Trabajo

脥ndice

1 Definici贸n

2 El contexto del mundo del trabajo

3 Doctrina Social de la Iglesia

4 Am茅rica Latina

5 Sistematizaci贸n

6 Referencias bibliogr谩ficas

1 Definici贸n

El trabajo es el 谩mbito de la existencia donde la persona se enfrenta a todos los aspectos que marcan su identidad como individuo y como ser social. El verbo trabajar viene del lat铆n tripaliare (torturar), derivado de tripalium, una especie de instrumento de tortura compuesto de tres palos. En casi todos los idiomas, se utiliza ese verbo para expresar idea de fatiga. El concepto alem谩n arbeit se usa con un significado equivalente. El idioma portugu茅s y espa帽ol, se deriva de tripalium, como travailler en franc茅s significa sufrir por lo menos hasta el siglo XVI.

En la historia de Occidente, el sentido del trabajo sufre mutaciones seg煤n los contextos hist贸ricos (cfr. MERCURE, SPURK, 2005). En la civilizaci贸n grecorromana, estructurada sobre el modo de producci贸n esclavista, el trabajo no era un elemento de la vida buena. En Historias, Her贸doto registra que los trabajos manuales (cheirotecnai) eran rechazados por los hombres libres. Fil贸sofos como Plat贸n ense帽aban que tanto los cheirotecnai como el trabajo artesanal (banausia) eran actividades inferiores. Cicer贸n clasificaba el trabajo manual en el nivel m谩s bajo de la jerarqu铆a de los valores. El trabajo para la supervivencia era identificado con la palabra negocio, literalmente, negaci贸n del ocio. El ocio era la forma noble de ocupar el tiempo con el arte del gobierno de la pol铆tica (pol铆tica) y con la filosof铆a (contemplaci贸n de las ideas). Las actividades relacionadas con la supervivencia material quedaban a cargo de los siervos, esclavos y campesinos, personas de segunda categor铆a (ARENAS POSADAS, 2003).

El Cristianismo inaugura un lento y progresivo cambio de perspectiva. En ella, los monjes tuvieron una influencia incuestionable. San Basilio (330-379) ense帽aba que “sobran palabras para mostrar los males de la ociosidad, como ense帽a el Ap贸stol: ‘Aquel que no trabaja que no coma’ (2Tes 3,10). De la misma manera que cada uno tiene necesidad del alimento, as铆 tambi茅n debe trabajar seg煤n sus fuerzas “(BASILIO, 1857-1866, 37).

Los monjes no estaban sometidos a criterios econ贸micos, sino a la espiritualidad. Esto explica su preocupaci贸n por las distracciones de la vida contemplativa: “Oc煤pate en alg煤n trabajo, de modo que el diablo te encuentre siempre con las manos en la obra”, exhortaba San Jer贸nimo (347-420). La sentencia ora et labora, de la Regla de San Benito (Siglo VI), es el origen de la moderna 茅tica del trabajo. La regla sobre el trabajo manual – De opere manuum Quotidiano – instruye que la ociosidad es enemiga del alma; por eso en determinados tiempos los monjes se ocupan de 茅l. Los monjes que se ocupaban en hacer cestas para romperlas enseguida y rehacerlas ten铆an como fin “juntar tesoros en el cielo” (Mt 6,20). El trabajo estaba motivado por la caridad. La preocupaci贸n por garantizar el sustento estaba acompa帽ada por el socorro a los necesitados (JACCARD, 1971).

San Agust铆n (354-430) profundiza esta vinculaci贸n entre trabajo, oraci贸n y caridad. En su estado original el trabajo era agradable al cuerpo y la mente, un libre ejercicio de la raz贸n y una forma de alabar a Dios. El cansancio es una consecuencia de la finitud humana y un recuerdo de la primitiva infidelidad. Su extremo es la ociosidad. Monjes de Cartago defend铆an la renuncia al trabajo manual para dedicarse totalmente a la contemplaci贸n. En respuesta, Agust铆n escribi贸 el libro De Opere monachorum. La raz贸n fundamental para el trabajo, sin duda es la edificaci贸n de la ciudad de Dios, concretando el concepto cristiano de charitas en la historia de la humanidad. El trabajo y los bienes materiales bien ordenados ayudan a edificar la ciudad de Dios-n煤cleo de la intenci贸n bien ordenada (AGOSTINHO, Ciudad de Dios).

