Misal de San Pío V

√ćndice

1 Terminología

2 Historia

3 Controversias en torno al Misal de San Pío V

4 De las controversias a la separación

5 En busca de la reconciliaci√≥n y la paz lit√ļrgica: Benedicto XVI y el Summorum Pontificum

6 Desafíos que permanecen

Referencias

1 Terminología

Los t√©rminos ‚ÄúMisal de San P√≠o V‚ÄĚ, ‚ÄúMisal Tridentino‚ÄĚ, ‚ÄúMisal tradicional‚ÄĚ, ‚ÄúMisal de siempre‚ÄĚ, ‚ÄúMisal gregoriano‚ÄĚ, ‚ÄúMisal romano cl√°sico‚ÄĚ y tambi√©n misal de la forma antiquior (de la forma m√°s antigua), usus antiquior (uso antiguo) o vetus ordo (antiguo ordo) forman el campo l√©xico en torno a esa forma de celebraci√≥n eucar√≠stica que Benedicto XVI design√≥ como “Misa seg√ļn la forma extraordinaria del rito romano”. Con esta clasificaci√≥n, Benedicto XVI aclar√≥ que el Misal Romano, promulgado por Pablo VI en 1969, es la expresi√≥n ordinaria de lex orandi de la Iglesia Cat√≥lica de rito latino. Sin embargo, desde 2007 y debido al Motu Proprio Summorum Pontificum, se han abierto m√°s posibilidades de celebraci√≥n de acuerdo con el usus antiquior, consolidado en la edici√≥n t√≠pica del Misal Romano de 1962, bajo el pontificado de Juan XXIII. Estos no son dos ritos diferentes, sino dos formas diferentes del mismo rito. Debido a su uso generalizado y su importancia hist√≥rica, conservaremos en esta entrada la designaci√≥n “Misal de San P√≠o V”. Esta designaci√≥n tambi√©n es utilizada por la Instrucci√≥n General del Misal Romano. (IGMR n.8).

2 Historia

Fue a partir del siglo X cuando el t√©rmino “misal” y sus correlativos (liber missalis, missale plenum, missale plenarium) se hicieron frecuentes para indicar los libros lit√ļrgicos con todos los textos eucol√≥gicos y b√≠blicos necesarios para la celebraci√≥n de la misa. El t√©rmino misal surgi√≥ por razones pr√°cticas que produjeron la fusi√≥n de varios textos prescritos para las misas en un solo volumen port√°til. Anteriormente, estos textos estaban separados, parte de ellos en los sacramentarios, que tambi√©n inclu√≠an las oraciones eucar√≠sticas y el rito de comuni√≥n, y las otras partes en los leccionarios, salterios y antifonarios.

El creciente desuso y olvido de la concelebraci√≥n eucar√≠stica, el fen√≥meno de la multiplicaci√≥n de “misas privadas” por razones devocionales, especialmente el sufragio de los difuntos caus√≥ la edici√≥n de fasc√≠culos con series de misas (libelli missarum) con numerosas misas cotidianas por los difuntos y otras misas votivas.¬† La practicidad de estos folletos, por dispensar del manejo de los voluminosos sacramentarios y los antiguos leccionarios, agradaron al clero religioso y secular. As√≠, en el siglo XIII, ya se hab√≠a completado la transici√≥n que estableci√≥ la preferencia por el misal como libro lit√ļrgico del altar.

Correspondió principalmente a los franciscanos, en sus actividades misioneras y en la expansión de las fundaciones conventuales, difundir en toda Europa lo que se ha convertido en el misal más extendido hasta ahora. Es el Missale secundum consuetudinem curiae, es decir, el misal de la Capilla Papal que, a su vez, reproducía fielmente el misal vigente en el pontificado de Inocencio III (1198-1216). Con el advenimiento de la imprenta, este misal recibió su primera edición impresa en 1474 y más tarde fue la referencia fundamental para la elaboración del Misal de San Pío V, en 1570.

El siglo XVI estuvo profundamente agitado por los acontecimientos derivados de la Reforma Protestante, iniciada por Lutero en 1517. La ola de desaf√≠os teol√≥gicos tambi√©n alcanz√≥ la praxis lit√ļrgica de la Iglesia romana. Por otro lado, ya hab√≠a un movimiento constante de renovaci√≥n teol√≥gica y pastoral en la propia esfera romana. Tal renovaci√≥n requiri√≥ aclaraciones doctrinales, profundizaci√≥n espiritual y normas disciplinarias con respecto a los sacramentos, especialmente la Eucarist√≠a. Es en este contexto donde se lleva a cabo el Concilio de Trento (1545-1563) y la consiguiente edici√≥n de libros lit√ļrgicos revisados. Es de este ambiente de donde emerge el Misal Romano de San P√≠o V.

Con respecto a la Eucaristía, aunque con diversos matices, el protestantismo emergente cuestionó la comprensión tradicional de la presencia de Cristo en el sacramento eucarístico y rechazó la comprensión de la Misa como una actualización del sacrificio del Calvario, ofrecido de una manera mística y sin sangre en el altar. a través del ministerio de sacerdotes. El Concilio de Trento defendió y reafirmó la doctrina católica sobre la Misa, haciendo hincapié en la presencia real de Cristo bajo la especie eucarística y el carácter sacrificial de la Misa (DH 1738-1743, 1751-1754). También se catalogó una serie de abusos a evitar en la misa y se indicó la forma correcta de su celebración (BOROBIO, 1993, p.232-240).

Desde el per√≠odo medieval, los numerosos abusos lit√ļrgicos han sido una dolorosa herida abierta en la vida de la Iglesia. El Concilio Tridentino se esforz√≥ por frenar la irreverencia y el descuido, as√≠ como por castigar el sacrilegio, la superstici√≥n y la codicia que frecuentemente distorsionaban los actos lit√ļrgicos (JUNGMANN, 2010, p.145-149). Le correspondi√≥ al Papa P√≠o IV (1499-1565) recibir oficialmente la pesada tarea de una gran revisi√≥n de la praxis lit√ļrgica, pero fue su sucesor inmediato, el Papa P√≠o V (1504-1572) quien realmente la llev√≥ a cabo.

