La Biblia como Palabra de Dios

脥ndice

Introducci贸n

1 Revelaci贸n

2 Inspiraci贸n

3 Inerrancia y Veracidad

4 Lenguas b铆blicas

5 Formaci贸n del Canon

6 Versiones Antiguas

6.1 La versi贸n aramaica

6.2 La versi贸n griega

6.3 Las versiones latinas

6.4 Otras versiones antiguas

7 Versiones Modernas

8 Biblia y Ciencias

9 Referencias Bibliogr谩ficas

Introducci贸n

El presente art铆culo aborda el recorrido y la din谩mica de los temas que, por un lado, caracterizan el ser y el actuar de Dios que se manifiesta y viene al encuentro del ser humano, y, por otro lado, denota la percepci贸n acogida y la reflexi贸n del ser humano, como respuesta a esa iniciativa divina, relaci贸n b谩sica para hablar de teolog铆a y 茅tica.

En este recorrido y din谩mica, los temas de la Revelaci贸n y la Inspiraci贸n conducen directamente a los temas de la Inerrancia y la Veracidad de los textos b铆blicos, que fueron escritos en hebreo, arameo y griego. Estas son las lenguas b铆blicas, que fueron cristaliz谩ndose durante un largo proceso hist贸rico, denominado Formaci贸n del Canon del Antiguo Testamento y del Nuevo Testamento.

Sin embargo, este conjunto de libros var铆a en su extensi贸n y n煤mero, seg煤n la aceptaci贸n de las Versiones Antiguas existentes que dieron origen a las innumerables Versiones Modernas de la Biblia. Con el surgimiento y difusi贸n de la cr铆tica literaria se dio inicio a una serie de Objeciones a la Biblia que, en el fondo, permitieron el desarrollo de interpelaciones y debates entre Biblia y Ciencias, las que en lugar de desacreditar la autoridad de la Palabra de Dios, acabaron por incentivar nuevas investigaciones y el descubrimiento de nuevas formas de abordaje y metodolog铆as.

1 Revelaci贸n

Por revelaci贸n se entiende el acto por medio del cual el propio Dios, en su bondad infinita, se dign贸 a hacerse presente y actuante en la historia, escenario de los acontecimientos, para darse a conocer al ser humano, eligi茅ndolo como su interlocutor, a trav茅s de actos y palabras conectados entre s铆. Dios, adoptando y haciendo uso de esa metodolog铆a, permiti贸 que el ser humano pudiese encontrarlo y experimentar su presencia y acci贸n de forma perceptible, a trav茅s de los sentidos, y 聽de forma inteligible, a trav茅s de la raz贸n. Si, por un lado, la experiencia de los hechos fundamenta las palabras, por el otro lado, las palabras preservan y explican los hechos.

Esta din谩mica demuestra que la Revelaci贸n posee, en s铆, un doble nivel: a) un nivel que se refiere al contenido revelado (ex parte Dei); b) un nivel que se refiere a la inteligencia del hombre en relaci贸n a ese contenido revelado (ex parte hominis). Los dos niveles no solamente involucran ambas partes, sino que comprometen sus respectivos papeles en la historia de la revelaci贸n.

La Dei Verbum n. 2, sobre eso, afirma: 鈥淓n esta revelaci贸n, Dios invisible (cf. Col 1,15; 1Tm 1,17), movido por el amor, habla a los hombres como amigos (cf. Ex 33,11; Jn 15,14-15), los trata (cf. Ba 3,38) para invitarlos y recibirlos en su compa帽铆a.鈥

Dios, al revelarse, asumi贸 la condici贸n, tanto de 鈥渟ujeto de la revelaci贸n鈥, como de 鈥渙bjeto de la revelaci贸n鈥. En el primer caso, fue Dios quien tom贸 la iniciativa de revelarse y manifestarse de forma accesible y al alcance de las capacidades con las que dot贸 al ser humano. En el segundo caso, Dios se torn贸 el contenido a ser experimentado, buscado y comprendido por el ser humano, capaz de percibir y de entrar en su misterio, para reconocerlo como su Creador. Sin embargo, la revelaci贸n no agota el misterio de Dios. Lo que Dios revel贸 al ser humano es lo necesario para que 茅ste realice su voluntad y descubra el sentido de su vida, de su existencia y de su fin 煤ltimo: participar de su 铆ntima comuni贸n de amor (cf. 2Pe 1,4).

Si la esencia de la revelaci贸n es el propio Dios, que se da a conocer al ser humano, entonces la naturaleza de la revelaci贸n consiste en el modo por el cual Dios se hace conocido y se deja encontrar. La revelaci贸n hist贸rica de Dios es el fundamento de la Historia de la Salvaci贸n. D谩ndose a conocer al ser humano, Dios inaugur贸, al mismo tiempo, la v铆a de acceso por la cual aquel puede encontrar respuestas para sus preguntas y deseos m谩s profundos. Al 鈥渄escubrir鈥 qui茅n es Dios, el ser humano tiene la posibilidad de auto-descubrirse y conocer no solamente su identidad, sino tambi茅n su misi贸n y su fin 煤ltimo (Teleolog铆a).

Si la revelaci贸n, por un lado, es auto-comunicaci贸n de Dios; por otro lado, debe ser comprendida como evento salv铆fico. Este evento comenz贸 con la Creaci贸n, se desarroll贸 en la historia religiosa del antiguo Israel y alcanz贸 su plenitud en el misterio de la encarnaci贸n, vida, ministerio p煤blico, muerte y resurrecci贸n de Jesucristo, para culminar con el env铆o del Esp铆ritu Santo. Por medio de esta trayectoria hist贸rica, Dios se dio a conocer como comuni贸n: Dios es Uno y Trino.

Por lo tanto, la revelaci贸n es, por un lado, un apelo de Dios en forma de encuentro y di谩logo familiar con el ser humano que cree en la experiencia que realiza y, por otro lado, una moci贸n, como abertura a la verdad, que reflexiona sobre su existencia a la luz de la fe.

