Concilio Ecum茅nico Vaticano II

脥ndice

1 Antecedentes hist贸ricos del Concilio Vaticano II

1.1 Concilio Vaticano I

1.2 Movimientos anteriores al Concilio Vaticano II

1.3 Reformas de los papas Pio X e Pio XI

1.4 Reformas del papa Pio XII

2 El papa Juan XXIII

3 Preparaci贸n del Concilio Vaticano II

4 La novedad del Concilio Vaticano II

5 Documentos del Concilio Vaticano II

6 Las cuatro constituciones del Concilio Vaticano II

6.1 Sacrosanctum Concilium

6.2 Lumen gentium

6.3 Dei Verbum

6.4 Gaudium et spes

7 Los nueve decretos del Concilio Vaticano II

8 Las tres declaraciones del Concilio Vaticano II

9 El episcopado latino-americano en el Concilio Vaticano II

10 Actualidad e recepci贸n del Concilio Vaticano II

11 Referencias bibliogr谩ficas

1 Antecedentes hist贸ricos del Concilio Vaticano II

1.1 Concilio Vaticano I

El Concilio Vaticano I (1869-1870) pas贸 a la historia como un 鈥渃oncilio inacabado鈥. En raz贸n de circunstancias que les fueron impuestas por el momento hist贸rico-pol铆tico en la Europa de aquel momento, los padres conciliares no pudieron concluir satisfactoriamente la agenda propuesta en este concilio del siglo XIX. Por causa de la guerra franco-prusiana, y m谩s precisamente de la invasi贸n de Roma por las tropas italianas el d铆a 20 de septiembre de 1870, el Papa Pio IX, el d铆a 20 de octubre del mismo a帽o, suspendi贸 las actividades del Concilio sine die. De esta forma, correspondi贸 a los papas posteriores a Pio IX la tarea de retomar y concluir los trabajos del Concilio Vaticano I, lo que normalmente deber铆a ser hecho a trav茅s de la convocaci贸n de una nueva asamblea conciliar.

1.2 Movimientos anteriores al Concilio Vaticano II

En los tiempos anteriores al Vaticano II, en monasterios benedictinos europeos, se dieron los primeros pasos en la direcci贸n de la reforma de la liturgia, una vez que monjes cultivaban el estudio de las fuentes de la liturgia y lo hac铆an mediante la lectura asidua de los Padres de la Iglesia. Tal movimiento hizo que la liturgia dejase de ser entendida como mero centro de la piedad cristiana individualista y fuese comprendida como din谩mica de renovaci贸n espiritual de la sociedad como un todo. Iniciativas de Dom Prosper Gu茅ranger (1805-1875), ya en el siglo XIX, abrieron puertas para tal rejuvenecimiento de la vida lit煤rgica, antes en los monasterios y, despu茅s, en las comunidades cat贸licas, mientras que 聽Dom Lambert Beauduin (1873-1960) inici贸 el movimiento lit煤rgico propiamente dicho. Digna de menci贸n fue tambi茅n la influencia ejercida por el jesuita austr铆aco Josef Andreas Jungmann (1889-1975), que en 1948 public贸, en dos vol煤menes, una importante historia de la misa seg煤n el rito romano, Missarum Solemnia.

Ya en el campo de la reflexi贸n teol贸gica, surgieron esfuerzos en el sentido de renovar el modo de hacer teolog铆a. Te贸logos como Johann Adam M枚hler (1796-1838), de la Escuela de T眉bingen, y Matthias Scheeben (1835-1888), de Colonia, fueron pioneros en la articulaci贸n entre eclesiolog铆a y liturgia. Adem谩s, debe mencionarse la Nouvelle th茅ologie (Nueva teologia), nacida en Francia, y que propon铆a la sustituci贸n de la teolog铆a escol谩stica por una s铆ntesis teol贸gica que respondiese m谩s adecuadamente a las leg铆timas necesidades y aspiraciones humanas. La Nouvelle th茅ologie defend铆a la articulaci贸n entre Biblia, liturgia y Padres de la Iglesia. Ora, estas nuevas manifestaciones teol贸gicas fueron decisivas como 聽reacci贸n 聽a la teolog铆a que fundament贸 los primeros esquemas preparatorios que fueron entregados a los padres conciliares, teolog铆a marcada por la mentalidad curial y por la incapacidad de聽 abrirse a las cuestiones que la historia y la sociedad de entonces propon铆an a la Iglesia. En estos textos provisionales, se percib铆an rancios rasgos del lenguaje de la Contrarreforma y del combate al modernismo. En este horizonte de renovaci贸n teol贸gica, fue notable la contribuci贸n que diversos te贸logos dieron a los padres conciliares a trav茅s de conferencias realizadas en diversos lugares de Roma, llev谩ndolos a abrirse a nuevas perspectivas teol贸gicas y a sensibilizarse ante los 鈥渟ignos de los tiempos鈥 que ven铆an de la sociedad en su conjunto.

