Evangelizaci贸n

脥ndice

1Evangelizaci贸n, misi贸n de la Iglesia

1.1 La Iglesia vive para evangelizar y para ser evangelizada

1.2 Objetivos primarios de la evangelizaci贸n

2 Evangelizaci贸n en el horizonte del misterio de la comuni贸n trinitaria

2.1 La Trinidad como paradigma de una evangelizaci贸n integral

3 Dimensiones de la Evangelizaci贸n

3.1 Evangelizaci贸n liberadora

3.2聽Evangelizaci贸n inculturada

3.3 Evangelizaci贸n misionera

4 Desaf铆os y posibilidades de actualizaci贸n de la Buena Nueva del Evangelio

4.1 Hacer del ser humano el camino de la Iglesia

4.2 El pluralismo como presupuesto, no s贸lo como apertura

4.3 Revalorizaci贸n de la Iglesia local

5 Referencias Bibliogr谩ficas

1 聽Evangelizaci贸n, misi贸n de la Iglesia

1.1 La Iglesia vive para Evangelizar y para ser evangelizada

Uno de los cometidos esenciales de la Iglesia entendida no solamente como cuerpo institucional o jer谩rquico, sino como Pueblo de Dios en marcha (cf. Evangelii Gaudium EG 111), es Evangelizar. En esta acci贸n encuentra su dicha y su identidad (Evangelii Nuntiandi EN 14). Evangelizar es fundamentalmente comunicar la Buena Nueva del Evangelio mediante obras y palabras. Esta encomienda le viene dada, como un imperativo de Jes煤s en quien se fundamenta: 鈥淰ayan y anuncien la Buena Nueva鈥︹ Por lo tanto, no surge como estrategia o como recurso para justificar su existencia, sino justamente lo contrario, vive para Evangelizar, 茅sta es su misi贸n fundamental sin la cual todas las dem谩s acciones pastorales pierden su horizonte y su fuerza. Es cierto que esta misi贸n muchas veces se ha confundido y se ha reducido a una indoctrinaci贸n, aminorando as铆 el contenido tan rico y profundo de la acci贸n evangelizadora. Por lo tanto, m谩s que transmitir doctrinas o verdades, de lo que se trata en la acci贸n evangelizadora es anunciar, transmitir con hechos y palabras la confesi贸n de fe en la persona de Jes煤s de Nazaret, unido siempre al proyecto del Reino. De este modo, se puede comprender que las pr谩cticas eclesiales dirigidas hacia muchos horizontes y ambientes, realizadas en contextos variados, deben ser acciones o pr谩cticas esencialmente evangelizadoras, que le dan sentido y rumbo a su identidad y misi贸n.

El sujeto de la evangelizaci贸n, es la comunidad creyente, Pueblo de Dios constituido por todas y todos los bautizados. Es un sujeto colectivo en donde todos somos responsables con distintos oficios y encargos (cf. Ad gentes AG 5, 11-12). Esto requiere que la Iglesia de la que formamos parte, se sit煤e no s贸lo como maestra, sino tambi茅n como disc铆pula. En este sentido podemos decir que todo cristiano, cristiana, es al mismo tiempo evangelizador y evangelizado. Recordemos el caso emblem谩tico de la conversi贸n de Cornelio, en donde Pedro, el evangelizador, tambi茅n queda convertido y evangelizado en este encuentro (Hch. 10, 34-43). Aqu铆 el evangelizador entra en di谩logo con el evangelizado, pone en juego y en consideraci贸n su propia comprensi贸n de la fe. El anuncio y el di谩logo son dos elementos constitutivos de la acci贸n evangelizadora, que al saberlos articular en una actitud abierta dan mucho fruto (cf. Documento de Aparecida. DA 237). Antes de la conversi贸n es necesaria la conversaci贸n (cf. EG 127).

Esta relaci贸n dial贸gica o confrontaci贸n seria entre evangelizando y evangelizador permite, como interlocutores, tomar una actitud de m谩s humildad y vulnerabilidad a lo que como Iglesia se est谩 poco acostumbrado. Esta actitud permite entrar y respetar el mundo y la cosmovisi贸n del evangelizado, porque si no, 驴c贸mo se puede esperar que quien lo escucha est茅 en principio dispuesto a cambiar su vida y su pensamiento si 茅l 鈥揺l evangelizador- no est谩 dispuesto a someterse a id茅ntica disciplina?

Esto es justamente lo interesante y lo rico del proceso evangelizador, que quien evangeliza, pone en juego su fe al realizar su cometido. Pues si no sucede esto, cuando se evangeliza partiendo de una postura fija e inconmovible, cerr谩ndose a otras propuestas o an谩lisis cr铆ticos, se corre el riesgo de convertirse m谩s que en evangelizadores, en propagandistas de una marca o de un producto. 聽鈥淓n este proceso de evangelizaci贸n no existe evangelizador y evangelizado, como dos fracciones dentro de la Iglesia; ambos se evangelizan mutuamente construyendo as铆 una Iglesia como comunidad fraterna, toda ella ministerial, servidora y misionera鈥 ( BOFF, L., 1991, p.77).

