Oficio Divino de las Comunidades

脥ndice

1 C贸mo empez贸 todo?

2 Breve historia de la Liturgia de las Horas

2.1 Or铆genes

2.2 La reforma de la liturgia de las Horas

3 De la Liturgia de las Horas al Divino Oficio de Comunidades

3.1 Algunos principios rectores

3.2 La sacramentalidad del Divino Oficio de Comunidades

3.3. La santificaci贸n del tiempo

3.4. El lucernario

3.5 Oraci贸n de la Iglesia

Una palabra final

Referencias聽

1 C贸mo empez贸 todo?

La reforma de la Liturgia de las Horas emprendida por la Iglesia cumpli贸 la importante tarea de recuperar el sentido eclesial de la oraci贸n, su car谩cter festivo y la m谩s genuina tradici贸n de asociar la oraci贸n, en las horas del d铆a, con el misterio pascual (cf. IGLH, p. 33,38-39). Sin embargo, existe consenso en que la versi贸n oficial del Oficio Divino en el rito romano mantuvo caracter铆sticas predominantemente clericales y mon谩sticas (TAFT, 1999, p. 303-305; JOIN-LAMBERT, 2009, p. 83-90; p. 99-100). En Brasil, su versi贸n traducida tard贸 en alcanzar la capilaridad del tejido eclesial, lo que dificult贸 a煤n m谩s la recepci贸n del oficio reformado en el per铆odo posconciliar (LIMA, 2011, p. 31-34). Pero las dificultades se convirtieron en una oportunidad, ya que se inici贸 un aut茅ntico proceso de acogida a partir de la experiencia de oraci贸n de los fieles.

Se encuentran registros en la CNBB, de 1986, sobre la formaci贸n de un grupo que se encargar铆a de elaborar una propuesta alternativa y popular de Oficio, con el objetivo de la participaci贸n de los fieles en la Oraci贸n de la Iglesia. Pero la idea de un oficio divino popular comenz贸 mucho antes, en la d茅cada de 1970, por iniciativa de Geraldo Leite Bastos, presb铆tero de la archidi贸cesis de Olinda y Recife, entonces p谩rroco de la comunidad de Ponte dos Carvalhos, en las afueras de Recife. El padre Geraldo hab铆a iniciado una pr谩ctica de oraci贸n diaria, bajo el impulso del Concilio Vaticano II. En 1987, en una entrevista, habla de esta experiencia.:

Hace 17 a帽os, nosotros, de la comunidad de Ponte dos Carvalhos, ya cant谩bamos el Oficio. Dej茅 escrito en el libro parroquial de Tombo el inicio de cuando comenzamos a hacer una oraci贸n diferente a la misa. Creo que nuestra experiencia comenz贸 por dos razones: primero, porque la Misa se hab铆a vuelto algo formal. Era necesario buscar otra forma de rezar que no fuera solo la misa. (…) Otro motivo fue el contacto con los hermanos de Taiz茅, que hab铆an llegado a Olinda. Particip茅 varias veces con ellos y not茅 que ten铆an una experiencia de oraci贸n diferente a la del Monasterio de San Benito. Empec茅 a pensar que el pueblo podr铆a rezar el Oficio. En aquellos tiempos dif铆ciles de la Iglesia, muchas veces me quedaba despierto hasta el amanecer, rezando un Oficio mal rezado, leyendo toda esa salmodia … Esto me llev贸 a imaginar un breviario simplificado, popular, de modo que yo, que ten铆a tantas dificultades para rezar solo, encontrase la manera de rezar esta oraci贸n con el pueblo (LEITE BASTOS, 1988, p. 56]).

En ese momento, la Iglesia de Brasil viv铆a el impulso de la recepci贸n del Concilio Vaticano II, asumido, sobre todo, por la conferencia del episcopado latinoamericano, en Medell铆n. En este contexto, se necesitaba una referencia de oraci贸n que correspondiera mejor a la experiencia de las Comunidades Eclesiales de Base, surgidas como expresi贸n concreta de la Iglesia, Pueblo de Dios. Conscientes de los principios y proposiciones conciliares, las CEBs quisieron profundizar el camino abierto por la piedad popular que custodiaba tesoros de la Tradici贸n como el Oficio parvo de la Bienaventurada Virgen Mar铆a y la costumbre de rezar en determinados momentos del d铆a.

Posteriormente, en 1986, el padre Marcelo Barros, entonces prior del monasterio de la Anuncia莽茫o en Goi谩s, asesor de las Comunidades de Base, reuni贸 a un grupo de personas para desarrollar un Oficio Divino accesible a las comunidades. Tom贸 como inspiraci贸n la experiencia del padre Geraldo Leite y como referencia inmediata a la Liturgia de las Horas, reformada por el Concilio Vaticano II, que hab铆a sido traducida desde 1971. Adem谩s, fue decisiva en este proceso la convivencia con la peque帽a comunidad del monasterio de la Anunciaci贸n como lugar de experimentar la celebraci贸n del Oficio con la participaci贸n de los vecinos. En diciembre de 1988 se public贸 la primera edici贸n del Oficio Divino de las Comunidades (ODC), que en 2018 cumpli贸 30 a帽os con su tercera edici贸n, momento en el que ya contaba con 21 reimpresiones.