La tradici贸n escol谩stico-tomista acentu贸 nuevos sentidos al trabajo. En la Suma Teol贸gica, de Tom谩s de Aquino (1225-1274), el trabajo se aborda a partir del principio universal de la preservaci贸n de la vida. La necesidad de supervivencia es su primera raz贸n. El trabajo pertenece al orden de la materia y no se debe buscar m谩s que el sustento. Otro criterio es el de la utilidad com煤n. El valor de una cosa depende de su utilidad para la comunidad (ST II-II q.179-189).

En la modernidad ocurre un cambio radical en el concepto de trabajo (D脥EZ, 2001). Se abandona el sentido religioso en favor de fines primordialmente materiales. La revoluci贸n industrial solidificar谩 este proceso de cambio. John Locke, uno de los padres de la econom铆a pol铆tica del liberalismo, ve en el trabajo el origen de la propiedad privada (LOCKE, 1990). Adam Smith, fundador de la moderna ciencia econ贸mica, ve en el trabajo el principal origen de la riqueza de las naciones (SMITH, 1996). Con la consolidaci贸n del capitalismo, el trabajo en la industria y la relaci贸n salarial pasan a definir todas las dem谩s relaciones sociales (PARIAS, 1965). El proceso de proletarizaci贸n es un acontecimiento nuclear de la consolidaci贸n de la modernidad occidental. En la econom铆a de mercado, el valor de los bienes est谩 establecido por la ley de la oferta y la demanda. El salario es el precio de la mercanc铆a de trabajo (POLANYI, 2000). El individuo configura su personalidad a trav茅s del trabajo. Los “mejores” trabajos son los mejor remunerados y prestigiosos. Max Weber (1864-1920), al investigar los or铆genes del racionalismo occidental del capitalismo concluye que la espiritualidad del trabajo de la Reforma Protestante impuls贸 una 茅tica profesional (WEBER, 2004). La teor铆a de la predestinaci贸n individual del calvinismo ampli贸 el concepto de vocaci贸n a todas las profesiones honestas. El hombre debe agradar a Dios con su trabajo.

Para Karl Marx, el trabajo es primero, una categor铆a antropol贸gica, pues se trata de una actividad esencial de la naturaleza humana. El progreso econ贸mico y cultural ocurre en torno al perfeccionamiento de los medios de trabajo (MARX, 2013). El trabajo libre es la esencia del hombre y el motor de la historia de las civilizaciones. La historia universal es la creaci贸n del hombre por el trabajo (cf. MARX, 2007). Sin embargo, la econom铆a pol铆tica lo condujo al proceso de degradaci贸n traducido por el concepto de alienaci贸n. El trabajador fue convertido en una bestia de trabajo cuyas exigencias se reducen a necesidades f铆sicas esenciales de los animales (MARX, 2004). El mecanismo de la plusval铆a y la propiedad privada redujeron al trabajador a esta condici贸n (MARX, 2013). El trabajo alienado representa una verdadera mutilaci贸n de la humanidad y una nueva forma de esclavitud (cfr. MARX, 2004). Aqu铆 est谩 el origen del conflicto entre trabajo y capital, la lucha de clases (cfr MARX, 2007).

