Seguimiento de Cristo

脥ndice

1 Participaci贸n en Cristo

2 Imitaci贸n de Cristo

2.1 Advenimiento del Reino

2.2 Fraternidad universal

2.3 Crecimiento en humanidad

2.4 Abandono en la providencia

2.5 Luchas, conflictos, persecuciones y martirio

2.6 Necesidad de una decisi贸n personal

3 Seguimiento de Cristo

3.1 Participaci贸n en el sacrificio de la cruz

3.2 Triunfo sobre el mal y 茅xito de la creaci贸n

3.3 Vida en la libertad de los hijos e hijas de Dios

4 Conclusi贸n

5 Referencias bibliogr谩ficas

El 鈥渟eguimiento de Cristo鈥 es un modo de participar en Cristo, participaci贸n que es posible para todos los seres humanos y toda la creaci贸n. Dios quiere y obra la salvaci贸n de la humanidad por caminos que la Iglesia puede ignorar (GS 22). Los cristianos que siguen a Cristo, en particular, lo hacen de una manera semejante a otros seres humanos que sin saberlo tambi茅n son llamados por el Hijo a compartir a su Padre y a vivir como hermanos. Los cristianos se realizan en Cristo en virtud de un llamado suyo a imitarlo y a seguirlo como una persona consagrada por completo al advenimiento del reino de Dios.

1 Participaci贸n en Cristo

鈥溍塴 es imagen de Dios invisible, primog茅nito de toda la creaci贸n, porque en 茅l fueron creadas todas las cosas, en los cielos y en la tierra, las visibles y las invisibles, los tronos, las dominaciones, los principados, las potestades: todo fue creado por 茅l y para 茅l, 茅l existe con anterioridad a todo, y todo tiene en 茅l su consistencia鈥 (Col 1,15-17).

La humanidad lleva la impronta del amor de Dios con que ha sido creada y redimida. El amor libre y creador de Dios exige de ella una respuesta en los mismos t茅rminos. La humanidad alcanza la plenitud a la cual Dios la llama en la medida que se ama gratuitamente a s铆 misma y a la entera creaci贸n.

Todos los seres humanos son llamados por Dios a amar con el amor con que 脡l los ama. El Concilio Vaticano II ense帽a que la caridad es el criterio decisivo de la salvaci贸n. Una persona que no sabe nada de Cristo o que no cree en 茅l, si ama, se salva; por el contrario, de nada sirve haber sido bautizado si no se ama (LG 14). El Concilio asegura tambi茅n que Dios quiere la salvaci贸n de toda la humanidad y la procura por medios que la Iglesia puede desconocer (GS 22). Quienes no son cristianos alcanzan el fin para el cual han sido creados en la medida que aman a sus pr贸jimos y cuidan el mundo del que forman parte.

El modo como Dios llama al var贸n y a la mujer a s铆 mismo es trinitario: Dios Padre ha enviado a su Hijo al mundo para que la creaci贸n responda agradecida al Creador, reconociendo a la vez su finitud y su pecado. Por esta v铆a, la humanidad llega a la perfecci贸n del Hijo resucitado que Dios tuvo en mente al crear el mundo. La encarnaci贸n tiene por objeto que la creaci贸n llegue a su m谩xima expresi贸n, lo cual demanda su liberaci贸n del mal. El discipulado del m谩s humano de los hombres, Jes煤s, hace m谩s humanos; no responder a su llamado, por el contrario, deshumaniza.

En el discipulado cristiano es posible distinguir una imitaci贸n y un seguimiento de Cristo. Jes煤s convoc贸 disc铆pulos para estar con 茅l y enviarlos a predicar el reino. Ellos, a imitaci贸n suya, colaboraron con 茅l. Jes煤s comparti贸 con ellos a su Padre, constituy茅ndolos en hijos e hijas de Dios y hermanos entre s铆. La imitaci贸n de Cristo hoy se nutre de las fuentes evang茅licas que, gracias a la ex茅gesis hist贸rica cr铆tica, pero nunca sin la compresi贸n creyente de los evangelistas, nos transmiten una imagen veros铆mil del Jes煤s de la historia.

El seguimiento de Cristo propiamente tal, implica su imitaci贸n, pero es obra fundamental del Esp铆ritu que guio a Jes煤s en su vida terrena y que en la actualidad perfecciona esta imitaci贸n en virtud del misterio pascual. Los disc铆pulos acceden a Cristo en virtud de su Esp铆ritu, y gracias a 茅l disciernen su contribuci贸n creativa a la edificaci贸n del reino.