1.2 Objetivos primarios de la Evangelizaci贸n

Un primer objetivo que contin煤a siendo v谩lido y leg铆timo en el proceso evangelizador es la conversi贸n, es decir, introducir a las personas a una determinada visi贸n del mundo, a un determinado estilo de vida que no se ten铆a antes. El adherirse a una determinada doctrina, a unas ciertas creencias. En un sentido general, esto contin煤a siendo v谩lido.

Sin embargo, esta finalidad de conversi贸n a la persona de Jes煤s y a su proyecto del Reino, se ve fortalecida con lo que el Documento de Puebla (cf. DP 1145) afirma al decir que el mejor servicio al hermano, y al hermano m谩s pobre, 鈥渆s la evangelizaci贸n, que lo libera de las injusticias, lo promueve 铆ntegramente y lo dispone a realizarse como hijo de Dios.鈥 Aqu铆 radica tambi茅n una de las finalidades de la Evangelizaci贸n entendida como liberaci贸n y promoci贸n del hombre, para que se realice plenamente como hija e hijo de Dios. En los documentos de Medell铆n encontramos esta misma idea al afirmar que la evangelizaci贸n consiste, fundamentalmente, en 鈥減asar de situaciones menos humanas a situaciones m谩s humanas鈥 (Documento de Medell铆n Introducci贸n n.6; Documento de Santo Domingo n. 162).

La evangelizaci贸n unida a la conversi贸n tiene como objetivo primario la humanizaci贸n de todo hombre y de todo el hombre. Esto ya lo recordaba con mucha claridad Pablo VI en la Evangelii Nuntiandi, al afirmar que entre promoci贸n humana y evangelizaci贸n existe una correlaci贸n profunda de orden antropol贸gico, teol贸gico y evang茅lico (EN 31).

Lo fundamental en la pr谩ctica evangelizadora es el anuncio de la persona de Jes煤s y la denuncia de todo lo que se oponga al establecimiento de su Reino como proyecto continuador de la voluntad del Padre, bajo la inspiraci贸n del Esp铆ritu Santo. Anunciamos, por tanto, no s贸lo unas verdades, sino principalmente la persona de Jes煤s que desde nuestra fe y desde nuestra identidad de cristianos representa una confesi贸n de fe, una propuesta en medio de otras muchas. Anunciamos la Buena Nueva de Jes煤s, una noticia y un acontecimiento de car谩cter salv铆fico, a caminar seg煤n el Evangelio (Ef. 4,1; Col 1,10; Gal 5,16).

Sin embargo, no anunciamos s贸lo una persona en abstracto. Jes煤s no es s贸lo hombre, sino el hombre que vivi贸 sujeto a las coordenadas del tiempo y del espacio de manera muy espec铆fica y concreta. Anunciamos a Jes煤s con todos sus componentes fundamentales. Uno de 茅stos es el proyecto de Reino que no se identifica con la Iglesia, ni con el progreso de la t茅cnica, sino que fundamentalmente es la vivencia de unas nuevas relaciones, unas nuevas opciones.

El anuncio de Jes煤s, no es un anuncio cualquiera, ni bajo cualquier circunstancia. Es el anuncio de un Cristo, y 茅ste crucificado (I Cor. 1,23); es por tanto un Jes煤s contextualizado, que 鈥減as贸 haciendo el bien鈥 (Hch. I Cor. 2,2; Gal. 3,1). No es un Jes煤s s贸lo de conceptos, sino un Jes煤s que padeci贸, que fue crucificado, que muri贸 por una causa concreta, que entr贸 en conflicto con los del centro, en fin, un Jes煤s que es Dios y que est谩 presente y actuante en la historia.

2 Evangelizaci贸n en el horizonte del misterio de la comuni贸n trinitaria

2.1聽La Trinidad como paradigma de una evangelizaci贸n integral

Seg煤n EN 26, 鈥渆vangelizar es, ante todo, dar testimonio, de una manera sencilla y directa, de Dios revelado por Jesucristo mediante el Esp铆ritu Santo鈥. En este acto testimonial que tiene ya una base trinitaria, se dan varios paradigmas o puntos referenciales para su realizaci贸n. Uno de estos es el paradigma o modelo trinitario en el que encontramos el principio b谩sico de relacionalidad. Este principio funciona a nivel de personas y a nivel de culturas. 鈥溍塻tas constituyen un sistema completo, pero abierto a otros sistemas y culturas, pues ninguna de ellas agota las potencialidades del ser humano personal y social. Entre las culturas debe regir lo que rige en el misterio trinitario, la radical relacionalidad entre las tres divinas Personas. Cada una es una e irreductible, pero siempre en relaci贸n y en 鈥減erij贸resis鈥 con las dem谩s鈥 (BOFF, L., 1991, p. 48).