El objetivo principal de la revisi√≥n lit√ļrgica tridentina era salvaguardar la ortodoxia doctrinal y eliminar los abusos. La revisi√≥n y edici√≥n de los libros lit√ļrgicos reformados fue el camino elegido. Al tratar de llevarlo a cabo, el objetivo era restaurar los ritos lit√ļrgicos de acuerdo con la antigua norma de los Santos Padres. Los l√≠mites de la investigaci√≥n, en esos tiempos verdaderamente dif√≠ciles, hicieron que San P√≠o V eligiera preservar esas formas hist√≥ricas de la tradici√≥n lit√ļrgica a las que tuvieron acceso los eruditos de la √©poca. En vista de esta tradici√≥n lit√ļrgica impugnada por los reformadores, tambi√©n se opt√≥ por introducir las modificaciones m√≠nimas en los ritos sagrados. Por esta raz√≥n, “el misal de 1570 difiere poco del primer misal impreso en 1474 que, a su vez, reproduce fielmente el del tiempo del Papa Inocencio III” (IGMR n. 7). La limitaci√≥n impuesta a los liturgistas tridentinos tambi√©n se refiri√≥ a las fuentes investigadas: “adem√°s, los manuscritos de la Biblioteca del Vaticano, aunque sugiriesen algunas correcciones, no permit√≠an ir m√°s all√° de los comentarios lit√ļrgicos medievales, en la investigaci√≥n de los antiguos y probados autores” (IGMR n.7). La culminaci√≥n de este proceso tuvo lugar en 1570 con la bula Quo primum tempore, en la que P√≠o V promulg√≥ el misal revisado, m√°s tarde asociado con su nombre.

La comprensi√≥n sobre la “norma de los Santos Padres”, es decir, la praxis lit√ļrgica de los Padres de la Iglesia fue la gu√≠a inspiradora de la revisi√≥n que gener√≥ el Misal de San P√≠o V. La comprensi√≥n de la liturgia de la Iglesia antigua se ampli√≥ y enriqueci√≥ en gran medida con el avance de la investigaci√≥n lit√ļrgica. Las numerosas ediciones cr√≠ticas de los venerados sacramentarios del per√≠odo patr√≠stico, as√≠ como el redescubrimiento de libros lit√ļrgicos hispanos y galicanos, rescataron eucolog√≠as de gran valor espiritual hasta entonces olvidadas. Del mismo modo, las tradiciones de los primeros siglos, antes de la formaci√≥n de los ritos de Oriente y Occidente, ahora son m√°s conocidas, despu√©s del descubrimiento de numerosos documentos lit√ļrgicos. Adem√°s, el progreso de los estudios patr√≠sticos ha arrojado luz sobre la teolog√≠a eucar√≠stica a la luz de la doctrina de los Padres m√°s eminentes de la antig√ľedad cristiana. (IGMR n.8).

Por lo tanto, “la norma de los Santos Padres” no solo exige que se conserve lo que nuestros antepasados m√°s recientes nos legaron. Estos “antepasados recientes”, seg√ļn lo entendi√≥ Pablo VI, son los promotores de la gran revisi√≥n lit√ļrgica tridentina. Tambi√©n es imperativo que “el pasado de la Iglesia y todas las manifestaciones de fe se asuman y juzguen como del m√°s alto valor, en formas tan variadas de cultura humana y civil como la sem√≠tica, griega y latina” (IGMR n.9), lo que implica una comprensi√≥n integral de lo que realmente es la Tradici√≥n de la Iglesia y su relaci√≥n con los procesos naturales de revisi√≥n y reforma de sus ritos lit√ļrgicos: ‚Äúesta visi√≥n m√°s amplia nos permite percibir c√≥mo el Esp√≠ritu Santo otorga al Pueblo de Dios una admirable fidelidad en preservar el dep√≥sito inmutable de la fe, a pesar de la enorme variedad de oraciones y ritos‚ÄĚ (IGMR n.9).

3 Controversias en torno del Misal de San Pío V

La promulgaci√≥n del Misal Romano de Pablo VI, en 1969, se convirti√≥ en el punto de partida de una controversia que se extiende hasta nuestros d√≠as. Controversia que opone no solo el Misal de Pablo VI al Misal de P√≠o V, sino que se despliega en la afirmaci√≥n inusual de un antagonismo entre el Concilio Vaticano II (1962-1965) y el resto de la Tradici√≥n de la Iglesia. El punto de partida de esta controversia fue el Breve examen cr√≠tico del Novus Ordo Missae, preparado por los cardenales Alfredo Ottaviani y Antonio Bacci en el mismo a√Īo de 1969. Las declaraciones contenidas en este examen cr√≠tico fueron de la mayor gravedad y proyectaron una tremenda sospecha de herej√≠a en relaci√≥n con el Misal. de Pablo VI. En √©l encontramos la acusaci√≥n impactante de que el nuevo misal se aparta de una manera impresionante, en su conjunto y en particular, de la teolog√≠a cat√≥lica de la Santa Misa. Pes√≥ a√ļn m√°s la condici√≥n del firmante principal del examen cr√≠tico: el cardenal Alfredo Ottaviani, pro-prefecto de la Congregaci√≥n para la Doctrina de la Fe hasta 1968. El controvertido examen cr√≠tico expres√≥ la opini√≥n de un grupo de te√≥logos vinculados al arzobispo franc√©s Marcel Lef√®bvre (1905 -1991), marcado por el rechazo radical tanto del Misal Romano de Pablo VI como del Concilio Vaticano II. Los cardenales Ottaviani y Bacci patrocinaron el texto, asumi√©ndolo como propio. La llamada “intervenci√≥n de Ottaviani” es, incluso hoy, la fuente privilegiada de argumentos contra Novus Ordo Missae.