No se puede olvidar la influencia del movimiento ecum茅nico sobre el Concilio Vaticano II. Nacido en 谩mbito protestante, el movimiento ecum茅nico acab贸 por motivar l铆deres y te贸logos cat贸licos para trabajar, cada cual en su competencia, en direcci贸n a la b煤squeda de la unidad visible de los cristianos. A guisa de ejemplo, recu茅rdese la obra del te贸logo dominico franc茅s, Yves Congar, Vraie et fausse r茅forme dans l鈥櫭塯lise (Verdadera y falsa reforma en la Iglesia), publicada en 1950.

Las d茅cadas anteriores al Concilio tambi茅n estuvieron marcadas聽 por el rescate del estudio de los Padres de la Iglesia. Digno de menci贸n en este punto fue el emprendimiento de Jacques-Paul Migne, cuyo esfuerzo de editar los textos patr铆sticos de tradici贸n latina, as铆 como aquellos de tradici贸n griega con la traducci贸n al lat铆n, hizo tales escritos accesibles a estudiosos que no tuvieron 聽recurrir m谩s a ediciones dispersas de los textos de los Padres da Iglesia. Posteriormente, alrededor del a帽o 1952, surgi贸 en Francia la colecci贸n Sources Chr茅tiennes (Fuentes Cristianas), bajo la responsabilidad de los te贸logos jesuitas Jean Dani茅lou y Henri de Lubac, que editaba textos patr铆sticos con la traducci贸n al franc茅s. Es innecesario decir como la relectura de los Padres de la Iglesia fue enriquecedora para la renovaci贸n de la teolog铆a en las d茅cadas anteriores al Concilio.

Para el 茅xito del Concilio Vaticano II, fue tambi茅n decisiva la contribuci贸n del movimiento b铆blico, el cual intent贸 la adopci贸n, en el campo cat贸lico, de una hermen茅utica b铆blica que se distanciaba de una lectura fundamentalista de la Sagrada Escritura. Tal avance signific贸 la superaci贸n de una interpretaci贸n moralista de los escritos sagrados, mayormente en las predicaciones, as铆 como el uso de la Escritura en la apolog茅tica, frente a los protestantes, por ejemplo. El movimiento b铆blico intent贸 tambi茅n la superaci贸n de cierta concepci贸n mec谩nica de inspiraci贸n b铆blica, como si los textos de la Escritura fuesen pura y simplemente la transcripci贸n, hecha por el hagi贸grafo, de un dictado del Esp铆ritu Santo. De singular importancia para que se respirasen nuevos aires, en lo que se refiere a la lectura de la Biblia en la Iglesia cat贸lica romana, fue la publicaci贸n de la carta enc铆clica Divino afflante Spiritu, del papa Pio XII, que abri贸 puertas a los biblistas cat贸licos para que se dedicasen a estudios b铆blicos haciendo uso de recursos interpretativos modernos, tales como la cr铆tica de las formas, el m茅todo hist贸rico-cr铆tico, la historia de las civilizaciones que circundaban al pueblo jud铆o, la arqueolog铆a, los resultados de los estudios sobre el lenguaje y la hermen茅utica.

1.3. Reformas de los papas Pio X e Pio XI

Deben ser reconocidas algunas iniciativas de reforma de la Iglesia cat贸lica romana, inmediatamente anteriores al Vaticano II, asumidas por papas del siglo XX. Tales medidas contribuyeron a madurar la decisi贸n de convocar un nuevo concilio. Citemos algunos pocos ejemplos. Con la intenci贸n de promover la participaci贸n de los fieles en la liturgia, el papa Pio X (1903-1914) determin贸 la utilizaci贸n del canto gregoriano en las parroquias, a trav茅s del motu proprio Inter Sollicitudines sobre la m煤sica sacra, de 1903, y tambi茅n incentiv贸 la recepci贸n frecuente de la eucarist铆a. Y a su vez, el 聽papa Pio XI (1922-1939) incentiv贸 la participaci贸n de los laicos en la vida de la Iglesia, en sinton铆a con la jerarqu铆a, en los tiempos de la entonces influyente 鈥淎cci贸n Cat贸lica鈥.

1.4 Reformas del papa Pio XII

El papa Pio XII (1939-1958) tambi茅n promovi贸 reformas significativas para la vida de la Iglesia, de las cuales mencionemos s贸lo algunos ejemplos. En lo concerniente a los estudios de la Sagrada Escritura, el papa Pacelli concedi贸 libertad para la investigaci贸n b铆blica, con los consecuentes logros con la utilizaci贸n del m茅todo hist贸rico-cr铆tico en la exegesis a trav茅s de la ya mencionada carta enc铆clica Divino afflante Spiritu (cf. PIO XII, 1943). Con relaci贸n a la liturgia, deben mencionarse la publicaci贸n de la enc铆clica Mediator Dei, en 1947, y la promulgaci贸n, en 1955, de la Semana Santa restaurada (cf. SAGRADA CONGREGACI脫N DE LOS RITOS, 1955), particularmente, la reestructuraci贸n del Triduo pascal, con logros substanciales en lo que se refiere al enriquecimiento de la experiencia lit煤rgica del Pueblo de Dios. En todo聽 caso, la convocatoria de un concilio, aunque solamente fuese para concluir el Vaticano I, vino 聽a darse con el sucesor de Pio XII: el papa Juan XXIII (1958-1963).