2聽Inspiraci贸n

La concepci贸n y comprensi贸n que se tiene de la inspiraci贸n b铆blica est谩n en el orden de la fenomenolog铆a religiosa. Por medio de 茅sta se cree que una acci贸n especial de Dios puede suceder en determinadas personas que, investidas por el Esp铆ritu de Dios, recibieron un carisma , es decir, una gracia particular para poder hablar, actuar y escribir las palabras que el propio Dios quiso comunicar a los seres humanos para revelar sus designios salv铆ficos.

En el 谩mbito religioso, esa concepci贸n es universal y, por lo tanto, no es una caracter铆stica espec铆fica y exclusiva de la fe jud铆o-cristiana. Los pueblos antiguos (egipcios, asirios, babilonios, persas, griegos, romanos), porque eran religiosos, compartieron este mismo parecer. La raz贸n de eso es que la 鈥渃omunicaci贸n inspirada鈥 por la divinidad es un elemento factual y potencialmente vivo en la religiosidad de los pueblos anteriores y contempor谩neos al pueblo de Dios de la revelaci贸n.

En la ra铆z de esta religiosidad est谩 la aceptaci贸n de que las divinidades exist铆an y pod铆an ser invocadas por mediadores, a los cuales les manifestaban, sea un individuo o una comunidad, su voluntad. Por medio de esta comunicaci贸n se quiere saber cu谩les son los designios divinos, principalmente para obtener 茅xito en los proyectos y neutralizar las posibles desgracias.

Sin embargo, la nota espec铆fica que distingue la concepci贸n jud铆o-cristiana de los dem谩s pueblos reside, exactamente, en el hecho de que 茅sta considera como inspirados algunos textos que se tornaron normativos para la vida de cada individuo y de la comunidad entera. Esta recepci贸n es la que determina a esta comunidad religiosa como pueblo de la revelaci贸n.

Por inspiraci贸n divina de la Sagrada Escritura se entiende, entonces, el influjo particular y especial de Dios, ejercido en la vida y en las capacidades de todos los que, de forma directa o indirecta, estuvieron involucrados en el proceso de elaboraci贸n de los libros sagrados. Junto a esto, se admite que la inspiraci贸n es lo que define a Dios y a los seres humanos involucrados en ese proceso como verdaderos 鈥渁utores鈥 de los textos b铆blicos.

As铆, la Sagrada Escritura, como palabra de Dios revelada e inspirada, fue escrita bajo la acci贸n del Esp铆ritu Santo, como afirma la Dei Verbum n.11:

鈥淟a revelaci贸n de lo que la Sagrada Escritura contiene y ofrece ha sido puesta por escrito bajo la inspiraci贸n del Esp铆ritu Santo. La santa madre Iglesia, fiel a la fe de los ap贸stoles, reconoce que todos los libros del Antiguo y del Nuevo Testamento, con todas sus partes, son sagrados y can贸nicos, en cuanto que, escritos por inspiraci贸n del Esp铆ritu Santo (cf. Jn 20,31; 2Tm 3,16; 2Pe 1,19-21; 3,15-16), tienen a Dios como autor, y como tales han sido confiados a la Iglesia.鈥

Esta afirmaci贸n, a pesar de ser un acto de fe solemne del Magisterio de la Iglesia, no resolvi贸 los numerosos problemas que surgieron en los 煤ltimos tiempos, y que han exigido la atenci贸n de biblistas y te贸logos, a partir de los resultados obtenidos por los m茅todos exeg茅ticos, una reflexi贸n cada vez mayor, a fin de proporcionar una mejor comprensi贸n sobre el tema de la inspiraci贸n de la Sagrada Escritura.

El t茅rmino inspiraci贸n no existe en el Antiguo Testamento, pero su comprensi贸n puede ser deducida a partir de las f贸rmulas de introducci贸n de los or谩culos prof茅ticos: 鈥淎s铆 dice el Se帽or鈥 u 鈥淥r谩culo del Se帽or鈥, los cuales muestran que la concepci贸n del origen divino de la palabra transmitida a trav茅s de los Profetas. Jr 36,2.32 son un ejemplo de la puesta por escrito de la palabra prof茅tica. Junto a eso est谩 la firme convicci贸n de que la Torah (ley 鈥 instrucci贸n) contiene la palabra de Dios normativa para el antiguo Israel, la cual fue colocada por escrito por orden del propio Dios (Ex 34,27-28).

Ya en 2Tm 3,16 se encuentra la palabra the贸pneustos, que puede ser traducida como un valor de predicativo (鈥淭oda Escritura es inspirada por Dios鈥) o como un valor atributivo (鈥淭oda Escritura inspirada por Dios鈥). Jer贸nimo la tradujo como divinitus inspirata. Adem谩s de esa cita expl铆cita, 2Pd 1,19-21 afirma que ninguna profec铆a fue fruto de mera moci贸n humana, sino resultado de la acci贸n del Esp铆ritu Santo, por el cual algunos hombres hablaron en nombre de Dios. Esta certeza con relaci贸n a las palabras contenidas en los escritos prof茅ticos, fue extendida a los escritos de Pablo, dando a entender que hubo dificultad en la interpretaci贸n de la Escritura (2Pd 3,15-16).

De esa base b铆blica resulta la afirmaci贸n de que Dios, al transmitir su palabra, no dispens贸 a los seres humanos involucrados, sino que quiso revelarse y expresar su voluntad a trav茅s de la cooperaci贸n humana, vali茅ndose de su cultura, de su lengua y de sus formas literarias, sin que nada del contenido quedase comprometido. Si Dios no hubiese hablado de forma humana, la comunicaci贸n no se habr铆a establecido y su ser y su actuar no podr铆an haber sido percibidos y comprendidos por el ser humano. Es lo que est谩 expresado en la Dei Verbum n.11, asumiendo la posici贸n ya contenida en la Providentissimus Deus y en la Divino afflante Spiritu.

