Reconciliaci贸n

Sumario

Introducci贸n

1 Reconciliaci贸n: condici贸n para la perfecta integraci贸n del ser humano consigo mismo, con Dios, con la comunidad eclesial, con la sociedad y con el cosmos.

2 La experiencia de la reconciliaci贸n en la Sagrada Escritura

2.1 Pecado – misericordia – conversi贸n, en el Antiguo Testamento

2.2 Pecado – misericordia – conversi贸n, en el Nuevo Testamento

3 La experiencia de la reconciliaci贸n en la pr谩ctica de la Iglesia

3.1 siglos I-VI: reconciliaci贸n a trav茅s de la penitencia can贸nica

3.2 Siglos VII-XI: reconciliaci贸n mediante penitencia tarifada / privada

3.3 siglos XI-XX: reconciliaci贸n a trav茅s de la penitencia de confesi贸n

4 La experiencia de reconciliaci贸n propuesta en el Ritual de la Penitencia de 1973 y sus desaf铆os pastorales

4.1 El ritual de la penitencia de 1973

4.1.1 Aspectos teol贸gico-lit煤rgicos destacados

4.1.2 Avances y l铆mites

4.2 Celebrar la reconciliaci贸n hoy: pistas para la acci贸n

Referencias

Introducci贸n

El acercamiento al sacramento de la reconciliaci贸n se basar谩 en los siguientes puntos: 1) La reconciliaci贸n como condici贸n para la perfecta integraci贸n del ser humano consigo mismo, con Dios, con la comunidad eclesial, con la sociedad y con el cosmos; 2) La experiencia de la reconciliaci贸n en la Sagrada Escritura; 3) La experiencia de la reconciliaci贸n en la pr谩ctica de la Iglesia (enfoque hist贸rico-teol贸gico); 4) La experiencia de reconciliaci贸n propuesta en el nuevo ritual de penitencia y sus desaf铆os pastorales.

1 Reconciliaci贸n: condici贸n para la perfecta integraci贸n del ser humano consigo mismo, con Dios, con la comunidad eclesial, con la sociedad y con el cosmos.

Entre las cuestiones existenciales planteadas por los seres humanos, a lo largo de la historia, quiz谩s la que m谩s preocupe sea la de la b煤squeda de la paz. Entre las m煤ltiples formas de comportamiento, tanto a nivel personal como social, existen aquellas que generan serias rupturas que van m谩s all谩 del 谩mbito de las relaciones humanas, hasta el punto de poner en peligro incluso la viabilidad de la vida en el planeta. Parece que las divisiones y tensiones en el mundo tienden a desarrollarse en c铆rculos conc茅ntricos, es decir, desde simples conflictos interpersonales y familiares hasta grandes enfrentamientos generados por los intereses pol铆ticos de los pueblos y las naciones. El Papa Francisco, en su Constituci贸n apost贸lica Veritatis Gaudium, enfoca l煤cidamente en aspectos de este tema:

鈥溾oy no vivimos s贸lo una 茅poca de cambios sino un verdadero cambio de 茅poca, que est谩 marcado por una 芦crisis antropol贸gica禄 y 芦socioambiental禄 de 谩mbito global, en la que encontramos cada d铆a m谩s 芦s铆ntomas de un punto de quiebre, a causa de la gran velocidad de los cambios y de la degradaci贸n, que se manifiestan tanto en cat谩strofes naturales regionales como en crisis sociales o incluso financieras禄. Se trata, en definitiva, de 芦cambiar el modelo de desarrollo global禄 y 芦redefinir el progreso禄鈥. (VG n.3)

Este cambio y redefinici贸n del modelo de comportamiento al que se refiere el Papa puede vincularse con la palabra “reconciliaci贸n”, tan querida por la tradici贸n b铆blico-lit煤rgica. Se sabe que los seres humanos, en esencia, aspiran a un mundo mejor, justo, fraterno y reconciliado. La realizaci贸n de tal aspiraci贸n requiere que la persona de buena voluntad decida ponerse en un proceso continuo de metanoia, de un cambio radical en su pensar, actuar y sentir. Esto se debe a que el ser humano “no es ni un ‘no鈥 ni un ‘ya’, sino un ‘todav铆a no’, un ser inacabado llamado a perfeccionarse, que debe ser creativo y debe sentirse llamado a luchar y avanzar鈥 (BOROBIO, 2009, p.298).

La reconciliaci贸n es una condici贸n sine qua non para la perfecta integraci贸n del ser humano consigo mismo, con Dios, con la comunidad eclesial, con la sociedad y con el propio cosmos. Este proceso ocurre, en primera instancia, con el reconocimiento de las limitaciones y debilidades que inducen al ser humano a pr谩cticas il铆citas e injustas.

Es falsa, por lo tanto, la reconciliaci贸n de quienes cierran los ojos a la realidad y hacen como si no existiera; o del que comienza disculp谩ndose a s铆 mismo totalmente; o la de alguien que quiere reconciliarse aniquilando al contrario; o la de alguien que renuncia a todos los esfuerzos de reconciliaci贸n dici茅ndose a s铆 mismo: “No hay nada que hacer”. Estos caminos son falsos porque niegan, en principio, la condici贸n b谩sica para la reconciliaci贸n: aceptar los dos polos o realidades que deben reconciliarse (BOROBIO, 2009, p.297).

