La salvaci贸n en Jesucristo

脥ndice

Introducci贸n

1 驴Qu茅 es salvaci贸n?

2 La fe cristiana en Jes煤s Salvador

3 Salvaci贸n mediante la Encarnaci贸n del Verbo Divino

4 Salvaci贸n mediante el ministerio p煤blico del Enviado del Padre

5 Salvaci贸n mediante la muerte y resurrecci贸n del Redentor

5.1 La muerte como ofrenda de sacrificio

5.2 La muerte como expiaci贸n por los pecados

5.3 la muerte como pago de rescate del cautiverio

5.4 La muerte como prestaci贸n de satisfacci贸n a Dios

6 Salvaci贸n mediante la recapitulaci贸n de Cristo Cabeza

7 El anuncio de la salvaci贸n en Cristo en el contexto actual

Conclusi贸n

Referencias

Introducci贸n

El contexto actual de secularismo, indiferencia religiosa y pluralismo religioso plantea un desaf铆o apasionante a la fe cristiana. El cristianismo tiene como punto central de su doctrina la fe en Jesucristo como 煤nico Salvador de todo el g茅nero humano: es el 煤nico mediador entre Dios y la humanidad (1Tm 2,5); no hay otro nombre excepto el suyo, en el que todos son salvos (Hch 4,12).

Este art铆culo presenta los elementos b谩sicos de la fe en la salvaci贸n en Jesucristo. Despu茅s de presentar el significado de la salvaci贸n, especialmente desde la reflexi贸n pastoral y teol贸gica de Am茅rica Latina, expone los puntos clave de la fe cristiana en Jes煤s Salvador. Luego, analiza los enfoques tradicionales que caracterizaron la soteriolog铆a durante los dos milenios del cristianismo. Finalmente, indica formas de anunciar la salvaci贸n en Cristo en el contexto actual, sugiriendo como criterio de verificaci贸n pastoral la opci贸n por los pobres.

1 驴Qu茅 es salvaci贸n?

Todo ser humano busca algo m谩s, anhela trascenderse m谩s all谩 de la rutina diaria, superar lo incompleto y llenar los vac铆os que acompa帽an a la vida. Desde una perspectiva negativa, todo ser humano busca huir de situaciones adversas que obstaculizan su vida. Los pacientes buscan una cura. Los desempleados entregan sus curr铆culos aqu铆 y all谩 con vistas a su inserci贸n en el mundo laboral. Pobres y miserables trabajan para poner pan en la mesa diaria. Los presos sue帽an con la libertad. Las personas violadas en sus derechos b谩sicos buscan la justicia para ver condenados a sus malhechores, para que se restituyan sus derechos, para obtener una indemnizaci贸n.

En el lenguaje cristiano, el significado de la salvaci贸n se puede sintetizar a partir de tres elementos: a) el punto de partida es una situaci贸n negativa insoportable, marcada por situaciones opresivas de males f铆sicos y morales, injusticia, enfermedades, inseguridad econ贸mica, miedo a la muerte, pecado, con la incapacidad personal para resistirlo y superarlo; b) el punto de llegada es una situaci贸n positiva frente a la anterior, confirmada por una vida satisfactoria, de bienestar, integridad f铆sica y moral, paz interior y sentido de la justicia, vivida como un don; c) la intervenci贸n de un agente externo, Dios Padre, que act煤a a trav茅s de su Hijo y de su Esp铆ritu Santo, y que hace que el individuo o las personas pasen de una situaci贸n negativa a una positiva (BATTAGLIA, 2013, p. 341-342 ).

Estos tres elementos se encuentran en dos p谩rrafos de la Introducci贸n a las Conclusiones de Medell铆n (1987). El primero y segundo elementos se revelan en la afirmaci贸n de que la transformaci贸n del pueblo latinoamericano se da a trav茅s del paso de situaciones negativas insoportables, inhumanas a situaciones m谩s positivas, de dignidad humana, en las que se consideran los valores humanos y cristianos.

el verdadero desarrollo, que es el paso, para cada uno y para todos, de condiciones de vida menos humanas, acondiciones m谩s humanas. Menos humanas: las carencias materiales de los que est谩n privados del m铆nimum vital y las carencias morales de los que est谩n mutilados por el ego铆smo. Menos humanas: las estructuras opresoras, que provienen del abuso del tener del abuso del poder, de las explotaciones de los trabajadores o de la injusticia de las transacciones. M谩s humanas: el remontarse de la miseria a la posesi贸n de lo necesario, la victoria sobre las calamidades sociales, la ampliaci贸n de los conocimientos, la adquisici贸n de la cultura. M谩s humanas tambi茅n: el aumento en la consideraci贸n de la dignidad de los dem谩s, la orientaci贸n hacia el esp铆ritu de pobreza, la cooperaci贸n en el bien com煤n, la voluntad de paz. M谩s humanas todav铆a: el reconocimiento, por parte del hombre, de los valores supremos, y de Dios, que de ellos es la fuente y el fin. M谩s humanas, por fin, y especialmente, la fe, don de Dios acogido por la buena voluntad de los hombres, y la unidad en la caridad de Cristo, que nos llama a todos a participar, como hijos, en la vida del Dios vivo, Padre de todos los hombres. (MEDELL脥N, Introducci贸n, 搂 9, 1987, p. 7)

El tercer 铆tem aparece cuando se profesa que es Dios quien realiza la salvaci贸n de los seres humanos, actuando misteriosamente en la conducci贸n de estos pasajes, a trav茅s de Jesucristo y su Esp铆ritu Santo, y haciendo que estas conquistas humanas terrenales apunten a la eternidad:

No podemos, en efecto, los cristianos, dejar de presentir la presencia de Dios, que quiere salvar al hombre entero, alma y cuerpo. En el d铆a definitivo de la salvaci贸n Dios resucitar谩 tambi茅n nuestros cuerpos, por cuya redenci贸n gemimos ahora, al tenerlas primicias del Esp铆ritu. Dios ha resucitado a Cristo y, por consiguiente, a todos los que creen en El. Cristo, activamente presente en nuestra historia, anticipa su gesto escatol贸gico no s贸lo en el anhelo impaciente del hombre por su total redenci贸n, sino tambi茅n en aquellas conquistas que, como signos pronosticadores, va logrando el hombre a trav茅s de una actividad realizada en el amor (MEDELL脥N, Introducci贸n, 搂 8, 1987, p. 6-7)

Por tanto, cuando la fe cristiana habla de salvaci贸n, no la reduce a un solo aspecto, sino que la comprende en sus m谩s variadas dimensiones, ya que se trata de la salvaci贸n del ser humano, en cuerpo y alma, en su totalidad e integridad.聽 En resumen, se afirma que la salvaci贸n es redenci贸n del pecado con vistas a la vida eterna y tambi茅n liberaci贸n sociopol铆tica con vistas a la justicia social en una sociedad democr谩tica en la que la vida terrena se pueda vivir con dignidad. Desde Medell铆n, la visi贸n de la salvaci贸n, tanto desde la teolog铆a como desde el Magisterio de la Iglesia latinoamericana, ha superado el dualismo que hab铆a prevalecido hasta entonces en los 谩mbitos eclesiales y abarc贸 al ser humano en todas sus dimensiones y relaciones: con uno mismo, con el mundo, con los hermanos y con Dios. Para la teolog铆a y el Magisterio de la Iglesia latinoamericana, la salvaci贸n se da en el proceso hist贸rico de liberaci贸n de todo lo que impide la promoci贸n y defensa de la vida. La salvaci贸n es, entonces, la realizaci贸n cada vez m谩s plena del ser humano en su historia personal, comunitaria, social y c贸smica, hasta alcanzar la plenitud en la metahistoria, la felicidad eterna.

