Bautismo – Confirmaci贸n

脥ndice

1 La unidad de la iniciaci贸n cristiana

2 De la lex orandi a la lex credendi

2.1 La iniciaci贸n cristiana en el siglo. III

2.2 La caracterizaci贸n del bautismo-confirmaci贸n

2.2.1 Bautismo-confirmaci贸n, sacramento de la fe

2.2.2 Bautismo-confirmaci贸n, sacramento de la conversi贸n

2.2.3 Bautismo-confirmaci贸n, sacramento de iniciaci贸n

2.3 La distinci贸n entre el bautismo y la confirmaci贸n

3 La dimensi贸n eclesial del bautismo-confirmaci贸n

3.1 La Iglesia hace el bautismo-confirmaci贸n

3.2 El bautismo-confirmaci贸n hace a la Iglesia

4 Referencias bibliogr谩ficas

聽1聽La unidad de la iniciaci贸n cristiana (TABORDA, 2013, p. 23-28)

聽Bautismo y聽 confirmaci贸n son dos sacramentos, como puede verse en la lista de los siete sacramentos definida por el Concilio de Trento (cf. DH 1901). Pero son dos sacramentos estrechamente unidos. Junto con la Eucarist铆a bautismal son los sacramentos de la iniciaci贸n cristiana. Como la Eucarist铆a no es s贸lo un sacramento de iniciaci贸n, aqu铆 se tratar谩 solamente del bautismo y la confirmaci贸n en su unidad. As铆 fue, en sus or铆genes, la pr谩ctica de la tradici贸n eclesial conservada a煤n hoy d铆a en el Oriente, incluso para los ni帽os de pecho. La pr谩ctica actual de la Iglesia latina est谩 atestiguada desde el siglo V (cf. DH 215). Como resultado de esta pr谩ctica,聽 se perdi贸 en la Iglesia latina la visi贸n de la unidad de los sacramentos de la iniciaci贸n cristiana y se intent贸 (sin 茅xito) desarrollar una teolog铆a de la confirmaci贸n independiente del bautismo. S贸lo considerando la unidad de los dos sacramentos es posible hacer una teolog铆a de la confirmaci贸n que no “robe” algo del bautismo, y viceversa, una teolog铆a del bautismo que no “pierda” algo para que la confirmaci贸n pueda existir.

2 De la lex orandi a la lex credendi (TABORDA, 2015, p. 23-47)

Gracias a la vuelta a las fuentes, la teolog铆a redescubri贸 en la Patr铆stica una forma de reflexionar sobre los sacramentos, diferente de la forma habitual de teolog铆a sacramental sistematizada por la Escol谩stica. La Patr铆stica parte de la celebraci贸n vivida en comunidad. La pr谩ctica lit煤rgica de la Iglesia, tal como fue聽 “en todas partes, siempre y por todos” celebrada (Vicente de Lerins, 鈥 450),聽 contiene una teolog铆a impl铆cita a ser desarrollada. De acuerdo con el viejo axioma, verificando c贸mo la Iglesia ora (lex orandi), llegamos a la conclusi贸n sobre lo que debemos creer (lex credendi).

2.1 La iniciaci贸n Cristiana en el siglo III (BRADSHAW; JOHNSON; PHILLIPS, 2002; JOHNSON, 1999, p.82-135; TRADI脟脙O APOST脫LICA, 1971, p.40-55)

La llamada “Tradici贸n Apost贸lica,” otrora atribuida a Hip贸lito de Roma (BRADSHAW, 1996), es un antiqu铆simo testimonio detallado de c贸mo se desarrollaba la iniciaci贸n cristiana en los siglos III-IV. El texto que presenta la tradici贸n del santo bautismo se puede dividir en cinco escenas: 1) la presentaci贸n y el examen del candidato para el bautismo; 2) el catecumenado y la elecci贸n de aquellos que ser谩n bautizados; 3) la preparaci贸n inmediata para el bautismo; 4) la celebraci贸n del bautismo; 5) la vida cristiana posterior. Aunque se habla de la tradici贸n del santo bautismo, se trata de lo que podr铆a llamarse “el gran bautismo”, que incluye todos los ritos de la iniciaci贸n cristiana, incluyendo la confirmaci贸n y la eucarist铆a, pues la iniciaci贸n cristiana constituye una unidad que consta de una serie de acciones y ritos, por los cuales la persona se convierte en un cristiano. El proceso toma como punto de partida la vida anterior (paganismo) y como punto de llegada, la pr谩ctica de la vida cristiana. Es, por lo tanto, un proceso de conversi贸n y de iniciaci贸n que culmina en el ba帽o bautismal, durante el cual el elegido profesa la fe trinitaria. Por lo tanto, en su estructura lit煤rgica m谩s tradicional, el bautismo-confirmaci贸n se revela como聽 sacramento de la fe, la conversi贸n y la iniciaci贸n cristiana.

