Pastoral de los LGBT

√ćndice

1 Un nuevo contexto en la sociedad y en la Iglesia

2 La Biblia y la historia

3 La ense√Īanza moral de la Iglesia en perspectiva inclusiva

4 Palabras y gestos proféticos

5 Caminos a recorrer

6 Referencias

1 Un nuevo contexto en la sociedad y en la Iglesia

Cuando el papa Francisco regres√≥ de Brasil a Roma en 2013, dijo algo que tuvo mucha repercusi√≥n: “Si una persona es gay, busca al Se√Īor y tiene buena voluntad, ¬Ņqui√©n soy yo para juzgarla? […] No se deben marginar a estas personas por eso “(FRANCISCO, 2003b). En ese mismo a√Īo, √©l convoc√≥ al S√≠nodo de los Obispos para tratar de la familia y de sus desaf√≠os actuales. En el cuestionario preparatorio, enviado a todas las di√≥cesis del mundo, se pregunt√≥ qu√© atenci√≥n pastoral se puede dar a las personas que eligieron vivir en uniones del mismo sexo y, si adoptan ni√Īos, qu√© hacer para transmitirles la fe (S√ćNODO, 2013).

La Iglesia Cat√≥lica vive un tiempo de renovaci√≥n pastoral impulsada por el Papa. √Čl la convoca a ir a las “periferias existenciales”, al encuentro de los pobres y de los que sufren con las diversas formas de injusticias, conflictos y carencias. Es necesario abrirse a la novedad que Dios trae a nuestra vida, que nos realiza y nos da la verdadera alegr√≠a y serenidad, porque Dios nos ama y quiere s√≥lo nuestro bien. Francisco critica una Iglesia ensimismada, atrincherada en estructuras caducas incapaces de acogida y cerrada a los nuevos caminos que Dios le presenta. La acci√≥n del Esp√≠ritu Santo eleva la mirada de los fieles hacia el horizonte, impuls√°ndolos a esas periferias (FRANCISCO, 2013a).

Una de las se√Īales m√°s notables del mundo actual es la amplia visibilidad de la poblaci√≥n LGBT (lesbianas, gais, bisexuales, travestis y transexuales). Conviene aclarar los t√©rminos. Travestis son personas que viven papeles femeninos, pero no se reconocen como hombres o como mujeres. Transexuales son personas que no se identifican con el sexo que les es atribuido al nacer, sino con el otro sexo. Puede haber hombre transexual, que reivindica el reconocimiento social y legal como hombre, y mujer transexual, que reivindica el reconocimiento social y legal como mujer. Tanto travestis como transexuales son transg√©nero, es decir, personas que no se identifican con el sexo que les es atribuido al nacer. Lo contrario son el cisg√©nero, las personas identificadas con el sexo atribuido al nacer (JES√öS, 2012).

En el pasado, muchos de ellos viv√≠an al margen de la sociedad o incluso en el anonimato. Varios gais y lesbianas se escond√≠an en el matrimonio tradicional, constituido por la uni√≥n heterosexual. Algunos formaban guetos en espacios de convivencia bastante reservados, como forma de protegerse. Pero hoy los LGBT hacen grandes manifestaciones, est√°n presentes en pel√≠culas y telenovelas, buscan reconocimiento, exigen ser respetados y reivindican los mismos derechos y deberes de los dem√°s ciudadanos. Esta poblaci√≥n est√° en todas partes. Quien no forma parte de ella tiene parientes cercanos o lejanos que forman parte, velada o manifiestamente, as√≠ como vecinos o compa√Īeros de trabajo.

Esta amplia visibilidad tambi√©n manifiesta los problemas que la aflige. Hay una fuerte aversi√≥n a homosexuales: la homofobia; y a travestis y transexuales: la transfobia. Esta aversi√≥n produce diversas formas de violencia f√≠sica, verbal y simb√≥lica contra estas personas. Hay padres de familia que ya han dicho: “prefiero un hijo muerto a un hijo gay”. Entre las palabrotas m√°s ofensivas que existen, constan la referencia a la condici√≥n homosexual y al sexo anal, com√ļn en el homoerotismo masculino. Es decir, es insulto. Muchas veces, cuando se dice que alguien es “hombre” o “mujer”, se entiende que es heterosexual, excluyendo de la masculinidad o de la feminidad a la persona homosexual. En Brasil y en muchos pa√≠ses son frecuentes los homicidios, sobre todo de travestis. Hay tambi√©n suicidio de muchos adolescentes que se descubren gays o lesbianas, e incluso de adultos. Ellos llegan a esta actitud extrema por presentir el rechazo hostil de la propia familia y de la sociedad. Tal hostilidad genera innumerables formas de discriminaci√≥n y, aunque no lleve a la muerte, trae a menudo tristeza profunda o depresi√≥n.