2 El contexto del mundo del trabajo

Desempleo y precariedad, capitalismo neoliberal globalizado y econom铆a financiera,聽 nuevas tecnolog铆as y聽 competitividad, son conceptos que traen nueva manera de comprender el trabajo. La convergencia entre desarrollo tecnol贸gico e informaci贸n produjo una mutaci贸n profunda. Las tecnolog铆as ajustan el ser humano al mercado y el trabajador a las m谩quinas. El trabajo en el suelo de la f谩brica pierde espacio para el trabajo inmaterial, aquel que crea bienes como el conocimiento, la informaci贸n, el dise帽o, la imagen, emociones e ideas (G脫RZ, 2005). Las nuevas tecnolog铆as reforzaron la capacidad de expansi贸n del sistema financiero. Mientras que la parte del capital aplicada a la producci贸n de bienes y servicios disminuye, aumenta el valor del capital aplicado en las finanzas. Los empleos desaparecen a la misma velocidad del crecimiento de las finanzas. El estatuto del trabajador se sustituye por contratos temporales (CASTEL, 1998). Las pol铆ticas de tercerizaci贸n eliminan los derechos garantizados en la ley. Los sindicatos pierden capacidad de negociaci贸n. La clase obrera tiene un perfil m谩s heterog茅neo, fragmentado y empobrecido. El trabajo en r茅gimen de esclavitud es una realidad.

El crecimiento poblacional inunda el mercado de trabajo con millones de personas; el agronegocio expulsa a los peque帽os agricultores a las ciudades, convirti茅ndolos en reserva de mano de obra barata. Conflictos religiosos, pol铆ticos y econ贸micos y desastres ambientales obligan a miles de personas a desplazarse en busca de supervivencia, siendo expuestas a una situaci贸n de fragilidad que puede conducir a la explotaci贸n.

La discriminaci贸n racial y de g茅nero es otra de las caracter铆sticas del mundo del trabajo. Los negros y las mujeres ganan proporcionalmente menos que los hombres blancos. El desempleo alcanza de forma m谩s intensa a la poblaci贸n negra. Las mujeres negras son doblemente discriminadas, por la raza y el sexo. La mujer viene ocupando espacios en el mercado. Sin embargo, esa incorporaci贸n ha sido desigual en relaci贸n al hombre. Los contratos suelen ser de corta duraci贸n y los salarios inferiores. Muchas mujeres tienen doble jornada, es decir, realizan el trabajo dom茅stico y en la empresa. Se mantiene la divisi贸n sexual del trabajo.

3 Doctrina social de la Iglesia

a) Rerum novarum

El punto de partida de la conciencia eclesial sobre la explotaci贸n del trabajador impuesto por el capitalismo es la enc铆clica Rerum novarum (RN) de Le贸n XIII (1878-1903). La condici贸n de los obreros fue la raz贸n de la publicaci贸n de la primera enc铆clica social de la DSI (GASDA, 2011). Los obreros fueron arrojados en una situaci贸n de desgracia y de miseria inmerecida y terrible (RN, n.1). La idea del trabajo como mercanc铆a es rechazada por la Iglesia: “Es vergonzoso e inhumano usar los hombres como de viles instrumentos de lucro, y s贸lo estimarlos en proporci贸n al vigor de sus brazos” (RN, n. 10). El trabajo es un derecho natural, es personal y necesario (RN, n. 32) y al trabajador corresponden los frutos de su trabajo, es decir, da el derecho de propiedad (RN n.3, 33). P铆o XI, en 1931, se hace eco de estas palabras: “El trabajo no es un simple producto comercial, sino que debe reconocerse en 茅l la dignidad humana del obrero, y no puede permutarse como cualquier mercanc铆a” (Quadragesimo anno, n.5 ).

b) Concilio Vaticano II

El elemento teol贸gico del trabajo humano es destacado en el Concilio Vaticano II. Todo trabajo realizado para lograr mejores condiciones de vida contribuye de alguna forma a la construcci贸n del Reino de Dios. La pregunta sobre el sentido de la actividad humana (GS, n.33) tambi茅n se dirige al trabajo: “La actividad humana individual y colectiva, ese inmenso esfuerzo con que los hombres, a lo largo de los siglos, intentaron mejorar las condiciones de vida, a la voluntad de Dios. “(GS, n. 34). El trabajo puede ser una coparticipaci贸n en la obra de la Creaci贸n:

Los hombres y las mujeres que, al ganar el sustento para s铆 y sus familias, de tal modo ejercen la propia actividad que prestan conveniente servicio a la sociedad, con raz贸n pueden considerar que prolongan con su trabajo la obra del Creador, ayudan a sus hermanos y dan una contribuci贸n personal a la realizaci贸n de los designios de Dios en la historia (GS, n.34).

