Cristianismo Antiguo

√ćndice

1 Primera comunidad cristiana

1.1 Lo que se entiende por cristianismo antiguo

1.2 La cuestión de la datación cristiana

1.3 ¬ŅPrimera comunidad cristiana o primeras comunidades cristianas?

1.4 Kerigma, conversión, fe y bautismo

2 Primera expansión cristiana

2.1 El contexto de la expansión cristiana

2.2 Un cristianismo plural en un mundo plural

2.3 Protagonistas de la misión cristiana

2.4 Ministerios

3 Pablo: viajes misioneros

3.1 Trazos biográficos del Apóstol Pablo

3.2 Los viajes misioneros

3.3 Las cartas paulinas

3.4 Pablo: ¬Ņverdadero fundador del cristianismo?

4 Cristianismo en el mundo romano

4.1 Un mundo plural

4.2 Ciudadanos de otra ciudad

4.3 Las primeras luchas internas y herejías

4.4 Los concilios y el nacimiento de la teología cristiana

5 Las persecuciones en la Antig√ľedad

5.1 Causas de las persecuciones

5.2 Las diferentes fases de las persecuciones

5.3 La sangre de los m√°rtires: semilla de nuevos cristianos

5.4 El fin de las persecuciones y el ‚Äúgiro constantiniano‚ÄĚ

6 Referencias

1  Primera Comunidad Cristiana

1.1 Lo que se entiende por cristianismo antiguo

De manera general, se entiende por cristianismo antiguo el cristianismo de los cuatro primeros siglos de la Era Cristiana cuyo per√≠odo va desde el nacimiento de la Iglesia en el evento de Pentecost√©s (cf. Hch 2), en el que los Disc√≠pulos de Jes√ļs Cristo recibieron el Esp√≠ritu Santo para anunciar su Evangelio (c. 30 dC), hasta la ca√≠da del Imperio Romano de Occidente (476 dC). A su vez, este per√≠odo de cuatro siglos y medio est√° dividido en dos grandes etapas: desde la predicaci√≥n apost√≥lica (c. 30 dC) hasta el ‚Äúgiro constantiniano‚ÄĚ (313 dC) o hasta el Concilio de Nicea (325) y, desde all√≠, hasta la ca√≠da de Roma (476 dC). En esta secci√≥n vamos a considerar la primera etapa del cristianismo antiguo. Hay autores que prefieren denominar esta primera etapa ‚Äúcristianismo primitivo‚ÄĚ o ‚Äúpre-niceno‚ÄĚ, tal como R. Markus, J. Hill ou H. Drobner.

1.2 La cuestión de la datación cristiana    

Los cristianos insertos en el mundo greco-romano utilizaron en el inicio la dataci√≥n com√ļn de las culturas en las que se insertaban. Hab√≠a varios calendarios basados en el ciclo lunar y en el ciclo solar. Entre los m√°s comunes estaban el calendario Juliano y el calendario que contaba las fechas a partir de la fundaci√≥n de Roma (c. 753 aC). En el siglo VI, el monje Dionisio, el Peque√Īo, organiz√≥ los eventos de la historia conocida a partir del evento central del cristianismo, la Encarnaci√≥n de Cristo. Es por eso que es com√ļn en Occidente usar la terminolog√≠a ‚Äúantes de Cristo‚ÄĚ (aC), ‚Äúdespu√©s de Cristo‚ÄĚ (dC), o tambi√©n ‚ÄúEra Cristiana‚ÄĚ o ‚ÄúEra Com√ļn‚ÄĚ (EC). En sus c√°lculos, el monje cometi√≥ algunos errores que ser√≠an corregidos en el siglo XVII. En verdad, Jes√ļs Cristo naci√≥ 5 o 6 a√Īos antes de la fecha propuesta por Dionisio.

1.3 ¬ŅLa primera comunidad cristiana o primeras comunidades cristianas?