Se trata de una experiencia nacida en Brasil, en el contexto de la recepci贸n del Concilio Vaticano II en Am茅rica Latina, a la luz de las Conferencias Latinoamericanas de Medell铆n y Puebla. Aunque el ODC ha sido adoptado en asambleas de Pastoral Juvenil y otros movimientos eclesiales, en el contexto de Am茅rica Latina, no existen iniciativas similares al ODC en otros pa铆ses del Continente.

2 Breve historia de la Liturgia de las Horas

2.1 Or铆genes

El Oficio Divino es una concreci贸n de la tradici贸n que se remonta a los inicios de la Iglesia. En los Hechos de los Ap贸stoles hay alusiones a una pr谩ctica de oraci贸n en las horas del d铆a, en continuidad con el ritmo diario de la oraci贸n jud铆a. En el siglo IV, este tipo de liturgia hab铆a alcanzado estabilidad: las laudes y v铆speras se celebraban a diario, en comunidad (ELBERTI, 2011, p. 166). Seg煤n Eteria, la peregrina que relat贸 la liturgia en Jerusal茅n, en ese mismo siglo, era una pr谩ctica diaria, vinculada a las horas, especialmente al anochecer y al amanecer, en memoria del crucificado-resucitado. Se contaba con la participaci贸n del pueblo, hombres y mujeres e incluso ni帽os. Era una liturgia expresiva, no s贸lo con salmos e himnos, sino con gestos y s铆mbolos, de manera sencilla y popular (Cf. ET脡RIA, 1977, n. 24,1-7). Este modelo de oficio celebrado en las catedrales, con toda la densidad b铆blica y teol贸gica, simple y accesible al pueblo, tend铆a a alimentar la vida del cristiano com煤n.

Sin embargo, con el paso del tiempo, la oraci贸n de la Iglesia se fue reduciendo hasta el punto de quedar restringida a una determinada porci贸n del pueblo de Dios, lo cual ocurri贸 por varias razones, como la implantaci贸n del lat铆n como lengua lit煤rgica, la multiplicaci贸n de horas en algunos contextos, la complicaci贸n y saturaci贸n de los ritos, que exclu铆an al pueblo de la participaci贸n y comprensi贸n de las palabras. Seg煤n Pietro Sorci, la principal causa de la desaparici贸n de la oraci贸n horaria se debe a la eucaristizaci贸n (celebraci贸n de misas diarias y, a veces, m谩s de una; ocurrencia de las horas santas de adoraci贸n al Sant铆simo Sacramento) y todo lo que a ella se refiere (clericalizaci贸n, eclesiolog铆a de los elegidos, sacramentalizaci贸n), en detrimento de la evangelizaci贸n, incluyendo una formaci贸n insuficiente en los seminarios. Adem谩s, la supresi贸n de esta forma de oraci贸n tambi茅n se debi贸 a la recitaci贸n individual impuesta al clero, que no logr贸 reunir a la gente para celebrar comunitariamente el Oficio (Apud. PEREIRA SILVA, 2015, p. 15).

Esta realidad trajo consecuencias celebrativas para el Oficio Divino, como el empobrecimiento de los gestos, la transformaci贸n de lo que era expresi贸n de gratuidad en algo pesado, infligido por la “obligaci贸n”. La desconexi贸n con la hora, dado que la recitaci贸n de la oraci贸n se hac铆a a menudo en cualquier momento del d铆a, condujo a una disminuci贸n del car谩cter pascual del Oficio. En ambientes mon谩sticos, por el contrario, el Oficio mantuvo su estilo comunitario, ligado a las horas y al a帽o lit煤rgico, pero en lat铆n y con los a帽adidos exigidos por la condici贸n de vida mon谩stica. As铆, lo simple y popular se volvi贸 complejo y sobrecargado de elementos, con salmos, himnos, lecturas, letan铆as, oficios diarios en honor de la Virgen Mar铆a y de los muertos, entre otros.

El pueblo, en su gran mayor铆a, abandonado muchas veces a su propia suerte, sin posibilidad de una verdadera iniciaci贸n en la fe y celebraci贸n del misterio, busc贸 creativamente en las devociones el alimento de la fe cristiana, como atestigua el Directorio sobre liturgia y piedad popular:

Desde el siglo VII hasta mediados del XV, la diferenciaci贸n entre liturgia y piedad popular se va determinando y acentuando paulatinamente, hasta que se crea un dualismo celebrativo: paralelamente a la liturgia, oficiada en lat铆n, se desarrolla una piedad popular comunitaria, que se expresa en la lengua vern谩cula (CONGREGACI脫N PARA EL CULTO DIVINO, 2003, n. 29).

