Escritura, Tradici贸n, Magisterio

脥ndice

Introducci贸n

1 La pol茅mica de las dos fuentes

2 El salto adelante en el Concilio Vaticano II

3 La relaci贸n entre Tradici贸n y Escritura en Dei Verbum

4 El car谩cter hist贸rico de la Tradici贸n y la Escritura

5 La relaci贸n entre Escritura, Tradici贸n y Magisterio

Conclusi贸n

Referencias

Introducci贸n

El estudio de la relaci贸n entre Escritura, Tradici贸n y Magisterio, por mucho que haya sido ampliamente destacado durante y despu茅s del Concilio Vaticano II (1962-1965), es siempre relevante. Porque se trata de aclarar las mentes y los corazones sobre los medios por los que nos llegan los bienes de la salvaci贸n.

En respuesta a la pol茅mica protestante, que puso en tela de juicio el fundamento teol贸gico de la Tradici贸n y el Magisterio, insistiendo en la sola Scriptura como camino de revelaci贸n divina y de salvaci贸n humana, la Iglesia cat贸lica se vio obligada a debatir con mayor profundidad la relaci贸n entre estas tres realidades. Durante el Concilio de Trento (1545-1563), evitando la expresi贸n partimpartim a favor de et, los Padres conciliares sentaron las bases para una mejor comprensi贸n de la relaci贸n entre Escritura y Tradici贸n, dejando claro que la revelaci贸n no puede ser encontrada un poco en aquella y un poco en esta, sino conjuntamente en ambas, y que es necesario enfatizar la interdependencia entre ellas, vi茅ndolas no como dos fuentes distintas de revelaci贸n, sino como dos caminos por los cuales Dios revela su ser y su plan salvador para la humanidad.

El Concilio Vaticano II dio un salto adelante. Estableci贸 la conexi贸n entre ellas con mayor claridad, demostrando el car谩cter hist贸rico-salv铆fico de la revelaci贸n divina. M谩s que como promulgaci贸n de decretos y doctrinas, tal como se pensaba despu茅s de Trento y del Vaticano I, la revelaci贸n constituye una historia de gestos y palabras a trav茅s de las cuales Dios act煤a en medio del pueblo. En esta historia, Dios se revela salvando y salva revel谩ndose. Todo el conjunto hist贸rico de acciones por las que Dios manifiesta su ser y actuar, animando, corrigiendo y educando al pueblo, forma un caudaloso r铆o por donde pasa la Tradici贸n. Dentro de esta Tradici贸n, cuando algunos hagi贸grafos ponen por escrito elementos de la vida del pueblo, nacen las Escrituras, que se convierten en un factor unificador del pensamiento y los ideales populares.

La Iglesia en su conjunto y el Magisterio como gu铆a entran en esta poderosa corriente de revelaci贸n y son, al mismo tiempo, receptores y transmisores del Evangelio, convirti茅ndose as铆 en beneficiarios y servidores de la Palabra de vida. El Magisterio es responsable de la recepci贸n, custodia e interpretaci贸n oficial de la revelaci贸n presente en las Escrituras y en la Tradici贸n de la Iglesia.

1 La pol茅mica de las dos fuentes

La Reforma Protestante cuestion贸 profundamente la Tradici贸n (ARENAS, 1995, p. 170-172), asegurando que toda la verdad revelada est谩 contenida en la Sagrada Escritura y que esta no necesita ning煤n int茅rprete autorizado, ya que, seg煤n Pablo, la justificaci贸n se da por la gracia del Evangelio mediante la fe. Todo creyente, en el libre examen de las Escrituras, ayudado por el Esp铆ritu Santo, tiene acceso directo a la relaci贸n con Cristo. Y puede, solo por la fe, solo por la gracia de Dios, basado solo en las Escrituras, encontrar la justificaci贸n que le es garantizada solo por Cristo. Para Lutero, el Evangelio es practicado por el “esp铆ritu” (por la fe del creyente) en oposici贸n a la “letra” (las reglas morales). Por eso, dice, no contaban penitencias, peregrinaciones, indulgencias, devociones, rituales sacramentales, pr谩cticas morales, como medios para garantizar la salvaci贸n. Contaba la confianza en el amor de Dios, como se registra en las Escrituras, en la s铆ntesis de Pablo, que cita a Habacuc: 鈥淓n 茅l [en el Evangelio] la justicia de Dios se revela de la fe hacia la fe, como est谩 escrito: ‘El justo vive por la fe鈥 (Rm 1, 17). Se enfatiz贸 el momento individual de la fe, la acogida de la justificaci贸n atribuida al pecador por Dios, y el libre examen de las Escrituras, con menos atenci贸n al aspecto objetivo. Basta confiar en esa justicia que viene por fe y conduce a la fe. De esta manera, se rechazaba la Tradici贸n, ya sea como fuente de revelaci贸n y salvaci贸n, o como criterio para interpretar la Escritura. Lutero tambi茅n cuestion贸 el Magisterio eclesi谩stico, que, seg煤n 茅l, se atribu铆a plena autoridad en la interpretaci贸n y ense帽anza de la Sagrada Escritura.