Jes√ļs predic√≥ en Galilea, Judea, Samaria y en algunos territorios paganos y termin√≥ su misi√≥n en Jerusal√©n. Presentada de forma idealizada en los Actos de los Ap√≥stoles (cf. Hch 2,42-47 e 4,32-35), la primera comunidad cristiana refleja no solo la comunidad de Jerusal√©n, sino tambi√©n las dem√°s comunidades. El acontecimiento de Pentecost√©s (cf Hch 2,1-13), que dio nacimiento a la Iglesia con la llegada del Esp√≠ritu Santo, en la que se encontraban personas de todas partes, probablemente ilustra los lugares donde los cristianos ya hab√≠an formado comunidades. As√≠, podemos decir que en la primera d√©cada despu√©s del ‚Äúevento pascal‚ÄĚ (muerte y resurrecci√≥n de Jes√ļs), surgen las comunidades cristianas en los lugares de donde √©l proclama la Buena Nueva del Reino.

1.4 Kerigma, conversión, fe y bautismo

El cristianismo primitivo se presenta desde el inicio con una gran vitalidad, al punto de recibir continuamente nuevos convertidos (cf. Hch 2,41.47; 6,7). El entusiasmo de la predicaci√≥n sobre Jes√ļs Resucitado y el testimonio de la vida fraterna de las primeras comunidades cristianas atrajeron no solo jud√≠os, sino tambi√©n paganos. El anuncio del kerigma, centrado en la vida, muerte y resurrecci√≥n de Jes√ļs (cf. Hch 2,24-36; 3,13-26; 4,10-12; 5,30-32; 10,36-43; 13,17-41) constituy√≥ la predicaci√≥n fundamental y ¬†suscitaba la conversi√≥n de los oyentes. La fe en la persona y el mensaje de Jes√ļs conduc√≠a a la entrada en la comunidad cristiana a trav√©s del bautismo. Alrededor de la catequesis bautismal se desarrollar√° una f√≥rmula que condensa la doctrina de los Ap√≥stoles: el credo o s√≠mbolo apost√≥lico. Luego, la catequesis fundamental de preparaci√≥n al bautismo ser√° organizada en el catecumenato.

2  Primera Expansión Cristiana

2.1 El contexto de la expansión cristiana

La mayor√≠a de los disc√≠pulos y disc√≠pulas de Jes√ļs estaba constituida por jud√≠os. La primera expansi√≥n del cristianismo se dio en ese ambiente. La lengua, costumbres, tradiciones, pr√°cticas jud√≠as fueron reinterpretadas a la luz del mensaje de Jes√ļs. Desde el siglo II aC, los jud√≠os se encontraban diseminados por el mundo helenizado (di√°spora). En Antioquia, capital de la provincia de Siria, los seguidores de Jes√ļs fueron, por la primera vez, llamados ‚Äúcristianos‚ÄĚ (cf. Hch 11, 26). A partir de las sinagogas y comunidades judaicas helenizadas se expandi√≥ el cristianismo fuera del contexto judaico tradicional. Finalmente, el cristianismo se expandi√≥ hasta Roma, alcanzando las fronteras del Imperio Romano en el contexto del mundo gentil o pagano.

2.2  Un cristianismo plural en un mundo plural

El eficiente sistema vial del Imperio, la koin√© (una especie de griego popular), el mundo urbano de la cuenca del Mediterr√°neo y la cultura helenizada, facilitaron el anuncio cristiano. El juda√≠smo en el cual se encontraban Jes√ļs y sus primeros disc√≠pulos era diversificado. Despu√©s de la destrucci√≥n de Jerusal√©n (70 dC) y la revuelta de Bar Kochba (130 dC), el ramo farisaico represent√≥ al juda√≠smo tradicional. Mucho m√°s diversificado era el mundo del Imperio Romano. El cristianismo de la primera expansi√≥n se presenta as√≠ tambi√©n muy plural y diversificado. Los textos del Nuevo Testamento, la literatura de los Padres Apost√≥licos y Apologistas (I y II siglos), bien como la literatura cristiana heterodoxa de los siglos II y III despiertan un vivo inter√©s para los estudiosos del cristianismo antiguo.