El padre J√ļlio Lancellotti trabaja en la ciudad de S√£o Paulo con la poblaci√≥n de la calle. √Čl relata la situaci√≥n dram√°tica que encuentra:

En la misi√≥n pastoral he conversado con varios LGBT que est√°n por las calles de la ciudad, algunos enfermos, heridos, abandonados. Muchos relatan historias de violencia, abuso, acoso, torturas y crueldades. Algunos cuentan c√≥mo fueron expulsados de las iglesias y comunidades cristianas, rechazadas por las familias en nombre de la moral. Testifiqu√© l√°grimas, heridas, sangre y hambre. ¬°Imposible no reconocer en ellos la presencia del Se√Īor Crucificado! (LANCELLOTTI, 2015).

Hay tambi√©n muchos LGBT en la Iglesia Cat√≥lica. Son personas que nacieron y fueron creadas en este ambiente, tienen fe y en cierto momento descubrieron esta condici√≥n. Varios de ellos participan activamente de sus comunidades, pero no pocos se alejaron y se alejan por encontrarse con incomprensi√≥n y hostilidad. Es necesario que encuentren fieles y ministros religiosos sensibles a sus heridas y dificultades, as√≠ como a sus talentos y potencialidades. No hay duda de que los LGBT se sit√ļan en las periferias existencias se√Īaladas por el Papa. La solicitud pastoral de la Iglesia tambi√©n debe contemplarlos. Con la debida comprensi√≥n de su realidad, ellos pueden ser ayudados en la b√ļsqueda de Dios y de sentido para la vida, en el cultivo de la vida espiritual y de la autoestima, en la curaci√≥n de heridas exteriores e interiores, en el fomento del apoyo mutuo, de la vida eclesial, del apostolado y de la acci√≥n en el mundo. Para ayudarles en este camino, conviene reflexionar sobre su realidad con algunos instrumentos teol√≥gico-pastorales.

2 La Biblia y la historia

La Iglesia ense√Īa que la ley de toda la evangelizaci√≥n es predicar la Palabra de Dios de manera adaptada a la realidad de los pueblos, como dice el Concilio Vaticano II (1962-1965). Debe haber un intercambio permanente entre la Iglesia y las diversas culturas. Para ello, ella necesita la ayuda de los que conocen bien las diversas instituciones y disciplinas, sean ellos creyentes o no. Los fieles necesitan saber e interpretar los diversos lenguajes o signos de nuestro tiempo para evaluarlos adecuadamente a la luz de la Palabra de Dios, de modo que la verdad revelada sea mejor percibida, comprendida y presentada de manera conveniente (GS 44). La correcta evangelizaci√≥n, por lo tanto, es un camino con dos sentidos, de intercambio entre la Iglesia y las culturas contempor√°neas. La fe cristiana necesita dialogar con los saberes leg√≠timos. S√≥lo se puede saber lo que la Palabra de Dios significa hoy, y qu√© implicaciones tiene, con un suficiente conocimiento de la realidad actual, que incluye la visibilidad de la poblaci√≥n LGBT, el reconocimiento de sus derechos humanos y de su ciudadan√≠a.

No se puede descuidar lo que el libro sagrado de los cristianos dice sobre la atracci√≥n entre personas del mismo sexo, ni los desdoblamientos hist√≥ricos que de ah√≠ se siguieron. Pero hay que tratar este asunto con la debida profundidad, yendo m√°s all√° de la lectura al pie de la letra. La revelaci√≥n divina testimoniada en la Biblia se expresa de diversas maneras. Seg√ļn el Concilio, el lector debe buscar el sentido que los autores sagrados en determinadas circunstancias, seg√ļn las condiciones de su tiempo y de su cultura, pretendieron expresar sirvi√©ndose de los g√©neros literarios entonces usados. Se deben tener en cuenta las maneras propias de sentir, decir o narrar en su tiempo, as√≠ como los modos que se empleaban frecuentemente en las relaciones entre los hombres de aquella √©poca (DV 12).

En el juda√≠smo antiguo, se cre√≠a que el hombre y la mujer fueron creados el uno para el otro, para unirse y procrear. Se supone una heterosexualidad universal, expresada en el imperativo “creced y multiplicaos” (Gn 1,28). Esto fue escrito en el tiempo del exilio jud√≠o en Babilonia. Para el pueblo expulsado de su tierra y sometido a una potencia extranjera, crecer era fundamental para la supervivencia de la naci√≥n y de la religi√≥n. No se niega el designio divino de que la humanidad se esparza por la tierra, pero la necesidad de supervivencia del pueblo jud√≠o en aquel tiempo era urgente.

El semen del hombre supuestamente conten√≠a al ser humano entero, y deb√≠a ser colocado en el vientre de la mujer, as√≠ como la semilla se deposita en la tierra. No se conoc√≠a el √≥vulo. El propio nombre de semen est√° ligado a la semilla. √Čl jam√°s deber√≠a ser desperdiciado, como muestra la historia de On√°n. √Čl se cas√≥ con Tamar, viuda de su hermano Her, que muri√≥ sin tener descendiente. Conforme a la ley (Dt 25,5-10), On√°n deber√≠a suscitar una posteridad a su hermano, y el primer hijo var√≥n deber√≠a tener el nombre de este hermano fallecido, Her. Pero On√°n practic√≥ coito interrumpido, eyaculando fuera de la vagina de su esposa e impidi√©ndola de concebir. On√°n fue fulminado por Dios, como castigo por esta transgresi√≥n (Gn 38,1-10).