A ra铆z de este problema generado por Lutero, el Concilio de Trento (1545-1563) consider贸 oportuno defender la posici贸n que consideraba Escritura y Tradici贸n en interdependencia conjunta, con el fin de llegar a una comprensi贸n completa de la revelaci贸n (ARENAS, 1995, p. 172-174). Pero, ante el desd茅n de Lutero por lo que no cab铆a en las Escrituras, el Concilio y, sobre todo, la teolog铆a y la pr谩ctica eclesial posterior, enfatiz贸 de manera especial, aunque germinal, la Tradici贸n y, con ella, el Magisterio. Esta opci贸n ha llevado a muchos considerar, con alguna exageraci贸n, las Escrituras y la Tradici贸n como dos fuentes de la misma revelaci贸n. Sin embargo, prevaleci贸 el sentido com煤n y la sobriedad y los Padres conciliares, en lugar de aprobar el texto previsto con doble partim (parte de la revelaci贸n estar铆a en la Escritura y parte en la Tradici贸n), aprobaron un texto con un simple et (libros escritos y tradiciones no escritas), dejando claro que el Evangelio es la 煤nica fuente de revelaci贸n. El Decreto De canonicis scripturis sobre los libros sagrados y las tradiciones a ser acogidas, de 1546, as铆 se expresa:

[El Concilio] teniendo siempre ante sus ojos su intenci贸n de que, extirpando los errores, se conserve en la Iglesia la pureza del Evangelio que,聽 prometido inicialmente por los profetas en las Sagradas Escrituras, nuestro Se帽or Jesucristo, Hijo de Dios, promulg贸 por su propia boca, y luego envi贸 a sus Ap贸stoles a predicarlo a toda criatura (Mc 16,15) como fuente de toda verdad sana y de todo orden moral, viendo claramente que esta verdad y este orden est谩n contenidos en libros escritos y Tradiciones no escritas que, recibidas por los Ap贸stoles de boca del mismo Cristo o transmitidas de mano en mano por los Ap贸stoles, bajo el dictado del Esp铆ritu Santo, nos han llegado, siguiendo el ejemplo de los Padres Ortodoxos, recibimos y veneramos. , con igual sentimiento de piedad e igual reverencia, todos los libros tanto del Nuevo como del Antiguo Testamento, ya que el mismo Dios es el autor de ambos; y recibe y venera igualmente las tradiciones relativas tanto a la fe como a las costumbres, como provenientes de la boca de Cristo o dictadas por el Esp铆ritu Santo y conservadas en la Iglesia Cat贸lica por sucesi贸n continua.(DH 1501)

El prop贸sito del documento es mostrar que el Evangelio es la ” fuente de toda verdad sana y de toda regla moral”. Sin embargo, esta fuente 煤nica se nos transmite a trav茅s de dos v铆as, dos canales: 鈥渓ibros escritos y tradiciones no escritas鈥. Estas tradiciones no escritas, que juntas forman la Tradici贸n, las recibieron los ap贸stoles del propio Cristo o les fueron dictadas por el Esp铆ritu Santo, y fueron conservadas y transmitidas por la Iglesia a lo largo de los siglos hasta que lleg贸 a nosotros.

Trento concluye la cuesti贸n dando igual valor, reverencia y respeto a las dos formas de transmitir el 煤nico Evangelio, fuente de toda salvaci贸n y fundamento de toda conducta del hombre nuevo, en Cristo. La Escritura y la Tradici贸n, constituidas por tradiciones recibidas del mismo Cristo o de la inspiraci贸n del Par谩clito, son vistas como dos canales de transmisi贸n de la Buena Nueva, 煤nica fuente de revelaci贸n.

Esta posici贸n tridentina parece muy formal y de pura defensa de la posici贸n y acci贸n cat贸lica. Sin embargo, en el fondo de este tema, debemos identificar un tema que es mucho mayor que la mera defensa. Entre l铆neas, Trento dice que el Evangelio, en su testimonio original, fue confiado a una comunidad viva de fe. Y la separaci贸n entre expresi贸n escrita y expresi贸n oral y viva del Evangelio ser铆a una aberraci贸n, ya que toda escritura debe ser interpretada dentro de la comunidad donde se genera y nace. Romper esta unidad ser铆a traicionar la verdad fundamental intr铆nseca al mismo Evangelio.

Las posiciones despu茅s de Trento no fueron las mismas que las registradas en el decreto de 1546. En la mente de la mayor铆a de los Padres y, m谩s tarde, en la reflexi贸n teol贸gica y en las ense帽anzas catequ茅ticas, el concepto que prevaleci贸 fue el de las dos fuentes de la verdad evang茅lica y no el de las dos formas de su transmisi贸n. Esto todav铆a era com煤n en el siglo XX y se hizo muy expl铆cito al comienzo de las discusiones del Concilio Vaticano II acerca del documento sobre la divina revelaci贸n .