2.2 La caracterizaci贸n del bautismo-confirmaci贸n (TABORDA, 2013, p.39-47)

2.2.1 Bautismo- confirmaci贸n, sacramento de la fe (TABORDA, 2013, p.58-89)

Sobre la base de la profesi贸n de fe trinitaria que acompa帽a el ba帽o bautismal, el (gran) bautismo es聽 sacramento de la fe. La fe no es innata al ser humano. Ella viene por la predicaci贸n del Evangelio (cf. Rm 10,17), la buena noticia de que Dios se ha revelado en el Cristo crucificado (cf. 1 Cor 1,23). Sin embargo, 茅l es un esc谩ndalo para los “piadosos” y locura para los “sabios”, ya que significa que la salvaci贸n de Dios viene por medio de un rechazado. Ambos grupos dicen saber c贸mo es Dios y c贸mo se debe revelar. Los piadosos s贸lo admiten que 茅l se muestre en lo maravilloso y extraordinario; los sabios, en lo razonable. Piadosos y sabios personifican la falta de fe. Coinciden en pretender聽 saber exactamente qui茅n es Dios y querer dar reglas para su obrar.

Revel谩ndose en el “crucificado por la injusticia” (cf. Puebla), Dios manifest贸 su cercan铆a, ya que el 煤ltimo a los ojos humanos es聽 fuente de聽 salvaci贸n. Pero, al mismo tiempo, 茅l revela el pecado y el perd贸n de Dios. “Ninguno de los poderosos de este mundo la conoci贸 [la sabidur铆a de Dios, Cristo crucificado]. Porque si la hubieran conocido, nunca habr铆an crucificado al Se帽or de la gloria “(1 Cor 2,8). Fuera de la fe es imposible reconocer el pecado y acoger el perd贸n. El pecado no es una buena noticia, pero el Evangelio muestra claramente el pecado como contrapunto de la fe. Como sacramento de la fe, el bautismo-confirmaci贸n sella la aceptaci贸n de la fe e incluye, por lo tanto, la remisi贸n de los pecados como el otro lado de la “obediencia de la fe” (cf. Rm 1,5).

El reconocimiento del pecado permite captar la incapacidad humana para salvarse por sus propias fuerzas (auto-salvaci贸n). Ni la mera contemplaci贸n de la verdad (sabios) o la observancia abstracta de la Ley (piadosos) son capaces de salvar, 聽pero la acci贸n del Esp铆ritu que impulsa al ser humano a “hacer la verdad” (cf. Jn 3,21), acerc谩ndose de quien est谩 al margen del camino 聽(cf. Lc 10.29- 37) y haciendo el bien concreto, que ahora se presenta para ser hecho, 聽incluso aunque la ley pudiera lanzar dudas sobre su 聽licitud (cf. curaciones en s谩bado).

La fe en el Evangelio es un don y presencia del Esp铆ritu, porque la creatura animada por el Esp铆ritu no vive de s铆 mismo, sino de Dios. Esta nueva vida es el resultado de un nuevo nacimiento por el agua y el Esp铆ritu (cf. Jn 3,5). Como para el ba帽o bautismal el catec煤meno tiene que desnudarse y luego vestir聽 ropas nuevas, as铆 tambi茅n, por聽 la fe y por el bautismo, el ne贸fito se reviste del “hombre nuevo, creado a imagen de Dios, en la verdadera justicia y santidad” (Ef 4,24). La nueva creaci贸n que surge de la fuente bautismal, por un lado, s贸lo se realizar谩 plenamente en la consumaci贸n del mundo y, por tanto, es objeto de la esperanza; Por otra parte, ya est谩 presente en la novedad tra铆da por Cristo. El “viejo hombre” que muere en el bautismo es el ser humano afectado por el pecado, hasta聽 la ra铆z de su existencia hist贸rica (cf. pecado original, pecado social).