Analicemos brevemente algunas objeciones planteadas por quienes usan el Misal de San P√≠o V para rechazar el Misal de Pablo VI. El primero de ellos se refiere a la perpetuidad de la bula Quo primum tempore de San P√≠o V. En este documento, parece que dicho papa fija una forma inmutable para el Ordo Missae (la forma de celebraci√≥n de la misa) y en esa inmutabilidad compromete toda su autoridad pontificia, prohibiendo cualquier modificaci√≥n posterior a los ritos y ceremonias codificados por el misal de 1570. En la pr√°ctica, los tradicionalistas a menudo afirman una supuesta intangibilidad del Misal de P√≠o V, canonizado por la Quo primum tempore. Sin embargo, no se sustenta una interpretaci√≥n estrecha de esta perpetuidad. En una respuesta oficial, fechada el 11 de junio de 1999, la Congregaci√≥n para el Culto Divino aclar√≥ que ning√ļn papa puede fijar un rito perpetuamente. Adem√°s, el Concilio de Trento, al reflexionar sobre la administraci√≥n de los sacramentos, declar√≥ que la Iglesia puede mejorar las celebraciones lit√ļrgicas modificando y estableciendo nuevos elementos, siempre que no se altere la identidad espec√≠fica de los sacramentos. Puede hacerlo teniendo en cuenta la utilidad de quienes reciben los sacramentos seg√ļn la variedad de cosas, tiempos y lugares (DH 1728). Desde un punto de vista can√≥nico, cuando un papa escribe perpetuo concedimus, uno siempre debe entender “hasta que se ordene lo contrario”. Est√° en la autoridad soberana del Romano Pont√≠fice no estar limitado por leyes meramente eclesi√°sticas, y mucho menos por las disposiciones de sus predecesores. Un papa est√°, por supuesto, limitado por la inmutabilidad de las leyes divinas y naturales, adem√°s de la propia constituci√≥n de la Iglesia. (cf. RIFAN, 2007, p.45-46).

Fue esta comprensi√≥n la que tuvieron los diversos sucesores del Papa P√≠o V cuando modificaron o introdujeron elementos en el misal que promulg√≥ en 1570. Lo hicieron sin contradecir la bula Quo primum tempore. As√≠, a modo de ejemplo, en 1604, Clemente VIII aboli√≥ una oraci√≥n prescrita por el sacerdote al ingresar a la iglesia, la palabra √≥mnibus en las dos oraciones despu√©s del Confiteor y la eventual menci√≥n del nombre de un emperador en el Canon romano. Le√≥n XIII agreg√≥, al final de la Misa, las oraciones leoninas, y P√≠o X, en 1904, y P√≠o XI, en 1929, hicieron otros a√Īadidos. Sin embargo, fue P√≠o XII quien, en 1951 y 1955, realiz√≥ la mayor modificaci√≥n lit√ļrgica previa al Vaticano II con una notable reforma de las celebraciones de Semana Santa. Finalmente, Juan XXIII, ya en los albores del Concilio, insert√≥, en 1960, el nombre de San Jos√© en el Canon romano.

Otra objeci√≥n frecuente que opone indebidamente el Misal de P√≠o V al Misal de Pablo VI es la “cuesti√≥n del ofertorio”. En el Misal de P√≠o V, la preparaci√≥n y presentaci√≥n de las ofrendas van acompa√Īadas de largas oraciones que resaltan claramente el car√°cter sacrificial de la Misa. El Misal de Pablo VI opt√≥ por oraciones m√°s cortas en las que Dios es bendecido por los dones de pan y vino que se convertir√°n en el cuerpo y la sangre del Se√Īor. La objeci√≥n tradicionalista establece que el cambio en el ofertorio destruy√≥ el car√°cter sacrificial de la Misa, que, como resultado, dej√≥ de ser cat√≥lica y, por lo tanto, se volvi√≥ il√≠cita o incluso inv√°lida. Tal objeci√≥n, plagada de prejuicios, se refuta con la observaci√≥n de que la menci√≥n principal del sacrificio tiene su debido lugar, no en el ofertorio, sino en la anamnesis del propio Canon. El llamado “ofertorio” fue originalmente una simple preparaci√≥n de ofrendas en el altar. Hasta el siglo X, predominaba el gesto realizado en silencio. En los siglos siguientes, las oraciones se elaboraron y luego se incluyeron en el Misal de P√≠o V (BOROBIO, 1996, p.335-338). Despu√©s del Concilio Vaticano II, varios liturgistas abogaron por la eliminaci√≥n de las palabras de este rito, reanudando la simple elevaci√≥n en silencio, pero Pablo VI insisti√≥ en la recuperaci√≥n de f√≥rmulas cortas enraizadas en las fuentes m√°s antiguas de la liturgia cristiana y que revelen la verdadera naturaleza de ese momento: la presentaci√≥n de las ofrendas en el altar (TABORDA, 2009, p.142-144).

La llamada “cuesti√≥n del misterio pascual” es probablemente la objeci√≥n tradicionalista m√°s fuerte planteada contra el Misal de Pablo VI. Afirman que el nuevo misal es heterodoxo, ya que su teolog√≠a enfatiza la celebraci√≥n del misterio pascual de Cristo. A su vez, el Misal de P√≠o V es ortodoxo en el sentido de que conserva y expresa plenamente la teolog√≠a del sacrificio expiatorio de Cristo, perpetrado de manera incruenta en los altares. El entonces cardenal Ratzinger clasific√≥ como extra√Īa e irrazonable la oposici√≥n lanzada entre las categor√≠as “misterio pascual” y “sacrificio” (RIFAN, 2007, p.53-54). Esta an√≥mala oposici√≥n es el argumento central, defendido por la Fraternidad de San P√≠o X, de que existe una ruptura dogm√°tica real entre la liturgia renovada despu√©s del Concilio Vaticano II y la liturgia anterior (FSSPX a, p.55-68). En otras palabras, la acusaci√≥n de heterodoxia lanzada en el Misal de Pablo VI se basa en el juicio de que ahora todo se interpreta a partir del misterio pascual, que usurp√≥ el lugar del sacrificio expiatorio de Cristo. Tal acusaci√≥n no puede sostenerse y el malentendido es evidente. La categor√≠a del misterio pascual no reemplaza, elimina o relativiza la importancia y la realidad del sacrificio de Cristo. La Pascua de Cristo es el misterio salvador en toda su amplitud y donde realmente se sit√ļa su sacrificio.

