Eclesialidad de las CEBs

脥ndice

Introducci贸n

1 CEBs: 驴movimiento o Iglesia?

2 Entender la eclesialidad

3 Primeros pasos

4 Lo que dicen los te贸logos y pastoralistas

5 Lo que dice el Magisterio de la Iglesia

5.1 El magisterio de la Iglesia en Brasil

5.2 Conferencias Generales del Episcopado de LAyC

5.3 El Magisterio Pontificio

Conclusi贸n

Referencias

Introducci贸n

El soplo del Esp铆ritu Santo despert贸 en la Iglesia muchas experiencias de renovaci贸n que, a lo largo del siglo. XX, prepararon el Concilio Vaticano II. Entre estas experiencias podemos mencionar con seguridad el movimiento comunitario. Alent贸 muchas iniciativas para la participaci贸n de los laicos, incluidos los j贸venes, hacia una experiencia profunda de comunidad eclesial, con participaci贸n en la vida lit煤rgica, en la comunidad parroquial, mirando no solo al interior de la Iglesia, sino tambi茅n descubriendo la dimensi贸n del empe帽o de renovaci贸n social a trav茅s de la pr谩ctica de la justicia y la solidaridad (cf. LIBANIO, 2005, p. 21-48).

Entre las muchas experiencias de renovaci贸n, no podemos dejar de mencionar la de las Comunidades Eclesiales de Base (CEBs). Hoy, despu茅s de varias d茅cadas de experiencia de las CEBs como escuelas para la formaci贸n de la fe eclesial, podemos decir que ya forman parte del patrimonio teol贸gico-pastoral de la Iglesia, especialmente en el continente latinoamericano y caribe帽o (= ALyC).

En su trayectoria, las CEBs se han enfrentado a muchas dificultades. Uno de ellos y el m谩s persistente fue, sin duda, la eclesialidad. 驴Las CEBs son movimiento dentro de la Iglesia o Iglesia en la base eclesial?

1 CEBs: 驴movimiento o Iglesia?

Como fen贸meno hist贸rico-eclesial, las CEBs est谩n sujetas a la ambig眉edad propia de los fen贸menos hist贸ricos. Tuvieron que definir su identidad eclesial desde muy temprano, delimit谩ndose con los nuevos movimientos eclesiales. Para quienes viven el d铆a a d铆a de estas comunidades, ellas expresan prof茅ticamente la nueva comprensi贸n de la Iglesia del Concilio Vaticano II. Pero hay quienes hacen una lectura diferente, interpret谩ndolos m谩s como un movimiento contestatario de la estructura jer谩rquica de la Iglesia institucional. Es decir, ellas tambi茅n enfrentan escollos, despiertan entusiasmo y pasi贸n, dudas e incluso rechazo.

Para evitar desviaciones, las CEBs fueron constantemente objeto de la atenci贸n de te贸logos y pastoralistas y de la preocupaci贸n pastoral del magisterio de la Iglesia, a nivel de las Conferencias Episcopales, del Episcopado del Continente Latinoamericano e incluso del magisterio de la Iglesia universal, velando por su eclesialidad.

La exhortaci贸n postsinodal Christifideles Laici (CfL), 1988, recogiendo los frutos del S铆nodo sobre la Vocaci贸n y Misi贸n de los Laicos en la Iglesia y en el Mundo, 1987, nos ofrece una preciosa indicaci贸n para responder a la cuesti贸n de la diferenciaci贸n entre CEBs y movimientos eclesiales. En la parte en que se ocup贸 de las parroquias como 鈥渓a Iglesia misma que vive en medio de las casas鈥, el texto pontificio nos hace ver que la realidad eclesial de los movimientos tiene aspectos que dif铆cilmente encajan en una categor铆a ligada a territorio, edificio, estructura. Esta realidad eclesial est谩 m谩s ligada a 鈥渓a familia de Dios鈥, 鈥渇raternidad animada por el esp铆ritu de unidad鈥, arraigada en una comunidad de fe, esperanza y caridad, en definitiva, en una comunidad eucar铆stica. De hecho, en el contexto de la vida parroquial, se desarrollan estructuras parroquiales que promueven la participaci贸n de los laicos, por un lado, y las 鈥減eque帽as comunidades eclesiales de base, tambi茅n llamadas comunidades vivas鈥, por otro (CfL n. 26). El texto, por tanto, nos ayuda a distinguir aquellas estructuras que apoyan la participaci贸n de los laicos en la vida eclesial y las 鈥減eque帽as comunidades de base鈥.

Posteriormente, el texto se abre a 鈥渇ormas asociativas de participaci贸n鈥 y a una 鈥渘ueva era asociativa鈥. Estas “formas asociativas” no son una mera concesi贸n de la autoridad. Son el resultado del bautismo, vivido bajo la responsabilidad del laico (cf. CfL n. 29). Corresponde a la autoridad eclesi谩stica indicar claramente los criterios de eclesialidad, tal como se indica en la Exhortaci贸n Apost贸lica (cf. CfL n. 30). Estas agrupaciones o los nuevos movimientos tienen algunos aspectos similares a las CEBs. Ellos tambi茅n pueden pensarse como 鈥渦na nueva forma de ser Iglesia鈥, de la Iglesia realizarse. Se puede decir que 鈥渓a vocaci贸n apost贸lica de cada bautizado se expresa tambi茅n con iniciativas colectivas o grupales que caracterizan a los movimientos eclesiales鈥 (MA脟ANEIRO, 2015, p. 644).

Por su parte, las CEBs tienen caracter铆sticas distintas y m谩s amplias que los movimientos eclesiales. En ellas se destaca la participaci贸n de los miembros de la comunidad como 鈥淚glesia local鈥 que involucra a todos: ni帽os, j贸venes, adultos y ancianos, hombres y mujeres. Todos se re煤nen alrededor de la comunidad que celebra su fe, esperanza y caridad. Ser谩 instructivo recordar uno de los textos m谩s esclarecedores de la historia de las CEBs. El Documento de Medell铆n (DMd) afirma que

la experiencia de la comuni贸n a la que fue llamado debe ser encontrada por el cristiano en su 鈥渃omunidad y base鈥, es decir, en una comunidad local o ambiental, que corresponda a la realidad de un grupo homog茅neo, y que tenga una dimensi贸n que permita el tratamiento personal fraterno entre sus miembros. (DMd 15, 10)

Nuestra siguiente preocupaci贸n es entender esta eclesialidad como la identidad de las CEBs.