Si el Evangelio es el Cristo crucificado, 茅ste se concreta, por su obediencia hasta la muerte, en el reino de Dios. Es el “reino en persona” (autobasileia, Or铆genes 鈥 254). El Reino de Dios es un nuevo orden de cosas, fundamentado en Dios, donde predominan la justicia, fraternidad, amor,聽 igualdad,聽 solidaridad. Cuando Dios reina, la fraternidad no est谩 en las palabras, sino que va a la pr谩ctica y se convierte en聽 historia. El bautismo-confirmaci贸n expresa y realiza la adhesi贸n al Reino, de acuerdo con el Esp铆ritu de Jes煤s,聽 aprendiendo la obediencia en su entrega al Padre (cf Hb 5,8).

2.2.2 Bautismo-confirmaci贸n, sacramento de la conversi贸n (TABORDA, 2013, p.90-131)

La “Tradici贸n Apost贸lica” describe el proceso bautismal como cambio de costumbres y h谩bitos, paso de los 铆dolos al Dios verdadero (cf. 1 Ts 1,9). La idolatr铆a no necesariamente tiene perspectiva religiosa, pues consiste en poner como absoluto de nuestra existencia aquello que es relativo. Todo puede convertirse en 铆dolo. Hoy d铆a es sobre todo聽 la riqueza, el poder, el placer y el saber, cosas buenas en s铆 mismas, que se convierten en un 铆dolo cuando se聽 hace de ellas el valor supremo de la vida. Por eso, el cuidado que se observa en la “Tradici贸n Apost贸lica” para que el candidato abandone toda聽 actividad que, de alguna manera, huela a idolatr铆a.

Pertenece a la naturaleza del 铆dolo exigir 聽sacrificios humanos (cf. Dt 12,31; 2Rs 16,3; Os 13,2; Mq 6,7; Jr 7,31 y 19,5; Ez 20,31 y 23,39) porque son fuerzas de muerte. Para conseguirlos, se atropellan los derechos de los dem谩s, o los propios id贸latras se sacrifican, desgast谩ndose para obtener intimidad con el 铆dolo. El Dios vivo, Padre de Jesucristo, por el contrario, quiere la vida del ser humano, y vida en abundancia (cf. Jn 10,10). De este modo, en Cristo se acerca a los excluidos y los pecadores. Lanza el desaf铆o a la gente para que cambie de vida, aproxim谩ndose a qui茅n est谩 al margen y 聽es despreciado (Lc 10.29-37). S贸lo desde abajo se puede construir la igualdad exigida por el Reino de Dios. Jes煤s va por delante (Hb 12,2), allanando el camino para que Dios sea reconocido en los peque帽os y 聽humillados, pues 茅l 聽mismo carg贸 la humillaci贸n de la muerte en la cruz fuera de los muros de la Ciudad Santa (cf. Hb 13,12- 13).

La conversi贸n de los 铆dolos al Dios verdadero es un paso de la muerte a la vida. Es Pascua, como la existencia de Jes煤s (Jn 16,28). El misterio pascual de Cristo s贸lo puede entenderse correctamente cuando es visto como una consecuencia de su vida. Jes煤s muri贸 condenado a muerte porque vivi贸 de la forma que vivi贸. Resucit贸 porque vivi贸 y muri贸 de esa manera. Ora, la vida y obra de Jes煤s se resumen en la fidelidad a su misi贸n de hacer presente聽 el Reino de Dios, que exige que se absolutice solo a Dios y a nada m谩s, ni a nadie m谩s (Mt 13,44 – 46). Donde Dios es el 煤nico absoluto, se聽 practica la primac铆a de la justicia, de la verdad, de la solidaridad, de la fraternidad y de todos los dem谩s valores del Reino.