La reconciliaci贸n es, por lo tanto, el resultado de un proceso continuo de conversi贸n que impregna toda acci贸n humana, desde la simple tarea de cumplir con el deber cotidiano hasta acciones m谩s grandes como: solidaridad, correcci贸n fraterna, perd贸n mutuo, compromiso con la justicia, compromiso con la justicia. defensa de la vida en el planeta, etc. Por lo tanto, esta comprensi贸n de la “conversi贸n” y la consiguiente “reconciliaci贸n” suplantar谩n la mentalidad de que el perd贸n de Dios se limita solo al momento de celebraci贸n del sacramento de la reconciliaci贸n.

2 La experiencia de la reconciliaci贸n en la Sagrada Escritura

La historia de Israel est谩 marcada por la intervenci贸n constante de aquel que es “paciente y misericordioso”, que no tiene en cuenta las faltas y los pecados de ese pueblo (Salmo 130,3). Esta acci贸n salvadora del Eterno impregna toda la Sagrada Escritura. Aunque admitimos que hay otras posibilidades de enfocar el tema en cuesti贸n, para el alcance de este texto optamos por elaborar algunas notas sobre la experiencia de reconciliaci贸n a partir de la tr铆ada: pecado – misericordia – conversi贸n (cf. NOCENT, 1989, p.149-154).

2.1 Pecado – misericordia – conversi贸n, en el Antiguo Testamento

a) El pecado se remonta a los or铆genes, es decir, al momento en que el ser humano aspira a tomar el lugar de Dios mismo. Debido a este pecado de origen, fuimos creados en la culpa (Sal 51,7). El pecado est谩 relacionado con la Alianza. Es, por lo tanto, una apostas铆a de la fidelidad a Dios. Hay varios tipos de pecado, el m谩s com煤n y el m谩s grave es el de la idolatr铆a. Debido a estas “infidelidades”, el pueblo de Israel est谩 sujeto a “castigos” y experimenta la alegr铆a de “volver” a Dios. Aunque es responsabilidad de todos, incluidos los reyes, el pecado tambi茅n es una responsabilidad individual. El pecado es esclavitud y, por lo tanto, atrae el castigo de Dios. Este castigo a menudo se interpreta como un tipo de medicina dada por Dios para corregir a sus hijos e hijas del pecado.

b) La misericordia de Dios se canta ampliamente en los textos sagrados, ya que 茅l siempre ha sido misericordia (Dt 4,31). En el libro de los salmos, por ejemplo, encontramos voces elocuentes que cantan este acto de Dios: “脡l perdona todas tus iniquidades y sana todas tus enfermedades” (Sal 103,3); 鈥淗as perdonado la maldad de tu pueblo, has cubierto todos sus pecados鈥 (Salmo 85,3); “No act煤a con nosotros seg煤n nuestros pecados, y no nos paga seg煤n nuestras iniquidades” (Sal 103,10); “Den gracias al Se帽or, porque 茅l es bueno: su misericordia es para siempre鈥 (Sal 136,1).

c) La conversi贸n se experimenta como un regalo de Dios mismo. 脡l, en persona o por medio de los profetas, invita a su pueblo a la conversi贸n: 鈥淗ijos de hombres, 驴hasta cu谩ndo tendr茅is un coraz贸n pesado? 驴Por qu茅 am谩is la vanidad y busc谩is la mentira?鈥 (Sal 4,3); 鈥淣o endurezc谩is vuestros corazones como en Merib谩, como en el d铆a de Massa, en el desierto鈥 (Sal 95,8); 鈥淨ue cada cual vuelva atr谩s de su mal camino. Mejorad vuestra conducta y vuestras obras鈥 (Jr 18,11); “Venid, volvamos al Se帽or” (Os 6,1). Finalmente, el Salmo 51 sintetiza, elocuentemente, la teolog铆a de la culpa, la conversi贸n y la misericordia de Dios en el Primer Testamento.

2.2 Pecado – misericordia – conversi贸n, en el Nuevo Testamento

a) El pecado, y todas sus implicaciones, debe abordarse a la luz del misterio de Cristo. Seg煤n el ap贸stol Pablo, el pecado entr贸 en el mundo por un solo hombre (Rm 5,12) y por un hombre la muerte ser谩 vencida (1 Cor 15,21). Por lo tanto, el pecado proviene del comienzo del mundo y todos los seres humanos est谩n involucrados en 茅l: “Si decimos que no tenemos pecado, nos enga帽amos a nosotros mismos y la verdad no est谩 en nosotros” (1 Jn 1,8); “Aquel de vosotros que est茅 sin pecado, 隆que le arroje la primera piedra!鈥 (Jn 8,7).

En general, en los escritos del Nuevo Testamento, el pecado consiste en el rechazo de la Palabra (Mt 13,22), en la negaci贸n de la Palabra y de la luz (Jn 3,19), el no reconocimiento de la propia ceguera (Jn 9,41), el rechazo de Cristo (Jn 1,11), en la pr谩ctica de la iniquidad (1 Jn 2,14-17). Finalmente, del “pecado鈥 surgen los pecados, como se帽ala el ap贸stol Pablo en una de sus listas: “libertinos, id贸latras, ad煤lteros, sodomitas, ladrones, codiciosos, borrachos, maldecidores, estafadores (…)鈥 (1Cor 6,9-10).