鈥淓n la composici贸n de los Libros sagrados, Dios se vali贸 de hombres elegidos, que usaban todas sus facultades y talentos; de este modo, obrando Dios en ellos y por ellos, como verdaderos autores, pusieron por escrito todo y s贸lo lo que Dios quer铆a.鈥

Por lo tanto, la posici贸n del Magisterio, en cuanto a la doctrina de la Revelaci贸n y de la Inspiraci贸n, posee su base en la centralidad que Jesucristo, el Verbo Encarnado, tiene en la Sagrada Escritura, pues 茅l es su clave de interpretaci贸n. De ese modo, el profetismo, como signo de la inspiraci贸n divina en el Antiguo Testamento y la realizaci贸n de las promesas, de la ley y de las profec铆a en el Nuevo Testamento, fundamentan la interpretaci贸n cristol贸gica que hace de toda Sagrada Escritura.

3 Inerrancia y Veracidad

De los temas de la Revelaci贸n y la Inspiraci贸n derivan los temas de la Inerrancia y la Veracidad de la Sagrada Escritura. Por Inerrancia se entiende la certeza de que el contenido de los libros de la Sagrada Escritura no tienen errores en lo que respecta 聽a la fe en la existencia de Dios, como fuente de conocimiento capaz de orientar el comportamiento humano.

La perspectiva sobre la inerrancia, que se encuentra en la Dei Verbum n. 11, revela que hubo la intenci贸n de optar por una comprensi贸n de tipo 鈥減ositivo鈥, en el sentido de que el texto, claramente, abandona el modelo 鈥渁polog茅tico鈥. Aunque se afirma que la Biblia no contiene errores, se percibe que el 茅nfasis recay贸 mucho m谩s sobre el hecho de que 鈥los Libros sagrados ense帽an s贸lidamente鈥 la verdad para nuestra salvaci贸n鈥. As铆, la inerrancia de la Biblia deja de ser el punto central de la cuesti贸n sobre la veracidad de la Sagrada Escritura, para que la verdad salv铆fica aparezca como corolario.

La inerrancia, entonces, implica admitir que la Sagrada Escritura ense帽a la verdad, no obstante pueden ser encontrados varios tipos de errores que ocurrieron en la transmisi贸n escrita de los textos. De esto se ocupa la cr铆tica textual, como paso metodol贸gico fundamental para reconstruir un texto da帽ado o para determinar qu茅 texto ser铆a el m谩s cercano de aquel que sali贸 de las manos del hagi贸grafo. Se observa, una vez m谩s, que la naturaleza de la posibilidad del 鈥渆rror鈥 no contradice la doctrina afirmada, porque admitir un error de transmisi贸n escrita no significa negar la posici贸n de la Iglesia en lo que se refiere a la inerrancia b铆blica, vinculada a la comunicaci贸n de la verdad que se hace menci贸n, exclusivamente, a la salvaci贸n del g茅nero humano y no a verdades de cu帽o hist贸rico o cient铆fico en el sentido moderno de esos t茅rminos.

As铆, la constataci贸n de los errores de graf铆a, a lo largo de la transmisi贸n escrita del texto, no compromete el sentido literal de la Sagrada Escritura que se logra cuando se toma cada texto con su identidad literaria y estructura contextual. El principio fundamental que rige y orienta la fe en la aceptaci贸n y comprensi贸n de la inerrancia b铆blica es la fe en que los textos ense帽an, con certeza, la verdad salv铆fica. Esta verdad se obtiene a partir de la comprensi贸n del conjunto del mensaje contenido en los textos.

Una vez que la finalidad de la Sagrada Escritura es comunicar qui茅n es Dios y cu谩l es su voluntad para el ser humano, es imprescindible recordar que los autores sagrados fueron personas totalmente integradas en el contexto vital de su tiempo, inmersos en su propia cultura, con todo lo que de limitado e inexacto 茅sta implicaba en cada 茅poca o per铆odo del proceso de formaci贸n de los libros b铆blicos. La 鈥渃iencia鈥 de los hagi贸grafos era emp铆rica y pertenec铆a al momento hist贸rico, geogr谩fico y cultural de cada uno. Eso no fue un obst谩culo, sino una condici贸n y el medio eficaz para que Dios se revelase, manifestase su voluntad y 茅sta fuese transmitida con fidelidad.

El conflicto, generado por corrientes racionalistas e iluministas, fue el de querer leer e interpretar la Sagrada Escritura con la atenci贸n dirigida solamente para dos puntos: la b煤squeda de la veracidad hist贸rica de las narrativas b铆blicas y la visi贸n de su contenido teol贸gico reducido a una mera producci贸n humana, sin que hubiese fundamentos cient铆ficos para las verdades afirmadas. El resultado fue la creaci贸n de un abismo entre la verdad salv铆fica, transmitida en la Sagrada Escritura, y la verdad acad茅mica, comprobada por la ciencia. Eso ser谩 tratado m谩s adelante en el tema Biblia y Ciencias.

4 Lenguas b铆blicas

Los libros del Antiguo Testamento fueron escritos en hebreo, arameo y, en algunos casos, en griego. Ya el Nuevo Testamento fue escrito en griego popular, denominado koin茅. Algunos libros del Antiguo Testamento, presentes en el canon cat贸lico, fueron conservados solamente en griego por la Septuaginta o, simplemente, LXX, como es conocida. Son los libros de: Tob铆as, Judith, 1-2 Macabeos, Eclesi谩stico, Sabidur铆a e Baruc.

El hebreo es una forma dialectal que estaba en circulaci贸n en Palestina, juntamente con el arameo, el cananeo meridional (cartas de Amarna), el fenicio-p煤nico, el moabita y el ugar铆tico. 脡ste, en particular, ayuda a comprender la pre-historia del hebreo, desde su forma m谩s antigua, denominada paleohebreo, hasta asumir la forma cuadrada con el uso del alfabeto arameo. En el Antiguo Testamento, para indicar el paleohebreo se usaba 鈥渓engua de Can谩鈥 (cf. Is 19,18) o 鈥渓engua jud铆a鈥, para distinguirlo del arameo hablado por los neo-babilonios (cf. 2Rs 18.26.28; Ne 13,24).

