Conferencias del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM)

√ćndice

1 Antecedentes del CELAM

1.1 Los primeros encuentros episcopales latinoamericanos

1.2 Creación del CELAM

2 Las conferencias generales del episcopado Latinoamericano

2.1 Primera Conferencia: Río de Janeiro, entre el 25 de Julio Р4 de Agosto de 1955

2.1.1 Contexto social y eclesial

2.1.2 Organización y principales acentos

2.2 Segunda Conferencia: Medell√≠n, entre el 26 de Agosto ‚Äď 7 de Septiembre de 1968

2.2.1 Contexto social y eclesial

2.2.2 Organización y Principales acentos

2.3. Tercera Conferencia: Puebla, entre el 27 de enero – 13 de febrero de 1979

2.3.1 Contexto social y eclesial

2.3.2 Organización y Principales acentos

2.4 Cuarta Conferencia de Santo Domingo: entre el 12 ‚Äď 28 Octubre de 1992

2.4.1 Contexto social y eclesial

2.4.2 Organización y Principales acentos

2.5 Quinta Conferencia: Aparecida, entre el 13 ‚Äď 31 Mayo de 2007

2.5.1 Contexto social y eclesial

3 Breves cuestiones conclusivas

4 Referencias

1 Antecedentes del CELAM

1.1 Los primeros encuentros episcopales latinoamericanos

El episcopado latinoamericano tiene una larga historia de b√ļsqueda de un organismo colegiado que discierna la ruta del catolicismo del continente. En efecto, durante la √©poca colonial se desarrollaron concilios provinciales o juntas eclesi√°sticas tanto en ciudad de M√©xico como en Lima, incluso antes de la Real C√©dula pos-tridentina de 1621.

Ya en 1899, por iniciativa del Obispo chileno Monse√Īor Carlos Casanueva, el Papa Le√≥n XIII convoca en Roma al Primer Concilio Plenario Latinoamericano, con ocasi√≥n del 400 aniversario de la llegada de colonos espa√Īoles. Los trece arzobispos y cuarenta obispos se ocuparon fundamentalmente de discutir m√°s que cuestiones doctrinales, asuntos relativos a la disciplina eclesi√°stica, con la emergencia de problemas socio-eclesiales comunes.

1.2 Creación del CELAM

El CELAM se crea en 1956, a prop√≥sito de la celebraci√≥n de la Primera Conferencia General del Episcopado Latinoamericano reunido en R√≠o de Janeiro en 1955. Su nacimiento jur√≠dico se remonta a 1958. La creaci√≥n del CELAM precede a la existencia de la mayor√≠a de las Conferencias Episcopales de iglesias locales, por lo tanto, no podemos leer su surgimiento como una recepci√≥n regional de una experiencia local. En la reuni√≥n aludida de fines del XIX, no habr√≠a surgido a√ļn la conciencia com√ļn del episcopado latinoamericano, dado que la Iglesia en Am√©rica Latina era heredera de la cristiandad rural, manifestada en formas masivas y pasivas de piedad popular decimon√≥nica, estrictas pautas sociales tradicionales de convivencia, √©lites eclesi√°sticas de territorio, etc. (HOUTARD, 1986, 94). En este sentido, el CELAM no fue fraguado en el interior de la reflexi√≥n del cuerpo episcopal del continente. Se institucionaliz√≥ como √≥rgano eclesial-episcopal por la iniciativa de algunos obispos y el impulso de instancias romanas. Con la renovaci√≥n del Concilio Vaticano II, esta instituci√≥n eclesial latinoamericana adquirir√° progresivamente m√°s autoconciencia del significado del afecto colegial y sus positivas repercusiones pastorales.

Para que este Consejo Latinoamericano funcionara eficazmente, se creó un Secretariado General como órgano permanente para dos cosas: implementar las resoluciones del Consejo y coordinar la actividad de los Secretariados Nacionales (IBAN, 1989, 289). En mayo de 1956, Mons. Julián Mendoza, fue elegido por el Papa como el primer Secretario General, quien de inmediato preparó la primera reunión del Consejo Episcopal Latinoamericano. Presidida por el Nuncio Apostólico en Colombia, en esa ocasión se eligió al Presidente y a los dos Vice-Presidentes del Consejo para el período 1957-1958. Por mayoría fue elegido Presidente el Arzobispo de Río de Janeiro, Cardenal Jaime de Barros Cámara, y como Vicepresidentes Mons. Miguel Darío Miranda, Arzobispo Primado de México y Mons. Manuel Larraín, Obispo de Talca, Chile.