Es en este contexto que la relaci√≥n sexual entre dos hombres era inadmisible. Israel deb√≠a distinguirse de las otras naciones de varias maneras, con su culto, su ley y sus costumbres, seg√ļn el c√≥digo de santidad del Libro del Lev√≠tico. All√≠ se incluye la prohibici√≥n del homoerotismo, considerado abominaci√≥n (Lev 18,22). Se proh√≠be tambi√©n, y con rigor: trabajar el s√°bado, comer carne de cerdo o frutos del mar, recortar el pelo y la barba, tocar en mujer menstruada durante siete d√≠as, usar ropa tejida con dos especies de hilo, plantar diferentes especies semillas en un mismo campo y aparear animales de especies distintas. Cuando el cristianismo, nacido en Israel, se expandi√≥ entre los pueblos no jud√≠os, la santidad del Lev√≠tico no se volvi√≥ norma para estos pueblos, pero la prohibici√≥n del homoerotismo s√≠, como se ver√° a continuaci√≥n.

A esta prohibici√≥n se sum√≥ la historia de Sodoma y Gomorra, cuyo pecado clam√≥ a los cielos y result√≥ en el castigo divino destructor (Gn 19). El pecado fue a rechazar la hospitalidad a los que visitaban el patriarca Lot, a punto de intentar violar sexualmente a estos visitantes. Con frecuencia, la violencia sexual era una forma de humillaci√≥n impuesta por ej√©rcitos vencedores a los vencidos. Inicialmente, el delito de Sodoma era visto como “orgullo, alimentaci√≥n excesiva, tranquilidad ociosa y desamparo del pobre y del indigente” (Ez 16,49). A trav√©s del profeta, el Se√Īor dice: “Se volvieron arrogantes y cometieron abominaciones en mi presencia” (Ez 16,50). Varios siglos despu√©s, tal pecado fue identificado con el homoerotismo, pero en el origen no tiene nada que ver con el amor entre personas del mismo sexo, ni siquiera con relaciones sexuales libremente consentidas entre personas adultas del mismo sexo.

En el Nuevo Testamento, la Carta a los Romanos afirma que quien ama al pr√≥jimo cumpli√≥ la ley, pues los mandamientos se resumen en amar al pr√≥jimo como a s√≠ mismo (Rm 13,8-10). Este es el esp√≠ritu de los mandamientos y el criterio de su interpretaci√≥n. Pero al refutar el polite√≠smo, el ap√≥stol Pablo lo asocia al homoerotismo (Rm 1,18-32). Los paganos son acusados de no adorar al Dios √ļnico, sino a las criaturas, y de permitir esa pr√°ctica sexual vista como abominaci√≥n por los jud√≠os. Tal comportamiento es considerado castigo divino a causa de una pr√°ctica religiosa equivocada: “Por todo ello, Dios los entreg√≥ a pasiones vergonzosas”. Otros escritos paulinos tienen la misma posici√≥n, en que probables referencias al homoerotismo est√°n ligadas a la idolatr√≠a y a la irreligi√≥n (1Cor 6,9-11, 1Tim 1,8-11). En el contexto judeo-cristiano de la antig√ľedad, este argumento era comprensible. No hab√≠a el concepto de “orientaci√≥n sexual”, estructura profundamente arraigada en la persona, con relativa estabilidad, llev√°ndolo a la atracci√≥n por el sexo opuesto o por el mismo sexo. La “orientaci√≥n sexual” no tiene nada que ver con la creencia en uno o varios dioses, o con cualquier pr√°ctica religiosa. Pero, en el contexto de la antig√ľedad, la Iglesia hered√≥ la visi√≥n antropol√≥gica jud√≠a de la heterosexualidad universal con sus interdicciones. Hoy, todo esto debe tenerse en cuenta.

La religi√≥n cristiana se ha expandido y se ha vuelto hegem√≥nica en muchos pa√≠ses, llegando a convertirse en religi√≥n de Estado. El homoerotismo fue clasificado como “sodom√≠a” y criminalizado por muchos siglos. Para la Iglesia, la sodom√≠a era un crimen horrendo: provocaba tanto la ira de Dios a punto de causar tempestades, terremotos, pestes y hambrunas que destru√≠an ciudades enteras. Era algo indigno de ser nombrado, un “pecado nefando” del cual ni se debe hablar, y mucho menos cometerse (V√≠c, 2007: 331-332). Tribunales civiles e incluso eclesi√°sticos, como la Inquisici√≥n, juzgaban a los acusados de este delito. Los culpables eran entregados al poder civil para ser castigados, incluso con la muerte.