En relaci贸n con el Oficio, el rosario, con 150 Avemar铆as, sustituye a los 150 salmos; El 脕ngelus, rezado tres veces al d铆a, ocupa las horas del Oficio; el Oficio de Nuestra Se帽ora recoge los himnos de todas las horas del Oficio de la Madre del Se帽or y es rezado solo en una hora, imitando al clero en la desconexi贸n con la hora.

2.2 La reforma de la liturgia de las Horas

Sin menospreciar el valor de la piedad popular e incluso destacando su gran contribuci贸n al sostenimiento de la fe cristiana de la mayor铆a del pueblo (cf. SC 13), era m谩s que necesario un esfuerzo para devolver al pueblo las riquezas del patrimonio lit煤rgico de la Iglesia. El gran objetivo del movimiento que prepar贸 la reforma lit煤rgica del Concilio Vaticano II fue hacer la espiritualidad m谩s lit煤rgica a trav茅s de la participaci贸n. Dado que la liturgia es una expresi贸n comunitaria y una regla segura de la fe, tambi茅n es una escuela de espiritualidad cristiana. Se trataba de reaprender a rezar utilizando la liturgia como fuente, dejando atr谩s los m茅todos individuales y devocionales. Entre las propuestas para hacer factible tal empresa estaban la traducci贸n del misal como el principal libro de oraci贸n y la popularizaci贸n de los Oficios de V铆speras en el domingo y el Oficio de Completas. Una experiencia importante, que sirvi贸 de referencia para la preparaci贸n de la reforma del Oficio Divino, fue la de la Comunidad Ecum茅nica de Taiz茅, que, en la d茅cada de 1940, propuso la oraci贸n de las horas de manera sencilla y despojada, atrayendo multitudes, especialmente j贸venes.

El prop贸sito de la reforma del Concilio Vaticano II sobre el Oficio Divino era devolver esta pr谩ctica a la condici贸n de 鈥渙raci贸n p煤blica y com煤n del pueblo de Dios鈥 (IGLH, n. 1), recuperando su dimensi贸n de acci贸n comunitaria, oraci贸n de Cristo al Padre y oraci贸n de la Iglesia con Cristo (y a Cristo, seg煤n san Agust铆n), en conmemoraci贸n de su Pascua. Adem谩s, el Concilio cambi贸 el lenguaje rubricista y clerical de la Liturgia de las Horas a un lenguaje eclesial y pascual gratuito y espiritual.

A continuaci贸n, destacamos cuatro aspectos de la reforma.

El Oficio Divino es Liturgia. Como toda liturgia, el Oficio Divino es una acci贸n ritual, comunitaria, eclesial, no una acci贸n particular (Cf. SC 26). Es una lit-URGIA (lit = pueblo; urgia = acci贸n, oficio, trabajo): acci贸n del pueblo y acci贸n de Dios (divina) al servicio del pueblo. Es una acci贸n lit煤rgica como cualquier otra. En ella se organizaron los mismos elementos que forman parte de las dem谩s celebraciones de la Iglesia (himnos, salmos, lecturas b铆blicas, silencio, oraciones, m煤sica, gestos simb贸licos) teniendo en cuenta su peculiaridad: la memoria del misterio pascual ligado a las horas en el ritmo diario, articul谩ndose tambi茅n con el ritmo semanal y anual.

El pueblo como sujeto. El Concilio Vaticano II quiso devolver a todo el pueblo el derecho a celebrar el Oficio Divino, aunque m谩s en el 谩mbito del clero y la vida consagrada. Pero recomend贸 que los laicos 鈥渞eciten el Oficio Divino, bien con los sacerdotes, bien reunidos entre ellos, e incluso cada uno en particular鈥 (SC 100). La Instrucci贸n General sobre la Liturgia de las Horas subraya que 鈥渓a alabanza de la Iglesia no est谩 reservada al clero y los monjes, ni por su origen ni por su naturaleza, sino que pertenece a toda la comunidad cristiana鈥 (IGLH 270). El Oficio Divino es acci贸n lit煤rgica si el pueblo se convierte en sujeto orante, en el ejercicio del sacerdocio bautismal ofreciendo el sacrificio de alabanza [Cf. GARC脥A, 2015, p谩g. 78].

La verdad de las horas. La reforma del Concilio Vaticano II llam贸 la atenci贸n sobre el prop贸sito espec铆fico del Oficio Divino: 鈥渃onsagrar, mediante la alabanza de Dios, el curso diurno y nocturno del tiempo鈥 (SC 84). Enfatiz贸 la verdad de las horas (SC 94), destacando, como horas principales, las Laudes, rezadas al amanecer, en memoria de la resurrecci贸n de Jes煤s, y las V铆speras, celebradas al atardecer, tiempo que recuerda a la 煤ltima Cena de Jes煤s y la cruz (Lc 22,53). La Liturgia de las Horas es la Oraci贸n de la Iglesia, unida a Cristo en su oraci贸n de alabanza, acci贸n de gracias e intercesi贸n, haciendo memoria de su Pascua.