b) La misericordia caracteriza al Dios de los cristianos. Los fieles son el objeto de esta misericordia divina: “Bienaventurados los misericordiosos, porque alcanzar谩n misericordia” (Mt 5,7). Jesucristo es el rostro de la misericordia del Padre. “Cuando se complet贸 el tiempo previsto, Dios envi贸 a su Hijo, nacido de mujer, nacido sujeto a la Ley, para rescatar a los que estaban sujetos a la Ley, y todos recibimos la dignidad de hijos” (Ga 4.4-5). El evangelista Lucas es ciertamente el que mejor re煤ne los diferentes comportamientos de Jes煤s que manifiestan misericordia. La par谩bola del padre y sus dos hijos es paradigm谩tica: el padre, lleno de compasi贸n, se apresura a encontrarse con el hijo que regresa y, despu茅s de haberlo abrazado cari帽osamente (con abrazos y besos), haber escuchado su “confesi贸n”, lo lleva al banquete (Lc 15,11-32). De hecho, la actitud de Jes煤s de mostrarse amigo de los pecadores, marginados, enfermos, afligidos, – 隆y que fue motivo de esc谩ndalo para los fariseos e incluso para algunos de sus disc铆pulos! – se deriva de su misi贸n principal, que es revelar la misericordia del Padre.

En fin, misericordia

es condici贸n de nuestra salvaci贸n; es la palabra que revela el misterio de la Sant铆sima Trinidad; es el acto 煤ltimo y supremo por el cual Dios viene a nuestro encuentro; es la ley fundamental que vive en el coraz贸n de cada persona, cuando ve con ojos sinceros al hermano que encuentra en el camino de la vida; es el camino que une a Dios y al hombre鈥 (MV n.2).

c) La conversi贸n es un medio efectivo para obtener misericordia y tiene lugar bajo dos vertientes: el deseo humano de un cambio radical en la vida (metanoia) y el auxilio divino para su plena realizaci贸n. Sin embargo, vale la pena mencionar que la iniciativa siempre es de Dios, como bien expresa el ap贸stol Pablo, Cristo fue enviado no cuando est谩bamos decididos a convertirnos, sino cuando est谩bamos en plena situaci贸n de pecado. (cf. Rm 5,6s).

Escuchar la Palabra de Dios y la consecuente adhesi贸n a ella nos reposiciona en el camino de seguir a Cristo, porque 茅l nos perdona el pecado y nos hace nuevas criaturas, gracias al misterio de su muerte y resurrecci贸n. En otras palabras, se trata de llevar a cabo, en nuestras vidas, la din谩mica del misterio pascual de Cristo.

3 La experiencia de la reconciliaci贸n en la pr谩ctica de la Iglesia

La Iglesia, a lo largo de su historia, ha experimentado diferentes modalidades con respecto a la comprensi贸n teol贸gica y la pr谩ctica de celebraci贸n de la reconciliaci贸n. Para el alcance de este texto, el enfoque hist贸rico-teol贸gico tendr谩 lugar en los siguientes per铆odos: a) siglos I-VI (a trav茅s de la penitencia can贸nica); b) siglos VII-XI (reconciliaci贸n mediante penitencia tarifaria / privada); c) siglos XI-XX (reconciliaci贸n a trav茅s de la penitencia de la confesi贸n).

3.1 siglos I-VI: reconciliaci贸n a trav茅s de la penitencia can贸nica

En los primeros dos siglos de la era cristiana, hay pocos datos que aludan a la pr谩ctica penitencial de los cristianos. Como ejemplo, citamos Didach茅, la Carta de Bernab茅, la Primera Carta de Clemente de Roma a los Corintios y El Pastor de Hermas. (cf. NOCENT, 1989, p.165-169).

a) La Didach茅 (siglo I), siguiendo los escritos del Nuevo Testamento, enumera algunos pecados graves, correspondientes a los mandamientos (cap. 2). Tambi茅n habla de la “confesi贸n” de los pecados a la asamblea (cap. 4) e impone condiciones (confesi贸n de los pecados) para participar plenamente en la mesa del Se帽or (cap. 14). Vale la pena se帽alar que tal “confesi贸n” es posiblemente una especie de reconocimiento p煤blico de los propios pecados, como el “acto penitencial”, de nuestras celebraciones eucar铆sticas.

b) La primera carta de Clemente de Roma a los Corintios (siglo I) trae algo m谩s concreto: Vosotros, pues, los que fuisteis origen de esta sedici贸n, estad sometidos a los Presb铆teros, y recibid esta correcci贸n como penitencia, doblegando vuestros corazones鈥 (57,1).

c) La Carta de Bernab茅 (siglo II), adem谩s de enumerar una serie de vicios que deben evitarse, trae advertencias de naturaleza escatol贸gica: 鈥淓l Se帽or est谩 cerca, con su salario鈥 (cap. 19).

d) El Pastor de Hermas (siglo II) aborda el tema penitencial desde los aspectos de la perspectiva escatol贸gica, la conversi贸n y la 煤nica posibilidad de recibir el perd贸n de la Iglesia.