Imitaci贸n y seguimiento de Cristo se requieren y compenetran. Sin imitaci贸n de Cristo los cristianos podr铆an seguir a un Jes煤s que no es el de los evangelios. Sin seguimiento los disc铆pulos podr铆an imitar a Cristo sin creatividad, de un modo fundamentalista y pelagiano.

2 Imitaci贸n de Cristo

2.1 Advenimiento del Reino

鈥淒espu茅s que Juan fue entregado, march贸 Jes煤s a Galilea; y proclamaba la Buena Nueva de Dios: 鈥楨l tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios est谩 cerca; convert铆os y creed en la Buena Nueva鈥欌 (Mc 1, 14-15).

Esta descripci贸n de los comienzos del ministerio de Jes煤s del evangelista Marcos vale para los disc铆pulos de todos los tiempos.

Jes煤s, a diferencia de Juan Bautista que anunciaba un castigo con la posibilidad de salvaci贸n (Mt 3, 7-12), proclama la salvaci贸n con la posibilidad de una condena (Mt 5, 1-12; Lc 6, 20-26). Para ambos hay un juicio final, pero el planteamiento es diametralmente opuesto. La relaci贸n con Dios y con el mundo de los disc铆pulos de uno y de otro habr铆a de tener una tonalidad contraria. Por una raz贸n equivalente, los cristianos no debieran vivir en el miedo a equivocarse, sino en la confianza de la misericordia de Dios.

Si, por otra parte, en la predicaci贸n del Bautista la historia tiene un fin que 茅l anuncia en t茅rminos negativos, para otros la historia puede simplemente no tener sentido alguno. En este caso, los seres humanos asignan valor a sus propias realizaciones o idolatran seres que ofrecen una salvaci贸n precaria o falsa. El mercado que tiende a colonizar todas las 谩reas de la vida con su l贸gica de intercambio y competencia, y que ofrece a las personas un reconocimiento social mediante el consumo es, como suced谩neo de la salvaci贸n, el 铆dolo de nuestra 茅poca como lo fue el dinero en tiempos de Jes煤s. El reconocimiento que Jes煤s ofreci贸 en su 茅poca y ofrece en la nuestra a sus disc铆pulos, es gratuito. El reino es un regalo que no tiene precio. La salvaci贸n, que consiste en un perd贸n incondicional y una aceptaci贸n radical de Dios, es la mejor de las noticias. Los disc铆pulos saben que su vida y la historia tienen un fin trascendente: el eventual caos del mundo, la culpa, la pobreza y la muerte ser谩n derrotados definitivamente.

Los disc铆pulos han de experimentar el amor inaudito e incomparable de Dios para llegar a creer en 茅l (cf.,1 Jn, 4, 16). Ellos han de saber que la fe en Dios puede lo imposible y, en consecuencia, han de convertirse a su amor. La conversi贸n es un acto divino y humano a la vez, consistente en amar con la misma gratuidad con que Dios ama a los que creen en 脡l. Entrar en la l贸gica de la conversi贸n al amor de Dios es por s铆 mismo causa de inmensa alegr铆a (Lc, 15, 11-31). La alegr铆a es una virtud t铆picamente cristiana. La alegr铆a del reino debiera cualificar la misi贸n cristiana. Tambi茅n otros pueden reconocer que Dios ya ahora vence el miedo y la tristeza, y sumarse a los disc铆pulos.

Los cristianos disciernen los signos de los tiempos a efecto de descubrir d贸nde acontece el reino en el presente y, con su generosidad desinteresada por su pr贸jimo, apuran su llegada. Lo hacen con urgencia apocal铆ptica, pues se saben protagonistas de una historia que tiene un sentido trascendente y feliz, pero que sin ellos, sin un esfuerzo personal y colectivo, puede terminar mal.

2.2 Fraternidad universal

鈥淭odav铆a estaba hablando a la muchedumbre, cuando su madre y sus hermanos se presentaron fuera y trataban de hablar con 茅l. Alguien le dijo: 鈥樎ye! ah铆 fuera est谩n tu madre y tus hermanos que desean hablarte鈥. Pero 茅l respondi贸 al que se lo dec铆a: 鈥樎縌ui茅n es mi madre y qui茅nes son mis hermanos? Y, extendiendo su mano hacia sus disc铆pulos, dijo: 鈥楨stos son mi madre y mis hermanos. Pues todo el que cumpla la voluntad de mi Padre celestial, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre鈥欌 (Mt 12, 46-50).