Fue el mismo Salvador quien vincul贸 nuestro tiempo a la redenci贸n: 鈥淗oy se ha cumplido esta palabra de la Escritura鈥 (Lc 4,21), es decir, hoy la Palabra anunciada transforma el tiempo en liberaci贸n y gracia (Cf. GARC脥A, 2015, p谩g.77). En la Liturgia de las Horas, la palabra de Dios pronunciada, proclamada, escuchada, vivida y actualizada interpreta el tiempo como kair贸s, acontecimiento de salvaci贸n, tiempo favorable, memorial de la nueva alianza (Cf. GARC脥A, 2015, p. 72). Hay, en el acto de celebrar, una profunda relaci贸n entre las horas de Jes煤s y las horas de la comunidad que ora, entre su pasi贸n y las marcas de pasi贸n que las personas llevan a sus cuerpos (cf. SC 12; 2Cor 4,10- 11).

Fuente de piedad. La intenci贸n de la reforma del Oficio Divino era convertirlo en fuente de piedad y alimento para la oraci贸n personal (SC 90). La liturgia de las horas es expresi贸n de la alianza y, en consecuencia, fuente de transformaci贸n pascual. Es glorificaci贸n y santificaci贸n. Por eso es fundamental que participemos plenamente y sigamos con la mente [y el coraz贸n] las palabras [y los gestos], y colaboremos con la gracia divina para que no la recibamos en vano (cf. SC 11 y 90).

A pesar de estos avances, la liturgia de las horas se ha mantenido bastante “mon谩stica” en su forma. Hay quienes dicen que de las debilidades de la reforma lit煤rgica la m谩s evidente es la reforma de la Liturgia de las Horas. En el movimiento de regreso a las fuentes, la reforma no logr贸 restaurar la sencillez y ritualidad de la pr谩ctica primitiva del Oficio de las Catedrales, con toda la riqueza de ministerios, s铆mbolos y ritos, celebrada con la participaci贸n del pueblo, como se se帽al贸 anteriormente. La reforma tuvo m谩s en cuenta al clero y la vida consagrada que al pueblo. Adem谩s, debido al peso hist贸rico de la obligaci贸n, en la pr谩ctica, es dif铆cil pasar de la recitaci贸n a la celebraci贸n. La versi贸n brasile帽a de la Liturgia de las Horas (LH) es excelente desde el punto de vista de la traducci贸n, especialmente de los salmos, adaptados al canto. Pero lleva consigo los l铆mites de la edici贸n t铆pica, como el hecho de que no avanz贸 hacia la inculturaci贸n, tan deseada por el propio Concilio (Cf. SC 37-40).

3 De la Liturgia de las Horas al Divino Oficio de Comunidades

3.1 Algunos principios orientadores

El Divino Oficio de las Comunidades (ODC), tomando como referencia inmediata para su elaboraci贸n la Liturgia de las Horas renovada, busc贸 ofrecer al pueblo una versi贸n popular de la tradici贸n de oraci贸n de la Iglesia.

Por un lado, fue fiel a la Liturgia de las Horas (LH), porque obedeci贸 a la misma estructura, la misma teolog铆a y la misma secuencia ritual. Al igual que en la LH, toda la elaboraci贸n ritual del ODC est谩 destinada a expresar el misterio del crucificado-resucitado, en las horas del d铆a, siguiendo el ritmo diario, semanal y anual, con himnos, salmos, cantos b铆blicos y oraciones.

Por otro lado, tomando la experiencia eclesial de Brasil como punto de partida, la ODC supo dejar de lado lo que pesa sobre la estructura de la liturgia de las Horas y se atrevi贸 a ser creativo en el sentido de incorporar nuevos elementos: la nueva forma de celebrar. Comunidades eclesiales de base y el deseo de oraci贸n del catolicismo popular.聽

No se trata de proponer a las comunidades el oficio tal como en el rito romano, pero simplificado o abreviado. Se trata de un estilo brasile帽o nuevo en el campo m谩s amplio de la familia lit煤rgica romana. No bastar铆a con repetir o publicar las habituales oraciones y c谩nticos de la religi贸n popular, ni siquiera los de los encuentros de oraci贸n de los grupos que est谩n en este itinerario. El Oficio Divino de las Comunidades quiere ser una s铆ntesis real e inteligente, fiel a la gran tradici贸n lit煤rgica y a la sensibilidad y cultura de nuestro pueblo. (BARROS, 1988, p. 30).