A partir del siglo III, se ve m谩s claramente la pr谩ctica penitencial. Se establece la penitencia “can贸nica” o “p煤blica”, otorgada solo una vez en la vida por los pecados m谩s graves. Es una disciplina estricta de expiaci贸n, que termina con la reconciliaci贸n eclesial, a trav茅s del ministerio del obispo. Consist铆a, b谩sicamente, en tres momentos muy distintos: a) la confesi贸n secreta del pecado, al obispo. Esto admit铆a a la persona en el grupo de “penitentes”; b) el tiempo necesario para llevar a cabo las obras de penitencia, es decir: ayunos prolongados, restricciones alimenticias, uso de prendas penitenciales y de cilicio, oraci贸n de rodillas, etc. El penitente tambi茅n era responsable de pedir a los miembros de la comunidad de fe que rezaran por ellos; c) reconciliaci贸n o paz. Es el momento de celebraci贸n cuando el obispo y los ancianos presentes impon铆an las manos a los penitentes, otorg谩ndoles la remisi贸n de los pecados y su readmisi贸n a la asamblea eclesial.

En fin, nadie duda del valor pedag贸gico de esta antigua pr谩ctica de la penitencia, respaldada por la conciencia de su estrecha conexi贸n con el sacramento del bautismo. 脡ste es, de hecho, la “primera penitencia”. El sacramento de la reconciliaci贸n, a su vez, fue visto como un segundo bautismo. Sin embargo, el rigor extremo y el hecho de que se otorgase solo una vez en la vida y tuviese consecuencias para toda la vida contribuy贸 a que las personas pospusiesen, en la medida de lo posible, el acceso al sacramento de la reconciliaci贸n. Esto dio lugar a efectos colaterales como: la salida progresiva de la comuni贸n eucar铆stica y la transformaci贸n de la reconciliaci贸n en un sacramento para los ancianos y los moribundos.

3.2 Siglos VII-XI: reconciliaci贸n mediante penitencia tarifada / privada

El siglo VII es visto como un hito en t茅rminos de disciplina penitencial. Hay una ruptura con la vieja pr谩ctica: la reconciliaci贸n que pod铆a realizarse privadamente y ser repetida. Esta pr谩ctica disciplinaria, utilizada por monjes irlandeses y escoceses, tambi茅n se hab铆a extendido a las comunidades parroquiales. El hecho de que la mayor铆a de los obispos tambi茅n sean monjes contribuy贸 a la expansi贸n de esta “novedad”. De ah铆 los famosos “libros penitenciales”. Estos libros contienen tablas y listas de pecados y la pena correspondiente (tarifa) que se impondr谩 al penitente, por cada pecado cometido. La duraci贸n de estas oraciones var铆a seg煤n la gravedad del pecado, y puede extenderse a lo largo de d铆as, semanas, meses, a帽os de ayuno, etc. Por otro lado, continuaba vigente el principio: 鈥淧ara el pecado grave y oculto, la penitencia secreta; para pecado grave y p煤blico, penitencia p煤blica鈥.

En la pr谩ctica, la penitencia tarifada caus贸 dudas, tales como: 驴c贸mo resolver casos en que, en una sola confesi贸n, la persona se vea obligada a reparar muchos a帽os de penitencia? En vista de esto, se crearon las llamadas conmutaciones o redenciones de la acci贸n penitencial. Tales conmutaciones podr铆an realizarse de acuerdo con los c谩lculos previstos, por ejemplo: a) acci贸n penitencial de larga duraci贸n: podr铆a reemplazarse por una m谩s corta pero m谩s dura; b) acci贸n penitencial intercambiada por dinero: el monto var铆a de acuerdo con la pena; c) acci贸n penitencial substituida por la misa: se encargaba una determinada聽 cantidad de misas como pago de la penitencia impuesta; d) acci贸n penitencial rescatada a trav茅s de otra persona: se basaba en el precepto evang茅lico de que algunos soportaran la carga de otros (cf. BA脩ADOS, 2005, p.217).

Aunque el acceso repetido al sacramento ha sido un hecho positivo en la historia de la Penitencia, con respecto a la pr谩ctica pastoral, hubo l铆mites considerables, por ejemplo, a la “mercantilizaci贸n” de las penas. Esto, adem谩s de acentuar el car谩cter individual y m谩gico del sacramento, reforz贸 el binomio confesi贸n-absoluci贸n, relativizando la penitencia como tal.

3.3 Siglos XI-XX: reconciliaci贸n a trav茅s de la penitencia de confesi贸n

Aunque todav铆a exist铆a penitencia p煤blica reservada para los pecados p煤blicos, considerados escandalosos, la confesi贸n auricular gradualmente tom贸 su espacio, hasta el punto de convertirse en la 煤nica forma de celebrar el sacramento. Se desencaden贸 un tipo de “confesi贸n devocional”, caracterizada por la acusaci贸n de pecados (por parte del penitente) y la absoluci贸n inmediata (por parte del ministro ordenado). Esta “confesi贸n” se estaba convirtiendo gradualmente en una condici贸n para la comuni贸n eucar铆stica, incluso una vez al a帽o, como lo propuso el Consejo de Letr谩n (1215). Finalmente, la reconciliaci贸n que, en los primeros siglos, era concedida una vez en la vida, ya que este sacramento era visto como un segundo bautismo o “bautismo laborioso”, ahora se vuelve obligatoria una vez al a帽o. Esta pr谩ctica se extendi贸 hasta el Concilio de Trento. (siglo XVI).

En la 茅poca del Concilio de Trento, el problema teol贸gico y disciplinario del sacramento de la penitencia era complejo no solo por la Reforma y su actitud hacia el sacramento, sino tambi茅n por la complejidad del problema, de la disciplina del sacramento y de la Iglesia misma. De hecho, desde el punto de vista de la disciplina del sacramento, hubo varias divergencias en sus aplicaciones (NOCENT, 1989, p.204).