Se se帽ala el crecimiento personal como un aspecto importante: “Cuando act煤a, el hombre no transforma s贸lo las cosas y la sociedad, sino que se realiza a s铆 mismo (…). “Este desarrollo, bien comprendido, vale m谩s que los bienes externos que se puedan alcanzar” (GS, 35). A la luz de la Revelaci贸n, el valor del trabajo se aclara plenamente en Cristo: “ofreciendo a Dios su trabajo, el hombre se asocia a la obra redentora de Cristo, el cual ha conferido al trabajo una dignidad sublime, trabajando con sus propias manos en Nazaret “(GS, n.67). El trabajo es un “esfuerzo temporal que interesa en gran medida al Reino de Dios” (GS, n.39).

En la vida socioecon贸mica (GS, n. GS 63-72), el trabajo se enmarca en el marco del principio de la dignidad humana: “el hombre es el autor, el centro y el fin de la vida socioecon贸mica” (GS, n.63). Por lo tanto, el trabajo es muy superior a los dem谩s elementos de la econom铆a, ya que 茅stos no tienen otra funci贸n que la de instrumentos (GS, n潞 67). No hay trabajo sin descanso. El esfuerzo responsable y arduo dedicado al trabajo debe ser seguido por “tiempo de reposo y descanso que permita cultivar la vida familiar, cultural y religiosa. A煤n m谩s, que sea capaz de desarrollar libremente energ铆a y cualidades, que en el trabajo profesional s贸lo es posible preservar “(GS, n. 67).

c) Laborem exercens

La enc铆clica Laborem exercens (1981), de Juan Pablo II, es el texto m谩s importante de la DSI en este tema. En ella, “la cuesti贸n de los obreros ha dejado de ser un problema de clase, y debe ser tenido en cuenta en el 谩mbito mundial de las desigualdades y de las injusticias” (LE, n.2). El documento identifica la cuesti贸n antropol贸gica que es el origen de los conflictos sociales. Se trata de una inversi贸n en el orden de los conceptos, es decir, la primac铆a del ‘capital’ sobre el ‘trabajo’ que resulta en la alienaci贸n de la persona (GASDA, 2011b). El capital transform贸 el trabajo en instrumento de acumulaci贸n material (v茅ase LE, n.13). Frente a esta inversi贸n, que provoca la explotaci贸n, la esclavitud y la alienaci贸n, el primado del ‘trabajo’ sobre el ‘capital’ debe ser reafirmado (LE, n.11). El valor primordial del trabajo est谩 vinculado al hecho de que quien lo ejecuta es una persona creada a imagen y semejanza de Dios (LE, n.4). “Antes que todo el trabajo es para el hombre y no el hombre para el trabajo” (LE, n. 6).

De esta esencia del trabajo emerge su sentido objetivo y su sentido subjetivo. El sentido objetivo se refiere al conjunto de actividades, recursos, instrumentos, t茅cnicas, formas de gesti贸n y tecnolog铆as. Son factores contingentes que var铆an en sus modalidades con el cambio de las condiciones t茅cnicas, culturales, sociales y pol铆ticas (LE, n. 5). En sentido subjetivo es el actuar humano mientras lleva a cabo las acciones que pertenecen al proceso del trabajo y corresponden a su vocaci贸n. El trabajo procede de las personas creadas a imagen y semejanza de Dios, llamadas a prolongarse, ayud谩ndose mutuamente, la obra de la Creaci贸n (LE, n. 6). La subjetividad impide considerar el trabajo como simple mercanc铆a. El trabajo es superior a todo y cualquier otro elemento de la econom铆a (LE, n. 10). Este principio vale, en particular, en lo que se refiere al capital (LE, n. 12). Tambi茅n el capital es fruto del trabajo. Se trata de la “traducci贸n, en t茅rminos econ贸micos, del principio 茅tico del primado de las personas sobre las cosas” (LE, n 12). La propiedad de los medios de producci贸n debe estar al servicio del trabajo (LE, apartado 14). La Laborem exercens inserta los derechos laborales en el conjunto de los Derechos Humanos (LE, n. 16). Tales derechos se basan en la naturaleza humana. Los sindicatos y las organizaciones de trabajadores son exponentes de la lucha por la justicia social (LE, n. 20).