Con el advenimiento de la Ilustraci√≥n y de la raz√≥n aut√≥noma, independiente de la Revelaci√≥n, la pr√°ctica sexual ejercida sin violencia o indecencia p√ļblica no deb√≠a caer bajo el dominio de la ley. Se inici√≥ una creciente despenalizaci√≥n de la sodom√≠a. La modernidad, impulsada por el Iluminismo, trajo la separaci√≥n entre Iglesia y Estado, la autonom√≠a de las ciencias y los derechos humanos, que restringen el poder del soberano sobre el s√ļbdito y ampl√≠an la libertad de la persona en relaci√≥n a la colectividad. En el siglo XIX, el t√©rmino sodom√≠a fue sustituido por “homosexualidad”. La cuesti√≥n es tra√≠da del √°mbito religioso y moral al √°mbito m√©dico. Lo que hasta entonces era visto como abominaci√≥n pasa a ser considerada enfermedad. Por muchas d√©cadas, personas homosexuales eran internadas en sanatorios. Se lleg√≥ incluso al uso de choque el√©ctrico en el tratamiento m√©dico de estas personas.

A partir de los a√Īos 1970, hubo una progresiva despatologizaci√≥n de la homosexualidad, impulsada por el crecimiento del movimiento gay. En los a√Īos 1990, la Organizaci√≥n Mundial de la Salud la retir√≥ de la lista de enfermedades. Organizaciones de m√©dicos y de psic√≥logos declararon que la homosexualidad no es enfermedad, ni disturbio, ni perversi√≥n; y prohibieron a sus profesionales de colaborar en servicios que proponen su tratamiento y cura. As√≠, algunas personas son gais o lesbianas y lo ser√°n por toda la vida. No se trata de opci√≥n, sino de condici√≥n u orientaci√≥n. Con respecto a travestis y transexuales, se permiten hoy tratamientos de transexualizaci√≥n, incluso en la red p√ļblica de salud. El cambio del nombre social es previsto en ciertos casos, pudi√©ndose hasta llegar al cambio del nombre en el registro civil.

3 La ense√Īanza moral de la Iglesia en perspectiva inclusiva

Algunos principios de la modernidad fueron asimilados por la Iglesia Cat√≥lica en el Concilio Vaticano II. Adem√°s del nuevo enfoque de la evangelizaci√≥n y de la lectura de la Biblia, el Concilio legitim√≥ la separaci√≥n entre Iglesia y Estado, la autonom√≠a de la ciencia, y reconoci√≥ la libertad de conciencia, que es el derecho de la persona a actuar seg√ļn la norma recta de su conciencia, y el deber de no actuar contra ella. En ella est√° el “sagrario de la persona”, donde Dios est√° presente y se manifiesta. Por la fidelidad a la voz de la conciencia, los cristianos est√°n unidos a los dem√°s hombres en el deber de buscar la verdad, y de resolver los problemas morales que surgen en la vida individual y social (GS 16). Ninguna palabra externa sustituye la reflexi√≥n y el juicio de la propia conciencia. El Catecismo de la Iglesia Cat√≥lica profundiza esta ense√Īanza y cita al cardenal Newman: “la conciencia es el primero de todos los vicarios de Cristo” (n. 1778). Es ella quien primero representa a Cristo para el fiel. La vida espiritual y la reflexi√≥n ayudan al fiel a escuchar la voz del Se√Īor y a discernir sus se√Īales.

Una vez el papa Benedicto XVI afirm√≥ que el cristianismo no es un conjunto de prohibiciones, sino una opci√≥n positiva. Y a√Īadi√≥ que es muy importante evidenciar esto nuevamente, porque esa conciencia hoy casi desapareci√≥ completamente (Benedicto XVI, 2006). Es muy bueno que un Papa haya reconocido esto, pues hay en el cristianismo una historia multisecular de insistencia en la prohibici√≥n, en el pecado, en la culpa, en la amenaza de condenaci√≥n y en el miedo. Se puede hablar de una “pastoral del miedo”, que con vehemencia culpabiliza a las personas y las amenazas de condenaci√≥n eterna para obtener su conversi√≥n. Esto no se restringe al pasado. A√ļn hoy, en diversas iglesias y ambientes cristianos, muchos interpretan la doctrina de manera extremadamente restrictiva y condenatoria, con obsesi√≥n por el pecado, sobre todo con respecto al sexo. Las prohibiciones vinculadas al mensaje cristiano a menudo repercuten m√°s que su contenido positivo. Esto se observa tanto dentro de la Iglesia, entre los fieles, como fuera, entre los que la critican. Hay un foco excesivo en la prohibici√≥n. Es fundamental buscar en el mensaje cristiano su componente positivo, para que sea buena nueva, Evangelio.