As铆, el hebreo b铆blico es una denominaci贸n tard铆a que aparece citada en el pr贸logo del libro del Eclesi谩stico, como siendo la lengua en la que fueron escritos los libros contenidos en la Tor谩, en los Profetas y en los otros Escritos (TaNaK). El desarrollo del hebreo b铆blico, de cierta forma, se confunde con el proceso de formaci贸n de los libros del Antiguo Testamento y su uso fue siendo identificado, cada vez m谩s, con la forma ling眉铆stica usada en el juda铆smo jerosolimitano.

A partir del siglo VI a.C., el hebreo fue siendo suplantado por el uso del arameo como lengua hablada y tambi茅n escrita. Algunos textos del Antiguo Testamento fueron escritos en arameo imperial o diplom谩tico: Esd 4,8-6,18; 7,12-26; Dn 2,4b-7,28 (estos textos no aparecen en las ediciones protestantes de la Biblia); Jr 10,11 y dos palabras en Gn 31,47. Despu茅s de las conquistas de Alejandro Magno y la difusi贸n del helenismo, el griego fue impuesto como lengua hablada, pero el arameo fue conservado en diferentes formas dialectales.

A partir del siglo IV a.C., el griego koin茅 se torn贸 el principal veh铆culo ling眉铆stico, hablado y escrito, para propagar el helenismo en un vasto imperio, como cultura dominante, pero principalmente como forma de gobierno. Este camino abierto sirvi贸 para que diferentes creencias religiosas se difundiesen r谩pidamente en todo el mundo, favoreciendo el intercambio religioso, principalmente las llamadas religiones de misterio. Fue por causa de esto que la palabra sincretismo gan贸 tambi茅n una fuerte connotaci贸n religiosa.

La Septuaginta y los primeros documentos producidos por el cristianismo, que dieron origen a los textos del Nuevo Testamento, fueron escritos en griego koin茅 hablado y no en su forma culta y literaria, el griego cl谩sico. Los cristianos, al asumir la LXX como texto oficial de las escrituras de los jud铆os, porque conten铆an las antiguas promesas mesi谩nicas, aprovecharon ese elemento ling眉铆stico, como fuerza comunicativa, y consiguieron llevar, para el mundo greco-romano, la fe y las ense帽anzas de Jesucristo, que cumpli贸 todas las Sagradas Escrituras.

5 Formaci贸n del Canon

El vocablo griego 鈥渒an么n鈥 deriva de una palabra semita que en acadio es qin; en ugar铆tico es qn; en asirio es qan没; y en hebreo es q芒neh. Esa terminolog铆a pas贸 a las lenguas neolatinas a trav茅s del lat铆n canna, que en espa帽ol significa 鈥渃a帽a o bast贸n鈥. En el Antiguo Cercano Oriente, el canon era una vara recta o barra, similar a lo que se llama de regla y que serv铆a de criterio, es decir, representaba una unidad de medida utilizada por alba帽iles o carpinteros (cf. Ez 40,5.6.7.8). El t茅rmino, en sentido metaf贸rico-figurado, denotaba tambi茅n una regla, una norma, un grado de excelencia o un criterio-par谩metro con el cual una persona pod铆a juzgar si una doctrina, un raciocinio o un juicio estaba correcto, es decir, de acuerdo con la realidad. El t茅rmino canon ser谩 utilizado tambi茅n, con ese sentido de serie o elenco, para ser aplicado a la lista de libros sagrados de los jud铆os y los cristianos.

Desde el punto de vista b铆blico, entonces, el canon indica un conjunto de escritos que jud铆os y cristianos consideran como normativos para la vida de fe individual y comunitaria. Al determinar el canon de sus escrituras sagradas, tanto el juda铆smo como el cristianismo estaban definiendo su propia identidad de fe. El criterio fundamental para que un libro sea considerado can贸nico es el reconocimiento de que fue inspirado por Dios y, por lo tanto, contiene la revelaci贸n de la verdad que Dios quiso transmitir.

El proceso de formaci贸n del canon del Antiguo Testamento no fue igual que el del Nuevo Testamento. Los libros que componen el Pentateuco, los Libros Hist贸ricos, los Libros Prof茅ticos y los Libros Sapienciales pasaron por un largo proceso de redacci贸n hasta llegar a su forma final. Este proceso dur贸, aproximadamente, 1000 a帽os para el Antiguo Testamento. Ya para el Nuevo Testamento, el proceso fue m谩s breve y llev贸 cerca de 150 a帽os.

La elaboraci贸n y aceptaci贸n de nuevos libros por parte de los cristianos fue lo que llev贸 a los jud铆os a establecer los cuatro criterios b谩sicos para que un libro fuese aceptado como can贸nico, al final del siglo I d.C., probablemente durante el s铆nodo de los antiguos rabinos realizado en Jamnia, que defini贸 el canon jud铆o de los 39 libros que forman la Biblia hebrea. El primer criterio se refer铆a a la lengua, ten铆a que haber sido escrito en hebreo, considerada como lengua sagrada. El segundo criterio se refer铆a al lugar, ten铆a que haber sido escrito en la regi贸n de Palestina. El tercer criterio se refer铆a a la 茅poca, ten铆a que haber sido escrito antes de las reformas emprendidas por Esdras y Nehem铆as, que dieron origen al juda铆smo. El cuarto criterio se refer铆a a la conformidad con la Tor谩 de Mois茅s. Este era el principal criterio, pues con relaci贸n al cristianismo naciente, serv铆a de base para refutar muchas de las afirmaciones contenidas en los escritos que formar铆an el Nuevo Testamento.

