Religi贸n y religiones en la Biblia

脥ndice

Introducci贸n

1 La religi贸n de Israel en su contexto religioso y cultural

1.1 La religi贸n de los patriarcas y matriarcas

1.2 Religi贸n en la Monarqu铆a

1.3 Religi贸n en el exilio

1.4 Religi贸n en el per铆odo persa

1.5 La religi贸n en el per铆odo helen铆stico

2 La religi贸n cristiana del Nuevo Testamento en su contexto religioso y cultural

2.1 Jes煤s de Nazaret, encarnado, crucificado y resucitado

2.2 El movimiento de Jes煤s y las primeras comunidades cristianas

2.3 Comunidades en Asia Menor, Grecia y Roma

2.4 Iglesias cristianas

Referencias

Introducci贸n

El tema es amplio y complejo, ya que abarca el juda铆smo y el cristianismo, con sus relaciones mutuas, en interacci贸n con innumerables sistemas religiosos diferentes. Al mismo tiempo, la unidad de la religi贸n b铆blica est谩 asegurada por un hilo conductor que atraviesa el canon establecido y aceptado conocido como Antiguo y Nuevo Testamento, que comprende la Biblia hebrea y las Escrituras cristianas. Para comprender la interacci贸n con otras religiones son 煤tiles las aportaciones de la arqueolog铆a y otros documentos, correspondientes a las 茅pocas de la historiograf铆a b铆blica. El an谩lisis est谩 guiado por una lectura cr铆tica y completa.

El tema tambi茅n es amplio y complejo porque involucra Teolog铆a e Historia. Desde un punto de vista teol贸gico, la religi贸n b铆blica parte del dato revelado, la fe en Dios que se manifiesta a la humanidad. Desde un punto de vista hist贸rico, esta religi贸n se encarna en un determinado contexto cultural, sufre adaptaciones y evoluciona, en un proceso de asimilaci贸n y purificaci贸n. El an谩lisis propone establecer un puente entre Teolog铆a e Historia, sin perjuicio de una u otra.

El tema es amplio y complejo, m谩s a煤n, porque el texto b铆blico que tenemos a nuestra disposici贸n, en su redacci贸n final, es el resultado de un largo per铆odo de tradici贸n vivida, narrada y escrita, que abarca m谩s de un milenio. Como resultado, el Antiguo Testamento presenta una religi贸n revelada, monote铆sta, yahvista. Esta religi贸n prepara la del Nuevo Testamento, la revelaci贸n plena en Jesucristo, el mes铆as encarnado como salvador de la humanidad, con la propuesta del Reino de Dios, realizada a trav茅s de su Iglesia. El an谩lisis propone una lectura diacr贸nica que explica la elaboraci贸n de este proceso hist贸rico.

1 La religi贸n de Israel en su contexto religioso y cultural

La religi贸n dominante, que podemos llamar la religi贸n de Israel (juda铆smo), es evolutiva e internamente plural, en confrontaci贸n con el mundo religioso interno (tradiciones cananeas e israelitas antiguas) y externo (desde las religiones egipcias y mesopot谩micas hasta las persas – iran铆es). – y hel茅nico-romanas).

Esta din谩mica de la religi贸n de Israel pasa por varias etapas, seg煤n el proceso evolutivo del pueblo b铆blico. Estas etapas est谩n condicionadas por importantes acontecimientos hist贸ricos y contactos con distintas civilizaciones. Los estudios que presentan la 鈥淗istoria de la Religi贸n de Israel鈥 establecen una periodizaci贸n m谩s o menos similar, como sigue en esta presentaci贸n: pre-estado, estado, exilio, per铆odo persa y per铆odo helen铆stico (ALBERTZ, 1999; FOHRER, 1982; GUNNEWEG, 2005; RENCKENS, 1969).

1.1 La religi贸n de los patriarcas y matriarcas

Los or铆genes de Israel y su religi贸n deben remontarse a la tierra de Cana谩n, a partir del sistema tribal familiar. Fue dentro del territorio cananeo y en su contexto cultural donde se desarroll贸 la religi贸n de los hebreos, con la participaci贸n de diversos grupos tribales del exterior, adem谩s de la influencia de las religiones de los pueblos vecinos (SCHWANTES, 2008, p. 31-33).

La prehistoria de Israel se caracteriza por el tribalismo, un sistema que continu贸 resistiendo incluso bajo reg铆menes posteriores. La tribu representa a la familia extensa, es decir, cada tribu est谩 formada por clanes que, a su vez, agrupan a varias familias. La liga tribal se basa en la consanguinidad, aunque puede integrar diferentes clanes. Estos grupos han resistido durante milenios, como semin贸madas o sedentarios, que viven en las estepas, en los m谩rgenes de las ciudades. Su sustento b谩sico es el pastoreo. Tambi茅n se les conoce como grupos abrah谩micos, por tener al personaje Abraham como su principal representante (GERSTENBERGER, 2007, p. 32-33).

En este sistema, los eventos m谩s valorados son los relacionados con la vida familiar, como el nacimiento, la circuncisi贸n, el matrimonio y el entierro. El culto suele ser ejercido por un miembro de la familia, que puede ser el padre, como Abraham (Gn 17,23), o las mujeres o madres, como S茅fora (Ex 4,24-26), ya que todav铆a no hay un sacerdocio organizado. El altar se construye como lugar de culto, sagrado, pero provisional, como t铆pico de los pueblos migrantes, a ejemplo de Abraham, que construye altares conmemorativos (Gn 12,7.8). Si bien el altar es el lugar del rito, las columnas de piedra son memoriales de eventos importantes en la vida de la persona o tribu, como hizo Jacob (Gn 35,14). El culto est谩 ligado a elementos de la naturaleza, como los robles de Mambr茅, en los relatos de Abraham (Gn 13,18) y los altares de piedra, como en la prescripci贸n del c贸digo de la alianza (Ex 20,25). No falt贸 el culto a las divinidades dom茅sticas, llamadas teraf铆n, como las que Raquel tom贸 de su padre (Gn 31, 19.30). (SCHWANTES, 2008, p. 81-83).

Con el sedentarismo se establecieron lugares sagrados, santuarios alrededor de los cuales se confederaban las tribus, en una organizaci贸n conocida como anfictionia, t茅rmino griego que etimol贸gicamente significa habitar alrededor. As铆 se conocen los santuarios de Siquem, Betel, Hebr贸n y Beerseba, entre otros. En Siquem, Abraham construy贸 un altar como memorial de su experiencia con Dios (Gn 12, 6-7). Betel recuerda especialmente a Jacob, porque all铆 se le apareci贸 Dios, llamado El-de-Betel (Gn 31,13; 35, 7). Hebr贸n est谩 asociado con Abraham, Isaac y Jacob (Gn 35,27). Beerseba era un antiguo lugar de culto cananeo y pas贸 a recordar a los patriarcas y matriarcas (Gn 21.1-34) (RENCKENS, 1969, p. 69-76).

驴A qu茅 dios o dioses adoraban las familias y tribus en el per铆odo prehist贸rico de Israel? No hay evidencia de la invocaci贸n o presencia del Dios Yhwh[1] en estos or铆genes. Los textos b铆blicos que lo mencionan se redactan m谩s tarde y reflejan el monote铆smo yahvista que prevaleci贸 m谩s tarde. Tampoco hay evidencia de monote铆smo o henote铆smo en tiempos patriarcales. Dos textos mencionan claramente que los antepasados 鈥嬧媋doraban a otros dioses. A Mois茅s, Dios le dice que se apareci贸 a Abraham, Isaac y Jacob como El Shaddai, y confirma: 鈥淧ero por mi nombre, Yhwh, no me conoc铆an鈥 (Ex 6, 3)[2]. En palabras de Josu茅: 鈥淢谩s all谩 del r铆o habitaban en otra 茅poca vuestros padres, Tarah, padre de Abraham y de Nacor, y serv铆an a otros dioses鈥 (Jos 24, 2). Hay textos que hacen referencia a una ruptura con diferentes divinidades. Jacob propone a su familia: 鈥淓xpulsad los dioses extranjeros que hay entre vosotros, purificaos y cambiad vuestra ropa鈥 (Gn 35, 2). En la llamada asamblea de Siquem, Josu茅 propone al pueblo: 鈥淓chad a los dioses a quienes sirvieron vuestros padres al otro lado del r铆o y en Egipto, y servid a Yhwh鈥 (Jos 24,14). Hay testimonio de cultos privados, 鈥渟acrificios en los huertos, quemando incienso sobre ladrillos鈥 (Is 65,3); con la menci贸n de los dioses arameos, 鈥減repar谩is una mesa para Gad, ofrec茅is mezcla en copas llenas a Meni鈥 (v. 11). Hay detalles de la adoraci贸n a Ishtar, la reina del cielo, probablemente diosa familiar, por parte de mujeres que declaran: 鈥淧orque continuaremos haciendo todo lo que prometemos; para ofrecer incienso a la reina del cielo y hacer sus libaciones, como sol铆amos hacer nosotros y nuestros padres, nuestros reyes y nuestros pr铆ncipes, en las ciudades de Jud谩 y en las calles de Jerusal茅n “(Jr 44,17) (GERSTENBERGER, 2007, p. 66-80).