El papa Francisco sigue esta l√≠nea con determinaci√≥n. √Čl dice que “el anuncio del amor salv√≠fico de Dios precede a la obligaci√≥n moral y religiosa. Hoy, a veces, parece que prevalece el orden inverso “(FRANCISCO, 2013c). Este anuncio debe concentrarse en lo esencial, que es tambi√©n el que m√°s apasiona y atrae, procurando curar todo tipo de heridas y hacer arder el coraz√≥n, como el de los disc√≠pulos de Ema√ļs que se reunieron con Cristo resucitado. La propuesta evang√©lica debe ser m√°s simple, profunda e irradiante. Es de esta propuesta que vienen despu√©s las consecuencias morales. En esta perspectiva, el confesionario no es una sala de tortura, sino un lugar de misericordia, en el cual el Se√Īor nos estimula a hacer lo mejor que podamos (FRANCISCO, 2013c).

El Evangelio invita, ante todo, a responder a Dios que nos ama y nos salva, reconociéndolo en los demás y saliendo de nosotros mismos para buscar el bien de todos. La Iglesia no debe ser una aduana de los sacramentos, sino la casa paterna donde hay lugar para todos los que se enfrentan a fatiga en sus vidas. Todos pueden participar en la vida eclesial y formar parte de la comunidad. La Eucaristía, plenitud de la vida sacramental, no es un premio para los perfectos, sino un remedio generoso y un alimento para los que necesitan fuerzas (EG 39 y 47).

El conocimiento de la verdad es progresivo, observa el Papa. La comprensi√≥n del hombre cambia con el tiempo, y su conciencia se profundiza. Se recuerda el tiempo en que la esclavitud era aceptada y la pena de muerte era admitida sin ning√ļn problema. Los ex√©getas y los te√≥logos, as√≠ como las dem√°s ciencias y su evoluci√≥n, ayudan a la Iglesia a madurar el propio juicio. Como consecuencia, hay normas y preceptos eclesiales secundarios que en otros tiempos fueron eficaces, pero que hoy perdieron valor o significado. Una visi√≥n de la doctrina de la Iglesia como un bloque monol√≠tico a ser defendido sin matices es err√≥nea (FRANCISCO, 2013c). Por lo tanto, los fieles cristianos, incluyendo los LGBT, deben procurar ser adultos en la fe, atentos a las contribuciones de las ciencias que ayudan a la Iglesia a madurar su juicio. Ellos no deben encapsularse en posturas intransigentes a la reflexi√≥n cr√≠tica y al di√°logo.

El Concilio afirma que hay un orden o jerarqu√≠a de verdades en la ense√Īanza de la Iglesia, seg√ļn su nexo con el fundamento de la fe cristiana. Algunos contenidos son m√°s importantes por estar estrechamente vinculados a este fundamento. Otros, a su vez, son menos importantes por estar menos vinculados a √©l (UR 11). Para Francisco, este orden es v√°lido tanto para los dogmas de fe y para las dem√°s ense√Īanzas de la Iglesia, incluyendo su mensaje moral. En esta, hay una jerarqu√≠a en las virtudes y acciones. La misericordia es la mayor de las virtudes. Las obras de amor al pr√≥jimo son la manifestaci√≥n externa m√°s perfecta de la gracia interior del Esp√≠ritu. Los preceptos dados por Cristo y por los Ap√≥stoles al pueblo de Dios son muy pocos. Y los preceptos a√Īadidos posteriormente por la Iglesia deben ser exigidos con moderaci√≥n, para no hacer pesada la vida a los fieles ni transformar la religi√≥n en una esclavitud (EG 36-37 y 43).

En esta moral matizada que el Papa expone tiene gran importancia el bien posible. Sin disminuir el valor del ideal evang√©lico, hay que acompa√Īar, con misericordia y paciencia, las posibles etapas de crecimiento de las personas, que se van construyendo d√≠a a d√≠a. Un peque√Īo paso en medio de grandes limitaciones humanas puede ser m√°s agradable a Dios que una vida externamente correcta, de quien no enfrenta mayores dificultades. La consolaci√≥n y la fuerza del amor salvador de Dios deben llegar a todos. Dios opera misteriosamente en cada persona, adem√°s de sus defectos y de sus ca√≠das. Un coraz√≥n misionero no renuncia al bien posible, aunque corra el riesgo de ensuciarse con el fango de la carretera (EG 44-45).

La moral sexual tiene como una de sus principales referencias el mandamiento del Dec√°logo “no pecar contra la castidad”. Originalmente el mandamiento es “no cometer√°s adulterio” (Ex 20,14), pero la catequesis cristiana en √©l incorpor√≥ otras ense√Īanzas b√≠blicas y tradicionales relativas a la sexualidad. El Catecismo define hoy la castidad primero como la integraci√≥n de la sexualidad en la persona, en su unidad de cuerpo y alma (n. 2337). Esta integraci√≥n es un camino gradual, un crecimiento personal en etapas, que pasa por fases marcadas por la imperfecci√≥n y hasta por el pecado (n. 2343). La gradualidad en la aplicaci√≥n de la ley moral es casi desconocida en muchos ambientes cat√≥licos, y por eso deber√≠a ser ampliamente ense√Īada. Muchas veces hay el triunfo de todo o nada, fruto de un radicalismo est√©ril, y no la b√ļsqueda del bien posible. Y s√≥lo puede haber una integraci√≥n exitosa si la persona vive en paz con su propia sexualidad, amando a su semejante y a s√≠ misma. Los caminos y las conductas en este campo no pueden prescindir jam√°s de esta integraci√≥n.

