥 la creaci贸n de oportunidades para todos, la lucha contra la corrupci贸n, la vigencia de los derechos laborales y sindicales [鈥 promover una justa regulaci贸n de la econom铆a, finanzas y comercio mundial (DAp 406).

Para que todo esto sea posible hay que superar la divisi贸n entre lo p煤blico y lo privado, t铆pica de la modernidad, que pide declarar a esto como asunto de cada quien sin trascendencia. Por el contrario,

Cu谩nta disciplina de integridad moral necesitamos, entendiendo por ella, en el sentido cristiano, el autodominio para hacer el bien, para ser servidor de la verdad y del desarrollo de nuestras tareas sin dejarnos corromper por favores, intereses y ventajas. Se necesita mucha fuerza y mucha perseverancia para conservar la honestidad que debe surgir de una nueva educaci贸n que rompa el c铆rculo vicioso de la corrupci贸n imperante (DAp 507).

Conclusi贸n

Ahora bien, la limitaci贸n del documento es que, como en Puebla y m谩s a煤n en Santo Domingo, adem谩s de este horizonte que concibe la salvaci贸n en la historia y la celebra en los sacramentos, se帽aladamente en la Cena del Se帽or, tambi茅n afloran otros dos horizontes incompatibles: la teolog铆a de los misterios y una versi贸n un tanto fundamentalista de la teolog铆a kerigm谩tica. Hay que decir que los textos m谩s prof茅ticos fueron sistem谩ticamente suprimidos por los que ten铆an el control final de la redacci贸n (por ejemplo, lo que dicen de las CEBs en el n掳193-195, en la versi贸n original aprobada por la asamblea y lo que qued贸 en los n掳178-180 en la versi贸n definitiva). Porque quienes promueven afirmaciones m谩s pietistas y trascendentalizadas son los que viven m谩s adaptados a este orden social. Ambos se remiten a Jes煤s de Nazaret, pero unos se restringen m谩s a su misterio (por eso la abundancia de citas de Juan) y son proclives a lenguajes doxol贸gicos, muy abundantes en este documento, ya que el contacto primario con Cristo es para ellos el culto; en tanto otros insisten en que el misterio de Jes煤s reluce en su historia (de ah铆 que se remitan a los sin贸pticos) y en ella hay que descubrir su sentido, y que, al proseguirla, se entra en comuni贸n con 茅l. Ambos grupos valoran la misa y gustan de ella, pero los primeros la entienden como el encuentro fontal del que viven, y los segundos como la celebraci贸n vivificante y comprometedora del seguimiento en la vida. Para los primeros el Reino se identifica con la persona de Jes煤s. Esto tiene dos consecuencias: la primera que el acontecimiento del reino es un acontecimiento intraeclesial, cuya puerta es el bautismo y cuyo alimento es la Palabra y los sacramentos (p.ej. DAp 382), y la segunda que la misi贸n consistir谩 en poner en contacto con Jes煤s, para que se integren a la Iglesia, donde est谩 la salvaci贸n. Para los segundos Jes煤s es ciertamente interno al Reino, pero la raz贸n es que en 茅l y s贸lo en 茅l somos hijos de Dios y hermanos de todos los seres humanos (p.ej. DAp 139,361).

El sentido de este se帽alamiento es ayudar a la comprensi贸n del documento que han producido ambos como un compromiso, y en definitiva ayudar a la comprensi贸n de nuestra Iglesia Latinoamericana para situarnos conscientemente en ella seg煤n el don recibido.

Pedro Trigo, SJ. Universidad Andres Bello/ITER. Caracas (Venezuela). Texto original en espa帽ol. Enviado: 30/06/2022; Aprobado: 30/09/2022; Publicado: 30/12/2022.

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[1] Dussel, en su an谩lisis de la conferencia, se fija sobre todo en c贸mo a partir de ella comienza la organizaci贸n de la Iglesia latinoamericana en todos los campos y desde s铆 misma (DUSSEL, 1964, p. 186-190).