2 Entender la eclesialidad

La Iglesia de Jesucristo tiene su punto de partida en la Sant铆sima Trinidad por el designio eterno del Padre, que quiere la salvaci贸n de todos, y por la misi贸n del Hijo y del Esp铆ritu (cf. LG n. 2-4). Dada esta iniciativa, la Iglesia tiene su 鈥渆nsayo鈥 hist贸rico en la vida de Jes煤s y su predicaci贸n del Reino de Dios, y se explicita desde el kerigma, que vincula a los seguidores de Jes煤s con su vida, pasi贸n, muerte y resurrecci贸n.

Esta acci贸n divina que tiene lugar en el evento de la salvaci贸n en Cristo por el Esp铆ritu se convierte en una realidad emp铆rica en la obra de Jes煤s: anuncia el Reino del Padre, llama a los disc铆pulos a estar con 茅l en el aprendizaje del discipulado y luego a ser enviados en misi贸n. Se puede decir que, por su muerte y resurrecci贸n y por Pentecost茅s, la Iglesia adquiere una densidad hist贸rica palpable y visible, como sacramento universal de salvaci贸n. A trav茅s de la experiencia del Resucitado y del Esp铆ritu, la Iglesia puede celebrar la gracia liberadora en la historia hasta el fin de los tiempos.

Se puede decir, entonces, que a trav茅s de la experiencia del Resucitado y del Esp铆ritu Santo, se constituye la primera comunidad apost贸lica y todas aquellas comunidades – ekklesiai en el sentido que nos llega en el Nuevo Testamento – que se van formando a lo largo de la historia hasta el fin de los tiempos. Toda y cualquier comunidad cristiana necesita este inicio como hecho estructurante. La fe, la esperanza y la caridad nos constituyen como Iglesia. Dicho de otro modo, la eclesialidad no se da como obra humana, sino que es esencialmente la acci贸n comunicativa de Dios en el mundo. As铆 se forman todas las Iglesias locales, grandes, peque帽as, pobres, dispersas. A esta experiencia de las comunidades apost贸licas se vinculan las CEBs para afirmarse hoy como Iglesia en condiciones hist贸ricas-coyunturales distintas a las de los tiempos apost贸licos.

En este sentido, nos ayuda la afirmaci贸n, de innegable autoridad, de la Lumen Gentium 鈥渓a Iglesia de Cristo est谩 verdaderamente presente en todas las leg铆timas comunidades locales de fieles, que, unidas a sus pastores, son tambi茅n en el Nuevo Testamento llamadas ‘iglesias’鈥. (LG n. 26). Veamos, entonces, cu谩l es el significado de esta preciosa inserci贸n, precisamente en el cap. III de Lumen Gentium.

En los debates conciliares sobre la comprensi贸n de la Iglesia surgi贸 la observaci贸n de que exist铆a, de hecho, una cierta visi贸n unilateral a favor de la Iglesia universal, ofrecida por los cap.I y II de Lumen Gentium, respectivamente, sobre el misterio de la Iglesia vista desde la Trinidad, y el Pueblo de Dios en su plena historicidad. As铆, la dimensi贸n 鈥渦niversal鈥 de la Iglesia se hizo representar muy bien. Pero la Iglesia todav铆a necesitaba trabajar m谩s de forma inmediata su realidad 鈥渓ocal鈥. Sin ella faltar铆a la referencia a la vida concreta donde realmente se realiza la Iglesia en sus diferentes niveles: en la Iglesia diocesana, en la parroquia o en las CEBs. Estos diversos niveles, aunque diferentes, se complementan entre s铆, siempre bajo el pastor del obispo. Se trata, por tanto, de la comprensi贸n de la Iglesia no tanto desde su 鈥渦niversalidad abstracta鈥, sino desde la comunidad concreta, en la que se anuncia la Palabra y se celebra la Memoria del Se帽or. De esta manera, la salvaci贸n escatol贸gica se hace presente en la comunidad viva. Por tanto, la peque帽a comunidad es Iglesia en el verdadero sentido del t茅rmino. Desde esta realidad escatol贸gica, presente y real, se puede buscar comprender la Iglesia en su conjunto. Esto se debe a que el misterio de la Iglesia, en su universalidad, est谩 realmente presente (en el texto latino: vere adest) en la comunidad local.

El texto conciliar tiene un contexto espec铆fico, en el que se hace expl铆cito el lugar del ministerio del obispo, que, por la plenitud del sacramento del orden, preside la Iglesia particular o local. Desde este ministerio apost贸lico se puede decir que la Iglesia de Cristo se encuentra en todas las leg铆timas asambleas locales de fieles, sean peque帽as, pobres o dispersas. En ellas est谩 presente el Se帽or Resucitado. Por esta presencia victoriosa del Resucitado la comunidad local se une al misterio de la Iglesia de Cristo una, santa, cat贸lica y apost贸lica, como profesamos en el Credo Apost贸lico (cf. RAHNER, 1966, p. 242-245).

Despu茅s de estos presupuestos para la comprensi贸n de la 鈥渆clesialidad鈥, recorreremos el camino seguido por las CEBs, pregunt谩ndonos sobre los primeros pasos de esta experiencia y sobre la lectura que de ella hicieron sus actores hist贸ricos.

3 Primeros pasos

Colocadas las condiciones estructurantes de la eclesialidad, ahora vemos c贸mo sus actores vivieron la experiencia de las CEBs y la expresaron en el d铆a a d铆a. En este itinerario, es fundamental, de entrada, decir que las CEBs no surgieron de una planificaci贸n previa. No hubo un momento concreto en el que los participantes decidieron que iban a 鈥渃rear una comunidad de base鈥, es decir, una comunidad cristiana con otra figura de la Iglesia que no es solo la Iglesia de siempre, que expresa esta identidad que viene de los ap贸stoles y que presenta con nueva visibilidad, un modelo hist贸rico en construcci贸n.

El impulso renovador del Esp铆ritu Santo, ya presente en muchas Iglesias particulares de la Iglesia latinoamericana, responde al anhelo de renovaci贸n que precede al Concilio Vaticano II y se manifiesta de modo creciente, especialmente en los a帽os 50 y 60 del siglo XX. Destacamos que, en este punto, privilegiamos el camino recorrido por las CEBs en la Iglesia en Brasil, por el hecho evidente de vivir dicha experiencia eclesial en esta Iglesia. Sin duda los participantes de otras realidades eclesiales podr谩n ampliar nuestra visi贸n, enriqueci茅ndola con sus experiencias.

