Misal Romano

脥ndice

1 Introducci贸n

2 La Constituci贸n Apost贸lica Missale Romanum

3 Breve historia y g茅nesis del Misal Romano

4 Aspectos teol贸gicos y pastorales valorados por el nuevo Misal

4.1 Presencia de Cristo

4.2 Asamblea y participaci贸n

4.3 Sagrada Escritura

5 Conclusi贸n

6 Referencias bibliogr谩ficas

1 Introducci贸n

Por medio de la Constituci贸n Apost贸lica Missale Romanum, del 3 de abril de 1969, el papa Pablo VI aprob贸 el nuevo Misal Romano y la “Instrucci贸n General al Misal Romano” (Institutio Generalis Missalis Romanum 鈥 IGMR), que acompa帽a y precede al formulario del Misal . El texto de la edici贸n oficial (editio typica) del Misal y de la Instrucci贸n son del 25 de marzo de 1970. Pasados apenas cinco a帽os, se public贸 la segunda edici贸n del Misal Romano. En el a帽o 2000, treinta a帽os despu茅s de la primera edici贸n del Misal, se lanza su tercera edici贸n. En esa ocasi贸n surgieron algunas orientaciones que complementaban la edici贸n anterior del Misal, las cuales fueron incorporadas en la tercera edici贸n de la IGMR. Tomemos como paradigma para nuestras referencias esta 煤ltima edici贸n de la IGMR. Ella presenta nueve cap铆tulos y 399 n煤meros (la primera edici贸n ten铆a ocho cap铆tulos y 342 n煤meros).

Esta Instrucci贸n -al igual que sucede con las introducciones de los libros lit煤rgicos emanados de la reforma lit煤rgica conciliar (praenotanda) – es un rico conjunto de hilos de car谩cter b铆blico, teol贸gico, doctrinal, catequ茅tico y pastoral; todos formando un 煤nico tejido multicolor. Lejos de ser un mero manual de r煤bricas, la IGMR es portadora de una teolog铆a fecundada por la renovaci贸n pre y post-conciliar, pero sobre todo por las riqu铆simas propuestas del Concilio Vaticano II. “Marca un giro en relaci贸n a los precedentes Rubricae Generales y Ritus servandus del Misal de P铆o V, ya por el propio t铆tulo: Institutio, un g茅nero literario nuevo, y a煤n por su contenido de amplio respiro” (FALSINI, 1996, p.7) .

Al lado de la IGMR, otro tesoro de la reforma lit煤rgica fue el Ordo Lectionum Missae (OLM) 鈥 el listado oficial de las lecturas de la Sagrada Escritura que se proclaman en la celebraci贸n de la eucarist铆a. La primera edici贸n t铆pica del OLM fue publicada en 1969, por mandato de Pablo VI. En 1981 hubo su segunda edici贸n. Se trata de un documento compuesto de seis cap铆tulos, cuyo 谩mbito teol贸gico, catequ茅tico y pastoral es realzar el valor de m谩xima importancia de la Sagrada Escritura en la celebraci贸n de la eucarist铆a (CNBB, 2008).

El objetivo de la investigaci贸n propuesta es explorar algunos aspectos relevantes del Misal Romano. Para ello, propondremos un trayecto a recorrer en tres etapas: 1) Constituci贸n Apost贸lica Missale Romanum; 2) Breve hist贸rico y g茅nesis del Misal de Pablo VI; 3) Aspectos teol贸gicos y pastorales valorados por el nuevo Misal, donde especificar tres aspectos: presencia de Cristo, asamblea y participaci贸n y Sagrada Escritura.

2 La Constituci贸n Apost贸lica Missale Romanum

La Constituci贸n Apost贸lica Missale Romanum merece un enfoque aparte, dado su peso y relevancia. Ella no s贸lo se present贸 como un instrumento necesario para que fuera posible la promulgaci贸n del nuevo Misal, sino que trajo consigo una densa y profunda s铆ntesis de potencialidades y propuestas teol贸gicas y pastorales[1].

El Misal que vigor贸 hasta 1970 fue aqu茅l promulgado por el papa P铆o V, en 1570, de acuerdo con el decreto del Concilio de Trento. Seg煤n nuestra Constituci贸n, 茅l est谩 “entre los muchos y admirables frutos que ese Santo S铆nodo ha difundido por toda la Iglesia de Cristo”. Durante cuatro siglos, los sacerdotes del rito latino lo tuvieron como norma para la celebraci贸n de la eucarist铆a.

En la primera mitad del siglo XX, de modo particular, comienza a despuntar y desarrollarse entre los cristianos un fuerte deseo de una renovaci贸n de la liturgia, deseo este que, seg煤n las palabras del Papa P铆o XII, debe ser considerado “paso del Esp铆ritu Santo por su Iglesia “(JAVIER FLORES, 2006, p.285). Con eso, se fue aclarando que el Misal de P铆o V deb铆a ser urgentemente renovado y enriquecido en sus textos. El propio P铆o XII dio inicio a esta obra, restaurando la Vigilia Pascual y el Ordinario de la Semana Santa, aut茅nticos y concretos pasos para el inicio de la reforma del Misal Romano y su adaptaci贸n a las necesidades de la Iglesia de hoy.

