La opci贸n por los pobres

脥ndice

1 Introducci贸n

2 Aclaraci贸n del t茅rmino pobres como categor铆a b谩sica

3 Inscripci贸n del tema en esta 茅poca y en esta situaci贸n

4 Pertenece al n煤cleo del mensaje cristiano

4.1 Opci贸n por los pobres del Dios de Jes煤s

4.2 Opci贸n de Jes煤s por los pobres

4.3 Correlaci贸n entre los pobres y el Reino de Dios

4.4 Respuesta de muchos pobres: pobres con esp铆ritu

4.5 El empe帽o por la salvaci贸n de los pobres trae la salvaci贸n al mundo

4.6 Iglesia de los pobres

5 Nudos problem谩ticos y opciones indispensables

5.1 Asumir que la opci贸n por los pobres es tambi茅n opci贸n contra la pobreza

5.2 Repudiar el totalitarismo fetichista de mercado y luchar para que sea superado

5.3 Entablar una vida alternativa ya

5.4 Llegar a reconocer al pueblo la condici贸n de sujetos humanos, superando la relaci贸n ilustrada y alianza con 茅l en el seno del pueblo

5.5 La opci贸n por los pobres debe ser propuesta ante todo a los mismos pobres

6 Referencias

1 Introducci贸n

La Opci贸n por los Pobres es una expresi贸n b谩sica del ser cristiano y por tanto un eje trasversal de la vida cristiana y de la reflexi贸n sobre ella. En este sentido fue central en los fundadores de la Iglesia latinoamericana y fue retomada por Medell铆n y Puebla como recepci贸n creativa del Vaticano II y, antes que eso, como expresi贸n del cristianismo m谩s genuino que se viv铆a por esos a帽os en Am茅rica Latina.

Trataremos de la opci贸n cristiana por los pobres a trav茅s de cuatro pasos: explicitar las nociones con las que operamos, inscripci贸n del tema en esta 茅poca y en esta situaci贸n, horizonte cristiano que fundamenta nuestra opci贸n, tematizaci贸n de esas opciones espec铆ficas que implica hoy y aqu铆 la opci贸n por los pobres.

2 Aclaraci贸n del t茅rmino pobres como categor铆a b谩sica

El que escucha la palabra pobres se siente tan concernido, que, para no verse obligado a implicarse en lo que se va a tratar, pregunta de qu茅 pobres se trata, porque da por descontado que hay muchas clases de pobres y as铆 los pobres pasan a ser s贸lo una clase de ellos, diluida entre los pobres hombres, los pobres enfermos, los pobres pecadores y hasta los pobres ricos. Por eso es indispensable aclararse.

Noci贸n absoluta: el ant贸nimo de pobre es rico y ambos pertenecen a la 贸rbita econ贸mica, aunque tengan implicaciones sociales y antropol贸gicas, pol铆ticas y religiosas. Pobre designa la carencia continuada y estable de elementos b谩sicos o m铆nimos para vivir. 脡sta 煤ltima es la pobreza extrema: la miseria.

Noci贸n dial茅ctica: se da cuando quienes controlan la propiedad y las relaciones de producci贸n y sociales se apropian de la mayor parte del producto social y de los bienes de la tierra, destinados a todos, y niegan a la mayor铆a el derecho a capacitarse. En este sentido hay pobres porque hay ricos.

Si nos preguntamos el porqu茅 de esa carencia estable, tendr铆amos que responder que pobre no es simplemente el que no tiene sino el que no tiene c贸mo tener. Puede suceder bien por falta de desarrollo humano, bien porque la estructura productiva y sociopol铆tica impide que los pobres como conjunto social salgan de la pobreza, a pesar de que trabajen mucho y bien. Hoy, con el grado de desarrollo de las fuerzas productivas, la existencia de un n煤mero apreciable de pobres siempre tiene un componente de privaci贸n injusta.

Autopercepci贸n y heteropercepci贸n: es conveniente precisar que no pocas veces la situaci贸n objetiva no coincide ni con la percepci贸n que el pobre tiene de s铆 ni con la percepci贸n que tienen otros de 茅l. En unos pa铆ses latinoamericanos mucha gente tiende a considerarse m谩s pobre de lo que es y por esa raz贸n tiene un bajo concepto de s铆 que llega a la autocomiseraci贸n y por eso est谩 ante su sociedad en actitud implorante o de exigir. En otros, la mayor铆a de los pobres objetivos no se consideran pobres porque se sienten capaces de lidiar por s铆 mismos con su vida y de salir adelante.

Tambi茅n muchas veces la heteropercepci贸n no acierta con la realidad objetiva. Mucha gente que vive en urbanizaciones de clase media media o media alta iguala a todos los del barrio consider谩ndolos pobres, sin percatarse de las profundas diferencias que hay entre ellos. En determinadas culturas la pobreza es muy estridente y se evidencia hasta en el modo de caminar y vestir, de tal manera que muchos que los ven desde fuera piensan que son m谩s pobres de lo que son. En otras, el problema es el contrario: la mayor铆a de la gente que camina por el centro de la ciudad son gente de barrio y, sin embargo, no es f谩cil distinguirlos de los populares o de clase media baja.

La pobreza de la que hemos hablado hasta ahora es pobreza en sentido propio. Hay tambi茅n una noci贸n metaf贸rica y una noci贸n anal贸gica.

Noci贸n metaf贸rica: hablamos de pobres ricos por las preocupaciones que tienen para conservar e incrementar su riqueza y por la deshumanizaci贸n que engendra poner el coraz贸n en las riquezas. Por esta 煤ltima raz贸n, tambi茅n hablamos de pobres pecadores porque el pecado quita vida a otros y deshumaniza a quien lo comete. As铆 decimos de alguien que es un pobre hombre para significar que le falta peso humano. Tambi茅n metaf贸ricamente nos referimos a pobres enfermos, por lo disminuidos que est谩n. Por esta misma causa, decimos pobre a alguien que sufri贸 una desgracia.

Noci贸n anal贸gica: incluimos a realidades que, aunque de suyo no expresan el concepto propio de pobreza, sin embargo, de hecho, en la realidad hist贸rica concreta, participan de 茅l.