El canon de libros del Antiguo Testamento es diferente en la Biblia Hebrea, en la Biblia Griega y en la Biblia Cristiana. La primera est谩 subdividida en tres bloques: Tor谩, Nebi鈥櫭甿 y Ketub卯m. La segunda es com煤nmente subdividida en Legislaci贸n, Historia, Po茅ticos y Prof茅ticos. La tercera es dividida en libros Hist贸ricos, Po茅ticos y Prof茅ticos, pero es necesario hacer una distinci贸n. La Biblia Protestante sigue el mismo canon de la Biblia Hebrea y, por eso, posee 39 libros, ya que no forman parte del canon los siguientes libros: Tob铆as, Judith, 1-2 Macabeos, Sabidur铆a, Eclesi谩stico y Baruc. Adem谩s de estos libros, tambi茅n algunos suplementos propios de la versi贸n griega, presentes en los libros de Ester y Daniel, fueron reconocidos como can贸nicos por la Iglesia Cat贸lica y, a partir de 1566, pasaron a ser denominados deuterocan贸nicos.

El t茅rmino deuterocan贸nico, aplicado a esos siete libros y suplementos, no es muy adecuado, pues, estrictamente, no significa que ellos fueron introducidos en el canon de la Iglesia Cat贸lica en un segundo momento. Designa, sin embrago, aquellos libros sobre los cuales el car谩cter inspirado y can贸nico hab铆a sido puesto en duda por algunos autores cristianos de la antig眉edad, entre los cuales estuvo San Jer贸nimo, traductor de la Biblia para el lat铆n, denominada Vulgata.

La primera carta de Pablo a los Tesalonicenses fue un escrito ocasional que inaugur贸 el conjunto de los escritos que formar铆an el Nuevo Testamento. El evangelio seg煤n Marcos fue, probablemente, el primero del g茅nero, seguido despu茅s por Lucas, Mateo y, al final del siglo I. d.C., por Juan. Estas atribuciones, sin embrago, son posteriores a los propios escritos y se remontan a los Padres de la Iglesia que fueron, ciertamente, los responsables por determinar qu茅 libros formar铆an parte del canon cristiano.

La canonicidad de un escrito del Nuevo Testamento puede ser admitida, en l铆neas generales, cuando su contenido puede ser identificado con la fe de la Iglesia primitiva. Junto con eso, el testimonio, como expresi贸n del tiempo que se vincula al evento Jesucristo, fue igualmente determinante. En general, criterios externos e internos fueron formulados para definir qu茅 libros formar铆an parte del Nuevo Testamento.

En cuanto a los criterios externos, en primer lugar, se evoca la 鈥渁utoridad de los autores鈥, mucho m谩s relacionada a la Tradici贸n que a evidencias hist贸ricas. En segundo lugar, 鈥渆l tiempo privilegiado de los or铆genes鈥, es decir, el per铆odo apost贸lico. En tercer lugar, la 鈥渙rtodoxia de la doctrina contenida en los escritos鈥, derivada ya sea de las ense帽anzas de Jesucristo, ya sea de la autoridad transmitida a los ap贸stoles. En cuarto lugar, 鈥渆l uso lit煤rgico鈥, por el cual los escritos eran proclamados p煤blicamente en una reuni贸n oficial de la Iglesia.

En cuanto a los criterios internos, se evoca el reconocimiento de la experiencia y acci贸n del Esp铆ritu Santo en la vivencia de la comunidad que acoge y elabora, dando una forma al contenido oral o escrito que recibe. Lo m谩s importante es reconocer a la Iglesia dentro de un proceso vivo y abierto, llamado Tradici贸n, que acoge y se apropia de lo que fue transmitido a trav茅s de los autores reconocidamente inspirados.

El canon de las Escrituras es, para la Iglesia de todos los tiempos, la verdadera y propia norma non normata, acontecida y revelada, impl铆citamente, en el per铆odo apost贸lico y elaborada, expl铆citamente, en las decisiones que la Iglesia tom贸 a lo largo de los siglos, principalmente a trav茅s de las disposiciones y afirmaciones fruto de los Concilios Ecum茅nicos.

6 Versiones antiguas

Con el t茅rmino 鈥渧ersiones鈥 se designan las diversas formas en que la Sagrada Escritura fue divulgada a lo largo de los siglos, tanto en lenguas originales como en las diversas traducciones que fueron hechas para otras lenguas. Es posible, entonces, que varias versiones tengan origen en una misma traducci贸n y que diversas traducciones hayan sido realizadas a partir de una versi贸n. De ah铆 resultan las familias textuales de la Sagrada Escritura.

6.1聽La versi贸n aramea

Los libros sagrados fueron escritos en hebreo y as铆 eran le铆dos en las asambleas lit煤rgicas, pero el pueblo, despu茅s del exilio en Babilonia, adopt贸 el arameo como lengua hablada y escrita, por ser la lengua internacional usada por los dominadores persas. De este hecho, fue necesario que los 鈥渢raductores鈥 interpretaran para el arameo lo que era le铆do en hebreo. Cuando se trataba de un texto de la Tor谩, la traducci贸n era hecha a cada vers铆culo. Cuando se trataba de un texto prof茅tico, la traducci贸n era hecha cada tres vers铆culos. Se puede decir que este procedimiento sinagogal fue un verdadero trabajo de traducci贸n simult谩nea ya en la antig眉edad.

Al inicio, esa traducci贸n fue solamente oral, pero a partir del siglo I a.C., comenz贸 a hacerse tambi茅n por escrito, originando la versi贸n targ煤mica de la Sagrada Escritura. Existen libros en arameo de casi toda la TaNaK, excepto de los libros de Esdras, Nehem铆as y Daniel. Cuando los t谩rgums son comparados con el Texto Masor茅tico, reproducido en el C贸dice de Leningrado, se notan algunas diferencias. Estas son explicadas, la mayor铆a de las veces, llevando en consideraci贸n que, en la base de los t谩rgums estar铆a un texto hebreo conson谩ntico anterior al que se torn贸 normativo a partir de Jamnia, y porque la traducci贸n en arameo era libre y de car谩cter explicativo.