El sentido subjetivo del trabajo revela la dimensi贸n espiritual de la persona humana, su apertura a la trascendencia, es decir, la espiritualidad del trabajo. Juan Pablo II recupera los elementos teol贸gicos desarrollados principalmente en la GS en forma de s铆ntesis, en los cuatro 煤ltimos p谩rrafos de la enc铆clica (cf. LE 25-27): El hombre, creado a imagen y semejanza de Dios, participa de su obra creadora; tiene en Cristo, el hombre del trabajo y anunciador del Reino, su punto de referencia. El mundo del trabajo es un lugar imprescindible para asumir este compromiso con la transformaci贸n de la sociedad a la luz del Reino (cf. LE 27). Considerar el trabajo 煤nicamente en su sentido econ贸mico es mutilarlo en su esencia y reducirlo a una tarea mec谩nica. Pensar un trabajo que libere las potencialidades para el cuidado y cultivo de la Creaci贸n (Gen 2, 15).

d) Benedicto XVI y el Trabajo decente

Benedicto XVI, en sinton铆a con la OIT (Organizaci贸n Internacional del Trabajo), inserta los derechos laborales en el marco de los derechos humanos. Actualmente el Programa de trabajo decente es el punto de convergencia de las propuestas y convenciones de la OIT. La calidad del empleo es tan importante como la cantidad.

Benedicto XVI explica la palabra decencia al trabajo:

Significa un trabajo que, en cada sociedad, sea la expresi贸n de la dignidad esencial de todo hombre y mujer: un trabajo escogido libremente, que asocie eficazmente a los trabajadores, hombres y mujeres, al desarrollo de su comunidad; un trabajo que, de este modo, permita a los trabajadores ser respetados sin discriminaci贸n alguna; un trabajo que consienta satisfacer las necesidades de las familias y dar la escolaridad a los hijos, sin que 茅stos sean obligados a trabajar; un trabajo que permita a los trabajadores organizarse libremente y hacer o铆r su voz; un trabajo que deje espacio suficiente para reencontrar las propias ra铆ces a nivel personal familiar y espiritual; un trabajo que asegure a los trabajadores jubilados una condici贸n decorosa (CV, n. 63).

El concepto incluye a todas las personas que viven de su trabajo. Por principio, todo trabajo humano deber铆a ser decente, generador de valores relacionales, 茅ticos y espirituales.

La implementaci贸n del Programa Trabajo Decente depende de la articulaci贸n de los propios trabajadores. La Iglesia expresa su apoyo al movimiento sindical (RN n潞 34.39-40; GS, n. 68, CDSI, n.305-309). Los sindicatos enfrentan el desaf铆o de redefinirse ante las reconfiguraciones del mercado de trabajo (ANTUNES, 2005, GORZ, 1982). Benedicto XVI reconoce que “el conjunto de cambios sociales y econ贸micos crea grandes dificultades para las organizaciones sindicales en el cumplimiento de su papel de representar los intereses de los trabajadores” (CV, n. 25). Aunque el movimiento sindical luche por los intereses de la categor铆a, no puede ignorar los problemas de toda la sociedad (SANTANA, RAMALHO, 2003): “la sociedad civil es, de hecho, el lugar m谩s apropiado para una acci贸n en defensa del trabajo, especialmente en a favor de los trabajadores explotados y sin representatividad, cuya amarga condici贸n pasa desapercibida a los ojos distra铆dos de la sociedad “(CV, n. 64).

e) Papa Francisco

El Papa Francisco, en Laudato Si (LS), articula la ecolog铆a integral con el trabajo decente, 聽la sostenibilidad y la justicia social: “una ecolog铆a integral exige que se tenga en cuenta el valor subjetivo del trabajo aliado al esfuerzo de proveer acceso al trabajo estable y digno para todos “(LS, n. 191). La ecolog铆a integral involucra dos aspectos: la dignidad del trabajador y el cuidado con el medio ambiente.