En torno al Concilio Vaticano II en nuestro continente hay una nueva conciencia eclesial. Se anuncian nuevos hechos: primero, el surgimiento de un nuevo sujeto social en la sociedad de nuestro continente, el sujeto popular, que anhelaba la participaci贸n; en segundo lugar, el surgimiento de un nuevo sujeto eclesial, con una nueva conciencia en la Iglesia. Anhelaba participar activa y responsablemente en la vida y misi贸n de la Iglesia. Este sujeto provoca nuevos descubrimientos y conversiones pastorales (cf. Doc. CNBB, 1986, n. 7).

驴D贸nde encontramos las semillas de esa experiencia? Para responder a esta pregunta, debemos dirigir nuestra mirada a nuestra historia y descubrir los factores que causaron la aparici贸n de las CEBs. En el pasado de nuestra historia, hemos notado que en muchos rincones de nuestro continente fueron los fieles laicos quienes, poblando el interior, llevaron consigo la fe y sus expresiones, construyendo oratorios y capillas, alimentando su propia fe sencilla pero ferviente y devota. Se aseguraron de que la propia experiencia de la vida cristiana garantizara la transmisi贸n de la fe eclesial, incluso antes que el clero que por all谩 llegase. M谩s recientemente, este fondo hist贸rico se encontr贸 con los distintos movimientos renovadores que prepararon el Concilio Vaticano II. Tales movimientos ten铆an al “sujeto moderno” como sujeto portador de cambios. Este encuentro entre lo que nos lleg贸 de la tradici贸n con este nuevo esp铆ritu, sobre todo de participaci贸n, de renovaci贸n comunitaria, dio lugar a nuevas experiencias, entre las que se encuentran las CEBs. Se da, as铆, el despertar de una nueva conciencia eclesial.

En el contexto de este despertar del Esp铆ritu en el coraz贸n de la Iglesia, las primeras experiencias de renovaci贸n comunitaria tuvieron lugar en la d茅cada de 1950 en Brasil, Chile, Panam谩 y en muchas otras Iglesias locales. En el caso brasile帽o, mencionamos dos iniciativas pioneras, presagiando las peque帽as comunidades cristianas, luego llamadas de base. La primera es la experiencia de la catequesis popular en la di贸cesis de Barra do Pira铆 (RJ), impulsada por el entonces obispo diocesano Don Agnelo Rossi. Estimul贸 la participaci贸n de los laicos en los salones comunitarios, bajo la gu铆a de los catequistas, para la proclamaci贸n de la Palabra de Dios y la catequesis. La segunda experiencia tuvo lugar en el llamado Movimiento de Navidad, que comenz贸 en la d茅cada de 1950. En 茅l se articulaba la promoci贸n humana, a trav茅s de la educaci贸n popular y la sindicalizaci贸n rural, con la formaci贸n de la fe, valorando la comunidad local. Esta iniciativa fue impulsada por Don Eugenio Sales, de la arquidi贸cesis de Natal, en el estado de Rio Grande do Norte. (cf. TEIXEIRA, 1988, p. 56-67).

Junto con la renovaci贸n comunitaria, tambi茅n crece la renovaci贸n del ministerio sacerdotal. Los sacerdotes descubren su lugar eclesial en comunidades que se entusiasman y crecen. El ministerio de la Iglesia deja a un lado su tradicional sentido de estatus clerical y establece una relaci贸n org谩nica con la comunidad. La parroquia tambi茅n se renueva. Poco a poco se produce una verdadera conversi贸n espiritual y pastoral, como anticip谩ndose a lo que la Conferencia de Aparecida explicitar铆a despu茅s (cf. DAp n. 370).

Converge con esa renovaci贸n la preocupaci贸n que el Papa Juan XXIII expres贸 poco despu茅s de su elecci贸n, en un discurso a los miembros de la Comisi贸n para Am茅rica Latina (CAL), el 15 de noviembre de 1958. Este llamamiento no tuvo el efecto deseado.聽 Por eso, el Papa insisti贸 en otro discurso, el 8 de diciembre de 1961. En 茅l, Juan XXIII subray贸 nuevamente la urgencia de una movilizaci贸n que involucrase a los diversos aspectos de la vida eclesial en la pastoral de conjunto y en una planificaci贸n pastoral realista (cf. FREITAS, 1997, p. 78).

En respuesta a los llamamientos del Papa Juan XXIII, en 1962 la CNBB lanz贸 un Plan de Emergencia (PE), buscando la renovaci贸n pastoral, que enfatiza la necesidad de dinamizar las parroquias para responder a la realidad y ser verdaderamente 鈥渦na comunidad de fe, de cultura y de caridad鈥. Y a帽adi贸 dos cosas importantes para la experiencia de las CEBs: a) 鈥渓os laicos tienen un papel muy decisivo en estas comunidades鈥 (CNBB, 1963, n. 5.5). Se trata de la iniciativa evangelizadora o “del papel de todos los bautizados en la vida y en la misi贸n de la Iglesia, dejando atr谩s la pasividad”; b) en esta tarea evangelizadora, 鈥渆l m茅todo m谩s seguro es la evangelizaci贸n a partir de los problemas de la vida鈥 (CNBB, 1963, n. 5,6).

Pero el impulso m谩s fuerte proviene del entusiasmo y la alegr铆a eclesial creados por el Concilio Vaticano II. El esp铆ritu eminentemente pastoral que irradia el Concilio crea un nuevo clima de renovaci贸n pastoral en las parroquias y comunidades. Por ello, ser铆a muy 煤til recordar aqu铆 algunos puntos b谩sicos de la eclesiolog铆a del Concilio y que encajan muy bien en el entendimiento de las CEBs.:

  • el primer punto que influye profundamente en la vida de las CEBs es la nueva concepci贸n de la Iglesia como pueblo peregrino de Dios y misterio de comuni贸n;
  • el segundo punto se refiere a Gaudium et Spes, que nos presenta la Iglesia en el mundo contempor谩neo, en un di谩logo cr铆tico, especialmente desde la teolog铆a de los 鈥渟ignos de los tiempos鈥 (cf. CNBB, 1963, n. 4 y 11);
  • el tercer punto se refiere a la dimensi贸n pastoral, abriendo espacios para nuevas experiencias comunitarias adem谩s de la cl谩sica pastoral sacramentalista de conservaci贸n, propia de las cristiandades. A trav茅s de esta ventana abierta por el soplo del Esp铆ritu pasa una de las creaciones m谩s esperanzadoras: las peque帽as comunidades que, inspiradas por la experiencia de las comunidades apost贸licas, se presentan ahora como una respuesta viva y creativa, procedente de dentro mismo del pueblo del Dios peregrino.

