Los laicos en la misi贸n de la Iglesia

脥ndice

1 Cuestiones introductorias

2 Los laicos: su identidad eclesial

3 Los laicos: su vocaci贸n y misi贸n

4 Conclusi贸n

5 Referencias bibliogr谩ficas

1 Cuestiones introductorias

El Concilio Vaticano II defini贸 toda la Iglesia como misionera. En esta dimensi贸n de聽 totalidad, se manifiestan con m谩s fuerza, y 鈥嬧媍on un tono totalmente nuevo,聽 aquellos y aquellas聽 que se denominan laicos, y que ahora de forma m谩s expresiva y razonada, desempe帽an un papel preponderante en la misi贸n de toda la Iglesia. Es preciso destacar que esta es una visi贸n que se renueva porque la tradici贸n eclesial que llega hasta el Concilio conlleva para el t茅rmino laico una connotaci贸n ampliamente negativa, construida social y culturalmente, pero tambi茅n eclesiol贸gicamente, ya que la visi贸n que se ten铆a antes era marcadamente pasiva y sumisa, sin autonom铆a y sin ning煤n tipo de independencia en su manera de ser y hacer iglesia. Culturalmente, el laico fue visto como uno que no sabe, no entiende, que no est谩 preparado para el ejercicio de una funci贸n en la Iglesia. Eclesiol贸gicamente, el laico fue visto de forma pasiva y sumisa a la jerarqu铆a eclesi谩stica, siendo tratado frecuentemente como inferior 聽(KUZMA 2015 p.528-31). Esta definici贸n se basa en la nueva comprensi贸n eclesiol贸gica de que se afirma con el Concilio Vaticano II, que presenta a la Iglesia como Pueblo de Dios, en la que todos los bautizados son parte importante y constitutiva de su misi贸n, sustentados 聽por algo que es com煤n a todos y que proviene de una experiencia fundamental: el bautismo – que une cada fiel a Cristo y lo convierte en miembro activo del cuerpo eclesial. Por el bautismo, todos son Iglesia, lo que garantiza a los laicos una nueva identidad y una nueva conciencia de su vocaci贸n y misi贸n.

La Iglesia del Vaticano II se entiende como communio, reproduciendo en su estado visible e hist贸rico un reflejo de la comuni贸n trinitaria (KASPER, 2012, p. 256-7). Nadie y / o ninguna vocaci贸n ocupan el centro de la Iglesia, porque s贸lo Cristo es el centro. 脡l es el fundamento del que nace y vive en la fuerza de su Esp铆ritu, y as铆 camina, peregrina hacia la consumaci贸n del plano del Padre (LG 48). Alrededor de Cristo y del misterio que lo rodea, circulan los diversos ministerios, enriquecidos con dones y carismas, dej谩ndose tocar y definir por 聽el mismo misterio, y que colaboran y cooperan para la edificaci贸n del cuerpo y al servicio de esta Iglesia en mundo: el anuncio y la vivencia del Reino de Dios.

De este modo, y en esta nueva concepci贸n, los laicos son comprendidos (e inseridos) en la misi贸n de toda la Iglesia, con una especificidad que le es propia y que les permite聽 actuar en los asuntos internos de la Iglesia (ad intra) y / o en problemas externos (ad extra) en el mundo y en las realidades en que se encuentran, sin exclusivismos. Sobre esto, dice Bruno Forte: “Todos comparten la responsabilidad, tanto en el centro de la vida eclesial, cuanto en la relaci贸n con el mundo; comprometidos en poner sus dones al servicio, donde quiera que el esp铆ritu suscite la acci贸n de cada uno, en una articulada y din谩mica relaci贸n entre los diversos ministerios y carismas “(FORTE, 2005, p.43). Corresponde a toda la Iglesia, por tanto, en la responsabilidad que le es conferida, despertar la vocaci贸n y misi贸n de los laicos, aliment谩ndola y fortaleci茅ndola en todas sus acciones, respetando su autonom铆a y especificidad, siempre promoviendo la comuni贸n.