2 La fe cristiana en Jes煤s Salvador

Desde sus inicios, la fe cristiana afirma que los deseos m谩s profundos del ser humano, ya sean los referidos a la vida en este mundo o los que apuntan a la vida despu茅s de la muerte, tienen su cumplimiento en Jesucristo, reconocido como el 煤nico Salvador de toda la humanidad. La soteriolog铆a (del griego soteria, salvaci贸n), disciplina teol贸gica que estudia el proceso de la salvaci贸n humana a trav茅s de Jesucristo, considera que, a lo largo del Nuevo Testamento, no hay preocupaci贸n por la afirmaci贸n del ser de Jes煤s (que solo ocurrir谩 con los concilios cristol贸gicos de los siglos IV al VIII), sino que el 茅nfasis siempre se da a la acci贸n salv铆fica de Jes煤s.

Es precisamente en el retorno a la acci贸n salv铆fica de Jes煤s de Nazaret como la teolog铆a actual lograr谩 escapar a las dos tesis problem谩ticas que obstaculizan el camino reflexivo actual: el exclusivismo y el relativismo (FELLER, 1995, p. 11-15). El exclusivismo descarta la posibilidad de la revelaci贸n y la salvaci贸n divina fuera del 谩mbito del cristianismo. Adem谩s del riesgo del imperialismo, del fanatismo y la intolerancia, actitudes que no son coherentes con el Evangelio de Cristo, esta tesis resulta insultante en relaci贸n con el amor de Dios, que 鈥渆s mayor que nuestro coraz贸n鈥 (1Jn 3,20) y que sobrepasa todo nuestro conocimiento y pretensi贸n de acapararlo. Tampoco da ninguna explicaci贸n de la ineficacia del cristianismo y el evangelio cristiano para la salvaci贸n de millones de personas. 驴Habr铆a usado Dios un instrumento hist贸ricamente inadecuado para llevar a cabo su voluntad de salvaci贸n universal? (SHORTER, 1986, p. 230-234). El relativismo, a su vez, considera que las religiones no son verdaderas ni falsas, porque no hacen declaraciones sobre la realidad, sino que usan met谩foras para describir un sentimiento personal o un compromiso. Adem谩s de exponer a las religiones al riesgo de banalizaci贸n y nivelaci贸n en la l铆nea de la mediocridad, esta tesis no respeta el diferencial de cada religi贸n. En el caso del cristianismo, no se puede negar que la fe cristiana en la divinidad de Cristo no es puramente subjetiva, po茅tica o metaf贸rica, sino que se basa en la actualidad hist贸rica (SHORTER, 1986, p. 234-237).

El cristianismo est谩 esencialmente ligado a una insuperable particularidad hist贸rica, que exige la necesidad de eliminar la pretensi贸n cristiana de la verdad absoluta, condensada en pronunciados rasgos imperialistas a lo largo de su historia. Pero es en esta particularidad donde la fe cristiana, desde el principio, ve la manifestaci贸n de la salvaci贸n en su car谩cter escatol贸gico, que requiere el esfuerzo de superar cualquier acomodaci贸n relativista. Para los cristianos, Jes煤s de Nazaret es una manifestaci贸n relativa (porque es hist贸rica) de un sentido absoluto (porque es divino) (SCHILLEBEECKX, 1997, p.179). Es en la particularidad hist贸rica de Jes煤s de Nazaret donde los cristianos deben apoyarse para confesar la acci贸n salv铆fica universal del Cristo de la fe. Citando la reflexi贸n de von Balthasar sobre Jes煤s como un 鈥渦niversal concreto鈥, M. Bordoni explica que se trata de una afirmaci贸n cristol贸gica que 鈥渟e basa en la conjunci贸n ontol贸gica entre Dios y el hombre, que es el gran acontecimiento de la historia que ning煤n pensamiento humano podr铆a imaginar: ‘ Cristo no es un individuo entre los dem谩s, porque es Dios en persona, sin iguales entre los dem谩s, ni es la norma como universal, porque es 煤nico ‘”(BORDONI, 1997, p. 77).

En consonancia con la perspectiva calcedoniana de la distinci贸n en la unidad entre lo humano y lo divino, lo hist贸rico y lo eterno, se cree que en la particularidad hist贸rica de Jes煤s de Nazaret se manifiesta y se cumple plenamente el 煤nico plan salv铆fico universal de Dios, el cual, a su vez, se expande e impulsa en las religiones y culturas de todos los pueblos. Esta perspectiva es coherente con las reflexiones cristol贸gicas modernas que parten de la historia para llegar al misterio, de lo particular para llegar a lo universal. La teolog铆a actual parte de la humanidad de Jes煤s de Nazaret para afirmar la divinidad y el mesianismo salvador del Cristo de la fe. As铆, siguiendo una cristolog铆a de abajo hacia arriba, partimos de la particularidad hist贸rica de Jes煤s de Nazaret y su predilecci贸n por los pobres, para percibir y definir en 茅l la revelaci贸n de la presencia y acci贸n salv铆fica de Dios Padre a favor de todo.

En este sentido, se encajan aqu铆 las cuatro trayectorias cristol贸gicas b谩sicas que, seg煤n Helmut Koester, se desarrollaron en los a帽os transcurridos entre la muerte de Jes煤s y la redacci贸n de los textos del Nuevo Testamento. Recordando a Jes煤s, sus ense帽anzas, elecciones, decisiones y enfrentamientos, las primeras comunidades cristianas elaboraron estas trayectorias, todas ellas con contenido soteriol贸gico, es decir, centradas en la acci贸n salv铆fica de Jes煤s: a) en una cristolog铆a de la parus铆a, centrada en el futuro, Jes煤s es el Hijo del hombre y el Se帽or por venir, el agente divino que pronto volver铆a en gloria para juzgar al mundo; b) en una cristolog铆a de la vida p煤blica, centrada en el presente de la comunidad, Jes煤s es el hombre divino, aprobado por Dios con milagros, prodigios y se帽ales que Dios hizo por medio de 茅l entre los seres humanos; c) en una cristolog铆a de la sabidur铆a, interesada en el origen de Cristo, 茅l es el maestro, el enviado de la sabidur铆a divina o incluso la sabidur铆a encarnada; d) en una cristolog铆a pascual, atenta al fin de la vida de Jes煤s y al comienzo de la comunidad cristiana, Jes煤s es el crucificado y el resucitado de entre los muertos (KOESTER, citado por GALVIN, 1997, p. 336-338).

A partir de estas trayectorias cristol贸gicas, previas a la redacci贸n de los textos del Nuevo Testamento, se desarrollar谩n, en el interior mismo del Nuevo Testamento y, despu茅s, a lo largo de la historia cristiana, diversos modelos o explicaciones soteriol贸gicas sobre la forma en que obra la gracia de Cristo en favor de nuestra salvaci贸n.聽 Cabe se帽alar que estas explicaciones se centran en uno o m谩s aspectos de la existencia de Cristo como salv铆fico, siendo los principales puntos de referencia la encarnaci贸n, la vida p煤blica, la muerte y la resurrecci贸n de Cristo, la recapitulaci贸n final (GALVIN, 1997, p. 359).聽 La soteriolog铆a pascual, aunque con 茅nfasis en la muerte m谩s que en la resurrecci贸n, ser谩 predominante. Por su mayor fidelidad al Jes煤s hist贸rico, mayor poder para construir la Iglesia, mayor aproximaci贸n a la realidad del sufrimiento humano, mayor capacidad para ofrecer una estructura vinculante para otros tipos soteriol贸gicos, ella funcionar谩 como factor unificador.

En los siguientes 铆tems veremos c贸mo estos enfoques fueron tomando nuevos matices y c贸mo se desarrollaron a lo largo de la historia de la fe cristiana.