La etnia es la realidad que m谩s claramente expresa lo que queremos decir porque, aunque no haya etnias superiores ni inferiores, se constata que en nuestra regi贸n la mayor铆a de los pobres son de etnias no occidentales. La causa hist贸rica de esta realidad es que la sociedad latinoamericana nace como sociedad se帽orial, subyugando a las personas de esas etnias. Para hacerlo con buena conciencia, sostuvieron que su estatuto subordinado proven铆a de su condici贸n de b谩rbaros. La contraposici贸n civilizaci贸n-barbarie cobr贸 nueva vigencia en los siglos XIX y XX y dista mucho de estar superada.

Otro caso, muy caracter铆stico, es el de la mujer, considerada en la sociedad patriarcal como un ser d茅bil, f铆sica y moralmente, y, por eso, dependiente del var贸n y confinada al hogar. Esta discriminaci贸n la imped铆a desarrollar sus capacidades y, cuando se manifestaban, imped铆a ejercerlas fuera de su 谩mbito privado. Aunque hoy el machismo actual deriva, m谩s bien, del resentimiento de esos varones por no estar a la altura de las mujeres.

Un concepto anal贸gico de pobreza, especialmente relevante para nosotros, es el de pobres con esp铆ritu. Estos pobres carecen de bienes indispensables, pero tienen a Dios como el bien de los bienes. Por eso antropol贸gicamente no pueden decir que no tienen valedor: el impulso del Esp铆ritu hace posible que cuando no hay condiciones para vivir vivan con dignidad y den de su pobreza de manera que, si no logran salir de la pobreza, es 煤nicamente por las reglas de juego.

Otro concepto anal贸gico de pobreza es el de los pobres evang茅licos, que son los que, teniendo c贸mo tener y no siendo por eso pobres, se hacen en alguna medida pobres como un componente de su opci贸n por los pobres. Decimos en alguna medida porque, aunque ingresen a su mundo, lo hacen voluntariamente, que es una diferencia esencial con los que no pueden salir de ese mundo. Se insertan en su mundo por solidaridad: para ayudar a los empobrecidos a superar la pobreza.

Otro concepto anal贸gico de pobreza es el de pobre de esp铆ritu. El pobre, como no tiene c贸mo tener, y sabi茅ndose sin ning煤n derecho se dirige 聽con confianza, a quien puede darle; pues bien, el que se sabe sin ning煤n derecho ante Dios, pero que espera confiadamente en su misericordia, puede ser llamado anal贸gicamente pobre porque su esp铆ritu est谩 ante Dios como un pobre ante quien puede darle c贸mo vivir. Si en lo m谩s hondo de su ser una persona est谩 ante Dios sabi茅ndose sin m茅ritos, pero aceptada por su misericordia, no puede estar de otro modo ante s铆 misma ni ante los dem谩s. Tender seriamente a serlo implica un grado muy notable de humanizaci贸n.

3 Inscripci贸n del tema en esta 茅poca y en esta situaci贸n (EG, 52-60; 67; 202-205)

La opci贸n por los pobres est谩 fuera del horizonte epocal. La direcci贸n dominante de esta figura hist贸rica es el totalitarismo de mercado, con marcados rasgos fetichistas, y en ella los pobres son las v铆ctimas por excelencia, aunque no las 煤nicas.

El mercado es presentado como absoluto al que hay que sacrificar lo que sea: el trabajo, la seguridad y los beneficios adquiridos de toda una colectividad. Si las ganancias de los grandes inversionistas son lo absoluto, la democracia, el Estado, la vida real de los ciudadanos y los derechos humanos valen tanto cuanto son buenos conductores de esas ganancias. Es obvio que, cuando reinan los grandes inversionistas, los que m谩s pierden son los pobres.

El modo m谩s ordinario de vivir esta figura hist贸rica tan endurecida es resignarse a la situaci贸n, d谩ndola por inevitable. Muchos de los inconformes con su resignaci贸n se dedican a alg煤n tipo de voluntariado. Hay modos de ejercerlo que son alternativos por las capacidades que trasfieren al medio popular y el tipo de relaci贸n que se entabla: horizontal, mutua, gratuita y humanizadora para ambas partes. Pero la mayor铆a de los voluntariados son meramente compensatorios, ya que no rebasan el horizonte establecido y, al paliar los efectos m谩s perversos, lo refuerzan. Este juicio no entra帽a desaprobaci贸n; muchos son positivos y, adem谩s, esa experiencia puede provocar un proceso que con el tiempo entra帽e una verdadera exterioridad respecto del sistema.

Tampoco lo es la llamada solidaridad pasiva, que consiste en dar dinero a los pobres, sin implicarse personalmente en acciones solidarias que contengan alg煤n tipo de protesta contra injusticias institucionales o estructurales o contacto directo sistem谩tico con los pobres. No desde帽amos este tipo de solidaridad, que puede ser un signo de la apertura hacia ese mundo, que puede decantarse en una verdadera opci贸n.

La opci贸n por los pobres que propone el evangelio como participaci贸n de la de Dios y la de Jes煤s entra帽a un compromiso vital, un horizonte en el que caminar, una alianza que tiende a ser totalizadora. La opci贸n por los pobres s贸lo puede concebirse y vivirse como alternativa de lo dado: como lo contradictorio, que incluye, en otro horizonte, sus potencialidades y a sus fautores, al menos en nuestra intenci贸n, pero que tiene a las mayor铆as populares, a los pobres, como n煤cleo alrededor del que se nuclean los dem谩s sectores.

As铆 pues, para nosotros la opci贸n por los pobres no puede ser una opci贸n meramente ideol贸gica o pol铆tica. Tiene que implicar a la persona: no puede llevarse a cabo sino ancl谩ndose en lo m谩s trascendente y profundiz谩ndolo; pero tampoco puede acontecer sin superar mucho de lo que se es y ciertamente lo que haya de pertenencia al establecimiento. Lo mismo podemos decir respecto de los bienes civilizatorios: se precisa poseerlos en una medida excelente, porque son una palanca poderosa, pero no se los puede vivir como los practica el establecimiento, pues est谩n profundamente deformados.

En esta transformaci贸n radica en gran medida la dificultad de optar hoy por los pobres y, por otra parte, su sentido dinamizador y humanizador.