Limit谩ndose a dar una respuesta dogm谩tica a los ataques de los reformadores, el Concilio de Trento trata el sacramento de la penitencia en s铆 mismo, y cuando lo considera en relaci贸n con la Eucarist铆a, lo hace bajo el aspecto de la dignidad necesaria para la comuni贸n y tambi茅n para enfatizar que la Eucarist铆a no puede substituir la absoluci贸n en el caso de un pecado grave. De la doctrina sobre el sacramento de la penitencia ense帽ada por Trento, vale la pena destacar: a) la declaraci贸n sobre la instituci贸n del sacramento por Cristo y su necesidad por derecho divino, para la salvaci贸n de los que cayeron despu茅s del bautismo; b) la ense帽anza de que la confesi贸n solo se hace al sacerdote y es secreta; c) la necesidad de confesar todos los pecados, incluidos los veniales, al menos una vez al a帽o.

Trento enfatiza la estrecha relaci贸n entre individuo y confesor: por parte del individuo se requiere una actitud de profunda contrici贸n, seguida de la declaraci贸n de todos los pecados (confesi贸n) y la satisfacci贸n de las penas; El confesor, representante de Dios y juez, ser谩 responsable de absolver los pecados del penitente.

Tambi茅n vale la pena mencionar la ense帽anza de Trento sobre la diferencia entre el sacramento de la penitencia y el sacramento del bautismo:

Es evidente que este sacramento es diferente del bautismo por muchas razones. Adem谩s de ser muy diferentes la materia y la forma que constituyen la esencia del sacramento, tambi茅n consta que el ministro del bautismo no debe ser juez, porque la Iglesia no ejerce jurisdicci贸n sobre la persona que no haya entrado primero por la puerta del bautismo. (…) Lo mismo no se da con los que son de la familia de la fe, los que Cristo el Se帽or, con el ba帽o del bautismo, hizo, de una vez por todas, miembros de su cuerpo. De hecho, si 茅stos se contaminasen despu茅s de alg煤n delito, deben, seg煤n su voluntad, purificarse, no mediante un nuevo bautismo, que de ninguna manera es legal en la Iglesia Cat贸lica, sino compareciendo como reos ante este tribunal de la penitencia, para que, por la sentencia del sacerdote, puedan ser liberados, no solo una vez, sino cada vez que, arrepinti茅ndose de sus pecados, recurriesen a 茅l (DENZINGER-H脺NERMANN, 2007, n.1671).

En los siglos siguientes (post-tridentinos), la teolog铆a y la pr谩ctica pastoral del sacramento de la penitencia siguen el camino trazado por Trento y no presentan cambios sustanciales, a pesar de las acaloradas discusiones sobre la intensidad de la “contrici贸n”. La “satisfacci贸n” impuesta despu茅s de la absoluci贸n, adem谩s de llevar al penitente a aceptar la pena (cura de las consecuencias del pecado cometido), lo vuelve m谩s cauteloso y vigilante en el futuro. Durante este per铆odo, tambi茅n hubo repetidos llamados a la “confesi贸n individual”, casi siempre vista como una condici贸n para recibir la Eucarist铆a con dignidad. La confesi贸n frecuente de todos los pecados (incluidos los veniales) se convierte en una obsesi贸n por parte del clero.

4 La experiencia de reconciliaci贸n propuesta en el Ritual de la Penitencia de 1973 y sus desaf铆os pastorales

Esta 煤ltima secci贸n tratar谩, primero, del estudio del Ritual de la Penitencia de 1973, buscando resaltar su teolog铆a en 茅l. Luego, se presentar谩n tres posibilidades de acci贸n, con miras a una participaci贸n consciente, activa y fruct铆fera de los fieles en la celebraci贸n de la reconciliaci贸n.

4.1 El ritual de la penitencia de 1973

En respuesta a la solicitud expresa del Concilio Vaticano de que “el rito y las f贸rmulas de la Penitencia sean revisadas de manera que expresen m谩s claramente la naturaleza y el efecto de este sacramento” (SC n.72), la Sagrada Congregaci贸n para el Culto Divino public贸, en Roma, el 2 de diciembre de 1973, el nuevo Ritual de la Penitencia (RP).

Este ritual consiste en una “Introducci贸n general”, un “Rito para la reconciliaci贸n individual de los penitentes”, un “Rito para la reconciliaci贸n de varios penitentes con la confesi贸n individual y la absoluci贸n”, un “Rito para la reconciliaci贸n de varios penitentes” con confesi贸n y absoluci贸n general 鈥; un amplio “Leccionario”; y tres “Ap茅ndices”, a saber: a) absoluci贸n de censuras y dispensa de irregularidades; b) ejemplos de celebraciones penitenciales: Cuaresma, Adviento, Celebraciones ordinarias para ni帽os, para j贸venes, para enfermos; c) esquema para el examen de conciencia.

4.1.1 Aspectos teol贸gico-lit煤rgicos destacados

La “Introducci贸n general” del RP, en sinton铆a con Sacrosanctum Concilium, comienza con el enfoque del ministerio de reconciliaci贸n en el contexto de la historia de la Salvaci贸n: el Padre siempre ha mostrado su misericordia y reconcili贸 el mundo consigo mismo. Este plan divino alcanz贸 su apogeo en el misterio pascual de Cristo. Desde entonces, la Iglesia nunca ha dejado de convocar a hombres y mujeres a la conversi贸n, mediante la celebraci贸n del sacramento de la reconciliaci贸n. Este sacramento est谩 asociado con el bautismo, “por el cual el hombre viejo es crucificado con Cristo para que, destruido el cuerpo del pecado, ya no sirvamos al pecado, sino que resucitemos con Cristo, vivamos para Dios”, y la eucarist铆a, que construye la Iglesia y hace de sus miembros 鈥渦n solo cuerpo y un solo esp铆ritu” (RP n. 1-2).