2 El Papa Juan XXIII

Angelo Giuseppe Roncalli fue elegido papa el d铆a 28 de octubre de 1958, a los 76 a帽os de edad. Antes de haber sido escogido como sucesor de Pedro, hab铆a actuado durante 27 a帽os en el servicio diplom谩tico de la Santa Sede, tanto en Oriente como en Occidente, iniciado en Bulgaria en 1925. Adem谩s, durante seis a帽os hab铆a ejercido el ministerio pastoral como Patriarca de Venecia. Su lema episcopal dec铆a Obediencia y Paz. El papa Roncalli hizo p煤blica su intenci贸n de convocar el Concilio Vaticano II el d铆a 25 de enero de 1959, 隆transcurridos s贸lo noventa d铆as desde su elecci贸n como obispo de Roma! Juan XXIII inaugur贸 solemnemente los trabajos conciliares el d铆a 11 de octubre de 1962 con el discurso Gaudet Mater Ecclesia, proferido delante de m谩s de 2.800 obispos, adem谩s de abades y superiores generales de 贸rdenes religiosas masculinas, procedentes de 116 pa铆ses. En este discurso, Juan XXIII advirti贸 que el Vaticano II no propondr铆a nuevas doctrinas, sino que presentar铆a el mismo e inmutable contenido de la fe cristiana a trav茅s de un lenguaje accesible a los hombres y mujeres del siglo XX. Es m谩s, Roncalli enfatiz贸 la orientaci贸n pastoral del Concilio y reafirm贸 que, frente a los errores, la Iglesia 鈥減refiere usar m谩s el remedio de la misericordia聽 que el de la severidad鈥 (JUAN XXIII, 1962, 7,2). Como dir谩 el papa Pablo VI (1963-1978), poco m谩s de tres a帽os despu茅s, en la v铆spera de la solemne conclusi贸n del Concilio: 鈥淟a antigua historia del Samaritano fue el paradigma de la espiritualidad del Concilio鈥 (Vian, 2006, p.156).

3 Preparaci贸n del Concilio Vaticano II

De acuerdo con el Ordo Concilii, reglamento promulgado por Juan XXIII el d铆a 6 de agosto de 1962 y que daba indicaciones para la organizaci贸n de los trabajos conciliares, fue constituida una Comisi贸n Preparatoria Central, as铆 como diez comisiones tem谩ticas, con la tarea de preparar textos que ser铆an sometidos a la apreciaci贸n de los obispos una vez reunidos en el Vaticano.

4 La novedad del Concilio Vaticano II

En el Concilio Vaticano II (1962-1965), el 21潞 de la historia de la Iglesia y, quien sabe, la mayor asamblea de la historia de la humanidad, la Iglesia adopt贸 una postura totalmente diversa de aquellas asumidas en los concilios pasados, de Nicea hasta el Vaticano I. Se puede hablar de un estilo totalmente original. De esta forma, la Iglesia no emplear谩 el lenguaje condenatorio peculiar de los concilios anteriores, indicador de la intransigencia de la Iglesia ante los grupos cism谩ticos y/o her茅ticos, o delante de aquellos que, fuera de ella, le hac铆an oposici贸n. De hecho,

el Vaticano II modific贸 tan radicalmente el modelo legislativo y judicial que hab铆a prevalecido desde el primer concilio de Nicea [鈥 hasta el punto de virtualmente abandonarlo. En su lugar, el Vaticano II instaur贸 un modelo ampliamente basado en el convencimiento y en la invitaci贸n. (O’Malley, 2012, p.28)

En lo referente al problema de la divisi贸n entre los cristianos, la Iglesia cat贸lica romana pasar谩 a participar decididamente del movimiento ecum茅nico, y delante del mundo, ella asumir谩 una actitud de di谩logo, abertura y comprensi贸n (cf. Gaudium et spes). Como acontecimiento extremadamente original, el Vaticano II introdujo algo de nuevo en la tradici贸n conciliar: buscar la correcci贸n de algunos desv铆os en el modo como la Iglesia actuaba en el mundo sin asumir una actitud defensiva y combativa. Se trat贸, con certeza, de un 鈥渃oncilio de transici贸n de 茅poca鈥, en la expresi贸n de Giuseppe Alberigo, autorizado historiador del Vaticano II (cf. Alberigo, 2005, p.26 e 40).

5 Documentos del Concilio Vaticano II

El magisterio del Concilio Vaticano II se encuentra consignado en diecis茅is documentos: cuatro constituciones (Sacrosanctum concilium, Lumen gentium, Dei verbum y Gaudium et spes), nueve decretos (Unitatis redintegratio, Orientalium ecclesiarum, Ad gentes, Christus dominus, Presbyterorum ordinis, Perfectae caritatis, Optatam totius, Apostolicam actuositatem e Inter mirifica) y tres declaraciones (Gravissimum educationis, Dignitatis humanae y Nostra aetate).