Los v铆nculos familiares son normalmente los m谩s fuertes. No obstante los enormes cambios de la vida en sociedad, las personas contin煤an valorizando extraordinariamente a su familia o la posibilidad de tenerla. Ella es la principal causa de felicidad o, al menos, un refugio en tiempos de individualismo y desamparo. Pero a los disc铆pulos se les pide trascender sus v铆nculos de parentesco para vivir una familiaridad y hermandad universal. Jes煤s no despreci贸 a su familia de origen. Al pie de la cruz pidi贸 a San Juan que cuidara de su madre (Jn 19, 6). Pero a ella misma exigi贸 trascender su v铆nculo sangu铆neo con 茅l.

La fraternidad a la que Jes煤s llama se constituye liberando y dignificando a su pr贸jimo. Los disc铆pulos de Jes煤s han de anunciar que Dios es Padre de todos, denunciando las formas de asociatividad marginadoras y realizando acciones integradoras de los excluidos y desechados. Asimismo, han de liberar a los oprimidos de toda suerte de injusticia y ayudarlos a constituirse en personas aut贸nomas capaces de tomar sus propias decisiones y participar libremente en la vida en sociedad (Mc 1, 40-45).

La fraternidad del reino se juega en la relaci贸n con el pr贸jimo a quien se considera hermano, hijo de un Padre que cuida maternalmente de todos los seres humanos. 脡l es tambi茅n el Padre de nuestros enemigos. De aqu铆 que sea necesario perdonarlos, rezar por ellos e incluso, amarlos (Lc 6, 27).

La fraternidad, sin embargo, tambi茅n demanda a los disc铆pulos de Cristo actitudes y decisiones colectivas. Ella debiera articularse a nivel social, econ贸mico, pol铆tico, cultural y religioso. A todos estos niveles se instalan pr谩cticas y se configuran privilegios o estructuras de exclusi贸n e incluso fratricidas. Esto mismo exige de los cristianos cultivar el pluralismo: tolerar a los dem谩s y, sobre todo, abrirse a quienes son diferentes. Los disc铆pulos han de ser factores de justicia, de reconciliaci贸n y de paz (Mt 5, 9).

2.3 Crecimiento en humanidad

鈥淎s铆 que cumplieron todas las cosas seg煤n la Ley del Se帽or, (Mar铆a, Jos茅 y Jes煤s) volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El ni帽o crec铆a y se fortalec铆a, llen谩ndose de sabidur铆a; y la gracia de Dios estaba sobre 茅l鈥 (Lc 2, 39-40). El reconocimiento de Jes煤s de Dios como su 鈥淧adre鈥 le hizo crecer humanamente hasta convertirse en 鈥渆l hombre鈥 (Lc, 2, 49) que termin贸 dando la vida por sus amigos (Jn 15,13). La obediencia de Jes煤s a la voluntad de su Padre constituy贸 el principio integrador de su humanidad. Jes煤s fue aut茅nticamente hombre y el hombre 铆ntegro por excelencia. Dar la vida a los otros fue el secreto de su humanidad.

De un modo semejante, la plena uni贸n de los disc铆pulos con Cristo, su fe en 茅l y su amor a los dem谩s les hace m谩s humanos. Contra lo que algunos pudieran pensar, la oraci贸n, la religiosidad y la entrega generosa a los dem谩s no menoscaban la humanidad de las personas, sino que la realizan. Lo que por el contrario es inhumano y deshumaniza es el pecado: la independencia de Dios y el ego铆smo con los dem谩s.

La imitaci贸n de Cristo de los disc铆pulos despierta en ellos la posibilidad de desplegar todas las potencialidades de su humanidad creada. La entrega al advenimiento del reino constituye el factor de la mejor integraci贸n intelectual y afectiva posible (Mt 19, 27-29). As铆 como el amor extremo hizo posible el celibato de Jes煤s, la concentraci贸n de los disc铆pulos en la misi贸n del reino hace de ellos personas integradas e 铆ntegras. As铆 como la uni贸n de Jes煤s con su Padre fue creciendo con el tiempo, lo cual no le ahorr贸 los sufrimientos, la ignorancia y el tener que discernir su voluntad, tambi茅n los disc铆pulos deben crecer en su cristianismo. Esto implica a veces detenciones, p茅rdidas, retrocesos y nuevos comienzos.

Los disc铆pulos de Cristo acometen eclesialmente la tarea de la evangelizaci贸n de la cultura y la inculturaci贸n del Evangelio, convencidos de que el Creador conduce sigilosamente a su creaci贸n a la m谩xima plenitud posible. El anuncio del Evangelio a todas las culturas debiera tener lugar sin menoscabo de sus originalidades, sino en funci贸n de su desarrollo. La inculturaci贸n del Evangelio, por otra parte, requiere de los mismos disc铆pulos un empe帽o por dejarse convertir a un Evangelio que no puede ser monopolizado por ninguna cultura en particular.