El CELAM se ha reunido en Conferencia General cinco veces: 1955, 1968, 1979, 1992 y 2007, emitiendo un Documento Final como conclusiones de sus trabajos. Estos documentos no se explican de manera automática e independiente, se requiere una adecuada hermenéutica para evaluarlos y entender aquello que allí se ha expresado u omitido.

2 Las conferencias generales del episcopado Latinoamericano

2.1 Primera Conferencia: Río de Janeiro, entre el 25 de julio-4 de agosto de 1955

2.1.1 Contexto social y eclesial

Dos acontecimientos eclesiales marcar√≠an la primera Conferencia del Episcopado Latinoamericano, a saber, el XXXVI Congreso Eucar√≠stico Internacional, celebrado en R√≠o de Janeiro entre el 17 y el 24 de julio y el II Encuentro Latinoamericano de la Juventud Obrera Cat√≥lica (JOC), con presencia del sacerdote belga Joseph Cardijn, fundador de la JOC (DUSSEL, 1965, 63). All√≠ resonaron las voces del laicado promotor de un catolicismo marcado por la preocupaci√≥n de la aplicaci√≥n de la Doctrina Social de la Iglesia en contexto latinoamericano, la cuesti√≥n laboral y la vivencia social de la fe. La convocaci√≥n, programaci√≥n y presidencia fue responsabilidad Pontificia, el Secretario de la Sagrada Congregaci√≥n Consistorial, Cardenal Giovanni Adeodato Piazza, trabaj√≥ en la preparaci√≥n y conducci√≥n junto a Monse√Īor Antonio Samor√©, Monse√Īor Helder C√Ęmara (Brasil) y los Arzobispos de Concepci√≥n (Chile), de Puebla (M√©xico) y de Santo Domingo. Se invitaron a observadores de los Episcopados de Estados Unidos, Canad√°, Espa√Īa, Filipinas y Portugal.

El Papa Pío XII, esperaba expresamente que los obispos de América Latina se hicieran cargo del problema de la escasez de clero, considerado como el principal para el catolicismo regional. No hubo mención expresa del enorme problema social causado por la dependencia latinoamericana de Estados Unidos. Se había comenzado a establecer la consolidación de gobiernos nacionalistas y reformistas que buscaban alejarse de la excesiva influencia de Estados Unidos en la conducción de sus políticas interiores; frente a ello se establecieron políticas de desestabilización económica y política. Todo esto fue deliberadamente dejado de lado. La preocupación fundamental estaba centrada en el incremento del protestantismo lo que, a juicio del Pontífice, estaba directamente relacionado con la falta de atención pastoral por ministros, quedando un terreno libre a diversos grupos sociales y religiosos que ponían en riesgo la predominancia de la fe católica. Por ello el trabajo en pastoral vocacional y el cuidado en la formación del clero ayudaría a generar más y mejor clero local; pero también se precisaba el fomento de la llegada de sacerdotes extranjeros, de modo que se renovasen métodos pastorales apropiados a las exigencias del problema religioso de América Latina, superando la fragmentación y generando más intercambio entre las iglesias locales.

2.1.2 Organización y principales acentos

La realidad religiosa del Continente marcó la agenda de la Conferencia. Para descubrir el rostro de Dios, en su resplandor y deformaciones, el Cardenal Piazza solicitó realizar un análisis estadístico de la situación pastoral, espiritual y social de las iglesias locales. Metodológicamente se trataba de hacer localmente estos estudios, para que luego las asambleas provinciales enviaran los resultados a la asamblea de Río.