El t√©rmino misterio pascual conduce claramente a las realidades que tuvieron lugar entre el Jueves Santo y la ma√Īana de Pascua: la cena como anticipaci√≥n de la cruz, el drama del G√≥lgota y la resurrecci√≥n del Se√Īor. La categor√≠a de misterio de Pascua entiende estos eventos como un evento unitario que manifiesta toda la obra de Cristo. Obra salv√≠fica que tiene un lugar hist√≥rico eminente, pero que al mismo tiempo lo trasciende. Dado que este evento √ļnico y trascendente es el m√°s perfecto culto a Dios, puede convertirse en culto divino y estar presente en todos los momentos de la historia porque fue asumido por Dios mismo en su misterio de salvaci√≥n. La teolog√≠a de la Pascua del Nuevo Testamento sugiere esto: el episodio aparentemente profano de la crucifixi√≥n de Cristo es un sacrificio de expiaci√≥n, un acto de reconciliaci√≥n realizado por Dios hecho hombre. La teolog√≠a de Pascua es una teolog√≠a de la redenci√≥n, una liturgia del sacrificio expiatorio ubicado en el centro del misterio pascual (RIFAN, 2007, p.54). Se demuestra as√≠ que la oposici√≥n entre sacrificio y misterio pascual es artificial e inconsistente.

4 De las controversias a la separación

La pol√©mica en torno al Misal de P√≠o V experiment√≥ crecientes tensiones y rupturas, especialmente en torno a la Fraternidad Sacerdotal de San P√≠o X (FSSPX), fundada por el arzobispo franc√©s Marcel Lef√®bvre. Esta fraternidad fue aprobada en 1970 por el obispo de Lausana (Suiza) y recibi√≥ una carta de recomendaci√≥n de la Congregaci√≥n para el Clero en 1971. La posici√≥n extremadamente cr√≠tica en relaci√≥n con el Concilio Vaticano II y el rechazo del nuevo rito de la misa, llamado peyorativamente “misa nueva‚ÄĚ, provoc√≥ un alejamiento progresivo de Lef√®bvre y sus seguidores en relaci√≥n con Roma.

Sus declaraciones program√°ticas son incisivas. La FSSPX se adhiere “de todo coraz√≥n, de toda el alma, a la Roma cat√≥lica, guardiana de la fe cat√≥lica y las tradiciones necesarias para el mantenimiento de esta fe, a la Roma eterna, maestra de la sabidur√≠a y la verdad”. Pero se niega, “por el contrario, y siempre [se negar√°] a seguir a Roma de tendencia neo-modernista y neo-protestante que se manifest√≥ claramente durante el Concilio Vaticano II y, despu√©s del Concilio, en todas las reformas que se originaron all√≠” (FSSPX a). Tal distanciamiento culmin√≥ con la suspensi√≥n a divinis de Dom Marcel Lef√®bvre en 1976, por insistir en formar y ordenar sacerdotes dentro de esta perspectiva de rechazo del Vaticano II. Posteriormente, en 1988, la situaci√≥n empeor√≥ con su excomuni√≥n latae sententiae debido a la ordenaci√≥n de cuatro obispos sin el mandato pontificio necesario, un evento que se conoci√≥ como el “cisma tradicionalista”.

La misa de San P√≠o V se ha convertido desde entonces en un verdadero estandarte de lucha. Su conservaci√≥n, defensa y expansi√≥n se ha convertido no solo en la raz√≥n de la existencia de la FSSPX, sino en un verdadero principio operativo en relaci√≥n con la Iglesia actual, que siempre ha sido evaluada negativamente y reconocida como propensa al modernismo ap√≥stata. De esta manera, no se trata solo de preservar la Misa Tridentina, sino de participar en un programa de restauraci√≥n de la Iglesia basado en el paradigma entendido por la FSSPX como la “Tradici√≥n aut√©ntica de la Iglesia”.¬† El retorno a la tradici√≥n conforme al modelo tridentino es asumido como el √ļnico camino de superar la profunda crisis de la Iglesia. Las palabras del Padre Davide Pagliarini, Superior de la FSSPX, son significativas y reveladoras; “Debemos tener el coraje de reconocer que incluso una buena postura doctrinal no ser√° suficiente, si no se acompa√Īa de una vida pastoral, espiritual y lit√ļrgica coherente con los principios que queremos defender” (FSSPX b). La misa tradicional pedir√° una reconfiguraci√≥n de la Iglesia basada en el modelo supuestamente tridentino e interpretado como la mejor expresi√≥n de la tradici√≥n. Pagliarini contin√ļa: ‚Äúconcretamente, necesitamos pasar a la Misa Tridentina y todo lo que eso significa; necesitamos ir a la misa cat√≥lica y sacar de ella todas las consecuencias‚ÄĚ (FSSPX b). Estas consecuencias cubren la totalidad de la vida eclesial contempor√°nea y forman un verdadero programa de restauraci√≥n: ‚Äúno se trata de restaurar la Misa tridentina porque es la mejor opci√≥n te√≥rica; se trata de restaurarlo, vivirlo y defenderlo hasta el martirio, porque solo la Cruz de Nuestro Se√Īor puede sacar a la Iglesia de la catastr√≥fica situaci√≥n en la que se encuentra‚ÄĚ (FSSPX b). Entendido de esta manera, el retorno previsto a la tradici√≥n implica una ruptura con numerosas realidades consideradas como los grandes logros del √ļltimo Concilio. Tales logros se interpretan como grandes males que deben ser eliminados. Las consecuencias l√≥gicas de esta restauraci√≥n ser√≠an el rechazo total de la reforma lit√ļrgica posconciliar, la suspensi√≥n del¬† camino¬† ecum√©nico, la reinterpretaci√≥n de la libertad religiosa, el cuestionamiento de la colegialidad episcopal y de las conferencias episcopales, la sospecha generalizada en relaci√≥n con el magisterio y¬† s√≠nodos postconciliares, la recuperaci√≥n de la teolog√≠a escol√°stica y la “filosof√≠a perenne”, la postura combativa y apolog√©tica ante el mundo contempor√°neo y la secularizaci√≥n. En resumen: un cambio radical en la cosmovisi√≥n cat√≥lica que ha existido desde el Concilio Vaticano II. El instaurare omnia in Christo, interpretado de acuerdo con esta l√≥gica, tiene este alcance radical. El polo irradiador de esta restauraci√≥n es la Misa de San P√≠o V con todas las consecuencias que se pueden extraer de ella en este horizonte de comprensi√≥n. Comienza con la liturgia tradicional y termina con el derribo del Vaticano II.