La segunda secci贸n trata sobre la reconciliaci贸n de los penitentes en la vida de la Iglesia: Cristo am贸 a la Iglesia y se entreg贸 por ella para santificarla, uni茅ndola a s铆 mismo como esposa. 脡sta, a su vez, no siempre le es fiel y, por esta misma raz贸n, necesita una purificaci贸n y renovaci贸n continuas. En el sacramento de la reconciliaci贸n, 鈥渓os fieles obtienen por la misericordia divina el perd贸n por la ofensa cometida a Dios y, al mismo tiempo, se reconcilian con la Iglesia, a la que hirieron por el pecado y que colabora para su conversi贸n con la caridad, el ejemplo y las oraciones “(LG n. 11).

Tambi茅n en esta secci贸n, se presentan las partes constitutivas del sacramento de la reconciliaci贸n, a saber:

a) La contrici贸n. De la contrici贸n interior depende la autenticidad de la penitencia. La conversi贸n debe alcanzar 铆ntimamente al ser humano para iluminarlo cada d铆a, con mayor intensidad, y para configurarlo cada vez m谩s en Cristo.

b) La confesi贸n requiere del penitente la voluntad de abrir su coraz贸n al ministro de Dios; y por la parte de 茅ste, un juicio espiritual por el cual, actuando en el nombre de Cristo, pronuncia, en virtud del poder de las llaves, la sentencia de remisi贸n o de la retenci贸n de pecados.

c) La satisfacci贸n de la culpa es una expresi贸n concreta de la verdadera conversi贸n, es decir, de la reparaci贸n del da帽o causado. Es necesario, por lo tanto, que la satisfacci贸n impuesta sea realmente un remedio para el pecado y, de alguna manera, una renovaci贸n de la vida. As铆, el penitente, olvidando lo que pas贸 (Fil 3,13), se integra nuevamente en el misterio de la salvaci贸n, lanz谩ndose hacia adelante.

d) La absoluci贸n. A trav茅s de la confesi贸n sacramental, Dios concede el perd贸n mediante el signo de la absoluci贸n, y as铆 realiza el sacramento de la reconciliaci贸n. A trav茅s de este sacramento, el Padre da la bienvenida a su hijo que regresa; Cristo coloca a la oveja perdida sobre sus hombros, llev谩ndola de vuelta al redil; y el Esp铆ritu Santo santifica su templo nuevamente o comienza a habitarlo m谩s plenamente. Esto se manifiesta plenamente en la participaci贸n frecuente o m谩s ferviente en la mesa del Se帽or, habiendo gran gozo en la Iglesia de Dios por el regreso del hijo distante (cf. RP n. 6).

Vale la pena se帽alar que la satisfacci贸n aparece antes de la absoluci贸n, es decir, se ha restaurado el orden ideal de la estructura sacramental.

Con respecto a la reiteraci贸n del sacramento, entre otras recomendaciones, el RP aclara que.

no se trata de una mera repetici贸n ritual ni de un cierto ejercicio psicol贸gico, sino de sin constante empe帽o en perfeccionar la gracia del bautismo, que hace que de tal forma nos vayamos conformando continuamente a la muerte de Cristo, que llegue a manifestarse tambi茅n en nosotros la vida de Jes煤s. (…) La celebraci贸n de este sacramento es siempre una acci贸n en la que la Iglesia proclama su fe, da gracias a Dios por la libertad con que Cristo nos liber贸 y ofrece su vida como sacrificio espiritual en alabanza de la gloria de Dios y sale al encuentro de Cristo que se acerca (RP n.7).

La tercera secci贸n trata de las funciones y ministerios en la reconciliaci贸n de penitentes. Adem谩s de destacar el papel de toda la comunidad en la celebraci贸n de la reconciliaci贸n, recuerda que la Iglesia est谩 involucrada y act煤a en la reconciliaci贸n; destaca la responsabilidad del obispo y los presb铆teros (que act煤an en comuni贸n con el obispo) en la remisi贸n de los pecados; recuerda que “mientras los fieles experimentan y proclaman la misericordia de Dios en sus vidas, celebran con el ministro ordenado la liturgia de una Iglesia que se renueva continuamente” (RP n. 8-11).

La cuarta secci贸n, a su vez, describe las tres formas de celebrar el sacramento de la reconciliaci贸n, buscando mostrar su importancia en la vida de los fieles; enfatiza la teolog铆a de la f贸rmula de absoluci贸n, en estos t茅rminos:

La f贸rmula de la absoluci贸n significa c贸mo la reconciliaci贸n del penitente tiene su origen en la misericordia de Dios Padre; muestra el nexo entre la reconciliaci贸n del pecador y el misterio pascual de Cristo; subraya la intervenci贸n del Esp铆ritu Santo en el perd贸n de los pecados; y, por 煤ltimo, ilumina el aspecto eclesial del sacramento, ya que la reconciliaci贸n con Dios se pide y se otorga por el ministerio de la Iglesia. (RP n.19)

La quinta secci贸n habla sobre “Celebraciones penitenciales”. En cuanto a la naturaleza y la estructura, estas celebraciones son

reuniones del pueblo de Dios para o铆r la palabra de Dios, por la cual se invita a la conversi贸n y a la renovaci贸n de vida y se proclama, adem谩s, nuestra liberaci贸n del pecado por la muerte y resurrecci贸n de Cristo. Su estructura es la que se acostumbra a observar en las celebraciones de la palabra de Dios, y que se propone en el 芦Rito para reconciliar a varios penitentes禄 (RP n.36).