3 Salvaci贸n mediante la Encarnaci贸n del Verbo Divino

El pensamiento gn贸stico-dualista no acept贸 la doctrina de la encarnaci贸n. Al postular dos principios metaf铆sicos absolutos, uno espiritual y celestial, que era fuente de bien, y el otro material y terrenal, que era una fuente de mal, vieron el mundo creado bajo una luz negativa. Para esta visi贸n negativa de la materia, lo divino, totalmente espiritual, no podr铆a habitar, y mucho menos asumir, el mundo material. En reacci贸n a este dualismo, los Padres de la Iglesia, apoyados en l铆neas generales en el Evangelio de Juan, afirmaron claramente que la Palabra de Dios realmente se hizo carne en el hombre de Nazaret. La fe en la encarnaci贸n es el fundamento de la pr谩ctica sacramental, mediante la cual las cosas creadas pueden mediar la presencia de Dios. Para Ireneo de Lyon (鈥 202) est谩 claro que, si el Verbo no se hizo realmente carne, no podr铆a ser crucificado, no podr铆a redimirnos con su sangre, no podr铆a entregarse a nosotros en el sacramento eucar铆stico de su cuerpo. y sangre. Para Agust铆n de Hipona (鈥 430) la encarnaci贸n es la expresi贸n definitiva del amor de Dios, que se rebaja para entrar en el mundo de manera personal y as铆 conseguirnos la salvaci贸n.

Vinculada a la encarnaci贸n est谩 la noci贸n de salvaci贸n a trav茅s de la educaci贸n o la iluminaci贸n (RYAN, 2020, p. 92-94). Esta noci贸n tuvo su apogeo con los Padres Apost贸licos y Apologistas a fines del siglo I y durante todo el siglo II. La Palabra de Dios se encarn贸 para transmitir la verdad sobre Dios y sobre nosotros mismos. Con sus ense帽anzas y ejemplos, 茅l es el maestro por excelencia, vino a sacarnos de la ignorancia, vino a traer luz a los que yac铆an en las tinieblas del error y el pecado. El cristianismo se ve como una nueva filosof铆a, una nueva forma de vida. Se trata, por tanto, de seguir sus ense帽anzas, de cumplir su palabra, de convertirse en su fiel disc铆pulo, de dejarse formar por este divino pedagogo. Este tema de la obra salvadora como educaci贸n o iluminaci贸n empez贸 a perder fuerza con la cr铆tica de Agust铆n a los pelagianos, que propon铆an la salvaci贸n practicando las ense帽anzas e imitando los ejemplos de Cristo. Para Agust铆n, en l铆nea con san Pablo en su cr铆tica a la confianza en la Ley, se necesitaba algo m谩s transformador, algo que nos liberara del poder del pecado del mundo y as铆 nos predispusiera a vivir seg煤n las ense帽anzas de Cristo.

Tambi茅n relacionado con la encarnaci贸n est谩 el tema de la divinizaci贸n o deificaci贸n (RYAN, 2020, p. 94-97). El Verbo se hizo hombre para que los humanos pudi茅ramos volvernos divinos. A trav茅s de la divinizaci贸n, que es m谩s que la justificaci贸n o el perd贸n de los pecados, el ser humano comparte la propia vida de Dios, vive en comuni贸n con 茅l, se convierte en hijo por adopci贸n. Es un intercambio maravilloso: Dios se disminuye para compartir la vida humana, con el fin de que podamos compartir la vida divina, que es incorruptible e inmortal. Esta deificaci贸n es posible, por tanto, no por un don natural del hombre, sino por la pura gracia divina, conseguida durante un largo proceso de asimilaci贸n a Cristo mediante el bautismo y la vivencia de los sacramentos.

La importancia de la soteriolog铆a basada en la encarnaci贸n de Jes煤s, con sus subteor铆as centradas en la educaci贸n y la divinizaci贸n, no disminuye el impacto de la centralidad de la muerte de Jes煤s como predominante en las explicaciones de la acci贸n salv铆fica a favor de la humanidad. En su gran explicaci贸n de la obra divina de la encarnaci贸n, as铆 lo expresa Atanasio de Alejandr铆a (鈥 373), se帽alando a la muerte salvadora del Se帽or:

Viendo a todos los hombres sujetos a la muerte, se compadeci贸 de nuestra raza y de nuestra debilidad; condescendi贸 con nuestra corrupci贸n y no soport贸 que la muerte nos dominara, para que la criatura no pereciera, ni la obra hecha por el Padre en beneficio de los hombres se volviera in煤til. Por eso, el Verbo tom贸 un cuerpo como el nuestro (…) y lo entreg贸 a la muerte, en beneficio de todos, present谩ndolo al Padre. Actu贸 as铆 por filantrop铆a. De esta manera, dado que todos en 茅l mueren, la sentencia de corrupci贸n pronunciada contra los hombres ser谩 abrogada, despu茅s de haber sido plenamente consumada en el cuerpo del Se帽or (ATANASIO, 2002, p. 134-135).

4 Salvaci贸n mediante el ministerio p煤blico del Enviado del Padre

Otra forma de presentar la salvaci贸n en Jesucristo se centra en su ministerio p煤blico, en particular la proclamaci贸n del Reino de Dios (RYAN, 2020, p. 55-59). En el discurso program谩tico al inicio de su ministerio (Lc 4,18-19), Jes煤s se presenta como enviado del Padre, diciendo a lo que ha venido: para llevar la buena nueva a los pobres, liberar a los presos, devolver la vista a los ciegos, proclama el a帽o de la gracia del Se帽or. A lo largo de su ministerio p煤blico, Jes煤s sana a los enfermos, echa fuera demonios, perdona a los pecadores, satisface el hambre de multitudes, llama a hombres sencillos y rudos a ser sus ap贸stoles, incluye mujeres en su grupo de seguidores, toma partido por los pobres y excluidos de la religi贸n y sociedad (FELLER, 1995, p. 55-74). En Jes煤s de Nazaret, Dios se hizo cercano y compa帽ero de los marginados y oprimidos de todo tipo. No vino 鈥減ara juzgar al mundo, sino para salvarlo鈥 (Jn 12, 47). Los excluidos de la vida religiosa y social eran los favoritos de Jes煤s, destinatarios del anuncio del Reino, elegidos como sujetos en la construcci贸n del nuevo Pueblo de Dios, camino privilegiado de la revelaci贸n de Dios a todos. En la opci贸n de Jes煤s por los pobres se descubre la voluntad divina para la salvaci贸n de todos.

El anuncio del Reino de Dios por Jes煤s indica que algo no est谩 bien en la historia humana: hay personas en situaci贸n de no salvaci贸n, hay poderes activos en la obra de la creaci贸n divina que se oponen a Dios, hay agentes humanos que, aunque creados por Dios y para Dios, act煤an en contra del ser y actuar de Dios. En el anuncio del Reino de Dios, que est谩 intr铆nsecamente ligado a su persona, Jes煤s est谩 indicando que Dios viene a salvar. Es cierto que 鈥渆l mensaje de Jes煤s se centr贸 en una futura venida de Dios para reinar, un tiempo en el que se manifestar铆a en toda su trascendente gloria y fuerza para reunir y salvar a su pueblo pecador pero arrepentido de Israel鈥 (MEIER, 1997, p. 91). Pero el Reino de Dios no solo ten铆a una dimensi贸n futura; ya estaba sucediendo, ya estaba presente en la persona misma, en las palabras y acciones salvadoras de Jes煤s, que

apunta al poder soberano de Dios, claramente revelado en los exorcismos (y en otras obras salvadoras) que 茅l realiza y que muestran plenamente que el Reino de Dios ya ha llegado, al menos para aquellos que han experimentado la poderosa manifestaci贸n de Dios en su propia vida. carne. derrotando al mal (MEIER, 1997, p. 256).