4 Pertenece al n煤cleo del mensaje cristiano

No es uno de los temas de la 茅tica social, una parte de la 茅tica. As铆 se trataba en Europa cuando la teolog铆a latinoamericana la coloc贸 en el centro del mensaje cristiano, y por eso los te贸logos que no captaron esa ruptura epistemol贸gica consideraron que los latinoamericanos extrapolaban una cuesti贸n de 茅tica social, coloc谩ndola en un lugar que no le correspond铆a. A ese nivel epistemol贸gico el cambio consisti贸 en pasar de una teolog铆a doctrinaria a una teolog铆a narrativa porque la revelaci贸n es hist贸rica. Desde esta perspectiva, los pobres se sit煤an en primera l铆nea como los destinatarios privilegiados de la acci贸n de Dios. Ese rango es el que ha sido reconocido, tanto por las Conferencias Generales del Episcopado Latinoamericano (GUTIERREZ; 1979; TRIGO, 1979, 108-11), como por los Sumos Pont铆fices y la academia. La opci贸n por los pobres es un eje trasversal de toda la teolog铆a porque pertenece al n煤cleo del mensaje evang茅lico.

4.1 Opci贸n por los pobres del Dios de Jes煤s

Nos referimos al Dios judeocristiano revelado escatol贸gicamente por su Hijo Jes煤s. Dios se revela por su nombre en el proceso de liberaci贸n de grupos oprimidos por el imperio egipcio, proceso que comprende la salida de su zona de influencia y la constituci贸n de un pueblo liberado, es decir, creyente y fraterno, en el esfuerzo de crear vida y de crearse como pueblo en el desierto donde no hab铆a condiciones para vivir (TRIGO, 1978; ELLACUR脥A, 2000b, 545-560; SIVATTE, 1999a, 31-57, 1999b, 151-172). En ese proceso de liberaci贸n Dios se revela a los oprimidos como el que va con ellos, d谩ndoles consistencia cuando se derrumbaban, entereza y solidez cuando sent铆an que no pod铆an m谩s, fundamento cuando estaban desfondados, que eso significa el nombre de Yahveh.

Cuando el pueblo se sedentariza, Yahveh se revela como el Dios del extranjero, el hu茅rfano y la viuda, que son los que no tienen piso para asentarse: Dios les da la consistencia que la sociedad les niega, rompiendo la fraternidad que debe caracterizar al pueblo de Dios. En ese trance Dios se revela, a trav茅s de la palabra de los profetas, como un Dios incompatible con la opresi贸n, que exige que se haga justicia a los oprimidos y que no se explote a los d茅biles.

Al no cumplir los reyes este papel de campeones de los pobres respecto de los ricos y poderosos, Yahveh se manifest贸 en esa parte del pueblo pobre que no pod铆a vivir de su justicia, pero que vivi贸 de la fe en ese Dios que lo acompa帽aba como su roca firme. Ese pueblo pobre y esperanzado fue llamado por los profetas los pobres de Yahveh y por eso, parad贸jicamente, en 茅l estribaba la esperanza de renovaci贸n, porque en 茅l reinaba Yahveh, d谩ndole vida y humanidad, d谩ndole paz cuando todo parec铆a perdido.

Esta predilecci贸n de Dios por sus pobres lleg贸 hasta el punto de confiar tanto en ellos que los eligi贸 como h谩bitat de su Hijo: as铆 aparecen caracterizados Mar铆a y Jos茅, los pastores, Sime贸n y Ana, en el evangelio de la infancia de Lucas.

Esta revelaci贸n de Dios como el que llama a la existencia a lo que carece de vida y resucita a los muertos, que comienza al dar a Abraham y Sara la fuerza para engendrar, culmina en el crucificado Jes煤s, a quien resucit贸 de entre los muertos (Rom 4,17-25).

As铆 pues, el Dios judeocristiano no es el dios de los dioses y el se帽or de los se帽ores, el que culmina y trasciende las jerarqu铆as sociales, un dios que no existe sino que es proyecci贸n de la fuerza de los poderosos y de los anhelos de los d茅biles, sino el que est谩 con los de abajo, d谩ndoles consistencia, su misma consistencia, como se revel贸 en su Hijo Jes煤s, una consistencia que no pudieron quebrar los poderes de este mundo y de la que vivimos y viviremos siempre.

4.2 Opci贸n de Jes煤s por los pobres (SOBRINO, 1991, 33-46; GUTI脡RREZ, 1992,203-220; FRANCISCO, 2014; TRIGO, 2008, 67-71)

El presupuesto de la opci贸n de Jes煤s por los pobres es que 鈥渘aci贸 y vivi贸 pobre en medio de su pueblo鈥 (Puebla 190). Por eso sus padres, al rescatarlo, s贸lo pudieron pagar la ofrenda de los pobres. La opci贸n de Jes煤s consisti贸 en que no vivi贸 como un pobre m谩s, tratando de conservar su vida, ni se promovi贸 d谩ndoles la espalda, sino que asumi贸 solidariamente su condici贸n, y cuando Dios lo llam贸 a la misi贸n, dej贸 su casa, su oficio y su familia y se hizo tan pobre que no ten铆a d贸nde reclinar la cabeza. Por eso, si se entreg贸 completamente a los dem谩s, tambi茅n tuvo que pedir diariamente la comida y el techo. Pero adem谩s les dio a los pobres derecho sobre su persona, los respet贸, se entreg贸 a ellos. No fue un bienhechor que da desde arriba. Jes煤s, como no tuvo nada que dar, dio de s铆 hasta darse a s铆 mismo. Dio en relaciones horizontales y mutuas, porque depend铆a de otros para el alimento y el alojamiento. Como dice Pablo, 鈥渘os enriqueci贸 con su pobreza鈥 (2Cor 8,9).

Pero tan relevante o m谩s que su condici贸n de pobre y su misi贸n entre los pobres y desde ellos, es que ha querido quedarse realmente en los pobres[1], independiente de que se sepa que el servicio a los pobres o su falta de servicio es servicio o no servicio al propio Jes煤s (Mt 25,31-46). El servicio al pobre es la puerta a los dem谩s sacramentos, por eso Pablo dice a los corintios que no celebran la Cena del Se帽or porque los discriminan (1Cor 11,20).