4 驴Qu茅 dicen los te贸logos y pastoralistas?

En esta ya larga historia de las CEBs, muchos te贸logos y pastoralistas se han pronunciado. En Brasil, tuvimos el primer Encuentro Intereclesial de las CEBs en Vit贸ria (ES), con un extenso an谩lisis de la experiencia de las CEBs,聽 de Carlos Mesters,聽 bajo el t铆tulo El聽 futuro de nuestro pasado. “隆Lo que debe ser tiene fuerza!” (ENCUENTRO DE VICTORIA, 1975, p. 120-200). En el mismo informe, Leonardo Boff hace una r谩pida reflexi贸n sobre las eclesiolog铆as presentes en las Comunidades Eclesiales de Base (ENCONTRO DE VIT脫RIA, 1975, p. 201-209).

Pero fue en 1977 cuando Leonardo Boff profundiz贸 sistem谩ticamente en el tema de las CEBs en su libro reconocido internacionalmente: Eclesiog茅nesis. Las comunidades eclesiales de base reinventan la Iglesia (1977). 脡l enfrenta la pregunta crucial: “驴la CEB es Iglesia o solo tiene elementos eclesiales?” (BOFF, 1977, p谩g.21). Parte de un supuesto teol贸gico indiscutible: 鈥渓a Iglesia se constituye como Iglesia cuando los hombres se dan cuenta del llamado salv铆fico hecho en Jesucristo y se re煤nen en comunidad, profesan la misma fe, celebran la misma liberaci贸n escatol贸gica y tratan de vivir el seguimiento de Jesucristo”. Y concluye que 鈥渟贸lo podemos hablar en sentido propio de Iglesia, cuando surge esta conciencia eclesial鈥 (BOFF, 1977, p. 22). Poniendo esta condici贸n a priori, admite que en el momento concreto de las CEBs existen opiniones divergentes que 茅l atribuye a la posici贸n que alguien ocupa en la estructura de la Iglesia.

En su argumentaci贸n, Boff sigue la l铆nea que le ofrecen las experiencias que provienen de las bases eclesiales y de sus int茅rpretes. Entre los apoyos que cita aparece, en primer lugar, J. Marins: 鈥減ara nosotros, la CEB es la Iglesia misma, sacramento universal de salvaci贸n, continuando la misi贸n de Cristo, profeta, sacerdote y pastor. Por tanto, comunidad de fe, culto y amor. Su misi贸n se hace expl铆cita a nivel universal, diocesano y local (de base)鈥(BOFF, 1975, p. 405). Y en segundo lugar, A. Antoniazzi, en su interpretaci贸n m谩s matizada. Para 茅l, las CEBs son realidades eclesiales, pero carentes de un desarrollo m谩s pleno: 鈥渄esde el punto de vista pastoral, estos grupos o comunidades de base deben ser considerados una aut茅ntica realidad eclesial, sin duda carente de desarrollo, pero ya integrada en la 煤nica comuni贸n con el Padre en Cristo por el Esp铆ritu Santo鈥 (cf. BOFF, 1977, p. 25). Antoniazzi entiende a las CEBs en su eclesialidad b谩sica, a煤n en crecimiento.

Por otro lado, esta comprensi贸n de la Iglesia como realidad local ya se encuentra en el NT, especialmente en la literatura paulina. Al principio, Pablo es testigo de la existencia de diferentes iglesias (ekklesiai). Son Iglesias locales que est谩n constituidas no por el n煤mero de miembros, sino por la vocaci贸n a la que los seguidores de Jes煤s est谩n llamados para constituir el “pueblo nuevo”, que re煤ne a los santificados por el bautismo y que Pablo llama “el cuerpo de Cristo”.聽 S贸lo en un segundo momento surge la conciencia de que las numerosas Iglesias locales en su conjunto se entienden como Iglesia universal, con el fin de calificar la comuni贸n de las Iglesias en el 煤nico misterio trinitario como pueblo de Dios peregrino en la historia.

Otro aspecto en el que debemos profundizar r谩pidamente se refiere a la relaci贸n entre lo “universal” y lo “particular” o “local” en la Iglesia. De hecho, “universal” y “particular” no son cosas comparables. Lo 鈥渦niversal鈥 de la Iglesia no es una realidad hist贸rica eclesial visible, tangible, que englobe al conjunto de las Iglesias, sino el misterio de salvaci贸n que est谩 presente en las diferentes Iglesias locales. Lo universal existe en lo particular, es decir, en la realidad de la historia concreta en el momento y lugar donde se ofrece el misterio de la salvaci贸n y donde 鈥渓a fe constituye la realidad m铆nima constituyente de la Iglesia particular鈥 (BOFF, 1977, p. 32). Desde esta perspectiva, 鈥渆l fiel, por su fe-comunidad, ya es presencia de la Iglesia universal鈥 (BOFF, 1977, p. 33). En estos t茅rminos, la Iglesia “universal” no es “visible”. Es “misterio”. Lo 鈥渧isible鈥 es la Iglesia particular en la que concretamente nos entendemos como disc铆pulos de Cristo en comuni贸n.

Boff afirma, en conclusi贸n, que las CEBs “son鈥 Iglesia universal realizada en la base “(1977, p. 37). Como Iglesia de base eclesial, la CEB es un signo visible, hist贸ricamente perceptible del misterio de la voluntad salv铆fica universal de Dios en Cristo a trav茅s del Esp铆ritu.

5 El magisterio de la Iglesia

En esta parte pretendemos exponer, en primer lugar, lo que dice la ense帽anza de la Iglesia en Brasil por el simple hecho de que hablamos desde aqu铆. Pero se puede partir de cada Conferencia Episcopal; en segundo lugar , lo que dicen las Conferencias Generales del Episcopado de LAyC; tercero, las principales declaraciones del magisterio pontificio.