2.3 Los Protagonistas de la misión cristiana

Jes√ļs viv√≠a rodeado de seguidores: multitudes lo segu√≠an en sus viajes, hab√≠a disc√≠pulos temporales y disc√≠pulos permanentes (cf. Mt 8,18-21; Lc 6,12-13.20; 8, 2-3;10,1; Jn 11,1; 12,1-11). Estos disc√≠pulos y disc√≠pulas fueron los protagonistas iniciales de la misi√≥n cristiana. Entre todos √©stos, √©l eligi√≥ Doce, para que sean los l√≠deres del ‚Äúnuevos Israel‚ÄĚ (cf. Mt 10,1-4; 20,17; Mc 3,14; Mc 6,7; 10,32.35-40; 11,11; 14,17; Lc 8,1; 22,28-30; Jn 6,67-68). El mandato de Jes√ļs de ‚Äúhacer disc√≠pulas a todas las naciones‚ÄĚ (cf. Mt 28, 19) expresa la convicci√≥n de que su mensaje no se circunscrib√≠a apenas a la casa de Israel. Pues el mensaje del Maestro de Galilea encontr√≥ eco en el contexto judaico, judaico helenizado y el gran mundo gentil. En cada uno de estos contextos surgieron nuevos disc√≠pulos. La tradici√≥n cristiana cuenta que, despu√©s del Pentecost√©s, los Doce, despu√©s de rezar juntos, se distribuyeron por varias regiones del mundo conocido para cumplir el mandato. En cada lugar, acompa√Īados de disc√≠pulos, fundaban comunidades. En el final del siglo I e inicio del siglo II hay noticias de la presencia cristiana m√°s all√° de las fronteras del Imperio, como en Edesa, importante centro mercantil en el reino de Osroene. A partir de all√≠ el cristianismo se extendi√≥ a Asia, alcanzando Persia y la India.

2.4 Ministerios

El Nuevo Testamento presenta una variada gama de ministerios o servicios de coordinaci√≥n y organizaci√≥n de las comunidades cristianas. En el siglo I, en cada contexto de la expansi√≥n cristiana vemos surgir formas de organizaci√≥n de estos servicios. Desde el inicio, el grupo de los Doce elegidos por Jes√ļs gozaba de una especie de primac√≠a de honra entre los disc√≠pulos. No deben ser confundidos con los ap√≥stoles; la tradici√≥n posterior, en el final del siglo I, los identific√≥ como los ‚Äúdoce ap√≥stoles‚ÄĚ. Despu√©s de la traici√≥n de Judas, fue necesario elegir otro para substituirlo y completar el n√ļmero ‚Äúdoce‚ÄĚ (cf. Mt, 28,16; Mc 16,14; Lc 24,9.33; Jn 20,19.24.26; 1 Cor 15,5; Hch 1,15-26). En el contexto judaico, cuyo modelo es la comunidad de Jerusal√©n, se adopt√≥ el modelo del consejo de ancianos (presb√≠teros), presidido por un anciano (una especie de presb√≠tero-obispo). Luego, en el contexto del juda√≠smo helenizado, se asocian los di√°conos – especie de administradores de bienes (Hch 6, 1-6) – a los Doce y a los presb√≠teros. En las comunidades fundadas por Pablo, se destacan los Ap√≥stoles (misioneros itinerantes, fundadores y responsables generales de las comunidades: cf. Hch 13,2; 14,27; 15,27; 18,22), Profetas (l√≠deres locales y presidentes de las celebraciones: cf. 1 Cor 14,15-17.29-32) y Doctores (especie de catequistas: Hch 13,1; 18,4; 22,3). En el final del siglo I, cuando surgen las disensiones con los ‚Äúfalsos profetas‚ÄĚ y otros predicadores (cf. Hch 20,29-31), se instituyen los vigilantes de la ‚Äútradici√≥n‚ÄĚ y del ‚Äúdep√≥sito de fe‚ÄĚ, los ep√≠skopoi (obispos). Los ministerios pasan a ser llamados de evangelistas (Ef 4,11; 2 Tim 4,5). La evoluci√≥n de los ministerios llegar√°, en el final del siglo II, a la estructura que en general ser√° adoptada por todas las Iglesias: obispo-presb√≠tero-di√°cono.