Una carta pastoral de la Curia Romana afirma que ning√ļn ser humano es un mero homo o heterosexual. √Čl es por encima de toda criatura de Dios y destinatario de su gracia, que lo hace hijo de Dios y heredero de la vida eterna (CDF, 1986, n.16). Esto tambi√©n vale para el resto de la diversidad sexual. Sea la persona LGBT o no, ella es criatura divina, destinada a participar de la vida en Cristo y de su salvaci√≥n. La carta a√Īade que toda violencia f√≠sica o verbal contra personas homosexuales es deplorable, mereciendo la condena de los pastores de la Iglesia dondequiera que se verifique. Los actos homosexuales, a su vez, son considerados intr√≠nsecamente desordenados y, como tales, no pueden ser aprobados en ning√ļn caso. Sobre la culpabilidad de la persona, sin embargo, debe haber prudencia en el juicio. Se reconocen ciertos casos en que la tendencia homosexual no es fruto de la opci√≥n deliberada de la persona, y que esta persona no tiene alternativa y es obligada a comportarse de modo homosexual. Por consiguiente, en tal situaci√≥n act√ļa sin culpa. Se alerta por el riesgo de generalizaciones, pero pueden existir circunstancias que reducen o incluso eliminan la culpa de la persona (CDF, 1986, n. 10, 3 y 11). En esta situaci√≥n, por lo tanto, no se puede decir jam√°s que la persona est√° en pecado mortal y que debe apartarse de los sacramentos.

No es simple proponer a los LGBT vivir la castidad en el celibato. Como la castidad es la integraci√≥n de la sexualidad en la persona, en su unidad de cuerpo y alma, no se debe anular a la persona afectiva y humanamente. En la formaci√≥n para el sacerdocio, por ejemplo, se ense√Īa que el camino formativo debe ser interrumpido en el caso de que un candidato tenga excesiva dificultad con el celibato, “vivido como una obligaci√≥n tan penosa a punto de comprometer el equilibrio afectivo y relacional” (CEC, 2007, n. 10). Esta norma es sabia. Es algo que conviene tambi√©n a los religiosos de congregaciones y a los fieles laicos, incluyendo personas homosexuales y trans. No se debe vivir el celibato a cualquier precio.

Las conferencias episcopales también traen contribuciones importantes a la pastoral, que son fruto de reflexiones y prácticas contextualizadas en diferentes realidades con sus necesidades y urgencias. Francisco menciona un documento de los obispos franceses sobre el reconocimiento civil de la unión homosexual (EG 66, nota 60). Ellos se opusieron a la ley que equipara totalmente esta unión a la unión heterosexual. Pero no sólo. Los obispos repudian la homofobia, y felicitan la evolución del derecho que hoy condena toda discriminación e incitación al odio en razón de la orientación sexual. Reconocen que a menudo no es fácil para la persona homosexual asumir su condición, pues los prejuicios son duraderos y las mentalidades sólo cambian lentamente, incluso en las comunidades y en las familias católicas. Estas familias son llamadas a acoger a toda la persona como hija de Dios, cualquiera que sea su situación. Y en una unión duradera entre personas del mismo sexo, aparte del aspecto meramente sexual, la Iglesia estima el valor de la solidaridad, del vínculo sincero, de la atención y del cuidado con el otro (CEF, 2012).

Estos pasos son muy importantes. Si no hay un ambiente libre de hostilidad que permita a las personas homosexuales asumir su condici√≥n, si no hay ning√ļn reconocimiento social o estima por las uniones entre individuos del mismo sexo, la homofobia presente en la sociedad las lleva a contraer uniones heterosexuales para huir del prejuicio. Esto sucede desde hace siglos y trae mucho sufrimiento a las personas involucradas. Es necesario poner fin a esta situaci√≥n opresiva. Conforme al derecho eclesi√°stico, el sacramento del matrimonio en estas circunstancias es inv√°lido (CDC, Canon 1095, n. 3). Es necesario que los fieles sepan de esto. La uni√≥n heterosexual no es una soluci√≥n para la persona homosexual.