2 El salto adelante en el Concilio Vaticano II

El Concilio Vaticano II (1962-1965) todav铆a sufri贸 el dr谩stico conflicto de las dos fuentes. Pero, una vez m谩s, tambi茅n en este consejo prevalecieron el sentido com煤n y el equilibrio. La Constituci贸n Dogm谩tica Dei Verbum, promulgada el 18 de noviembre de 1965, es el resultado de una larga discusi贸n, que dur贸 pr谩cticamente todo el tiempo del Concilio (LATOURELLE, 1985, p. 366-368; ARENAS, 1995, p. 174-177). El esquema De fontibus revelationis, previamente elaborado por la Comisi贸n Teol贸gica, presentado y discutido en noviembre de 1962, fue rechazado por la mayor铆a conciliar. En una votaci贸n exploratoria con vistas a la continuaci贸n de los debates, la mayor铆a pidi贸 que se retirara este esquema. Como no se alcanz贸 una mayor铆a de 2/3 para esto, el Papa Juan XXIII orden贸 la remoci贸n del texto y la formaci贸n de una comisi贸n mixta para su reelaboraci贸n, que incluir铆a elementos que hab铆an sido debatidos en el Secretariado de la Uni贸n de Cristianos.聽 Los debates sostenidos en torno al tema de la revelaci贸n produjeron cambios profundos y sustanciales, que muestran un cambio en la direcci贸n del propio Concilio y no solo de este documento. Uno de los motivos de discusi贸n fue precisamente el controvertido tema de las dos fuentes. Estaba en juego una nueva visi贸n del fen贸meno de la tradici贸n, que se hab铆a anunciado en el siglo anterior: m谩s que la tradici贸n material, importaba la idea de un proceso de tradici贸n. Esta idea de una tradici贸n como realidad viva, adem谩s de ir m谩s all谩 de la teor铆a de dos fuentes, sirvi贸 para colaborar con el di谩logo ecum茅nico, tema que recorri贸 toda la asamblea conciliar.

Despu茅s de varias redacciones, la Dei Verbum pasa a la historia como uno de los documentos m谩s significativos del Vaticano II, por demostrar la comprensi贸n cat贸lica de la revelaci贸n como di谩logo pedag贸gico entre Dios y la humanidad. El Concilio Vaticano II expresa en Dei Verbum el mismo pensamiento que el Concilio de Trento; en esto los Padres conciliares se muestran incrustados en la Tradici贸n de la Iglesia, ya que defienden la misma l铆nea de pensamiento a lo largo de la historia de la Iglesia, como la defendi贸 firmemente hace cuatrocientos a帽os.

En cuanto al controvertido tema de las dos fuentes, el texto final del Concilio Vaticano II, aunque no aborda expl铆citamente el tema, deja claro que solo hay una fuente de revelaci贸n: la Buena Nueva de la salvaci贸n en Cristo. Los Padres conciliares aprobaron el texto final de la Dei Verbum, en el que no solo no se hace referencia a las dos fuentes, sino que la conciencia de la Iglesia es clara de que tenemos una sola fuente de revelaci贸n: el deseo divino de venir a nosotros y la realizaci贸n pr谩ctica. de este deseo con su movimiento interesado en la b煤squeda del ser humano para relacionarse con 茅l como con un amigo. Citando el Concilio Tridentino, la Dei Verbum reafirma que Cristo 鈥渃omunic贸 los dones divinos a los ap贸stoles y los envi贸 a predicar a todos el Evangelio prometido a los profetas, que 茅l cumpli贸 y promulg贸 por su propia boca, como fuente de toda verdad saludable y expresi贸n de la forma correcta de vivir鈥. Dei Verbum contin煤a afirmando que los ap贸stoles proclamaron fielmente este Evangelio “con la predicaci贸n, el ejemplo y las instituciones que crearon”, transmitiendo lo aprendido directamente “a trav茅s de las palabras, la comuni贸n y la acci贸n de Cristo y la acci贸n del Esp铆ritu Santo”.聽 Finalmente, se afirma que la Tradici贸n y la Escritura 鈥渟on el espejo en el que la Iglesia peregrina contempla a Dios, de quien todo lo ha recibido, hasta que pueda llegar a verlo cara a cara鈥 (DV 7). La insistencia de la Dei Verbum en que la Escritura y la Tradici贸n constituyen una fuente 煤nica de revelaci贸n aparece en otra formulaci贸n: “La Sagrada Tradici贸n y la Sagrada Escritura constituyen un 煤nico dep贸sito sagrado de la Palabra de Dios confiada a la Iglesia”. (DV 10).

Considerado en relaci贸n con el texto inicial, las modificaciones m谩s importantes son las de los dos primeros cap铆tulos El nuevo texto no comienza con un cap铆tulo sobre la doble fuente de la revelaci贸n. La visi贸n pol茅mica y anti-ecum茅nica del primer esquema cambi贸 profundamente. Ya no se trata de sustentar la tesis anti-protestante de que la revelaci贸n divina tiene una doble fuente, en el sentido de que est谩 contenida en parte en la Escritura y en parte en la Tradici贸n, sino en exponer el significado de la revelaci贸n en un marco hist贸rico-salv铆fico. El Concilio deja claro que, antes de hablar de Escritura y Tradici贸n, es necesario hablar de un tema m谩s b谩sico del que dependen teol贸gicamente tanto el sentido de la Escritura como de la Tradici贸n.