De la tradici贸n eclesial latinoamericana, el ODC hered贸 el Recuerdo de la Vida, que es la expresi贸n m谩s sensible de la relaci贸n entre la liturgia y la vida. Seg煤n Libanio, las liturgias surgidas en el escenario de la Iglesia de Medell铆n responden al desaf铆o de vincular la liturgia con la praxis liberadora 鈥渟in romper la columna vertebral de la gratuidad, la libertad y la belleza contemplativa鈥 (LIBANIO, 2001, p. 107-108). El Oficio comienza sin ning煤n comentario, con una invocaci贸n de Dios y una invitaci贸n a la alabanza. Solo entonces, quien preside invita a los participantes a traer experiencias que hayan marcado sus vidas.聽

La vida, los acontecimientos de cada d铆a, las personas, sus angustias y esperanzas, sus tristezas y alegr铆as, las conquistas y reveses del camino, los recuerdos notables de la historia, de la comunidad, de las Iglesias y de los pueblos, los propios fen贸menos de la naturaleza son se帽ales de Dios para los que tienen ojos para ver y o铆dos para o铆r. Ah铆 es donde comienza nuestra escucha de la Palabra de Dios. Recordar la vida, traerla de vuelta al coraz贸n, compartir recuerdos e inquietudes, ayuda a que la oraci贸n sea verdadera. (ODC, 2018, p. 11).

Pero la vida est谩 latente en todo el oficio: en el lenguaje de las oraciones y plegarias, en los salmos, en los himnos del camino, en la memoria de los m谩rtires que defienden la vida en nuestro continente. Cabe recordar tambi茅n el cuidado de la dimensi贸n ecum茅nica en el ODC, expresada en elementos como el Padre Nuestro ecum茅nico, los himnos de las Iglesias hermanas, la inclusi贸n de im谩genes de Dios (de ternura, bondad, compasi贸n).

El gran m茅rito del Oficio de las Comunidades es que logr贸, en la pr谩ctica, lo que propone la Liturgia de las Horas: que el Oficio, como cualquier otra acci贸n lit煤rgica, no sea una acci贸n privada, sino acci贸n comunitaria, celebraci贸n.

En las culturas populares brasile帽as, la forma de darle a cada oficio un car谩cter m谩s celebrativo es integrar todo el cuerpo y el universo que nos rodea en la oraci贸n. En la Biblia, los salmos contienen muchas actitudes corporales de oraci贸n, como volverse hacia la monta帽a, levantar los ojos y las manos, inclinarse, arrodillarse, caminar en procesi贸n. (BARROS, 1994, p. 30)

Incluso sin estar determinado por escrito, la pr谩ctica cre贸 un estilo de celebraci贸n que busca la valorizaci贸n del espacio, el canto, los ministerios, los gestos (encender velas, reunirse alrededor del amb贸n para escuchar el evangelio, ofrecer incienso …). Todo para llevar al silencio y favorecer la participaci贸n externa e interna, consciente y fruct铆fera. En este sentido, la gran perla en el ODC es el Lucernario en la vigilia de los domingos y solemnidades. Este rito, que en las comunidades de los or铆genes pertenec铆a al Oficio cotidiano de las V铆speras, se ubic贸 en la apertura del Oficio de la Vigilia, destacando el domingo como pascua semanal, en analog铆a con el rito de la luz en la Vigilia Pascual.

En cuanto a la interacci贸n con el catolicismo popular, el ODC es un ejemplo exitoso de la 鈥渕utua fecundaci贸n鈥 entre liturgia y piedad popular, tan deseada por la reforma lit煤rgica (Cf. SC 13) y tan evocada por los documentos del CELAM y CNBB [ CNBB, 1984, p谩g. 30). No se trataba tanto de a帽adir elementos externos del catolicismo popular, sino de hacer corresponder el Oficio a la 鈥減iedad鈥 del pueblo, a su 鈥渁nhelo de oraci贸n y de vida cristiana鈥, a 鈥渓a sed de Dios, que solamente los pobres y sencillos pueden experimentar鈥(Cf. Evangelii Nuntiandi, 48). Destaca, en esta sinton铆a con la piedad popular, el estilo orante, la forma de repetici贸n en los cantos, especialmente en las aperturas, el lenguaje sencillo y cari帽oso, la ausencia de comentarios, lo que facilita la participaci贸n y establece una relaci贸n amorosa, de alianza. entre Dios y su pueblo.

3.2 La sacramentalidad del Divino Oficio de Comunidades

El Concilio Vaticano II presenta toda la liturgia, no solo los siete sacramentos, como un evento sacramental, en el que Jesucristo est谩 presente, en el ejercicio de su sacerdocio, para glorificar al Padre y santificar a la humanidad.

En el art铆culo 7 de la Constituci贸n lit煤rgica entre los signos sensibles que significan y que realizan lo que significan, est谩 la asamblea que ora y salmodia, porque en ella Cristo se hace presente y act煤a con la fuerza de su Esp铆ritu. Podemos decir que la asamblea reunida, el tiempo, la m煤sica, los salmos y c谩nticos, la oraci贸n, los gestos y las palabras, son signos sensibles que alcanzan la corporalidad de los participantes, evocan el misterio invisible de Jesucristo y, a trav茅s de la acci贸n del Esp铆ritu, realizan la transformaci贸n pascual.