La presencia de deidades femeninas se encuentra en otros textos. Las palabras de Yhwh a Gede贸n ordenan: 鈥淭oma el toro de tu padre, el toro de siete a帽os destruye el altar de Baal que pertenece a tu padre, y rompe a Asherah junto a 茅l鈥 (Jc 6,25). La presencia de Asherah, que algunas Biblias traducen como “poste sagrado”, en realidad se refiere a una diosa tambi茅n conocida como Astart茅, en otros textos b铆blicos (Jc 2,13), identificada como la diosa del amor y la fertilidad, consorte de Baal y, seg煤n hip贸tesis arqueol贸gicas, del propio Yhwh (CORDEIRO, 2007, p. 1-22).

Cada una de las diferentes familias o clanes ten铆a sus propias divinidades, como atestiguan algunos textos. En el marco literario de la autopresentaci贸n divina, Yhwh aparece como: 鈥渆l Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob鈥 (Ex 3, 16). Esta referencia al Dios (elohim) de cuatro personas parece referirse a cuatro experiencias diferentes de Dios, o posiblemente a cuatro entidades religiosas diferentes. Estas experiencias se resumen en la expresi贸n 鈥淒ios de los padres鈥 (Ex 3,13). Adem谩s de estar asociados con diferentes personas, estas deidades tienen sus propios ep铆tetos. Al Dios de Isaac se le conoce como el 鈥淭emor de Isaac鈥 (Gn 31, 43.53); el Dios de Jacob es el 鈥淔uerte / Fuerte de Jacob鈥 (Gn 49,24; Is 49,26; 60,16; Sal 132,2.5). El Dios de Abraham estar谩 asociado con el “Dios Todopoderoso” (Gn 17, 1). As铆, tendr铆amos tres experiencias religiosas o tres teolog铆as diferentes, cuya memoria se conserv贸 en los textos b铆blicos (SCHWANTES, 2008, p. 75-83).

Esta religi贸n prehist贸rica, as铆 como en otras etapas de la historia de Israel, est谩 marcada por influencias de innumerables pueblos vecinos. Se menciona a los arameos, como en las historias de Jacob (Dt 26, 5; Gn 24-36); de madianitas, como en la familia del suegro de Mois茅s, Reuel o Jetro (Ex 2,16-22), tambi茅n llamado Hobab el kenita (Jc 1,16; 4,11) y quiz谩s con otras regiones como el norte de Arabia (SCHMIDT, 2004, p. 19).

El monote铆smo yahvista, que forma la redacci贸n final del Antiguo Testamento, comienza con el evento del 茅xodo, asociado con la teofan铆a del Sina铆. Anteriormente, los padres y madres de Israel adoraban a El, que era el dios principal del pante贸n cananeo, y que m谩s tarde se identific贸 con Yhwh. Muchos hebreos adoraban al dios cananeo Baal, posterior archirrival de Yhwh. La propia descripci贸n de Yhwh representa a un dios de la tempestad, m谩s acorde con el imaginario cananeo. El Dios Yhwh, por cierto, est谩 asociado con el contexto del suegro de Mois茅s, Jetro, sacerdote de Madi谩n (Ex 18, 1-12). El culto al Dios del 脡xodo pudo haber llegado a Israel, por tanto, por el grupo de esclavos liberados de Egipto, o incluso por los mercaderes madianitas (R脰MER, 2016, p. 72-73).

Por lo tanto, se puede concluir que la adoraci贸n de Yhwh es anterior a Israel y proviene de fuera de Cana谩n. 鈥淵hwh vino del Sina铆, amaneci贸 para ellos desde Seir, brill贸 en el monte Pharan. De los grupos de Cades lleg贸 a ellos, desde el sur hasta las faldas鈥 (Dt 33, 2). Esta regi贸n del sur corresponde al territorio ocupado por los madianitas, kenitas, beduinos de Shasu. Alrededor de este Dios de la monta帽a, los hebreos habr铆an desarrollado el culto del Sina铆. Este culto est谩 asociado con la ley divina, en el C贸digo de la Alianza. Esta tradici贸n del Sina铆 se asoci贸 m谩s tarde con la tradici贸n del 脡xodo. El Dios de la monta帽a, manifestado en los fen贸menos de la naturaleza, lleg贸 a ser adorado como el Dios de la historia, liberador de la esclavitud en Egipto. (SILVA, 2004, p. 75-80).

1.2 Religi贸n en la Monarqu铆a

La confederaci贸n de tribus hacia una unidad ideal se consolid贸 en torno a un r茅gimen espec铆fico, conocido como el per铆odo de los jueces, con una duraci贸n hist贸rica de dos siglos, m谩s o menos entre 1220 y 1040 a.C. y persistiendo durante los siglos venideros. Este movimiento de unificaci贸n tribal corresponde a un proceso de sedentarizaci贸n y, en conjunto, de identificaci贸n cultural y religiosa. Los relatos b铆blicos, principalmente de los libros de Josu茅 y Jueces, presentan este proceso como una lucha por la conquista de la tierra, con la ayuda de la acci贸n divina.

En todo caso, asentado en la tierra, este Israel siente la necesidad de un r茅gimen mon谩rquico, con un rey que ejerza la justicia, 鈥渃omo ocurre en todas las naciones鈥 (1Sm 8, 5). La monarqu铆a surgi贸, por tanto, como una imitaci贸n de los reinos circundantes, con varios intentos, que culminaron con la unci贸n de Sa煤l, seguida de David y Salom贸n. Despu茅s de este tiempo de monarqu铆a unida, que habr铆a durado alrededor de un siglo, m谩s o menos desde el 1040 al 930 a.C., el reino se divide entre el norte de Israel y el sur de Jud谩.

La monarqu铆a introduce cambios en todos los sentidos en la vida de Israel. Desde un punto de vista pol铆tico, el estado reemplaza al clan. El Estado, a su vez, se consolida como 煤nica instancia pol铆tica y jur铆dica. En el aspecto econ贸mico, aparece la pr谩ctica de la tributaci贸n, con la concentraci贸n de bienes y productos y, especialmente, con la recaudaci贸n de impuestos. Se desarrolla el comercio centralizado por el estado.

La religi贸n se ajusta al nuevo modelo pol铆tico por un lado y la monarqu铆a se ajusta a Dios Yhwh por el otro. El gobierno mon谩rquico adquiere un car谩cter sagrado, como los reinos vecinos. El rey se presenta a s铆 mismo como el representante de la divinidad. Dios es el protector del rey y el pueblo se convierte en propiedad de Dios. El santuario y el templo pertenecen al rey. El sacerdocio se articula como poder y como instancia de apoyo al gobernante (SCARDELAI, 2008, p. 23-25).

La pr谩ctica religiosa de este per铆odo est谩 marcada por el sincretismo. La poblaci贸n originaria de Cana谩n ten铆a una religi贸n t铆picamente campesina, con variaciones de la pareja divina Baal y Astart茅, que se adaptaba a las diferentes necesidades de la vida. Las manifestaciones religiosas estaban vinculadas a los fen贸menos de la naturaleza y los ciclos de la vida humana y las actividades agr铆colas. No faltaron pr谩cticas degeneradas como la prostituci贸n y el sacrificio de ni帽os. En este entorno campesino, era dif铆cil para el Dios de los n贸madas competir con las divinidades sedentarias. (RENCKENS, 1969, p. 162-163).

La realeza de Israel, sin embargo, intenta adaptarse al yahvismo. Yhwh era Dios del desierto y la tormenta, al principio, habiendo asumido el papel de liberador de la esclavitud, en Egipto, luego un guerrero valiente, en la conquista, y ahora asume la funci贸n de campesino, en un estilo de vida sedentario. Mientras que la monarqu铆a de Israel imita a la de las naciones vecinas, incluido el apoyo de sacerdotes y profetas de palacio, el culto a Yhwh le da una diferencia. Como Gede贸n respondi贸 a la gente, en un intento de establecer la realeza: 鈥淣o ser茅 yo quien reinar谩 sobre vosotros, ni mi hijo, porque es Yhwh quien reinar谩 sobre vosotros鈥 (Jc 8,23). Esta convicci贸n de que s贸lo el Se帽or es rey garantizar谩 lo diferencial en la orientaci贸n de los distintos gobernantes de la naci贸n. En vista de esto, el rey es el representante de Dios, pero est谩 sujeto a la ley divina. Tiene el poder ejecutivo y judicial, pero no el legislativo, ya que la Ley fue dictada y le correspond铆a al rey ejecutarla (RENCKENS, 1969, p. 172).

La profec铆a asegura al yahvismo como la religi贸n de Israel durante la secuencia de varios monarcas. Tambi茅n hubo profetas en otras monarqu铆as de la 茅poca, pero con la funci贸n de brindar apoyo a la propia realeza. En Israel, los profetas asumen un papel cr铆tico, para anunciar la propuesta divina y denunciar los excesos de los reyes[3].

La profec铆a de Israel hizo una contribuci贸n 煤nica a la historia, con su mensaje centrado en la justicia. Ante esto, los profetas se convirtieron en guardianes del yahvismo, la conciencia cr铆tica de la monarqu铆a, desde el principio. El profeta Samuel reprocha al rey Sa煤l su desobediencia (1Sm 15,24); tal como Nat谩n denuncia a David (2Sam 12, 1-10); y Ah铆as de Silo apoya la revuelta contra Salom贸n (1 Rs 11,29-31). Esta tradici贸n prof茅tica contin煤a a lo largo de la monarqu铆a, con picos crecientes en tiempos de mayor crisis.