El mensaje del Reino que Jes煤s tematiza en sus acciones y en sus palabras es, pues, 聽un mensaje de vida en contra de los 铆dolos de la muerte. Nada m谩s natural que los 铆dolos se vuelvan contra Jes煤s y traten de eliminarlo. Por su actuaci贸n, Jes煤s entra en la lucha entre los 铆dolos y Dios y muere v铆ctima de estos 铆dolos. La Ley de los jud铆os absolutizada y el poder de los romanos deificado son los dos 铆dolos que determinan la condena de Jes煤s. Por eso, la conversi贸n de los 铆dolos al Dios verdadero es participaci贸n en la lucha de vida y muerte de Jes煤s en contra de los 铆dolos.

El misterio pascual es el paso de Cristo de la muerte a la vida. El aspecto de la “vida” en el Misterio Pascual es una unidad estructurada y diferenciada en tres momentos: resurrecci贸n-ascensi贸n-Pentecost茅s. Estos tres pasos se pueden presentar en un esquema temporal, como lo hace Lucas en su doble obra (Evangelio y Hechos) y el final can贸nico de Marcos (cf. Mc 16.9-20). Pero tambi茅n se pueden ver en su unidad, tal como explica Juan bajo el concepto de “glorificaci贸n” que entrelaza la muerte, resurrecci贸n, ida al Padre y env铆o del Esp铆ritu en una unidad indisoluble. Mateo, aunque no distinga los tres momentos, los supone en la 煤nica aparici贸n de Jes煤s a los disc铆pulos en una monta帽a en Galilea (cf. Mt 28,16-20).

La unidad diferenciada del misterio pascual de Cristo nos permite que reconozcamos lo mismo para el bautismo y la confirmaci贸n. El paso a trav茅s del agua – ahogamiento y fuente de vida – simboliza la participaci贸n en el misterio pascual como un paso de la muerte a la vida (resurrecci贸n); los gestos simb贸licos de la confirmaci贸n expresan la comuni贸n en el misterio pascual de Cristo como un nuevo Pentecost茅s (cf. a continuaci贸n聽 apartado 2.3).

Por la conversi贸n a Cristo, el ser humano tambi茅n hace聽 su Pascua o 鈥減asaje鈥, en Cristo y con Cristo al Padre. Aceptar en la fe el misterio pascual y aceptar participar聽 de 茅l s贸lo es posible si se nos da la misma libertad de Cristo, su Esp铆ritu que transform贸 los ap贸stoles de temerosos en audaces y valientes. No por casualidad, Pentecost茅s es una dimensi贸n del misterio pascual de Cristo, su cierre y聽 resultado. Participar del misterio pascual de Cristo es participar en su libertad. Ora, la libertad est谩 all铆, donde est谩 el Esp铆ritu del Se帽or (cf. 2 Cor 3,17).

La conversi贸n, de los 铆dolos al Dios verdadero, no es simplemente un acto nuestro: es don de Dios, gracia. Dios tiene la iniciativa en la llamada a la conversi贸n. La acci贸n de Dios despierta la libertad humana y despert谩ndola la 鈥渃arga鈥, acompa帽a, libera y salva de los 铆dolos, fuerzas de muerte. La idolatr铆a hace la libertad humana, esclava del 聽pecado (cf. Jn 8,34). Mediante la conversi贸n a la fe cristiana y por el (gran) bautismo, “fuimos llamados a la libertad” (Gal 5,13).

La libertad tiene dos polos: es libertad de y libertad para. Negativamente, es la libertad de: la libertad del pecado, de la ley, de la muerte, de las fuerzas de muerte propias de la idolatr铆a. Positivamente, se concreta como la libertad para Dios (cf. Rm 6,18-22; Gal 5,13; 1Pd 2,16; 1Cor 7,21s),聽 libertad para los dem谩s (cf.聽 Gal 5,13s.22s; 1Cor 6,12), libertad en Cristo y por medio de 茅l (cf. Gal 2,4; 5,1; Jn 8,36). La libertad seg煤n el Esp铆ritu de Cristo es聽 servicio mutuo (cf. Gal 5,13), da espacio a la libertad de los dem谩s, se limita por amor al otro (cf. 1Cor 8,13; Rm 14,20-21).