3 Pablo: viajes Misioneros

3.1 Trazos biográficos del Apóstol Pablo

Sin duda, el ap√≥stol Pablo es la figura m√°s significativa del primer siglo cristiano. Las dos principales fuentes sobre √©l, ni siempre f√°ciles de conciliar, son los Hechos de los Ap√≥stoles y el grupo de textos denominados corpus paulinum. Pablo es natural de Tarso, ciudad pr√≥xima a Antioquia. Es de la misma √©poca de Jes√ļs, aunque no lo haya encontrado. H√°bil fabricante de tiendas, es un t√≠pico jud√≠o de la di√°spora, un aut√©ntico fariseo, que frecuent√≥ la escuela del fariseo Gamaliel en Jerusal√©n. Fue uno de los l√≠deres que organizaron la persecuci√≥n a los cristianos con la intenci√≥n de eliminar la nueva religi√≥n, asistiendo al martirio de Esteban (cf. Hch 9). Sin embargo, en el camino a Damasco, tuvo la extraordinaria experiencia m√≠stica en la que encontr√≥ a Jes√ļs. Al convertirse, cambi√≥ su nombre Saulo para Pablo. Luego despu√©s del bautismo comenz√≥ a predicar a Cristo, primero en Arabia y despu√©s en Damasco. Despu√©s de la primera prisi√≥n, fue a Jerusal√©n para encontrarse con los Ap√≥stoles y despu√©s se dirigi√≥ a Tarso, donde permaneci√≥ por varios a√Īos.

3.2 Los viajes misioneros

Alrededor de los 40 a√Īos, Pablo comenz√≥ los famosos tres ‚Äúviajes misioneros‚ÄĚ. En verdad, constituyen idas y venidas por el Imperio Oriental, una verdadera jornada misionera, predicando el evangelio, fundando comunidades, formando l√≠deres, escribiendo cartas, elaborando su teolog√≠a. Una jornada que terminar√≠a con su prisi√≥n definitiva y posterior muerte en Roma, alrededor del de 64-67 dC. En su primer viaje Pablo fue a Anatolia, despu√©s a Jerusal√©n y Antioquia. En los otros dos, viaj√≥ por la pen√≠nsula griega. Las principales ciudades por d√≥nde pas√≥: Atenas, Corinto, √Čfeso, Tesal√≥nica y Filipos. De vuelta a Jerusal√©n, Pablo, al ser atacado por una multitud, alegando sus derechos como ciudadano romano, quiso ser juzgado en Roma, para donde fue llevado preso. Esperaba ser suelto y continuar su misi√≥n. Tradiciones posteriores dijeron que √©l habr√≠a ido a Iberia y Galia. Sin embargo, lo m√°s seguro es que haya sido ejecutado en Roma.

3.3 Las cartas paulinas

En sus viajes Pablo cont√≥ con varios compa√Īeros, entre los que se encuentran Timoteo, Tito, Bernab√©, Lucas. Trece cartas o ep√≠stolas del Nuevo Testamento citan el nombre de Pablo. Los modernos estudiosos consideran como de su autor√≠a las siguientes: la carta a los Romanos, la 1¬™ y 2¬™ cartas a los Corintios, una a los Filipenses, una a los G√°latas, la 1¬™ a los Tesalonicenses y la m√°s corta, una especie de nota a Filem√≥n. Las cartas revelan sus experiencias usadas como respuestas a los problemas pastorales de sus comunidades. El papel de Cristo crucificado y resucitado en la historia de la salvaci√≥n ocupa un lugar central en la teolog√≠a paulina.

3.4 Pablo: ¬Ņverdadero fundador del cristianismo?

Algunas veces se afirm√≥ que Pablo fue ‚Äúel verdadero fundador del cristianismo‚ÄĚ, llegando a ofuscar el mensaje original de Jes√ļs y el papel de los Ap√≥stoles, como si hubiera fundado una ‚Äúnueva religi√≥n‚ÄĚ. Pablo ocupa, sin duda, un lugar excepcional en la difusi√≥n del cristianismo primitivo. Sin embargo, √©l mismo comenta que tuvo dificultades para ser aceptado como Ap√≥stol (cf. Gal 1,15-24; 1 Cor 15,8; Ef 3,1-9). Una de las cuestiones fundamentales levantadas por Pablo es si, para ser un aut√©ntico seguidor de Cristo, era necesario aceptar todas las prescripciones de la tradici√≥n judaica. El conflicto encontr√≥ una soluci√≥n en la reuni√≥n con los Ap√≥stoles en Jerusal√©n, en la que se lleg√≥ a un consenso sobre los puntos fundamentales de vida y doctrina cristianas (cf. Hch 15; Gal 2,1-10). ¬†Este acuerdo reconoci√≥ la legitimidad de la misi√≥n entre los gentiles, garantizando la expansi√≥n del cristianismo y estableciendo criterios para la resoluci√≥n de conflictos y la unidad entre las Iglesias.