El铆as representa un momento particular del choque entre el yahvismo y el baalismo, a mediados del siglo IX a. C. En ese momento, las deidades Baal y Asherah vieron aumentado su culto en Israel, gracias al matrimonio del rey Acab con la reina Jezabel, hija del rey de Tiro. El profeta El铆as ataca al rey Acab y a la casa real: 鈥淵o no soy el azote de Israel, sino t煤 y tu familia, porque has abandonado a Yhwh y has seguido a los Baales鈥 (1 Rs 18,18). Desaf铆a a los profetas de Baal en el monte Carmelo (1 Rs 18, 20-40). Condena a la reina por el soborno, asesinato y robo contra el due帽o de la vi帽a Nabot (1 Rs 21, 17-24). Las acciones de El铆as, ante una reforma yahvista, contin煤an con Eliseo, a quien transfiere su manto prof茅tico, y con grupos conocidos como “hijos de profetas” o “hermanos profetas” (2 Rs 2, 7-18).

Este aumento del yahvismo se ver谩 reforzado en el norte por las profec铆as de Am贸s y Oseas un siglo despu茅s, a mediados del siglo VIII a. C. Am贸s se precipita como le贸n rugiente (Am 3,8), contra el santuario del rey en Betel, y contra su sacerdote Amas铆as (Am 7,10-17). Denuncia los cr铆menes de las naciones vecinas (Am 1-2) y del propio Israel, ya sea corrupci贸n, soborno y explotaci贸n de los d茅biles. Anuncia el d铆a de Yhwh como un d铆a de tinieblas (Am 5, 18-20). Propone una 茅tica diferente, basada en la justicia, que ser谩 una diferencia constante en la tradici贸n religiosa de Israel, y se puede resumir en la formulaci贸n de Am贸s: “Corra la ley como agua y la justicia como r铆o impetuoso” (Am 5, 24). Oseas alza la voz en el mismo tono y en el mismo contexto hist贸rico, a trav茅s de la met谩fora de la prostituci贸n, 鈥減orque la tierra se ha prostituido constantemente, alej谩ndose de Yhwh鈥 (Os 1,2). De ah铆 la cr铆tica a los cultos cananeos (Os 4,12-14); a las solicitudes de ayuda de Egipto y Asiria (Os 7,8-12); a la pr谩ctica religiosa exterior, sin coherencia con la vida (Os 8,11-14). Toda esta situaci贸n lleva al profeta a concluir, en el nombre del Se帽or: 鈥淧orque es amor lo que quiero y no sacrificio, conocimiento de Dios m谩s que holocaustos鈥 (Oseas 6, 6).

Mientras tanto, el profeta Isa铆as trabaja en el sur, durante un largo per铆odo, entre el 740 y el 700 a. C., y observa el ascenso de Asiria sobre Israel y Jud谩. Sus cr铆ticas inicialmente se centran en la corrupci贸n generalizada de Jud谩 (Is 3, 1- 15); luego, contra las alianzas con Israel y Siria (Is 7, 1-9); luego contra la sumisi贸n de Jud谩 a Asiria (Is 20,1-6); y, finalmente, sobre la fallida invasi贸n de Jerusal茅n por Asiria (Is 14, 24-27). Con la ca铆da de Samaria, el imperio asirio destruy贸 el reino del norte y con sucesivas incursiones militares redujo el sur al vasallaje. Con esto, los cultos extranjeros, especialmente los asirios, se introdujeron en los santuarios del norte, pero tambi茅n en Jerusal茅n. El intento de Ezequ铆as de reforma pol铆tico-religiosa no impidi贸 que las deidades cananeas, como Baal y Astart茅, continuaran, ni la introducci贸n de otras extranjeras como Ishtar, Shamash, Tamuz, con pr谩cticas como la prostituci贸n sagrada y el sacrificio de ni帽os, llevando a la consecuente degradaci贸n moral.

Como concluyen las denuncias prof茅ticas, durante la monarqu铆a, el culto a Yhwh estuvo lejos de ser un谩nime. Lo que hace oficial el yahvismo es la reforma de Jos铆as alrededor del 622 a. C. El rey aprovecha un per铆odo de auge del imperialismo asirio para emprender una reforma pol铆tico-religiosa en el reino de Jud谩. Esta reforma se basa en el libro de la Ley o libro de la alianza (2 Rs 22-23), identificado con Deuteronomio, y se expresa en la teolog铆a deuteronomista, que se resume en tres pilares: un solo Dios, Yhwh; un templo central, Jerusal茅n; y un rey gobernante, de la dinast铆a de David. Esta teolog铆a reafirma las tradiciones yahvista, como las promesas a los patriarcas, la liberaci贸n de Egipto, la posesi贸n de la tierra y la alianza con David, expresada en la profesi贸n de fe (Dt 26, 5-10). El Templo de Jerusal茅n centraliza exclusivamente el culto a Yhwh (Dt 12,5). Esta estabilidad se refiere a la alianza del Se帽or con el rey David, un modelo ideal, seg煤n la tradici贸n b铆blica dominante (2Sm 7,1-17). Las consecuencias de la reforma de Jos铆as para los cultos populares se describen en 2 Rs 23 y se resumen en la demolici贸n de santuarios, destrucci贸n de objetos de culto, remoci贸n de sacerdotes, prohibici贸n de los cultos de Baal y Asherah, las estrellas y otras deidades (NAKANOSE , 2000).

En un balance general de la vida religiosa de Israel, durante la monarqu铆a, se pueden ver diferentes influencias. De Egipto, Israel hered贸 el modelo de monarqu铆a, con todo su aparato institucional y con la ideolog铆a que lo sustentaba, y que se refleja en la historia de los reinos, en la literatura sapiencial y en innumerables tradiciones relacionadas con los reyes. De Mesopotamia hered贸 narrativas de or铆genes, estructuras de algunos Salmos, poes铆as como Job y tradiciones legales. De Cana谩n, la representaci贸n de Dios como rey y las tradiciones de la lucha contra el caos (SCHMIDT, 2004, p. 20).

1.3 Religi贸n em el exilio

El exilio babil贸nico marca el siglo VI a.C., con la deportaci贸n de oleadas de la poblaci贸n de Jud谩, principalmente ligadas a la 茅lite. El drama hist贸rico deja a la naci贸n sin territorio, sin gobierno y sin Templo. Pero no sin fe. Es en el exilio donde se siente el efecto de la reforma de Jos铆as. Si no hay territorio, se da la posibilidad de crear otros lazos de uni贸n. Si no hay rey, es hora de reforzar el se帽or铆o de Yhwh. Si no hay templo, es una oportunidad para valorar el libro de la Ley. Si no hay sacerdocio, se valora la profec铆a. Babilonia es el entorno en el que se fortalece la religi贸n de Israel, con pr谩cticas renovadas de fe. 鈥淓s un hecho muy notable que la ruina de Israel no constituye al mismo tiempo el fin de su religi贸n. No solo la historia de la religi贸n de Israel a煤n no ha terminado, sino que es ahora que definitivamente comienza鈥(RENCKENS, 1969, p. 181).

La ca铆da de Jerusal茅n se describe en 2 Rs 25,8-30, con el incendio del Templo, el palacio real y los edificios principales, con el saqueo de los objetos sagrados y con el arresto de sacerdotes y jefes. La descripci贸n de la ca铆da concluye con la declaraci贸n: 鈥淓ntonces Jud谩 fue desterrado lejos de su tierra鈥 (2 Rs 25,21). Luego escribe una palabra sobre el remanente, los campesinos de Jud谩, llamados “la gente de la tierra” (2 Rs 25, 22-24), y otra sobre el grupo que fue deportado a Egipto. (2Rs 25,25-26).[4]

La situaci贸n del remanente en Jud谩 se puede entender a partir del libro de Lamentaciones, una especie de recopilaci贸n de cantos f煤nebres, lamentaciones individuales y colectivas. Reflejan el sufrimiento de la gente, ancianos abandonados, viudas indefensas, ni帽os hambrientos. Se refieren a la destrucci贸n de Jerusal茅n y tienen su entorno vital en los escombros del Templo. Constituyen 鈥渦na especie de ‘cancionero’ de celebraciones lit煤rgicas junto a las ruinas del templo de Jerusal茅n鈥 (SCHWANTES, 2009, p. 57).

La situaci贸n de los refugiados en Egipto se encuentra en Jr 42-45. El propio profeta acompa帽贸 al grupo y all铆 pronunci贸 palabras de aliento y esperanza, adem谩s de denunciar las pr谩cticas sacrificiales a la reina del cielo y otras abominaciones (Jr 44).

La situaci贸n de los deportados a Babilonia es la que revela m谩s datos sobre la experiencia religiosa en ese momento. Se puede ver en las palabras del salmista: 鈥淎 orillas de los canales de Babilonia nos sentamos y lloramos con nostalgia por Si贸n鈥 (Sal 137,1). La experiencia religiosa de los tiempos ex铆licos est谩 registrada por las palabras y acciones de dos grandes profetas, Ezequiel y un disc铆pulo de Isa铆as, conocido como Segundo Isa铆as o Deuteroisa铆as (Is 40-55).