La labor evangelizadora de la Iglesia tiene su origen y fundamento en el misterio de la comuni贸n trinitaria, 鈥渆n la misi贸n del Hijo y la misi贸n del Esp铆ritu Santo, seg煤n el designio del Dios Padre鈥 (AG 2). Esta comuni贸n trinitaria es el modelo de toda evangelizaci贸n que busca la vivencia de la fe en la dimensi贸n comunitaria, pues la vocaci贸n a vivir y a participar de esta comuni贸n no se da de manera individual, sino en estrecha conexi贸n mutua. 鈥淟a evangelizaci贸n es un llamado a la participaci贸n en la comuni贸n trinitaria鈥 (DP 218).

Jes煤s el enviado del Padre, puso su tienda en medio de nosotros, asumiendo la naturaleza humana entera, tal como se da en nosotros, menos en el pecado (Hb. 4,5; 9,28). El texto narrado por el evangelista Lucas, cuando Jes煤s entra en la sinagoga de Nazaret, es un pasaje program谩tico y paradigm谩tico, es un referente obligado y un programa a realizar desde la evangelizaci贸n. 鈥El Esp铆ritu del Se帽or est谩 sobre m铆, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva, me ha enviado a proclamar la liberaci贸n a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar libertad a los oprimidos y proclamar el a帽o de gracia del Se帽or鈥 (Lc. 4,18-19).

Jes煤s es el modelo de evangelizador y la referencia obligada para toda acci贸n evangelizadora, su persona es Buena Nueva que se hace concreta en palabras, gestos, actividades y acontecimientos de su ministerio. Para Jes煤s lo central y b谩sico en el horizonte de su mensaje es el reino o reinado de Dios; todo lo dem谩s es relativo (Mt 5, 3-12, EN 8), y se nos dar谩 鈥減or a帽adidura鈥 (Mt 6,33).

Los evangelios dan cuenta de esta centralidad e importancia del Reino de Dios (Mt 5,3-12; 5-7鈥). El Reino es el regalo misericordioso del Padre que salva y libera al hombre y mujer de toda opresi贸n; es invitaci贸n a encontrarse con Dios y a comprometerse para que este Reino se establezca en medio de la realidad social y personal, transformando con la 鈥渇uerza del Evangelio los criterios de juicio, los valores determinantes, los puntos de inter茅s, las l铆neas de pensamiento, las fuentes inspiradoras y los modelos de vida de la humanidad, que est谩n en contraste con la Palabra de Dios y con el designio de salvaci贸n鈥 (EN 19).

Para llevar a cabo este programa evangelizador, contamos con la presencia santificadora del Esp铆ritu Santo, es el Esp铆ritu Santo el protagonista de toda aut茅ntica evangelizaci贸n, pues mediante su acci贸n 鈥渦nifica en la comuni贸n y en el ministerio y provee de diversos dones jer谩rquicos y carism谩ticos a toda la Iglesia a trav茅s de todos los tiempos鈥 (AG 4).

De esta manera, la acci贸n evangelizadora de la Iglesia, tiene en el misterio de la Trinidad, su fundamento 煤ltimo en el sentido de ser el modelo por excelencia de relacionalidad y de comunitariedad en la que cada una de las personas contribuyen aportando su ser y su presencia.

3 Dimensiones de la Evangelizaci贸n

3.1 Evangelizaci贸n liberadora

鈥淟a evangelizaci贸n no ser铆a completa si no tuviera en cuenta la interpelaci贸n rec铆proca que en el curso de los tiempos se estable entre el Evangelio y la vida concreta, personal y social del hombre鈥 (EN 29). Esta afirmaci贸n de Evangelii Nuntiandi, tiene sus repercusiones concretas en nuestro continente latinoamericano al expresarse como Evangelizaci贸n Liberadora a la que hacen un llamado los obispos reunidos en Puebla, al reconocer que la situaci贸n vivida en tiempos de la Conferencia Episcopal Latinoamericana celebrada en Medell铆n (1968), es todav铆a mucho m谩s grave. 鈥淟os pastores de Am茅rica Latina tenemos razones grav铆simas para urgir la evangelizaci贸n liberadora, no s贸lo porque es necesario recordar el pecado individual y social sino tambi茅n porque de Medell铆n para ac谩, la situaci贸n se ha agravado en la mayor铆a de nuestros pa铆ses鈥 (DP 487). De ese tiempo a la fecha, podr铆amos todav铆a afirmar la urgencia constante de esta evangelizaci贸n liberadora, o esta evangelizaci贸n con dimensi贸n social como se帽ala el Papa Francisco (EG 176). 驴En qu茅 consiste fundamentalmente?