4  Cristianismo en el Mundo Romano

4.1 Un mundo plural

A pesar de las se√Īales de decadencia, el mundo en el que el cristianismo antiguo se expandi√≥ era un mundo vigoroso. En el siglo I de la era cristiana, la civilizaci√≥n romana, heredera de la civilizaci√≥n helen√≠stica, hab√≠a alcanzado su expansi√≥n plena. Estamos bajo el imperio de Augusto (30 aC) y Tiberio (14-37dC). Roma extiende su dominio civilizador, con la pax augusta, una paz militarizada en los confines de Oriente. En el siglo II, con los emperadores Antoninos, a√ļn tenemos el orden, el derecho y la administraci√≥n eficaz dentro de un Estado relativamente liberal. A√ļn con la gran crisis del siglo III, bajo Diocleciano (284-305) su historia gana un nuevo impulso: en su gobierno se instaura una monarqu√≠a absoluta, apoyada en un poderoso aparato administrativo.

Muchas culturas, muchos pueblos, muchos dioses. El imperio romano ten√≠a gran tolerancia para la religi√≥n de los pueblos dominados. Ten√≠an hasta en Roma un ‚Äúpante√≥n‚ÄĚ, un templo para todas las divinidades del Imperio. Los romanos exig√≠an apenas que se observase el culto imperial, de car√°cter c√≠vico, con sus ceremonias p√ļblicas, de las que todos los ciudadanos del Imperio deber√≠an participar para ofrecer sacrificios y rezar por el Emperador: dominus ac divus (se√Īor y dios). La religi√≥n oficial era la base de la unidad imperial. Atentar contra ella era crimen. Los cristianos, al afirmar que su √ļnico Se√Īor era Cristo, eran considerados sospechosos, extra√Īos y enemigos del Estado.

En un mundo marcado por muchas inseguridades, miseria, opresi√≥n y esclavitud, proliferaban muchas religiones procedentes de Oriente que se volvieron muy populares: los cultos de Horus, Isis y Osiris (Egipto); Mitra (Persia); Asclepio y Esculapio estaban entre los dioses ‚Äúsalvadores‚ÄĚ m√°s populares. Estas religiones ten√≠an un car√°cter inici√°tico: exig√≠an conversi√≥n o un pasaje, un nuevo nacimiento, un per√≠odo de iniciaci√≥n en los ‚Äúmisterios‚ÄĚ y una ceremonia de iniciaci√≥n. Los ‚Äúiniciados‚ÄĚ ingresaban a la ‚Äúfraternidad‚ÄĚ, se transformaban en hermanos, asociados a la divinidad, su vida ganaba un nuevo sentido, les era prometida la eternidad. El Imperio los trataba como superstitio, religio nova, y las consideraba il√≠citas. El cristianismo fue clasificado como una de esas religiones.

Los fil√≥sofos consideraban el polite√≠smo una ‚Äúalegor√≠a‚ÄĚ de las realidades superiores, que ellos hab√≠an superado a trav√©s del ejercicio de la ascesis y de la raz√≥n, en busca de la verdadera doctrina o filosof√≠a. Muchos sistemas filos√≥ficos buscaban responder a las grandes cuestiones de los or√≠genes y finalidades del universo, de todas las cosas, de los problemas vinculados al hombre y sus relaciones en la polis y con el mundo divino, del significado de la justicia, de la felicidad, de la inmortalidad. Normalmente postulaban la existencia de un Dios, principio o causa trascendente, con un mundo superior, inmaterial. No pocas personas procedentes de ese universo cultural buscaron la ‚Äúverdadera filosof√≠a‚ÄĚ que encontraron en el cristianismo.

En este universo plural, despertó en el siglo I un movimiento de carácter sincrético, que amalgamó elementos de muchas tradiciones culturales, religiosas y filosóficas. Era el gnosticismo: a través de la gnosis, un conocimiento superior, revelado a los capaces de este conocimiento, los gnósticos, el hombre podía conocer los misterios del mundo divino y salvarse. En el siglo II y III hubo una explosión de sectas y grupos gnósticos, existentes tanto entre los paganos como entre los judíos y cristianos.