El trabajo sostenible pasa por garantizar el acceso universal al trabajo decente y al fomento de la salud. Proporcionar a cada ser humano educaci贸n y聽 recursos para asegurar una condici贸n de trabajo segura. Incluir a los vulnerables habilit谩ndoles a desarrollar sus capacidades. Para poder seguir dando empleo, es indispensable promover una econom铆a que favorezca la diversificaci贸n productiva y la creatividad empresarial (LS, n.129).

El trabajo sostenible implica el cuidado del medio ambiente.

De la relaci贸n entre naturaleza, trabajo y capital depende el futuro de la especie humana. El mundo del trabajo es parte de la soluci贸n de la crisis ambiental.

En cualquier enfoque de ecolog铆a integral que no excluye al ser humano, es indispensable incluir el valor del trabajo. En la narraci贸n b铆blica de la creaci贸n, Dios coloc贸 al ser humano en el jard铆n reci茅n creado (Gn 2, 15), no s贸lo para cuidar de lo existente (guardar), sino tambi茅n para trabajar en 茅l a fin de que produciera frutos (cultivar) (LS, n.124).

El Papa Francisco ha sido enf谩tico en la defensa de los trabajadores: “Tierra, techo y trabajo – eso por el que ustedes luchan – son derechos sagrados. (…) No hay peor pobreza material que la que no permite ganar el pan y priva de la dignidad del trabajo “(Encuentro Mundial de Movimientos Populares, Roma, 2014).

4 Am茅rica Latina

El mundo del trabajo fue abordado en las Conferencias del CELAM (Consejo Episcopal Latinoamericano). Reunidos en Medell铆n, los obispos se dirigieron

a todos aquellos que, con el esfuerzo diario, van creando los bienes y servicios que permiten la existencia y el desarrollo de la vida humana. Pensamos muy especialmente en los millones de hombres y mujeres latinoamericanos que constituyen el sector campesino y obrero. Ellos, en su mayor铆a, sufren, esperan y se esfuerzan por un cambio que humanice y dignifique su trabajo. Sin desconocer la totalidad del significado humano del trabajo, aqu铆 lo consideramos como estructura intermedia, mientras que constituye la funci贸n que da origen a la organizaci贸n profesional en el campo de la producci贸n (Doc. Justicia).

En Santo Domingo el tema fue tratado de forma m谩s sistem谩tica en el 铆tem n. 2.2.5. Trabajo). Una de las realidades que m谩s preocupa a la Iglesia en su acci贸n pastoral

es el mundo del trabajo, por su significaci贸n humanizadora y salv铆fica, que tiene su origen en la vocaci贸n co-creadora del hombre como ‘hijo de Dios’ (Gn 1,26) y que fue rescatado y elevado por Jes煤s, trabajador e ‘hijo de hijo carpintero “(Mt 13,55 y Mc 6,3). Por eso, la “Iglesia como depositaria y servidora del mensaje de Jes煤s, ve al hombre como sujeto que dignifica el trabajo realiz谩ndose a s铆 mismo y perfeccionando la obra de Dios, para hacer de ella una alabanza al Creador y un servicio a los hermanos (Santo Domingo, n. 182).

El mundo del trabajo es campo pastoral,

se alerta para un deterioro en sus condiciones de vida y en el respeto a sus derechos; un escaso o nulo cumplimiento de normas establecidas para los sectores m谩s d茅biles; una p茅rdida de autonom铆a por parte de las organizaciones de trabajadores debido a dependencias o autodependencias de diversos g茅neros; abuso del capital que desconoce o niega la primac铆a del trabajo; pocas o nulas oportunidades de trabajo para los j贸venes. Alerta para la alarmante falta de trabajo o desempleo con toda la inseguridad econ贸mica y social que ello implica (Santo Domingo, n. 183).