La preocupaci贸n del Vaticano I (1870) hab铆a sido afirmar la existencia de una revelaci贸n sobrenatural. El Vaticano II adquiere un tono diferente. No se ocupa s贸lo del hecho de la revelaci贸n y del car谩cter sobrenatural de la revelaci贸n, sino sobre todo del sentido de la revelaci贸n y de la perspectiva hist贸rico-salv铆fica en la que debe entenderse la revelaci贸n. La Dei Verbum se convierte as铆 en el primer documento del Magisterio de la Iglesia que se ocupa de la naturaleza y el sentido de la revelaci贸n.

Las palabras iniciales del documento, Dei Verbum, indican que el Concilio adopta un lenguaje concreto sobre la revelaci贸n; no se pretende hablar de la revelaci贸n como transmisi贸n de verdades eternas de un Dios inmutable a una Iglesia institucional, sino de un di谩logo en el que Dios con su Palabra viva se dirige a la Iglesia viva. No se niega que la revelaci贸n dada en esa Palabra comporta verdades sobre el Dios eterno e inmutable, que son reveladas a la Iglesia institucional. Sin embargo, el texto conciliar se propone hablar de realidades concretas en un lenguaje mucho m谩s cercano a nuestra historia. Cuando se trata de la revelaci贸n divina, el Concilio no se refiere a una palabra distante, alcanzada s贸lo por abstracciones, sino a una palabra encarnada en nuestra historia, que el mismo Concilio, como toda la Iglesia, escucha y proclama.

En este sentido es bastante caracter铆stica la cita en el Proemio de la Primera Ep铆stola de San Juan (1 Jn 1,2-3). Cabe se帽alar que esta f贸rmula introductoria del proemio, en la que se pone un acento dominante en la Palabra de Dios como Verbo encarnado ante el cual la Iglesia se encuentra en actitud de escucha y anuncio, entr贸 en el texto s贸lo en su 煤ltima reformulaci贸n. El proemio es una magn铆fica introducci贸n no s贸lo a la Constituci贸n dogm谩tica Dei Verbum sobre la revelaci贸n divina, que presenta el tema y el lenguaje de su desarrollo, sino que justifica l贸gicamente (si no cronol贸gicamente) 鈥渃omo el primero de los grandes documentos del Vaticano II; realmente este prooemium es una introducci贸n a todo el conjunto de la obra conciliar鈥. Y muestra que el Vaticano II al mismo tiempo 鈥渃ontin煤a y ampl铆a el trabajo iniciado por los concilios Tridentino y Vaticano I鈥 (LATOURELLE, 1985, p. 369. 370).

Esta orientaci贸n del texto conciliar hacia el car谩cter hist贸rico de la revelaci贸n es consecuencia, entre otros factores, de su car谩cter profundamente b铆blico. En este punto, a pesar de la intenci贸n expl铆cita de llevar adelante las ense帽anzas de los Concilios de Trento y Vaticano I, el Vaticano II se distingue profundamente de ambos. Basta hacer una ligera comparaci贸n entre los diferentes textos en cuanto a su uso de la Biblia.. El Decreto De canonicis scripturis del Concilio de Trento cita solo un pasaje b铆blico (Mt 16,15) y la Constituci贸n Dei Filius del Vaticano I cita algo m谩s de veinte. Dei Verbum est谩 llena de citas b铆blicas, que muestran el origen profundo de los argumentos que se est谩n desentra帽ando.

La cuesti贸n de la revelaci贸n se plantea, sobre todo en el primer cap铆tulo, en 铆ntima conexi贸n con la historia y con la salvaci贸n de los seres humanos. El Vaticano II, adem谩s de desarrollar y perfeccionar los pasos iniciados por Trento y el Vaticano I, promueve un salto cualitativo en el campo de la revelaci贸n y desvela, en forma germinal, la robusta densidad que marcar谩 la reflexi贸n teol贸gica y la pr谩ctica pastoral en a帽os posteriores. La revelaci贸n como tal se presenta como di谩logo y amistad, convivencia e intimidad, que Dios propone a los seres humanos, esperando la respuesta de un coraz贸n libre. Para la acogida de esta revelaci贸n, en la que Dios manifiesta su ser y su acci贸n, hay todo un juego preparatorio que va desde la creaci贸n, pasando por la historia de Israel, hasta alcanzar a toda la humanidad, que, en Cristo, plenitud de la revelaci贸n, encuentra el camino de su plena realizaci贸n en la participaci贸n de la naturaleza divina.

3 La relaci贸n entre Tradici贸n y Escritura en Dei Verbum

Es interesante notar que en el cap铆tulo II de Dei Verbum, sobre la transmisi贸n de la revelaci贸n divina, el Concilio Vaticano II abre el camino para entender la relaci贸n entre Escritura y Tradici贸n (LATOURELLE, 1985, p. 387-395; SESBOU脡; TH脡OBALD, 2005, p. 419-423; M脺LLER 2015, p. 60-80). Es un c铆rculo hermen茅utico que comienza con la Tradici贸n. Antes de referirse m谩s expl铆citamente a la Escritura (n. 11-25), el documento se detiene a explicar el lugar de la Tradici贸n en la vida de la Iglesia (n. 7-8), y luego habla de la relaci贸n entre ambas (n. 9-10).