4.2 Ciudadanos de otra ciudad

Las primeras generaciones cristianas, a pesar de oponerse radicalmente al ‚Äúmundo‚ÄĚ, a la civilizaci√≥n circundante, no eran insensibles a sus valores. Condenaban los l√≠mites y vicios de esta civilizaci√≥n pagana: las crueldades (combate de gladiadores, abandono de reci√©n nacidos y ancianos); la inmoralidad de las costumbres (prostituci√≥n, lujuria, org√≠as: cf. Rom 1,2-32) y la idolatr√≠a y apego a este mundo pasajero.

La Iglesia acogió en el principio a los humildes, los pobres, las mujeres, los esclavos. Pero luego también a los comerciantes, a los soldados, funcionarios del Imperio y después a los miembros de la aristocracia y de la propia casa imperial que se convirtieron a la religión del Nazareno. Todos habitaban este mundo, pero se sentían ciudadanos de una ciudad imperecedera (cf. Carta a Diogneto).

4.3 Las primeras luchas internas y las herejías

Jes√ļs anunci√≥ e inaugur√≥ la Buena Nueva del Reino en un contexto plural. Su mensaje se difundi√≥ en un mundo plural. Su mensaje, su persona y su vida fueron transmitidas, primero, en una mentalidad sem√≠tica, teniendo despu√©s que buscar un lenguaje helenizado para hacerse comprender y a partir de all√≠, sucesivamente, germ√°nico, celta, etc. Es natural que hubiese diferentes interpretaciones de su persona y de su obra. Ya en el Nuevo Testamento encontramos varias ‚Äúteolog√≠as‚ÄĚ y advertencias contra los anticristos, falsos profetas. Entre las primeras ‚Äúelecciones‚ÄĚ parciales (‚Äúherej√≠as‚ÄĚ), que no comprend√≠an correctamente a Jes√ļs Cristo y su mensaje o que extrapolaban su contenido, encontramos los docetas (Jes√ļs ten√≠a ‚Äúapariencia‚ÄĚ de hombre, negaban por lo tanto su ‚Äúhumanidad‚ÄĚ) y los ebionitas (era el mes√≠as, un hombre venido de Dios, pero no el Hijo de Dios, negaban su ‚Äúdivinidad‚ÄĚ). Alrededor de estas dos verdades proclamadas y de la manera de vivir y practicar el mensaje de Jes√ļs, surgieron en los tres primeros siglos muchas herej√≠as y luchas internas o cismas: gnosticismo (varios ramos), montanismo, milenarismo, subordinacionismo, adopcionismo, modalismo, manique√≠smo, entre tanto otros.

4.4 Los concilios y el nacimiento de la teología cristiana

Al final del siglo II y durante todo el siglo III, para enfrentar estos desaf√≠os, las Iglesias realizaron reuniones con sus dirigentes para buscar resolver los problemas y encontrar la unidad en las cosas esenciales a trav√©s de los s√≠nodos o concilios. En este sentido, el encuentro ocurrido en Jerusal√©n, alrededor del a√Īo 49 dC, es considerado simb√≥licamente el primer concilio del cristianismo. Estos concilios trataban de cuestiones doctrinales y cuestiones de la vida pr√°ctica. Al final, daban determinaciones sobre los aspectos tratados, a trav√©s de los c√°nones dogm√°ticos y disciplinarios, con una ‚Äúcarta sinodal‚ÄĚ enviada a las Iglesias hermanas. Basada en esta feliz experiencia, el Emperador Constantino convoca en 325 el 1¬ļ Concilio Ecum√©nico para enfrentar el problema del Arianismo.

En la b√ļsqueda por comprender a Cristo y su mensaje, la salvaci√≥n, el significado de la Iglesia, dando respuestas a las herej√≠as y conflictos internos, profundizando la fe cristiana, se desarrolla la teolog√≠a cristiana. En este sentido, el proceso de elaboraci√≥n de la doctrina cristiana usar√° los recursos culturales de la civilizaci√≥n greco-romana: la lengua griega y latina, la ret√≥rica, la filosof√≠a, el derecho, las pr√°cticas, costumbres, instituciones. Al apropiarse de la cultura, utilizando lo que es mejor en ella para expresar el mensaje de Cristo, desde adentro, lo que com√ļnmente se llama inculturaci√≥n. Este fen√≥meno ser√° una caracter√≠stica constante de la expansi√≥n cristiana. La pr√≥xima etapa se dar√° en el mundo germ√°nico.