La misi贸n de los disc铆pulos exige una madurez psicol贸gica, y una preparaci贸n intelectual, educacional y cultural tan amplia como podr铆a llegar a serlo todo el saber humano alcanzable. Pero este solo sirve a la construcci贸n del reino cuando los hombres comparten el mundo de acuerdo a la opci贸n de Dios por los pobres y por todos.

2.4 Abandono en la providencia

鈥淥bservad los lirios del campo, c贸mo crecen; no se fatigan, ni hilan. Pero yo os digo que ni Salom贸n, en toda su gloria, se visti贸 como uno de ellos. Pues si a la hierba del campo, que hoy es y ma帽ana se echa al horno, Dios as铆 la viste, 驴no lo har谩 mucho m谩s con vosotros, hombres de poca fe? No and茅is, pues, preocupados diciendo: 驴Qu茅 vamos a comer?, 驴qu茅 vamos a beber?, 驴con qu茅 vamos a vestirnos? Que por todas esas cosas se afanan los gentiles; pues ya sabe vuestro Padre celestial que ten茅is necesidad de todo eso鈥 (Mt 6, 28-32).

Jes煤s vive en la confianza de su Padre y anima a sus disc铆pulos que hagan lo mismo. La creaci贸n transparenta la acci贸n providencial de Dios. En la creaci贸n Jes煤s descubre que la acci贸n humana ha de radicar en la responsabilidad que su Padre tiene sobre todas sus creaturas. 脡l hace la voluntad de su Padre de modo an谩logo a como las dem谩s creaturas le obedecen por el mero hecho de ser bellas.

La situaci贸n de los disc铆pulos de entonces no es la de los de hoy. Los cristianos nacen en un mundo contaminado y en deterioro ambiental progresivo. La humanidad y la naturaleza est谩n en grave peligro. La modernidad capitalista ha explotado sin piedad a los pobres y a las dem谩s creaturas.

Ya que la crisis es integral, los disc铆pulos debieran convertirse para corregir el rumbo de los acontecimientos. No se puede volver atr谩s. No se trata renunciar del todo a la modernidad. La ciencia y la t茅cnica son necesarias para hacer los cambios que se requieren. Tampoco lo ser谩, por otra parte, volver a la sinton铆a animista o fatalista de algunas culturas originarias. Los disc铆pulos han de reestablecer las relaciones entre Dios y el planeta, adoptando nuevos estilos de vida y generando una cultura de cuidado de los pobres y de la naturaleza. Ellos han de recomponer y crear modos de relaci贸n cuidadosos con un planeta Tierra cuya belleza espeja la armon铆a de las relaciones intratrinitarias.

Los disc铆pulos encaran una situaci贸n apocal铆ptica. Si ellos y otros no interrumpen con acciones personales y pol铆ticas la tendencia de deterioro ecol贸gico, la cat谩strofe es segura. Aun as铆, han de considerar que estas acciones ser谩n eficaces si verifican que el Padre es el primer responsable de su creaci贸n. Jes煤s les recuerda: 鈥淏uscad primero su Reino y su justicia, y todas esas cosas se os dar谩n por a帽adidura. As铆 que no os preocup茅is del ma帽ana: el ma帽ana se preocupar谩 de s铆 mismo. Cada d铆a tiene bastante con su propio mal鈥 (Mt 6, 31-34).

2.5 Luchas, conflictos, persecuciones y martirio

鈥淵 sucedi贸 que, cuando acab贸 Jes煤s todos estos discursos, dijo a sus disc铆pulos: 鈥榊a sab茅is que dentro de dos d铆as es la Pascua; y el Hijo del hombre va a ser entregado para ser crucificado鈥欌 (Mt 26, 1-2).

A Jes煤s lo matan exactamente por lo que trat贸 de hacer. Sus asesinos han podido dar razones diferentes, pero una sola las resume a todas: lo mataron por anunciar el reino con palabras y acciones inquietantes para la paz inestable de la Palestina de la 茅poca. Su enfrentamiento con las autoridades jud铆as con motivo de su modo de cumplir la Ley y su actitud ante el Templo, tuvieron consecuencias pol铆ticas. La crucifixi贸n le fue impuesta por los romanos.