Las siete comisiones de la Conferencia fueron: Clero, Auxiliares del clero, Organizaci√≥n y medios del apostolado, Protestantismo y otros movimientos anticat√≥licos, Actividades sociales-cat√≥licas, Misiones, indios y personas de color, Emigraci√≥n y gente de mar; ellas trazaron un perfil del catolicismo latinoamericano que enfrentaba un proceso de descristianizaci√≥n producido – seg√ļn los informes – por la falta de sacerdotes. Atenci√≥n especial mereci√≥ la cuesti√≥n misionera especialmente frente a la emigraci√≥n rural y al creciente aumento del protestantismo y las sectas, comprometi√©ndose con los inmigrantes y con la promoci√≥n de una cultura aut√≥ctona. Se destac√≥ el potencial de las diversas formas de apostolado laico frente a formas de disgregaci√≥n cristiana. La Conferencia se propuso, adem√°s, incentivar la creaci√≥n de un diario cat√≥lico en cada pa√≠s y tambi√©n limitar la influencia del mal cine. A pesar de identificar el problema en la escasez de clero, con una eclesiolog√≠a muy autocentrada, se evidenci√≥ una sensibilidad real por los problemas sociales del momento y la positiva influencia que un laicado mejor formado pod√≠a traer al Continente.

La Conferencia aprobó una Declaración dirigida al clero y a todos los fieles de América Latina, además de Resoluciones que todo el episcopado de América Latina debía tener en consideración. La principal sería, sin duda, la constitución de un Consejo Episcopal Latinoamericano (Conclusiones, 82-84), el cual tendría como principal preocupación identificar los principales problemas comunes y coordinar e impulsar las iniciativas católicas en el Continente.

2.2 Segunda Conferencia: Medell√≠n, entre el 26 de agosto ‚Äď 7 de septiembre de 1968

2.2.1 Contexto social y eclesial

La segunda Conferencia General del Episcopado Latinoamericano fue tambi√©n precedida por un Congreso Eucar√≠stico Internacional realizado en Bogot√°. Fue la primera vez que un pont√≠fice pisaba tierras latinoamericanas. Entre 1962 y 1965 se hab√≠a celebrado el Concilio Vaticano II, trayendo consigo la cristalizaci√≥n de d√©cadas de pensamiento teol√≥gico renovador en el catolicismo romano. Este magisterio universal ser√≠a contrastado con dos documentos promulgados por el papa Pablo VI: la Enc√≠clica Populorum Progressio (PP), con muy buena recepci√≥n en Am√©rica Latina y la Enc√≠clica Humanae Vitae que hab√≠a desatado una encarnizada pol√©mica. Los contenidos de ambos documentos perfilaron los discursos de Pablo VI en Bogot√°, a√Īadiendo numerosas condenas contra la justificaci√≥n y apolog√≠a de la violencia, en l√≠nea con PP que establec√≠a una clara condena de la violencia institucional como causante de la inestabilidad social.

Socialmente, el continente enfrentaba una desproporción acelerada entre progreso económico y desarrollo social. Muchas Iglesias locales, tales como Brasil, Chile, Venezuela, Colombia, Ecuador y Costa Rica apoyaron la creación de movimientos de inspiración cristiana como cooperativas y proyectos de promoción humana. La Iglesia también colaboró en la creación de partidos políticos con inspiración cristiana. Algunas reformas estructurales, como la agraria, fueron también impulsadas por la Iglesia.

La Conferencia se enfrentó a ese modelo económico neoliberal de desarrollo, unido a la convulsión estudiantil de varios países del continente. Era imperativo hacerse cargo del desafío de hablar desde y hacia ese momento presente latinoamericano.

2.2.2 Organización y Principales acentos

Medell√≠n puede ser contada como la gran recepci√≥n continental del Concilio Vaticano II. Alrededor de 750 obispos se reunieron en torno al tema ‚ÄúLa Iglesia en la actual transformaci√≥n de Am√©rica Latina a la luz del Concilio‚ÄĚ. Junto a la recepci√≥n conciliar, quisieron hacer una apropiada recepci√≥n de la situaci√≥n social, emergiendo desde all√≠ notablemente los temas de la reestructuraci√≥n eclesial, las comunidades de base, y un nuevo m√©todo teol√≥gico, desde la preocupaci√≥n por los pobres y por la liberaci√≥n. Desde presupuestos b√≠blicos y pastorales (ABALOS, 1969, 115), resulta evidente que el nuevo paradigma eclesial que emerge en Medell√≠n resit√ļa un tema marginal en los debates conciliares, el paradigma eclesiol√≥gico de la ‚ÄúIglesia de los pobres‚ÄĚ (SCATENA, 2008). Esto revel√≥ una autoconciencia eclesial continental, como una contribuci√≥n local a la catolicidad de la Iglesia. De esta manera, fue m√°s all√° de una mera aplicaci√≥n del magisterio conciliar, proponi√©ndose una renovaci√≥n de las estructuras internas de la Iglesia, como signo de una presencia liberadora en el complejo contexto social (TAMAYO, 2000,11). Hubo tambi√©n una valorizaci√≥n de la acci√≥n pol√≠tica de los cristianos, como una caracter√≠stica esencial de la teolog√≠a y pastoral del catolicismo del continente (MANZATTO, 2007,532). Los obispos Gregory, McGrath, Pironio, Proa√Īo, Ruiz, hablaron, desde la tribuna de la teolog√≠a, de los signos de los tiempos, atendiendo al paso de Dios en la historia de un pueblo que busca liberaci√≥n en medio de situaciones de opresi√≥n.