Por Tradici贸n entendemos todo el contexto social, hist贸rico y cultural en el que 鈥渓a revelaci贸n destinada a todos los pueblos鈥 permanece 鈥渆n su integridad a lo largo del tiempo鈥 y se 鈥渢ransmite a todas las generaciones鈥 (DV 7). Aqu铆 podemos ver un concepto que impregna toda la espiritualidad y teolog铆a del Concilio: la universalidad. Para todos los pueblos, en todo momento, toda la revelaci贸n es transmitida por los ap贸stoles y luego por sus sucesores. Dei Verbum expone as铆, en t茅rminos amplios, la integridad del contenido de la Tradici贸n, haciendo un amplio repaso de sus significados: a) el encargo de los ap贸stoles, que aprendieron 鈥渄irectamente con las palabras, la convivencia y la acci贸n de Cristo y por la acci贸n del Esp铆ritu Santo 鈥, transmiti贸 el Evangelio鈥 por la predicaci贸n, por el ejemplo y por las instituciones que ellos crearon 鈥(DV 7); b) la misi贸n de los autores sagrados, que 鈥渆scribieron el mensaje de salvaci贸n鈥 (DV 7); c) el camino hist贸rico de los sucesores de los ap贸stoles, cuya misi贸n es 鈥渕antener intacto y vivo el Evangelio en la Iglesia鈥 (DV 7) y que perdurar谩 hasta el fin de los tiempos (DV 8); d) el conjunto de tradiciones que los fieles reciben 鈥渙ralmente o por escrito鈥 y que deben guardar (DV 8); e) 鈥渢odo lo que contribuya a que el pueblo de Dios lleve una vida santa y crezca en la fe鈥 (DV 8); f) todo lo que 鈥渓a Iglesia, en su doctrina, en su vida y en su culto, perpet煤a y transmite a todas las generaciones鈥, todo lo que la Iglesia es y todo en lo que cree (DV 8); g) las ense帽anzas de los Santos Padres (DV 8); h) la definici贸n del canon de las Escrituras, para que se comprendan mejor y se pongan en pr谩ctica (DV 8).

Dei Verbum tambi茅n muestra que, a diferencia de las Escrituras, que est谩n fijas en su escritura literaria y en su definici贸n can贸nica, la Tradici贸n est谩 viva (SESBOU脡, 2006, p. 435-440). Se desarrolla en la Iglesia con la ayuda del Esp铆ritu Santo, con la expansi贸n de la percepci贸n de realidades y palabras, a trav茅s de la contemplaci贸n, el estudio, la comprensi贸n espiritual, la predicaci贸n, hasta alcanzar la plenitud de la verdad divina (DV 8).

De esta manera, queda claro que sin Tradici贸n no hay Escritura. La tradici贸n es el terreno donde nacen los libros b铆blicos, es el recorrido hist贸rico y la experiencia vital de las personas y comunidades, en su relaci贸n a la vez amorosa y conflictiva con Dios, que se plasman por escrito en determinados libros; es el r铆o caudaloso de la existencia, con sus avances y retrocesos, sus angustias y esperanzas, que deja por escrito en sus orillas, en los m谩s diversos g茅neros literarios, registros de hechos y cargas de sus sentimientos y emociones; es 鈥渆l caos de los acontecimientos hist贸ricos como escenario, en el que Dios se revela tal como es鈥 (BLANK, 2005, p. 8). La Escritura registra la Tradici贸n, que, en este sentido, es materialmente m谩s rica que eso. Porque es imposible anotar por escrito todo lo que se vive. El evangelio de Juan, por ejemplo, termina diciendo que ser铆a imposible dejar constancia de todo lo que Jes煤s fue, dijo e hizo (Jn 20,30; 21,25).

Tras esta amplia exposici贸n sobre la importancia de la Tradici贸n, el Concilio reflexiona brevemente sobre la relaci贸n entre ambas: 鈥渟e articulan estrechamente y se comunican entre s铆; ambas tienen el mismo origen divino, forman una unidad en cierto modo y tienden al mismo fin 鈥; 鈥淎mbas deben ser recibidas y veneradas con el mismo amor y el mismo respeto鈥 (DV 9); 鈥淐onstituyen un 煤nico dep贸sito sagrado de la palabra de Dios鈥 y ponen a pastores y fieles bajo la misma inspiraci贸n divina (DV 10).