2 Los laicos: su identidad eclesial

La identidad eclesial de los laicos est谩 garantizada por el bautismo. He aqu铆 el punto principal que une los laicos a todos los fieles, asegur谩ndoles a todos la misma dignidad, lo que tambi茅n les habilita en la misi贸n y los distingue en聽 vocaci贸n, en aquello que es espec铆fico de su forma de ser y de manifestar/vivenciar su fe. El bautismo ofrece a todos una nueva manera de existir, “el existir cristiano” (BINGEMER 1998, p.32). Este sacramento – fundante y 煤nico para la vida cristiana 鈥 confiere a ellos y a todo el pueblo de Dios la marca del ser cristiano e incorpora todos los fieles a Cristo, despertando en gracia, la vocaci贸n y la misi贸n de cada uno. Afirmamos: 1) por el bautismo, todos est谩n unidos a Cristo; 2) por el bautismo, todos est谩n llamados a la misi贸n; 3) por el bautismo todos son Iglesia; y, por esta raz贸n ofrecen al mundo un testimonio aut茅ntico de que y en qui茅n y por aquello y por aquel en quien creen est谩n dispuestos a servir al mundo con el fin de transformarlo desde el punto de vista del Reino de Dios, haciendo de la vida concreta un verdadero camino de santidad y de encuentro con Dios. Aqu铆 tenemos la base de toda la eclesiolog铆a que quiere tratar sobre los laicos, su vocaci贸n y su misi贸n.

El bautizado 鈥 cualquiera que sea el carisma recibido y el ministerio ejercido – es, ante todo, homo christianus, aquel que por el bautismo se ha incorporado a Cristo (cristiano, de Cristo), ungido por el Esp铆ritu (Cristo de chris = ungido), por eso constituido pueblo de Dios. Esto significa que todos los bautizados son Iglesia, part铆cipes de las riquezas y de las聽 responsabilidades que la consagraci贸n bautismal implica. Todos est谩n inequ铆vocamente llamados a ofrecerse como “un sacrificio vivo, santo y agradable a Dios (cf. Rm 12,1). En todas partes den testimonio de Cristo. Y a los que lo pidan, den razones de su esperanza de vida eterna (cf. 1 Pe 3,15) “(LG 10). (FORTE, 2005, p.31).

聽Podemos decir que con el bautismo no falta nada en la vida cristiana, porque a trav茅s de 茅l inserta en el misterio de Cristo, siendo con 茅l, y a partir de 茅l, una nueva criatura (cf. 2 Cor 5,17). Se coloca en el camino y en la pr谩ctica de su reino, viviendo en la esperanza y la anticipaci贸n del Reino que est谩 llamado a construir como Iglesia, pues tambi茅n a 茅l, por su condici贸n y posici贸n en la Iglesia y en el mundo, est谩 destinada la invitaci贸n del Se帽or: “Id tambi茅n vosotros a mi vi帽a” (Mt 20,4). Esta llamada se fortaleci贸 con el Vaticano II, que valor贸 la esencia de esta vocaci贸n y abri贸 nuevas perspectivas, m谩s acordes con el Evangelio mismo inaugurado por Cristo, estableciendo que esta llamada y esta presentaci贸n fueron y son llevadas a cabo por el mismo Cristo (AA 33) . Esto fue confirmado por el Papa Juan Pablo II, en la Exhortaci贸n Christifideles laici, diciendo que estos laicos 鈥揻ieles laicos – est谩n llamados a trabajar en la vi帽a del Se帽or, que es todo el mundo, y all铆 ofrecen su vida y su testimonio, lo que obliga聽 a toda la Iglesia y sus estructuras a la valorizaci贸n y la toma de consciencia de esta importante vocaci贸n (JUAN PABLO II, 1989 n.1-2). Por lo tanto, dado el bautismo es la experiencia fundante, ocurrir谩 que, a continuaci贸n, en la vida cristiana, surgir谩n la vivencia eclesial y la comunidad, la pr谩ctica cotidiana, el servicio al mundo, el ejercicio de la solidaridad y los dem谩s sacramentos, que junto con otras realidades servir谩n de alimento y de b煤squeda de aquello聽 que 聽se fortalece en la fe y la esperanza.