6.2 La versi贸n griega

A partir del siglo III a.C., los jud铆os de la di谩spora, que fueron a vivir a Alejandr铆a, en Egipto, preocupados con la transmisi贸n de la fe y las costumbres jud铆as a los hijos que nac铆an en tierras dominadas por el helenismo, e incentivados por el rey Ptolomeo II, comenzaron un trabajo de traducci贸n de la Tor谩 al griego, a partir de un texto hebreo conson谩ntico denominado por los estudiosos de Proto Masor茅tico. Una antigua leyenda cuenta que setenta ancianos jud铆os de Alejandr铆a fueron escogidos y designados para realizar esa traducci贸n. De ah铆 resultar谩 la denominaci贸n de Septuaginta para la versi贸n griega de la Biblia Hebrea. Despu茅s de la traducci贸n de la Tor谩, el trabajo continu贸 y, al final del siglo I a.C., todos los libros estaban traducidos, y tambi茅n surgieron otros en lengua griega que, m谩s tarde, no fueron aceptados por los jud铆os de Jamnia, pero algunos fueron adoptados por los cristianos. Entre esos est谩n los deuterocan贸nicos.

La LXX fue fundamental para la expansi贸n del cristianismo fuera de Palestina, ya que el hebreo y el arameo circunscrib铆an las Sagradas Escrituras solamente a los jud铆os. Gracias al griego, adoptado como lengua cultural en el vasto Imperio Romano, la campa帽a misionera cristiana, muy favorecida por el ap贸stol Pablo, pudo, en primer lugar, tornar conocida las Sagradas Escrituras de los jud铆os y, en segundo lugar, favoreci贸 el surgimiento de los escritos que compondr铆an el futuro canon del Nuevo Testamento.

6.3 Las versiones latinas

No obstante, el griego fuese una lengua muy apreciada. El lat铆n tambi茅n ten铆a una fuerza muy grande, principalmente debido a su valoraci贸n por poetas y escritores como Virgilio, C铆cero, Horacio y Ovidio. Con la simpat铆a del emperador Constantino por el cristianismo, pues su conversi贸n real, como todo parece indicar, sucedi贸 poco antes de su muerte, y la proclamaci贸n de la religi贸n cristiana como oficial para todo el Imperio Romano por el emperador Teodosio, hubo una intensa popularizaci贸n del cristianismo, que ocasion贸 la traducci贸n de la Biblia al lat铆n. Varias versiones surgieron, pero la m谩s importante fue la Vetus Latina que estuvo muy en boga en el norte de 脕frica, ya que el lat铆n era la lengua m谩s popular. La Vetus Latina fue, probablemente, la Biblia de San Agust铆n.

En el siglo IV d.C., San Jer贸nimo recibi贸 y acogi贸 el pedido del Papa D谩maso I para que revise la traducci贸n de la Biblia al lat铆n, pues hab铆a una gran circulaci贸n de versiones discordantes. La obra emprendida por San Jer贸nimo qued贸 conocida como Vulgata, cuja sigla es Vg. Esta traducci贸n, inicialmente, no tuvo el mismo impacto que la Vetus Latina y solamente fue adoptada como versi贸n oficial de la Iglesia Cat贸lica Occidental (Romana) durante el Concilio de Trento (1545-1563). Su impresi贸n fue patrocinada por los Papas Sixto V y Clemente VI, raz贸n por la cual pas贸 a ser conocida como Vulgata sixto-clementina. Dos revisiones fueron hechas despu茅s del Concilio Vaticano II (1963-1965), una promovida por el Papa Pablo VI y otra por San Juan Pablo II, ambas encomendadas a los monjes de la Abad铆a de San Jer贸nimo en Roma, y la nueva publicaci贸n, considerando las investigaciones b铆blicas recientes y una mayor aproximaci贸n al hebreo, arameo y griego, se llam贸 Nueva Vulgata.

6.4 Otras versiones antiguas

Adem谩s de las traducciones griegas y latinas, otras versiones, totales o parciales, surgieron en los primeros siglos del cristianismo en lengua siria (Peshita), egipcia (copta), armenia, etc. que todav铆a son usadas en la liturgia de esas ramas del cristianismo ortodoxo.

7聽Versiones modernas

Las versiones parciales o totales de la Biblia se multiplicaron, en los 煤ltimos siglos, en un incontable n煤mero de nuevas 鈥渧ulgatas鈥 en lenguas germ谩nica y anglo-sajona: alem谩n e ingl茅s; y en lenguas neolatinas: italiano, franc茅s, espa帽ol, portugu茅s, etc. Las versiones elaboradas por los protestantes salieron al frente y reci茅n con el Papa Benedicto XIV (1757) es que las versiones cat贸licas, teniendo la Vulgata como texto oficial, comenzaron a aparecer con m谩s frecuencia y siempre bajo la aprobaci贸n de la Santa Sede o, fuera de la Urbe, bajo la constante vigilancia de los Obispos. Tanto el antiguo C贸digo de Derecho Can贸nico de 1917 (can. 1391), como el nuevo C贸digo de 1983 (can. 825) regularon las traducciones que, sin duda alguna, ganaron grandes est铆mulos en el Concilio Vaticano II, en la Dei Verbum n. 22.

En este punto, ser谩n citadas, solamente, las de mayor relevancia y que tuvieron mayor impacto.

En alem谩n, la m谩s famosa es la versi贸n de Lutero, que fue la primera traducida a partir de las lenguas originales. En verdad, esa versi贸n acab贸 por tornarse el par谩metro de unificaci贸n para la futura lengua alemana oficial, ya que eran muchos los dialectos. Lutero no descuid贸 su traducci贸n, buscando siempre la palabra m谩s adecuada, y tuvo presente tanto la Vulgata como los comentarios patr铆sticos de su 茅poca. 脡l us贸 para el Antiguo Testamento la versi贸n latina del texto hebreo hecho por Sante Pagnini, que lo dividi贸 en vers铆culos, se sirvi贸 inclusive de la ayuda de jud铆os y de la edici贸n de Erasmo de la Septuaginta para el Nuevo Testamento.