Sin embargo, no todos los partidarios de la liturgia tradicional se sentían identificados con el radicalismo de esta propuesta, especialmente el rechazo amplio y vehemente del Concilio Vaticano II. El riesgo que preveían no era solo de una mentalidad reaccionaria y cismática, sino también de las peores formas de sectarismo y aislamiento voluntario, promoviendo una equivocada defensa y la preservación de la fe católica. De ahí el surgimiento de varias iniciativas para el diálogo con Roma y para acoger e incluir a los fieles tradicionalistas en plena comunión eclesial.

En 1984, Juan Pablo II concedi√≥ que, con indulto y bajo condiciones espec√≠ficas, el Misal de San P√≠o V pudiese ser usado regularmente. A trav√©s de la Motu Proprio Ecclesia Dei afflicta (1988), el mismo Papa normatiz√≥ la recepci√≥n de los tradicionalistas que rompieron con el obispo Marcel Lef√®bvre debido a la excomuni√≥n en la que este arzobispo y los obispos ordenados por √©l incurrieron. Este hecho hundi√≥ a la FSSPX en una complicada situaci√≥n can√≥nica que persiste hoy, a pesar de la retirada de la excomuni√≥n en 2009. En 1988, el surgimiento de la Fraternidad Sacerdotal de San Pedro, fundada a partir de aquellos que salieron de la fraternidad lefebvriana, y vinculada directamente a la Santa Sede, dedic√°ndose al apostolado con los fieles tradicionalistas que deseaban mantener la plena comuni√≥n con Roma. Tambi√©n en esta perspectiva, surgieron otras asociaciones centradas en el uso exclusivo de la liturgia tradicional: el Instituto Cristo Rey y Sumo Sacerdote (1990) y el Instituto Buen Pastor (2006). A medida que se acercaba el Gran Jubileo del a√Īo 2000, los di√°logos y los tratos de varios grupos tradicionalistas con la Santa Sede se intensificaron. En Brasil, este movimiento para superar la ruptura result√≥ en la creaci√≥n de una circunscripci√≥n eclesi√°stica que tiene su propio obispo en plena comuni√≥n con Roma y conserva la liturgia romana tradicional para su clero y fieles. Es la Administraci√≥n Apost√≥lica S√£o Jo√£o Maria Vianney, establecida en 2001 y con sede en Campos dos Goytacazes, RJ.

El “mundo tradicionalista” no es uniforme y monol√≠tico, sino amplio y diverso. Alberga en s√≠ desde las posiciones m√°s radicales de oposici√≥n y rechazo del Concilio Vaticano II a posiciones m√°s abiertas al di√°logo y la interacci√≥n. Su punto de convergencia es el Misal de P√≠o V. Su eje de tensi√≥n, conflicto y dispersi√≥n atraviesa la hermen√©utica del Vaticano II.

5 En busca de la reconciliaci√≥n y la paz lit√ļrgica: Benedicto XVI y el Summorum Pontificum

Dentro del proceso descrito anteriormente, ya en el pontificado de Benedicto XVI, la Carta Apost√≥lica en forma de Motu Proprio Summorum Pontificum merece una menci√≥n especial, sobre el uso de la liturgia romana anterior a la reforma llevada a cabo en 1970. A partir de la declaraci√≥n de que el Misal de Pablo VI es la expresi√≥n ordinaria de la lex orandi de la Iglesia Cat√≥lica de rito latino, el Misal de San P√≠o V (en su edici√≥n de 1962) es admitido como la expresi√≥n extraordinaria de la misma lex orandi. En su venerable y antiguo uso debe disfrutar del debido honor, pero sin que tal disposici√≥n genere la divisi√≥n de la liturgia de la Iglesia, ya que son dos usos (ordinario y extraordinario) del √ļnico rito romano (SP n. 1). As√≠, Benedicto XVI estableci√≥ que “es l√≠cito celebrar el Sacrificio de la Misa seg√ļn la edici√≥n t√≠pica del Misal Romano promulgado por el Beato Juan XXIII, en 1962, y nunca abrogado como forma extraordinaria de la liturgia de la Iglesia” (SP n. 1 ) Tambi√©n establece que todo sacerdote cat√≥lico, en misas celebradas sin el pueblo y con la excepci√≥n de los d√≠as de triduo pascual, puede celebrar de acuerdo con ese misal sin la necesidad de ning√ļn permiso de la Sede Apost√≥lica o su Ordinario (SP n. 2). Los religiosos, en sus comunidades individuales o como institutos o sociedades, pueden tener tales celebraciones con frecuencia, habitual o permanentemente, mediante la aprobaci√≥n de los superiores mayores y siguiendo las normas del Derecho y las leyes y estatutos particulares (SP n.3). Los fieles pueden ser admitidos a las celebraciones siempre que lo soliciten espont√°neamente y se observen las normas de derecho (SP n. 4). En las parroquias donde hay un grupo estable de fieles que prefieran la forma extraordinaria, que los p√°rrocos o los rectores de la iglesia acojan tal solicitud, armonizando el bien de estos fieles con la atenci√≥n ordinaria de la parroquia, bajo la direcci√≥n del obispo, pero “evitando la discordia y favoreciendo la unidad de toda la Iglesia‚ÄĚ(SP n. 5 ¬ß1). Si tal grupo de fieles no obtiene lo que piden, inf√≥rmese al obispo diocesano sobre el hecho. ‚ÄúSe pide encarecidamente que el obispo satisfaga sus deseos. Si no puede proveer tal celebraci√≥n, que el asunto se remita a la Pontificia Comisi√≥n Ecclesia Dei ‚ÄĚ(SP n. 7). Del mismo modo, el p√°rroco puede otorgar una licencia para el uso del ritual m√°s antiguo en la administraci√≥n de los sacramentos del bautismo, el matrimonio, la penitencia y la unci√≥n de los enfermos “si lo requiere el bien de las almas” (SP n.9 ¬ß1). “Los ordinarios tienen la opci√≥n de celebrar la Confirmaci√≥n usando el antiguo Pontifical Romano” (SP n.9 ¬ß2) y los cl√©rigos tambi√©n pueden usar el Breviario Romano promulgado en 1962 (SP n.9 ¬ß3). El Ordinario local, si se considera oportuno, puede erigir una parroquia personal “para las celebraciones, de acuerdo con la forma m√°s antigua del Rito Romano, o designar un capell√°n” (SP n.10).