4.3 Correlaci贸n entre los pobres y el Reino de Dios (SOBRINO, 1991b, 110-121; MU脩OZ, 1987, 198-209; PIERIS, 2006)

Eso que vivi贸 Jes煤s, tambi茅n fue el n煤cleo de su proclamaci贸n. El evangelio del Reino es para ellos (Lc 4,18, 7,22): Dios se les entrega incondicionalmente, reinando en sus corazones, y les otorga el Reino; por eso los pobres son dichosos ya (Lc 6,20) (CASTILLO, 1998a, 111-138; 1998b, 279-324; 1999, 35-53; 191-243). Siguen siendo pobres, pero ya no est谩n desvalidos, porque Dios est谩 con ellos. Esto lo formaliza Pieris con estas ecuaciones: 鈥淎ll铆 donde se ama y sirve a Dios, son los pobres, y no la pobreza, quienes reinan. All铆 donde se ama y sirve a los pobres, es Dios, y no Mamm贸n, quien reina鈥 (PIERIS, 2006,52).

Esto no es un hecho meramente objetivo sino una relaci贸n interpersonal que incluye la revelaci贸n de los misterios del Reino; una revelaci贸n negada a los sabios y entendidos (Lc 10,21) (TRIGO, 2011, 145-183). Es obvio que casi nadie cree esto. Y de esta incredulidad derivan muchos problemas en nuestra Iglesia.

Los pobres percibieron que era verdad lo que dec铆a Jes煤s porque lo sacramentalizaba con su vida. Para los pobres Jes煤s no era un altruista, sino un hombre de Dios, y sab铆an que su obrar revelaba a Dios y a su designio.

4.4 Respuesta de muchos pobres: pobres con esp铆ritu

La denominaci贸n es de Ellacur铆a que los caracteriza por la obediencia primordial al Esp铆ritu, para lo que se ayudan de la fe en Dios y la religi贸n popular (ELLACUR脥A, 1984, 70-75). S贸lo explicitar铆amos que la obediencia primordial al Esp铆ritu se realiza, ante todo, en la cotidianidad: para mantenerse en vida y para que esa vida sea cualitativamente humana; incluso en la lucha pol铆tica, debe mantenerse la primac铆a de la cotidianidad, que incluye el vivir abiertos a Dios, a los dem谩s y concretamente a los distintos, sobre la organizaci贸n y la lucha (MESTERS, 1985, 199). Si los pobres con esp铆ritu son los pobres de las bienaventuranzas, son pobres que aman la paz y la construyen.

4.5 El empe帽o por la salvaci贸n de los pobres trae la salvaci贸n al mundo (ELLACUR脥A, 1993, 1051-1054)

La raz贸n es que as铆 lo ha dispuesto Dios. Porque los pobres son el 煤nico lugar de universalidad concreta. S贸lo cuando les vaya bien a los pobres, nos ir谩 bien a todos. La encarnaci贸n cristiana es encarnaci贸n ken贸tica: por abajo. As铆 fue la de Jes煤s y constituye el 煤nico camino que conduce a la vida. El 煤nico camino de humanizaci贸n pasa por reconocer en los necesitados a hermanos y en responsabilizarse de ellos, percibiendo la interpelaci贸n del rostro del necesitado y saliendo de s铆 para atenderlo, o, desde la par谩bola del Buen Samaritano, aproxim谩ndonos 聽al que ha ca铆do en manos de los ladrones para servirlo. La paradoja cristiana consiste en que el salvador es el salvado al contribuir a salvar.

4.6 Iglesia de los pobres (ELLACUR脥A, 1984, 84-125; 170-174; 1990, 144-153; GUTI脡REZ, 1971, 125-175; 1980, 117-127; BOFF, 1986,19-184; CODINA, 2010, 19-115; MU脩OZ, 1974, 269-376; 1983, 147-245; ESTRADA, 2008, 71-102; RAMOS, 1984, 392-449; RICHARD, 1987,17-95; TRIGO, 2003, 115-175; AQUINO JUNIOR, 2012, 277-298).

No consiste en que est茅 dedicada a los pobres y ni siquiera en que sea pobre. Es aquella en la que los pobres, y m谩s espec铆ficamente, los pobres con esp铆ritu han llegado a ser su coraz贸n, lo que la pone en聽 movimiento y es, por eso, su jerarqu铆a espiritual, que no sustituye a la institucional. Los dem谩s nos abrimos a la gracia que se concedi贸 a los pobres y nos ponemos en el discipulado de los pobres con esp铆ritu. Esto no se hace con proclamas sino con el trato habitual con ellos, no como bienhechores sino como hermanos en Cristo, que han dado fe a su palabra de que Dios les ha revelado a ellos los misterios del Reino. El modo m谩s integral de encontrarse cristianamente con los pobres es a trav茅s de las CEBs.

El problema para nuestra Iglesia no es que no vayamos en esa direcci贸n sino que no nos lo planteamos realmente. Sin embargo, siempre se da un peque帽o n煤cleo que est谩 empe帽ado en esa direcci贸n y la vive alegre y agradecidamente. Hoy empieza a cambiar esta imagen de la Iglesia, gracias a los gestos, inconfundiblemente evang茅licos, del papa Francisco, el primer papa latinoamericano, que ya en su primera declaraci贸n a la prensa expres贸 su ferviente deseo de que la Iglesia fuera pobre y para los pobres y que viene ratificando esta doble dimensi贸n de un modo sistem谩tico.

5 Nudos problem谩ticos y opciones indispensables

5.1 Asumir que la opci贸n por los pobres es tambi茅n opci贸n contra la pobreza (KOLVENBACH, 2007, 545-555; GONZ脕LEZ-CARVAJAL, 1987, 105-152)

Como punto previo hay que establecer que se puede combatir la pobreza sin tener opci贸n por los pobres, mientras que no se puede optar congruentemente por los pobres sin combatir, de un modo u otro, la pobreza.

Lo primero es claro: se puede combatir la pobreza para tener m谩s consumidores y aumentar la producci贸n y las ganancias de los productores[2]; un gobierno populista puede combatirla para adquirir una clientela fiel y una base segura de sustentaci贸n; una persona religiosa la puede combatir por ser un precepto de Dios que 茅l cumple para merecer ante 茅l; una persona moral lo puede hacer por un imperativo categ贸rico; y puede darse el caso de hacerlo porque 茅sa es su idiosincrasia.