3.3 La santificaci贸n del tiempo

Tomemos la categor铆a del tiempo, que es tan importante para comprender la liturgia horaria del Oficio Divino. En las Escrituras, los t茅rminos chronos, kair贸s y ai么n, respectivamente, relacionan el tiempo de la vida humana en curso, el tiempo de la acci贸n de Dios en la historia de la humanidad y el tiempo humano como intercesi贸n entre los datos hist贸ricos y su significado escatol贸gico. En todas las acepciones, el tiempo es una noci贸n fuertemente identificada con el ser humano (AUG脡, 2019, p. 36-38). De tal modo que la noci贸n de santificaci贸n del tiempo no significa otra cosa que la santificaci贸n del mismo ser humano a trav茅s de su inserci贸n memorial en la propia experiencia temporal del Verbo Encarnado, la historia de la salvaci贸n. El tiempo es santificado por la Liturgia de las Horas porque, junto con el A帽o Lit煤rgico, contribuye a dar un nuevo sentido al tiempo de la vida humana (PINELL, 2005, p. 216).

El tiempo como se帽al sensible se vuelve m谩s evidente al amanecer y al atardecer debido a la incidencia de la luz. Estos momentos se establecieron como recuerdo y renovaci贸n de la alianza. Sin la palabra luz no significa; sin luz, el verbo no se hace visible (Cf. GARC脥A, 2015, p. 150). La palabra narra el misterio pascual de Cristo y de la Iglesia, en la la luz que ilumina la oscuridad de la noche, o en el sol que aclara el alba. La palabra invisible, pero audible en los salmos, en las lecturas, en los himnos, en las oraciones, interpreta el signo sensible, haciendo visible el Verbo (Cf. GARC脥A, 2015, p. 72). Por tanto, el cuidado con la verdad de la hora es condici贸n para que la Palabra pueda interpretar la luz.

3.4 El lucernario

El rito del lucernario, en la vigilia del domingo y de las fiestas mayores, consta de la apertura y del himno lucernar. El oficio de vigilia comienza en la oscuridad, en silencio. Se entona, a media voz, un refr谩n meditativo para despertar en el coraz贸n el anhelo del Dios vivo. Como es habitual, sin ning煤n comentario, el presidente se levanta y comienza los versos de la Apertura, que la asamblea repite:

鈥撀犅 隆Venid, naciones, a cantar al Se帽or! (Bis)

隆Al Dios del universo, venid a celebrar! (Bis)

– 隆Su amor por nosotros, firme para siempre! (Bis)

Su fidelidad dura eternamente. (Bis)

Las velas se encienden

– Para ti, Se帽or, toda noche es d铆a. (Bis)

La oscuridad m谩s densa pronto se ilumina. (Bis)

– 隆Eres la luz del mundo, eres la luz de la vida! (Bis)

Cristo Jes煤s resplandece: 隆eres nuestra alegr铆a! (Bis)

Se ofrecen incienso o hierbas arom谩ticas.

– 隆Suba nuestro incienso a ti, oh Se帽or! (Bis)

Esta alabanza pascual, ofrenda de amor. (Bis)

– Nuestras manos orantes elev谩ndose a los cielos! (bis)

隆Que lleguen como ofrenda al son de este himno! (Bis)

– Gloria al Padre y al Hijo y al Esp铆ritu Santo. (Bis)

Gloria a la Sant铆sima Trinidad, gloria al Dios bendito. (Bis)鈥撀犅犅犅犅犅犅犅 隆Aleluya, hermanas, aleluya, hermanos! (Bis)

Pueblo de sacerdotes, alabado sea Dios. (Bis)

Las primeras palabras de la apertura son convocatoria a la alabanza, con versos del Salmo 117. En estas palabras escuchamos al mismo Cristo llamando a la comunidad a participar en su oraci贸n al Padre, como tantas veces lo hizo en su vida terrena (cf. Mc 6,30 -31). Trazamos la se帽al de la cruz en el cuerpo en el primer vers铆culo, recordando nuestro bautismo, mediante el cual Cristo nos asocia con su misterio pascual y su oraci贸n. El canto de apertura contin煤a, con palabras que se unen al gesto de encender el cirio y las velas para narrar la victoria de la Luz sobre las tinieblas que corresponden a las aflicciones del pueblo. La funci贸n de la oraci贸n de las horas es gritar, poner lo que sucede en el mundo ante los ojos de Dios. Dios escucha el clamor, mira el coraz贸n de los que sufren y desciende para salvar (cf. Ex 3,7-8).

Sobre el altar se coloca un recipiente con brasas encendidas. Todav铆a en la oscuridad, pero ahora iluminada con las llamas encendidas en la mano de la asamblea, se ofrece incienso, signo del sacrificio espiritual del pueblo sacerdotal, acompa帽ado de los versos cantados.