5 Las persecuciones en la Antig√ľedad

5.1 Causas de las persecuciones

Durante los tres primeros siglos de la era cristiana, el cristianismo fue perseguido, primero por los judíos y después por los romanos. Hasta el incendio de Roma, bajo el gobierno de Nerón (c. 64), los cristianos prácticamente pasaron desapercibidos, confundidos con una secta del judaísmo, que tenía cierta libertad y algunos privilegios. Posiblemente habían sido los judíos los que denunciaron los cristianos a Nerón como los causantes del incendio.

A esto se sumaron prejuicios populares que ve√≠an a los cristianos como gente que odiaba el g√©nero humano, ateos, imp√≠os sacr√≠legos y acusados de practicar abominaciones e infamias. En verdad, los cristianos no eran ‚Äúseparatistas‚ÄĚ, aunque no segu√≠an las costumbres idol√°tricas y paganas, tales como ciertas fiestas p√ļblicas, ir con frecuencia al teatro, no aprobaban la lucha de los gladiadores, la prostituci√≥n, adoraci√≥n de estatuas o la divinizaci√≥n del emperador.

Corr√≠an entre el pueblo rumores de que en sus reuniones secretas los cristianos adoraban la cabeza de un asno, hac√≠an sacrificios de ni√Īos, tambi√©n canibalismo, y uniones incestuosas y org√≠as (¬°todos se llamaban ‚Äúhermanos‚ÄĚ y practicaban el ‚Äú√≥sculos de la paz‚ÄĚ!)

Los intelectuales y las autoridades clasificaban la religión de los cristianos como superstitio, siendo posteriormente condenada por el estado como         associatio illicita, religio nova y religió illicita, por atentar contra la unidad y la sacralidad del Imperio. En el primer siglo la legislación evolucionó desde una cierta tolerancia al hecho de ser cristiano hasta la condensación por el simple hecho de ser cristiano. Ser cristiano acababa siendo un crimen de lesa majestad.

5.2 Las diversas fases de las persecuciones

Las persecuciones de los dos primeros siglos fueron esporádicas, locales o regionales, intermitentes, motivadas por denuncias o acciones puntuales. Ya las persecuciones del tercer siglo e inicio del cuarto fueron desencadenadas por la autoridad imperial, a través de decretos de carácter general, con el objetivo de exterminar el cristianismo.

En la primera fase las persecuciones ocurr√≠an por incitaci√≥n popular, sometidas posteriormente a apreciaci√≥n de los magistrados. Las autoridades buscaban controlar la furia popular y el desorden p√ļblico. Sin embargo, el cristianismo ya era considerado ilegal, aunque solamente de car√°cter intermitente, seguido de largos per√≠odos de tolerancia y de paz.

Con S√©ptimo Severo, en 202, se inicia una nueva pr√°ctica: en ciertas ocasiones la propia autoridad promueve las persecuciones. En este momento el blanco son los catec√ļmenos (los que se preparaban para el bautismo), los ne√≥fitos (los reci√©n bautizados) y los catequistas (los que los preparaban). El objetivo era impedir que alguien se transformase en cristiano.

A mediados del siglo III se inician las persecuciones sistem√°ticas con el objetivo de exterminar efectivamente el cristianismo. Decio fue el primero en decretar una persecuci√≥n general (250-251). A pesar de haber sido corta, alcanz√≥ tal intensidad y extensi√≥n como nunca antes se hab√≠a visto. El objetivo, m√°s que de hacer m√°rtires, era hacer ap√≥statas. De hecho, muchos sucumbieron y traicionaron su fe o comunidad (los lapsi), abri√©ndose un problema en el interior de la Iglesia. En 257, Valeriano desencaden√≥ una nueva persecuci√≥n: buscaba principalmente el clero y las propiedades de la Iglesia, pero tambi√©n afectaba al pueblo, con una serie de prohibiciones que colocaban en riesgo su seguridad, confiscando bienes, con exilios y prisiones. La √ļltima persecuci√≥n violenta fue la de Diocleciano (303-313).

Se calcula que el n√ļmero de m√°rtires var√≠a entre cien y doscientos mil. De todas maneras, a lo largo de todo este per√≠odo, los cristianos vivieron en permanente inseguridad y sufrieron hostilidades por parte del pueblo.