Aparecida nos da una pauta para entender de qu茅 se trata cuando afirma que la labor esencial de la evangelizaci贸n 鈥渋ncluye la opci贸n preferencial por los pobres, la promoci贸n humana integral y la aut茅ntica liberaci贸n cristiana鈥 (DA 146). En estos tres elementos radica fundamentalmente el contenido de una evangelizaci贸n liberadora: en una opci贸n por los pobres, en una promoci贸n humana y la liberaci贸n cristiana.

La lucha por la justicia y la participaci贸n en favor de la transformaci贸n del mundo es, claramente, una dimensi贸n constitutiva de la acci贸n evangelizadora de la Iglesia. As铆 lo afirm贸 Juan Paulo II en su discurso inaugural de la Conferencia Episcopal Latinoamericana celebrada en Puebla (1979): 鈥渓a misi贸n evangelizadora tiene como parte indispensable la acci贸n por la justicia y las tareas de promoci贸n del hombre鈥.

La evangelizaci贸n liberadora supone la superaci贸n de una evangelizaci贸n puramente doctrinal y kerigm谩tica sin ning煤n arraigo en la realidad. Su punto de anclaje es el de una Iglesia que vive en el horizonte del Reino como proyecto del Padre y busca la liberaci贸n integral de hombres y mujeres con la fuerza del Resucitado y la presencia actuante del Esp铆ritu Santo.

En resumen, se puede afirmar que la evangelizaci贸n liberadora no es opcional, que la inclusi贸n de la promoci贸n humana, los esfuerzos por la promoci贸n de la justicia y la contribuci贸n a las transformaciones hist贸ricas no es cuesti贸n de modas o de regiones geogr谩ficas, sino 鈥減arte integrante鈥, 鈥減arte indispensable鈥, 鈥渄imensi贸n constitutiva鈥 sin la cual simplemente no est谩 completa la acci贸n evangelizadora, faltando un componente importante y fundamental que le otorgan identidad, orientaci贸n y sentido. 鈥淪i esta dimensi贸n no est谩 debidamente explicitada, siempre corre el riesgo de desfigurar el sentido aut茅ntico e integral que tiene la misi贸n evangelizadora鈥 (EG 176).

3.2 Evangelizaci贸n inculturada

Una de las tareas evangelizadoras de la Iglesia consiste en encarnar el Evangelio en el coraz贸n de las culturas y, desde ah铆, participar en la conquista de las grandes aspiraciones de la humanidad. Por esto, quedan en desautorizaci贸n todo tipo de visi贸n miope etnoc茅ntrica y se impone la conciencia de que la Iglesia, al hacerse presente en la diversidad de pueblos y culturas, es tambi茅n una realidad pluricultural. En coherencia con el misterio de la Encarnaci贸n, evangelizar no es como se ha dicho anteriormente anunciar una doctrina o incorporar personas a la Iglesia, sino ante todo, encarnar el Evangelio en la diversidad de las culturas.

Se trata entonces de un proceso, no en la l铆nea de una 鈥渆vangelizaci贸n de las culturas鈥, sino de una 鈥渆vangelizaci贸n inculturada鈥. El primer paradigma parte del evangelio y se presta a la implantaci贸n de una Iglesia monocultural que no hace justicia a la l贸gica de la encarnaci贸n (EG 117); los destinatarios del evangelio, en este caso, son reducidos a receptores pasivos de un evangelio ya inculturado y concebidos como objetos de la evangelizaci贸n. El segundo, parte de la cultura y de sus respectivos sujetos, propiciando el surgimiento de las Iglesias culturalmente nuevas. Aqu铆, no es tanto el evangelio que se incultura, sino los sujetos de la cultura que incorporan, a su modo, el evangelio.

Al contrario de una cierta 鈥渘ueva evangelizaci贸n鈥, que cree ser nueva solamente porque incorpora medios innovadores para hacer lo de siempre, una evangelizaci贸n inculturada sigue la pedagog铆a de Evangelii Nuntiandi, respetando en primer lugar la obra de Dios ya presente en las culturas y el 鈥渟agrario de la conciencia鈥 de los interlocutores. 鈥淎compa帽ar, cuidar y fortalecer las riquezas que ya existen鈥 (EG 69). En esta misma direcci贸n, se trata de llevar a cabo una evangelizaci贸n por el testimonio (evangelizaci贸n impl铆cita); despu茅s, en la gratuidad por haber 鈥渞ecibido por gracia鈥 el don del evangelio, proponerlo con delicadeza y amor, ofreciendo los medios necesarios para que los destinatarios puedan, desde la libre adhesi贸n, encarnarlo en sus culturas (evangelizaci贸n impl铆cita). Se pueden vislumbrar estos dos momentos en los siguientes pasos (cf. BRIGHENTI, 1997, p.73-105):