5.1 El magisterio de la Iglesia en Brasil

La ense帽anza de la Iglesia en Brasil sobre las CEBs comenz贸 en 1962 con el Plan de Emergencia. Ya nos referimos antes a 茅l. Al final del Concilio, la CNBB lanz贸 un audaz Plan Pastoral de Conjunto (PPC) en 1966. En 茅l, la Iglesia en Brasil se fij贸 el objetivo de 鈥渃rear los medios y las condiciones para que la Iglesia en Brasil se ajuste, lo m谩s r谩pida y plenamente posible, a la imagen de la Iglesia del Vaticano II鈥 (CNBB, 1966, p. 25). En el esfuerzo de renovaci贸n, el PPC indic贸 que 鈥渓a descentralizaci贸n de la parroquia es urgente鈥, dando lugar a 鈥渃omunidades de base鈥. En ellas “los cristianos no son personas an贸nimas, que solo buscan un servicio o cumplen una obligaci贸n, sino que se sienten acogidos y responsables, y parte integrante de ella, en comuni贸n de vida con Cristo y con todos sus hermanos” (CNBB, 1966, p谩g.38).

Para que la Iglesia en Brasil se adapte a la imagen de la Iglesia del Vaticano II, el PPC nos dice: 鈥淟a Iglesia es y ser谩 siempre una comunidad. En ella siempre estar谩 presente y activo el ministerio de la Palabra, la vida lit煤rgica y especialmente la eucar铆stica, la acci贸n misionera, la formaci贸n en la fe de todos los miembros del pueblo de Dios, la presencia de Dios en el desarrollo humano, la organizaci贸n visible de la propia comunidad eclesi谩stica鈥 (CNBB, 1966, p. 27).

Para el PPC, la CEB ya forma parte de la estructura de la Iglesia diocesana a su nivel. Se帽ala que las CEBs 鈥渃orresponden, en las zonas rurales, a las capillas rurales鈥. Sin embargo, no deja de se帽alar que 鈥渆n el medio urbano es necesario intensificar las experiencias incipientes鈥 (CNBB, 1966, p. 106). Desde el inicio, destaca la dificultad que tuvieron las CEBs para establecerse en el espacio urbano.

De hecho, las CEBs contin煤an enfrentando nuevos desaf铆os. En la d茅cada de 1970, el desaf铆o era garantizar la plena eclesialidad, con un mayor 茅nfasis en el 谩mbito interno de la Iglesia. En la d茅cada de 1980, el desaf铆o estaba m谩s relacionado con su relaci贸n con los movimientos sociales. En el clima de cambio hacia un estado democr谩tico, en una situaci贸n de relativa libertad, se abren nuevas perspectivas para partidos pol铆ticos, movimientos sociales, sindicatos, entre otros. Surgen entonces interrogantes relacionados con la articulaci贸n de las CEBs con estos nuevos actores pol铆ticos, sociales y populares, que implican aspectos particulares de la pastoral de las CEBs. Para dar cuenta de esta nueva coyuntura y, as铆, orientar la vida eclesial y la pr谩ctica pastoral de las CEBs, los obispos editaron, a principios de los a帽os ochenta, el documento titulado Comunidades eclesiales de base en la Iglesia de Brasil (CNBB, 1986). De 茅l recogemos los puntos b谩sicos, incluso corriendo el riesgo de repetici贸n:

a) Se reafirma con 茅nfasis la eclesialidad de las CEBs. Son un 鈥渇en贸meno estrictamente eclesial鈥 y 鈥渘acieron dentro de la Iglesia-instituci贸n鈥 para convertirse en 鈥渦na nueva forma de ser Iglesia鈥 (CNBB, 1986, n. 3) y 鈥渦na nueva forma de estar la Iglesia en el mundo鈥 (CNBB, 1986, n. 4);

b) Se destaca que los pobres tienen un lugar privilegiado en la Iglesia. En este contexto, las CEBs 鈥渟on expresi贸n del amor preferencial de la Iglesia por el pueblo sencillo鈥 (CNBB, 1986, n. 47, cf. DPb n. 643). Pero las CEBs no pueden reducirse a los pobres, dejando la parroquia y otras organizaciones a las clases medias y ricas (CNBB, 1986, n. 48). Al contrario, 鈥渆l fundamento de las CEBs se dirige como ideal a todos los cristianos鈥 (CNBB, 1986, n. 51). En ellas se ponen a prueba 鈥渇ormas de organizaci贸n y estructuras de participaci贸n capaces de allanar el camino hacia un tipo de sociedad m谩s humana鈥. En ellas se muestra que 鈥渟in una comuni贸n radical con Dios en Jesucristo, cualquier otra forma de comuni贸n puramente humana … termina inevitablemente volvi茅ndose contra el hombre mismo鈥 (CNBB, 1986, n. 54, cf. DPb n. 273);

c) Otro aspecto se refiere a la relaci贸n entre las CEBs y la dimensi贸n sociopol铆tica de la evangelizaci贸n. El S铆nodo de 1971 sobre la justicia en el mundo ya hab铆a afirmado que 鈥渓a acci贸n por la justicia y la participaci贸n en la transformaci贸n del mundo se nos presenta claramente como una dimensi贸n constitutiva de la predicaci贸n del Evangelio, es decir, de la misi贸n de la Iglesia por la redenci贸n del g茅nero humano y la liberaci贸n de toda opresi贸n 鈥(Introducci贸n). Al afirmar que la misi贸n evangelizadora de la Iglesia es 鈥渆minentemente pastoral鈥, no quiere decir que pueda omitirse en temas sociopol铆ticos pues 鈥減resentan una dimensi贸n 茅tica relevante鈥 (CNBB, 1981, n. 2). Ante esto, el documento 25 de la CNBB insta a las CEBs y otras comunidades eclesiales a permanecer fieles a la propia fe, en contenido y m茅todos, en la b煤squeda de la liberaci贸n plena, superando la tentaci贸n de 鈥渞educir la misi贸n de la Iglesia a las dimensiones de un proyecto puramente temporal鈥 (CNBB, 1986, n. 64, cf. Evangelii Nuntiandi 32);