6 Las cuatro constituciones del Concilio Vaticano II

6.1 Sacrosanctum Concilium

La constituci贸n Sacrosanctum Concilium, sobre la sagrada liturgia, fue el primer documento conciliar que fue promulgado por el Papa Pablo VI, el 4 de diciembre de 1963. El texto que menos dificultades trajo a la asamblea conciliar, propone la reforma lit煤rgica en vista del bien de toda la Iglesia. La introducci贸n de la constituci贸n聽 trae una serie de motivos por los cuales se hace necesaria 鈥渓a reforma y el incremento de la liturgia鈥 (cf. SC 1; 3,1), lo que debe ser hecho en fidelidad a la Tradici贸n (cf. SC 4). La reforma lit煤rgica propuesta por el Vaticano II, por tanto, no tuvo nada de b煤squeda de la novedad por la novedad, sino que consisti贸 en recuperar, en el bimilenario patrimonio lit煤rgico de la Iglesia, una serie de valores que fueron olvidados a lo largo de su historia. De esta forma, tal reforma lit煤rgica se materializ贸 como rescate de la centralidad del misterio pascual de Cristo, Se帽or y Esposo de la Iglesia.

Los par谩grafos 5 a 8 de la constituci贸n presentan el misterio de Cristo en el amplio horizonte de la historia de la salvaci贸n. Siendo as铆,

Para realizar una obra tan grande, Cristo est谩 siempre presente en su Iglesia, sobre todo en la acci贸n lit煤rgica. Est谩 presente en el sacrificio de la Misa, sea en la persona del ministro, “ofreci茅ndose ahora por ministerio de los sacerdotes el mismo que entonces se ofreci贸 en la cruz”, sea sobre todo bajo las especies eucar铆sticas. Est谩 presente con su fuerza en los Sacramentos, de modo que, cuando alguien bautiza, es Cristo quien bautiza. Est谩 presente en su palabra, pues cuando se lee en la Iglesia la Sagrada Escritura, es El quien habla. Est谩 presente, por 煤ltimo, cuando la Iglesia suplica y canta salmos, el mismo que prometi贸: “Donde est谩n dos o tres congregados en mi nombre, all铆 estoy Yo en medio de ellos” (Mt., 18,20). (SC 7,1)

En la grande obra de la redenci贸n, 鈥淐risto asocia siempre consigo a su amad铆sima Esposa la Iglesia, que invoca a su Se帽or y por El tributa culto al Padre Eterno鈥 (SC 7,2). Con tales palabras, el Concilio evidencia que la liturgia no es cualquier acci贸n de la Iglesia, sino que 鈥渆s considerada como el ejercicio de la funci贸n sacerdotal de Cristo鈥 (SC 7,3); por tanto, 鈥減or ser obra de Cristo sacerdote y de su Cuerpo, que es la Iglesia, es acci贸n sagrada por excelencia鈥 (SC 7,4).

Digna de menci贸n es la dimensi贸n escatol贸gica de la liturgia. Ella no es una acci贸n circunscrita a las realidades de este mundo, sino que 聽tiene la facultad de impulsar a la Iglesia en busca de 聽su realizaci贸n en la plena comuni贸n con su Se帽or y Esposo. As铆 lo explica el Concilio:

En la Liturgia terrena preguntamos y tomamos parte en aquella Liturgia celestial, que se celebra en la santa ciudad de Jerusal茅n, hacia la cual nos dirigimos como peregrinos, y donde Cristo est谩 sentado a la diestra de Dios como ministro del santuario y del tabern谩culo verdadero (SC 8).

Por tanto, el Concilio presenta la liturgia como din谩mica eclesial vivida, s铆, en este mundo, pero que permanentemente anima a la Iglesia 鈥渁 aguardar al Salvador, nuestro Se帽or Jesucristo, hasta que aparezca como nuestra vida y nosotros aparezcamos con 茅l en la gloria鈥 (cf. ibid.). Es m谩s: seg煤n el Concilio, la veneraci贸n de los santos se insiere en este horizonte escatol贸gico (cf. ibid.). As铆, el Vaticano II pretende hacer ver al Pueblo de Dios, en el conjunto de la vida lit煤rgica de la Iglesia, la justa medida de la devoci贸n a los santos, a ser practicada con la debida moderaci贸n, una vez que Jesucristo, modelo y referencia 煤ltima de la vida cristiana, es el 煤nico mediador entre los hombres y Dios Padre.

Buscando salvaguardar el compromiso kerigm谩tico de la Iglesia, la constituci贸n Sacrosanctum Concilium afirma que 鈥淟a sagrada Liturgia no agota toda la actividad de la Iglesia鈥 (SC 9,1). O sea, el hecho de reconocer el car谩cter sagrado de la liturgia no puede llevar a la Iglesia a eximirse de su responsabilidad de anunciar el Evangelio a aquellos que a煤n no recibieron la fe cristiana. Adem谩s de eso, la liturgia no agota toda la acci贸n de la Iglesia en la medida en que ella 鈥渆s la cumbre a la cual tiende la actividad de la Iglesia y al mismo tiempo la fuente de donde mana toda su fuerza鈥 (SC 10,1). O sea, el trabajo apost贸lico se debe inspirar en la liturgia, precisamente en lo que 茅sta tiene de din谩mica de alabanza y glorificaci贸n de Dios por intermedio de Cristo en virtud del Esp铆ritu Santo. Y tambi茅n la liturgia, de modo especial la Eucarist铆a, es el lugar en que la Iglesia se alimenta para proseguir en su acci贸n pastoral (cf. SC 10,2). Merece destaque aqu铆 el tema de la eclesiolog铆a eucar铆stica, altamente considerada por la Tradici贸n oriental y 聽que valora especialmente la Iglesia particular:

Conviene que todos tengan en gran aprecio la vida lit煤rgica de la di贸cesis en torno al Obispo, sobre todo en la Iglesia catedral; persuadidos de que la principal manifestaci贸n de la Iglesia se realiza en la participaci贸n plena y activa de todo el pueblo santo de Dios en las mismas celebraciones lit煤rgicas, particularmente en la misma Eucarist铆a, en una misma oraci贸n, junto al 煤nico altar donde preside el Obispo, rodeado de su presbiterio y ministros. (SC 41,2).

6.2 Lumen gentium

La constituci贸n dogm谩tica Lumen gentium (promulgada el 21 de noviembre de 1964) trae la ense帽anza conciliar sobre el misterio de la Iglesia. Ya en su estructura, revela un cambio total de perspectiva en comparaci贸n con anteriores posturas de la Iglesia cat贸lica romana. Esto porque el proyecto de constituci贸n propuesto por la comisi贸n teol贸gica de la Curia romana (centrado en el tema de la 鈥淚glesia militante鈥) fue rechazado y porque una nueva serie de grandes temas fue presentado para la confecci贸n de la aludida constituci贸n 鈭 a saber: la Iglesia como misterio, el episcopado, el laicado y la vocaci贸n a la santidad 鈭, los obispos tomaron una decisi贸n revolucionaria. Pasadas algunas discusiones 鈥 se lleg贸 a la definici贸n del siguiente orden de asuntos que ser铆an los primeros cap铆tulos de la Lumen gentium: Misterio de la Iglesia, Jerarqu铆a y Pueblo de Dios 鈭, los padres conciliares decidieron presentar la Iglesia, antes que nada, como comunidad cristiana que se refleja en la comunidad perfecta que es la Sant铆sima Trinidad (cap. I: 鈥淓l misterio de la Iglesia鈥) y que se insiere en la historia de los hombres (cap. II: 鈥淓l Pueblo de Dios鈥), para, a continuaci贸n, tratar de la configuraci贸n jer谩rquica de la Iglesia (cap. III: 鈥淟a constituci贸n jer谩rquica de la Iglesia y en especial el Episcopado鈥). Esta opci贸n fue significativa en la medida en que testimonia el deseo de la gran mayor铆a de los padres conciliares en proponer una 鈥渆clesiolog铆a total鈥, es decir, una autocomprensi贸n de Iglesia que reconoce todos los bautizados como pertenecientes a ella. La expresi贸n 鈥渆clesiolog铆a total鈥 debe ser entendida en el contexto de la cr铆tica de Yves Congar, al decir que, en un tiempo en que la reflexi贸n teol贸gica a respecto de la Iglesia ten铆a en cuenta tan s贸lo los ministerios de gobierno eclesi谩stico, ignorando a los laicos y religiosos, lo que se hac铆a era, pura y simplemente, jerarcolog铆a, y no eclesiolog铆a. Podemos afirmar que: en la comprensi贸n del Vaticano II, la Iglesia no es hecha s贸lo de obispos, presb铆teros y religiosos, sino 聽de todos los que siguen a Cristo, cada cual en su vocaci贸n y estado de vida.

Los tres siguientes cap铆tulos de la Lumen gentium se refieren a la vocaci贸n de todos los bautizados a la santidad (cap. V: 鈥淟a vocaci贸n universal a聽 la santidad鈥), y a las formas espec铆ficas de vivencia de la fe cristiana (cap. IV: 鈥淟os laicos鈥 y cap. VI: 鈥淟os religiosos鈥). El pen煤ltimo cap铆tulo trata de la experiencia de la Iglesia que, en medio de las tribulaciones y dificultades en este mundo, camina en demanda de su consumaci贸n final como feliz Esposa del Cordero (cf. Ap 19,7; 21,9): cap. VII: 鈥溍峮dole escatol贸gica de la Iglesia peregrina y su uni贸n con la Iglesia celeste鈥. En cuanto a la 聽Mariolog铆a conciliar, se opt贸 por la inserci贸n del tema de Mar铆a en la Lumen gentium, con el a帽adido de un 煤ltimo cap铆tulo a la constituci贸n dogm谩tica (cap. VIII: 鈥淟a Bienaventurada Virgen Mar铆a Madre de Dios en el misterio de Cristo y de la Iglesia鈥). Mar铆a es, as铆, reconocida como seguidora y disc铆pula de Jes煤s, y como 铆cono de la Iglesia, por su fidelidad y ejemplaridad en esta misma vocaci贸n de seguidora y disc铆pula.