Para mayor claridad, podr铆amos decir que el Reino de Dios predicado por Jes煤s es la realizaci贸n de sue帽os divinos, transformados en sue帽os humanos, en tres grandes condiciones que expresan la realidad de la salvaci贸n. Tres condiciones, que no son mutuamente excluyentes, no son escalonadas, sino que se exigen mutuamente. Existe una condici贸n m铆nima, que se manifiesta en el cuidado de la vida f铆sica, en la salud y bienestar del cuerpo, en la posesi贸n de los bienes materiales necesarios para la integridad de la existencia: alimentaci贸n, hogar, salud, trabajo, seguridad, etc. Gran parte de la obra de Jes煤s se centr贸 en la soluci贸n-salvaci贸n de problemas f铆sicos y materiales: curaci贸n de enfermedades, multiplicaci贸n de los panes, exorcismos. De hecho, sin esta condici贸n m铆nima, el Reino de Dios no tiene fundamento, no tiene sustentaci贸n. 驴C贸mo ser feliz sin las condiciones m铆nimas para una vida digna? Pero esto no es suficiente. La felicidad humana apunta a una expresi贸n m谩s densa de salvaci贸n. Hay una condici贸n media, que se manifiesta en el cultivo del esp铆ritu, en el acceso a la educaci贸n, en la libertad de circulaci贸n y comunicaci贸n, en las expresiones art铆sticas, deportivas, culturales, en la promoci贸n de los derechos humanos, personales y sociales, en la construcci贸n de ciudadan铆a, en organizaci贸n democr谩tica, seguridad y paz. Aqu铆 tambi茅n vemos la predicaci贸n y la acci贸n de Jes煤s: las bienaventuranzas, el mandamiento de amar al pr贸jimo, las par谩bolas, la acogida y el perd贸n de los pecadores, la vida de oraci贸n. De hecho, 驴de qu茅 sirve comer si no hay tranquilidad y paz, si no hay comuni贸n? Pero la posesi贸n de bienes materiales y espirituales es todav铆a poco para la felicidad humana. El ser humano tiene en s铆 mismo el deseo de lo absoluto, de la salvaci贸n eterna, un vac铆o que s贸lo se llenar谩 en el encuentro definitivo con Dios. Existe, por tanto, una condici贸n m谩xima y final para la realizaci贸n del Reino de Dios, que Jes煤s se帽al贸 sin ambig眉edades: la resurrecci贸n final, la posesi贸n de los bienes eternos, la vida eterna, la feliz convivencia en el cielo.

El Reino de Dios es el mismo Jes煤s, en su forma de ser y de actuar. 脡l es el mediador supremo de la felicidad humana, de las salvaciones hist贸ricas y la salvaci贸n eterna. Es el Reino de Dios entre nosotros (Lc 17,21). En su persona y en su praxis se anunci贸 e inici贸 el Reino, se cumpli贸 la salvaci贸n, aunque en forma embrionaria, a favor de los 煤ltimos y, a partir de ellos, a favor de todos.

5 Salvaci贸n mediante la muerte y resurrecci贸n del Redentor

Jes煤s no muri贸 por casualidad, enfermedad o accidente. Aunque la comunidad cristiana dir谩 que su cruz se explica por los designios de la presciencia de Dios (Hch 2,23; 4,28), es necesario considerar los factores hist贸ricos. Jes煤s fue condenado a muerte por el anuncio del Reino de Dios, que tambi茅n implicaba el anuncio de otra imagen de Dios. Ya sea la proclamaci贸n del Reino de inclusi贸n e igualdad, de perd贸n y libertad, o la proclamaci贸n de Dios como Padre de ternura, compasi贸n y misericordia, esto molest贸 a los l铆deres religiosos.

Desde el inicio de su ministerio p煤blico y a lo largo de su misi贸n de anunciar el Reino y denunciar las pr谩cticas id贸latras anti-reino propagadas por los l铆deres religiosos, Jes煤s fue perseguido. Se hizo cada vez m谩s claro, para Jes煤s, la percepci贸n de que la realizaci贸n de la voluntad del Padre tendr铆a que implicar la entrega de su vida. Aunque los evangelios reflejan la interpretaci贸n de las comunidades cristianas, hay evidencia s贸lida de que el Jes煤s terrenal revel贸 ser consciente del significado salvador de su muerte (RYAN, 2020, p. 60-64). Esto es lo que se puede ver en la indicaci贸n de que no vino para ser servido sino para servir (Mc 10,45), en los anuncios de la pasi贸n (Mc 8,31; 9,31; 10,32-34), en los relatos de la instituci贸n de la Eucarist铆a, en los que manifiesta la confianza de que su muerte servir谩 para la restauraci贸n de Israel y la renovaci贸n de la alianza divina (Mt 26,26-30; Mc 14,22-26; Lc 22,14-20), y en la oraci贸n en Getseman铆, en la que entrega su vida al que llam贸 Abba (Mt 26,36-45; Mc 14,32-42; Lc 22,39-46). El mismo Jes煤s, y no solo la comunidad cristiana, debe haber le铆do su muerte a la luz de los textos prof茅ticos: el martirio de un jud铆o fiel pod铆a expiar los pecados del pueblo (2Mc 7, 37-38), el suplicio del siervo sufridor ejerce el papel de sufrimiento vicario en el plan de Dios (Is 52,13鈥53,12). La confesi贸n de fe de los primeros cristianos de que la muerte de Jes煤s ten铆a poder salvador (1 Ts 5:10; Rm 4,25; 1Cor 15,3) se bas贸 ciertamente en las actitudes y palabras del mismo Jes煤s.

5.1 La muerte como ofrenda de sacrificio

Vinculada a la muerte, la idea del sacrificio fue muy 煤til para que los Santos Padres explicaran c贸mo se produce la salvaci贸n de la humanidad a trav茅s de Jesucristo (RYAN, 2020, p. 97-100). Clemente de Roma ense帽贸 que la sangre de Cristo era preciosa para el Padre, ya que fue derramada para la expiaci贸n del pecado humano y trajo la gracia del arrepentimiento. Atanasio ense帽贸 que Jes煤s, ofreci茅ndose a s铆 mismo como sacrificio sin tacha, se entreg贸 a la muerte en lugar de todos los seres humanos, para ajustar cuentas con la muerte y liberarlos de las consecuencias de la primera transgresi贸n. Seg煤n Ambrosio, por su propia ofrenda, Jes煤s redimi贸 la carne humana, que estaba sujeta al pecado. Juan Cris贸stomo, en sus homil铆as sobre la Carta a los Hebreos, se refiere a la muerte de Cristo como un sacrificio de propiciaci贸n para comprar el fin de la ira de Dios. De otra manera, Agust铆n afirma que el sacrificio de Cristo no fue para apaciguar la ira de un Dios furioso, sino una consecuencia de su encarnaci贸n, que implic贸 la manifestaci贸n de su plena solidaridad, hasta la muerte de cruz, con la humanidad herida y perdida.

Como sacrificio de Cristo, la comunidad cristiana tambi茅n se ofrece en sacrificio en la Eucarist铆a, a trav茅s del sumo sacerdote Jesucristo, que se ofreci贸 a Dios en su pasi贸n por nosotros, en forma de siervo, para que pudi茅ramos participar de su cabeza gloriosa y, as铆, practicar las buenas obras que son el verdadero sacrificio para ofrecer a Dios.