Ante esta dura realidad, la defensa intransigente de los derechos del trabajo se impone como el desaf铆o m谩s importante: “Los derechos del trabajador son un patrimonio moral de la sociedad que debe ser tutelado por una adecuada legislaci贸n social y su necesaria instancia judicial, que asegure continuidad confiable en las relaciones de trabajo “(Santo Domingo, n.184). Se proponen tres l铆neas pastorales: Impulsar y sostener una pastoral del trabajo en todas nuestras di贸cesis, a fin de promover y defender el valor humano del trabajo; apoyar a las organizaciones propias de los hombres del trabajo para la defensa de sus leg铆timos derechos, en especial de un salario suficiente y de una justa protecci贸n social para la vejez, la enfermedad y el desempleo; favorecer la formaci贸n de trabajadores, empresarios y gobernantes en sus derechos y en sus deberes, y propiciar espacios de encuentro y mutua colaboraci贸n (Santo Domingo, n. 185).

En Aparecida, los obispos estimularon a los empresarios, los agentes econ贸micos de la gesti贸n productiva y comercial, tanto del orden privado como comunitario, a ser creadores de riqueza en nuestras naciones, cuando se esfuerzan en generar empleo digno. Asimismo, estimularon “a los que no invierten su capital en acci贸n especulativa, sino en crear fuentes de trabajo, preocup谩ndose con los trabajadores, consider谩ndolos a ellos y a sus familias” (DA, 404). Uno de los mayores desaf铆os consiste en

formar en la 茅tica cristiana que establece como desaf铆o la conquista del bien com煤n la creaci贸n de oportunidades para todos, la lucha contra la corrupci贸n, la vigencia de los derechos del trabajo y sindicales; es necesario poner como prioridad la creaci贸n de oportunidades econ贸micas para sectores de la poblaci贸n tradicionalmente marginados, como las mujeres y los j贸venes, a partir del reconocimiento de su dignidad. Por eso, es necesario trabajar por una cultura de la responsabilidad en todo nivel que involucre a personas, empresas, gobiernos y el propio sistema internacional (DA, n. 406).

Se han se帽alado dos l铆neas de acci贸n dirigidas a categor铆as sociales que m谩s sufren en el mundo del trabajo, los j贸venes y las mujeres: es imperativa la capacitaci贸n de los j贸venes para que tengan oportunidades en el mundo del trabajo y evitar que caigan en la droga y la violencia (DA, n o 446); promover el di谩logo con las聽 autoridades para la elaboraci贸n de programas, leyes y pol铆ticas p煤blicas que permitan armonizar la vida de trabajo de la mujer con sus deberes de madre de familia (DA, n.458). En Aparecida se levant贸 un desaf铆o in茅dito: “la formaci贸n de pensadores y formadores de opini贸n en el mundo del trabajo, dirigentes sindicales, cooperativos y comunitarios” (DA, n潞 492).

5 Sistematizaci贸n

La complejidad del mundo del trabajo implica la antropolog铆a, la pol铆tica, el derecho, la cultura, la econom铆a y la filosof铆a. La relaci贸n del ser humano con Dios es la perspectiva del pensamiento teol贸gico sobre el trabajo. Cualquier reflexi贸n sobre el trabajo debe tener como referencia el principio de la dignidad humana. Cada persona, independientemente de la edad, condici贸n o capacidad, es una imagen de Dios y, por lo tanto, dotada de un valor irreductible. Cada persona es un fin en s铆, nunca un instrumento valorado por su utilidad. El reconocimiento de esta dignidad es el primer criterio para evaluar modelos econ贸micos y la organizaci贸n de la divisi贸n del trabajo. Su estatuto est谩 consolidado en la Declaraci贸n Universal de los Derechos Humanos de la ONU.

El trabajo humano es una actividad generadora de relaciones sociales. En virtud de la imago Dei los seres individuales son tambi茅n seres relacionales. La individualidad y la sociabilidad se objetivan en estructuras y relaciones. El sentido del trabajo no se agota en el 茅xito profesional. Mi relaci贸n en el trabajo dice qui茅n soy para otro. “El principio, el sujeto y el fin de todas las instituciones sociales son y deben ser la persona humana, la cual, por su misma naturaleza, tiene absoluta necesidad de la vida social” (GS, 25).