5.3 La sangre de los m√°rtires: semilla de nuevos cristianos

Terturliano de Cartago (…220) observa que fue a la sombra del judaísmo que el cristianismo pudo dar sus primeros pasos sin confrontarse con el Imperio. Junto con Justino de Roma, Atenágoras de Atenas, Teófilo de Antioquia, Irineo de Lyon y Orígenes de Alejandría, él es uno de los pensadores, filósofo y teólogo, que realiza la apología del cristianismo: defensa contra los ataques que provienen del pueblo, de los judíos, de los filósofos y de las autoridades; contra-ataque de la inmoralidad de la religión pagana, de las incoherencias del pueblo de la antigua ley, absurdo de las teorías sobre Dios y decadencia del Imperio, para presentar la belleza, lo sublime y la honestidad de la religión de Cristo.

Cuanto m√°s los cristianos era perseguidos y martirizados, m√°s se multiplicaban. En este contexto, el propio hecho de entrar al grupo de catec√ļmenos o de pedir el bautismo ya se demostraba la seriedad de los candidatos. Solamente despu√©s de las persecuciones es que la instituci√≥n del catecumenato vino a ser m√°s rigurosa, ya en un contexto de libertad y mayor laxitud.

El primer modelo de santidad que encontramos en el cristianismo antiguo es el martirio. El m√°rtir es el testimonio por excelencia que imita a Cristo hasta en el derramamiento de sangre. M√°rtires fueron varios de los disc√≠pulos que convivieron con Jes√ļs, ap√≥stoles, jefes de las Iglesias y gente desconocida, hombres, mujeres, ni√Īos, j√≥venes, adultos, ancianos. Se desarrolla desde temprano la ‚Äúespiritualidad del martirio‚ÄĚ. La tumba de los m√°rtires se transforma en lugar de peregrinaciones y culto.

Además de las diversas fuentes antiguas, las fuentes privilegiadas para conocer los mártires cristianos son las acta martyrum: documentos hechos por las propias autoridades en el juicio de los condenados y que después eran leídos en las comunidades; las gestas: relatos escritos en la época de las persecuciones y que mezclaban elementos históricos y novelados; y las leyendas, la mayor parte de una época posterior, con muchos motivos fantasiosos, constituyendo una literatura de edificación.

5.4 El fin de las persecuciones y la ‚Äúgiro constantiniano‚ÄĚ

En 313, los emperadores Licinio y Constantino firmaron conjuntamente un documento, el Edicto de Mil√°n, que concedi√≥ la libertad de culto a los cristianos y a otras religiones. Llegaba el fin de la era de la persecuci√≥n de los cristianos. Se iniciaba una nueva etapa denominada por algunos historiadores como la gui√Īada o giro constantiniano (cf. F. Pierini, H. Matos e D. Mondoni). Constantino concedi√≥ a los cristianos, adem√°s de la libertad de culto, una serie de excepciones y privilegios, dando tierras, propiedades, prestigio y poder a la Iglesia cat√≥lica. En 380, el emperador Teodosio transforma el cristianismo en religi√≥n oficial del Imperio Romano: es la fase de la ‚ÄúIglesia Imperial‚ÄĚ o ‚ÄúEra de Oro de la Patr√≠stica‚ÄĚ

En esta nueva etapa, se reformula el catecumenato; se desarrolla la liturgia y la disciplina eclesi√°stica; la teolog√≠a patr√≠stica llega a su √°pice; es tambi√©n el per√≠odo de grandes cismas y herej√≠as; los dogmas cristol√≥gicos y trinitarios alcanzan su formulaci√≥n m√°s plena; se perfecciona la organizaci√≥n de la iglesia en el territorio del Imperio, con las di√≥cesis, parroquias y patriarcados; surge la vida religiosa con el monacato; hay un nuevo brote misionero en direcci√≥n a los pueblos ‚Äúb√°rbaros‚ÄĚ. Es la √©poca de los concilios ecum√©nicos: Nicea (325), Constantinopla I (381); √Čfeso (431) y Calcedonia (451)

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†Luiz Ant√īnio Pinheiro, OSA. Profesor en el Instituto Santo Tom√°s de Aquino y en la PUC Minas. Texto original portugu√©s.

6 Referencias

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