Con la promulgaci贸n del primer documento del Concilio Vaticano II, la Constituci贸n Lit煤rgica Sacrosanctum Concilium (SC), fue lanzada la piedra fundamental de la profunda reforma del Misal Romano. En lo que se refiere al misterio de la eucarist铆a, la Sacrosanctum Concilium, en el cap铆tulo II (n煤meros 47-58), presenta algunas directrices concretas para la revisi贸n del Misal: buscar mayor claridad en los textos y ritos; promover la participaci贸n de los fieles; preparar “con mayor abundancia para los fieles” la mesa de la Palabra de Dios; centralizar la realidad del misterio pascual; resucitar algunos ritos que se perdieron durante la historia (oraci贸n universal, concelebraci贸n, lectura de textos del Antiguo Testamento, comuni贸n bajo las dos especies, etc.) y el uso de la lengua vern谩cula. La preocupaci贸n por una aut茅ntica renovaci贸n lit煤rgica, en particular en lo que se refiere a la celebraci贸n de la eucarist铆a, se帽ala precisamente聽 la participaci贸n de los bautizados en el misterio que se celebra: “El ritual de la Misa debe ser revisado, de modo que aparezca m谩s claramente la estructura de cada uno una de sus partes, as铆 como su mutua conexi贸n, para facilitar una participaci贸n piadosa y activa de los fieles “(SC n.50). [2]

Pablo VI, en la Constituci贸n Apost贸lica Missale Romanum, aclara que la renovaci贸n del Misal no es fruto de un capricho de la Iglesia posconciliar y nada tiene de improvisado. Por el contrario, ella fue preparada cari帽osa y progresivamente, de modo particular, con el auxilio de los avances de la teolog铆a b铆blica y lit煤rgica. Estos y otros factores se帽alan la asistencia permanente del Esp铆ritu Santo, que, en todas las fases de la historia, suscita en la Iglesia de Cristo los soplos de renovaci贸n. Pablo VI recuerda que, tras el Concilio de Trento, se inici贸 el estudio de antiguos manuscritos de la Biblioteca Vaticana y de otros materiales recogidos de varios lugares. El Papa P铆o V da testimonio de que este rico documental contribuy贸 mucho a la revisi贸n y renovaci贸n del Misal promulgado en 1570. De la publicaci贸n de ese Misal hasta el Concilio Vaticano II se descubri贸 y public贸 un rico material de antiguas fuentes lit煤rgicas, como tambi茅n fueron conocidas y estudiadas antiguas f贸rmulas lit煤rgicas de la Iglesia Oriental. En este sentido, afirma Pablo VI: “As铆 muchos insistieron para que tales riquezas doctrinales y espirituales no permanecieran en la oscuridad de las bibliotecas, sino que, por el contrario, fuesen dadas a luz, para ilustrar y nutrir las mentes de los cristianos” (PAULO VI, 1992, p.18).

Una de las m谩s importantes novedades de la reforma del nuevo Misal son los nuevos formularios de Oraciones eucar铆sticas. La Oraci贸n Eucar铆stica I, tambi茅n llamada Canon Romano, fue fijada entre los siglos IV y V y permaneci贸 siendo el 煤nico formulario usado en las Misas hasta el nuevo Misal. Adem谩s de las nuevas oraciones eucar铆sticas, este Misal se ha enriquecido con un gran n煤mero de nuevos Prefacios. El actual Misal cuenta con trece Oraciones Eucar铆sticas[3]. Se trata, por tanto, de un Misal con una riqueza eucol贸gica sin precedentes (BUGNINI, 2013, p.347).

Adem谩s, de acuerdo con las orientaciones del Concilio Vaticano II, hubo el cuidado de simplificar varios elementos secundarios que, a lo largo de los siglos, se han ido a帽adiendo a la celebraci贸n de la Misa. Con frecuencia, esos elementos desviaban a los fieles de lo que era esencial en el misterio eucar铆stico, adem谩s de sobrecargar demasiado la celebraci贸n. Todo, sin embargo, fue hecho cuidadosamente para que se conservara la sustancia de los ritos lit煤rgicos. Se respet贸 la estructura esencial de los ritos y, al mismo tiempo, se opt贸 por su simplificaci贸n. Orienta el Concilio: “Se omitan todos los elementos que, con el paso del tiempo, se han duplicado o, menos 煤tilmente, se han a帽adido; se restaure, sin embargo, si parece oportuno o necesario y seg煤n la antigua tradici贸n de los Padres, algunos que injustamente se perdieron “(SC n.50). (MARSILI, 2010: 329-37).

Se han restaurado, sigue recordando聽 Pablo VI en la Constituci贸n Apost贸lica, algunos ritos que hab铆an ca铆do en desuso en la celebraci贸n de la Misa y que gozaron de importancia en el tiempo de los Padres de la Iglesia. Entre los ritos restaurados, el de la proclamaci贸n de la Biblia en la Liturgia de la Palabra es indudablemente uno de los m谩s significativos y decisivos (TRIACCA, 1992, p.135-51). Se trata de una expresa orientaci贸n conciliar: “Para que la mesa de la Palabra de Dios sea preparada con mayor abundancia para los fieles, se abran m谩s ampliamente los tesoros de la Biblia, de modo que, dentro de cierto n煤mero de a帽os, sean le铆das al pueblo las partes m谩s importantes de la Sagrada Escritura “(SC n.51) [4]. “Todo esto fue as铆 ordenado para aumentar cada vez m谩s en los fieles el hambre de la Palabra de Dios” (Am 8,11) que, bajo la direcci贸n del Esp铆ritu Santo, debe llevar al pueblo de la nueva Alianza a la perfecta unidad de la Iglesia “- afirma Pablo VI.

En la conclusi贸n de la Constituci贸n Apost贸lica Missale Romanum, el pont铆fice manifiesta su deseo de “dar fuerza de ley” a todo lo expuesto en ese documento. Recuerda que su predecesor P铆o V, con ocasi贸n de la promulgaci贸n del Misal Romano, declara al pueblo cristiano que ese libro lit煤rgico era “como factor de la unidad lit煤rgica y signo de la pureza del culto de la Iglesia”. “De la misma forma”, contin煤a Pablo VI, “nosotros, en el nuevo Misal, aunque dejando lugar para leg铆timas variaciones y adaptaciones, seg煤n las normas del Concilio Vaticano II, esperamos que sea recibido por los fieles como un medio de testimoniar y afirmar la unidad de todos, pues, entre tanta diversidad de lenguas, una sola y misma oraci贸n, m谩s fragante que el incienso, subir谩 al Padre celestial por nuestro Sumo Sacerdote Jesucristo, en el Esp铆ritu Santo “(PAULO VI, 1992, p.21).