5.2 La muerte como expiaci贸n por los pecados

Como 煤nico, verdadero, sumo y eterno sacerdote, Cristo se ofrece a s铆 mismo como v铆ctima pascual. As铆, supera la instituci贸n cultual del Antiguo Testamento, ligada al Templo y los sacrificios, indicando que, como la Ley, tampoco el culto salva. El 煤nico acto salv铆fico para asegurar, de una vez por todas (Hb 7,27; 9,12.26.28; 10,10), el perd贸n de los pecados y la comuni贸n con Dios es la muerte en sacrificio de Jes煤s, que vino a servir y a dar. su vida por nosotros (Mt 20,28), para derramar su sangre y purificarnos del pecado (1 Jn 1, 7), para rescatarnos a todos del poder del mal (1Tm 2: 6). En lugar de una acci贸n sagrada realizada en el recinto del Templo y con rituales precisos (Lv 1-15) que mediar铆an el deseo humano de expiaci贸n (Hb 9,1-10), el sacrificio de Jes煤s tiene lugar fuera del Templo y de la ciudad santa, como el asesinato de un malhechor (Hb 13,12). Este es el verdadero culto a Dios, que responde plenamente a los anhelos de expiaci贸n, ya que abre el camino al descanso divino y la herencia eterna. El gran ritual de expiaci贸n, que ten铆a como objetivo liberar a Israel de sus pecados y restaurar la alianza del pueblo con Dios (Lv 16), se realiza definitivamente en Jesucristo, quien carg贸 con el pecado del mundo y lo expi贸 con su propia sangre (Hb 9, 6-14). La pr谩ctica sacrificial de animales es reemplazada por la ofrenda de un solo mediador entre Dios y los seres humanos (Hb 9,1-15), el 煤nico santuario, el 煤nico sacerdote, el 煤nico sacrificio realmente agradable a Dios, no el sacrificio simb贸lico celebrado con ritos religiosos, sino el verdadero sacrificio de toda una vida en favor de los hermanos. Con su muerte en sacrificio en la cruz, Cristo vence todos los ritos y sacrificios del antiguo pacto (Hb 10, 1-10). 鈥淎s铆 suprime lo primero para establecer lo segundo鈥 (Hb 10, 9). Por tanto, la ciudad nueva, la Iglesia, el cielo, no necesita santuario, 鈥減orque su santuario es el Se帽or mismo, Dios Todopoderoso y el Cordero鈥 (Ap 21, 22).

De ah铆 la invitaci贸n a los cristianos a superar la negligencia (Hb 2,1), la incredulidad (Hb 3,12-13), la inmadurez espiritual (Hb 5,11-12) y a salir del recinto sagrado (Hb 13,13) para entrar en contacto con el mundo donde se encuentra el Cristo humillado, que no se averg眉enza de ser nuestro hermano (Hb 2,11) y sigue cargando su cruz entre los pobres. As铆, los fieles alcanzan la salvaci贸n asemej谩ndose a Jes煤s, en la pr谩ctica del amor al pr贸jimo, en el amor hasta el final, hasta la entrega de la propia vida.

5.3 La muerte como pago de rescate del cautiverio

Adem谩s de la idea de sacrificio, los Santos Padres tambi茅n utilizaron la noci贸n de rescate para presentar su explicaci贸n soteriol贸gica. Utilizando el pasaje de Mc 10,45 (鈥渆l Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos鈥), algunos Padres de la Iglesia ense帽an que, con su muerte y resurrecci贸n, Jes煤s triunfa sobre el mal y rescata a la humanidad que estaba cautiva, bajo el poder del diablo. Gregorio de Niza afirma que la humanidad, con el pecado, se hab铆a vendido a Satan谩s, quien lleg贸 a tener derecho sobre nosotros. Por tanto, por una cuesti贸n de justicia, Dios necesitaba darle al diablo, se帽or de la humanidad, la oportunidad de pedir lo que quisiese como precio por el rescate de los seres humanos. El diablo pidi贸 lo que era m谩s valioso que la raza humana: la sangre del Nazareno, nacido de una virgen y hacedor de tantos milagros. Pero se enga帽贸 porque no hab铆a visto a la divinidad escondida dentro de la humanidad del Se帽or. Al resucitar de entre los muertos, Jes煤s enga帽a al diablo y lo vence, y, uniendo a toda la raza humana a su cuerpo, los rescata del cautiverio diab贸lico. Para Agust铆n, el diablo adquiri贸 derechos sobre la humanidad a trav茅s del pecado de los primeros padres. Por un acto de justicia y no de poder, Dios libera al g茅nero humano con la humildad de Cristo en la encarnaci贸n, cuando no solo se asemeja a nosotros, sino que, aunque inocente, tambi茅n asume nuestro sufrimiento. Al matar a un hombre inocente, el diablo perdi贸 sus derechos sobre la humanidad.

Sin embargo, esta idea de rescate no fue asimilada por todos. Gregorio de Nazianzo considera un ultraje espantoso imaginar que la sangre de Cristo fue el pago dado al diablo por la liberaci贸n del hombre; De manera diferente, entendi贸 que el Padre acept贸 la ofrenda gratuita de Cristo no a petici贸n del diablo, sino porque, en la econom铆a de la salvaci贸n, la humanidad deb铆a ser santificada por la humanidad de Dios, para que 茅l pudiera librarnos venciendo el poder del tirano y llevarnos hasta 茅l por la mediaci贸n del Hijo.

5.4 La muerte como prestaci贸n de satisfacci贸n a Dios

Con Anselmo da Canterbury, tenemos la transici贸n del uso de im谩genes o met谩foras a la elaboraci贸n de una teor铆a soteriol贸gica de la satisfacci贸n (RYAN, 2020, p. 109-121). 脡l quiere ofrecer una elucidaci贸n racional de los misterios de la fe y responder a los pensadores jud铆os que encontraron la idea de la encarnaci贸n ofensiva para la dignidad e impasibilidad de Dios. De ah铆 el t铆tulo de su obra principal: Cur Deus homo? (驴Por qu茅 Dios se hizo hombre?). Su argumento soteriol贸gico se contextualiza en el per铆odo feudal, en el que el sometimiento a la voluntad de la autoridad superior era fundamental para el mantenimiento del orden social y, por tanto, en caso de ofensa a la autoridad, se encontraba la satisfacci贸n correspondiente al estatus social del ofendido. Se sit煤a en el contexto del sistema penitencial, en el que se prescrib铆an penitencias por pecados espec铆ficos con vistas a la satisfacci贸n de la reparaci贸n de los pecados. La satisfacci贸n ofrecida por el ofensor a la autoridad y por el pecador a Dios se convirti贸 en una analog铆a natural para explicar el sacrificio de Cristo por la redenci贸n de la humanidad.

Anselmo presupone la creencia cristiana de que Dios cre贸 a la humanidad para la felicidad eterna, lo que requiere la completa sumisi贸n de la voluntad humana a los planes divinos. Al pecar, todos rechazaron esta sumisi贸n, deshonrando a Dios y, en consecuencia, perturbando el orden del universo. La superaci贸n del pecado, por lo tanto, implica la restauraci贸n del honor divino y la restauraci贸n de la armon铆a del universo. Para ello hay dos caminos, el castigo divino o el dar satisfacci贸n a Dios. El castigo es una idea inconcebible, ya que contradice el deseo divino de que todos alcancen la bienaventuranza eterna. La provisi贸n de satisfacci贸n por parte del ser humano es imposible, ya que siendo infinita la dignidad de Dios, la ofensa contra 茅l tambi茅n es infinita y, por tanto, la humanidad es incapaz de cubrir la distancia entre el pecado cometido y el honor ofendido.