Por el bautismo, los laicos est谩n incluidos en la misi贸n de toda la Iglesia (interna y externamente), pues ellos pasan a ser y a formar parte con ella; e incluso en un esp铆ritu de comuni贸n con todos los dem谩s bautizados, viven la fe de manera aut贸noma y libre, con una forma 煤nica y propia de ser y hacer como Iglesia (KUZMA de 2009, p.85). Los laicos son aquellos hombres y mujeres que est谩n en mayor n煤mero en el cuerpo eclesial y, por tanto, deben ser valorados en lo que compete y compromete a su vocaci贸n y misi贸n, sin perjuicio de nadie, pero en vista de la comuni贸n de toda la Iglesia que camina en misi贸n en el horizonte del Reino de Dios; misi贸n a la que todos los cristianos est谩n llamados – como ekklesia (iglesia) – para trabajar, cada uno a su manera y en aquello que le es espec铆fico. Estos cristianos tradicionalmente llamados laicos, tienen una dignidad conferida por Cristo y no pueden ser tratados como un pueblo conquistado, como objetos de evangelizaci贸n, o como alguien que siempre recibe y que s贸lo escucha, que acepta todo de forma pasiva, sin entender y que no cuestiona cr铆ticamente, su situaci贸n y su fe. Estos laicos que son parte constitutiva e importante del cuerpo eclesial, quieren contribuir a su manera y en comuni贸n para construir el Reino de Dios, una misi贸n que es su derecho, pues es parte de la vocaci贸n a la que fueron llamados.

驴Pero qui茅nes son estos los laicos? 驴Tenemos claridad de la respuesta? 驴Vemos en su vocaci贸n y misi贸n, su identidad? Veamos. Os documentos de la Iglesia proporcionan definiciones importantes de lo que son en la Iglesia, as铆 como su funci贸n espec铆fica adquirida por el bautismo, que hemos mencionado antes. Sin embargo, como ya se ha se帽alado, no se puede negar que la palabra laico en s铆 tiene una carga negativa, hist贸ricamente adquirida, tambi茅n en el seno de eclesial (CONGAR, 1966, p.14-41), lo que hace pasar a estos fieles parte de esta intenci贸n negativa, dejando peque帽a y sin valor su posici贸n. Durante mucho tiempo, se defini贸 al laico por su negatividad, por lo que no era: no cl茅rigo o alguien sin votos religiosos. Esta intenci贸n era tanto m谩s grave cuanto que quitaba de los fieles la pr谩ctica activa del ejercicio de la fe, limit谩ndolos a solo escuchar y recibir. Cuando hab铆a una acci贸n, 茅sta era a partir de un ordenado, dejando al laico un servicio de colaboraci贸n, sin autonom铆a. La historia de la Iglesia nos muestra los avances y retrocesos de esta vocaci贸n, as铆 como las percepciones, interpretaciones y nuevos y / o viejos entendimientos (ALMEIDA, 2006).

El Concilio Vaticano II, por la Constituci贸n dogm谩tica Lumen Gentium (LG), sobre聽 la Iglesia, no anul贸 esta condici贸n de no cl茅rigo y de no religioso, pues es un聽 hecho, pero se ofreci贸 a todos los fieles un car谩cter fundante, inicial, teniendo en cuenta que todos bautizados integran y son la iglesia de Cristo y forman el nuevo Pueblo de Dios, en la que hay diversidad de funciones y servicios, pero igual dignidad e importancia (LG 32). Ninguna vocaci贸n est谩 por encima o en el centro, todos en comuni贸n, cada uno con su propio don y carisma, asumidos y puestos al servicio de todos (cf. 1 Cor 12,7). Cristo – la fuente y el destino de toda la fe – est谩 en el centro, lo que garantiza a la Iglesia su sentido del misterio, de d贸nde ella nace (LG 3) y el destino escatol贸gico (LG 48) al cual est谩 destinada (FORTE, 2005, p. 63-4). El Vaticano II rescata el sentido primero de la palabra laico, que es laik贸s (griego y un t茅rmino ausente de la tradici贸n b铆blica), es decir, aquel (aquella) que pertenece al Pueblo de Dios, Laos (en griego y un t茅rmino presente en la tradici贸n b铆blica).

As铆, del Vaticano II extraemos esta nueva e importante definici贸n que se帽ala la identidad de los laicos en la misi贸n de toda la Iglesia:

Con el nombre de laicos se designan aqu铆 todos los fieles cristianos, a excepci贸n de los miembros del orden sagrado y los del estado religioso aprobado por la Iglesia. Es decir, los fieles que, en cuanto incorporados a Cristo por el bautismo, integrados al Pueblo de Dios y hechos part铆cipes, a su modo, de la funci贸n sacerdotal, prof茅tica y real de Cristo, ejercen en la Iglesia y en el mundo la misi贸n de todo el pueblo cristiano en la parte que a ellos corresponde. (LG 31a).