3 Breve historia y g茅nesis del Misal Romano

Aunque nuestro prop贸sito es enfocar la reforma del Misal Romano de Pablo VI, no se puede dejar de se帽alar que el siglo XX estuvo marcado por un fuerte deseo de reforma en el campo de la liturgia. P铆o X, en la Bula Divino afflatu (1/11/1911), muestra la necesidad de reformar algunas l铆neas concernientes a la Misa y al Oficio divino. En su motu propio Abhinc duos annos (23/10/1913), 茅l presenta un esbozo program谩tico de una futura reforma del Breviario. Los proyectos de reforma de los dos principales libros lit煤rgicos de la Iglesia -el Breviario y el Misal- quedaron paralizados debido a varias circunstancias imprevistas, de modo particular el estallido de la primera guerra mundial y la muerte del pont铆fice.

P铆o XII dio un nuevo impulso a los trabajos de reforma ya en marcha. En 1946, 茅l forma una comisi贸n con el fin de hacer un levantamiento de lo que hasta ese momento hab铆a sido realizado en pro de una reforma lit煤rgica. Esta comisi贸n qued贸 bajo la coordinaci贸n del entonces prefecto de la Congregaci贸n de los Ritos, el cardenal Salotti. En el a帽o 1948, esa comisi贸n produjo un largo memor谩ndum que conten铆a las principales directrices de una concreta obra de reforma. El factor decisivo de esta fase fue la publicaci贸n de la enc铆clica Mediator Dei (20/11/1947). Con esta enc铆clica, P铆o XII abre decisivamente la fase preconciliar de la renovaci贸n lit煤rgica (JAVIER FLORES, 2006, p.271-87).

En los a帽os inmediatamente precedentes al Concilio Vaticano II, hab铆a, en los diversos sectores de la Iglesia y entre los fieles, un vivo deseo de una reforma lit煤rgica, particularmente en lo que se refer铆a a la Misa. El 25 de enero de 1959, el Papa Juan XXIII manifiesta, por primera vez, su intenci贸n de convocar un Concilio. En junio del mismo a帽o, el secretario de Estado, cardenal Tardini, pidi贸 a todos los obispos, a los superiores de las 贸rdenes religiosas y a las universidades cat贸licas enviar sugerencias de temas a tratar en el Concilio. Muchas de estas sugerencias se refer铆an a la reforma de la Misa (LENGELING, 1971, p.501). En vista de estos y otros factores, se puede entender por qu茅 el primer documento emanado del Vaticano II fue justamente la Constituci贸n Lit煤rgica Sacrosanctum Concilium, promulgada el 4 de diciembre de 1963. El segundo cap铆tulo de esa Constituci贸n (n.47-58) fue completamente dedicado al sacramento de la eucarist铆a.

El 25 de enero de 1964, Pablo VI form贸 el Consilium ad exsequendam Constitutionem de Sacra Liturgia, una comisi贸n que deb铆a llevar adelante el proyecto de la reforma lit煤rgica. Al formar este Consejo, el pont铆fice ten铆a el ardiente deseo de poner en pr谩ctica lo que hab铆a pedido el Concilio Vaticano II: “Los libros lit煤rgicos sean cuanto antes revisados 鈥嬧媝or personas competentes y consultando a obispos de diversos pa铆ses del mundo” (SC n.25) . Motivado por esa exhortaci贸n, el Consilium, de inmediato, puso manos a la obra. En poco tiempo, los trabajos de la comisi贸n ya presentaban los primeros signos de la reforma del Misal (BASURKO & GOENAGA, 1990, p.149). La empresa, sin embargo, necesit贸 ser enfrentada de forma paciente y gradual. El motivo de este procedimiento se dio por dos razones: a) de acuerdo con el Concilio Vaticano II, el trabajo de reforma deb铆a transcurrir con prudencia, pues lo que estaba en juego era algo delicado y desafiante. Seg煤n la SC n.23, era tarea de la Iglesia conservar la “sana tradici贸n” y, al mismo tiempo, lanzarse en un “progreso leg铆timo”, seg煤n lo que los nuevos tiempos exig铆an. Y eso deber铆a ser hecho “con cuidadosa investigaci贸n teol贸gica, hist贸rica y pastoral acerca de cada una de las partes de la liturgia eucar铆stica que deben ser revisadas”. Y m谩s, la Iglesia deber铆a tener en cuenta “las leyes generales de la estructura y del esp铆ritu de la liturgia, la experiencia adquirida en las recientes reformas lit煤rgicas”. Adem谩s, que se tomara el cuidado de no introducir innovaciones indebidas en el proceso de reforma y que las nuevas formas surgieran de las ya existentes. Obviamente, una obra de tal porte exig铆a tiempo, discernimiento y cautela; b) desde el punto de vista did谩ctico y psicol贸gico, ser铆a perjudicial exigir un cambio inmediato y radical. El clero y el pueblo de Dios no tendr铆an condiciones de comprender correctamente y asimilar de forma profunda y provechosa los cambios propuestos por la Iglesia. Para comprobar la paciencia y el cuidado maternal de la Iglesia en relaci贸n a sus hijos, basta con conferir la lista de los documentos romanos publicados entre los a帽os 1964 y 1971, todos ellos relacionados con la reforma del nuevo Misal. Y eso con el deseo que el pueblo de Dios acogiera con conciencia y provecho las propuestas de la reforma lit煤rgica (LENGELING, 1971, p.506-9).

En el 谩mbito del Consilium, doce grupos de trabajo contribuyeron a realizar el nuevo Misal. Tres otros grupos se ocuparon de problemas comunes a la reforma del Breviario y del Misal, tales como el calendario, las r煤bricas y las fiestas particulares. De los grupos que se encargaron de la reforma del Misal – lecturas b铆blicas, oraciones, prefacios, participaci贸n de los fieles, comuni贸n bajo dos especies, concelebraci贸n, Misas votivas, cantos de la Misa – no se puede dejar de hacer memoria de nombres como A. Franquesa, M. Righetti, T. Schnitzler, P. Jounel, C. Vagaggini, P. M. Gy, J. A. Jungmann, J. Gelineau, L. Bouyer y tantos otros. Gracias a ellos y a la supervisi贸n continua de Pablo VI, se hizo posible la obra de la reforma lit煤rgica con uno de sus frutos m谩s fecundos y prometedores: el Misal Romano.