Es, adem√°s, en este contexto eclesial, teol√≥gico-doctrinal, donde se inscriben las primeras sistematizaciones de la llamada teolog√≠a de la liberaci√≥n, la gran aportaci√≥n en m√©todo a la teolog√≠a universal. Liberaci√≥n, fue la categor√≠a acu√Īada que contrast√≥ con la cl√°sica de desarrollo, utilizada en modelos econ√≥mico-sociales de esa √©poca (GUTIERREZ, 1988, 17); aunque el Documento Final se refiriera a ambas (7 y 11) (OLIVEROS,1977, 127). Desde el punto de vista del dise√Īo eclesial, es en Medell√≠n donde se da particular impulso a la organizaci√≥n y formaci√≥n de las Comunidades Eclesiales de Base, un modelo de Iglesia que emerge desde ambientes eclesiales de frontera, la c√©lula inicial de las estructuras eclesi√°sticas (10-11). La Introducci√≥n del documento final sostiene claramente que el Continente se encuentra bajo el signo de transformaci√≥n y desarrollo, en la b√ļsqueda de alcanzar cada nivel de actividad humana, enfrentando una nueva √©poca en la historia del continente (4).

Más que la madurez teológico-doctrinal local, Medellín demuestra en sus resultados, una iglesia que supera la cristiandad (CANAVAUGH, 1994, 68) y la comprensión dualista, asumiendo la autonomía de las realidades terrenas con su consistencia propia, lo que llevó a la Conferencia a empoderarse frente al cambio social, alejada de lo establecido y de las oligarquías latinoamericanas. Se provee de un análisis estructural del neocolonialismo que afectaba interna y externamente a los países pobres (9ª), aumentando la brecha de inequidad (23). Esta Conferencia se convertiría en el lugar que auscultar la legitimidad eclesial en el proceso de liberación de las comunidades cristianas del Continente, un lugar donde advertir el sensus ecclesiae en las décadas siguientes.

2.3. Tercera Conferencia: Puebla, entre el 27 de enero – 13 de febrero de 1979

2.3.1 Contexto social y eclesial

La extraordinaria recepci√≥n de Evangelii nuntiandi en la Iglesia de Am√©rica Latina, fue el escenario en el cual surgi√≥ la idea de convocar a una nueva Conferencia General del Episcopado, en el d√©cimo aniversario de Medell√≠n. La Iglesia latinoamericana fue madurando entre Medell√≠n y Puebla y ese ser√≠a el contexto que determin√≥ la propuesta tem√°tica: ‚ÄúLa evangelizaci√≥n en el presente y en el futuro de Am√©rica Latina‚ÄĚ. El Continente asist√≠a a una de las √©pocas sociales m√°s complejas de la historia reciente, enfrentaba reg√≠menes dictatoriales, represivos, violencia institucionalizada, bloqueos, desmantelamiento a revoluciones, abstenciones electorales, fronteras de apoyo pol√≠tico y militar de potencias extranjeras, etc. (BORRAT, 1978, 32-34).

La Iglesia, de esa manera, habría asumido en un gran sector del Continente un rol de liderazgo religioso en defensa de los derechos de las personas en un ambiente de tortura, desaparición y muerte. La Teología de la Liberación se había convertido en ese momento, en una herramienta eclesial militante que se ocupaba de sistematizar las experiencias de opresión y liberación desde la opción creyente; un método de análisis y un lenguaje apropiado para expresar cristianamente la realidad, mucho más que la doctrina social de la Iglesia (POBLETE, 1979, 38).