Los disc铆pulos de Cristo desde entonces han debido entrar en conflictos de diverso tipo en la medida que han o铆do el llamado a compartir la misi贸n de Jes煤s. Estos conflictos se replican al interior de la misma Iglesia. A siglos de distancia se repiten en cierto sentido las causas de lucha y enfrentamiento de Jes煤s con las autoridades religiosas en el modo que los cristianos tienen de entender el cristianismo. Ya que el reino no se identifica sin m谩s con el cristianismo, los disc铆pulos de Cristo suelen verse tensionados por su pertenencia eclesial y la libertad de los hijos de Dios que les ha sido concedida con el bautismo.

El conflicto fundamental tiene lugar en el plano que ellos comparten con los dem谩s seres humanos. Los disc铆pulos de Cristo pertenecen al mundo bajo un respecto y no pertenecen a 茅l seg煤n otras consideraciones. De aqu铆 que sea normal e incluso necesario que ellos se vean involucrados en enfrentamientos econ贸micos, sociales, pol铆ticos y culturales. A todos estos niveles se dan injusticias e iniquidades. 鈥淣o pens茅is que he venido a traer paz a la tierra. No he venido a traer paz, sino espada鈥 (Mt 10, 34), les recuerda Jes煤s.

Si el mundo est谩 mal pensado, mal estructurado y mal compartido, si estas deficiencias son adem谩s cohonestadas en la Iglesia, los disc铆pulos debieran sentirse inc贸modos con ellas y procurar subsanarlas aunque ello les cueste malos ratos o persecuciones. O铆r el llamado de Cristo a colaborar en su misi贸n significar谩 para los cristianos soportar desagrados e incomprensiones, romper directamente con lo establecido, tolerar situaciones indignas o sufrir el martirio.

2.6 Necesidad de una decisi贸n personal

鈥淓n esto se le acerc贸 uno y le dijo: 鈥楳aestro, 驴qu茅 he de hacer de bueno para conseguir vida eterna?鈥. 脡l le dijo: 鈥樎縋or qu茅 me preguntas acerca de lo bueno? Uno solo es el Bueno. Mas si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos鈥. 鈥樎緾u谩les?鈥, le dice 茅l. Y Jes煤s dijo: 鈥楴o matar谩s, no cometer谩s adulterio, no robar谩s, no levantar谩s falso testimonio, honra a tu padre y a tu madre, y amar谩s a tu pr贸jimo como a ti mismo鈥. Le dice el joven: 鈥楾odo eso lo he guardado; 驴qu茅 m谩s me falta?鈥. Jes煤s le dijo: 鈥楽i quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes y d谩selo a los pobres, y tendr谩s un tesoro en los cielos; luego ven, y s铆gueme鈥. Al o铆r estas palabras, el joven se march贸 entristecido, porque ten铆a muchos bienes鈥 (Mt 19, 16-22).

El joven rico que sale al encuentro de Jes煤s no est谩 a gusto con la religi贸n que ha heredado de sus padres. Jes煤s lo insta a dar un paso estrictamente personal. As铆 el joven podr谩 acceder a una aut茅ntica experiencia de Dios. Pero este paso es oneroso. Exige en cierto modo comenzar todo de nuevo.

El Occidente cristiano experimenta en su globalidad una situaci贸n an谩loga a la de este episodio. La Iglesia enfrenta una crisis en la transmisi贸n de la fe. El cristianismo no pasa de una generaci贸n a otra por tradici贸n. La situaci贸n religiosa en general es compleja. La configuran al menos cuatro factores: un desprestigio del cristianismo eclesi谩stico acusado de alienante o colonizador; enormes mutaciones de la religiosidad debidas a la confluencia de distintas creencias y a la mercantilizaci贸n de espiritualidades y credos; y una secularizaci贸n de la cultura a causa de la modernidad predominante. En estas circunstancias solo son esperables disc铆pulos que tengan una experiencia personal honda de Cristo y que opten por el reino convencidos 铆ntimamente de su valor trascendente.

Los disc铆pulos han de contar con que es cristianismo ya no pasar谩 f谩cilmente de una generaci贸n a otra. La fe en Cristo a futuro depender谩 del testimonio de una experiencia de Dios que en su caso tendr谩 que ser radical. En la actual situaci贸n, ellos han de transmitir una fe onerosa: un seguimiento de Cristo que exige a las personas una entrega completa y gratuita de s铆 mismas.

3 Seguimiento de Cristo

Seguimiento de Cristo es 鈥渋mitar鈥 el ejemplo de Jes煤s y es, adem谩s, experiencia de Cristo; es una 鈥渋mitaci贸n espiritual鈥 de Cristo. El Esp铆ritu de Cristo resucitado hace posible conocer interiormente al Jes煤s de la historia, experimentar la salvaci贸n y liberaci贸n del crucificado y resucitado, y reinar con 茅l anticipadamente en la Iglesia. El seguimiento de Cristo es fundamentalmente experiencia del misterio pascual de Jes煤s de Nazaret muerto por predicar el reino de Dios y resucitado como Cristo, Se帽or de la Iglesia y del universo.