Terminada la apertura, el presidente invita a los participantes a traer los recuerdos que identifican las luces del camino o las noches que persisten …

Luego, se canta el himno 鈥淟uz Radiante鈥. Este himno, m谩s antiguo que el Gloria, data del siglo II y es mencionado por San Basilio (BAS脥LIO, 2003, p. 403). En el ODC, (p. 265) la versi贸n es de Reginaldo Veloso, en forma responsorial, para garantizar la participaci贸n de la asamblea a trav茅s de un refr谩n que se repite en cada estrofa.

Luz radiante, luz de alegr铆a,

luz de gloria, Cristo Jes煤s

– Es del Padre inmortal y feliz

el resplandor que en todo reluce!

– Cuando el sol va llegando al ocaso

隆avistamos de la noche la luz!

– Cantamos al Padre y al Hijo

y al Divino que nos gu铆a!

– Te mereces el canto m谩s puro,

隆Oh, Se帽or de la vida, t煤 eres la luz!

– Tu gloria, oh, Hijo de Dios,

隆el universo todo seduce!

– Cante el cielo, cante la tierra y los mares,

la victoria, la gloria de la cruz!

Las palabras del himno contin煤an narrando el misterio manifestado en las luces que rompen la oscuridad. Hacen que la asamblea reconozca, en esa imagen de la noche iluminada, la presencia de Cristo Resucitado, a quien va dirigido el himno. Delante del d铆a que muere, la comunidad creyente contempla la luz que no muere. El texto identifica en el 鈥渞esplandor del Padre que todo reluce鈥, el hijo unig茅nito que procede del Padre, que es la fuente de la vida. El canto m谩s puro est谩 dedicado a Cristo, Se帽or de la vida, que seduce al universo con su gloria, a trav茅s del cual el cielo, la tierra y los mares entonan su canto.

La eficacia presupone la conciencia de la asamblea de estar inserida en un evento de salvaci贸n, en el que Cristo, por obra del Esp铆ritu, realiza en ella el misterio de su Pascua. Al transformar el tiempo en kair贸s, se realiza en la Iglesia el paso de la muerte a la vida. Despu茅s de todo, el fin 煤ltimo de la liturgia es la santificaci贸n (SC 10 y 33). As铆, poco a poco, cada persona es llevada a superar todo lo viejo para alcanzar la estatura de la 鈥渘ueva criatura鈥 en Cristo.

3.5 Oraci贸n de la Iglesia

Reunirse para orar es una acci贸n primordial y un requisito vital de la comunidad cristiana. Cuando los padres de la Iglesia enfatizan la importancia de la asamblea cristiana, piensan no solo en la Eucarist铆a, sino tambi茅n en otros momentos comunes de oraci贸n y alabanza.

El art铆culo 83 de Sacrosanctum Concilio hace una declaraci贸n que retoma la LH como parte estructurante de toda la liturgia de la Iglesia:

Jesucristo une a toda la humanidad y la asocia con su c谩ntico de alabanza. Y contin煤a ejerciendo este sacerdocio en la Iglesia, que sin cesar alaba al Se帽or e intercede por la salvaci贸n del mundo, no solo con la celebraci贸n de la Eucarist铆a, sino de muchas otras formas, especialmente a trav茅s del Oficio Divino.

El art铆culo 84 dice que en esta oraci贸n 鈥淐risto se dirige al Padre mediante su cuerpo鈥. Es decir, esta oraci贸n pertenece a todo el cuerpo de Cristo. La oraci贸n de la comunidad y de toda persona que reza es sacramento de la oraci贸n de Cristo. 脡l es el mediador de la nueva alianza, a trav茅s del cual la humanidad tiene acceso al Padre. El Padre siempre escucha la voz del Hijo (Jn 11, 42). 鈥淓s necesario, por tanto, que cuando celebramos el Oficio Divino, reconozcamos el eco de nuestras voces en la voz de Cristo, y la suya en nosotros鈥 (PAULO VI, 1971, 20).

Uno de los m茅ritos del ODC es precisamente el de proporcionar que el pueblo de las comunidades tenga acceso a la oraci贸n que les pertenece y que pueda participar activa, consciente y fruct铆feramente. No solo, pero ha desencadenado un proceso de aprender a orar con la Iglesia, de descubrir los salmos como escuela de oraci贸n, de reconocer en ellos la voz de Cristo y de hacer de la oraci贸n una experiencia de gratuidad y de amorosa alianza. No es algo que se da autom谩ticamente. Es necesario aprender.

San Benito ofrece una regla de otra, que Sacrosanctum Concilium asumi贸 y aplic贸 a toda la Iglesia: Que la mente est茅 de acuerdo con la voz鈥(SC 90; RB 19). La mente 鈥渘o equivale s贸lo a la raz贸n, sino a la persona interior con su conocimiento, su voluntad y su sentimiento. Es casi id茅ntico al coraz贸n, especialmente a la parte dominante del alma (Cf. GR脺N, 2019, p. 30-31). La voz se refiere a la manifestaci贸n del Esp铆ritu, es la voz de Dios la que debemos escuchar. El coraz贸n debe estar a tono con la voz (Cf. GR脺N. 2019, p. 30-31).