Junto con el Summorum Pontificum, Benedicto XVI envi√≥ una “Carta a los Obispos”, tambi√©n fechada el 7 de julio de 2007, detallando los motivos de su decisi√≥n, aclarando puntos controvertidos y alentando una generosa bienvenida a trav√©s de la caridad pastoral y la justa prudencia. En esta carta al episcopado, Benedicto XVI reconoci√≥ que en vista de su iniciativa “hay reacciones muy divergentes entre s√≠, que van desde la aceptaci√≥n entusiasta hasta una fuerte oposici√≥n a un proyecto cuyo contenido no se conoc√≠a realmente”. Hizo hincapi√© en que el miedo a la negaci√≥n de la autoridad del Concilio Vaticano II y una de sus decisiones esenciales, que es la reforma lit√ļrgica, debe eliminarse, porque el Misal de Pablo VI sigue siendo la forma normal u ordinaria de la liturgia eucar√≠stica. Afirm√≥ que el Misal de San P√≠o V nunca fue derogado y siempre fue legalmente permitido. Tambi√©n aludi√≥ a la divisi√≥n causada por el arzobispo Lef√®bvre en la que “la fidelidad al antiguo misal apareci√≥ como un signo distintivo externo, pero las razones de la divisi√≥n, que entonces nac√≠a, se encontraban a un nivel m√°s profundo”. Por esta raz√≥n, hab√≠a “muchas personas que claramente aceptaron el car√°cter vinculante del Concilio Vaticano II y fueron fieles al Papa y a los obispos, pero que deseaban recuperar la forma que les era querida de la Sagrada Liturgia”. Esto sucedi√≥ principalmente porque en muchos lugares ya no se celebraba con fidelidad a las normas del nuevo misal, lo que a menudo condujo a deformaciones de la liturgia en el l√≠mite de lo soportable. De manera autobiogr√°fica, Benedicto XVI agrega: ‚ÄúHablo por experiencia, porque yo tambi√©n viv√≠ ese per√≠odo con todas sus expectativas y confusiones. Y vi c√≥mo fueron profundamente heridas, por las deformaciones arbitrarias de la liturgia, personas que estaban totalmente enraizadas en la fe de la Iglesia‚ÄĚ.

¬†En esa misma Carta a los Obispos, despu√©s de una serie de consideraciones can√≥nicas y pastorales, Benedicto XVI ve la posibilidad de una interacci√≥n fruct√≠fera entre las dos formas, a la que llam√≥ enriquecimiento mutuo. ‚ÄúLas dos formas del Rito Romano pueden enriquecerse mutuamente. En el antiguo misal, se pueden y se deben insertar nuevos santos y algunos de los nuevos prefacios‚ÄĚ. Por otro lado, “en la celebraci√≥n de la misa de acuerdo con el Misal de Pablo VI, ser√° posible manifestar, de una manera m√°s intensa de lo que ha sucedido hasta ahora, esa santidad que atrae a muchos al uso antiguo “. La garant√≠a m√°s segura de que el Misal de Pablo VI una las comunidades parroquiales y sea amado por ellas es su celebraci√≥n ‚Äúcon gran reverencia de acuerdo con las r√ļbricas; esto hace visible la riqueza espiritual y la profundidad teol√≥gica de este misal‚ÄĚ. Por lo tanto, concluy√≥ Benedicto XVI, no hay contradicci√≥n entre una edici√≥n y otra del Misal Romano, porque en la historia de la liturgia hay crecimiento y progreso, pero no ruptura.

6 Desafíos que permanecen

El camino propuesto por Benedicto XVI en el Summorum Pontificum corresponde perfectamente a uno de los ejes de su ense√Īanza, es decir, la “hermen√©utica de la continuidad”. Sin embargo, los movimientos de ruptura en el campo lit√ļrgico existieron y contin√ļan existiendo. Por un lado, la postura negacionista del tradicionalismo lefebvriano que no otorga ning√ļn valor a la reforma lit√ļrgica posconciliar y aboga por la ruptura m√°s dr√°stica con su prohibici√≥n total de la vida de la Iglesia. Por otro lado, los defensores del legado lit√ļrgico del Vaticano II, conscientes de sus logros y avances, pero firmemente decididos a no retroceder ni ceder ante nada (ISNARD, 2008, p.20). Posiciones extremas, a veces cargadas de pasi√≥n por las banderas respectivas, lo que resulta en un clima tenso que agrava las divisiones existentes.

El camino del crecimiento y el progreso en la liturgia sigue siendo desafiante y dif√≠cil, pero sin rupturas, como idealiz√≥ Benedicto XVI. M√°s que las formas lit√ļrgicas y las peculiaridades de sus ritos, hay una realidad m√°s profunda que precede a todas estas cuestiones. Se trata de la tensi√≥n conflictiva entre dos formas de entender a la Iglesia y su posici√≥n en el mundo contempor√°neo. El debate y las controversias en torno al uso del Misal de San P√≠o V solo manifiestan un drama y una lucha mucho m√°s profundas que a√ļn est√°n lejos de una resoluci√≥n pac√≠fica e integradora.

La d√©cada que ha pasado desde el Summorum Pontificum merece un an√°lisis m√°s detallado. Las actitudes y opiniones razonablemente tolerantes y dialogantes se han vuelto m√°s frecuentes en ambos lados, pero los duros n√ļcleos de cr√≠tica y rechazo tanto en relaci√≥n con la Misa tradicional como en relaci√≥n con la Misa de Pablo VI permanecen intactos tanto en los diversos grupos tradicionalistas como en los seguidores de la renovaci√≥n lit√ļrgica. postconciliar. Las entrevistas y escritos de sus exponentes o partidarios dan fe de este hecho en abundancia. (KWASNIEWSKI, 2018, p.133-144; GRILLO, 2007, p.103-120).