Como evangelizaci贸n impl铆cita, implicar铆a, en un primer paso, ser presencia testimoniante o de empat铆a, siguiendo el dinamismo del misterio de la Encarnaci贸n. Ante todo, evangelizar significa insertarse gratuita y respetuosamente en el contexto en el cual se quiere desencadenar un proceso de evangelizaci贸n inculturada. Se trata, siguiendo a Gaudium et Spes, de solidarizarse con los problemas, las alegr铆as y las tristezas, las angustias y las esperanzas del pueblo que se quiere evangelizar, pues, evangelizar significa testimoniar una actitud de respeto y de acogida de las culturas por causa de Dios y de la obra que 脡l realiz贸 en el interior de las culturas.

En un segundo paso, se trata de establecer una relaci贸n dial贸gica o de simpat铆a entre agentes y miembros de la cultura, de tal manera que, en un clima de confianza, ambas partes expresen su modo existencial, pronuncien su propia palabra y cultiven la capacidad de escucha y de apropiaci贸n que requiere toda aut茅ntica conversi贸n. Evangelizar no es 鈥渋gnorar ni imponer鈥.

El tercer paso, consistir谩 en identificar y reconocer los valores de la cultura como 鈥渟emillas del Verbo鈥 pues, sabemos que las culturas, tanto en su dimensi贸n simb贸lica como en su dimensi贸n 茅tica, son eco de la voz de Dios, que siempre se dirige a la sociedad y a cada subjetividad humana. Sobre todo las religiones, como alma de las culturas, son reacciones a la acci贸n primera de Dios y camino de la divinidad para las culturas.

Dados estos pasos, es posible pasar al segundo momento del proceso, el de una evangelizaci贸n expl铆cita. Por esto, primeramente (cuarto paso), se trata de anunciar amorosa y respetuosamente las verdades del cristianismo. Despu茅s de reafirmar que 鈥渆l Dios de la cultura鈥 es el Dios de Jesucristo, presente y actuante en la historia de todos los pueblos, es posible revelar expl铆citamente este Dios, o sea, dar a conocer la positividad cristiana. La tarea del evangelizador, en este cuarto paso, consiste 煤nicamente en facilitar el texto de la Biblia, la historia del texto, la tradici贸n de su interpretaci贸n y crear el contexto eclesial comunitario de fe necesario para leer e interpretar el Mensaje.

El quinto paso, consiste en llegar a una mutua evangelizaci贸n expl铆cita o reflexi贸n cr铆tica no solamente de los agentes en direcci贸n a los miembros de la cultura, sino tambi茅n de los propios miembros de la cultura en relaci贸n a los agentes. Se trata de que cada una de las partes ayude a la otra a no absolutizar la propia cultura ante la trascendencia del Evangelio, ni su modo de apropiaci贸n del mismo, para no caer en la 鈥渧anidosa sacralizaci贸n de la propia cultura con lo cual podemos mostrar m谩s fanatismo que aut茅ntico fervor evangelizador鈥 (EG 117). De un lado, se trata de inculturar el Mensaje y, de otro, de exculturarlo de versiones ex贸genas.

Finalmente, en un sexto paso, llega el momento de la apropiaci贸n o asimilaci贸n sint茅tica, que consiste en llevar a cabo una simbiosis entre Evangelio y cultura, tanto por parte de los miembros de la cultura que entra en contacto con el Evangelio, como por parte de los evangelizadores que, si de hecho establecieron una relaci贸n dial贸gica con los nuevos miembros, no obtienen los mismos resultados de este encuentro. No se da una relaci贸n sincr茅tica, sino sint茅tica. El resultado de un proceso de evangelizaci贸n inculturada con este (s茅ptimo paso) es el surgimiento o crecimiento de Iglesias culturalmente nuevas, con 鈥渇isionom铆a propia鈥 (EN 63). Se trata m谩s de 鈥渃reaci贸n鈥 de una Iglesia particular aut贸ctona, sustentada por una eclesialidad pluriforme, que de simple 鈥渋mplantaci贸n鈥. Tal como la Encarnaci贸n es un 鈥渁sumir sin aniquilar鈥, el surgimiento de una Iglesia con 鈥渞ostro propio鈥 significa 鈥渋nculturar sin identificar鈥. Un ejemplo de este esfuerzo muchas veces incomprendido es la di贸cesis de San Crist贸bal de las Casas en M茅xico (cf. RU脥Z, 1999, p.113-127).