Ezequiel era un sacerdote de la 茅lite de Jerusal茅n y fue llamado a profec铆a en tierras de exilio, un hecho sin precedentes se convierte en el primer profeta en actuar fuera de la tierra de Israel (Ez 1, 3). El sacerdote se convierte en profeta, otro hecho extraordinario y, en esta condici贸n, comienza a animar a las comunidades exiliadas (3,15; 8,1; 14,1 …). La gloria del Se帽or, que antes se manifestaba en el Templo de Jerusal茅n, ahora se traslada a ese valle (3,23), al r铆o Cobar (Ez 1,3; 3,15,23). Con eso, la visi贸n prof茅tica se expande y reconoce la presencia de Dios en medio de un grupo de esclavos. La salvaci贸n, en esta perspectiva, est谩 en el exilio, no en Jud谩, que fue un pueblo rebelde (2,5; 12,2-3) y practicaba la abominaci贸n (6,9; 8,6). Ezequiel denuncia al rey (17), a los profetas (13), al Templo (8) y a la 茅lite (22: 23-31). Su propuesta incluye un nuevo David, justo y dedicado a los pobres (34, 23-24; 37,24); un nuevo templo, controlado por sacerdotes, no pol铆ticos (40-48); un nuevo 茅xodo, con el regreso de los dispersos a la tierra de Israel (20,42; 36,24; 37,12). En esta visi贸n de esperanza, los retornados ser谩n purificados (36,25; 37,23). Los fracasos de anta帽o ser谩n superados, de cara a una recreaci贸n radical, 鈥渁 causa de mi santo nombre鈥, dice el Se帽or (36,22). La naci贸n ser谩 reconstruida, con el efecto del Esp铆ritu, capaz de avivar un valle de huesos secos (37). El profeta rompe la teolog铆a de la retribuci贸n, que justificaba los males y, espec铆ficamente, la destrucci贸n de Jud谩, como castigo de Dios. En este sentido, desaprueba el proverbio que dice: 鈥淟os padres comieron uvas agrias pero los dientes de los hijos tienen la dentera鈥 (18, 2); y agrega: 鈥溌铆, el que peca es el que muere! El hijo no sufre el castigo de la iniquidad del padre, como tampoco el padre sufre el castigo de la iniquidad del hijo: la justicia del justo le ser谩 imputada a 茅l, como la iniquidad del imp铆o le ser谩 imputada a 茅l.鈥 (18,20). (SCHWANTES, 2009, p. 75-92).

Deuteroisa铆as (Is 40-55) da un paso m谩s. Representa a un profeta o una profec铆a comunitaria, portavoz de los grupos exiliados. Comienza proclamando: 鈥淐onsuela, consuela a mi pueblo … di que su servicio est谩 hecho, que su iniquidad est谩 expiada鈥 (Is 40, 1-2). El exilio fue un per铆odo de purificaci贸n, pero los pecados han sido borrados (43, 25-28). Lo que ahora est谩 a la vista es una recreaci贸n (43,1), un nuevo 茅xodo (43,16), con el regreso a la tierra de Israel (48,20; 52,11-12). En esta liberaci贸n, la gloria de Yahv茅 se manifiesta (40,5), a trav茅s de la acci贸n de Ciro, el ungido (45,1) (SCHWANTES, 2009, p. 92-108).

En el reino del exilio, Babilonia se convirti贸 en el punto de referencia para la renovaci贸n religiosa. En una carta enviada por Jerem铆as, desde Jerusal茅n, a los l铆deres del exilio, propone que reconstruyan la vida en esa nueva realidad, con la construcci贸n de casas, la siembra de cultivos, realizaci贸n de bodas y la vida social normal: 鈥淏uscad la paz de la ciudad adonde os he desterrado, y rogad al SE脩OR por ella; porque su paz ser谩 tu paz鈥(Jr 29,7). En este contexto, las personas deportadas pueden organizarse en colonias, conservar el derecho de ir y venir, trabajar en el campo. Pueden mantener su idioma, costumbres y, sobre todo, sus pr谩cticas religiosas, que aseguran su identidad como pueblo.

En el contexto religioso del exilio, el yahvismo se afirma como el dominio de un solo Dios, por lo tanto como monote铆smo, para ser reafirmado en el per铆odo posterior al exilio, de manera absoluta y exclusiva, con el regreso de la 茅lite sacerdotal. En boca de聽 Deuteroisa铆as聽 se coloca esta profesi贸n de fe: 鈥淵o soy Yhwh, y no hay nadie m谩s, fuera de m铆 no hay Dios鈥 (Is 45,5). El Dios de Israel gana fuerza, precisamente en el enfrentamiento con el dios babil贸nico Marduk, mientras asume atributos de esa deidad (REIMER, 2009, p. 48-50).

La ausencia de un lugar sagrado para la celebraci贸n de los servicios da lugar a encuentros en torno a la palabra, que adquieren mayor importancia en ese contexto. Independientemente de la ubicaci贸n geogr谩fica, el yahvismo se puede practicar en cualquier contexto en el que las personas se re煤nan. Ezequiel informa varias de estas reuniones (Ez 8,1; 14,1; 20,1). Posiblemente all铆 se pusieron las ra铆ces de la sinagoga, instituci贸n que surgir谩 m谩s tarde, con los edificios adecuados.

La observancia del s谩bado, una antigua tradici贸n de los hebreos, se convierte en un rito destacado para los grupos exiliados. De hecho, el s谩bado se convierte en una insignia de la identidad de ese pueblo, ya que los babilonios no lo conoc铆an. Con raz贸n, Ezequiel recomienda: 鈥淒ebes santificar mis s谩bados, para que sean una se帽al entre t煤 y yo, para que se sepa que yo soy Yhwh tu Dios鈥 (Ez 20,20).

La circuncisi贸n se convirti贸 en otra pr谩ctica fundamental para distinguir al pueblo del Se帽or. Habiendo sido una pr谩ctica com煤n en Cana谩n, la circuncisi贸n no se impon铆a en Mesopotamia, por lo que, para las personas en el exilio, se convirti贸, junto con el s谩bado, en 鈥渦na se帽al de la alianza鈥 (RENCKENS, 1969, p. 231).

Sin embargo, la religi贸n babil贸nica constitu铆a una fuerte amenaza para el yahvismo. El dios Marduk era celebrado con pomposas procesiones y se presentaba victorioso, hasta el punto de que hab铆a derrotado al pueblo de Israel. No falt贸 quien, en sus hogares, erigiesen im谩genes de los dioses babil贸nicos (Ez 14,1-11), o consultas con hechiceras de la magia de aquellas divinidades (Ez 13,18) (FOHRER, 1982, p. 285- 286).

A pesar de ello, el yahvismo resisti贸, se fortaleci贸 y se recre贸 en el ambiente del exilio. All铆 se cultiv贸 y ampli贸 el libro, que m谩s tarde se denominar铆a Biblia. La palabra de Dios aliment贸 la vida espiritual, con la reinterpretaci贸n de las antiguas tradiciones, con la aplicaci贸n de leyes y mandamientos y con nuevos conceptos sobre Dios y sobre el pueblo. En el exilio se ampli贸 el libro de la Ley, que b谩sicamente constituye el Deuteronomio; se revis贸 la Obra Hist贸rica Deuteronomista (Josu茅-Reyes); y se complet贸 el C贸digo de Santidad (Lv 17-26) (FOHRER, 1982, p. 388-390).

En el exilio babil贸nico, la religi贸n de Israel fue completamente rehecha. Esta renovaci贸n constituy贸 una nueva creaci贸n: 鈥淎s铆 dice Yhwh, tu redentor, el que te model贸 desde el vientre de tu madre: Yo, Yhwh, hice todo鈥 (Is 44, 24); nueva historia: 鈥淣o te acuerdes de las cosas pasadas鈥 (Is 43,18); nuevo 茅xodo: 鈥淗e aqu铆 que voy a hacer algo nuevo鈥 (Is 43,19); nueva alianza: 鈥淐oncluir茅 con ellos una alianza de paz, que ser谩 pacto eterno鈥 (Ez 37,26). La esperanza para el futuro comienza a tomar contornos escatol贸gicos, con visiones de una era futura de redenci贸n y liberaci贸n. La idea del pueblo de Dios sufre cambios radicales. La salvaci贸n es para un 鈥渞esto鈥: 鈥淓ntonces el resto de Sion y el resto de Jerusal茅n ser谩n llamados santos鈥 (Is 4,3; Sf 3,13); Dios rescata a la naci贸n de las cenizas: 鈥淣o temas, gusano de Jacob, y t煤, gusano de Israel鈥 (Is 41,14); el Mes铆as es un siervo sufriente, solidario con los esclavos de Babilonia: 鈥淵hwh quiso herirlo, someterlo a la enfermedad. Pero si ofrece su vida como sacrificio por el pecado, ciertamente ver谩 una descendencia, prolongar谩 sus d铆as y, a trav茅s de 茅l, triunfar谩 el designio de Dios ” (Is 53,10).

1.4 Religi贸n en el per铆odo persa

La entrada del ej茅rcito de Ciro en Babilonia en 539 a. C. inaugura el imperio persa e introduce diferentes t谩cticas pol铆ticas y religiosas. Esta pol铆tica de tolerancia permite la repatriaci贸n de los pueblos exiliados y la pr谩ctica de su religi贸n. La administraci贸n pol铆tica y legal persa est谩 a cargo de las provincias, llamadas satrap铆as, con un s谩trapa a la cabeza de cada una. Se mejora el sistema econ贸mico fiscal, incentivando la circulaci贸n de la moneda. Esto acent煤a la explotaci贸n, la deuda y la esclavitud. La sociedad mixta, resultado de la pol铆tica de repatriaci贸n, aumenta las diferencias sociales, legado de los babilonios. La religi贸n oficial del imperio persa se basa en la tolerancia, lo que permite a cada pueblo practicar su fe y seguir sus costumbres. En el propio Imperio Persa, la pr谩ctica relig iosa persiste con un 茅nfasis escatol贸gico, con desdoblamientos de Zoroastro, mesianismo, dualismo, juicio y resurrecci贸n.