La lucha contra la pobreza es un aspecto que se sigue de la opci贸n por los pobres porque el amor busca el bien de la persona que ama y el que opta por el pobre, sea pobre o no pobre, no quiere que las personas que ha elegido como suyas vean dr谩sticamente disminuida su existencia a causa de la pobreza. La pobreza, sobre todo la extrema, dificulta enormemente vivir humanamente porque la tensi贸n constante para seguir viviendo tiende a romper el equilibro y es propicia a que la persona desista de su integridad y se deje dominar por sus pasiones m谩s imperiosas. Como la pobreza no es buena ni querida por Dios, y, menos a煤n, hoy que hay posibilidad de recursos para todos, el amor a ellas es una palanca poderos铆sima para luchar para que para ellas vivir no sea una perpetua agon铆a[3]. Este poder del amor es muy claro de ver en las mam谩s pobres que luchan por sus hijos con unas energ铆as y una creatividad que no tendr铆an, si lucharan s贸lo por ellas.

La opci贸n es directamente por las personas; pero esa entrega a esas personas concretas impide resignarse a su pobreza y mueve a luchar porque mejoren sus condiciones de vida. Como tiene como fin la humanizaci贸n de los pobres, la lucha no se hace de cualquier modo sino de modo que, aunque el proceso sea m谩s largo, ellos sean sujetos de su superaci贸n, y as铆 la lucha contribuya a su personalizaci贸n.

Hay gran resistencia a unir la opci贸n por los pobres con la lucha por superar la pobreza porque la pobreza no es una magnitud residual sino un efecto (indeseado, dicen sus fautores, aunque reconocen que necesario) de las pol铆ticas econ贸micas y sociales. Por tanto, luchar contra la pobreza supone plantear una alternativa a la situaci贸n actual, y eso se ve tan por encima de las posibilidades y tan riesgoso para la seguridad vital, que llega a experimentarse como una amenaza ya que, aunque se haga del modo m谩s inteligente, discreto y procesual, lleva a que uno se salga de su estatuto de ciudadano normal e incluso excelente, seg煤n la estimativa vigente, para convertirse en alguien controvertido, sospechoso y, a la larga, en una amenaza para el sistema. Por eso, la resistencia a unir opci贸n por los pobres con lucha contra la pobreza.

Y, sin embargo, lo que ha cambiado es la figura hist贸rica, no las exigencias de la opci贸n por los pobres. Podr铆amos decir, por el contrario, que hoy es m谩s necesario. Por tanto, quien opte por ellos no puede no esforzarse por luchar contra la pobreza, aunque resulte una direcci贸n extra-sist茅mica. Porque hay que reconocer que la uni贸n entre la opci贸n por los pobres y la lucha por la eliminaci贸n de la pobreza o, por lo menos, por su progresiva disminuci贸n, ha sido una constante en el cristianismo.

Quienes optamos por los pobres, siguiendo a Jes煤s, tenemos la misi贸n de rehacer las relaciones de producci贸n, las relaciones sociales y pol铆ticas y, antes que eso, los corazones humanos, para que, con la participaci贸n de todos y el protagonismo de los pobres, luchemos decididamente por superar la pobreza, lo que no ser谩 posible universalizando el estado de bienestar, sino creando una alternativa en la que la mayor sobriedad de los acostumbrados al regalo sea compensada por la alegr铆a de unas relaciones fraternas, cada vez m谩s creativas y fecundas. Como se ve, es una tarea inacabable, pero irrenunciable, si queremos seguir a Jes煤s.

Ahora bien, luchar cristianamente contra la pobreza no equivale a luchar contra las personas ricas ya que distinguimos entre su papel social y su ser personal. Otra cosa es que ellos se hayan identificado con esos papeles y nos vean como enemigos suyos. Para un cristiano es indispensable no dar por perdido a nadie porque considera a cada uno como su hermano. Las direcciones hist贸ricas son irreconciliables; pero en la nuestra caben ellos como personas y como especialistas, aunque con relaciones de producci贸n y sociales no opresoras ni excluyentes sino simbi贸ticas y fraternas.

5.2 Repudiar el totalitarismo fetichista de mercado y luchar para que sea superado

Caminar en el reconocimiento de la opci贸n de Dios por los pobres exige sembrar la opini贸n de que vivimos en una sociedad fetichista que exige v铆ctimas (HINKELAMMERT, 1989; 1991; MO SUNG, 1994, 119-166; RICHARD, 1987, 124-133; SOBRINO, 2008, 61-75; TRIGO, 2006, 152-162; 2008, 55-58; 2010, 120-128 ): los pobres, que, adem谩s de explotados, son excluidos del poder de deliberaci贸n y decisi贸n. La opci贸n por los pobres exige hacerse cargo y repudiar y p煤blicamente este totalitarismo y fetichismo[4], exige, m谩s a煤n, liberarse de 茅l, viviendo alternativamente, y luchar para que sea superado.

Hoy este aspecto tiende a ser dejado de lado, dictaminando que no tiene sentido denunciar ya que no va a tener ning煤n efecto; ni oponerse porque la oposici贸n no pasa de ser ret贸rica porque los opresores son inalcanzables. Adem谩s, las consecuencias son ser privado de recursos e influencia para poder ayudar a los pobres en lo que se pueda.

Hay dos tipos de incidencia en los centros de poder: uno es desde dentro y el otro desde la sociedad organizada (redes sociales) y desde la profundizaci贸n de la democracia (pol铆tica). Desde dentro es perteneciendo de alg煤n modo a ellos. El precio a pagar es la pertenencia a ese orden de cosas. Si es cierto que estamos viviendo un totalitarismo de mercado 驴es l铆cito pagarlo? 驴El Dios de Jes煤s quiere que pertenezcamos a ese mundo?

Pero, si queremos vivir en una macro-instituci贸n 驴es posible no participar de 茅l? S铆 se puede, los precios son altos. Por ejemplo, cuando al padre Arrupe impuls贸 en la Compa帽铆a de Jes煤s la opci贸n fe-justicia, vaticin贸 que muchos bienhechores iban a convertirse en enemigos. As铆 pas贸. 驴Fue un precio demasiado alto? 驴No hab铆a que pagarlo por fidelidad? 驴No fue cierto que recarismatiz贸 a la orden y dot贸 de trascendencia a los que se dejaron moldear por ese horizonte y alegr贸 a los pobres, que fueron evangelizados con esa cercan铆a?