2.2.3 Bautismo-confirmaci贸n, sacramento de iniciaci贸n cristiana (TABORDA, 2013, p.132-163)

El proceso bautismal descrito en la “Tradici贸n Apost贸lica” tambi茅n muestra que es preciso aprender a ser cristiano porque, como dec铆a Tertuliano, “no nacemos cristianos; nos hacemos cristianos “(Apologeticus, c.18). Este proceso consiste en que, por el Esp铆ritu Santo, el candidato sea introducido en el misterio de Dios (mistagog铆a), ya que s贸lo en el Esp铆ritu tenemos acceso al Padre para clamar “Abba” (Rm 8.14- 17; Gal 4, 4-7). Sin 茅l, no se puede conocer al Padre (cf. 1 Cor 2,10-12) o confesar al Hijo (cf. 1 Cor 12,3). Por eso, tradicionalmente, el (gran) bautismo fue llamado聽 “iluminaci贸n”: s贸lo se puede tener acceso al misterio de Dios por la luz de lo alto.

Al igual que en el conocimiento entre las personas, tambi茅n聽 el conocimiento de Dios s贸lo es posible en la revelaci贸n mutua que se auto-supera en el amor: es un tipo de conocimiento no聽 meramente intelectual; 茅l se聽 da en la praxis del seguimiento de Jes煤s. El que se convierte a Cristo no s贸lo necesita ser instruido en la doctrina, sino ponerse en contacto con una persona viva a quien se entrega en el amor.

El seguimiento聽 es la concreci贸n de la fe en Jes煤s. 脡l va adelante (cf. Hb 12,2), pero junto con 茅l, sigui茅ndole, viene toda la “nube de testigos” (cf. Hb 12,1), a los cuales est谩 prometido llegar a la “plena realizaci贸n “(Hb 11,40). El camino del seguimiento de Jes煤s es comunitario, eclesial. Seguir a Jes煤s significa parecerse a 茅l (proximidad) por una pr谩ctica similar a la suya (movimiento subordinado), que tiene un desenlace como el suyo, en la cruz. Porque s贸lo desde la cruz se puede conocer a Jes煤s y por lo tanto al Padre, porque entonces realmente se rompen todos los esquemas humanos acerca de qui茅n es Dios y lo que significa ser Hijo de Dios. La cruz es聽 crisis y revoluci贸n en la idea de Dios. Dios,聽 que generalmente se considera como聽 poder,聽 fuerza y gloria, se muestra en la impotencia, la verg眉enza y la ignominia, en el absurdo (k茅nosis).

El Esp铆ritu Santo nos lleva a fijar la mirada en Jes煤s, para que en 茅l veamos al Padre (cf. Jn 14,9) y caminemos con 茅l hacia el Padre, porque toda su vida fue pasaje hacia el Padre (Pascua). Seguir a Jes煤s nos revela el rostro del Padre como nuestro Padre, porque, bajo la acci贸n del Esp铆ritu, somos hechos聽 鈥渉ijos en el Hijo鈥 por la fe y el bautismo.

En esta condici贸n, podemos dirigirnos al Padre en la apertura y la libertad (parrhes铆a) de hijas e hijos. Por eso, al rito de iniciaci贸n cristiana pertenece聽 “la entrega del Padre Nuestro”, que es el aprendizaje de la oraci贸n cristiana con sus caracter铆sticas propias, diferentes de las de otras religiones. La oraci贸n espec铆ficamente cristiana siempre se dirige al Padre, a trav茅s de la mediaci贸n del Hijo en el Esp铆ritu Santo, porque no es la oraci贸n de un extra帽o, sino de alguien que est谩 inserido en el misterio de Dios y en el cual聽 habita Dios por su Esp铆ritu (cf. 1 Cor 6 19). De hecho, por el Esp铆ritu Santo nos encontramos inmersos en el misterio de Dios que vino a nosotros en Jesucristo. Al Padre, por el Hijo, en el Esp铆ritu Santo, la oraci贸n del cristiano es la gracia de participar en la din谩mica聽 misma de la vida trinitaria.