聽A partir de esta definici贸n, los laicos comenzaron a tener importancia y su condici贸n pasa a tener聽 un nuevo enfoque. Ahora se justifica una eclesiolog铆a sobre ellos, como trataron de argumentar en el pre-concilio 聽te贸logos como Y. Congar, E. Schillebeeckx, G. Philips, Karl Rahner y otros (ALMEIDA, 2012, p.13-33), cuya influencia y urgencia del tema se hizo valer 聽recurre en el Consejo. Esta definici贸n y sus consecuencias 鈥 que aunque todav铆a insuficiente, 隆merecen hoy nueva audacia! – fueron un gran logro (SCHILLEBEECKX 1965, p.981-90). Sin embargo, lo que se discute hoy en d铆a es si el t茅rmino laico es suficiente para designar la vocaci贸n y la misi贸n establecida, ya que la carga negativa sobre el t茅rmino fue grande y se prolong贸 durante siglos. Por el contrario, s贸lo cambiar el t茅rmino por otro, o especificando su actividad pastoral, no siempre puede garantizar una valorizaci贸n de su condici贸n y posici贸n eclesial. Lo correcto ser铆a avanzar en la comprensi贸n de ser cristiano a partir de lo que el bautismo nos ofrece y del camino de seguimiento que decidimos recorrer en busca de la madurez de la fe (BINGEMER, 2013). Pero esto a煤n es algo que debe ser buscado, precisando ahora una reinterpretaci贸n del contenido de ser un cristiano laico y un reconocimiento y valorizaci贸n de su identidad eclesial.

3 Los laicos: su vocaci贸n y misi贸n

Habiendo definido la identidad del laico, no por su aspecto negativo, como antes, sino por aquello que los garantiza la eclesi谩sticamente – el bautismo – y por su misi贸n con toda la Iglesia, el Vaticano II trat贸 de definir el ejercicio de esta vocaci贸n y misi贸n, pidiendo para ellos 鈥 preferencialmente 聽– la responsabilidad en el mundo secular, el lugar en el que ellos ya se encuentran y d贸nde son llamados para el 聽ejercicio de su fe y聽 b煤squeda de su santidad como los laicos. De este modo, hacemos uso aqu铆 de lo que fue se帽alado 聽por el Concilio al describir el car谩cter secular como caracter铆stica particular (pero no exclusiva) de su condici贸n, texto que sigue al ya utilizado anteriormente. Aqu铆, para discernir mejor qui茅nes son esos laicos, el documento conciliar los define por su acci贸n, por aquello que est谩n llamados a ejercer y cooperar, de modo propio y aut贸nomo:

El car谩cter secular es propio y peculiar de los laicos. Pues los miembros del orden sagrado, aun cuando alguna vez pueden ocuparse de los asuntos seculares incluso ejerciendo una profesi贸n secular, est谩n destinados principal y expresamente al sagrado ministerio por raz贸n de su particular vocaci贸n. En tanto que los religiosos, en virtud de su estado, proporcionan un preclaro e inestimable testimonio de que el mundo no puede ser transformado ni ofrecido a Dios sin el esp铆ritu de las bienaventuranzas. A los laicos corresponde, por propia vocaci贸n, tratar de obtener el reino de Dios gestionando los asuntos temporales y orden谩ndolos seg煤n Dios. Viven en el siglo, es decir, en todos y cada uno de los deberes y ocupaciones del mundo, y en las condiciones ordinarias de la vida familiar y social, con las que su existencia est谩 como entretejida. All铆 est谩n llamados por Dios, para que, desempe帽ando su propia profesi贸n guiados por el esp铆ritu evang茅lico, contribuyan a la santificaci贸n del mundo como desde dentro, a modo de fermento. Y as铆 hagan manifiesto a Cristo ante los dem谩s, primordialmente mediante el testimonio de su vida, por la irradiaci贸n de la fe, la esperanza y la caridad. Por tanto, de manera singular, a ellos corresponde iluminar y ordenar las realidades temporales a las que est谩n estrechamente vinculados, de tal modo que sin cesar se realicen y progresen conforme a Cristo y sean para la gloria del Creador y del Redentor. (LG 31b).