Tenemos tanto derecho a participar cuanto m谩s p煤blica sea nuestra condena de la direcci贸n dominante de esta figura hist贸rica. Nuestra lucha es para otro mundo sea posible y para que, cuando se vean posibilidades ciertas de 茅xito, no sea mayor la hipoteca que el fruto. Si la condici贸n para participar es el silencio, es preferible no conseguir esas peque帽as victorias a costa de la complicidad.

As铆 pues, la mayor铆a de los esfuerzos tendr铆an que ir en el sentido de la presi贸n p煤blica y de la lucha por la profundizaci贸n de la democracia. Este segundo m茅todo de incidencia pide, m谩s bien, poner en claro lo m谩s concretamente posible el car谩cter fetichista del orden establecido.

Aceptar el horizonte establecido, aunque sea por resignaci贸n, es considerar la acci贸n a favor de los pobres como un paliativo y as铆 contribuir a la estabilidad del sistema. Adem谩s esa inhibici贸n acaba implicando la pertenencia al sistema: habr铆amos perdido la sensibilidad para percibir la presencia del pecado-del-mundo porque nos habr铆amos convertido en mundo: part铆cipes biempensantes de esta situaci贸n de pecado.

Ahora bien, si no hacemos un deslinde entre los bienes civilizatorios de esta revoluci贸n tecnol贸gica y los bienes culturales, que tenemos que adquirir, y la direcci贸n dominante de esta figura hist贸rica nuestra oposici贸n ser谩 ineficaz y no lograremos una alternativa superadora.

Creemos que lo que el papa Francisco dice y hace constantemente pone en claro que s铆 es posible esta denuncia sistem谩tica y, sobre todo, la alegr铆a que ella trae a los tenidos como sobrantes y a todas las personas de buena voluntad.

5.3 Entablar una vida alternativa ya

S贸lo desde una vida alternativa, cabe la opci贸n por los pobres (ELLACUR脥A, 1989, 165-181; SOBRINO, 2007, 17-38; MAIER, 2014, 41-52; TRIGO, 2012, 10-139). La raz贸n m谩s elemental tiene que ver con lo que Freud llam贸 la econ贸mica de las emociones: si no se vive alternativamente, ya est谩n todas las energ铆as ocupadas. La fascinaci贸n, la adquisici贸n y el disfrute de lo publicitado y el trabajo para allegar los recursos para adquirirlo, se lo come todo. Los pobres ser谩n algo residual: la obra buena que nos redime ante nuestra conciencia (no as铆 ante Dios).

S贸lo desde una vida que no necesita de muchas cosas consideradas como necesarias, ser谩 posible tener tiempo y energ铆as para mirar m谩s all谩 del horizonte del consumo y el empleo, y s贸lo desde ese modo liberado de vivir se puede dar lugar a un encuentro denso con el pobre, porque ya no se est谩 dividido entre la adicci贸n al bienestar y la entrega solidaria.

脡se es el costo de la opci贸n por los pobres. Un costo que no se puede minimizar porque entra帽a sacrificios que tornan la vida m谩s estrecha y menos segura y que s贸lo se puede llevar a cabo como un camino que contiene vida cualitativa y la va dando, en el que se aporta y ayuda a fondo; pero en el que tambi茅n se es ayudado y resulta m谩s enriquecido que lo que da.

Pero los bienes que reporta esta opci贸n por una vida alternativa solidaria s贸lo pueden captarse desde dentro. Por eso es imprescindible un acto de fe en los hermanos pobres y en que la solidaridad con ellos nos traer谩 fecundidad. Fe en el Dios y Padre de nuestro Se帽or Jesucristo que es capaz de colmar el coraz贸n para que pueda prescindir de muchas cosas.

Al referirnos a la vida alternativa denotamos un modo integral de vivir y no meramente un sacrificio de tiempo y dinero, dentro de la vida propuesta por el sistema. La llamamos alternativa porque es una superaci贸n dial茅ctica de la establecida porque retiene sus elementos m谩s potenciadores y niega lo que tiene de autocentramiento competitivo y consumista, con su corolario de injusticia y exclusi贸n.

Retiene los bienes civilizatorios de la 煤ltima revoluci贸n: quien opta realmente por los pobres se cualifica incesantemente, porque si no sirve para nada 驴de qu茅 le valdr谩 su deseo de servir? Tambi茅n retiene los bienes culturales, que se afirman ret贸ricamente, pero no se realizan: la cultura de los derechos humanos, la de la democracia y la de la vida. S贸lo respetando los derechos de los pobres, se respeta, en verdad, los derechos humanos.

El sistema aprecia la democracia pol铆tica formal, pero la divisi贸n de poderes dista mucho de ser efectiva, como el gobierno bajo el imperio de la ley y la seguridad para todos, la veracidad de los medios o la igualdad de oportunidades o el control al gran capital y las grandes corporaciones. En todo eso hay gran campo para la vida alternativa.

Pero la democracia pol铆tica nunca se llenar谩 de contenido hasta que no florezca la cultura de la democracia, que se da fundamentalmente en la cotidianidad, pero que tiene que impregnar paulatinamente la vida de las instituciones e incluso de la pol铆tica y la econom铆a (TRIGO, 2012, 29-58). La cultura de la vida[5] es novedad respecto de la sociedad industrial. Se ha tomado conciencia, de los l铆mites del crecimiento (MEADOWS, D.H.; MEADOWS, D.L.; RANDERS, J; BEHRENS, W., 1982), del respeto a la naturaleza y la aspiraci贸n positiva a habitar la tierra como casa compartida, incluso, como madre nutricia. Pero hasta hoy el sistema se ha mostrado incapaz de caminar en esa direcci贸n porque las grandes corporaciones no quieren hacer los sacrificios indispensables. En este punto lo alternativo es cortar con la compulsi贸n a comprar y consumir, que est谩 a la base de todo el sistema.