Por justicia y por respeto a la libertad y responsabilidad humanas, Dios no puede ignorar la ofensa y, por tanto, la exigencia de satisfacci贸n. Por misericordia, Dios quiere llevar a cabo su plan de tener a todos con 茅l en la felicidad eterna. La salida del impasse se encuentra en la encarnaci贸n de Dios. La prestaci贸n de la satisfacci贸n ser谩 hecha por alguien que es al mismo tiempo perfecto Dios y perfecto hombre. La deuda la paga uno de la raza humana que, siendo Dios, se presenta como una ofrenda correspondiente al status divino de aquel cuyo honor ha sido ofendido. Dado que la muerte es efecto del pecado, el Hijo eterno de Dios no necesitaba morir, sino que deseaba entregarse libremente a la muerte para satisfacer el honor divino; por este acto extremo de libertad personal y obediencia al Padre, su auto-ofrenda tiene un valor infinito, mayor que todo el pecado de la humanidad. Su muerte da la debida satisfacci贸n a Dios y trae consigo la redenci贸n de toda la raza humana.

Con ligeros matices de diferencia, Aquino abraza la teor铆a de la satisfacci贸n, al tiempo que considera que

Sufriendo por amor y obediencia, Cristo ofreci贸 a Dios m谩s de lo que exig铆a la compensaci贸n por todas las ofensas de la humanidad. (…) Por tanto, la pasi贸n de Cristo fue una satisfacci贸n por los pecados humanos no solo suficiente, sino sobreabundante (TOM脕S DE AQUINO, 2002, p. 693)

Estas explicaciones de la salvaci贸n a trav茅s de la muerte (sacrificio, expiaci贸n, rescate, satisfacci贸n) siempre se correlacionan con la resurrecci贸n. Si Cristo no hubiera resucitado, su muerte no tendr铆a poder salvador. El primer efecto salvador de la muerte y resurrecci贸n del Se帽or se manifest贸 en los disc铆pulos. La experiencia pascual del encuentro con Cristo resucitado hizo que los disc铆pulos vivieran tambi茅n su particular Pascua: de asustados y encerrados en casa, se volvieron valientes y atrevidos al anunciar la resurrecci贸n del Se帽or. Comenzaron a profesar la inauguraci贸n, aunque provisional, del Reino de Dios predicado por Jes煤s. La muerte del maestro fue aceptada por el Padre, que se veng贸 de los amos y asesinos, liberando a la v铆ctima del poder de la muerte y d谩ndole una nueva forma de vida. Por lo tanto, la resurrecci贸n de Jes煤s revela el significado universal de la persona, el mensaje y la obra salvadora de Jes煤s.

Como no es posible entender el ministerio p煤blico del anuncio del Reino sin el destino de muerte, tampoco es posible separar la muerte de la resurrecci贸n. Una interpretaci贸n soteriol贸gica de la muerte y resurrecci贸n de Jes煤s surgi贸 muy temprano en la comunidad, como dos eventos que se explican entre s铆: en Jes煤s no hay muerte sin resurrecci贸n, no hay resurrecci贸n sin muerte. Su muerte se ve no solo como un evento hist贸rico, sino como un evento salvador: muri贸 por nuestros pecados, como parte integrante de la voluntad salv铆fica de Dios. Su resurrecci贸n, en relaci贸n con la muerte, se considera intr铆nseca a la revelaci贸n del designio salv铆fico de Dios.

6 Salvaci贸n mediante la recapitulaci贸n de Cristo Cabeza

La renovaci贸n de la humanidad y del mundo es uno de los conceptos soteriol贸gicos centrales del Nuevo Testamento. Los primeros cristianos estaban convencidos de que en Cristo la humanidad y la historia ten铆an un nuevo comienzo. En el himno cristol贸gico de la Carta a los Efesios (3, 1-10), Pablo bendice a Dios porque en Cristo se recapitulan todas las cosas. Esta doctrina se basa b铆blicamente en la ense帽anza paulina del nuevo Ad谩n (Rm 5, 12-21; 1Cor 15, 20-28. 45-49), que supera en gracia y salvaci贸n los efectos nocivos del pecado del primer Ad谩n.

Ireneo de Lyon desarroll贸 especialmente la doctrina de la recapitulaci贸n. (RYAN, 2020, p. 90-92). Contra el pensamiento gn贸stico, la recapitulaci贸n lleva la intenci贸n de unir creaci贸n y redenci贸n: la acci贸n salv铆fica de Dios en Cristo comienza con la creaci贸n, contin煤a con la redenci贸n y se realiza plenamente en la recapitulaci贸n. Seg煤n Ireneo, cuando el Verbo divino se hizo carne, uni贸 a toda la humanidad, santific贸 todas las etapas de la vida humana y as铆 inaugur贸 una raza redimida. Como cabeza de la Iglesia y de la humanidad, con su obediencia rompi贸 los lazos que nos ataban a la desobediencia y reorient贸 todas las cosas hacia 茅l. Ahora, todos los seres humanos, e incluso todas las cosas, est谩n orientadas hacia Cristo, encuentran su sentido en Cristo, han sido recapituladas, encabezadas en Cristo (IRINEU, 1995, p 349-351). Por su obediencia, Cristo devuelve a la humanidad la semejanza divina que se hab铆a perdido por la desobediencia, incorporando en s铆 toda la historia humana. Si la desobediencia del primer Ad谩n fue de alcance universal, la obediencia del nuevo Ad谩n tiene un alcance a煤n mayor y abarca a todos, convirti茅ndose en el punto m谩s alto de la historia humana. Complet贸 todo el camino de la historia, asumiendo la condici贸n humana en todas sus dimensiones, pero sin contaminarla con el pecado (Hb 4, 15). Aunque no hab铆a pecado en 茅l (1 Jn 3,5; 1 Pd 2,22), se hizo pecado por nosotros para que fu茅ramos justificados (2 Cor 5,21). As铆, Jesucristo imprime en la humanidad su victoria sobre el mal, el pecado y la muerte.

Esta perspectiva de la salvaci贸n por recapitulaci贸n, que, teniendo sus or铆genes en el Oriente cristiano, transcurri贸 clandestinamente en la teolog铆a y espiritualidad occidental, es retomada en los tiempos modernos por un gran n煤mero de te贸logos. Fue adoptado en sus l铆neas generales por Gaudium et Spes, donde obtuvo car谩cter oficial en un documento conciliar. Se refleja, por ejemplo, en los cuatro cap铆tulos de la parte doctrinal del documento. De hecho, casi como una luz al final del t煤nel, que ilumina el camino recorrido anteriormente, Cristo, el Hombre Nuevo (GS 22), ilumina la doctrina sobre la dignidad de la persona humana (GS 12-21); el Verbo Encarnado (GS 32) dilucida la doctrina sobre la comunidad humana (GS 23-31); el Cristo que recapitula el cielo nuevo y la tierra nueva (GS 39) explica el significado de la actividad humana en el mundo (GS 33-38); el Cristo, alfa y omega (GS 45), interpreta el papel de la Iglesia en el mundo (GS 40-44). La perspectiva de la recapitulaci贸n ve el significado de la encarnaci贸n de Cristo no solo en la liberaci贸n del mal, sino sobre todo en la perfecci贸n del bien que est谩 presente en toda la creaci贸n. Incluyendo evidentemente la redenci贸n como liberaci贸n del mal, la perspectiva de recapitular todo en Cristo es m谩s amplia, m谩s optimista, ofrece un mayor aliento m铆stico para una teolog铆a que dialoga con otras iglesias, religiones y culturas, y est谩 atenta a los grandes desaf铆os de la historia.