d) Otro punto se refiere a la relaci贸n entre las CEBs y los movimientos populares en la lucha por la justicia. Las CEBs “no pueden arrogarse el monopolio del Reino de Dios”. De hecho, la CEB debe ser consciente de que 鈥渃omo Iglesia, es signo e instrumento del Reino, es esa peque帽a porci贸n del pueblo de Dios donde la Palabra de Dios se recibe y se celebra en los sacramentos … especialmente en la Eucarist铆a鈥 (CNBB, 1986, n煤m. 70). As铆 formadas, ellas buscan 鈥渓a colaboraci贸n fraterna con personas y grupos que luchan por los mismos valores鈥 (CNBB, 1986, n. 73). El Documento, sin embargo, expresa una salvedad sobre 鈥渓os grupos ideol贸gicos encerrados en s铆 mismos鈥, especialmente aquellos que 鈥渞epudian expl铆citamente la fe y la apertura a Dios鈥 (CNBB, 1986, n. 74). Finalmente, se solicita mantener 鈥渦na clara distinci贸n entre las CEBs y los movimientos populares鈥. Ni las CEBs pueden ocupar el espacio de un movimiento secular, ni pueden acomodarse a los movimientos populares, con el riesgo de perder su propia identidad eclesial. (CNBB, 1986, n. 76);

e) Dos cuestiones tambi茅n preocupan a los obispos dentro de la Iglesia. Primero, la relaci贸n entre las CEBs y los movimientos laicos. En el contexto, el Documento establece claramente que 鈥渓a CEB no es un movimiento. Es una nueva forma de ser Iglesia鈥. Al ser Iglesia, 鈥渆l ministerio pastoral o jer谩rquico es parte de la CEB鈥 en su papel espec铆fico de 鈥渉acer presente a Cristo Cabeza鈥 (CNBB, 1986, n. 79). En segundo lugar, con respecto a la coordinaci贸n y la responsabilidad 煤ltima de las CEBs, el mismo Documento aclara la relaci贸n entre los Encuentros Intereclesiales de las CEBs y el ministerio pastoral de los obispos. De hecho, para “garantizar la plena eclesialidad” de estos encuentros, pide que “la coordinaci贸n general sea asumida por la Regional o di贸cesis que lo acoge”. Y a帽ade el principio general que rige la eclesialidad en toda la Iglesia: 鈥淟a coordinaci贸n de la pastoral es uno de los aspectos del ministerio episcopal y debe ejercerse en profunda comuni贸n con el Obispo y bajo su responsabilidad 煤ltima鈥 (CNBB, 1986, n. 86).

Coronando este punto, se帽alamos otro documento de la CNBB, el n煤mero 92 (2010). Representa el compromiso de los obispos con la animaci贸n de las CEBs, ahora frente a otros desaf铆os de una realidad plural, que sugiere 鈥渄iferentes formas de vivir la misma fe en la sociedad posmoderna. El cambio de 茅poca, aunque se manifiesta en el nivel m谩s profundo de la cultura y la l贸gica del mercado, erosiona la estructura fundamental de la sociabilidad b谩sica (cf. CNBB, 2010 p. 12). En respuesta al nuevo clima coyuntural, el documento propone: 鈥渧alorar las experiencias de sociabilidad b谩sica鈥 (CNBB, 2010, p. 13) y expresar con 茅nfasis la experiencia de los intereclesiales como 鈥渕anifestaci贸n visible de la eclesialidad de las CEBs … comuni贸n entre los fieles y sus pastores鈥 (CNBB, 2010, p. 14).

5.2 Conferencias Generales del Episcopado LAyC

En el 谩mbito latinoamericano, se puede decir que las CEBs 鈥済anan un foro de ciudadan铆a鈥 en Medell铆n (TEIXEIRA, 1988, p. 294). De hecho, la II Asamblea General del Episcopado Latinoamericano (1968) abord贸 las CEBs de manera positiva y alentadora. Enumera los puntos fundamentales que constituyen las CEBs como Iglesia: a) ser 鈥渦na comunidad de fe, esperanza y caridad鈥; b) ser 鈥渆l primer y fundamental n煤cleo eclesial鈥, es decir, 鈥渃茅lula inicial de estructuraci贸n eclesial鈥; c) 鈥渇oco de evangelizaci贸n鈥 y d) 鈥渁ctualmente un factor primordial para la promoci贸n y el desarrollo humano鈥 (DMd n. 15, 10). En este contexto, la parroquia se convierte en 鈥渦n conjunto unificador de las comunidades de base鈥. A su vez, las CEBs se convierten en un dinamismo renovador y descentralizador de la pastoral (DMd no. 15, 13), dando lugar a nuevos ministerios y espacios de participaci贸n en la acci贸n pastoral de la Iglesia, en las nuevas pastorales que surgen.

Finalmente, el documento de Medell铆n recomienda tres puntos para asegurar el seguimiento y est铆mulo de las CEBs en el futuro: a) que los obispos y p谩rrocos se preocupen por el descubrimiento y la formaci贸n de l铆deres para las CEBs (DMd No. 15, 11); b) que se realicen estudios teol贸gicos, sociol贸gicos e hist贸ricos, con la debida divulgaci贸n de las experiencias (DMd n. 15, 12); c) que los seminaristas est茅n mejor preparados para el ambiente latinoamericano, es decir, 鈥渇ormaci贸n b谩sica en la pastoral de conjunto,聽 preparaci贸n para fundar y ayudar a las comunidades de base, conveniente formaci贸n y entrenamiento en din谩micas de grupo y relaciones humanas (…)鈥 (DMd n. 13, 21).

La fase de experiencia incipiente se cierra positivamente con la legitimaci贸n de las CEBs por parte del episcopado latinoamericano. All铆 se reconoce que ellas corresponden tanto a los anhelos de los fieles de participar en la vida y misi贸n de la Iglesia como a las ense帽anzas del Concilio sobre la Iglesia. Esto hizo de las CEBs una esperanza para la Iglesia en el continente.

Si en Medell铆n las CEBs “ganan un foro de ciudadan铆a”, en Puebla (1979) se confirman. Pasando por dificultades e incluso persecuciones, maduran. Debido a la intensificaci贸n de la represi贸n contra los movimientos sociales y pol铆ticos, y de la censura, las CEBs se convirtieron, en muchos lugares, en espacio de la sociedad civil y, en particular, de los movimientos populares. La voz de la Iglesia para la sociedad resonaba en ellos. De hecho, 鈥渓a Iglesia se fue desconectado de quienes ten铆an el poder econ贸mico o pol铆tico鈥 (DPb n. 623).