Esta participaci贸n en el misterio pascual tiene tres dimensiones soteriol贸gicas: a) es expresi贸n del sacrificio de Cristo concebido como amor hasta el extremo, b) es vida vivida como triunfo sobre el pecado y la muerte, y experiencia del 茅xito de la creaci贸n, y c) es anticipaci贸n del reino como libertad de los hijos e hijas de Dios.

3.1 Participaci贸n en el sacrificio de la cruz

鈥淵o por la ley he muerto a la ley, a fin de vivir para Dios: con Cristo estoy crucificado; y ya no vivo yo, sino que Cristo vive en m铆. Esta vida en la carne, la vivo en la fe del Hijo de Dios que me am贸 y se entreg贸 a s铆 mismo por m铆. No anulo la gracia de Dios, pues si por la ley se obtuviera la justicia, habr铆a muerto en vano Cristo鈥 (G谩l 2, 20-21).

El cristiano descubre en la cruz la m谩xima expresi贸n del amor de Dios y participa de este amor amando a su pr贸jimo como Cristo lo ha amado a 茅l. En la muerte en cruz Dios asume al ser humano en su finitud y en su culpa. El Hijo encarnado padece ambas hasta la muerte, la consecuencia 煤ltima de una y otra. Cristo Jes煤s en la cruz las hace suyas como condici贸n de su superaci贸n.

El sacrificio de la cruz no es un acto de castigo de Dios por los pecados de la humanidad ejercido en su Hijo en virtud de una sustituci贸n vicaria. Tampoco es un acto s谩dico de parte del Padre ni masoquista de parte del Hijo. Dios no necesita ni dolor ni sangre para salvar. La salvaci贸n es completamente gratuita (Rom 5, 1-21). Es Dios que se sacrifica por el hombre y en esta donaci贸n incondicional arraiga la posibilidad del sacrificio del hombre Jes煤s y el de sus seguidores como amor desinteresado. Los disc铆pulos de Cristo se sacrifican a s铆 mismos por su pr贸jimo con el mismo amor gratuito con que han sido amados. Lo que satisface al Padre es la vida entera de los cristianos en favor de los dem谩s y la gratitud de ellos por su condici贸n de creaturas y por la salvaci贸n.

Los cristianos participan en la pasi贸n de Cristo consagr谩ndose apasionadamente al advenimiento del reino y padeciendo las consecuencias. Cada uno puede decir que vive en y de Cristo crucificado, ya que Cristo vive en 茅l. El dolor cumple una funci贸n expiatoria cuando es expresi贸n de un amor que carga con el pecado del mundo. El dolor inexplicable o injusto de personas individuales y de pueblos crucificados por la miseria y la injusticia, tiene un valor salv铆fico simplemente por ser sacramento del inocente Jes煤s, el Siervo sufriente. La mera pregunta de los pobres por la bondad de Dios, de modo semejante al grito de Jes煤s abandonado en la cruz, tiene sentido y nadie puede acallarla (Mc 15, 33-34). Por otra parte, el dolor y la sangre de los m谩rtires que como Jes煤s, el primer m谩rtir, dan la vida por la fe y la justicia del reino, caracterizan el seguimiento radical de Cristo.

El seguidor de Jes煤s ha debido llegar a saber que Cristo muri贸 鈥減or 茅l鈥. Delante de la cruz se revela al cristiano su pecado y, a la vez, el perd贸n de Dios. El beso del crucifijo en Semana Santa es expresi贸n de reconocimiento de la misericordia de Cristo por una persona que se sabe amada y conocida de un modo exclusivo e insuperable. En la experiencia de este amor el cristiano concluye que quien justifica es Dios y no sus obras. La praxis mesi谩nica (constructiva) y prof茅tica (cr铆tica) de los cristianos es purificada en la entrega sacrificada del Hijo encarnado.

3.2 Triunfo sobre el mal y 茅xito de la creaci贸n

聽鈥溍塴 es el Principio, el Primog茅nito de entre los muertos, para que sea 茅l el primero en todo, pues Dios tuvo a bien hacer residir en 茅l toda la Plenitud, y reconciliar por 茅l y para 茅l todas las cosas, pacificando, mediante la sangre de su cruz, lo que hay en la tierra y en los cielos鈥 (Col 1, 18-20).