Siendo la reforma del Misal una obra aut茅nticamente eclesial y colegial, Pablo VI quiso garantizar que participasen de ella todos los obispos. Sobre esto, recordamos aqu铆 las palabras pronunciadas por el pont铆fice en la audiencia concedida a los participantes de la VII sesi贸n plenaria del Consilium, en diciembre de 1966. Despu茅s de haber hablado de la importancia de la m煤sica sacra, 茅l declara:

Hay otra cuesti贸n, entre todas, que es de m谩ximo inter茅s: aquella que se refiere al Ordo Missae. Tomamos ya ciencia del estudio realizado y sabemos cu谩ntas eruditas y religiosas discusiones est谩n relacionadas tanto al texto del as铆 llamado Ordo Missae, sobre la composici贸n del nuevo Misal y del calendario de las celebraciones. La cosa es de tanto peso y de tanta importancia universal que no podemos dejar de consultar al episcopado antes de convalidar con nuestra aprobaci贸n las medidas propuestas por 茅ste Consilium. (LENGELING, 1971, p.506-9)

De hecho, la propuesta de reforma de la Misa fue sometida al examen de los obispos, que fueron convocados para un S铆nodo en Roma, en el a帽o 1967. Varias indagaciones fueron hechas y ricas sugerencias fueron dadas para que, sin demora, se hiciera la reforma del Misal. Sin embargo, sea durante el S铆nodo, sea en momentos sucesivos, “no faltaron intentos con el fin de denigrar el nuevo Ordo Missae” (LENGELING, 1971, p.512). De 茅l se dijo que conten铆a “errores de una nueva teolog铆a”, transferidos al campo lit煤rgico, y que la propuesta del nuevo Ordo, de que tambi茅n el pueblo de Dios pueda ofrecer el sacrificio, oscurece en los fieles la realidad de la “plenitud de los poderes sacerdotales “(LENGELING, 1971, p.512). Las voces contra el nuevo Misal propalaban que la reforma hab铆a faltado al respeto de tres importantes puntos sostenidos por la doctrina cat贸lica: la naturaleza sacramental de la misa, la cuesti贸n de la presencia real del Se帽or en las especies eucar铆sticas y el tema de la naturaleza del sacerdocio ministerial. En tres n煤meros seguidos de la proclamaci贸n de la IGMR, estos argumentos son enfrentados y aclarados de la siguiente manera: “La naturaleza sacramental de la Misa, que el Concilio de Trento solemnemente afirm贸, en concordancia con la universal tradici贸n de la Iglesia, fue nuevamente proclamada por el Concilio Vaticano II. “(N.2). “El admirable misterio de la presencia real del Se帽or bajo las especies eucar铆sticas fue confirmado por el Concilio Vaticano II y por otros documentos del Magisterio Eclesi谩stico, en el mismo sentido y en la misma forma con que fuera a nuestra fe por el Concilio de Trento” (n.4). “La naturaleza del sacerdocio ministerial, propio del obispo y del presb铆tero que ofrecen el sacrificio en la persona de Cristo y presiden la asamblea del pueblo santo, se evidencia en el propio rito, por la eminencia del lugar de funci贸n del sacerdote” (n.4).

Despu茅s de un doloroso parto, nace, en fin, el Missale Romanum. Un momento nuevo y prometedor en la vida de la Iglesia, de su identidad y misi贸n, ya que lo que est谩 en juego es la celebraci贸n del misterio de la eucarist铆a. “Ella” contiene todo el bien espiritual de la Iglesia, a saber, el mismo Cristo, nuestra pascua y pan vivo, dando vida a los hombres a trav茅s de su carne vivificada y vivificante por el Esp铆ritu Santo (…). La Eucarist铆a aparece como fuente y cumbre de toda la evangelizaci贸n “(CONCILIO VATICANO II, 1982, n.5).

4 Aspectos teol贸gicos y pastorales valorados por el nuevo Misal

Para que se tenga acceso al manantial ofrecido por el nuevo Misal y de 茅l se quiera un fecundo provecho, se hace necesario conocerlo en su teolog铆a y perspectivas pastorales. Sin duda, uno de los mejores medios para ello es un buen conocimiento de los principios y normas propuestos por la IGMR. Esta Instrucci贸n quiere franquear el contacto con el rico material eucol贸gico presente en el actual Misal – se trata de piezas ricas en sus dimensiones b铆blica, teol贸gica, lit煤rgica, espiritual, catequ茅tica y pastoral. En este sentido, la IGMR est谩 lejos de ser un simple aggiornamiento de r煤bricas y de orientaciones pragm谩ticas; por el contrario, quiere ser un rico y permanente manual de formaci贸n lit煤rgica para el clero y el pueblo de Dios. Aqu铆 conviene recordar la amonestaci贸n que nos viene del Concilio Vaticano II: “Con empe帽o y paciencia busquen a los pastores de almas dar la formaci贸n lit煤rgica y promover tambi茅n la participaci贸n activa de los fieles (…)” (SC n.19) (CONGREGACI脫N PARA El CULTO DIVINO2, 2003, n.11). Con ese objetivo, seleccionamos en esta secci贸n tres temas de particular relevancia en el Misal Romano y, por consiguiente, enfatizados en la IGMR.