No se puede hablar de una victoria tradicionalista despu√©s del Summorum Pontificum (KWASNIEWSKI, 2018, p.223-231). La liturgia de Pablo VI no ha sido abrogada como a√ļn desean los m√°s extremistas, y no hay posibilidad cercana o remota de que ocurra tal abrogaci√≥n. Por su parte, el Papa Francisco no cancel√≥ el camino abierto por Benedicto XVI en relaci√≥n con los seguidores de la liturgia tradicional ni se cerr√≥ al di√°logo con la Fraternidad de San P√≠o X. Sin embargo, el punto muerto en relaci√≥n con la valoraci√≥n y la importancia del Concilio Vaticano II persiste. Un posible acuerdo teol√≥gico sobre este Consejo, simult√°neamente aceptable para Roma y los lefebvrianos, es una condici√≥n indispensable para la regularizaci√≥n can√≥nica de la fraternidad tradicionalista. Tal acuerdo a√ļn no se ha alcanzado a pesar de todos los esfuerzos de Benedicto XVI y las demostraciones de bienvenida y benevolencia en el pontificado de Francisco, con la concesi√≥n de facultades can√≥nicas en relaci√≥n con los sacramentos del matrimonio y la penitencia administrados por el clero de la Fraternidad San P√≠o X. Se dio una reacci√≥n extrema ante este acercamiento inicial entre Roma y los tradicionalistas de la FSSPX con la clamorosa salida del obispo Richard Williamson, uno de los consagrados por Dom Marcel Lef√®bvre en 1988. Williamson interpret√≥ la incipiente aproximaci√≥n a Roma como una traici√≥n a la causa de la Tradici√≥n. Cuando se trata del Concilio Vaticano II, solo se trabaja con la perspectiva de su rechazo. Por esta raz√≥n, rompi√≥ violentamente con la FSSPX en 2012, llev√°ndose consigo a varios sacerdotes y laicos y fundando una nueva vertiente tradicionalista. Desde 2015, despu√©s de haber ordenado obispos sin un mandato pontificio, reincidi√≥ en la excomuni√≥n latae sententiae. Los partidarios de Williamson en Brasil se vinculan con el Monasterio de Santa Cruz en Nova Friburgo, RJ. La herida cism√°tica de otro tradicionalismo fuera de la plena comuni√≥n eclesial fue as√≠ reabierta.

Lejos de cualquier conducta cism√°tica, la situaci√≥n del catolicismo tradicional en los Estados Unidos es reveladora, un pa√≠s donde el Summorum Pontificum encontr√≥ grandes entusiastas. Se podr√≠a pensar en un notable avance tradicionalista en ese pa√≠s, pero no es lo que se ve en t√©rminos de realidad. Las investigaciones muestran que el catolicismo tradicionalista ha avanzado en los Estados Unidos, no de manera generalizada, sino puntual y de manera restringida. De los m√°s de 70 millones de cat√≥licos estadounidenses, solo alrededor del 0,3% participa de misa tradicional. La gran mayor√≠a del clero de rito romano (95%) celebra exclusivamente seg√ļn el Novus Ordo. En un art√≠culo en que se analiza la mencionada investigaci√≥n, encontramos el testimonio de Monse√Īor Charles Pope sobre este rotundo fracaso pastoral:

En mi propia Arquidi√≥cesis, aunque ofrecemos misa tradicional en cinco lugares diferentes, nunca hemos podido atraer a m√°s de mil personas. Esto es solo la mitad del 1% del n√ļmero total de cat√≥licos que asisten a misa en esta di√≥cesis cada domingo. Esto no convence a los obispos de que la nueva misa no es la liturgia del futuro y que el regreso a la misa tradicional es el mejor camino para seguir. Si los que amamos la Misa tradicional pensamos que la Misa har√≠a sola su propia evangelizaci√≥n, estamos equivocados. Es hermosa y digna de Dios en muchos sentidos, pero en un mundo de placeres y diversiones instant√°neos, debemos demostrar el valor perenne de una liturgia tan hermosa. La verdad del asunto es que una liturgia antigua, hablada en un idioma antiguo y, la mayor√≠a de las veces, hablada en susurros, no es algo que la mayor√≠a de la gente moderna apreciar√≠a de inmediato. (BANKE, 2019)

Los ambientes constituidos alrededor de la misa tradicional tambi√©n tienen sus grandes desaf√≠os. Probablemente el m√°s grande se refiere a la mentalidad de gueto, de grupo selecto, de constituci√≥n de los √ļnicos lugares donde es posible que subsista el verdadero catolicismo. En la pr√°ctica, esta mentalidad se pervirti√≥ aisl√°ndose de los otros miembros del cuerpo eclesial, casi siempre juzgados peyorativamente. Un aislamiento en el cual, debido a un cierto “esp√≠ritu de √©lite”, son muy frecuentes las cr√≠ticas amargas y las posiciones ofensivas, cargadas de desprecio por todo lo relacionado con la Iglesia postconciliar. Tal perversi√≥n genera antipat√≠as y resistencia y acent√ļa a√ļn m√°s el fracaso pastoral mencionado anteriormente.

A su vez, se estima que el Summorum Pontificum no logr√≥ llevar a cabo suficientemente la hermen√©utica de la continuidad en el √°mbito lit√ļrgico. Por el contrario, dio lugar a un estado an√≥malo de contradicci√≥n en la praxis de celebraci√≥n de la Iglesia con la coexistencia de dos formas del mismo rito cuyos adherentes no siempre sobresalen en armon√≠a fraterna. En opini√≥n del te√≥logo Andrea Grillo, hay un “efecto peligrosamente desorientador” de este documento que se cierne sobre todos. Seg√ļn Grillo (2011), a trav√©s de una “ficci√≥n jur√≠dica”, dos formas diferentes de celebraci√≥n de la misa se vuelven artificialmente contempor√°neas. Por ser objeto de elecci√≥n, “se crea una situaci√≥n h√≠brida y an√≥mala, que pronto se revela como confusi√≥n, con la cual se introduce una seria discontinuidad en la tradici√≥n del rito romano”. Lo que es m√°s parad√≥jico y grave es la “libertad absoluta” otorgada al sacerdote u obispo, en la “celebraci√≥n sin el pueblo”, que ahora puede elegir entre una forma ordinaria o extraordinaria, sin tener que rendir cuentas a nadie. El resultado es que “la reforma lit√ļrgica se convierte as√≠ en algo ‘opcional’ de la propia identidad ministerial. Este es tambi√©n un monstruum sin precedentes en relaci√≥n con la tradici√≥n de la Iglesia‚ÄĚ. Y concluye: “Es sorprendente que el Papa Benedicto XVI haya asumido una teor√≠a que es tan inconsistente en el plano jur√≠dico y con consecuencias tan incontrolables en el plano lit√ļrgico, eclesial y espiritual”. En resumen: “una pretensi√≥n de paralelismo ritual que establece una coexistencia entre el rito ordinario y el rito extraordinario, lo que, a primera vista, demuestra ser incoherente, ineficaz y muy peligroso para la comuni√≥n eclesial‚ÄĚ (GRILLO, 2011).