En virtud de la resurrecci贸n de Cristo los cristianos son gratuitamente liberados del pecado y de la muerte. Los seguidores de Cristo, convertidos en nuevas criaturas, no debieran volver a pecar. En ellos se anticipa la victoria escatol贸gica sobre el mal, adem谩s del triunfo de la vida eterna sobre la muerte. Ya ahora es posible para ellos vivir sub specie aeternitatis.

Los seguidores de Jes煤s han de optar por los pobres para que en ellos se anticipe de un modo preferencial el efecto liberador del juicio final y el banquete del reino (Mt 25, 31-46). Ellos, los privados de la vida y las v铆ctimas del pecado, han de ser los primeros en experimentar a Cristo resucitado porque son los primeros en compartir su cruz. En virtud de la resurrecci贸n, ellos debieran ser rehabilitados en su inocencia y dignidad, y reconoc茅rseles como protagonistas de la lucha cotidiana por la vida y la edificaci贸n de una sociedad m谩s humana. Ellos, que muchas veces no son considerados personas, debieran tener un lugar activo en la articulaci贸n de nuevas relaciones sociales.

Los seguidores de Cristo viven de una fe en Dios que es posible comprobar en obras concretas. Entre ellos reina la caridad, la paz y comparten lo que tienen. Prosiguen la praxis de Jes煤s de Nazaret en favor del reino, luchan contra la injusticia y acuden misericordiosamente a la sanaci贸n de los enfermos del cuerpo y del alma (Hch 2, 42-47).

Cristo resucitado, adem谩s de triunfar 茅l mismo sobre la muerte y el pecado, lleva la creaci贸n a la plenitud que Dios tuvo en mente al crear el mundo. Es esta una plenitud aun mayor que la que tuvo la creaci贸n antes del pecado.

De la resurrecci贸n de Cristo deriva la alegr铆a con que los cristianos pueden vivir aun en las peores circunstancias, y la capacidad de reconocer la belleza y vivir de ella aun cuando la fealdad predomine por doquier. Los cristianos sintonizan y se saben parte y responsables de los dem谩s seres de la creaci贸n. Y esperan su gloria para el d铆a del retorno del Se帽or del universo (Jn 14, 3).

De la resurrecci贸n de Cristo, los cristianos extraen la energ铆a espiritual y la creatividad para usar al m谩ximo la raz贸n de que los dot贸 el Creador, y generar las ciencias y las culturas necesarias para edificar una sociedad y un mundo compartido y fraterno. As铆 mismo, deben distinguirse como trabajadores de la reconciliaci贸n y constructores de la paz.

3.3 Vida en la libertad de los hijos e hijas de Dios

鈥淟a prueba de que sois hijos es que Dios ha enviado a nuestros corazones el Esp铆ritu de su Hijo que clama: 隆Abb谩, Padre! De modo que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, tambi茅n heredero por voluntad de Dios鈥 (G谩l 4, 6-7).

En la Iglesia los cristianos viven anticipadamente el reino escatol贸gico. En ella, es posible reconocer relaciones humanas libres y personales, respetuosas de la igualdad dignidad de hijos e hijas de Dios y responsables con los peque帽os o m谩s d茅biles. Entre los cristianos las relaciones de predominio de unos sobre otros o las relaciones alienadas en virtud de los 铆dolos del mercado y el consumo, son superadas por el amor y la solidaridad. Esta misma experiencia de fraternidad les hace misioneros del Evangelio y del reino.

En la Iglesia y gracias a ella, los seguidores de Cristo hacen un camino hist贸rico de seguimiento de Cristo. Deben escrutar en los signos de los tiempos la voz de Dios (Mt 16, 1-3), para lo cual cuentan con la Escritura, la Tradici贸n y el Magisterio, adem谩s de otros lugares teol贸gicos, como criterios de discernimiento. Dios habla en la historia actual de un modo semejante a como habl贸 en el pasado. La Palabra de Dios cobra prioridad en sus vidas. De un modo an谩logo, los cristianos viven su vida en constante discernimiento espiritual, pues voces distintas de la del Esp铆ritu los tientan por caminos que no son los suyos. Cada cual ha de descubrir su propia vocaci贸n y seguirla fielmente.

Los cristianos encuentran con certeza al Se帽or en los sacramentos de la Iglesia que hacen eficaz la gracia del amor de Dios por sus hijos. Las normas de la Iglesia orientan las vidas de los seguidores de Dios. Ellas son una gu铆a, muchas veces pedag贸gica, que ha de llegar a ser interpretada por personas adultas en la fe. Ni las buenas obras ni el mero cumplimiento de las leyes de la Iglesia justifican ante Dios, sino la fe en la bondad y la acci贸n de Dios (Rom 3, 27-28; St 2, 18). Es Dios que transforma a estas en acciones aut茅nticamente libres, haciendo que los seguidores de Cristo amen a todos de un modo verdaderamente creativo y 煤nico.