4.1 Presencia de Cristo

El tema de la presencia de Cristo en la celebraci贸n eucar铆stica es enf谩ticamente abordado en el n煤mero 27 de la IGMR:

En la Misa, o Cena del Se帽or, el pueblo de Dios es convocado y reunido, bajo la presidencia del sacerdote, quien obra en la persona de Cristo (in persona Christi) para celebrar el memorial del Se帽or o sacrificio eucar铆stico. De manera que para esta reuni贸n local de la santa Iglesia vale eminentemente la promesa de Cristo: 鈥淒onde dos o tres est谩n reunidos en mi nombre, all铆 estoy yo en medio de ellos鈥 (Mt 18, 20). Pues en la celebraci贸n de la Misa, en la cual se perpet煤a el sacrificio de la cruz, Cristo est谩 realmente presente en la misma asamblea congregada en su nombre, en la persona del ministro, en su palabra y, m谩s a煤n, de manera sustancial y permanente en las especies eucar铆sticas

La doctrina contenida en ese n煤mero se encuentra impregnada de teolog铆a b铆blica. En pasajes como Mt 28,19-20 y Jn 15,4-7, vemos el deseo de Jes煤s en estar presente, de permanecer junto a los suyos. Ciertamente la experiencia de esa presencia era el coraz贸n del culto y de la experiencia de fe de la comunidad primitiva. En la 茅poca apost贸lica y patr铆stica “la presencia del Se帽or era una verdad profundamente vivida en todas sus dimensiones” (L脫PEZ MART脥N, 1996, p.112). En la celebraci贸n lit煤rgica, de modo privilegiado, esa verdad se experimentaba en profundidad.

El tema de la presencia de Cristo en la liturgia ha sido objeto de constante inter茅s del Magisterio de la Iglesia, sobre todo a partir de P铆o XII[5]. Es, sin embargo, en la Sacrosanctum Concilium, que es abordado de forma incisiva: Cristo est谩 siempre presente en su Iglesia, especialmente en las acciones lit煤rgicas: en el sacrificio de la misa, en la persona de aquel que preside el culto, en las especies eucar铆sticas (cf SC n.7). Con el aliento del Concilio,聽 la IGMR聽 enfrenta聽 la cuesti贸n de la presencia de Cristo en la celebraci贸n de la cena del Se帽or – presencia variada y m煤ltiple, debido a la diversidad de los signos con que se realiza la acci贸n lit煤rgica: asamblea, ministro, Palabra, especies eucar铆sticas. Ciertamente esa panor谩mica se debe, en gran parte, a la teolog铆a conciliar. La Sacrosanctum Concilium afirma que, por medio de la liturgia, especialmente por el sacrificio eucar铆stico, “se act煤a la obra de nuestra redenci贸n” (SC n.2). La realizaci贸n de una obra de tal porte exige la “presencia” de Cristo actuando a trav茅s de los signos lit煤rgicos. En efecto, lo que fue realizado “una vez por todas” (Hb 7,27), en el evento hist贸rico, se actualiza “todas las veces” (1 Cor. 11,26), en la celebraci贸n de la eucarist铆a. Es la grandeza de esa presencia en myst茅rion, es decir, operada por el Esp铆ritu Santo en el cuerpo de Cristo, a trav茅s de los signos sacramentales, lo que provoc贸 la genial formulaci贸n de la IGMR 27 (CORBON, 2004, 111-9).

聽Cristo est谩 realmente presente “(“Christus realiter praesens adest“) siempre que la Iglesia celebra el misterio de la eucarist铆a. Notemos bien el tono de esa formulaci贸n de la Instrucci贸n. La presencia de Cristo se describe marcadamente en cuatro formas distintas e integradas; y, para cada una de ellas, se aplica la fuerza del adverbio “realmente”, presencia “real”. Esto no s贸lo est谩 en perfecta consonancia con la revelaci贸n b铆blica y la tradici贸n de la Iglesia, sino que tambi茅n es un estupendo rescate de una realidad que yac铆a bajo los escombros durante muchos siglos. Sabemos que, en la Edad Media, en virtud de las controversias eucar铆sticas surgidas a partir de los siglos VIII y IX, la atenci贸n de la teolog铆a cat贸lica pas贸 a concentrarse 煤nica y exclusivamente en la forma de la presencia de Cristo en las especies eucar铆sticas, quedando en la penumbra las dem谩s formas enumeradas por nuestra Instrucci贸n. Esta polarizaci贸n absolutizante nos hizo perder, en cierto modo, la visi贸n de conjunto del misterio eucar铆stico. “El Concilio de Trento y la teolog铆a post-tridentina reafirmar la fe de la Iglesia en la presencia real de Cristo en la eucarist铆a. El 茅nfasis con que esta verdad de fe fue afirmada hizo pensar s贸lo en ella como verdaderamente real, como si los otros modos de presencia no fueran reales “(SPERA & RUSSO, 2004, p.123). Las consecuencias de esto se perciben frecuentemente en los 谩mbitos de la catequesis, de la pastoral y de la vivencia eucar铆stica, donde, aqu铆 y all谩, prevalece un devocionalismo eucar铆stico concentrado de forma exclusiva en la adoraci贸n a Cristo presente en la “hostia consagrada”, desconsider谩ndose la riqueza y la amplitud de las formas de la presencia de Cristo – todas ellas reales – en el misterio de la celebraci贸n de la Cena del Se帽or.

4.2 Asamblea y participaci贸n

Como anteriormente se ha expuesto, una de las formas de la presencia de Cristo en la celebraci贸n de la cena se da precisamente en la asamblea lit煤rgica; en ella Cristo est谩 realmente presente (IGMR n.27). El mismo Dios toma la iniciativa de convocar y reunir a su pueblo para hacer de 茅l el sacramento de su presencia y de la permanente acci贸n de Cristo en su Iglesia. A cada asamblea eucar铆stica se aplica con toda la propiedad la promesa de Cristo a sus disc铆pulos: “Donde dos o tres est茅n reunidos en mi nombre, all铆 estoy yo en medio de ellos” (Mt 18,20). De esta forma, podemos decir que la IGMR considera la asamblea cultual a partir de su sacramentalidad, es decir, de lo que ella se帽aliza y realiza en el marco del proyecto salv铆fico de Dios en relaci贸n a todos los hombres (BOSELLI, 2014, p.98-116 ).