Pensemos en el salmo.

El criterio general para elegir un salmo en el oficio es la hora. La persona no elige el salmo, 茅l es ofrecido. Tomemos el Salmo 30 (29) en el oficio de la tarde (ODC, p. 52).

Cae la tarde, llega la noche

la tristeza, el llanto, el dolor,

por la ma帽ana renace el sol,

nuevo d铆a alegr铆a.

1. Se帽or, grandes cosas dir茅 de ti,

Porque me libraste y no permitiste

隆Que se los malvados se riesen, burl谩ndose de m铆!

2. Se帽or, te llam茅 y me curaste;

Mi vida, desde el lugar donde los muertos residen,

隆Solo t煤 me tomaste y me liberaste!

3. 隆Canten, todos los santos, den gloria al Se帽or!

Tu ira es un momento y pronto se acaba;

隆Bondad, toda la vida perdura el amor!

4. Seguro, yo dec铆a: 隆nunca temblar茅!

Favor, me cubriste de honor y poder.

Escondiste tu rostro y me asust茅 …

5. Ten piedad Dios m铆o , te lo ruego …

驴Habr谩 alguna ventaja en la muerte? …

隆驴El polvo de mis huesos te alabar谩?! …

6. 隆Se帽or, ten piedad, ven a ayudarme!

Mi dolor y mi llanto convertiste en placer;

Tu nombre por siempre bendecir茅!

El salmo est谩 ah铆, con una letra en versi贸n popular en perfecta simbiosis con la melod铆a. Todo en 茅l apunta al final de una jornada de trabajo y lucha. Habla de la tristeza de la noche que llega, pero promete la luz de un nuevo d铆a: cae la tarde, llega la noche, la tristeza, el llanto el dolor, por la ma帽ana renace el sol, nuevo d铆a alegr铆a. Al cantar los versos, la persona encuentra la expresi贸n de su agradecimiento por el d铆a que ha pasado, por las luchas superadas, por la firmeza a pesar de las dificultades. La gratitud que ya est谩 en su coraz贸n, a veces sofocada por el cansancio, se despierta con las palabras del salmo. La persona se identifica con el salmo como si ella misma lo hubiera generado (Cf. CASSIANO, 2003, p. 984).

Al encontrar en el salmo la expresi贸n de acci贸n de gracias, se une a la acci贸n de gracias del Hijo, que ha hecho de toda su vida una ofrenda de alabanza. C贸mo no escuchar la voz de Cristo cuando se canta: Mi vida, desde el lugar donde los muertos residen, Solo t煤 me tomaste y me liberaste (estrofa 2). All铆, la voz del orante y la voz de Cristo se vuelven una sola voz. Por tanto, 鈥測o no soy el que hace algo con la palabra, sino que es la palabra la que hace algo conmigo鈥 (GR脺N, 2019, p. 32), la palabra que es Cristo, cambia la voz de quien salmodia con su propia voz, el Esp铆ritu que renueva todas las cosas, lo transforma en aquello que est谩 rezando.

Una palabra final

En el actual escenario de Iglesia, en general, la Misa propia del domingo, que por tradici贸n es la culminaci贸n de todas las acciones lit煤rgicas, parece haberse convertido en la 煤nica celebraci贸n de la Iglesia: repetida todos los d铆as, en todas partes y con frecuencia, de cualquier modo, cuando no instrumentalizada para prop贸sitos dudosos. Junto a la misa, est谩 el rosario, la devoci贸n a los santos, la adoraci贸n al Sant铆simo, sin olvidar la avalancha de pr谩cticas del catolicismo conservador, que nada tiene que ver con la piedad popular. La celebraci贸n de la Palabra en s铆 no constituye una parte org谩nica de la liturgia de la Iglesia, ocupando como m谩ximo un lugar de sustituci贸n (por falta de sacerdote). El Oficio Divino ni siquiera aparece en la planificaci贸n pastoral de iglesias y parroquias. Bien podr铆a ser una alternativa de celebraci贸n de la comunidad cristiana, la m谩s inmediata despu茅s de la misa. El Oficio de las Comunidades se ofrece como fuente en el camino, arraigada en la tradici贸n de los padres y madres de la Iglesia, de manera muy brasile帽a, y fiel a la eclesiolog铆a latinoamericana. No se impone como una obligaci贸n, ni como una forma exclusiva, sino que se ofrece gratuitamente a las comunidades que viven la fe en medio de las luchas de cada d铆a y anhelan nutrir su vida espiritual.

Penha Carpanedo, pddm. Texto original portugu茅s. Postado en dicembre del 2020.

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