Este nuevo contexto permite el regreso de los exiliados y favorece la reconstrucci贸n de Jud谩, por lo que el nuevo emperador ser谩 saludado como 鈥減astor鈥 (Is 44,28) y como 鈥渕es铆as鈥 (Is 45,1). De hecho, el edicto de Ciro de 538, informado al final de 2 Cr贸nicas y al comienzo de Esdras, corresponde a la ideolog铆a de la pol铆tica persa. Habi茅ndose liberado la posibilidad de reconstrucci贸n, se presentan varios proyectos, no exentos de conflictos y oposiciones.[5]

鈥淓n el primer a帽o del rey Ciro, el rey Ciro orden贸: Templo de Dios en Jerusal茅n. El templo ser谩 reconstruido para ser un lugar donde se ofrezcan sacrificios y sus cimientos deber谩n ser restaurados鈥 (Esd 6, 3). De hecho, el Templo de Jerusal茅n fue reconstruido en cinco a帽os, desde el 520 al 515 a.C. Diversas fuerzas convergieron en la propuesta de la recuperaci贸n, la adoraci贸n y los sacrificios del sacerdocio. Con el apoyo del imperialismo persa, colaboran Zorobabel, descendiente del rey de Jud谩; Josu茅, descendiente del sumo sacerdote de Jerusal茅n; Esdras, escriba y representante del rey de Persia; Nehem铆as, gobernador de Jud谩, designado por el rey de Persia; los profetas Ageo y Zacar铆as. El proyecto de reconstrucci贸n reuni贸 claramente a las 茅lites colaboracionistas, para unir trono y altar, pol铆tica y religi贸n, en una especie de sistema teocr谩tico. En la competencia para identificar qui茅n era el verdadero Israel, el grupo dominante obtuvo el apoyo de una gran parte de la gente para construir el llamado segundo Templo. Se recuper贸 la teolog铆a de la retribuci贸n, para justificar que el sufrimiento del pueblo era un castigo de Dios, por haber abandonado el Templo en ruinas (Ag 1,3-11); o que se debi贸 a matrimonios con mujeres extranjeras (Esd 9, 1-2; 10, 2.10). La ideolog铆a que sustenta este proyecto exclusivista se expresa en la teolog铆a deuteronomista, ahora intensificada (VASCONCELLOS; SILVA, 2009, p. 161-170).

En resumen, la propuesta religiosa oficial propone el estricto cumplimiento de la Ley, explicada por Esdras y los levitas (Neh 8,1-8); la recuperaci贸n de la pureza de raza, con la consiguiente expulsi贸n de mujeres y ni帽os extranjeros nacidos de estas uniones (Ez 10,3.11); la construcci贸n del Templo, como lugar exclusivo de culto al 煤nico Dios Yhwh; la restauraci贸n de la teolog铆a dav铆dica, con la propuesta de un nuevo mes铆as.

Esta religi贸n basada en la Ley, el Templo y la raza pura fue la que se impuso como oficial y constituy贸 los cimientos del juda铆smo. Pero no sin oposici贸n. En la construcci贸n del Templo, se enfrentaron expl铆citamente a los samaritanos (Esd 4, 1-23), quienes comenzaron a formar una corriente religiosa diferente. Otros grupos o movimientos de oposici贸n se pueden identificar entre las l铆neas de la literatura que sigui贸. Cinco rollos, debidamente nombrados Meguillot en hebreo, constituyen una especie de Pentateuco popular. Recogen historias como la de Rut, mujer, viuda, extranjera, pobre, que se une al pueblo y Dios de Israel: 鈥淭u pueblo ser谩 mi pueblo y tu Dios ser谩 mi Dios鈥 (Rt 1,16); y da lugar al linaje de David, un mes铆as bastante diferente a ese rey ideal: 鈥淟e naci贸 un hijo a Noem铆, y lo llamaron Obed. Fue padre de Isa铆, padre de David鈥 (Rt 4, 17). El Cantar de los Cantares es otro libro del mismo contenido, protagonizado por el discurso de una mujer, campesina y pastora, decantando el amor y la pasi贸n, la libertad de los cuerpos y la transgresi贸n de las normas legales de pureza. La 煤nica menci贸n del nombre divino en todo el libro ser铆a una abreviatura de Yhwh, cuando declara: 鈥溌orque el amor es fuerte, es como la muerte! Cruel como un abismo es la pasi贸n; sus llamas son llamas de fuego, una chispa de Yah鈥 (Ct 8,6). M谩s adelante, en esta misma colecci贸n de cinco rollos, se encuentra Eclesiast茅s, cuestionando el significado mismo de la existencia bajo gobiernos opresores, y en el que ni siquiera se menciona el nombre de Dios. Los libros de Lamentaciones, sobre las ruinas de Jerusal茅n y Ester, sobre el hero铆smo de una mujer completan la lista de cinco rollos. (MENA L脫PEZ, 2010, p. 9-158).

En esta l铆nea de oposici贸n al juda铆smo oficial, se podr铆a mencionar a Job, quien desaf铆a la teolog铆a de la retribuci贸n; y Jon谩s, descontento con la conversi贸n de N铆nive. Y, sin embargo, las propuestas escatol贸gicas de un cielo nuevo y una tierra nueva, incluidos los extranjeros, de Trito Isa铆as (Is 56-66); el derramamiento del Esp铆ritu sobre los ni帽os y los ancianos y sobre los esclavos y las esclavas, por el profeta Joel (Jl 3, 1-5); el pobre Mes铆as montado en un burro, seg煤n D茅utero Zacar铆as (Zc 9,9-10); el Templo como centro de justicia, por el profeta Malaqu铆as (Ml 3,1-5).

1.5 Religi贸n en el per铆odo helenista

Alejandro, llamado el grande, al derrotar a los persas, fund贸 un nuevo imperio y comenz贸 el proyecto helenista, a partir del 333 a. C. Su breve y victoriosa trayectoria, resumida al comienzo del primer libro de los Macabeos, as铆 como el reinado de sus sucesores y sus hijos, reciben un juicio lapidario: 鈥淵 los males se han multiplicado sobre la tierra鈥 (1Mc 1,9). En la visi贸n de Daniel, Alejandro se compara con un macho cabr铆o con cuernos, de cuyos cuernos nacen otros cuatro, que le sucedieron (Dn 8, 1-22). El cuerno m谩s terrible ser谩 uno de sus descendientes, Ant铆oco Ep铆fanes (Dn 7,8). La informaci贸n del primer libro de los Macabeos es confirmada por la historia: 鈥淎lejandro … despu茅s de todo eso, se enferm贸 y se dio cuenta de que iba a morir … as铆 que convoc贸 a sus oficiales … y, estando a煤n vivo, reparti贸 entre ellos el reino鈥 (1 Mc 1,5,6). En efecto, el reino se dividi贸 entre los cuatro generales de confianza de Alejandro, llamados di谩docos. Quienes mantuvieron el control sobre Judea fueron los Ptolomeos de Egipto durante un siglo (301-198 a. C.), luego los sel茅ucidas de Siria durante casi otro siglo. E impusieron, cada imperio a su manera, el pensamiento helen铆stico[6].

Despu茅s de Alejandro, de hecho, el mundo en ese momento comenz贸 a helenizarse, con consecuencias que perduran hasta nuestros d铆as. La unidad pol铆tica aut贸noma en el dominio hel茅nico es la polis, la ciudad libre. La econom铆a, basada en el libre mercado, aumenta la circulaci贸n de la riqueza y facilita la sociedad terrateniente y esclavista. La filosof铆a que sustenta el nuevo proyecto es racionalista, con implicaciones para el universalismo, el humanismo, el materialismo y el dualismo. La religi贸n sigue los moldes filos贸ficos, con Zeus como el dios supremo de un pante贸n variado. La pr谩ctica religiosa inclu铆a sacrificios a las deidades, prostituci贸n sagrada y 茅xtasis m铆sticos. La mitolog铆a explic贸 los grandes misterios del ser humano y del mundo. Las preocupaciones sobre la vida despu茅s de la muerte no fueron tan pronunciadas como en otras religiones (REINKE, 2019, p. 232-247).

El juda铆smo oficial, al comienzo del per铆odo helen铆stico, debe estar bien constituido, teniendo en funcionamiento el Templo de Jerusal茅n, con todo su aparato lit煤rgico y con la jerarqu铆a sacerdotal en ejercicio, como lo demuestran los libros de Lev铆tico y Ezequiel. La Ley, llamada Tor谩, debe seguirse fielmente, como una forma de ser y de comportarse, seg煤n el Pentateuco, que ya tiene su forma definitiva. Para interpretar la Ley, aparece una nueva clase, junto a los sacerdotes, los escribas o doctores de la Ley. Mientras los sacerdotes se ocupan del Templo, ligados al culto, los escribas gu铆an la sinagoga, centrados en el libro. Se les llama rabinos y mantendr谩n activo al juda铆smo despu茅s de la destrucci贸n del Templo. Hist贸ricamente, el Templo de Jerusal茅n, reconstruido tras el regreso del exilio, no lleg贸 a ocupar la centralidad del culto, como hab铆a sucedido con el primer Templo, desde la 茅poca de la monarqu铆a. La novedad del culto radica en la sinagoga, ya no centrada en los sacrificios sangrientos oficiados por sacerdotes, como los del Templo, sino en la participaci贸n de toda la comunidad, mujeres, ni帽os y hombres jud铆os, como se atestigua desde la 茅poca persa, seg煤n la asamblea dirigida por el escriba Esdras, con lectura de las Escrituras y oraci贸n (Ne 8). En la sinagoga, 鈥渓eer y aprender la Tor谩 son las principales actividades, a las que se suman la oraci贸n y la meditaci贸n鈥 (GERSTENBERGER, 2007, p. 306).