Esta asamblea es el aut茅ntico sujeto de la acci贸n lit煤rgica (PALUDO, 2003, p.67-75, AUG脡, 1998, p.73-4), una realidad diferenciada y enriquecida por m煤ltiples dones y carismas que el Esp铆ritu Santo le confiere. En ella, cada bautizado, miembro del cuerpo de Cristo, es llamado a vivir el triple munus que el sacramento del bautismo le confi贸: prof茅tico, sacerdotal y regio. En la misma din谩mica de un organismo estructurado y bajo el prisma de un pueblo jer谩rquicamente ordenado, la celebraci贸n eucar铆stica cuenta necesariamente con el ejercicio del sacerdocio ministerial y del sacerdocio com煤n de los fieles. De esta forma, el culto eucar铆stico es una acci贸n de toda la Iglesia, donde cada uno debe hacer solamente lo que le corresponde, de acuerdo con el don que recibi贸 de Dios, puesto al servicio de la edificaci贸n de la asamblea. “Este es el pueblo adquirido por la sangre de Cristo, reunido por el Se帽or, alimentado por su Palabra; pueblo llamado para elevar a Dios las oraciones de toda la familia humana, y dar gracias en Cristo por el misterio de la salvaci贸n, ofreciendo su sacrificio; pueblo, en fin, que crece en la unidad por la comuni贸n del Cuerpo y la Sangre de Cristo “(IGMR 5).

Como sujeto de la acci贸n celebrativa, toda asamblea es insistentemente llamada a tomar parte en el misterio celebrado, a participar en 茅l. En ese punto, la IGMR resuena perfectamente el llamamiento lanzado por la Constituci贸n Sacrosanctum Concilium, la cual, a su vez, no hace otra cosa sino llevar a t茅rmino el grito levantado por el Movimiento Lit煤rgico de los inicios del siglo pasado. Desde all铆 hasta hoy, no se puede m谩s pensar en la celebraci贸n lit煤rgica sino a partir de categor铆as m谩s participativas, que se adecuan perfectamente a las fuentes del culto cristiano y al pensamiento de la tradici贸n de los Padres de la Iglesia (SANTO DOMINGO, 1993, n.9; BOTTE,聽 1978).

Conviene resaltar que la profunda y amplia reforma de los ritos y textos lit煤rgicos, propuesta por el Concilio Vaticano II y por la reforma posconciliar, siempre ha tenido como objetivo mejorar la calidad de la participaci贸n de los fieles. Ya no forma parte del pensamiento lit煤rgico contempor谩neo una mera reforma de r煤bricas o casu铆stica. Corresponde a los obispos, en particular, orientar a los fieles en esta perspectiva. Ellos deben cuidar para que, “en la acci贸n lit煤rgica, no s贸lo se observen las leyes para la v谩lida y l铆cita celebraci贸n, sino que los fieles participen de ella consciente, activa y fructuosamente” (SC n.11). Y matizando a煤n la realidad de la participaci贸n como algo que brota de nuestra llamada bautismal, vale la pena a煤n o铆r el Concilio: “Es deseo ardiente en la madre Iglesia que todos los fieles lleguen a aquella plena, consciente y activa participaci贸n en la celebraci贸n lit煤rgica que la propia naturaleza de la liturgia exige y a la que el pueblo cristiano, “raza escogida, sacerdocio real, naci贸n santa, pueblo adquirido” (1Pe 2,9, cfr. 2,4-5), tiene derecho por fuerza del bautismo “(SC n.14 ).

Los nueve cap铆tulos que forman la IGMR, directa o indirectamente, se polarizan en torno a la asamblea reunida para la celebraci贸n eucar铆stica y la participaci贸n exigida por ese culto. Los diversos elementos de la Instrucci贸n procuran estar al servicio de esas realidades a fin de que de ellas salga a la luz el manantial que cargan en potencia. Nuestro documento tiene una gran preocupaci贸n en establecer una relaci贸n “rito-asamblea” y “rito-participaci贸n”. Por esta raz贸n, 茅l procura esclarecer y precisar las funciones que cada ministro, cada miembro de la asamblea, es llamado a desempe帽ar durante la celebraci贸n – una verdadera orquesta que cuenta con la dedicaci贸n y participaci贸n de cada m煤sico, cuya meta es la experiencia de la belleza y de la armon铆a, una unidad generada a partir de una fecunda diversidad. A la luz de la IGMR, la propia disposici贸n del espacio y sus condiciones de la celebraci贸n – dignidad del lugar, arte lit煤rgico, altar, c谩tedra, amb贸n, sonido, luz, etc.) deben estar dirigidas a la plena y activa participaci贸n de los fieles. “Lo que aqu铆 se resalta – una clara sensaci贸n de armon铆a del conjunto – no es la correcta funcionalidad del rito, sino su orientaci贸n 聽a la asamblea, a la Iglesia reunida, que all铆 realiza su misterio, llamada a entrar en el dinamismo de la pascua de su Se帽or “(FALSINI, 1996, p.9).

4.3 Sagrada Escritura

La IGMR da absoluta primac铆a a la proclamaci贸n de las lecturas b铆blicas en la celebraci贸n de la eucarist铆a: “La parte principal de la liturgia de la palabra est谩 constituida por las lecturas de la Sagrada Escritura” (n. 55). Proclamar los textos de la Biblia en la asamblea de los fieles -lo que se suele llamar “Liturgia de la Palabra” – es una de las principales misiones de la Iglesia (ekkles铆a, es decir, convocatoria del pueblo de la Alianza para acoger y responder a la Palabra del Se帽or), seg煤n lo que聽 bien聽 nos dice el Concilio Vaticano II: “Efectivamente, en la liturgia Dios habla a su pueblo, y Cristo contin煤a anunciando el Evangelio. Por su parte, el pueblo responde a Dios con el canto y la oraci贸n “(SC n.33). Contin煤a la Instrucci贸n recordando que, durante la proclamaci贸n de la santa Escritura, “Dios habla a su pueblo, revela el misterio de la redenci贸n y salvaci贸n, y ofrece alimento espiritual; y el mismo Cristo, por su Palabra, se halla presente en medio de los fieles “.