Los obispos brasile√Īos tienen un documento sobre la renovaci√≥n pastoral de las parroquias, en que se contemplan las nuevas situaciones familiares con realismo y apertura, incluyendo las uniones del mismo sexo. Los obispos reconocen que en las parroquias participan personas unidas sin el v√≠nculo sacramental y otras en segunda uni√≥n. Hay tambi√©n las que viven solas sustentando a los hijos, abuelos que cr√≠an nietos y t√≠os que sustentan sobrinos. Hay ni√Īos adoptados por personas solteras o del mismo sexo, que viven en uni√≥n estable. Los obispos exhortan a la Iglesia, familia de Cristo, a acoger con amor a todos sus hijos. Conservando la ense√Īanza cristiana sobre la familia, es necesario usar la misericordia. Se constata que muchos se alejaron y contin√ļan alej√°ndose de las comunidades porque se sintieron rechazados, porque la primera orientaci√≥n que recibieron consist√≠a en prohibiciones y no en vivir la fe en medio de la dificultad. En la renovaci√≥n parroquial, debe haber conversi√≥n pastoral para no vaciar la Buena Nueva anunciada por la Iglesia y, al mismo tiempo, no dejar de atender a las nuevas situaciones de la vida familiar. “Acoger, orientar e incluir” en las comunidades a los que viven en otras configuraciones familiares, son desaf√≠os inaplazables (CNBB, 2014, n. 217-218).

4 Palabras y gestos proféticos

El S√≠nodo de los Obispos sobre la familia gener√≥ un debate amplio y fecundo, y tuvo como fruto una exhortaci√≥n postsinodal del Papa. √Čl reitera su llamamiento a la Iglesia de ir al encuentro de los que viven en las m√°s variadas periferias existenciales. La Iglesia est√° llamada a conformar su acci√≥n a la de Cristo, que en un amor sin fronteras se ofreci√≥ por todos sin excepci√≥n. A los que manifiestan la orientaci√≥n homosexual, se les debe asegurar un acompa√Īamiento respetuoso para que puedan disponer de las ayudas necesarias para comprender y realizar la voluntad de Dios en sus vidas (AL 312 y 250). Francisco hace una alerta incisiva contra el moralismo que muchas veces reina en ambientes cristianos y en la jerarqu√≠a de la Iglesia Cat√≥lica, con el objetivo de fomentar el debido respeto a la conciencia y a la autonom√≠a de los fieles:

“[…] nos cuesta dar espacio a la conciencia de los fieles, que muchas veces responden lo mejor que pueden al Evangelio en medio de sus l√≠mites, y son capaces de realizar su propio discernimiento ante situaciones donde se rompen todos los esquemas. Estamos llamados a formar las conciencias, no a pretender sustituirlas “(AL 37).

Adem√°s de esta palabra oportuna, el papa hizo un gesto sorprendente en 2015, recibiendo en su casa la visita del transexual espa√Īol Diego Neria y de su compa√Īera. La historia de Diego es emblem√°tica de la condici√≥n transexual, del prejuicio atroz y de su enfrentamiento. √Čl naci√≥ con cuerpo de mujer, pero desde ni√Īo se sent√≠a hombre. En la Navidad, escrib√≠a a los reyes magos pidiendo como regalo convertirse en ni√Īo. Al crecer, se resign√≥ a su condici√≥n. “Mi prisi√≥n era mi propio cuerpo, porque no correspond√≠a absolutamente a lo que mi alma sent√≠a”, confiesa. Diego escond√≠a esta realidad lo mucho que pod√≠a. Su madre le pidi√≥ que no cambiar su cuerpo mientras viv√≠a. Y √©l acat√≥ este deseo hasta su muerte. Cuando ella muri√≥, Diego ten√≠a 39 a√Īos. Un a√Īo despu√©s, comenz√≥ el tratamiento transexualizador. En la iglesia que frecuentaba, despert√≥ la indignaci√≥n de las personas: “¬Ņc√≥mo se atreve a entrar aqu√≠ en su condici√≥n? Usted no es digno “. Una vez, lleg√≥ a o√≠r de un sacerdote: ¬°T√ļ eres hija del diablo! Pero afortunadamente √©l tuvo el apoyo del obispo de su di√≥cesis, que le dio √°nimo y consuelo. Esto alent√≥ a Diego a escribir al papa Francisco y a pedir un encuentro con √©l. El Papa lo recibi√≥ y lo abraz√≥ en el Vaticano, en presencia de su compa√Īera. Hoy, Diego Neria es un hombre en paz (HERN√ĀNDEZ, 2015).

Ocurrieron otros encuentros del papa con LGBT, como la visita a un presidio en Italia en el que tuvo una comida compartiendo mesa en compa√Ī√≠a de presos transexuales. En los Estados Unidos, Francisco se encontr√≥ en la nunciatura apost√≥lica con su antiguo alumno y amigo gay Yayo Grassi, y con su compa√Īero. Grassi ya hab√≠a presentado a su compa√Īero al papa dos a√Īos antes. Esta relaci√≥n homoafectiva nunca fue problema en la amistad entre Grassi y el papa (GRASSI, 2015). Sobre los encuentros que tuvo con personas homosexuales, transexuales y sus respectivos compa√Īeros, el papa coment√≥: “las personas deben ser acompa√Īadas como las acompa√Īa Jes√ļs. […] en cada caso, acogerlo, acompa√Īarlo, estudiarlo, discernir e integrarlo. Esto es lo que Jes√ļs har√≠a hoy “(FRANCISCO, 2016).

Los gestos como estos del Papa valen m√°s que mil palabras. Si todas las familias que tienen hijos o parientes LGBT hicieran lo mismo, recibi√©ndolos en casa con sus compa√Īeros, muchos problemas y dramas humanos ser√≠an resueltos.