7 El anuncio de la salvaci贸n en Cristo en el contexto actual

Al anunciar la salvaci贸n en Cristo en el contexto actual de pobreza creciente, de desmantelamiento de la democracia y las pol铆ticas p煤blicas, de pluralismo religioso y del uso abusivo de la religi贸n para manipular las conciencias para justificar la violencia, la corrupci贸n, el asesinato de inocentes, es necesario tomar en cuenta el presupuesto b谩sico de la unicidad de Jes煤s en el contexto de sus relaciones (TAVARES, 2004, p. 515-147), es decir, el regreso al ser humano de Jes煤s de Nazaret (TORRES QUEIRUGA, 1999, p. 305-310), a la humanidad de Jes煤s como camino para nuestra realizaci贸n personal y para la construcci贸n de un mundo nuevo. Esta concreci贸n hist贸rica es, de hecho, alguien situado en el tiempo y el espacio, un hombre de conflictos, con causas y opciones bien definidas, con relaciones diferenciadas con los pobres y los poderosos, con crisis, renuncias y enigmas[1], con pr谩cticas provocativas que lo llevaron a ser condenado a muerte. S贸lo desde la humanidad de Jes煤s tendr谩 sentido afirmar el “misterio de la gracia” del cristianismo, “el punto esencial donde el cristianismo se diferencia de otras religiones”, porque es en el hombre de Nazaret donde se revela la venida de Dios, donde se cumple 鈥渆l anhelo presente en todas las religiones de la humanidad鈥; en 茅l 鈥渆l hombre (vivens homo) es la epifan铆a de la gloria de Dios, llamado a vivir en la plenitud de la vida en Dios鈥 (JO脙O PAULO II, 1994, p. 11-12).

A partir del retorno a la humanidad hist贸rica de Jes煤s se comprende mejor la relaci贸n entre la salvaci贸n cristiana y la opci贸n por los pobres (FELLER, 2005, p. 56-78). Es necesario asumir la humanidad de Jes煤s en lo que se revel贸 de m谩s dram谩tica, hasta el punto de que sea posible afirmar que este hombre es Dios y, por tanto, el salvador de la humanidad. El Dios del judeocristianismo es un Dios que busca al ser humano, que viene al encuentro de cada ser humano y de la humanidad en general. Hasta el punto de convertirse en uno de los nuestros. La fe cristiana confiesa que, para conocerla, el ser humano necesita la ayuda especial de una revelaci贸n. No fue con la sabidur铆a del mundo, con el poder del dinero y el poder del mando que el cristianismo logr贸 llegar a todos los pueblos. Tampoco hoy, no ser谩 con la fuerza de la raz贸n, de la ley, del triunfo, que siempre albergan pretensiones de exclusividad, como el cristianismo lograr谩 proponer la salvaci贸n de Cristo a los pobres, a los miembros de otras religiones, a la sociedad secular. Pero, s铆, desde la peque帽ez, la pobreza y el martirio. Estas actitudes nos recuerdan que 鈥渆l servicio de la misi贸n es la alegr铆a de una Iglesia que anuncia al ser humano de hoy que es hijo de Dios en Cristo, comprometido con la liberaci贸n de todo hombre y de todos los hombres鈥. (MARADIAGA, 2004, p. 57).

La teolog铆a de la liberaci贸n, inspirada en la historia centenaria de la caridad cristiana, en las acciones pastorales de las comunidades eclesiales de base y en las ense帽anzas del episcopado latinoamericano, centr贸 su reflexi贸n en la opci贸n por los pobres. As铆, sistematiz贸 el mensaje del cristianismo en torno al lugar central que ocupan los pobres, preferidos del mensaje y la pr谩ctica de Jes煤s de Nazaret. El mensaje de salvaci贸n en Jesucristo tambi茅n se comprende a trav茅s de la opci贸n por los pobres. La centralidad de los pobres como destinatarios y, a partir de entonces, tambi茅n sujetos del Reino de Dios, se convierte en clave para comprender la amplitud de ese mismo Reino, en pro de la inclusi贸n, en 茅l, de personas de todos los pueblos, culturas y culturas. religiones (AQUINO J脷NIOR, 2004, p. 515-554). Para comprender esta centralidad, vale la pena citar al ex茅geta alem谩n J. Jerem铆as:

Al constatar que Jes煤s proclam贸 el amanecer de la consumaci贸n del mundo, a煤n no hemos descrito completamente su predicaci贸n de la basilea. Al contrario, todav铆a no hemos mencionado el rasgo esencial (…) el ofrecimiento de salvaci贸n que Jes煤s hace a los pobres (…). El Reino pertenece 煤nicamente a los pobres. (JEREMIAS apud SOBRINO, 1994, p. 124)

Los pobres son, de hecho, los primeros y 煤nicos destinatarios del mensaje de Jes煤s, ungido por el Esp铆ritu 鈥減ara anunciar la Buena Nueva a los pobres鈥 (Lc 4,18). Una se帽al de que Jes煤s es el Mes铆as es: 鈥渁 los pobres se anuncia la Buena Nueva (Lc 7,22; Mt 11,5). La primera bienaventuranza de Jes煤s es: 鈥淏ienaventurados vosotros los pobres, porque vuestro es el Reino de Dios鈥 (Lc 6,20).

Desde esta centralidad de los pobres para la comprensi贸n y pr谩ctica del Reino de Dios, es necesario comprender la parcialidad del propio Reino de Dios (SOBRINO, 1994, p. 128-131). Como realidad escatol贸gica, el plan salv铆fico de Dios para la humanidad y toda la creaci贸n, el Reino es universal, abierto a todas las personas y todos los pueblos. Revelado al pueblo jud铆o, el Reino se abri贸 entonces a todas las naciones, a toda criatura (Mc 16,15). Esta apertura tuvo lugar, sin embargo, a trav茅s de la mediaci贸n de los pobres. No fueron los l铆deres religiosos y pol铆ticos los que aceptaron y propagaron el movimiento de Jes煤s. Por el contrario, si hubiera sido por ellos, el Reino de Dios habr铆a sido sofocado como su predicador fue rechazado y asesinado. Si el Reino de Dios ha continuado en la historia, su apertura a los pueblos, con posibilidad de inserci贸n en todas las culturas y di谩logo con todas las religiones, se debe, en t茅rminos de acci贸n humana, a los pobres de Israel. De la parcialidad a favor de los pobres, el Reino se abri贸 a todos los pueblos (AQUINO J脷NIOR, 2004, p. 518; FRAIJO, 2002).

Esta totalidad, por tanto, no se entender谩 propiamente fuera de la parcialidad de los pobres, porque en ellos, como en el siervo sufriente Jes煤s de Nazaret, Dios sigue revel谩ndose a nosotros.

En estos pobres aparece el rostro de Dios, la divinidad escarnecida. Que los seres humanos podamos ver algo de Dios en ellos no es programable, pero sucede. Algunos solo parecen expresar el no tener figura humana, no atesorar su condici贸n divina, que les viene con la creaci贸n. Estos pobres, como el Hijo amado, hacen a Dios presente, silencioso y oculto, pero en 煤ltima instancia Dios. (SOBRINO, 2000, p. 290)

聽Ya en el Antiguo Testamento, Yahv茅 se hab铆a revelado como el Dios de un pueblo oprimido. Esta parcialidad no solo no se niega, sino que se corrobora en el Nuevo Testamento. Encontramos en la Escritura una serie de preferencias de Dios, que revela su parcialidad a favor de unos, precisamente al revelar su oposici贸n a otros.

Esta parcialidad es una mediaci贸n esencial de su propia revelaci贸n. Dios no se revela, primero, como 茅l es, y luego se muestra parcial hacia los oprimidos. Es m谩s bien en y a trav茅s de su parcialidad hacia los oprimidos como Dios revela su propia realidad. (SOBRINO, 1994, p. 129)

Dios revela su ser, qui茅n es y c贸mo es, a trav茅s de sus acciones. Si su acci贸n se centra en la liberaci贸n de los pobres, entonces hay que concluir que el ser de Dios est谩 marcado por la sencillez y la pobreza. Si 鈥淒ios es Amor鈥 (1 Jn 4,16), en su comuni贸n de amor no hay lugar para el orgullo y la arrogancia.