Rescatar la importancia de la Palabra de Dios en el marco de la asamblea y su 铆ndole proclamativa fue una de las principales intenciones del Concilio Vaticano II y de la reforma lit煤rgica encabezada por el papa Pablo VI, llevada adelante gracias a la empe帽ada actividad de sus colaboradores. Ciertamente, esa reforma no pretendi贸 otra cosa sino volver a los or铆genes m谩s genuinos de la celebraci贸n cristiana en cuanto a la primac铆a que ten铆an los textos sagrados en las asambleas primitivas y en las comunidades que florecieron a partir de las instrucciones de los Padres de la Iglesia; de ellos, a ese respecto, podr铆amos citar varios testimonios.

La IGMR declara que es “mejor conservar la disposici贸n de las lecturas b铆blicas por la que se manifiesta la unidad de los dos testamentos y de la historia de la salvaci贸n” (n.57). Qu茅 precioso rescate 茅ste,聽 realizado por la reforma lit煤rgica, sobre todo cuando se conoce la praxis que reg铆a en la celebraci贸n de la Misa hasta el Concilio Vaticano: la ausencia de la proclamaci贸n de los textos veterotestamentarios. Se toma ahora una clara conciencia de la “unidad de los dos testamentos”, que forman una 煤nica econom铆a de la salvaci贸n. Seg煤n la din谩mica del proyecto de Dios, no se puede concebir la plenitud de la revelaci贸n ocurrida en Cristo sin la comunicaci贸n que Dios hace de s铆 mismo, de diversos modos, en la primera alianza (Hb 1,1).

La Sagrada Escritura, proclamada en la Liturgia de la Palabra, evoca y hace actual toda la econom铆a de la salvaci贸n que, en Cristo, tuvo su pleno cumplimiento. Sugestivo a este respecto es el episodio de los disc铆pulos de Ema煤s. En la tarde de Pascua, el resucitado se coloca entre dos de sus disc铆pulos que se encontraban desolados e incapaces de reconocer al Se帽or. En cierta altura del recorrido, Lucas dice que Jes煤s retoma la revelaci贸n veterotestamentaria y de ella se hace un hermeneuta calificado: “Y empezando por Mois茅s y por todos los profetas, interpret贸 en todas las Escrituras lo que a 茅l se refer铆a” (Lc. 24,27). Dado que la econom铆a de la primera alianza, toda ella, encuentra en el Cristo pascual su cumplimiento, lo que queda bastante marcado en lo que sigue en la per铆copa: “Era necesario que se cumpliera todo lo escrito sobre m铆 Ley de Mois茅s, en los Profetas y en los Salmos “(v.44).

La proclamaci贸n de la Palabra en la liturgia nos hace “contempor谩neos” del misterio de Cristo y nos pone en comuni贸n con su presencia. Celebrando el memorial dela promesa hecha a Abraham y llevada a cabo en 鈥渓a plenitud de los tiempos鈥 (Gal 4,4),聽 la Palabra anunciada en la liturgia se convierte en epifan铆a de la presencia definitiva del Emmanuel, el “Dios con nosotros” (cf. Mt 1,23; Is 7,14). 脡l mismo es el euang茅lion perennemente proclamado y hecho actual, evento de salvaci贸n para todos los que lo acogen en la fe.

La IGMR resalta, con toda propiedad, que la proclamaci贸n de la Palabra en la celebraci贸n eucar铆stica se prolonga en la homil铆a, parte integrante de la Liturgia de la Palabra: “La homil铆a es una parte de la liturgia y vivamente recomendada, siendo indispensable para nutrir la vida cristiana” n.65). Por regla general, esta funci贸n corresponde al que preside la asamblea, pudiendo tambi茅n ser delegada a otro concelebrante o a un di谩cono (cf. n.66). Lo que la Instrucci贸n propone acerca de la homil铆a es una concreta aplicaci贸n pastoral de lo que fue preconizado por el Concilio Vaticano II: “Se recomienda vivamente la homil铆a, como parte propia de la liturgia; en ella, en el transcurso del a帽o lit煤rgico, se presentan, a partir del texto sagrado, los misterios de la fe y las normas de la vida cristiana. En las misas dominicales, sin embargo, y en las fiestas de precepto, concurridas por el pueblo, no se omita la homil铆a, sino por grave motivo “(SC n. 52).

“En la celebraci贸n lit煤rgica es de m谩xima importancia聽 la Palabra de Dios”, nos recuerda vehemente el Vaticano II (SC n.24). Resolver la importancia de la Palabra de Dios en el marco de la asamblea reunida y su 铆ndole proclamativa fue una de las principales intenciones del Concilio y de la reforma lit煤rgica posconciliar. De modo que esto se verifica en la propuesta que llega del Ordo Lectionum Missae, que afirma que “la Palabra de Dios y el misterio eucar铆stico fueron honrados por la Iglesia con la misma veneraci贸n, aunque con diferente culto” (OLM n.10). “La Palabra de Dios, propuesta continuamente en la liturgia, es siempre viva y eficaz por el poder del Esp铆ritu Santo, y manifiesta el amor activo del Padre, que nunca deja de ser eficaz entre los hombres” (OLM n.4).

[La liturgia] constituye, efectivamente, el 谩mbito privilegiado donde Dios nos habla en el momento presente de nuestra vida; habla hoy a su pueblo, que escucha y responde. Cada acci贸n lit煤rgica est谩, por naturaleza, impregnada de la Sagrada Escritura. (BENEDICTO XVI, 2010, n.52)

聽El deseo de escuchar y responder a Dios, por medio de su Palabra, sin duda alguna, ha sido una gratificante experiencia eclesial en la vida de nuestras comunidades, en Brasil y en Am茅rica Latina en general (PALUDO & D’ANNIBALE, 2005, p. 143-91). Son innumerables los testimonios de esta realidad. Podemos afirmar que la fuerte aspiraci贸n del Concilio Vaticano II -que, con holgura, los “tesoros de la Biblia” sean abiertos a todo el Pueblo de Dios”[6]– se ha celebrado entre nosotros, aunque, sin duda, tengamos un camino a recorrer en esa direcci贸n .