Del lado cat贸lico, entre las varias traducciones, dos fueron muy apreciadas: la editada por Weitenauer (Augsburgo, 1783-1789) y la de Loch 鈥 Reischl (1851-1866), a partir de la Vulgata, aunque provista de un aparato cr铆tico, considerando las variantes del hebreo y del griego. En 1972, para el Nuevo Testamento, y en 1974, para el Antiguo Testamento, surgi贸 una edici贸n conjunta de la Biblia, involucrando a los obispos de Alemania, Austria, Suiza, Luxemburgo y L眉ttich. En 1980, esa edici贸n sufri贸 una revisi贸n.

En anglo-saj贸n, las versiones m谩s conocidas y difundidas son la King James鈥 Bible (1604), encomendada por el rey anglicano Jaime; la Authorized Version (1607-1611); la Standard Version (1881, para el NT, y 1884, para el AT); la American Standard Version (1900-1901); la Revised Standard Version (1946-1957); la New English Bible (1961-1970), fruto deseado de una reuni贸n de las principales Iglesias protestantes; y la Good News Bible, que fue publicada en 1976 tanto en Londres como en Nueva York.

En italiano, antes del Concilio de Trento, surgieron la Bibbia di Nicol貌 Malermi y la traducci贸n de Antonio Brucioli, hecha a partir de las lenguas originales. La versi贸n italiana de la Vulgata fue obra de Antonio Martini, en 23 vol煤menes. Entre 1923-1958, surgi贸 una traducci贸n en italiano, editada por Alberto Vaccari y colaboradores del Pontificio Instituto B铆blico, a partir de las lenguas originales, con notas de cr铆tica textual y comentario. A partir de 1943, a帽o de la publicaci贸n de la Enc铆clica Divino afflante Spiritu, de P铆o XII, surgieron La Sacra Bibbia, obra organizada por Garofalo y Rinaldi, y un gran n煤mero de nuevas versiones con comentarios cient铆ficos, entre las cuales se destaca la Nuovissima versione della Bibbia en 46 vol煤menes, que, en 1983, fue reunida en un 煤nico volumen. Muchas otras podr铆an ser citadas, sin embargo, un destaque va para la Bibbia di Gerusalemme (1974; 1993), que trae el texto oficial de la Conferencia Episcopal Italiana, Bibbia CEI (1974), con las notas de la Bible de J茅rusalem.

En franc茅s, la primera versi贸n completa fue la Bible de Sainte Louis IX, del siglo XIII, traducida del lat铆n. En 1535, un primo de Calvino, Olivetano public贸 una traducci贸n a partir de los originales y que sirvi贸 de base para futuras versiones protestantes hasta el siglo XIX. Las tres versiones completas m谩s importantes fueron la Bible de J茅rusal茅m que, inicialmente, surgi贸 en 43 vol煤menes (1948-1952) y, despu茅s, en un 煤nico volumen (1956); la Bible de La Pl茅iade, organizada por Dhorme (1956-1959); y la Sainte Bible, dirigida por Pirot y Clamer (1935-1959). Finalmente, la Traduction Oecum茅nique de la Bible (TOB), fruto de la colaboraci贸n entre cat贸licos y protestantes que apareci贸 en 1975 y fue revisada en 1988.

En espa帽ol, hubo versiones parciales anteriores al Concilio de Trento, pero por causa de la Inquisici贸n espa帽ola, las publicaciones cat贸licas y la lectura de la Biblia fueron prohibidas en lengua vulgar. Esta situaci贸n dur贸 hasta 1780. En contrapartida, entre los jud铆os y los protestantes la historia fue diferente y surgieron la Biblia de los hebreos o del Ferrara y la Biblia del Oso, que fue la primera versi贸n completa en espa帽ol (1567-1569) y fue traducida directamente de la versi贸n hebrea de Sainte Pagnini y, ling眉铆sticamente, supera a la Biblia del Ferrara. En el siglo XX, surgen la edici贸n organizada por Nacar鈥揅olunga en Madrid (1944 y revisada en 1968); la edici贸n de Bover鈥揅antera, tambi茅n en Madrid (1947 y revisada en 1962); la Sagrada Biblia de Cantera鈥揑glesias, que es una versi贸n cr铆tica hecha a partir de las lenguas originales (1975). De gran valor literario es la Biblia del Peregrino, en 3 vol煤menes, dirigida por Alonso Sch枚kel (1996).

En portugu茅s, hubo, desde antes del Concilio de Trento, varias iniciativas de traducci贸n de la Biblia, pero que nunca llegaron a una edici贸n completa en Portugal. Jo茫o Ferreira de Almeida fue el primero en traducir la Biblia para la lengua portuguesa, lo hizo a partir de las lenguas originales, comenzando por el Antiguo Testamento y usando el Textus Receptus. Almeida no consigui贸 traducir todo el Antiguo Testamento. En 1691, a帽o de su muerte, hab铆a conseguido llegar hasta Ez 48,12. La traducci贸n fue completada por Jacobus van den Akker en 1694. En tono comparativo, puede decirse: lo que la traducci贸n de Lutero fue para el alem谩n, la traducci贸n de Jo茫o Ferreira represent贸 para el portugu茅s. En los 煤ltimos treinta a帽os, la traducci贸n de Almeida, como es m谩s conocida, recibi贸 varias revisiones, dando origen a nuevas ediciones: Almeida Corrigida Fiel; Almeida Revista e Atualizada; Almeida Revista e Corrigida.

Adem谩s de la traducci贸n de Almeida, la traducci贸n del padre Ant么nio Pereira de Figueiredo tambi茅n obtuvo una gran aceptaci贸n. Entre 1778-1781 public贸, en 6 vol煤menes, el Nuevo Testamento. Entre 1782-1790, en 17 vol煤menes, public贸 el Antiguo Testamento. En 1819 fue publicada una versi贸n en 7 vol煤menes y, en un 煤nico volumen, en 1821.