De la Biblia hebrea, se formaron dos colecciones, la Ley (Tor谩) y los Profetas (Nebi卯m). La tercera colecci贸n, los Escritos (Ketub卯m), es objeto de una fuerte actividad literaria en este per铆odo helen铆stico, con un acento en la sabidur铆a (RENCKENS, 1969, p. 241-243).

La literatura sapiencial, fuerte expresi贸n del pensamiento jud铆o, recibe su forma definitiva en este per铆odo cercano a la era cristiana, aunque sus ra铆ces son muy antiguas. El libro de Proverbios expresa este aporte, a trav茅s de dichos populares, transmitidos de boca en boca, basados 鈥嬧媏n vivencias cotidianas. Precisamente por eso, los refranes reflejan las contradicciones de la vida, ya sea riqueza y pobreza, palacio y campo, reyes y esclavos, justicia e impiedad, mujeres y hombres, ni帽os y ancianos, sabios y necios. La sabidur铆a en general, y los proverbios en particular, tuvieron influencias extranjeras, principalmente de Egipto (Pr 22, 17-24,22). En estos momentos de crisis, el libro de Eclesiast茅s elabora el pensamiento jud铆o cr铆tico en la di谩spora egipcia, bajo el gobierno de Ptolomeo. El libro de Job, cuestionando el significado del sufrimiento de los inocentes, profundiza la cr铆tica a la teolog铆a de la retribuci贸n (CRB, 1993, p. 13-33).

La literatura apocal铆ptica tambi茅n gan贸 impulso en este per铆odo helen铆stico, con influencia persa y un acento en la escatolog铆a. A partir de la crisis del exilio, la profec铆a comienza a adquirir huellas apocal铆pticas, ya con Ezequiel (Ez 38-39) y con Isa铆as (Is 24 y 27; 34 y 35; 65 y 66). Sin embargo, gana m谩s rasgos escatol贸gicos con Joel, Malaqu铆as, D茅utero Zacar铆as (Zc 9-14) y, principalmente, con Daniel. Este g茅nero est谩 ampliamente desarrollado en el per铆odo intertestamentario, en varios libros ap贸crifos. En el Nuevo Testamento, el Apocalipsis de Juan es la m谩xima expresi贸n de esta teolog铆a. Se caracteriza por ser una expresi贸n religiosa de resistencia por parte de quienes no tienen poder pol铆tico; se traduce a un lenguaje fuertemente simb贸lico, para expresar las inquietudes religiosas; tiene, en general, una visi贸n dualista del mundo y la historia; no pocas veces apela al seud贸nimo y a los nombres cifrados; busca, sobre todo, descifrar los misterios divinos en medio de la crisis (CRB, 1996, p. 32-59).

El jasidismo fue otro movimiento religioso de resistencia jud铆a, contra el helenismo, en el per铆odo de dominaci贸n sel茅ucida y, especialmente, contra la dominaci贸n de Ant铆oco IV Ep铆fanes. Los jas铆dicos (piadosos) ten铆an ra铆ces antiguas como grupo de observadores de la ley jud铆a (1 Mc 2,29-42). Pero se manifestaron con vehemencia en el enfrentamiento con la helenizaci贸n de los sel茅ucidas, luchando junto a Judas Macabeo (2Mc 14,6). Posteriormente se unieron al sumo sacerdote Alcimo (fallecido en 159), pero 茅ste los defraud贸 en sus esperanzas religiosas, ofendi茅ndolos con la destrucci贸n de los muros exteriores del Templo, lo que facilit贸 el acceso de los paganos al lugar sagrado. Hay quienes atribuyen a los jas铆dicos los textos de Dan 7-12 y 2 Mc 6-7, textos sobre el martirio de Eleazar y la madre con sus siete hijos. El movimiento jas铆dico m谩s tarde dio lugar a los fariseos y los esenios, estos vinculados a Cumr谩n. El nombre de fariseo fue dado por los griegos, con el significado de “separados” o “separatistas”. Los fariseos y saduceos nacieron en el per铆odo de Juan Hircano I (134-104 a. C.), el sacerdote comandante. Ambos preocupados por la ley, siendo los saduceos m谩s liberales e inclinados a la pol铆tica helen铆stica (KONINGS, 2011, p. 102-103).

Las influencias del helenismo se sentir谩n, tanto en la religi贸n de Israel como en el cristianismo, de diferentes formas. Mientras los jud铆os se identificaban con pr谩cticas 茅ticas y religiosas espec铆ficas, basadas en la Ley, los griegos propon铆an una religi贸n universal, desconectada del contexto existencial. Si bien algunos jud铆os se adhirieron a estas ideas helen铆sticas, otros reaccionaron de manera radical. Entre las influencias hel茅nicas sobre el juda铆smo, destaca la traducci贸n de la Biblia hebrea al griego, denominada Septuaginta o LXX. Esta Biblia ser谩 el v铆nculo con el cristianismo, principalmente a trav茅s del trabajo de los misioneros en las comunidades gentiles. La Septuaginta refleja el entorno de los jud铆os de la di谩spora que viven en una comunidad helenizada en Egipto llamada Alejandr铆a (SCARDELAI, 2008, p. 86-88).

La cultura helen铆stica incidi贸 tanto en los comienzos del cristianismo que hizo que Jes煤s y los ap贸stoles galileos hablaran griego; impuso la redacci贸n de los Evangelios y todo el Nuevo Testamento en la misma lengua griega; y oblig贸 a los hagi贸grafos cristianos a citar la Biblia hebrea a partir de la traducci贸n griega de la LXX. Otras influencias del helenismo se extienden sobre el cristianismo y la propia cultura occidental, e incluyen aspectos que involucran el concepto pol铆tico de democracia, la filosof铆a racionalista, el movimiento renacentista, la visi贸n dualista del ser humano como cuerpo y alma, y 鈥嬧媗a teolog铆a cristiana aristot茅lico-tomista.

2 La religi贸n cristiana del Nuevo Testamento en su contexto religioso y cultural

La religi贸n neotestamentaria est谩 constituida por 鈥渦na comunidad que naci贸 del juda铆smo antiguo, pero que, m谩s all谩 de sus fronteras 茅tnicas y culturales, se entendi贸 a s铆 misma como la verdadera renovaci贸n de la Alianza y como un camino hacia la realizaci贸n universal del ‘pueblo de Dios ‘: la comunidad cristiana鈥 (KONINGS, 2011, p. 115).

La comunidad cristiana, de hecho, aparece como una renovaci贸n interna del mismo juda铆smo, de cuya tradici贸n hered贸 las Sagradas Escrituras, costumbres y pr谩cticas que constituyen su matriz religiosa. Tambi茅n se afirm贸 en el di谩logo, a veces amistoso, a veces conflictivo, con el helenismo, tanto en sus ideas filos贸ficas como en sus pr谩cticas populares. Y se consolid贸 en el Imperio Romano, con un fuerte car谩cter de resistencia y superaci贸n.

Dada la amplitud y complejidad del tema, tambi茅n hay una elaboraci贸n sint茅tica, con intenci贸n did谩ctica, en el 谩mbito hist贸rico del primer siglo de la era cristiana. Para la periodizaci贸n de estos cien a帽os se utilizan algunos hechos notables, con fechas redondeadas: nacimiento de Jes煤s (a帽o 1), muerte de Jes煤s (a帽o 30), inicio de las grandes misiones y redacci贸n del Nuevo Testamento (a帽o 50), ca铆da de Jerusal茅n e incendio del Templo (a帽o 70), finales del siglo I (a帽o 100).[7]

2.1 Jes煤s de Nazaret, encarnado, crucificado y resucitado

Las primeras tres d茅cadas del cristianismo, idealmente desde el a帽o 1 hasta el a帽o 30 de nuestra era, se ubican en los confines del Imperio Romano, entre el pueblo de Galilea de los Gentiles, llamado Nazaret, y la capital de la fe jud铆a, la ciudad de Jerusal茅n. La trayectoria hist贸rica de Jes煤s se desarrolla entre dos hechos extraordinarios para la fe, la Encarnaci贸n y la Resurrecci贸n. Lucas describe la encarnaci贸n con el anuncio de un 谩ngel: 鈥淗oy te ha nacido un Salvador, que es Cristo Se帽or, en la ciudad de David鈥 (Lc 2,11). Y la resurrecci贸n tambi茅n la presenta Marcos con las palabras de un joven mensajero: 鈥淏usc谩is a Jes煤s de Nazaret, el Crucificado. Ha resucitado, no est谩 aqu铆鈥(Mc 16,6). Los Evangelios reconocen en este hombre el cumplimiento de las esperanzas mesi谩nicas jud铆as. Identifican al Mes铆as siervo sufriente con la persona del jud铆o galileo de principios del siglo I. Jes煤s puede ser colocado “en el mundo jud铆o en el que naci贸, se crio, se educ贸 y por el cual fue crucificado salvajemente en la cruz romana” (SCARDELAI , 1998, p谩g.230).