2.3.2 Organización y Principales acentos

El Documento Previo de Consulta a las Conferencias Episcopales fue parcialmente fruto de sugerencias hechas durante el cuarto encuentro episcopal regional de varios episcopados del Continente entre julio y agosto de 1977 (CELAM, 1978). En torno al tema general de la Conferencia ‚ÄúLa evangelizaci√≥n en el presente y futuro de Am√©rica Latina‚ÄĚ, este Documento realiza un diagn√≥stico social, econ√≥mico y pol√≠tico, enumerando los principales n√ļcleos del pensamiento social de la Iglesia. Se advierte transversalmente que, a pesar del desarrollo econ√≥mico, la brecha entre ricos y pobres es demasiado grande y que la existencia de extrema pobreza desaf√≠a fuertemente a los cristianos. El Documento Previo tuvo una masiva socializaci√≥n, recibi√©ndose comentarios de todas las conferencias episcopales. Con representantes de las cuatro regiones fueron analizados y sobre esa base, se elabor√≥ el Documento Base para la Conferencia, que estuvo en continuidad tem√°tica con el previo.

Los resultados en el Documento Final fueron notables, significó un paso adelante respecto de aquel encuentro de Medellín. La recuperación de conciencia histórica, en la exigencia de una cierta comprensión de misión, determinó el modo en cómo se entendió la evangelización de la cultura y de la piedad popular; la opción preferencial de la Iglesia por los pobres y oprimidos, por los jóvenes, por la dignidad de las personas y por la liberación integral. La Iglesia evidenció la capacidad de conseguir una autoconciencia histórica totalizante de su misión, haciendo su propia lectura contextual católica de la realidad del pueblo fiel, de los gozos y esperanzas del pueblo latinoamericano creyente.

En Puebla se confirma en su estatuto a las Comunidades Eclesiales de Base, como camino de construcción de una Iglesia de comunión y participativa (MANZATTO. 2007, 538). El modelo de Iglesia como sacramento del Reino de Dios se instala, promoviendo vivamente la activa participación laical y el desarrollo de ministerios. Se confirma a la Iglesia en su irrenunciable misión religiosa de establecer una comunidad más humana, frente a la compleja situación sociopolítica que enfrentaban la mayoría de los países de América Latina (42).

2.4 Cuarta Conferencia de Santo Domingo: entre el 12 ‚Äď 28 octubre de 1992

2.4.1 Contexto social y eclesial

M√°s de veinte a√Īos mediaron entre la cuarta y la quinta conferencia. Ya desde mediados de los 80‚Äô se consider√≥ que el quinto centenario de la presencia de la Iglesia en Am√©rica Latina ser√≠a un escenario apropiado para una nueva reuni√≥n episcopal. Juan Pablo II inaugurando en Port-au-Prince la XIX Asamblea ordinaria de los Obispos del CELAM, el 9 de marzo de 1983, sostuvo que el Continente ten√≠a necesidad de una evangelizaci√≥n nueva: nueva en su ardor, en sus m√©todos, en su expresi√≥n. En la preparaci√≥n de esta Conferencia se advierte un declive en participaci√≥n, afectando su recepci√≥n e impacto en la vida eclesial. Por la diversidad de interpretaciones que merece, la ocasi√≥n del V Centenario suscit√≥ reacciones contrastantes en sectores eclesiales bien definidos. La ‚Äėnueva evangelizaci√≥n‚Äô fue le√≠da en no pocos √°mbitos eclesiales en clave ideol√≥gica, como respaldo del catolicismo romano a la actitud colonizadora en los pueblos indoamericanos. La vitalidad de las Comunidades Eclesiales de Base, provocada por la integraci√≥n y participaci√≥n social, se va progresivamente a desplazar por otras instancias que hab√≠an abierto las incipientes democracias. Este hecho hab√≠a tambi√©n tendido a confinar a los episcopados nacionales en sus propias fronteras, disminuyendo el potencial del CELAM, el cual enfrentaba adem√°s ciertas fricciones con la Comisi√≥n Pontificia para Am√©rica Latina.