El desarrollo propiamente humano tiene que ver con la capacidad de vivir en profundidad, de hacer silencio y de estar en paz con uno mismo, con los dem谩s y con la naturaleza; de vivir con simpat铆a y compasi贸n, con responsabilidad, cultivando la convivialidad, lo simb贸lico, lo festivo, lo l煤dico y, para nosotros los cristianos, las dos relaciones de hijo de Dios y de hermano de todos.

S贸lo desde esa perspectiva y sensibilidad tendr谩n cabida los pobres en la tierra. Y tendencialmente dejar谩n de ser pobres. Tenemos que dedicar grandes energ铆as en imaginar otro estado de cosas que no produzca estructuralmente pobres y en el que los pobres sean capacitados, no s贸lo para integrarse en lo dado sino para ser sujetos de lo que se quiere construir.

5.4 Llegar a reconocer al pueblo la condici贸n de sujetos humanos, superando la relaci贸n ilustrada y alianza con 茅l en el seno del pueblo

La opci贸n por los pobres parte del reconocimiento de la condici贸n de sujetos humanos que tienen los pobres (TRIGO, 2008, 185-213; 2011). Esto entra帽a que no cabe opci贸n evang茅lica por los pobres, si el concepto de pobre los totaliza. La opci贸n es por esos seres humanos, que se encuentran injustamente privados, situaci贸n que no los determina.

Esta distinci贸n no suele hacerse ni en el asistencialismo ni en la promoci贸n ni en la concientizaci贸n. Por eso la relaci贸n con ellos es unidireccional y vertical porque se estima que los pobres nada tienen que dar.

La dificultad de que un ilustrado supere su modo de relaci贸n con el pueblo proviene de que las carencias observadas copan la atenci贸n y sus haberes quedan en la penumbra. Y, sin embargo, ellos son decisivos. S贸lo la experiencia de verse ayudado por los pobres puede llevar a hacerse cargo de la condici贸n de sujetos que ellos tienen. Puede darse una apertura en principio, pero s贸lo mediante experiencias concretas puede llenarse de contenido, sean experiencias puntuales densas o procesos sostenidos. Un modo de llegar a esa apertura es la conciencia de que Dios ha revelado a los pobres los misterios del Reino, ya que eso implica que ellos son capaces de recibir esa revelaci贸n.

Esta conciencia es el presupuesto de la interlocuci贸n continua de Jes煤s con el pueblo. Que este supuesto fue certero se evidencia porque fue el 茅xito que tuvo con el pueblo el que fue percibido por las autoridades como una amenaza para la estabilidad del sistema y provoc贸 su condena (Jn 11,47-53; 12-18-19).

Ahora bien, en este nuevo esquema de relaci贸n rec铆proca hay que integrar muchos de los contenidos de la relaci贸n ilustrada porque el pueblo necesita crecer en muchos aspectos, y para ello necesita ser ayudado.

La opci贸n por los pobres se decanta como alianza entre gente popular y no popular en el seno del pueblo. En esta alianza todos salen ganando. El que m谩s, el no popular, que recibe lo m谩s cualitativo (la densidad de la realidad, el conato ag贸nico por la vida, la fe y el dar de su pobreza), que nadie m谩s que los pobres con esp铆ritu pueden dar; pero tambi茅n sale ganando el pueblo, que recibe, adem谩s de los bienes civilizatorios y culturales, el don de los que se entregan a 茅l.

5.5 La opci贸n por los pobres debe ser propuesta ante todo a los mismos pobres

Si los pobres son antes que pobres sujetos humanos, son los primeros a quienes hay que proponer esta opci贸n. Creer que no tienen que hacerla porque bastante tienen con no sucumbir a la pobreza es negarles su condici贸n de sujetos. 脡ste es el veneno oculto de los populismos y de muchos planes de asistencia y promoci贸n.

As铆 pues, los pobres, aun con su pobreza a cuestas, son capaces de esta opci贸n por ellos y sus vecinos y por los que son m谩s pobres que ellos, como algo a lo que Dios los llama. La opci贸n de los pobres por los pobres forma parte de su respuesta al evangelio de la opci贸n de Dios por ellos. Y la opci贸n por sus hermanos pobres se convierte en la palanca m谩s poderosa para personalizarse. Adem谩s, los libra de la tentaci贸n de salir individualmente de su mundo, aline谩ndose con el sistema que hace pobres. Adem谩s, es imprescindible propon茅rsela porque la acci贸n de los pobres es indispensable. No se podr谩 avanzar en calidad humana, si los pobres no optan por ellos.

Como juicio de hecho habr铆a que reconocer que los pobres son los que m谩s hacen esta opci贸n, a veces, de modo heroico, aunque, obviamente, son bastantes los que no la hacen.

Enumeremos algunas cuestiones que habr铆a que tratar en m谩s extensi贸n: el destinatario concreto de la opci贸n de pobres y no pobres por los pobres no son los individuos pobres ni los pobres como categor铆a sociol贸gica o pol铆tica, ni se puede restringir a los m谩s pobres sino que es por el colectivo personalizado de los pobres, haci茅ndonos cargo de las relaciones que los constituyen como personas.

Hablando situadamente, la opci贸n por los pobres tiende hoy en Nuestra Am茅rica hacia el reconocimiento de su car谩cter multi茅tnico y pluricultural en un estado de justicia entre las culturas y etnias y de interacci贸n simbi贸tica entre ellas.

Esta opci贸n implica para la instituci贸n eclesi谩stica la inculturaci贸n del evangelio a cada cultura popular y, como coronaci贸n de ella, el que haya presb铆teros y obispos de cada una de esas culturas.

Para los que somos cristianos, optar por los pobres implica ponerse en el discipulado de los pobres con esp铆ritu[6], que son los pobres que se han abierto a la revelaci贸n de los misterios del Reino a los insignificantes y viven desde ella, lo que 聽entra帽a unas relaciones con ellos constantes, horizontales y mutuas, en la cotidianidad (DUSSEL, 1974, 181-197; GUTIERREZ, 1980, 156-181; CASTILLO, 1997; TRIGO, 2011, 145-183; FAUS, 1997, 223-242; LUCHETTI, 1992, 189199; GARCIA ROCA, 2008, 5-21; RAMOS, 1984, 144-149; RICHARD, 1987, 133-141; CODINA, 2010, 181-210).