Sus compatriotas lo reconocen como profeta, y m谩s, como 鈥渆l鈥 profeta, el prometido en la antig眉edad (Dt 18, 15.18), como declara la multitud despu茅s de la multiplicaci贸n de los panes: 鈥淓ste es verdaderamente el profeta, el que es necesario que venga al mundo鈥 (Jn 6, 14). A trav茅s de las palabras y acciones de Jes煤s, narradas en los Evangelios, emerge la figura de un profeta popular, con rasgos mesi谩nicos, atento principalmente al pan y la salud de los pobres y marginados. En la curaci贸n de enfermedades se revela la acci贸n de Dios, y al compartir la mesa con los pobres se construye comunidad. Con un lenguaje sencillo y atractivo, a trav茅s de refranes y par谩bolas, llama la atenci贸n sobre un estilo de vida diferente. Esta propuesta desafiante requiere un radicalismo total, hasta el punto de renunciar a la propia vida. Y conduce a una relaci贸n diferente con Dios mismo, como un ni帽o que va con su pap谩 (Abba). Esta propuesta radical de Galilea se presenta como una buena noticia, preferentemente para los pobres, como se expresa en el llamado Serm贸n de la Monta帽a (Mt 5,1-12). Propone un Israel renovado, con condonaci贸n de deudas, recuperaci贸n de familias y comunidades, adem谩s de superar la enfermedad y el hambre. A este proyecto de vida radical el mismo Jes煤s lo llama Reino de Dios (PIXLEY, 1986, p. 85-96).

El proyecto de Jes煤s, como era de esperar, es atacado por las autoridades de la religi贸n jud铆a, por un lado, y, por otro, por las autoridades de la pol铆tica romana. La combinaci贸n de estas fuerzas es lo que lo condenar谩 a muerte. La frase sobre su cabeza lleva la acusaci贸n: “Rey de los jud铆os”.

Jes煤s vivi贸 efectivamente la realidad de un campesino en Galilea, una regi贸n asfixiada por la presencia militar y la recaudaci贸n de impuestos por parte del Imperio Romano. Asimil贸 completamente las tradiciones religiosas de su pueblo, con las oraciones familiares y los servicios de la sinagoga. En Galilea, practic贸 la Tor谩 y respet贸 la religi贸n popular de su pueblo. Pero super贸 los l铆mites legales, por la propuesta de justicia con piedad. En este sentido, rompi贸 los grilletes del legalismo y la religi贸n formal. (FREYNE, 1996).

2.2 El movimiento de Jes煤s y las primeras comunidades cristianas

Las pr贸ximas dos d茅cadas, esquem谩ticamente, del a帽o 30 al a帽o 50, se sit煤an en el contexto de la religi贸n jud铆a, con incursiones en el mundo helen铆stico, entre Jerusal茅n y Antioqu铆a de Siria. Es el per铆odo de discipulado y misi贸n, en el que muchas comunidades jud铆as se adhieren a la forma de vida propuesta por Jes煤s. Tu memoria se convierte en una presencia constante e intensifica el cultivo de tus palabras y acciones. Se comienzan a recopilar sus dichos y par谩bolas, se elaboran relatos de pasi贸n y se recopilan relatos de milagros.

Jes煤s llama disc铆pulos, seg煤n Marcos (Mc 3,14-15), con tres prop贸sitos espec铆ficos: quedarse con 茅l, salir a predicar y echar fuera demonios. Este triple llamado se realiza plenamente despu茅s de la muerte y resurrecci贸n del Maestro. 鈥淧ermanecer con Jes煤s鈥 se lleva a cabo en la memoria viva, a trav茅s del cultivo de sus palabras y las celebraciones de su cena. 鈥淪alir a predicar鈥 desencadena un movimiento misionero m谩s all谩 de las fronteras geogr谩ficas y culturales. La 鈥渆xpulsi贸n de demonios鈥 tiene lugar en la lucha contra todas las formas de maldad que abundaban en diferentes contextos.

Lo que llamamos el movimiento de Jes煤s fue una propuesta de vida radical, que implicaba el desapego de la patria, la familia y las posesiones. El fundamento de esta propuesta es el llamado discurso misionero (Mt 10). Indica un estilo de vida itinerante, de dos en dos, de casa en casa, sin llevar nada consigo, para expulsar los males y traer la paz (HOORNAERT, 1994, p. 85-91).

Este movimiento misionero se afianza en sinagogas y hogares, constituyendo grupos locales, comunidades de fe con un nuevo formato. En torno a la persona de Jes煤s, su familia y vecinos, posiblemente se formen los primeros encuentros. Eran comunidades de habla aramea. Su experiencia marca los Evangelios, con caracter铆sticas campesinas, vinculados a la pesca, v铆ctimas de explotaci贸n, padeciendo muchas enfermedades, pero firmes en la fe y la esperanza. Los Evangelios ofrecen varias indicaciones de la importancia de Galilea para los inicios de la fe cristiana. Seg煤n Marcos, en cuanto se enter贸 del arresto del Bautista, Jes煤s comenz贸 a proclamar el Evangelio de Dios en Galilea (Mc 1,14). Seg煤n Lucas, en la sinagoga de Nazaret, pueblo natal de Jes煤s, proclam贸 su misi贸n prof茅tica de evangelizar a los pobres (Lc 4,16-22). Los diversos relatos de las apariciones de Jes煤s se refieren al encuentro con el resucitado en Galilea (Mc 14,28; 16,7; Mt 28,7.110.16; Jn 21). Los Hechos de los Ap贸stoles tambi茅n confirman la existencia de comunidades en Galilea (Hch 9,31). Y la presentaci贸n de lo que podr铆a ser un primer plan misionero, en el poder del Esp铆ritu Santo, la dice el Resucitado: 鈥淵 ser茅is mis testigos en Jerusal茅n, en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra鈥 (Hch 1, 8) (FREYNE, 1996, p. 229-231).

Pronto, en Jerusal茅n, se formaron comunidades en torno a la resurrecci贸n de Jes煤s y a la luz de Pentecost茅s. Al reunir a jud铆os y helenistas, estas comunidades enfrentan conflictos internos (Hch 6). La competencia se da entre la pr谩ctica de un juda铆smo radical y legalista, representado por el grupo de Santiago (Hch 12,17; 15), y la propuesta de otro grupo m谩s liberal y abierto a los gentiles, representado m谩s tarde por el ap贸stol Pablo.

Entre Galilea y Judea, en Samaria, se forman comunidades cristianas que re煤nen a jud铆os y samaritanos. Los Hechos de los Ap贸stoles registran la misi贸n de Felipe, con el bautismo del eunuco (Hch 8). El Evangelio de Juan tambi茅n da testimonio de esta presencia cristiana, a trav茅s de la evangelizaci贸n de la mujer samaritana (Jn 4).

En Antioqu铆a, capital de Siria, ya fuera de las fronteras de Israel, los seguidores de Jes煤s son llamados cristianos por primera vez (Hch 11,26). En esta comunidad, de tradici贸n jud铆a y con fuerte presencia de helenistas, se acent煤a el conflicto entre dos formas de vivir la fe, seg煤n la Ley jud铆a o abierta a la inclusi贸n de los gentiles. La discusi贸n entre Pedro y Pablo ilustra bien esta diferencia (Gal 2,11-14). Las diferencias se centraban en la necesidad o no de circuncidar a los no jud铆os, pero involucraban cuestiones de pureza, comer carne sacrificada a los 铆dolos y uniones ileg铆timas, como se afirma en el llamado Concilio de Jerusal茅n (Hch 15, 1-35).

2.3 Comunidades en Asia Menor, Grecia y Roma

En otras dos d茅cadas, entre los a帽os 50 y 70 d.C., el cristianismo se extiende desde la capital del juda铆smo, Jerusal茅n, a Roma, la capital del Imperio. Es el per铆odo de apertura hacia el helenismo, pasando por Asia Menor, Grecia y Roma. Los conflictos con el juda铆smo se acent煤an a medida que se difunde la novedad cristiana. La revuelta del juda铆smo contra el Imperio Romano termin贸 con la ca铆da de Jerusal茅n en el a帽o 70 y la consiguiente di谩spora jud铆a. Se impulsa el movimiento misionero cristiano, con 茅nfasis en la obra del ap贸stol Pablo. La predicaci贸n de la Buena Nueva se concentra en las grandes ciudades del Imperio, pero tambi茅n incluye a las comunidades rurales, como atestiguan las cartas a los G谩latas y la primera carta de Pedro. Durante este per铆odo, la tradici贸n escrita gan贸 impulso, que form贸 las escrituras cristianas, el llamado Nuevo Testamento. Comienza con las cartas de Pablo y contin煤a con la redacci贸n de los Evangelios, y con los dem谩s escritos, hasta terminar con el Apocalipsis.