De hecho, estos n煤meros de Dei Verbum parecen ser solo una extensi贸n de lo que Trento ya hab铆a dicho. Aqu铆 est谩 claro el deseo de Dios de preservar toda la revelaci贸n hecha para la salvaci贸n: Cristo, en quien se completa la revelaci贸n, mand贸 a los ap贸stoles que el Evangelio, prometido a los profetas, cumplido y promulgado por 茅l mismo, fuera predicado a todos los seres humanos de en todos los tiempos, como 煤nica fuente de toda salvaci贸n y del comportamiento 茅tico del cristiano, su modus vivendi, cuyo modelo es la vida del propio Cristo. Ambas est谩n profundamente entrelazadas, tienen el mismo origen, forman un todo y tienden al mismo prop贸sito o tienen el mismo objetivo: la salvaci贸n de la humanidad. Ambas son la Palabra de Dios (Dei Verbum), la Escritura, en su expresi贸n escrita, inspirada por el Esp铆ritu Santo, y la Tradici贸n, en su expresi贸n oral recibida de Cristo y del Esp铆ritu. La verdad revelada recibida por la Iglesia est谩 presente en estos dos caminos, que deben recibir de los fieles igual respeto, veneraci贸n y adhesi贸n a la fe a trav茅s de su inteligencia y voluntad.

Los padres conciliares fueron conscientes de que la transmisi贸n de la revelaci贸n en la Tradici贸n se produce en tres momentos: a) la tradici贸n divina, que es la entrega del Hijo a la humanidad por el Padre, la entrega que Cristo, el primer objeto y sujeto de la revelaci贸n, hace de s铆 mismo y la entrega del Esp铆ritu Santo para la vida de los fieles; b) la tradici贸n divino-apost贸lica, que es la recepci贸n y transmisi贸n de la persona y obra de Cristo por los ap贸stoles, que siempre cuentan con la ayuda especial del Esp铆ritu Santo; c) la tradici贸n eclesi谩stica, que es la transmisi贸n continua durante siglos m谩s all谩 de la Tradici贸n apost贸lica, originaria y fundacional de toda la tradici贸n eclesial (ARENAS, 1995, p. 177-180).

As铆, los sacerdotes del Vaticano II asumen toda la Tradici贸n de la Iglesia y se insertan en ella manteniendo la misma posici贸n de siempre, con la diferencia de que en este momento la Iglesia no condenaba a nadie, sino que buscaba un di谩logo abierto y sincero con otros cristianos. confesiones y con la cultura moderna.

4 El car谩cter hist贸rico de la Tradici贸n y la Escritura

Otras tradiciones de las escrituras sagradas (como los Vedas y Upanishads del hinduismo, el Cor谩n del Islam, el Avesta del zoroastrismo) concentran el contenido en reflexiones, ense帽anzas, proverbios, meditaciones, oraciones, con poco espacio para la narraci贸n. Todas las religiones, con sus ritos y mitos, llevan consigo sus tradiciones, que, a su vez, son el fundamento de las culturas (ARENAS, 1995, p. 168). De una manera diferente y 煤nica, la Biblia judeocristiana transmite la Palabra de Dios como interpretaci贸n teol贸gica de una historia. La historia profana de Israel, analizada a la luz de la fe, se convierte en historia de revelaci贸n y salvaci贸n. El profeta ejerce una may茅utica hist贸rica y ve los acontecimientos como una acci贸n de Dios que libera y salva (TORRES QUEIRUGA, 2010, p. 447-449). Cuanto m谩s abierto est谩 el pueblo a la revelaci贸n de Dios (ARENAS, 1995, p. 169-170), m谩s liberaci贸n es promovida por el propio pueblo a su favor. Y viceversa, cuanto m谩s se produce la liberaci贸n sociopol铆tico-cultural, m谩s personas conocen al Dios que se les revela (FELLER, 1988, p. 52-72).

En la historia de la revelaci贸n hay una gran eje religioso y cultural que presenta a Dios junto a los pobres, las viudas, los hu茅rfanos y los extranjeros, despertando en ellos la fe en la propia dignidad, el compromiso por mejores condiciones de vida y la esperanza de mejores d铆as. Hay un hilo de oro que recorre toda la Escritura, que muestra a Dios (Yahv茅, en el Antiguo Testamento, y Jes煤s, en el Nuevo) en su opci贸n por los pobres. No hay manera de leer las Escrituras judeocristianas sin considerar el lugar prominente de los pobres y los agraviados, por quienes el coraz贸n de Dios es apasionado. Lo que se lee en las Escrituras es solo un atisbo del viaje hist贸rico del pueblo, en sus dificultades y sacrificios, en sus sue帽os y esperanzas. (FELLER, 1995).

En esta historia de salvaci贸n surge un denso cuerpo de tradiciones orales, que posteriormente y con el tiempo se van poniendo por escrito (LENGSFELD, 1971, p. 219-248; LIBANIO, 1992, p. 412-418). En el caso del Antiguo Testamento, tenemos sagas, leyendas, mitos, cr贸nicas, poemas, oraciones, refranes, etc., que se transmitieron primero de forma oral, durante un tiempo m谩s o menos largo, hasta que se recopilaron por escrito y se convirtieron en escrituras sagradas. En el caso del Nuevo Testamento, tenemos recuerdos de los hechos y palabras de Jes煤s y, m谩s tarde, f贸rmulas de fe y desarrollos pastorales, que luego llegaron a codificarse en los Evangelios y en las Cartas de los ap贸stoles. Estas tradiciones convergen en Jesucristo, en quien tenemos la plena revelaci贸n de Dios y la liberaci贸n integral del ser humano (BLANK, 2005, p. 244-259). 鈥淣i Mahoma, ni Zoroastro, ni Buda se presentaron como un objeto de fe para sus disc铆pulos鈥 (SESBOU脡, 2006, p. 425). El cristianismo ve en Cristo la plenitud de toda revelaci贸n. Por eso la Tradici贸n de la Iglesia debe, a lo largo de la historia, volver siempre a Jes煤s de Nazaret, para descubrir en 茅l qui茅n es Dios y qui茅n es el ser humano.