2.4.2 Organización y principales acentos

Dos nuevos impulsos del Papa fueron especialmente significativos en Santo Domingo. El primero es el que lo llev√≥ a plantear la iniciativa de un S√≠nodo de Obispos de todo el continente americano. El segundo fue un fuerte apoyo a los nuevos procesos de integraci√≥n que estaban surgiendo en Am√©rica Latina desde comienzos de los a√Īos noventa.

El CELAM convoc√≥ la cuarta conferencia bajo el tema ‚ÄúNueva Evangelizaci√≥n, promoci√≥n humana, cultura cristiana. Jesucristo ayer, hoy y siempre (Heb. 13,8)‚ÄĚ, preparando un Documento de Consulta que no perme√≥ todos los estamentos eclesiales y result√≥ insatisfactorio para un amplio n√ļmero de obispos. Algunos obispos y te√≥logos prepararon el Segundo Informe o Relatio, que parec√≠a m√°s inspirador y prof√©tico y que representar√≠a la aut√©ntica alma de la Iglesia de Am√©rica Latina (HENNELLY, 1993, 31); sin embargo, el Documento de Trabajo final, el que recibieron los conferencistas, cambi√≥ radicalmente el tradicional m√©todo teol√≥gico-pastoral utilizado en las Conferencias anteriores.

El diagnóstico de la realidad social y eclesial fue débil, debido especialmente al desplazamiento desde categorías teológicas adquiridas para abrazar esa realidad por otras más genéricas y menos comprometidas. La catequesis y la liturgia son muy enfatizadas como canales de inculturación del Evangelio (42-53). La cuestión cultural, desplazó en gran medida a la cuestión sociopolítica y de esa manera los documentos finales insistieron en la afirmación de la necesidad de la evangelización desde el paradigma de cultura de vida v/s cultura de muerte (Cf. 228ss), distanciándose en gran medida de aquella asumida teología positiva de la historia y de la autonomía de las realidades terrenas. Se insistió, sin embargo, en un modelo de misión más polarizado y menos penetrante, que salvaguardaba la exclusividad romano-católica (Cfr. 275ss).

2.15 Quinta Conferencia: Aparecida, entre el 13 ‚Äď 31 mayo de 2007

2.5.1 Contexto social y eclesial

En los quince a√Īos que mediaron entre Santo Domingo y Aparecida, se hab√≠an producido muchos cambios sociales y eclesiales. El cambio de pontificado llegaba a un Continente en el que las Conferencias Episcopales locales y el mismo CELAM hab√≠an decrecido en su importancia como √≥rganos colegiados para el impulso pastoral (MANZATTO, 540). La emergencia masiva de nuevos movimientos religiosos hab√≠a cambiado el rostro confesional en un Continente que hab√≠a pr√°cticamente perdido el influjo pastoral directo de las comunidades cristianas de base.

Además, América Latina y el Caribe se veían afectados por el establecimiento de un nuevo orden mundial, regido por el neoliberalismo como sistema económico y la globalización que atravesaba todas las esferas de la sociedad.

2.5.2 Organización y Principales acentos

A diferencia de la metodolog√≠a de otras Conferencias donde se enviaba un Documento de Consulta, que despu√©s de ser revisado y enmendado serv√≠a como Documento de Trabajo, para la de Aparecida, el CELAM tuvo la intuici√≥n de proponer un Documento de Participaci√≥n (CELAM, 2005), con fichas de trabajo para las comunidades para incentivar la activa participaci√≥n de los diversos sectores y estamentos eclesiales. El tema que convocaba era ‚ÄúDisc√≠pulos y misioneros de Jesucristo, para que nuestros pueblos en √Čl tengan vida. Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida (Jn. 14,6)‚ÄĚ.

Este proceso de consulta dur√≥ alrededor de tres a√Īos, donde los nuevos movimientos eclesiales y las nuevas comunidades, congregaciones religiosas y asociaciones de fieles tomaron tambi√©n parte. Este documento mostr√≥ una gran preocupaci√≥n por considerar integralmente la vida de los fieles y de esa manera generar transformaciones sociales (BRIGHENTI, 2005, 302-336). Luego se elabor√≥ una S√≠ntesis que reafirm√≥ la necesidad y hondo deseo de una Iglesia abierta y participativa (CELAM, 2007). Esta s√≠ntesis redund√≥ en un Documento Base que recibieron los obispos al comenzar la Conferencia. Este material refleja la gran riqueza teol√≥gico-pastoral del Continente que se afirma en el m√©todo jocista del ver-juzgar y actuar ¬†(BOFF, 2007, 5-35).