4 Conclusi贸n

Todo el cosmos y todos los seres humanos llevan la marca de Cristo. La creaci贸n entera est谩 cristificada, lo cual hace posible que cualquier persona pueda participar en el modo ser de Cristo con Dios, con el mundo y con el pr贸ximo, aunque no tenga conciencia de ello. Toda la creaci贸n refleja el amor de Dios que se manifest贸 en Cristo y, en el caso del ser humano, este puede corresponder rectamente a este amor simplemente amando.

Los cristianos, a diferencia de los que no lo son, participan conscientemente de Cristo. Lo hacen a modo de seguimiento suyo, el cual es posible porque el Esp铆ritu Santo dota a los cristianos del don de la fe con la cual la imitaci贸n de Jes煤s es transformada y mejorada radicalmente. La fe hace creer que Jes煤s es el Cristo. Quienes no son cristianos pueden hacerse una idea de Jes煤s, cuyo perfil humano pueden conocer a trav茅s de los evangelios y la ense帽anza de la Iglesia, e incluso pueden admirar o imitar algunos de sus rasgos. Se puede imitar a Jes煤s sin creer que, tras su crucifixi贸n, haya resucitado. Los cristianos, en cambio, no solo imitan a Jes煤s sino que viven de Cristo muerto聽 y resucitado. El seguimiento de Cristo comienza con una imitaci贸n de Jes煤s, pero es superior a ella. La imitaci贸n es insuficiente. Nadie conoce m谩s a Cristo que el que sigue a Cristo.

Jorge Costadoat, SJ. Centro Teol贸gico Manuel Larra铆n/Facultad de Teolog铆a, P. Universidad Cat贸lica de Chile. Texto original Espa帽ol.

5 Referencias bibliogr谩ficas

BOFF, Leonardo, 鈥淓l seguimiento de Cristo鈥, en BOFF, Leonardo, Jesucristo y la liberaci贸n del hombre, Madrid, 1987, 537-565.

BOMBONATTO, Vera Ivanise, Seguimento de Jesus. Uma abordagem segundo a cristologia de Jon Sobrino, S茫o Paulo, 2002.

BRAVO, Carlos, 鈥淯na cristolog铆a abierta al Jes煤s hist贸rico y su seguimiento鈥, Efem茅rides mexicana, 9 (1991), 155-170.

CASTILLO, Jos茅 Mar铆a, El seguimiento de Jes煤s, Salamanca, 1986.

CODINA, V铆ctor, Seguir a Jes煤s hoy, Salamanca,1988.

COSTADOAT, Jorge, 鈥淓l seguimiento de Cristo en Am茅rica Latina鈥, en AZCUY, V., SCHICKENDANTZ, C., SILVA E., Teolog铆a de los signos de los tiempos latinoamericanos, Santiago: Ediciones Universidad Alberto Hurtado: 2013, 209-239.

GALILEA, Segundo, El seguimiento de Cristo, Bogot谩, 1989.

LOIS, Julio 鈥淧ara una espiritualidad del seguimiento de Jes煤s鈥, Diakon铆a, 10/ 29 (1986) 260-276.

MESTERS, Carlos, Jes煤s de los evangelios para seguirlo hoy, Santiago: Ediciones Mundo, 1997.

OLIVEROS, Roberto, Seguimiento de Cristo en las comunidades eclesiales de base, Bogot谩: CLAR, 1994.

SEGUNDO, Juan Luis, Nuestra idea de Dios, Buenos Aires 1969.

_______, La historia perdida y recuperada de Jes煤s de Nazaret, Santander 1991.

SOBRINO, Jon, 鈥淓l seguimiento de Jes煤s como discernimiento鈥, Concilium, 139 (1978) 517-529; Diakon铆a, 11 (1979) 16-28.

_______, 鈥淓l seguimiento de Jes煤s pobre y humilde. C贸mo bajar de la cruz a los pueblos鈥, Revista Latinoamericana de Teolog铆a, 8/ 24 (1991) 299-318.

TRIGO, Pedro, 鈥淓l seguimiento de Jes煤s, contemplado en los evangelios, 驴da el tono a nuestra iglesia?鈥,聽ITER, Vol. 23, no. 57-58 (2012) 135-166.

_______, 鈥淒isc铆pulos de Jesucristo en Am茅rica Latina hoy鈥, ITER 42-43 (2007) 341-392.