Se destacan聽 dos elementos esenciales de la oraci贸n cristiana: la conciencia de no saber orar como conviene y, por lo tanto, dejar que el Esp铆ritu ore por nosotros “con gemidos indecibles” (cf. Rm 8,14-27); y no huir de la realidad para orar, sino dirigirnos al Padre a partir de聽 nuestra inserci贸n en la historia humana, escuchando y haciendo eco de los gemidos de la creaci贸n (cf. Rm 8.22-23).

2.3 La distinci贸n entre el bautismo y la confirmaci贸n (TABORDA, 2013, p.177-184; 234-266)

Hasta el momento fue explicada la gracia com煤n al bautismo y a la confirmaci贸n, que se puede resumir como la participaci贸n en el misterio pascual de Cristo y, por lo tanto, en la vida trinitaria. Ora, el misterio pascual con sus tres momentos (resurrecci贸n, ascensi贸n y Pentecost茅s) es una unidad diferenciada. An谩logamente, los sacramentos de la iniciaci贸n, en su unidad, se diferencian en聽 bautismo y聽 confirmaci贸n (y Eucarist铆a). Bautismo y聽 confirmaci贸n, mediante los gestos simb贸licos con que se realizan, se refieren a dos momentos del misterio pascual de Cristo: la muerte-resurrecci贸n (paso de la muerte a la vida) y Pentecost茅s (la efusi贸n del Esp铆ritu para el testimonio). El paso de la muerte a la vida est谩 simbolizado en el ba帽o bautismal porque el ahogamiento lleva a la muerte, pero de esta inmersi贸n en la muerte se sale con una vida nueva. Pentecost茅s se entiende por el聽 gesto simple y complejo de la imposici贸n de las manos y la unci贸n con 贸leo perfumado. La imposici贸n de manos es un gesto de bendici贸n; en este caso, la bendici贸n por excelencia que es el Esp铆ritu (cf. Lc 11,13). Ser marcado con un sello es se帽al de pertenencia a alguien, y b铆blicamente es tambi茅n un signo de salvaci贸n para el juicio escatol贸gico de Dios (cf. Ez 9,4-6, Ap. 7.3 y 9.4). En la confirmaci贸n, significa que ahora ya pertenecemos a Dios (cf. 2 Co 1,22), aunque esa聽 pertenencia todav铆a no se manifieste en plenitud (cf. 1 Jn 3,2). La unci贸n indica que por el bautismo- crisma somos sacerdotes, profetas y reyes. Como, sin embargo, se trata de 聽un 贸leo perfumado, el sacramento nos constituye, por nuestra propia vida, en testigos del Resucitado, pues el perfume permite percibir la presencia de alguien, incluso sin ver a la persona.

Los gestos simb贸licos distinguen los dos sacramentos (bautismo y confirmaci贸n), pero es en su unidad como ellos deben ser entendidos como participaci贸n en el misterio pascual. La eucarist铆a, tercer sacramento de la iniciaci贸n, tiene una caracter铆stica espec铆fica: es el sacramento cotidiano de nuestra entrega聽 con Cristo al Padre por la acci贸n del Esp铆ritu Santo. Nos da parte en el misterio pascual en cuanto sacrificio.

3 La dimensi贸n eclesial del bautismo-confirmaci贸n

La caracter铆stica del Sacramento es su dimensi贸n eclesial (鈫 Eclesialidad de los sacramentos). Existe una relaci贸n rec铆proca entre聽 Iglesia y聽 Sacramento,聽 expresada en el axioma “la Iglesia hace聽 los sacramentos; los sacramentos hacen la Iglesia鈥.

3.1 La Iglesia hace el bautismo-confirmaci贸n (TABORDA, 2013, p.271-291)

La misi贸n de la Iglesia se expresa en Mt 28,19-20, en t茅rminos de hacer todos los pueblos disc铆pulos de Jes煤s, bautiz谩ndolos. Bautizar es intr铆nseco al ser de la Iglesia. A ella cabe, no s贸lo iniciar en la fe por el (gran) bautismo, sino聽 tambi茅n proporcionar a los bautizados un crecimiento constante en la fe recibida en el bautismo, ya que si bien la fe es un acto personal, libre e intransferible, es esencialmente comunitaria. Siendo la fe adhesi贸n al misterio inagotable de Dios, nadie es capaz de vivirla plenamente; tiene que contrastarse siempre con otras maneras de acoger y vivir el Dios que se autocomunica por medio de Cristo en el Esp铆ritu Santo.