En cuanto a la utilidad e importancia, las “celebraciones penitenciales” fomentan el esp铆ritu de penitencia de la comunidad cristiana; ayudan a los fieles a preparar la confesi贸n que cada uno podr谩 hacer oportunamente; educan a los ni帽os a adquirir gradualmente una conciencia del pecado en la vida humana y de la liberaci贸n del pecado por parte de Cristo; ayudan a los catec煤menos en su conversi贸n. Adem谩s, donde no hay ministros ordenados disponibles para otorgar la absoluci贸n sacramental, las celebraciones penitenciales son muy 煤tiles para despertar en los fieles una contrici贸n perfecta, nacida de la caridad, por la cual, con el deseo de recibir el sacramento de la reconciliaci贸n m谩s tarde, pueden alcanzar la gracia de Dios (cf. RP n.37).

La 煤ltima secci贸n de la “Introducci贸n general” del RP discute las “Adaptaciones del Rito a las diferentes regiones y circunstancias”. Dichas adaptaciones pueden realizarse por las Conferencias Episcopales (RP n. 38), por el obispo diocesano (RP n. 39) y por el ministro (RP n.40).

4.1.2 Avances y l铆mites

Para emitir un juicio sobre el RP de 1973, es necesario tener en cuenta que este ritual es el resultado de un trabajo laborioso articulado por el Consilium. A. Bugnini, en su obra antol贸gica La reforma lit煤rgica, se expresa de la siguiente manera: 鈥淟a revisi贸n de los ritos de la Penitencia ha atravesado un camino muy largo y dif铆cil. Se necesitaron siete a帽os para poner en pr谩ctica las pocas l铆neas que la Constituci贸n lit煤rgica dedica a este tema鈥 (2018, p.551).

Se discutieron cuestiones importantes, algunas de ellas, de manera “acalorada”, ya en la primera etapa de los trabajos (1966-1969), como el aspecto social y comunitario del pecado y de la reconciliaci贸n, la cuesti贸n de una posible celebraci贸n comunitaria de reconciliaci贸n, con absoluci贸n general, sin previa confesi贸n individual, una nueva f贸rmula sacramental para la absoluci贸n y la posibilidad de f贸rmulas sacramentales facultativas, etc.

Fue a partir de este contexto que se desarroll贸 el nuevo RP. Los tres tipos de celebraci贸n de reconciliaci贸n propuestos en este ritual son un buen ejemplo de esto. El c茅lebre liturgista A. Nocent, en un an谩lisis cr铆tico de la RP, reconoce estas modalidades como positivas, bajo tres aspectos: a) el intento de restaurar la unidad entre la Palabra y el sacramento; b) la intervenci贸n, al menos parcialmente, de la comunidad eclesial; c) la presentaci贸n de un formulario de absoluci贸n dogm谩ticamente m谩s rico, que corrige el aspecto jur铆dico. Por otro lado, lamenta que ninguna de las tres modalidades sea realmente satisfactoria y adecuada a las circunstancias actuales, en estos t茅rminos:

El primer ritual, el relacionado con el penitente que se encuentra con el confesor, no se lleva a cabo f谩cilmente: supone un contacto humano y espiritual para el di谩logo, une al sacramento una breve liturgia de la Palabra, pero carece de la visibilidad de la comunidad y, sobre todo, es dif铆cil de llevar a cabo. en una parroquia o en un grupo de personas que se presentan juntas; y eso imposibilita la pr谩ctica prevista por el ritual.

El segundo ritual enfatiza la preparaci贸n de la comunidad para la confesi贸n, que no tiene base en la tradici贸n, pero que de hecho constituye enriquecimiento. No obstante, en el momento en que el ritual sacramental deber铆a acentuar el aspecto comunitario del sacramento, la absoluci贸n, sin el permiso del Ordinario, sigue siendo individual. Solo la preparaci贸n para el sacramento es comunitaria, mientras que el sacramento permanece visiblemente individual.

El tercer ritual, la absoluci贸n sin confesi贸n previa, no encuentra apoyo en la tradici贸n, ya que la antig眉edad consideraba la absoluci贸n coronando la conversi贸n. Aqu铆, por el contrario, la absoluci贸n se coloca en el plano jur铆dico, sin ning煤n control sobre c贸mo el penitente pretende convertirse. Sin embargo, es necesario reconocerlo, vivimos en situaciones nuevas, que la Iglesia antigua no conoc铆a (NOCENT, 1989, p. 215-216).