As铆, se puede ver que la Tradici贸n es la madre de la Escritura, ya que antes de que se escribieran los libros, en su corriente hist贸rica,聽 ya estaban sucediendo la revelaci贸n de Dios y la liberaci贸n del pueblo como obra de Dios (en el Antiguo Testamento) , y la plenitud de la revelaci贸n en Cristo y la voluntad salv铆fica universal de Dios. Era un r铆o caudaloso, rico en manifestaciones reveladoras y salvadoras de Dios, el que tuvo lugar en las experiencias que se hac铆an聽 de la presencia y acci贸n de Dios. Esta corriente viva form贸 y gener贸 la Escritura. En este sentido, la Tradici贸n es anterior a la Escritura, es su madre.

La tradici贸n es hermana de la Escritura, ya que continu贸 su poderoso trascurso de viaje hist贸rico y comuni贸n vital mientras se escrib铆a la Escritura (desde alrededor del 1000 a.C. al 50 a.C. en el caso del Antiguo Testamento, y desde el 30 d.C. al 100 d.C., en el caso del Nuevo Testamento). Una mirada al pasado, recordando los gestos liberadores de Yahv茅 y Jes煤s, una mirada al presente, tomando conciencia de la presencia viva de Dios entre los pueblos, un lanzarse hacia el futuro, con la esperanza segura de que todo se mueve hacia la plenitud de la revelaci贸n y la salvaci贸n. As铆, la Tradici贸n y la Escritura se unieron en el transcurso del proceso revelador que termin贸 con Jesucristo y los 煤ltimos ap贸stoles. En este sentido, la Tradici贸n es hermana y contempor谩nea de la Escritura.

Pero la Tradici贸n no se detuvo en el a帽o 100 d.C., con la finalizaci贸n de la composici贸n de las Escrituras. La tradici贸n es hija de las Escrituras, ya que continu贸 incluso despu茅s de que se terminaron las Escrituras, y contin煤a hoy. Una vez terminada, la Escritura comenz贸 a orientar al Pueblo de Dios, como par谩metro de profundizaci贸n de la Tradici贸n, que continu贸 animando la historia en las sucesivas generaciones. Impulsada por la Escritura en la creaci贸n de rituales lit煤rgicos, orientaciones pastorales, movimientos teol贸gicos, c贸digos legales, instituciones sociales, institutos religiosos, devociones populares, caminos hacia la santidad, etc., la Tradici贸n contin煤a el proceso de interpretaci贸n y actualizaci贸n de la revelaci贸n divina y la salvaci贸n humana鈥 hasta que llegue a ver a Dios cara a cara鈥(DV 7). De esta manera, la Tradici贸n tambi茅n es hija de la Escritura.

Resulta as铆 que no es solo a trav茅s de las Escrituras como la Iglesia obtiene su certeza sobre todo lo que ha sido revelado. Tambi茅n la tradici贸n, como su nombre indica, transmite la revelaci贸n divina. Por tanto, ambos deben ser aceptadas y veneradas con igual sentimiento de piedad y reverencia (DV 9). En este sentido, existe una complementariedad cualitativa entre estos dos canales de transmisi贸n, por lo que es normal que la Escritura no baste para generar certeza. Por tanto, esta insuficiencia material de la Escritura lleva a admitir que la Tradici贸n tiene mayor extensi贸n que la Escritura.

5 La relaci贸n entre Escritura, Tradici贸n y Magisterio

En cuanto a la relaci贸n entre Tradici贸n, Escritura y Magisterio, se debe tener cuidado de no caer en el error protestante de acusar a los cat贸licos de haber subordinado la Escritura al Magisterio (LATOURELLE, 1985, p. 395-399; SESBOU脡, 2006, p. 440 -443). La autoridad del Magisterio es, parad贸jicamente, de obediencia. El Magisterio no se cierne sobre la Palabra, sino que se somete a la Palabra y la sirve, mientras que “por disposici贸n divina y la asistencia del Esp铆ritu Santo s贸lo ense帽a lo que ha sido transmitido, que busca escuchar con piedad, santificar y exponer fielmente “(DV 10). El Concilio reitera la obediencia del Magisterio a la Palabra de Dios, en su forma escrita y transmitida. La autoridad del Magisterio s贸lo puede ejercerse escuchando obedientemente la Palabra, con el fin de mantener al pueblo fiel en la misma obediencia. 鈥淟a Iglesia no es domina, sino ancilla de la Palabra de Dios. Una afirmaci贸n preciosa en el di谩logo ecum茅nico de hoy: es la primera vez que se expresa as铆 un texto conciliar鈥 (LATOURELLE, 1981, p.397).