La Iglesia es creada por el Esp铆ritu de Cristo, que despierta la fe, mueve a la conversi贸n, act煤a en la iniciaci贸n. El Esp铆ritu Santo es el Esp铆ritu de unidad y diversidad. En el bautismo-confirmaci贸n 茅l聽 eleva los iniciados a la dignidad de hijos e hijas de Dios. Les da una dignidad que hace que todos los miembros de la Iglesia sean iguales. Pero, como聽 Esp铆ritu de聽 vida “en la variedad de los dones celestiales y la diversidad de los miembros,” hace “crecer con admirable unidad” del Cuerpo de Cristo (plegaria de ordenaci贸n diaconal de la liturgia romana). Como los miembros del cuerpo no son iguales, tambi茅n聽 cada miembro de la Iglesia tiene su carisma para ser vivido en armon铆a con otros carismas, pues todos provienen del Esp铆ritu que nos fue dado en el (gran)聽 bautismo.

3.2 El bautismo-confirmaci贸n hace la Iglesia (TABORDA, 2013, p.292-316)

Al dar a todos los cristianos igual dignidad, el (gran) bautismo crea la Iglesia como una comunidad de iguales. Gal 3,26-28 profesa que la Iglesia por el bautismo, es una comunidad donde todas las diferencias sociales, culturales, religiosas, nacionales, raciales y de g茅nero son superadas o al menos deber铆an serlo, porque todos fueron revestidos de Cristo. Lo que cuenta, desde el bautismo, no son los roles sociales, culturales y religiosos, sino el discipulado y el poder dado por el Esp铆ritu. Dando igualdad a jud铆os y griegos, esclavos y libres, hombres y mujeres, la Iglesia vive en tensi贸n constante, creada por el bautismo, entre la igualdad en Cristo y las desigualdades creadas por la sociedad.

La igualdad聽 bautismal se basa en la dignidad de sacerdotes, profetas y reyes, com煤n a todos los bautizados. Esta triple funci贸n se resume en dar testimonio de la fe. Como sacerdote, el cristiano proclama las maravillas de Dios en Cristo Jes煤s (cf. 1 Pe 2,9), adora a Dios con su vida, 聽rechazando los 铆dolos hist贸ricos de la riqueza, el poder, el placer y el saber, descubre la imagen de Dios ultrajada en el rostro del pobre. Como rey, concreta el reino en la busca de la justicia y el derecho, combatiendo contra los 铆dolos que, para vivir, exigen 聽la muerte de los pobres, luchando para implantar la igualdad bautismal, m谩s all谩 de todas las diferencias de raza, condici贸n social y de g茅nero que, en las condiciones concretas de la historia, s贸lo se hace privilegiando a quien es descartado. Como profeta, desenmascara la falta de fe como ego铆smo y聽 negaci贸n del otro, especialmente del pobre, se muestra libre para 聽Dios y para el pr贸jimo, denuncia toda desfiguraci贸n de la 聽imagen de Dios en el ser humano, que resulta de la explotaci贸n de unos por los otros.

Aunque la Iglesia sea una por el bautismo, existe en varias denominaciones, debido a los pecados de los cristianos. Desde este punto de vista, sirve lo que declar贸 el Documento de Lima (1982): “Nuestro 煤nico bautismo en Cristo constituye un llamamiento a las Iglesias para que superen sus divisiones y manifiesten ostensiblemente su comuni贸n”,聽 pues el bautismo “nos une a Cristo en la聽 fe鈥 y 鈥渆s as铆 un v铆nculo fundamental de unidad” (CONSEJO MUNDIAL DE IGLESIAS, 1982, n.6).

Francisco Taborda, SJ. FAJE, Belo Horizonte (Brasil). Texto original en portugues.

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