6.3 Dei Verbum

La constituci贸n dogm谩tica Dei Verbum (promulgada el 18 de noviembre de 1965) presenta el tema de la revelaci贸n divina. Ora, una vez que se hab铆a llegado a la conclusi贸n de que la revelaci贸n divina no es una mera comunicaci贸n de ideas, sino la auto-comunicaci贸n de un Dios que quiere estar junto a los hombres, se pens贸 en hablar de la revelaci贸n en t茅rminos de presencia y actuaci贸n de la Palabra de Dios en la historia de los hombres, siendo que la Palabra de Dios por excelencia es una Persona: el Verbo de Dios hecho carne (cf. Jn 1,14). O sea, m谩s que revelar su voluntad mediante la comunicaci贸n de doctrinas, Dios se revela como el Emanuel, Dios-con nosotros. De ah铆, entonces, 聽que se hable de una 煤nica auto-comunicaci贸n de Dios, que se da a lo largo de toda la historia de la salvaci贸n y culmina en el acontecimiento Cristo, y que se manifiesta a trav茅s de dos v铆as: la Escritura y la Tradici贸n. Se reconoci贸, por tanto, la primac铆a y la centralidad de la Palabra de Dios en la Iglesia.

Una mirada m谩s atenta al Concilio de Trento (1545-1563) puso de relieve el car谩cter exclusivamente interpretativo de la Tradici贸n en lo que se refiere a la fe, pues en la Escritura se encuentran 鈥渓as verdades necesarias para la salvaci贸n鈥 (cf. TOM脕S DE AQUINO, Suma de Teolog铆a, I-II, qq. 106 e 108). De esta forma, la Tradici贸n tiene car谩cter constitutivo s贸lo para las cuestiones de disciplina y de costumbres. Ocurri贸, aqu铆, una soluci贸n conciliatoria significativa: el Vaticano II estableci贸 una diferencia entre los datos constitutivos de la Escritura y la funci贸n criteriol贸gica de la Tradici贸n. O dici茅ndolo de otro modo: la Escritura es la 鈥渘orma que norma鈥 (norma normans) y la Tradici贸n, una 鈥渘orma normada鈥 (norma normata). Se alcanz贸, de esta forma, un equilibrio ecum茅nico de gran valor: ni la doctrina de las dos fuentes (propia del pensamiento cat贸lico romano), ni la doctrina de la sola Scriptura (caracter铆stica del pensamiento luterano). Para la constituci贸n dogm谩tica Dei Verbum, la Tradici贸n tiene dos sentidos: (a) el contenido que no est谩 en la Escritura; e (b) el proceso de transmisi贸n vital de la Revelaci贸n en la Iglesia. La Tradici贸n es la Escritura en la Iglesia. La Iglesia, mediante la Tradici贸n, con su ense帽anza, 聽vida, culto etc., conserva y transmite a todas las generaciones 鈥渁quello que ella es鈥 y 鈥渁quello en que ella cree鈥, gracias al 鈥淓sp铆ritu Santo, por quien la voz viva del Evangelio resuena en la Iglesia, y 聽a trav茅s de ella al mundo entero鈥 (DV 8).

La Tradici贸n se concreta en los Santos Padres, en la liturgia, en los s铆mbolos de la f茅 (= los credos), en los textos de los concilios, en las intervenciones magisteriales, en las vidas de los santos, en el testimonio cotidiano de los fieles cristianos de todos los tiempos y lugares etc. La Iglesia es la Tradici贸n viva y el eje de toda la transmisi贸n de la Revelaci贸n a trav茅s de los tiempos. Siendo as铆, volver a observar el pasado, que聽 nada tiene que ver con la nostalgia, y mucho menos con el tradicionalismo, proporciona a la Iglesia la posibilidad de rejuvenecerse y, de este modo, mantenerse fiel y din谩micamente obediente al Se帽or. Volvi茅ndose al pasado como ejercicio de 鈥渕emoria en el Esp铆ritu鈥, la Iglesia ser谩 siempre obediente y fiel a su Esposo, como la mujer enamorada que procura o铆r la voz del amado (cf. el Cantar de los Cantares).

Hay un detalle significativo en la Dei Verbum: mientras el Concilio de Trento habla de 鈥渢radiciones鈥 (en 聽plural y con 鈥渢鈥 min煤scula), el Concilio Vaticano II habla de 鈥淭radici贸n鈥 (en singular y con 鈥渢鈥 may煤scula). Esto deja claro que el Vaticano II entendi贸 la Tradici贸n no como mera comunicaci贸n de doctrinas e ideas, sino como un todo 煤nico, en que las partes se articulan arm贸nicamente, y que, finalmente, se confunde con la propia vida de la Iglesia.