聽En este texto se establece que es espec铆fico de los laicos iluminar y organizar las cosas temporales, es decir, la realidad del mundo donde se encuentran y viven y donde deben vivir como levadura en la masa, desde dentro, convirti茅ndose en聽 luz para las personas, una luz que viene de Cristo y que brilla en sus acciones (LG 1). As铆, los laicos – hombres y mujeres insertados en la sociedad – se presentan como aut茅nticos testigos del Evangelio y se comprometen con la causa del Reino, iluminando y organizando todo a su alrededor, “ejerciendo funciones temporales y orden谩ndolas seg煤n Dios” (LG 31b). Sin embargo, para entender la amplitud de esta definici贸n en su matriz teol贸gico fundamental, es necesario asimilar el proyecto de Dios, que es lo que hace el Vaticano II en sus definiciones (LG 1-5, 1-6 DV AG 1- 5), y con 茅l, el principio mayor de nuestra fe, que est谩 basado en un Dios que se hizo hombre y que como humano asumi贸 toda nuestra condici贸n (GS 22), involucr谩ndose en la trama de nuestra existencia, haciendo que nuestras esperanzas humanas se convirtiesen en una gran esperanza anunciada por 茅l, que era el Reino de Dios, una buena noticia para todo el mundo. Miremos, entonces, a Jes煤s de Nazaret.

Jes煤s de Nazaret, ocup谩ndose de las cosas de su tiempo, nos ha abierto una nueva perspectiva de la vida y por eso nos present贸 un nuevo rostro de Dios, m谩s pr贸ximo y m谩s libre, m谩s presente en nuestra propia realidad, que result贸 importante para 茅l, ya que la asumi贸 plenamente dando su vida por amor a nosotros. Por lo tanto, la atenci贸n del texto conciliar que aqu铆 reproducimos para se帽alar la vocaci贸n y misi贸n de los laicos es para 聽afirmar la presencia de la Iglesia en el mundo, de manera concreta, dispuesta a presentar al mundo la propuesta que la garantiza y que la fundamenta, que es Cristo y su Reino. Basado en el texto conciliar de LG 31b percibimos que la Iglesia pretende hacer esto de una manera concreta por los fieles, por todos, pero aqu铆 destaca este papel especialmente a los laicos, que est谩n 聽聽integrados en la sociedad directamente y all铆 ofrecen un testimonio firme y verdadero.

Esto no quiere decir que la experiencia de fe en el mundo ser谩 invasiva, sino en la pr谩ctica del servicio, en el 聽hacer el bien, en聽 la autenticidad y la coherencia con lo que dice creer y profesar, como se destaca en el documento de Aparecida en 2007 ( DAp n.210). Asimismo, el Decreto Apostolicam actuositatem (AA), que trata sobre el apostolado de los laicos, dice: ” Prueba de esta m煤ltiple y urgente necesidad, y respuesta feliz al mismo tiempo, es la acci贸n del Esp铆ritu Santo, que impele hoy a los laicos m谩s y m谩s conscientes de su responsabilidad, y los inclina en todas partes al servicio de Cristo y de la Iglesia. “(AA n.1c). En una relectura y frente al contexto actual, tambi茅n en su Exhortaci贸n Apost贸lica Christifideles Laici, el Papa Juan Pablo II dice, ” por medio de ellos la Iglesia de Cristo est谩 presente en los m谩s variados sectores del mundo, como signo y fuente de esperanza y de amor ” (Juan Pablo II, 1989 n.7). Y a帽ade: “A nadie le es l铆cito permanecer ocioso ” (Juan Pablo II en 1989, n 掳 3). Si miramos al tiempo presente, las acusaciones y apuntes 聽pastorales que Francisco Papa coloca en su Exhortaci贸n Apost贸lica聽 Evangelii Gaudium son a煤n m谩s firmes, en la reivindicaci贸n del papel de una Iglesia – sobre todo aqu铆 los laicos 鈥 en salida y rompiendo con todo lo que pueda obstaculizar 聽su misi贸n y verdadera vocaci贸n:隆la de anunciar el Evangelio de hoy! (FRANCISCO, 2013 n.110-121). Y siempre de modo dial贸gico, en la coherencia entre fe y vida, un verdadero y aut茅ntico testimonio. Tambi茅n en esta l铆nea, es digno de menci贸n que, en la actualidad, el Papa Francisco ha pedido mucho la presencia de los laicos, su valorizaci贸n y una mayor presencia de los j贸venes y las mujeres en la Iglesia. Por cierto, tambi茅n acusa la pasividad, adquirida hist贸ricamente – a veces sin culpa – pero tambi茅n llama la atenci贸n sobre una nueva audacia, para avanzar a nuevos rumbos y nuevos descubrimientos eclesiales. Hacemos hincapi茅 en que aqu铆 la creaci贸n del nuevo Dicasterio sobre los Laicos la Familia y la Vida, anunciado durante el S铆nodo de los Obispos en octubre de 2015.