Para asegurar la plena eclesialidad de las CEBs, el Documento de Puebla parte de la pregunta: 鈥溌緾u谩ndo se puede considerar una peque帽a comunidad como comunidad eclesial de base?鈥. Y responde, did谩cticamente: es comunidad cuando 鈥渋ntegra familias, adultos y j贸venes, en una 铆ntima relaci贸n interpersonal de fe鈥; es eclesial cuando 鈥渆s una comunidad de fe, esperanza y caridad; celebra la Palabra de Dios y se nutre de la Eucarist铆a … realiza la Palabra de Dios en la vida 鈥; es de base cuando 鈥渆st谩 constituida por unos pocos miembros, de forma permanente y como c茅lula de la gran comunidad鈥 (DPb n. 641).

Puebla tambi茅n hace un discernimiento sobre la llamada 鈥淚glesia popular鈥. De hecho, hab铆a en la d茅cada de 1970 divergencias sobre el tema. Para evitar desv铆os del proyecto original como 鈥渘ueva forma de ser Iglesia鈥, el Documento de Puebla trabaja la Iglesia como 鈥減ueblo peregrino鈥 y afirma que las CEBs se insertan 鈥渧italmente鈥 dentro de la Iglesia 鈥渃omo pueblo hist贸rico institucional鈥 (DPb n .261). En consecuencia, integradas a la totalidad del pueblo de Dios, las CEBs evitar谩n los escollos de la secta, del autoabastecimiento como 鈥淚glesia popular鈥 (DPb n. 262).

All铆 se distingue el correcto sentido de “popular”: “que busca encarnarse en los c铆rculos populares”, “que surge de la respuesta de la fe” y, as铆, evita el escollo de la “Iglesia que nace del pueblo”. Esta Iglesia “viene de lo alto”. No acepta ese sentido de 鈥減opular鈥 que establece un contraste entre la Iglesia llamada 鈥渋nstitucional鈥 u 鈥渙ficial鈥 y la que nace de abajo, del pueblo. Ese sentido introduce una 鈥渄ivisi贸n dentro de la Iglesia鈥 que es inaceptable (DPb n. 263). Lleva consigo el peligro de 鈥渄egenerar en anarqu铆a organizativa鈥 o 鈥渆litismo cerrado o sectario鈥 (DPb n. 261). En cualquier caso, el texto concluye que 鈥渆sta designaci贸n parece infeliz鈥 (DPb n. 263).

Superando las ambig眉edades que a veces trae consigo el calor de la lucha, el Documento de Puebla todav铆a puede afirmar positivamente que

el compromiso con los pobres y el surgimiento de las comunidades de base han ayudado a la Iglesia a descubrir el potencial evangelizador de los pobres, al mismo tiempo que 茅stos la desaf铆an constantemente, llam谩ndola a la conversi贸n y por lo聽 mucho que ellos realizan en su vida聽 los valores evang茅licos de solidaridad, servicio , sencillez y disponibilidad para acoger el don de Dios. (DPb n. 1147)

Dos acontecimientos notables de esta fase se pronunciaron sobre las CEBs. Primero, la Conferencia de Santo Domingo concibe a la parroquia como una 鈥渃omunidad de comunidades y movimientos鈥 y coloca a las CEBs dentro de ella como una 鈥渃茅lula viva鈥 (DSD n. 61). El segundo fue el planteamiento que se hizo de las CEBs en la V Conferencia General de Aparecida, objeto de controversia entre los defensores de las Comunidades y quienes ya planteaban objeciones. A 茅stos 煤ltimos no les gust贸 el 茅nfasis que el Documento Final (DAp), aprobado por los Obispos, daba a las CEBs. Por eso fue objeto de cambios. De hecho, el texto de las CEBs, que fue aprobado en la tercera redacci贸n del Documento de Aparecida, desapareci贸 en la cuarta versi贸n. Fue reintroducido a pedido de 10 Conferencias Episcopales.

Despu茅s de haber sido bendecidas por Medell铆n, por la Exhortaci贸n Apost贸lica Evangelii Nuntiandi n. 58 (Pablo VI) y por Puebla, es curioso encontrarnos en la situaci贸n de tener que defender esta experiencia leg铆tima y original de la Iglesia en Am茅rica Latina y que hace historia tambi茅n en otros continentes, como la Iglesia en la base: la estructura m谩s simple y humanamente perceptible de la presencia de los disc铆pulos de Jesucristo en la sociedad.

De hecho, el balance entre lo que fue eliminado del texto aprobado en Aparecida y el texto 鈥渃orregido鈥, que en cierto modo es negativo, puede considerarse preocupante. De hecho, lo que se elimin贸 es alentador, positivo, con una mirada hacia el futuro de la Iglesia y de la experiencia de renovaci贸n que traen las CEBs. Mientras que lo que se ha puesto en su lugar se caracteriza por la precauci贸n, mirando m谩s al pasado que al futuro de esperanza que las CEBs anuncian. Este texto no distingue claramente la presencia de las CEBs de otros grupos dentro de la parroquia. De hecho, las CEBs no se a帽aden a grupos y movimientos, sino que son realmente Iglesia local en la que caben grupos, movimientos y otras realidades eclesiales. El texto corregido acaba reduciendo la gran experiencia eclesial de las CEBs a la 鈥渆xperiencia eclesial de algunas Iglesias de Am茅rica Latina y el Caribe鈥 (DAp n. 178).

Finalmente, cabe mencionar que el Documento de Aparecida llama la atenci贸n sobre la importancia de la Eucarist铆a en la comunidad 鈥渃omo centro de su vida鈥 (DAp n. 180). Incluso enfatiza 鈥渓a gran importancia del precepto dominical鈥 (DAp n. 252). All铆, los obispos expresan su preocupaci贸n por la mayor铆a de nuestros CEBs que 鈥渘o tienen la oportunidad de participar en la Eucarist铆a dominical鈥, debido a la falta de un ministro. Por eso, nuestros obispos recordaron una reflexi贸n, que ya se hac铆a en la patr铆stica, sobre la presencia real y verdadera de Jesucristo en la Palabra proclamada. As铆, nuestras CEBs “pueden alimentar su ya admirable esp铆ritu misionero, participando en la ‘celebraci贸n dominical de la Palabra’, que hace presente el Misterio Pascual en el amor que congrega (cf. 1Jn 3,14), en la Palabra acogida (cf. Jn 5,24-25) y en la oraci贸n comunitaria鈥 (DAp n. 253).