6.4 Gaudium et spes

La constituci贸n pastoral Gaudium et spes (promulgada el 7 de diciembre de 1965) se dedica a la cuesti贸n de las relaciones entre la Iglesia y el mundo en el cual ella se insiere. Si en Trento y en el Vaticano I las actitudes de la Iglesia fueron de clara hostilidad 鈥 en el primero, frente a los reformadores protestantes, y en el segundo, frente a los defensores de las ideas laicistas que se remontan a la Revoluci贸n francesa 鈥, ahora la Iglesia asume una postura optimista frente al mundo. Ella se entiende servidora de la humanidad, lo que ya a dejar claro en la Lumen gentium y repite en la Gaudium et spes: 鈥淟a Iglesia, en Cristo, es como el sacramento, o se帽al, y el instrumento de la 铆ntima uni贸n con Dios de la unidad de todo el g茅nero humano鈥 (LG 1, cf. GS 42,3). De esta forma, la Iglesia se reconoce 鈥渆xperta en humanidad鈥 (Pablo VI, 1965, p.878-85), lo que la hace sensible a todas las experiencias por las que pasan los hombres, sean buenas, sean malas (cf. GS 1). Su vocaci贸n es servir, raz贸n por la cual ella puede decir que no est谩 movida por 鈥渘inguna ambici贸n terrestre鈥 (GS 3,2).

Porque es 鈥渆xperta en humanidad鈥, la Iglesia se centra en el hombre dotado de aspiraciones elevadas (cf. GS 9) y cuyo coraz贸n est谩 inquieto a consecuencia de interrogaciones m谩s profundas (cf. GS 10; 21,4). Y ella lo hace de modo respetuoso teniendo en cuenta el 谩mbito m谩s 铆ntimo del hombre: 鈥渓a consciencia es el centro m谩s secreto y el santuario del ser humano, en el cual se encuentra a solas con Dios, cuya voz se hace o铆r en la intimidad de su ser鈥 (GS 16).

La soluci贸n del problema del hombre es formulada por el Concilio de modo sucinto: 鈥淓l misterio del ser humano s贸lo se ilumina de hecho a la luz del misterio del Verbo encarnado鈥 (GS 22,1). Y esto vale no s贸lo para los cristianos, pues, al asumir la condici贸n humana en todas sus dimensiones, el Verbo se asoci贸 de cierto modo a todo hombre (cf. GS 22,2). Y se resalta tambi茅n que, al asumir la condici贸n humana por parte del Hijo de Dios, cuenta con la participaci贸n amorosa del Esp铆ritu Santo; en efecto, 鈥渆l Esp铆ritu Santo da a todos la posibilidad de asociarse a este misterio pascual, de manera conocida solamente por Dios鈥 (GS 22,5). La antropolog铆a centrada en Cristo 鈭 o sea, el hombre entendido a partir del misterio de Cristo 鈥 es, 鈥渆n el fondo, una toma de posici贸n que afirma que el hombre se humaniza s贸lo gracias a la divinizaci贸n: la finalidad de plenitud a la cual estamos llamados es inalcanzable sin los auxilios de la gracia鈥 (ARCE, 2008, p.434-5).

Se ha acusado a la Gaudium et spes de ser excesivamente optimista en su formulaci贸n. Atento a esta cr铆tica, el S铆nodo de los Obispos de 1985, celebrado para conmemorar los veinte a帽os de conclusi贸n del Concilio, propuso la teolog铆a de la cruz como polo de equilibrio para el contenido de esta constituci贸n pastoral. O sea, las intuiciones y los horizontes abiertos por la Gaudium et spes deben ser considerados como principios propulsores de una acci贸n pastoral que tiene en cuenta, con realismo, los desaf铆os y las dificultades colocados por el mundo contempor谩neo a la Iglesia.

7 Los nueve decretos del Concilio Vaticano II

Los medios de comunicaci贸n social naturalmente despertaron el inter茅s de los padres conciliares, ya que no se pod铆a pensar la evangelizaci贸n en los nuevos tiempos ignorando los recursos de comunicaci贸n de masas, mayormente los electr贸nicos. En respuesta a esta cuesti贸n, se promulg贸 el decreto Inter mirifica (5 de diciembre de 1963).

El decreto Unitatis redintegratio (21 de noviembre de 1964) se帽ala la inequ铆voca participaci贸n de la Iglesia cat贸lica romana en el movimiento ecum茅nico. Su fuerza est谩 en la decisiva orientaci贸n para superar los preconceptos frente a los 鈥渉ermanos separados鈥 y en proponer principios teol贸gicos para la discusi贸n y soluci贸n de problemas en torno a la divisi贸n de los cristianaos.

Ya el decreto Orientalium ecclesiarum (21 de noviembre de 1964) trata espec铆ficamente de las Iglesias orientales cat贸licas. Se reconocen los valores mantenidos por la Tradici贸n en estas Iglesias, tanto como los sacramentos y el gobierno eclesi谩stico, lo que contribuir谩 enormemente al incremento del di谩logo ecum茅nico.

Christus dominus (28 de octubre de 1965) es el decreto que trata del encargo pastoral de los obispos. Antes de tratar de las responsabilidades particulares de los obispos 鈥 ense帽ar, santificar y gobernar 鈥, se presenta el car谩cter colegial de su ministerio, dato de la tradici贸n eclesial que se帽ala la pronta colaboraci贸n de todos los obispos con la Iglesia de Cristo.

Los Institutos de vida consagrada son invitados a renovarse seg煤n el esp铆ritu del Concilio. Es lo que queda patente en el decreto Perfectae caritatis (28 de octubre de 1965). Los padres conciliares reconocieron el valor de la vida religiosa en la Iglesia, manifestado en sus diversas y fecundas concreciones hist贸ricas.