Otro punto importante es que los laicos est谩n llamados a la vocaci贸n y misi贸n como laicos. 隆No necesitan ser otra cosa! 隆Ellos son laicos! Forman parte del Laos (pueblo) de Dios donde viven, ofrecen su testimonio y las razones de su esperanza. Esto es fundamental, sobre todo cuando se ve hoy en d铆a como avanzan clericalismos (FRANCISCO, 2013, n.102), ya mencionados en varias ocasiones y que no permitan que la Iglesia pueda dar responder eficazmente a los problemas actuales (cf. Conferencia de Santo Domingo n. 96), pues intentan restaurar una imagen de iglesia que se sustenta por s铆 sola y que se cierra en s铆 misma, casi como una fuga (KUZMA, 2009, p. 43-7) o alienaci贸n de la realidad. “Dios no cambia su condici贸n, sino que lleva a plenitud su estado, los hace llenos de vida y de gracia en el Esp铆ritu. As铆, ellos son verdaderos adoradores y santifican el mundo con la propia vida “(KUZMA y SANTINON, 2014, p.137). Y m谩s: “Los laicos no est谩n llamados a ser lo que no son y vivir donde no est谩n, pero est谩n llamados a vivir plenamente lo que son y a estar 聽efectivamente 聽donde ya est谩n, y dentro de su vida, encontrar a Dios y anunciarlo a los dem谩s “(KUZMA y SANTINON, 2014, p.137). En el curso de sus vidas, “preparan el campo del mundo para mejor recibir la semiente de la palabra divina y abren las puertas a la iglesia, para que act煤e como anunciadora de la paz” (LG 36c).

Con toda la Iglesia, los laicos est谩n llamados a servir, y sirven con la propia vida, donde la experiencia con Cristo produce un aut茅ntico testimonio. 隆Aqu铆 est谩 su vocaci贸n y su misi贸n!

4 Conclusi贸n

De aquello que el Vaticano II defini贸 sobre los laicos en la misi贸n de la Iglesia, podemos sacar puntos importantes aqu铆: 1) el bautismo los incorpora a Cristo y los constituye como miembros del Pueblo de Dios, lo que acent煤a un punto importante en la definici贸n de Iglesia del Vaticano II (en la Lumen Gentium); 2) ellos se聽 convierten en part铆cipes de la funci贸n sacerdotal, prof茅tica y real de Cristo, de donde reciben el mandato – de Cristo 鈥 par el testimonio en el mundo y en la Iglesia de aquello que es la raz贸n de su esperanza. Al modo de Cristo, un sujeto com煤n – laicos – de su tiempo, ellos pasan a ofrecer sus vidas a Dios y a los hermanos聽 a trav茅s de la pr谩ctica del Reino; ellos son en el mundo y en la Iglesia anunciadores de la verdad聽 y tratan de gobernar, gestionar y transformar todo, desde la perspectiva del Reino de Dios; 3) asumen su聽 parte en la misi贸n: es cuando los laicos, hombres y mujeres de fe, pasan a servir en el lugar donde se encuentran, y la base que sustenta su servicio es la experiencia concreta y vivificante con Jes煤s de Nazaret. Y donde se 聽encuentra el trabajo es en el mundo secular, vivido especialmente, pero no exclusivamente, pues la Iglesia es misionera en su conjunto y no en parte.

El Concilio dio pasos importantes. Es importante hoy en d铆a聽 abrirse al Esp铆ritu que lo concibi贸 y se dispone a los nuevos desaf铆os que el mismo Esp铆ritu que nos hace ver, siempre abierto, sensible y de di谩logo, en la acogida y la construcci贸n de un Reino que necesita de todos nosotros 隆porque todos estamos llamados a la vi帽a del Se帽or!

Cesar Kuzma. PUC Rio. Texto original Portugu茅s.

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