El tema general de la Conferencia se ubic√≥ en sinton√≠a con las categor√≠as teol√≥gicas latinoamericanas tradicionales ‚ÄúDisc√≠pulos y Misioneros de Jesucristo para que en √©l nuestros pueblos tengan vida: Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida‚ÄĚ (CELAM, 2007), a saber, el del discipulado comunitario y de la valorizaci√≥n de la historia concreta donde se expresa ese discipulado, seguimiento del Verbo encarnado (61ss). Una renovada comprensi√≥n de misi√≥n se dibuja en la Conferencia, m√°s abierta e inclusiva, sin las cargas de un eclesiocentrismo excluyente (163ss) y m√°s atenta a la reivindicaci√≥n de la pluralidad √©tnica de Am√©rica Latina.

Aunque se advierta un cambio de nomenclatura por un cierto clima de oposición, ya no se hablará de teología de la liberación como venía siendo tradicional desde Medellín (RICHARD, 2006), sino que se hablará de teología latinoamericana, sin renunciar a la tradición teológico-pastoral del Continente que se impulsaba por la irrenunciable opción preferencial por los más pobres (SOTER/AMERINDIA, 2006). En este sentido, se enfatiza explícitamente la continuidad tanto con Medellín, como con Puebla (19). Así se leen los pasajes en los cuales reaparecen con fuerza tanto la opción preferencial por los más pobres, contra la pobreza; como, el aprecio por una eclesiología de base, para los obispos, desde las Comunidades Eclesiales de Base (178-180); emerge la iglesia en salida, tan propia de esta Asamblea. Este tema, convertido en un paradigma eclesiológico, sería universalizado por el papa Bergoglio en Evangelii Gaudium. En ambos acentos, sin embargo, se advierte con claridad el criticismo de los obispos, se ha perdido la urgencia pastoral de la opción por los más pobres en circunstancias que han aumentado las formas de exclusión estructural. Además, las Comunidades Eclesiales de Base, no han podido desarrollarse a pesar del valor enorme que tienen, por las restricciones que la misma iglesia local ha establecido.

3 Breves cuestiones conclusivas

Las conferencias del episcopado latinoamericano, sin duda, han marcado la agenda del catolicismo del Continente, le han otorgado nuevos lenguajes pastorales, de modo que el pueblo creyente latinoamericano ha podido aproximarse al mundo con mediaciones m√°s cercanas a su propia realidad. Las tempranas asambleas le otorgaron una cierta legitimidad a los movimientos sociales cristianos emergentes o consolidados; las √ļltimas, especialmente Aparecida, ha visibilizado con solidez categor√≠as de comprensi√≥n de la realidad social y eclesial que han devenido comunes, como la violencia institucionalizada, la opci√≥n eclesial preferencial por los m√°s pobres, la inculturaci√≥n del evangelio, la promoci√≥n de la dignidad humana y sus derechos inalienables, la iglesia inclusiva, en salida hacia las nuevas realidades y nuevos rostros.

A trav√©s de estas Asambleas, apreciamos un continente m√°s maduro en buscar y utilizar formas m√°s colegiadas de discernimiento eclesial, aunque a√ļn falte mayor creatividad latinoamericana en el dise√Īo de formas de gobierno m√°s representativas de toda la membres√≠a eclesial. Resulta evidente, adem√°s, que, en la gestaci√≥n de magisterio local, la consideraci√≥n de otras disciplinas en el an√°lisis de la realidad es necesaria, as√≠ como la asesor√≠a permanente de quienes cultivan la disciplina teol√≥gica. El episcopado latinoamericano ha madurado y esto debe proyectarse en las relaciones con otros cuerpos episcopales, as√≠ como con la curia romana. Y esta madurez debe traducirse en la proactividad en el dise√Īo de pol√≠ticas eclesiales locales que reviertan la suerte de irrelevancia en la que el catolicismo latinoamericano se va convirtiendo.

Sandra Arenas. Facultad de Teolog√≠a. Pontificia Universidad Cat√≥lica de Chile. Texto original en espa√Īol.

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