Con la intenci√≥n de permitir una doble validez en formas diferentes y no arm√≥nicas del mismo rito romano, se determina gradualmente un conflicto indomable entre tiempos, espacios, h√°bitos, ritos, calendarios, ministerios, c√≥digos, competencias diversas. La extensi√≥n se refiere tanto a las habilitaciones subjetivas al rito, es decir, a los criterios con los que los sujetos pueden reclamar derechos a este respecto, como a las finalidades objetivas del rito, que, m√°s expl√≠citamente, se definen como “pastorales”. En realidad, este documento, a pesar de sus buenas intenciones, corre el riesgo de hacer imposible cualquier ministerio lit√ļrgico, ya que tiene un efecto peligrosamente desorientador en todos: especialmente en los obispos, que pierden el control de las di√≥cesis, luego en los sacerdotes y, finalmente, tambi√©n sobre los laicos, por el hecho de substraer la necesidad de la reforma (GRILLO, 2011).

La relativizaci√≥n e incluso el desprecio de la reforma lit√ļrgica del Vaticano II fue uno de los efectos no deseados de Benedicto XVI cuando public√≥ el Summorum Pontificum. Abusando de la hermen√©utica de la continuidad, surgieron cr√≠ticas tan radicales que incluso la reforma de la Semana Santa realizada por P√≠o XII, en la d√©cada de 1950, fue cuestionada. No solo se cuestion√≥, sino que en algunos lugares se reanud√≥ la celebraci√≥n de la Semana Mayor, como en la √©poca de San P√≠o V. Tales hechos revelan cu√°n lejos puede llegar el grado de rigidez lit√ļrgica, tomando parad√≥jicamente el Summorum Pontificum como punto de partida.

Este marco preocupante muestra la necesidad de profundizar nuestra comprensi√≥n de la verdadera identidad de la tradici√≥n lit√ļrgica. El Misal de Pablo VI, un fruto eminente de la reforma lit√ļrgica, lejos de apartarse de la verdadera Tradici√≥n, acerc√≥ la celebraci√≥n eucar√≠stica a sus or√≠genes que son eminentemente b√≠blicos y patr√≠sticos. La reforma lit√ļrgica postconciliar ampli√≥ notablemente el acceso a la Palabra de Dios, enfatiz√≥ el papel del Esp√≠ritu Santo en la acci√≥n eucar√≠stica y enfatiz√≥ la naturaleza ministerial y la participaci√≥n activa de toda la Iglesia en la oraci√≥n.

Al analizar las dos formas del rito romano m√°s de cerca, los estudiosos encuentran que el Misal de Pablo VI es de hecho m√°s tradicional que su predecesor tridentino. El misal actual muestra m√°s claramente su v√≠nculo con la “norma de los Santos Padres”, tan valorada por San P√≠o V y sus contempor√°neos, pero no totalmente accesible para ellos en el siglo XVI. De ah√≠ el sorprendente reconocimiento de que el rito tridentino es un rito moderno cuando se ubica en el contexto m√°s amplio de la larga historia de la liturgia romana (CASSINGENA-TR√ČVEDY, 2007, p.89-95).

La transición de esta primera forma moderna del rito romano a la segunda forma, postconciliar, comunitaria, relacional, simbólico-ritual, ocurrió a través de un Concilio y una larga fase de reforma, que fue causada por los límites, por las lagunas, por las unilateralidades del rito tridentino, de lo cual la Iglesia se había dado cuenta gradualmente, desde el siglo XIX. La transición que la reforma quiere promover se refiere al sujeto que celebra (del sacerdote individual a la relación asamblea / ministros), al rito (que ya no es solo para ser observado por un individuo, sino que debe ser celebrado por una comunidad), a relación con Dios (que, desde lo monológico, se vuelve dialógico), a la Palabra de Dios (que ahora tiene espacio, visibilidad sacramental y riqueza mucho más significativa), al papel de la comunión (que ahora es hecha por todos como una acción ritual de la Misa y ya no como devoción privada) (GRILLO, 2011).

La evoluci√≥n hist√≥rica del rito romano se verifica a trav√©s del paso de sus diversas etapas. En este paso hay una evoluci√≥n guiada por la fidelidad creativa, como explic√≥ Pablo VI en la Constituci√≥n Apost√≥lica Missale Romanum y en el proemio de la Instrucci√≥n General del Misal Romano. Las dos formas solo pueden entenderse correctamente en su continuidad si se ubican en una sucesi√≥n diacr√≥nica (GRILLO, 2011). Sin embargo, cuando las diferentes formas se vuelven artificialmente contempor√°neas y objeto de la libre elecci√≥n, con el agravante de un contexto de viejos malentendidos y prejuicios no superados, lo que tenemos es el gran riesgo de discontinuidad y ruptura lit√ļrgica y serias amenazas a la propia unidad eclesial.

De hecho, los mayores desaf√≠os van m√°s all√° de los l√≠mites de la praxis lit√ļrgica. Estos son desaf√≠os de la vida eclesial en s√≠, marcados por tensiones y esperanzas, conflictos y posibilidades de crecimiento y regresi√≥n. La liturgia es “la cumbre hacia la cual tiende la acci√≥n de la Iglesia” y, al mismo tiempo, es “la fuente de la que emana toda su fuerza” (SC n.10). Al ocupar esta posici√≥n central y vital, es evidente que todo lo que experimenta la Iglesia tambi√©n se manifiesta, en varias formas, en su liturgia. Incluyendo sus desacuerdos y situaciones de dif√≠cil resoluci√≥n.

Luiz Ant√īnio Reis Costa, Instituto de Teolog√≠a S√£o Jos√©, Mariana, MG. Texto original portugu√©s. Postado en febrero del 2020.

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