No se descuida la formaci贸n de los presb铆teros, y los padres conciliares tratan de este tema en el decreto Optatam totius (28 de octubre de 1965). Se destaca aqu铆 la intenci贸n de promover una mejor preparaci贸n espiritual de los futuros presb铆teros, sin olvidar una formaci贸n intelectual que los capacite para dialogar con el mundo.

En una configuraci贸n eclesial sugerida por el concepto de Iglesia Pueblo de Dios, contemplado en la Lumen gentium, el Concilio no podr铆a olvidar el apostolado de los laicos, trabajado en el decreto Apostolicam actuositatem (18 de noviembre de 1965). Valores de la tradici贸n eclesial tales como el sensus fidelium y el sacerdocio com煤n de los fieles constituyen fundamento robusto para el compromiso de los fieles laicos en la obra de la evangelizaci贸n.

Sobre los presb铆teros el Concilio habla detenidamente en el decreto Presbyterorum ordinis (7 de diciembre de 1965). Como colaboradores del orden episcopal, los presb铆teros deben, a ejemplo de los obispos, velar por el bien de todo el cuerpo eclesial, y lo hacen mediante las tareas que asumen en la Iglesia. Se dan, en este documento, orientaciones para la buena relaci贸n de los presb铆teros entre s铆, as铆 como de ellos con los laicos.

La concepci贸n conciliar de misi贸n se establece en el decreto Ad gentes (7 de diciembre de 1965). Digno de menci贸n es el car谩cter trinitario del documento, al tomar como punto de partida el designio de salvaci贸n del Padre, y las misiones propias del Hijo y del Esp铆ritu Santo.

8 Las tres declaraciones del Concilio Vaticano II

Las tres declaraciones promulgadas en el Concilio Vaticano II, a saber: Gravissimum educationis (28 de diciembre de 1965), Dignitatis humanae (28 de diciembre de 1965) y Nostra aetate (7 de diciembre de 1965) se refieren, respectivamente, a la educaci贸n cristiana, a las religiones no cristianas y a la libertad religiosa.

9 El episcopado latino-americano en el Concilio Vaticano II

鈥淎m茅rica Latina era el 煤nico continente que, al llegar al Concilio, ya contaba con una estructura episcopal de car谩cter colegial, el Consejo Episcopal Latino-Americano, el CELAM, fundado en Rio de Janeiro (RJ), en 1955鈥 (BEOZZO, 1998, p.823). Este esp铆ritu colegial latino-americano, a煤n incipiente en el inicio del Concilio, se fue desarrollando a medida que el Concilio avanzaba en sus discusiones y decisiones. Adem谩s, el tema inspirador de la 鈥淚glesia de los Pobres鈥, nacido de comunidades latino-americanas, gan贸 un cierto relieve en los debates conciliares 鈥 aunque haya aparecido en pocos pasajes de todos los documentos aprobados 鈥 hasta tal punto que dio ocasi贸n a la iniciativa conocida como 鈥淧acto de las Catacumbas鈥. Esta iniciativa consisti贸 en la opci贸n de obispos, no exclusivamente latino-americanos, de vivir con simplicidad en sus di贸cesis y comprometerse, efectivamente, con las causas de los empobrecidos. Adem谩s de esto, reflejo de estas inquietudes fue la promulgaci贸n, por el Papa Pablo VI, de la carta enc铆clica Populorum Progressio, en el a帽o 1967. Ora, correspondi贸 al episcopado latino-americano y caribe帽o, en sus sucesivas asambleas, de Medell铆n a Aparecida, con avances y retrocesos, acoger las inspiraciones del Concilio Vaticano II y utilizarlas en el an谩lisis de los problemas vividos por los pueblos latino-americanos, inseridos en estructuras marcadas por la explotaci贸n socioecon贸mica de los pobres.

10 Actualidad y recepci贸n del Concilio

La ense帽anza del Concilio Vaticano II, de notable actualidad, a煤n no fue suficientemente asimilado pelas comunidades cat贸licas esparcidas por todo el mundo. En realidad, nos encontramos en pleno proceso de recepci贸n del contenido doctrinal de este gran y sorprendente acontecimiento eclesial, concluido en diciembre de 1965. Y adem谩s de este esfuerzo 鈥 el de recibir el contenido del Vaticano II 鈥, debemos defenderlo de interpretaciones de los documentos conciliares que tienden a no respetar el m谩s profundo significado de la doctrina contenida en ellos y el nuevo modo de proponer a los hombres y mujeres de todos los tiempos 鈥 la belleza tan antigua y tan nueva que es Cristo Se帽or鈥 (cf. SAN AGUST脥N, Conf. 10,27). Esto significa, adem谩s de releer sus documentos, rescatar las inspiraciones m谩s profundas 鈥 es decir: divinas 鈥 que est谩n en la ra铆z de 茅ste que es considerado, con justicia, el m谩s significativo y prometedor acontecimiento eclesial del siglo XX.

Pablo C茅sar Barros, SJ, Departamento de Teologia da FAJE

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