Vivida en Dios, la historia humana se convierte en un solo camino, un solo devenir humano, asumido irreversiblemente por Cristo, cuya obra salv铆fica comienza a abarcar todas las dimensiones de la existencia humana, pero siempre desde las situaciones en las que la vida es m谩s fr谩gil. Por eso,

las mediaciones hist贸ricas y pol铆ticas actuales, valoradas por s铆 mismas, cambian la experiencia y la reflexi贸n sobre el misterio oculto todo el tiempo y ahora revelado, sobre el amor del Padre y la fraternidad humana, sobre la salvaci贸n que obra en el tiempo y da su unidad profunda a la historia humana (GUTIERREZ, 1981, p. 96)

Dios mismo, que se revela en la historia de los pobres de Nazaret en particular y de los pobres en general, quiere que los acontecimientos de la historia sean signos de su presencia salv铆fica y mediaciones para el encuentro con 茅l.

Esta elecci贸n del mismo Dios nos hace ver que es abajo donde no solo est谩n los deseos de libertad, sino tambi茅n las pr谩cticas de liberaci贸n, vividas en la comuni贸n y en el di谩logo entre las personas y los pueblos.

La comuni贸n con los dem谩s, esta igualdad que Cristo quiere que vivamos, se descubre por la carne y no por el esp铆ritu. Es a trav茅s de la carne como Cristo es nuestro hermano, nuestro consangu铆neo, igual a nosotros. Y esta fraternidad, la podemos descubrir en el nivel m谩s bajo, en el nivel 铆nfimo. Mientras haya alguien m谩s abajo que nosotros, mientras haya una cuota de 鈥減rofundidad鈥 que no hayamos alcanzado, esto significa que no realizamos toda la fraternidad. (PAOLI, 1983, p. 16)

En el esfuerzo por proclamar la salvaci贸n universal en Jesucristo, no se puede menospreciar la memoria y la pr谩ctica de la fe de los pobres que, incluso en su pobreza y debilidad, subvierten el orden del mundo para crear un nuevo orden cultural y religioso (GUTIERREZ , 1981, p. 78-85; 133-139; 245-313; SCANNONE, 1976, p. 217-252), para so帽ar con la globalizaci贸n de la solidaridad, para garantizar en el horizonte de la historia que otro mundo es posible. En el mismo esp铆ritu de seguimiento de Jes煤s y de la opci贸n por los pobres, como criterios b谩sicos para verificar la salvaci贸n universal y eterna, se entiende el dec谩logo, tambi茅n propuesto por el CELAM (2003, p. 213-229), para vivir en este mundo globalizado. la experiencia de la acci贸n salv铆fica de Dios en nuestra historia: descubrir un ethos com煤n, una fuerza que une moralmente a personas y grupos, en medio del relativismo 茅tico o de la ausencia total de la 茅tica; apostar por la caridad, expresada en una opci贸n real por los pobres frente a la exclusi贸n; reconstruir el tejido social, a partir de la importancia de la familia y la comunidad pol铆tica; promover una cultura de acogida, hospitalidad y gratuidad; dialogar con las ciencias, culturas y religiones, buscando y valorando un horizonte de crecimiento mutuo; democratizar la comunicaci贸n, especialmente en lo que respecta al intercambio de sentido; fortalecer la globalizaci贸n desde abajo, destacando y ofreciendo alternativas para promover y defender la vida de los excluidos; acompa帽ar las iniciativas de integraci贸n entre los pa铆ses pobres, con miras a un destino mundial com煤n; replanificar la educaci贸n, como apuesta por las nuevas generaciones; promover un nuevo modelo de desarrollo social y ecol贸gicamente sostenible. En todo esto se expresan salvaciones hist贸ricas que son, a su vez, signos de salvaci贸n escatol贸gica.

Conclusi贸n

El ser humano nunca est谩 contento con lo que es o con lo que tiene. Siempre busca algo m谩s. Quiere deshacerse de situaciones insoportables, luchar por una vida m谩s confortable. Desde Medell铆n, la teolog铆a latinoamericana ha entendido que la salvaci贸n cristiana engloba todos estos sue帽os humanos y apunta a su plena realizaci贸n en la eternidad. Dios est谩 activamente presente en la historia y hace que las luchas humanas por la liberaci贸n social, pol铆tica y econ贸mica tengan significado teol贸gico. La salvaci贸n eterna pasa por liberaciones hist贸ricas, aunque no se reduzca a ellas.

Desde el comienzo del cristianismo, como puede verse en los escritos del Nuevo Testamento, Jes煤s es designado como el salvador de la humanidad. La salvaci贸n en Jesucristo constituye el n煤cleo de la fe cristiana. Ya en el Nuevo Testamento y, a partir de entonces, en las teolog铆as de estos veinte siglos, aparecieron varias im谩genes soteriol贸gicas que intentaban explicar c贸mo se produce la salvaci贸n de la humanidad en Cristo. Con un enfoque en la encarnaci贸n del Verbo eterno, se apunta a la educaci贸n o iluminaci贸n de sus fieles y a su divinizaci贸n. El ministerio p煤blico de Jes煤s y su anuncio del Reino, aunque poco reflejado en estos dos milenios, ha sido pensado en los 煤ltimos tiempos como un lugar expl铆cito de la obra salv铆fica de Jes煤s. La muerte redentora, vista como sacrificio, rescate, satisfacci贸n, gan贸 tanto 茅nfasis en la explicaci贸n de la acci贸n salv铆fica de Cristo que, aunque siempre fue recordada, en realidad permaneci贸 en la sombra, como ligada a la muerte, sirviendo como su sentido 煤ltimo. La recapitulaci贸n, que tuvo un gran impacto en los dos primeros milenios, vuelve a estar presente en la teolog铆a actual, ganando terreno en la teolog铆a del Concilio Vaticano II.

La teolog铆a latinoamericana, con su centralidad en la opci贸n por los pobres, anuncia que la salvaci贸n universal y eterna tiene como punto de partida la concreci贸n hist贸rica de Jes煤s de Nazaret, en sus palabras y acciones liberadoras a favor de las multitudes marginadas. A partir de la parcialidad de los pobres, la salvaci贸n llega a todos los pueblos. Desde la historicidad de los gestos liberadores de Jes煤s, de la Iglesia y de los pobres, se apunta a la salvaci贸n eterna.

Vitor Galdino Feller. ITESC/FACASC. Texto original en protugu茅s. Recibido:聽 22/05/2021. Aprobado:聽 30/10/2021. Publicado: 24/12/2021.

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[1] Al preguntarse sobre 鈥溌縬u茅 es un falso dios, sino aquel que nos remite a nuestras ideas m铆ticas todopoderosas y portentosas, totalmente transparentes?鈥, A. Gesch茅 se refiere a Cristo como aquel que 鈥渘o quiso vaciar sus propios enigmas鈥. 鈥淕rit贸 en una cruz [鈥 el enigma de un abandono; descendi贸 a un infierno, el infierno de su muerte, y s贸lo porque entr贸 all铆, porque no rechaz贸 el enigma, es por lo que 茅l resucit贸 y recibi贸 respuesta […]; renunci贸 a la magia de la omnipotencia y el […] milagro […] 脡l venci贸 porque vivi贸 hasta el final una cierta agon铆a del sentido y de la evidencia […]. Nos ense帽a que el enigma salva, construye, puede ser saludable […] Todos tenemos lutos que trabajar y que no podemos evitar鈥.(GESCH脡, A. Deus para pensar 2 鈥 O ser humano, p. 20-21)