En Brasil, la primera traducci贸n completa de la Biblia, erudita en sus caracter铆sticas y bien literal a partir de las lenguas originales, surgi贸 en 1917; cont贸 no solamente con la participaci贸n de te贸logos, sino tambi茅n con la revisi贸n ling眉铆stica y literaria de Ruy Barbosa. Entre 1950 y 1990, la entonces Editorial Paulinas public贸 la versi贸n del padre portugu茅s Mattos Soares que tradujo directamente de la Vulgata, en la d茅cada de 1930. En 1976 surgi贸, basada en la versi贸n francesa, la edici贸n de la B铆blia de Jerusal茅m tambi茅n por la entonces Editorial Paulinas, que cont贸 con la participaci贸n de muchos especialistas. En 2002, ya por la Paulus, surgi贸 la nueva edici贸n de la B铆blia de Jerusal茅m, revisada y ampliada. La B铆blia Sagrada, editada por la Vozes y bajo la coordinaci贸n general de Ludovico Garmus, cont贸 con varios biblistas y fue publicada, a partir de las lenguas originales, en 1982. En ese mismo a帽o, la B铆blia Mensagem de Deus publicada por la Loyola. En 1990, bajo la coordinaci贸n de Ivo Storniolo, fue publicada la B铆blia Sagrada Edi莽茫o Pastoral, pensada m谩s para los laicos y que fue reeditada (2014) en su nueva edici贸n: Nova B铆blia Pastoral. Finalmente, para conmemorar el jubileo de oro de la CNBB, en 2001 fue publicada la B铆blia CNBB; su revisi贸n est谩 en proceso.

8 Biblia y Ciencias

La Biblia recibi贸, a partir de los resultados de la cr铆tica literaria, un gran n煤mero de objeciones de los medios cient铆ficos ligados a la Historia, a la Arqueolog铆a y, tambi茅n, a las Ciencias Naturales. La juventud, por tener mayor acceso a los estudios, es la m谩s influenciada y dispuesta a levantar banderas, cuando se deparan con docentes capaces de presentar criterios y argumentos que, a primera vista, parecen irrefutables.

No pocas veces, se escuchan cuestionamientos, posicionamientos y comentarios oriundos tanto de los medios acad茅micos, como tambi茅n populares, del tipo: 鈥淟a Biblia no es una fuente confiable de historia y para la historia鈥, innumerables estudios derivados de la Arqueolog铆a y de la Historia comparada de las religiones comprueban eso; o 鈥淟a Biblia no dice la verdad, porque las Ciencias Naturales contradicen sus afirmaciones, principalmente sobre el origen y la evoluci贸n del universo y las formas de vida, en particular la humana, sobre el planeta tierra鈥. La discusi贸n, entonces, pasa a oscilar entre mito y verdad.

En la ra铆z de esas afirmaciones est谩n, sin duda, certezas de orden cient铆fico, pero tambi茅n est谩n prejuicios o falta de informaci贸n sobre la naturaleza de la Biblia. S煤mase a eso, la dicotom铆a que permea muchos espacios humanos, colocando en conflicto fe y raz贸n. Por un lado, se encuentran los defensores fide铆stas y fundamentalistas de las verdades b铆blicas, que ignoran los postulados de la Ciencia. Por otro lado, se encuentran los defensores de las posiciones racionalistas, iluministas y positivistas que ignoran los varios sentidos contenidos en los textos b铆blicos. Para ellos, la 煤nica verdad que existe y debe ser aceptada es la verificada, que deriva de la comprobaci贸n cient铆fica basada en la repetici贸n de experiencias. En muchos casos, los dos grupos se 鈥渆xcomulgan鈥 rec铆procamente.

Delante de este impase, entonces, es importante que se haga una distinci贸n sobre la naturaleza de los textos b铆blicos y los objetos de estudio de las ciencias. As铆, es posible conceder, en parte, la raz贸n para ambos lados, desde que haya mutuo inter茅s en buscar una posici贸n equilibrada y capaz de generar di谩logos provechosos, en los cuales sean respetadas las competencias. Para que eso suceda de manera oportuna y eficaz, se hace igualmente necesario que las verdades b铆blicas y las verdades cient铆ficas no sean colocadas en el mismo nivel y a la misma altura.

Si el horizonte de la Ciencia es lo desconocido y lo todav铆a no solucionado, por ejemplo, sobre la formaci贸n de la materia y la comprensi贸n de la anti-materia, del universo, por cierto, en expansi贸n; el horizonte de la Biblia es el ser humano orientado para la armon铆a de su ser y la b煤squeda de la felicidad. Cuando los dos horizontes se alinean y no se ofuscan, como en un eclipse, son superadas las incertezas e iluminadas las oscuridades de la historia del saber humano, y se proyecta luz sobre las realidades inaccesibles a la raz贸n.

A fin de facilitar ese di谩logo, ya desde el siglo XIX, los estudiosos de la Biblia vieron la necesidad de aplicar a los textos metodolog铆as y abordajes cient铆ficos, para alcanzar resultados m谩s convincentes con respecto a su teolog铆a y el mensaje en ellos contenidos. El principal fue el M茅todo Hist贸rico-Cr铆tico, de 铆ndole diacr贸nica, que fue asumido por los c铆rculos filos贸ficos preocupados con establecer los textos originales de los fil贸sofos de la antig眉edad. Este m茅todo re煤ne una serie de procedimientos literarios, con la pretensi贸n de alcanzar la g茅nesis y los procesos hist贸ricos existentes detr谩s de los textos.

En los 煤ltimos a帽os, a pesar de los muchos frutos obtenidos, esta metodolog铆a recibi贸 fuertes cr铆ticas, porque ella sola no consigue dar cuenta de toda la problem谩tica y la riqueza encerrados en los textos b铆blicos. Junto con esa constataci贸n, los resultados obtenidos son, en muchos casos, hasta contradictorios, colocando las verdades encontradas como blanco de relevantes cuestionamientos. Esto hizo surgir, en el mundo exeg茅tico-teol贸gico, nuevos abordajes y metodolog铆as, no menos rigurosas y de 铆ndole m谩s sincr贸nica, mucho m谩s preocupadas y enfocadas en la Biblia como literatura, mostrando que sus autores y sus reflexiones estaban plenamente insertos en el contexto del Antiguo Cercano Oriente.

Leonardo Agostini, PUC- Rio, Brasil. Texto original en portugu茅s.

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