4.2 Celebrar la reconciliaci贸n hoy: pistas para la acci贸n

Celebrar la reconciliaci贸n en las comunidades de hoy en d铆a sigue siendo un gran desaf铆o. Aun as铆, nos atrevemos a se帽alar tres demandas que consideramos fundamentales para mejorar la pastoral de la reconciliaci贸n. Son las siguientes:

a) Promover una formaci贸n teol贸gico-lit煤rgica sobre el sacramento de la reconciliaci贸n para el clero y el pueblo en general. Una vez que este sacramento es “un encuentro gozoso del ser humano con Dios, a trav茅s de la mediaci贸n de la Iglesia”, se puede llevar a cabo dicha capacitaci贸n utilizando esta triada:

– Dios: aquel que promueve y hace posible la plena reconciliaci贸n;

– La Iglesia: aquella que colabora y hace visible el encuentro de reconciliaci贸n;

– El penitente: la persona que acepta y participa activamente en la reconciliaci贸n. (BOROBIO, 2009, p.324).

b) Promover celebraciones penitenciales. Estas celebraciones, previstas en el RP, a煤n carecen de especial atenci贸n por parte de los pastores y l铆deres de las comunidades eclesiales. La liturgista I. Buyst da buenas razones para el aumento de tales celebraciones (cf. BUYST, 2008, p.54-66):

– Las celebraciones penitenciales pueden facilitar la transici贸n de una concepci贸n individualista, legalista y formalista a una mentalidad de reconciliaci贸n m谩s b铆blica y comunitaria-eclesial. Sin tener que preocuparse por la confesi贸n y la absoluci贸n, las personas est谩n m谩s dispuestas a centrarse en la Palabra de Dios y dejarse transformar por ella. Y, sin embargo: el hecho de que la presidencia de estas celebraciones no se limite al ministro ordenado, se hace m谩s evidente la responsabilidad de la comunidad y de cada persona como ministro de penitencia.

– La comunidad podr谩 favorecer momentos favorables para celebraciones penitenciales, tales como: durante la Cuaresma y el Adviento, en fiestas patronales, en reuniones de peregrinaci贸n, en momentos espec铆ficos del itinerario eclesial, especialmente en situaciones de enfrentamientos, desacuerdos, disputas, etc.

– Las celebraciones penitenciales pueden ayudar a las comunidades a comprender que la reconciliaci贸n es un viaje espiritual que dura toda la vida y que su objetivo principal es el “hombre nuevo”.

– Dado que las celebraciones penitenciales son “reuniones del pueblo de Dios para escuchar su Palabra, que lo invita a la conversi贸n y a la renovaci贸n de la vida, proclamando tambi茅n nuestra liberaci贸n del pecado a trav茅s de la muerte de Cristo” (RP n. 36), su aumento en la vida de la comunidad, proporcionar谩 a los fieles la experiencia de la eficacia de la Palabra proclamada que, a trav茅s de la acci贸n del Esp铆ritu, produce la conversi贸n y la renovaci贸n de la vida.

c) Presta atenci贸n al horizonte abierto de posibles “adaptaciones”. Como vimos anteriormente, la “Introducci贸n general” del RP propone adaptaciones del rito a diferentes regiones y circunstancias, abarcando los niveles de la conferencia episcopal, el obispo diocesano y el ministro (RP n. 38-40).

Para los dos primeros niveles (de la conferencia episcopal y del obispo diocesano), a excepci贸n de la exigencia expl铆cita de que la f贸rmula sacramental deba mantenerse en su totalidad, el resto del ritual puede ser adaptado, inclusive con la composici贸n de nuevos textos.

A nivel del ministro, especialmente los p谩rrocos, la posibilidad de adaptar el rito a las circunstancias concretas de los penitentes est谩 abierta, siempre que se conserve su estructura esencial y la integralidad de la f贸rmula de absoluci贸n. Tambi茅n se recomienda usar celebraciones penitenciales con frecuencia durante todo el a帽o.

Por lo tanto, en el RP, hay una amplia gama de posibilidades para las adaptaciones del rito. Esto permitir谩 que la comunidad de fe celebre la reconciliaci贸n de una manera m谩s consciente, activa y fruct铆fera.

Concluimos este texto con una nota sobre el t铆tulo del ritual. A. Bugnini lo justifica as铆:

El t铆tulo general del volumen es Ordo Paenitentiae, porque contiene indicaciones para los ritos sacramentales y no sacramentales.

Para la acci贸n lit煤rgica sacramental se prefiere, en los cap铆tulos individuales de Ordo, el t茅rmino Reconciliatio. Indica mejor que la penitencia sacramental es tanto la acci贸n de Dios como del hombre, mientras que “Penitencia” enfatiza m谩s la acci贸n del hombre. (…)

Reconciliatio es utilizada m谩s apropiadamente por la Iglesia antigua para el acto sacramental. (…) Esta terminolog铆a tambi茅n sirve para llamar la atenci贸n y profundizar en un aspecto fundamental para la comprensi贸n y renovaci贸n de la penitencia sacramental (2018, p.560-561).

En resumen, la reconciliaci贸n es acci贸n de Dios, es iniciativa de Dios, como bien lo expresa el Ap贸stol:

“Todo proviene de Dios, que nos reconcili贸 consigo por Cristo y nos confi贸 el ministerio de la reconciliaci贸n. 19.Porque en Cristo estaba Dios reconciliando al mundo consigo, no tomando en cuenta las transgresiones de los hombres, sino poniendo en nosotros la palabra de la reconciliaci贸n.” (2Cor 5,18-19).

Joaquim Fonseca, OFM,聽Instituto Santo Tom谩s de Aquino. Texto original portugu茅s. Postado en febrero del 2020.

Referencias

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BUGNINI, A. A reforma lit煤rgica (1948-1975). S茫o Paulo: Paulus; Paulinas; Loyola, 2018.

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