5.3 El Magisterio pontificio

Fij谩ndonos en el magisterio pontificio, es oportuno recordar la preciosa ense帽anza de Pablo VI, en la exhortaci贸n postsinodal Evangelii Nuntiandi (1975). La multiplicaci贸n y diversificaci贸n de las CEBs en la Iglesia universal llev贸 al S铆nodo sobre la evangelizaci贸n en el mundo contempor谩neo (1974) a realizar un discernimiento eclesial sobre ellas. Pablo VI, ya en el discurso final del S铆nodo, nos dice: 鈥渘otamos, no sin alegr铆a, que las peque帽as comunidades cristianas traen gran esperanza a la Iglesia, y que tienen su origen en el Esp铆ritu Santo鈥 (REB 136, 1974, p. 945). En Evangelii Nuntiandi, el Papa, retomando las contribuciones de los padres sinodales, se帽ala que las CEBs, 鈥渜ue florecen m谩s o menos en todas partes de la Iglesia, difieren mucho unas de otras鈥 (EN n. 58). Por eso es necesario discernir constantemente su valor eclesial. Ante esto, analiza dos tipos de CEBs:

  • las hay que 鈥渘acen y se desarrollan en el interior de la Iglesia, se solidarizan con la vida de la Iglesia y, alimentadas por su doctrina, permanecen unidas a sus pastores鈥 (EN n. 58);
  • hay otras que 鈥渁grupan comunidades de base con un esp铆ritu de fuerte cr铆tica con relaci贸n a la Iglesia鈥, contrastando Iglesia 鈥渋nstitucional鈥 y 鈥渃omunidades carism谩ticas, liberadas de estructuras鈥. Ellas 鈥渃uestionan radicalmente a la Iglesia鈥. Estas “comunidades de base”, seg煤n el Papa, tienen “una designaci贸n puramente sociol贸gica”. Por eso, 鈥渘o podr铆an, sin abuso del lenguaje, llamarse comunidades eclesiales de base鈥 (EN n. 58).

Esta designaci贸n de CEBs, dice tambi茅n el Papa, “pertenece a las otras, es decir, a las que se re煤nen en Iglesia, para unirse a la Iglesia y aumentar la Iglesia”. 脡stas, s铆, son Iglesia, porque: a) “nacen de la necesidad de vivir m谩s intensamente la vida de la Iglesia”; b) 鈥渧iven una dimensi贸n m谩s humana鈥; c) 鈥渟e congregan para escuchar y meditar la Palabra de Dios y celebrar los sacramentos para el v铆nculo del 脕gape鈥 (EN n. 58).

Conscientes de las condiciones de su eclesialidad, advierte el Papa, 鈥渓as comunidades eclesiales de base corresponder谩n a su vocaci贸n m谩s fundamental: de oyentes del Evangelio que se les anuncia y de destinatarios privilegiados de la evangelizaci贸n, ellas mismas se convertir谩n sin demora en anunciadoras del Evangelio鈥. As铆, ser谩n 鈥渓ugar de evangelizaci贸n鈥 y 鈥渆speranza para la Iglesia universal鈥 (EN n. 58).

Con su peculiar claridad, Juan Pablo II, en su Mensaje a las Comunidades Eclesiales de Base (Manaus, 1980) explica c贸mo debe entenderse el t茅rmino Base: 鈥淪er eclesial es su marca original y su forma de existir y operar. Y la base a la que se refieren es de car谩cter n铆tidamente eclesial y no meramente sociol贸gico o de otro tipo.鈥 (JO脙O PAULO II, 1980, n. 3).

Finalmente, queremos subrayar la reciente contribuci贸n del Papa Francisco a una nueva din谩mica misionera en la Iglesia. Primero, hay que decir que Francisco no hizo el Concilio, sino que lo asimil贸 dentro de la Iglesia en Am茅rica Latina, donde capt贸 el esp铆ritu conciliar de apertura al mundo de hoy en el que la Iglesia debe ser misionera. En Evangelii Gaudium (EG) acu帽贸 la feliz expresi贸n 鈥淚glesia en salida鈥 para decir que una comunidad misionera no se cierra sobre s铆 misma (cf. EG n. 24). En segundo lugar, con respecto a las CEBs, podemos decir que forma parte de la experiencia del joven jesuita Bergoglio la labor pastoral en las periferias de la arquidi贸cesis de Buenos Aires, donde florecieron las CEBs. En tercer lugar, como obispo y luego arzobispo, siempre alent贸 la renovaci贸n pastoral hacia la conversi贸n eclesial y la transformaci贸n de la sociedad.

Cabe mencionar su participaci贸n, como presidente de la Comisi贸n de Redacci贸n del Documento Final, en la V Conferencia General de Obispos Latinoamericanos y Caribe帽os de Aparecida. En 茅l se privilegia la dimensi贸n misionera, se anima a las comunidades de base y peque帽as comunidades a ser evangelizadoras, sin perder el contacto con la parroquia, en el contexto de la pastoral org谩nica (cf. EG n. 29).

Como obispo de Roma, el Papa Francisco, a pesar de sufrir incomprensiones de algunos grupos dentro de la Iglesia, contin煤a su preocupaci贸n por las periferias del mundo de hoy, por lo que convoc贸 un S铆nodo especial de los obispos para la Amazon铆a en 2019. As铆, 茅l quiere situar en el centro de la preocupaci贸n de la Iglesia a los m谩s pobres de los pobres.

Conclusi贸n

En conclusi贸n, afirmamos que las CEBs son el fruto de la acci贸n del Esp铆ritu que renueva a la Iglesia desde sus bases eclesiales. Ellas no son comprendidas por sus participantes, especialmente los pobres, como Movimientos en la Iglesia, sino como Iglesias en la base eclesial dentro de las Iglesias particulares. Esta porci贸n del Pueblo de Dios, por peque帽a y pobre que sea, es la Iglesia de Cristo que 鈥渆st谩 verdaderamente presente en todas las leg铆timas comunidades locales de fieles鈥. Siempre unidos a sus pastores, generan 鈥渦na nueva forma de ser Iglesia鈥 y 鈥渄e la Iglesia estar presente en el mundo鈥 (CNBB, 1986, n. 3 y siguientes).

Cleto Caliman, SDB. PUC Minas 鈥 texto original en portugu茅s. Postado en diciembre del 2020.

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