Finalmente insistimos en que hay que aspirar a que todos los pobres se capaciten y sean productivos; el Estado y el mercado deben complementarse como mecanismos de retribuci贸n. Para que esto acontezca el problema no son las fuerzas productivas sino las relaciones de producci贸n y las relaciones sociales y pol铆ticas. Tenemos que resolver el doble problema de c贸mo encontrar vida para todos y c贸mo todos puedan participar dando su contribuci贸n a la sociedad de la que quieren formar parte productiva. El problema del trabajo para los pobres es la expresi贸n m谩s aguda de este problema generalizado.

S贸lo si se acepta que otro mundo es posible y que es impostergable dirigirnos decididamente a caminar en esa direcci贸n, transformando lo que haya que transformar de la direcci贸n dominante de esta figura hist贸rica, ser谩 posible la vida de las grandes mayor铆as en proceso de proletarizaci贸n e, incluso, la de los pobres, y la condici贸n de vida cualitativamente humana de los dem谩s[7].

Pedro Trigo, SJ. Universidad Andres Bello/ITER. Caracas (Venezuela). Texto original en espa帽ol.

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[1] El papa Francisco lo dice muy gr谩ficamente: 鈥淣o olvid茅is la carne de Cristo que est谩 en la carne de los refugiados: su carne es la carne de Cristo鈥 (A los participantes de la plenaria del Consejo Pontificio de los Emigrantes e Itinerantes: 24/05/2013) O a las Superioras Generales: 鈥淟a pobreza se aprende tocando la carne de Cristo pobre, en los humildes, en los pobres, en los enfermos, en los ni帽os鈥 (8/05/2013).聽鈥淣o se puede hablar de pobreza, de pobreza abstracta, 隆茅sta no existe! La pobreza es la carne de Jes煤s pobre, en ese ni帽o que tiene hambre, en quien est谩 enfermo, en esas estructuras sociales que son injustas. Ir, mirar all铆 la carne de Jes煤s (Encuentro con estudiantes de escuelas de jesuitas de Italia y Albania: 7/6/2013). 鈥淓n cada hermano y hermana en dificultad abrazamos la carne de Cristo que sufre. Hoy, en este lugar de lucha contra la dependencia qu铆mica, quisiera abrazar a cada uno y cada una de ustedes que son la carne de Cristo鈥 (Visita al hospital san Francisco de As铆s. R铆o 24/7/2013). 鈥淟os conventos vac铆os no son vuestros, son para la carne de Cristo que son los refugiados鈥 (Al Centro Astalli de Roma para la asistencia a los refugiados.10/09/2013). 鈥淐u谩nto sufrimiento, cu谩nta pobreza, cu谩nto dolor de Jes煤s que sufre, que es pobre, que es arrojado de su Patria. 隆Es Jes煤s! Esto es un misterio, pero es nuestro misterio cristiano. Veamos a Jes煤s que sufre en los habitantes de la querida Siria鈥 (A los organismos de caridad cat贸licos que trabajen en la crisis siria: 5/05/2013).

[2] Es la l贸gica del fordismo que, al segmentar el proceso de producci贸n y hacerlo en cadena, logr贸 elevar exponencialmente la productividad. Los salarios m谩s altos a los trabajadores, y los precios m谩s bajos, crear铆an consumidores en potencia, que expandir铆an el sistema.

[3] As铆 lo insiste el papa Francisco: 鈥淟a caridad que deja a los pobres as铆 como est谩n, no es suficiente. La misericordia verdadera, aquella que Dios nos da y nos ense帽a, pide justicia, pide que el pobre encuentre su camino para dejar de serlo. Pide 鈥 y nos lo pide a nosotros como Iglesia, a nosotros ciudad de Roma, a las instituciones -, pide que ninguno tenga ya la necesidad de un comedor p煤blico, de un alojamiento temporal, de un servicio de asistencia legal para ver reconocido su propio derecho a vivir y a trabajar, a ser plenamente persona鈥 (Discurso a los refugiados en Astalli: 10/9/2013).

[4] As铆 lo dice el papa Francisco que, despu茅s de pintar con rasgos muy dram谩ticos la situaci贸n mundial expresa: 鈥淯na de las causas de esta situaci贸n, en mi opini贸n, se encuentra en la relaci贸n que hemos establecido con el dinero, aceptando su predominio sobre nosotros y nuestras sociedades. De manera que la crisis financiera que atravesamos nos hace olvidar que en su origen hay una profunda crisis antropol贸gica. 隆La negaci贸n de la primac铆a del hombre! Hemos creado nuevos 铆dolos. La adoraci贸n del antiguo becerro de oro (cf. Ex 32, 15-34) ha encontrado una versi贸n nueva y despiadada en el fetichismo del dinero y en la dictadura de la econom铆a sin un rostro y un objetivo verdaderamente humano鈥 (Discurso en la presentaci贸n de sus cartas credenciales de cuatro embajadores: 16/5/2013; y A los participantes en la plenaria del Consejo Pontificio de los Emigrantes e Itinerantes. 24/05/2013; y la Conversaci贸n con alumnos de escuelas jesuitas de Italia y Albania: 7/06/2013).

[5] El documento m谩s autorizado y documentado y m谩s integral, que une, como nosotros proponemos, la cultura de la vida y el cuidado de los pobres es la enc铆clica Laudato Si del papa Francisco (2015), verdadero paradigma de la toma de posici贸n cristiana ante un problema crucial.

[6] Este tema es un tema recurrente en los discursos del papa Francisco. Por ejemplo 鈥淟os pobres son tambi茅n maestros privilegiados de nuestro conocimiento de Dios; su fragilidad y sencillez ponen al descubierto nuestros ego铆smos, nuestras falsas certezas, nuestras pretensiones de autosuficiencia y nos gu铆an a la experiencia de la cercan铆a y de la ternura de Dios, para recibir en nuestra vida su amor, la misericordia del Padre que, con discreci贸n y paciente confianza, cuida de nosotros, de todos nosotros鈥 (10/9/2013).

[7] Esta es la tesis de Laudato Si, que, como ha aclarado el papa Francisco, no es una enc铆clica verde sino una enc铆clica social en la que la salvaci贸n es integral, pero en la que se muestra que la tierra no se salvar谩 si no se est谩 dispuesta a salvarse la humanidad en conjunto.