3.3 Evangelizaci贸n misionera

As铆 como el documento de Puebla acent煤a la dimensi贸n liberadora de la evangelizaci贸n, y Santo Domingo el de la inculturaci贸n, el documento de Aparecida sit煤a la evangelizaci贸n en una din谩mica misionera (DA 13). Hace un fuerte llamado al compromiso por 鈥渦na evangelizaci贸n mucho m谩s misionera, en di谩logo con todos los cristianos y al servicio de todos los hombres鈥. Esta dimensi贸n misionera hay que entenderla en su justa medida, pues no se trata de un movimiento hacia adentro que pretende el robustecimiento de la Iglesia como instituci贸n, sino un movimiento m谩s de salida y de desconcentraci贸n en donde la propuesta deje de ser al estilo de proselitismo, y sea m谩s de contagio y de atracci贸n. Es necesario 鈥渄ejar el c贸modo criterio del 鈥榮iempre se ha hecho as铆鈥, siendo m谩s audaces y creativos鈥 (EG 33).

La Iglesia cumple esta misi贸n evangelizadora siguiendo los pasos de su Se帽or y adoptando sus actitudes (cf. Mt 9, 35-36).

鈥淧or eso la Iglesia tiene que guardarse de la tentaci贸n de medir la gloria de Dios por el honor que se le rinde a ella, idea que podr铆a inducirla a concentrar todos sus esfuerzos en el 煤nico objetivo de restablecer su fuerza, su cr茅dito, su prestigio, su influencia sobre la sociedad. [鈥 Pudo pensar que su misi贸n consist铆a en imponer su presencia en el mundo con esplendor y poder para dar un testimonio indudable de la revelaci贸n cuyo dep贸sito custodia鈥 (MOING, 2011, p. 295).

La evangelizaci贸n misionera implica una toma de conciencia de ser disc铆pulos y misioneros a la vez, pues 鈥渟on dos caras de la misma moneda鈥, porque el disc铆pulo es por naturaleza misionero, y el misionero es el fiel seguidor de Jes煤s, que lo invita a proseguir la causa del Reino. Este llamado a realizar una evangelizaci贸n misionera no es moment谩neo ni pasajero, sino permanente (cf. DA 210). La conciencia misionera aunque no niega la dimensi贸n territorial o geogr谩fica, no se reduce a ella. 鈥淓n efecto, los verdaderos destinatarios de la actividad misionera del pueblo de Dios no son s贸lo los pueblos no cristianos y las tierras lejanas sino tambi茅n los 谩mbitos socioculturales y, sobre todo, los corazones.鈥[1] As铆 las cosas, los 谩mbitos de la misi贸n no est谩n vinculados 煤nica ni primordialmente a lo territorial, sino tambi茅n a las realidades en donde vive la gente, a las 鈥減eriferias existenciales鈥.

En el DA nos encontramos con dos elementos que se podr铆an traducir en dos actitudes que configuran un cambio de paradigma en lo que a la misi贸n se refiere: 鈥渁tracci贸n鈥 e 鈥渋rradiaci贸n鈥, atraer-irradiar, dos verbos que indican un movimiento de ida y vuelta. En el n煤mero 159 Aparecida nos dice que 鈥渓a Iglesia crece no por proselitismo sino por atracci贸n: como Cristo atrae todo a s铆 con la fuerza de su amor. La Iglesia atrae cuando vive en comuni贸n, pues los disc铆pulos de Jes煤s ser谩n reconocidos si se aman los unos a los otros como 脡l nos am贸 (cf. Rm. 12, 4-13; Jn. 13, 34)鈥. De esta forma, se deja atr谩s toda la din谩mica proselitista y se propone la atracci贸n, descubriendo en el cristiano alguna singularidad que parece interesante en medio de tantas propuestas. Es necesario contar con esa fuerza para atraer, para convencer. Hoy la evangelizaci贸n misionera se entiende a trav茅s de esta atracci贸n-contagio. De vecino a vecino, nuestra iglesia ya no convence s贸lo con grandes concentraciones multitudinarias, grandes eventos. No es esa clase de atracci贸n. 鈥淪e trata de llevar el Evangelio a las personas que cada uno trata, tanto a los m谩s cercanos como a los desconocidos. Es la predicaci贸n informal que se puede realizar en medio de una conversaci贸n y tambi茅n es la que realiza un misionero cuando visita un hogar鈥 (EG 127).

Sobre este movimiento de irradiaci贸n, hay dos expresiones en el documento, los dos en relaci贸n a la comunidad parroquial y su misi贸n: El DA pide 鈥渜ue las Parroquias sean centros de irradiaci贸n misionera en sus propios territorios鈥 (DA306). 鈥淣ecesitamos que cada comunidad cristiana se convierta en un poderoso centro de irradiaci贸n de la vida en Cristo.鈥 (DA 362). Esto significa, en primer lugar, que las comunidades parroquiales est茅n iluminadas por la vida de Cristo, que ellas en primer lugar experimenten la presencia de Jes煤s en sus vidas y luego expandan esta luz de Jes煤s, este verbo irradiar est谩 en un sentido de respeto de expandir la luz sin imponerla, s铆 proponerla como una confesi贸n de fe a la humanidad.