Concluimos este tema con una exhortaci贸n conciliar, dirigida a los sacerdotes, catequistas, en fin, a todos bautizados. Ella se encuentra en la Dei Verbum, ya denominada como “uno de los m谩s preciosos documentos del Concilio Vaticano II” y la “perla”, la “obra maestra” del Concilio:

Mantengan contacto 铆ntimo con las Escrituras (…) Recuerden, sin embargo, que la lectura de la Sagrada Escritura debe ser acompa帽ada de la oraci贸n, para que sea posible el coloquio entre Dios y el hombre, pues con 茅l hablamos cuando rezamos, y a 茅l o铆mos, cuando leemos los divinos or谩culos (San Ambrosio). (CONC脥LIO VATICANO II, 2010, n.25).

5 Conclusi贸n

El libro princeps de la reforma del Concilio Vaticano II es, indudablemente, el nuevo Misal Romano. En total respeto con la tradici贸n, se presenta tambi茅n, en muchos aspectos, como algo verdaderamente nuevo, que s贸lo puede ser evaluado a trav茅s de un profundo conocimiento (MARSILI, 1971, p.443). Por esa raz贸n la Iglesia es invitada a centrarse en 茅l y a investigar, sin tregua y con afectuoso cari帽o, su estructura, composici贸n, riqueza y potencialidad. 脡l reclama ser conocido en la variedad de sus formas y en el amplio margen de posibilidades catequ茅ticas y pastorales. Valorarlo y acercarse a 茅l con ese esp铆ritu de investigaci贸n, en verdad, no es una obra f谩cil; pero es necesario que as铆 sea para que de 茅l se pueda hacer un uso provechoso y sorprendente en descubrimientos. “La multiplicidad de textos y la flexibilidad de las r煤bricas, en efecto, permiten una celebraci贸n viva, sugestiva, espiritualmente eficaz, ya que pueden adaptarse a las diversas situaciones y diversos contextos de las asambleas, sin que haya necesidad de recurrir a artificios y elecciones personales, muchas veces arbitrarias, que ciertamente reducirian el tono de la celebraci贸n “(CONGREGACI脫N PARA EL CULTO DIVINO, 1971, p.541).

La IGMR se sit煤a exactamente al servicio de esta investigaci贸n. “Considerada en su conjunto, a ella puede ser considerada como uno de los mejores documentos de la reforma lit煤rgica. De su conocimiento depende tanto una correcta y eficaz pastoral de la celebraci贸n, como un renovado estilo de celebraci贸n del m谩ximo misterio de nuestra fe “(FALSINI, 1996, p.10). Como una especie de vadem茅cum, con el que podemos cultivar familiaridad, la IGMR se presta no s贸lo a consultas espor谩dicas para remediar eventuales dudas de r煤bricas, sino que聽 tambi茅n se coloca ante su lector como un veh铆culo que podr谩 conducirlo a profundas reflexiones de eclesiolog铆a , cristolog铆a y teolog铆a eucar铆stica; sin mencionar, naturalmente, su alcance catequ茅tico y pastoral.

Intentar describir聽 algunos de los aspectos m谩s relevantes del Misal Romano fue la propuesta de nuestra aportaci贸n. Optamos por hacer un recorte metodol贸gico en nuestro enfoque, conscientes de que el tema puede ser presentado bajo diversos 谩ngulos. Privilegiamos algunos aspectos teol贸gicos y pastorales. La Institutio Generalis Missalis Romanum fue el instrumental que nos posibilit贸 vislumbrar las potencialidades del Misal Romano. El enfoque de la Constituci贸n Apost贸lica Missale Romanum y de un breve hist贸rico y g茅nesis del Misal se adaptaron a la IGMR para el fin a que nos propusimos.

Luis Fernando Ribeiro Santana,聽PUC Rio, Original portugu锚s.

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[1] Esto puede ser verificado en la propuesta del propio contenido de la Constituci贸n del Papa Pablo VI: PAULO VI, Constitui莽茫o Apost贸lica 鈥淢issale Romanum鈥. Missal Romano. S茫o Paulo: Paulus, 1992.

[2] A este respecto, consultar: CNBB. Anima莽茫o da vida lit煤rgica no Brasil. Documento 43. S茫o Paulo: Paulinas, 1989, n.184-195 y GRILLO, A. Introduzione alla teologia liturgica. Approcio teorico alla liturgia e ai sacramenti cristiani. Padova: Messaggero si Sant鈥橝ntonio, 2011, p. 407-8.

[3] En el caso de Brasil tenemos una m谩s: la Oraci贸n Eucar铆stica V, del Congreso Eucar铆stico de Manaus.

[4] Sobre el tema de la mesa de la Palabra y de la mesa de la eucarist铆a en la celebraci贸n eucar铆stica del D铆a del Se帽or,聽 consultar: ALDAZ脕BAL, J. (org.). A mesa da Palavra. Elenco das leituras da Missa. v. I. S茫o Paulo: Paulinas, 2007, p.74-8; BIANCHI, E. Giorno del Signore. Giorno dell鈥檜omo. Per um rinnovamento della domenica. Casale Monferrato: Piemme, 1999, p.167-71.

[5] Por esta raz贸n, entendemso necesario enumerar algunos documentos magisteriales que tratan esta cuesti贸n: Enc铆clica Mediator Dei (1947), Constituci贸n Sacrosanctum Concilium (1963), Enc铆clica Mysterium Fidei (1965), Instrucci贸n Eucharisticum Mysterium (1967), Carta Apost贸lica Mysterii Paschalis celebrationem (1969).

[6] SC n.51: 鈥淎 fin de que la mesa de la palabra de Dios se prepare con m谩s abundancia para los fieles 谩branse con mayor amplitud los tesoros de la Biblia, de modo que, en un per铆odo determinado de a帽os, se lean al pueblo las partes m谩s significativas de la Sagrada Escritura.鈥