5 Caminos a recorrer

La realidad de los LGBT es compleja y delicada, trae llamamientos urgentes y constituye un desaf√≠o a la evangelizaci√≥n. La lectura cr√≠tica de la Sagrada Escritura, la debida atenci√≥n a los resultados de las ciencias, los diversos matices de la moral y la fidelidad a la propia conciencia son elementos que hacen de la ense√Īanza de la Iglesia un contenido rico y din√°mico en la vida de los fieles. Estos elementos pueden ayudar mucho a la acci√≥n evangelizadora al lado de esa poblaci√≥n. No se debe buscar en la ense√Īanza de la Iglesia, ni siquiera en la Biblia, un manual de instrucciones de electrodom√©stico o un c√≥digo moral completo, universal e inmutable. Muchas veces se hacen citas descontextualizadas de la Biblia y simplificaciones indebidas de la doctrina, con extrema rigidez y un terrible √≠mpetu condenatorio dirigido a los LGBT. Algunos hablan de “textos del terror” o de “balas b√≠blicas” usadas contra estas personas. La predicaci√≥n, en vez de curar heridas y calentar el coraz√≥n, trae m√°s devastaci√≥n, y la Palabra del Dios de la vida se convierte en palabra de muerte. No se debe jam√°s tratar a estos individuos como endemoniados a ser exorcizados, o someterlos a la oraci√≥n de “curaci√≥n y liberaci√≥n” para cambiar su condici√≥n o identidad.

En la Iglesia Cat√≥lica, hoy, hay diferentes tipos de apostolado junto a los LGBT. Uno de ellos es el grupo Courage, apoyado por la Conferencia de Obispos Cat√≥licos de los Estados Unidos. √Čsta desaconseja a personas homosexuales a definirse primero por su inclinaci√≥n sexual, as√≠ como a participar en “subculturas gays”, que tienden a promover un estilo de vida inmoral (USCCB, 2006, p√°gina 22 y nota 44). Hay otros grupos cuyo √©nfasis es la inclusi√≥n y la ciudadan√≠a de los LGBT en la Iglesia y en la sociedad, la curaci√≥n de las heridas, el crecimiento en la fe y el respeto por la conciencia en las elecciones de vida. Estos grupos formaron la Red Global de Cat√≥licos Arcoiris (GNRC, 2015). La di√≥cesis de Westminster (Inglaterra), que abarca la ciudad de Londres, posee la Capellan√≠a LGBT (LGBT Chaplaincy) para la atenci√≥n pastoral a estos fieles. Las Arquidi√≥cesis de Santiago, Chile (ALDEA, 2013), y de Belo Horizonte (CIPRIANI, 2017) poseen la Pastoral de la Diversidad Sexual.

No faltan divergencias y conflictos respecto de la diversidad sexual y de g√©nero. Pero tampoco es necesario esperar su resoluci√≥n. Hay posiciones y pr√°cticas ya legitimadas que pueden ser adoptadas y difundidas. La despenalizaci√≥n de la homosexualidad y la transexualidad en todo el mundo debe ser defendida con vigor, as√≠ como el enfrentamiento de la violencia f√≠sica, verbal y simb√≥lica hecha a los LGBT. El ejemplo del papa Francisco, recibi√©ndolos en su casa con sus compa√Īeros, debe ser seguido. Es a trav√©s de esta acogida que el verdadero encuentro se hace posible, dando a las personas la oportunidad de conocerse mutuamente y de interactuar positivamente, sin escamotear realidades vitales y sin dejar que el prejuicio y el miedo creen fantasmas.

Acoger, orientar e incluir, como dice la CNBB sobre las nuevas configuraciones familiares, es un puente que conduce a las periferias existenciales. No faltan a la Iglesia recursos teóricos y testimonios marcados para predicar la Palabra de Dios de manera adaptada a la realidad de los pueblos, a fin de que la vida en Cristo sea comunicada, las heridas curadas y los corazones calientes.

Una vez una se√Īora devota me busc√≥ desconsolada por descubrir que su hijo es gay. Tuvimos una buena conversaci√≥n, y yo le recomend√© la pel√≠cula Oraciones para Bobby (MULCAHY, 2009). Tiempos despu√©s me dijo exultante: “Jes√ļs sac√≥ el prejuicio de mi coraz√≥n”. De hecho, Jes√ļs act√ļa en la vida de las personas y libera del prejuicio. Su Esp√≠ritu impulsa a la Iglesia a transponer las estructuras caducas, externas e internas, incapaces de acogida. Los disc√≠pulos de Jes√ļs deben acoger con amor a las personas homosexuales y trans para manifestar al mundo el rostro de su maestro, y alegrarse con las bendiciones de Dios Padre. Si muchos LGBT sienten que necesitan la Iglesia, hay que reconocer que ella tambi√©n los necesita.

Luís Corrêa Lima. PUC Rio. Texto original em portugués.

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