4聽Desaf铆os y Posibilidades de actuaci贸n de la Buena Nueva del Evangelio

4.1 Hacer del ser humano el camino de la Iglesia

La Iglesia hoy m谩s que nunca necesita descentrarse de sus cuestiones internas y dejar de ser 鈥渁utorreferencial鈥, para sintonizar con las grandes aspiraciones de la humanidad. Si de verdad quiere realizar una aut茅ntica evangelizaci贸n, m谩s all谩 de un simple barniz y una acci贸n superflua que no toca la realidad ni lo esencial del mensaje de Jes煤s, debe ser una Iglesia 鈥渆n salida鈥 (EG 24). 鈥淓l espacio estrictamente religioso o intra-eclesial no agota la misi贸n de la Iglesia, se帽al e instrumento del Reino de Dios en el coraz贸n de la historia: Dios desea salvar a todos, y la Iglesia, como mediadora privilegiada, requiere ser la Iglesia de todos, aun de aquellos que no son Iglesia鈥 (BRIGHENTI, 2009, p. 39).

Hacer del ser humano el camino de la Iglesia es tomar conciencia de todo lo abarcante de su existencia, en todas sus dimensiones y 谩mbitos. 鈥Este hombre es el primer camino que la Iglesia debe recorrer en el cumplimiento de su misi贸n, 茅l es el camino primero y fundamental de la Iglesia鈥 (Redemptor Hominis RH 13).

Este camino es hoy un desaf铆o y un requerimiento necesario para la acci贸n evangelizadora, que exige superar los ya trillados paradigmas ontol贸gico y hermen茅utico, desde los cuales el ser humano es visto como si fuera simplemente una categor铆a universal, sin rostro y sin patria. Ya los obispos reunidos en Puebla, pon铆an en cuesti贸n esta especie de 鈥渦niversalidad鈥 a nivel cultural, que percib铆an como 鈥渟in贸nimo de nivelaci贸n y uniformidad que no respeta las diferentes culturas, debilit谩ndolas, absorbi茅ndolas o elimin谩ndolas. Con mayor raz贸n, la Iglesia no acepta aquella instrumentaci贸n de la universalidad que equivale a la unificaci贸n de la humanidad por v铆a de una injustamente supremac铆a y dominaci贸n de unos pueblos o sectores sociales sobre otros pueblos y sectores鈥 (DP 427).

Hacer del ser humano el camino de la Iglesia, implica tomar muy en cuenta la dimensi贸n de alteridad, una cuesti贸n que la teolog铆a latinoamericana asume con mucha seriedad al percibir que en muchos sectores, especialmente el econ贸mico, se ha negado la presencia y participaci贸n del 鈥渙tro鈥, es decir del pobre o mejor dicho del empobrecido, priv谩ndolo de sus derechos m谩s fundamentales. 鈥淓s hora de que la Iglesia saque las consecuencias del Evangelio social de Jesucristo, para que la religi贸n cristiana sea de hecho una experiencia salv铆fica, tanto en la esfera personal como en la social. Est谩 en juego la credibilidad no solo de la Iglesia, sino tambi茅n el propio Evangelio.鈥 (BRIGHENTI, 2009, p. 40).

4.2 El pluralismo como presupuesto, no solo como apertura

Es dif铆cil desentenderse del pluralismo como un hecho evidente en nuestros d铆as, casi nadie puede dudar de su influencia en todos los 谩mbitos. Pero lo importante no es solo caer en la cuenta de su existencia, sino asumirlo y considerarlo como algo ya pr谩cticamente ineludible en todas las reflexiones y en las pr谩cticas evangelizadoras, no basta presentarlo como una actitud de apertura a nuevas ideas o propuestas pastorales, sino incluirlo en los dise帽os y confecciones evangelizadoras como un componente propio de la Iglesia. 鈥淟a Iglesia del futuro o ser谩 pluralista, o sea, respetuosa y promotora del pluralismo, o no ser谩 cat贸lica鈥.

El pluralismo 鈥搈谩s propiamente una actitud pluralista- es una respuesta posible al hecho de la pluralidad. No es una concesi贸n ante la realidad que se impone, o una apertura ante otras ofertas o posibilidades, sino un presupuesto de nuestros planteamientos evangelizadores. Esto significa que la Iglesia, antes de hablar de s铆 misma y sus propios proyectos, tiene que escuchar y tener en cuenta al otro, no como una prolongaci贸n de s铆 misma, sino como algo diferente, totalmente otro. La actitud pluralista nos lleva a considerar al diferente (cultura, lenguaje, s铆mbolo, persona), no como una amenaza, una competencia o enemigo potencial, sino como un medio de enriquecimiento y una apertura a nuevas posibilidades pastorales.