El 煤nico dep贸sito de la revelaci贸n, formado por la Tradici贸n y la Escritura, fue confiado a toda la Iglesia, para alimentar la fe de todos los fieles. Pero el Magisterio se encarga de custodiar, exponer fielmente e interpretar oficialmente, funciones que son responsabilidad exclusiva del Magisterio, con el objetivo de animar a toda la Iglesia a vivir del 煤nico Evangelio. De esta manera, junto con sus pastores, todo el pueblo cristiano podr谩, incluso en nuestro tiempo, imitar a la Iglesia apost贸lica en su adhesi贸n a la revelaci贸n, perseverando 鈥渆n la doctrina de los ap贸stoles, en la comuni贸n, en la fracci贸n del pan y en la oraci贸n ininterrumpida鈥 (Hch 2,42), para que鈥 en la conservaci贸n de la fe, en su pr谩ctica y en su desarrollo, pastores y fieles est茅n siempre bajo la misma inspiraci贸n 鈥(DV 10).

El Magisterio de la Iglesia ejerce la autoridad en nombre de Cristo, ya que se le ha confiado la tarea de interpretar con autoridad la Palabra de Dios, escrita y transmitida. El Magisterio de la Iglesia se define modestamente como servidor de la Palabra de Dios, sin ense帽ar nada m谩s que lo que le ha sido transmitido. As铆, el Magisterio expone fielmente la Palabra de Dios, escucha piadosamente la voz viva del Evangelio que resuena continuamente en sus o铆dos, porque el Magisterio, como tal, tambi茅n vive en la fe, siendo el primero en escuchar la Palabra de Dios.

N贸tese que Escritura, Tradici贸n y Magisterio son inseparables, interconectados y asociados e interdependientes, de modo que uno no puede tener consistencia sin los otros dos. Los tres juntos expresan la acci贸n de un mismo Esp铆ritu, cada uno a su manera contribuyendo a la salvaci贸n de los fieles.

Por su 铆ntima relaci贸n y conexi贸n con la Escritura y la Tradici贸n, que son la norma normans de nuestra fe, la norma objetiva de lo que los fieles deben creer, y por su misi贸n ante estos canales de revelaci贸n, el Magisterio es tambi茅n norma de fe, norma pr贸xima y segura, de la cual la Escritura y la Tradici贸n, a su vez, son la norma. (ARENAS, 1995, p. 191)

Conclusi贸n

En el amplio e interminable proceso de evangelizaci贸n, la Iglesia debe renovarse siempre desde su fuente, el misterio de Dios revelado en Cristo. Evangelizar es m谩s que garantizar el espacio de la Iglesia en los medios seculares, hacer presencia en el are贸pago moderno, impulsar las devociones religiosas populares, reunir a cat贸licos alejados, garantizar resultados a las necesidades inmediatistas del pueblo, entre otras metas que hoy se proponen ampliamente. Evangelizar es proponer a todas las personas y a todos los pueblos, en sus diferentes situaciones, la revelaci贸n de Dios Padre que en Cristo y en el Esp铆ritu se encuentra con el ser humano, manifestando su ser y su obrar. Dios se revela como el amor y la comuni贸n de tres personas distintas que se aman tanto y tan bien que son un solo Dios. Esta marca esencial de Dios se refleja en su acci贸n, en su propuesta de liberaci贸n integral, de salvaci贸n temporal y eterna a favor de todos los seres humanos, comenzando por los pobres, los m谩s alejados de este don divino.

Un hilo de oro recorre la Tradici贸n y la Escritura del pueblo jud铆o y de los cristianos, que muestra c贸mo, desde Abraham hasta Jes煤s y hasta el 煤ltimo de los ap贸stoles, Dios se pone del lado de los 煤ltimos. Para llegar a todos, comienza en la base. Si su Reino comenzase con los de arriba de la pir谩mide, su propuesta salvadora no llegar铆a a todos. A partir de los 煤ltimos, por los que Dios Padre y Jes煤s de Nazaret manifiestan predilecci贸n, la voluntad salv铆fica universal se abre a todos los pueblos.

El camino de Israel, la historia de Jes煤s y la vida de las primeras comunidades cristianas estuvieron marcadas por la presencia y la acci贸n de un Dios amoroso, un Dios de ternura, piedad y misericordia, Dios de los pobres, hu茅rfanos, viudas y extranjeros, que al final de las Escrituras se presenta como Dios-Amor (1 Juan 4: 8). As铆, la interpretaci贸n actual de las Escrituras, para ser fiel a la revelaci贸n b铆blica del ser y obrar de Dios, debe ser realizada por la Iglesia, bajo la gu铆a del Magisterio, siempre basada en la opci贸n por los pobres.

Vitor Galdino Feller. ITESC/FACASC. Texto original portugu茅s. Enviado: 10/06/2021. Aprovado: 31/06/2021. Publicado: 24/12/2021.

Referencias

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