Colocar el trabajo al servicio de la dignidad humana es tener como meta el bien com煤n (GS, n. 27). Ning煤n grupo social, individuo, empresa o estado puede desentenderse del bien com煤n. El trabajo humano es el origen de la empresa como organizaci贸n de personas. A trav茅s del trabajo, las empresas producen muchas de las condiciones importantes que contribuyen al bien com煤n de la sociedad. La creaci贸n de puestos de trabajo es un aspecto imprescindible para alcanzar el bien com煤n. No se entiende el trabajo humano desconectado del descanso. En este sentido,

el 谩pice de la ense帽anza b铆blica sobre el trabajo es el mandamiento del reposo sab谩tico. La memoria y la experiencia del s谩bado constituyen un baluarte contra la esclavizaci贸n del hombre al trabajo, voluntario o impuesto, contra toda forma de explotaci贸n, larvada o manifiesta. El reposo sab谩tico, de hecho, m谩s que para consentir la participaci贸n en el culto de Dios, fue instituido en defensa del pobre; tiene tambi茅n una funci贸n liberadora de las degeneraciones antisociales del trabajo humano (CDSI, n. 258).

El pueblo de Israel, que comenz贸 con aquella experiencia de liberaci贸n de un grupo de trabajadores sometidos al trabajo forzado, se alimenta del cumplimiento de la promesa de la plena liberaci贸n, la irrupci贸n del Reino y el descanso en Dios (Hb 4,10-11 ). En la legislaci贸n de Israel la instituci贸n del s谩bado como memorial del 茅xodo de la alienaci贸n del trabajo, es el fundamento que sostiene los seis d铆as restantes.

El Hijo de Dios, al asumir la condici贸n de trabajador de mano, redimensiona el sentido del trabajo. El mundo del trabajo es lugar de irrupci贸n del Reino de Dios y su justicia (Mt 6, 33). Para los cristianos, el verdadero S谩bado es Cristo, celebrado el domingo. Es 茅l el Se帽or del s谩bado (Mc 2,27) que inaugur贸 el s谩bado eterno (Hb 4,10) ya prefigurado en el s茅ptimo d铆a de la creaci贸n (Gn 2, 1-3). El domingo revela la dimensi贸n escatol贸gica del trabajo. El descanso se identifica con la situaci贸n de la creaci贸n de Dios (Gn 2, citado en Heb 4,4). El domingo es una prefiguraci贸n de este descanso, no es s贸lo una pausa del trabajo. La autorrealizaci贸n alcanzada en el trabajo siempre es pen煤ltima. El trabajo es una forma de expresi贸n de la identidad humana, pero no de toda la identidad.

La naturaleza tambi茅n necesita descansar. El s茅ptimo d铆a representa un l铆mite al poder transformador del trabajo humano entendido como protecci贸n y cultivo de la creaci贸n. En el trabajo, la persona se descubre creadora, pero tambi茅n como criatura fr谩gil. La humanidad, hermanada en su capacidad de trabajo, tambi茅n est谩 hermanada en su debilidad y en los l铆mites de la naturaleza.

P铆o XI afirm贸 que el mayor esc谩ndalo del siglo XIX fue la Iglesia haber perdido la clase obrera. Para que este esc谩ndalo no vuelva a repetirse en el siglo XXI, no basta con acumular documentos y declaraciones de buenas intenciones. La solidaridad con los trabajadores es una manera de concretar la opci贸n preferencial por los pobres. “Los pobres aparecen, en muchos casos, como resultado de la violaci贸n de la dignidad del trabajo humano” (Laborem exercens, n.8). A partir de la Revoluci贸n industrial, la realidad de los pobres y el mundo del trabajo est谩n interconectados. La constituci贸n de una pastoral obrera liberadora es el principal desaf铆o para los cristianos en Am茅rica Latina. El compromiso de liberar el trabajo de una econom铆a que mata (Papa Francisco) y emancipar a los trabajadores est谩 impl铆cito en la praxis de los cristianos. Liberar el trabajo de los intereses financieros, la competitividad desenfrenada y la obsesi贸n por la riqueza. Rescatar a la econom铆a como instrumento al servicio de la vida.

脡lio Gasda, SJ. Facultad Jesu铆ta, Belo Horizonte, Brasil. Texto original en portugu茅s.

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