De esta forma, en la acci贸n evangelizadora, no hay destinatarios, sino interlocutores, como sucede en la revelaci贸n. Para que pueda haber revelaci贸n, no basta con que Dios se manifieste; es necesaria la respuesta humana. El punto de partida de la evangelizaci贸n es el otro y sus circunstancias, sus necesidades, pues en tanto comunicaci贸n, solo se da en cuanto el otro responde.

La actitud que marca la pauta en el encuentro con el otro, el diferente, en lugar de la manipulaci贸n, o el proselitismo, es ante todo el testimonio. El testimonio es siempre la expresi贸n de la discreta acci贸n misteriosa de Dios, siempre respetuoso de la libertad humana.

4.3 Revalorizaci贸n de la Iglesia local

El Concilio Vaticano II (LG 23, CD 11) redescubri贸 el gran valor de la Iglesia particular, no como una parte, sino como una porci贸n de la Iglesia universal, en la que se contiene la Iglesia toda, aunque no toda la Iglesia, pues ninguna Iglesia local puede agotar el misterio eclesial. De aqu铆 se desprende que la catolicidad de la Iglesia est谩, a partir de la Iglesia local, en la comuni贸n de las Iglesias, dado que la Iglesia de Jesucristo es 鈥淚glesia de iglesias鈥 (cf. TILLARD, 1991).

Adem谩s, seg煤n nos recuerda el mismo Concilio, la Iglesia local est谩 fundada sobre y edificada por la Palabra de Dios. La Iglesia es una instituci贸n de la Palabra, que precede a la congregaci贸n de los fieles. Ella misma es resultado de la evangelizaci贸n. De ah铆, justamente de la obra evangelizadora y misionera de la Iglesia local, surge la misi贸n universal de la Iglesia. Esta es, primero, una llamada a evangelizarse continuamente, tomando un rostro propio en relaci贸n con la alteridad de las dem谩s Iglesias, es despu茅s una llamada que incita a ir a todos los pueblos con el fin de hacer surgir comunidades que busquen inculturar la fe en su espacio local, a partir de sus particularidades, que reconfigurar谩 a su vez el rostro de la Iglesia local.

Una de las exigencias de la evangelizaci贸n es la conformaci贸n de grupos a 鈥渆scala humana鈥, (cf. DA 180) como un medio privilegiado para la pr谩ctica evangelizadora de la Iglesia (cf. DA 307). La Iglesia latinoamericana, tributaria de la eclesiolog铆a de Pueblo de Dios y de Comuni贸n, ha querido ser una Iglesia viva y din谩mica (cf. Documento de Santo Domingo DSD 23), reflejando ese rostro en los diversos niveles de Iglesia, a partir de la vivencia de comuni贸n y participaci贸n, realizada especialmente a trav茅s de las peque帽as comunidades eclesiales de base, que son consideradas como un signo de vitalidad eclesial, instrumento de evangelizaci贸n y punto de partida v谩lido para una nueva sociedad (cf. DSD 61).

Son consideradas as铆 por varias razones: primero, esas comunidades descentralizan y articulan las 鈥済randes comunidades鈥 impersonales o masivas, transform谩ndolas en ambientes sencillos y de mucha vitalidad, convirti茅ndose de esa manera en un espacio promotor del rescate de la identidad, la dignidad y la autoestima. Segundo, abren un espacio a los excluidos, ya sea por cuestiones econ贸micas, 茅tnicas, de edad, sexo, cultura. Al interior de estas peque帽as comunidades los pobres se convierten en sujetos y actores de su propia historia, dejando de ser objeto de caridad o asistencia externa. Tercero, las peque帽as comunidades intentan unir fe y vida, aunando la religiosidad al sentido, conscientes de que Dios desea la vida a partir del cuerpo. En su seno, la religi贸n, lejos de ser un medio de alienaci贸n, asume un car谩cter expl铆cito de liberaci贸n, manifestando en la historia la parcialidad de Dios por el pobre ante el sufrimiento injusto. Cuarto, las peque帽as comunidades, haciendo eco del Concilio al recuperar el sentido del sacerdocio com煤n de los fieles, afirman la urgencia del protagonismo de los laicos y laicas en la misi贸n evangelizadora (cf. LG 10, DSD 103,293).

Ernesto Palafox. Pontificia Universidad Cat贸lica de M茅xico. M茅xico.

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[1] Discurso del Papa Benedicto XVI a los miembros del Consejo Superior de las Obras Misionales Pontificias, 5 de mayo de 2007.