Pablo es el prototipo del jud铆o helen铆stico que se adhiere al cristianismo. En su rica personalidad, logra conciliar caracter铆sticas diferentes e incluso contradictorias: un jud铆o radical de tradici贸n farisaica, un griego helen铆stico de la di谩spora, un romano de ciudadan铆a imperial, un ap贸stol cristiano y misionero. Su obra implica la colaboraci贸n de diferentes personas: la pareja Priscila y Aquila, el predicador egipcio Apolo (Hch 18,24), los l铆deres Clo茅 (1Cor 1,11) y Lidia (Hch 16,14), la di谩cono y patrona Febe (Rm 16,1,2), los misioneros Silvano y Timoteo, el m茅dico y escritor Lucas, el escritor Tercio (Rom 16,22) y muchas otras personas (Rom 16). Este movimiento misionero se extiende por todo el Imperio y desata una innovaci贸n radical: el cristianismo supera a Asia y se extiende a Europa; ampl铆a los conceptos de la religi贸n jud铆a con la inclusi贸n del helenismo; extiende las pr谩cticas campesinas al mundo urbano; supera a la familia patriarcal por la comunidad eclesial; reemplaza el imperio de la ley con el don de la gracia; y suplanta el sistema esclavista por la libertad en Cristo (MESTERS, 1991, p. 130-131).

En esta expansi贸n misionera, el cristianismo recupera la importancia de la casa, un concepto jud铆o que involucra el sentido de clan o familia extendida. La pareja Priscila y Aquila pusieron su hogar a disposici贸n para fundar iglesias en Corinto, 脡feso y Roma (Rom 16, 3-5; 1Cor 16,19). Pablo escribe a Filem贸n saludando a 鈥渓a iglesia de tu casa鈥 (Flm 2). Otro ejemplo significativo es la 鈥渋glesia de la casa鈥 de la mujer Ninfas (Col 4,15). Otra 鈥渋glesia en casa鈥 dirigida por una mujer es la de Lidia, en Filipos, que acogi贸 a Pablo (Hch 16,15.31.34) (COMBLIN, 1987, p. 320-355).

Adem谩s de la realidad de las casas, imprescindible para el sustento misionero, el cristianismo formaba parte de la pr谩ctica asociativa de la 茅poca. En el 谩mbito del Imperio Romano, diferentes categor铆as culturales o religiosas se reunieron en asociaciones, conocidas como collegia. Pueden ser de artesanos, deportistas, dramaturgos, creyentes de la misma fe y otros. La asociaci贸n de los orfebres en 脡feso se recuerda por la confrontaci贸n con Pablo (Hch 19, 23-24). La comunidad de Cumr谩n es un ejemplo radical de asociaci贸n religiosa. La m谩s importante, para el cristianismo, fue la propia sinagoga jud铆a, una asamblea religiosa que sirvi贸 de matriz para las comunidades cristianas. Estas diversas asambleas crearon un ambiente favorable para la expansi贸n religiosa. Las primeras misiones cristianas se insertaron en este 谩mbito religioso, en movimientos de aproximaci贸n y oposici贸n, ante una propuesta original (COMBY; L脡MONON, 1988).

Estas primeras comunidades cristianas, generalmente de tradici贸n paulina, cultivaban lazos de hermandad y de compartir, pero eran heterog茅neas. Reunieron m谩s gentiles (helenistas) que jud铆os. Los gentiles inclu铆an “pros茅litos”, paganos que se hab铆an adherido plenamente al juda铆smo, incluso con la pr谩ctica de la circuncisi贸n, y paganos “temerosos de Dios” que se hab铆an adherido a algunas pr谩cticas del juda铆smo. En su diversidad, las comunidades apost贸licas inclu铆an pobres y ricos, los m谩s pobres de las afueras de las grandes ciudades, con gran n煤mero de esclavos. En la misma comuni贸n con los esclavos participaron tambi茅n libertos y libres. Las mujeres y los hombres participaban en pie de igualdad. Hab铆a personas rudas y otras cultas. Los l铆deres eran espont谩neos, seg煤n los diferentes carismas, como ap贸stoles, profetas, maestros y muchos otros (MESTERS, 1991, p. 63-106).

La pr谩ctica de compartir inclu铆a colectas solidarias, como las de las comunidades gentiles de Macedonia y Acaya para las comunidades jud铆as de Jerusal茅n (Rom 15,26-28). Se recomienda el mismo ejemplo a la Iglesia de Corinto (1Cor 16,1-4), con motivaci贸n, alabanza y propuesta de organizaci贸n de la colecta (2Cor 8,7-15). Pablo se refiere a compartir en el contexto de su propia defensa: 鈥淒espu茅s de muchos a帽os vine a traer limosna a mi pueblo y tambi茅n a presentar ofrendas鈥 (H,ch, 24,17). Esta opci贸n se formula expresamente, con absoluta prioridad, despu茅s de la asamblea de Jerusal茅n: 鈥淪olo debemos recordar a los pobres, que, por cierto, he tratado de hacer con solicitud鈥 (Gal 2,10).

Dentro de las comunidades, las celebraciones avivaron la memoria de Jesucristo presente. Las principales menciones se refieren a la Palabra, la cena y el bautismo. La liturgia de la Palabra se llevaba a cabo con la lectura y el compartir de las personas en la asamblea. La celebraci贸n de la cena cobr贸 una importancia central, al punto que se identific贸 con la religi贸n de los misterios, en la que se com铆a la carne y se beb铆a la sangre de un Dios. El bautismo era el rito de adhesi贸n de los nuevos creyentes a las comunidades cristianas. La expectativa de la inminente parus铆a, es decir, la pr贸xima segunda venida de Jes煤s, anim贸 la esperanza de las comunidades perseguidas, especialmente al comienzo de su vida cristiana.

2.4 Iglesias cristianas

El a帽o 70 d.C. representa un trauma para las comunidades cristianas y jud铆as. Despu茅s de cuatro a帽os de resistencia, la revuelta jud铆a es sofocada por Roma, con la ca铆da de Jerusal茅n y el incendio del Templo. Las 煤ltimas tres d茅cadas del siglo I est谩n marcadas por la persecuci贸n de los romanos y por los conflictos entre jud铆os y cristianos, que evolucionan hacia la ruptura, con consecuencias hist贸ricas duraderas. Mientras algunos partidos pol铆tico-religiosos como los saduceos, herodianos, zelotes y esenios iban perdiendo fuerza por la destrucci贸n del Templo, los cristianos y los fariseos ganaban un nuevo impulso, pero tomaban caminos diferentes. El farise铆smo se concentra en Jamnia, donde se separa del cristianismo y evoluciona hacia el rabinismo jud铆o (SCARDELAI, 2008, p.142-146).

Mientras tanto, en el per铆odo posterior a la destrucci贸n de Jerusal茅n, los cristianos se afirman y se expanden en sus comunidades, con diferentes acentos teol贸gicos.

M谩s conocidas son las comunidades pospaulinas, a partir de la informaci贸n de los escritos atribuidos a Pablo, y conocidas como las cartas deuteropaulinas (2Ts; Cl; Ef; 1 y 2Tm; Tt; Hb). Estas cartas retratan el entorno de Asia Menor y reflejan una visi贸n teol贸gica diferente a las anteriores. Demuestran un cristianismo m谩s centrado en la institucionalizaci贸n jer谩rquica, organizativa y doctrinal. Mientras que las cartas anteriores estaban dirigidas a asambleas comunitarias, ahora tienden a estar dirigidas a l铆deres comunitarios como Timoteo y Tito. Timoteo est谩 en 脡feso (1Tm 1,3) y Tito es responsable de organizar y constituir presb铆teros en la Iglesia de Creta (Tt 1,5). Jesucristo era el maestro de las comunidades locales, ahora se presenta como cabeza de la Iglesia, centro del cosmos, por encima de tronos, dominaciones y potestades (Col 1,15-20). Las iglesias, antes que grupos de vivir y compartir, tienden ahora a ser comunidades organizadas en jerarqu铆a, con obispos, presb铆teros y di谩conos (1Tm 3,1-13). Las relaciones interpersonales, que eran solidarias en igualdad, ahora son asim茅tricas, con poder de se帽ores sobre esclavos y de hombres sobre mujeres (Col 3,18-4,1). La pr谩ctica eclesial, que sol铆a centrarse en las orientaciones comunitarias, ahora se centra m谩s en la 茅tica y la piedad individual (Tt 2,2-10). La insistencia en la pr谩ctica del amor fraterno es suplantada por la recomendaci贸n con la sana doctrina (1Tm 1,10) y la prevenci贸n contra los falsos doctores (1Tm 4,1-11) (STR脰HER, 2006, p. 5-134).

Las comunidades jo谩nicas se ubican a finales del siglo I, y pueden ser conocidas por su propia literatura, compuesta por un Evangelio (Jn), relacionado con tres Cartas (1, 2 y 3Jo) y un Apocalipsis (Ap). Retratan el ambiente de Asia Menor, alrededor de 脡feso, y se resienten de influencias filos贸ficas externas, de una ruptura con la sinagoga jud铆a y de los conflictos doctrinales internos. Por eso, insisten en el testimonio, el amor y la fidelidad. Confirman la persecuci贸n y la perseverancia, con verdadero martirio de sangre y esperanza renovada de un cielo nuevo y una tierra nueva (KONINGS, 2011, p. 145-147).

Otras comunidades de fe cristiana, desde finales del siglo I, son retratadas en las denominadas Cartas cat贸licas o universales (St; 1 y 2Pd; 1, 2, 3Jn; Jd), porque se dirigen a diferentes comunidades de una forma m谩s amplia. Esa literatura ilustra la inserci贸n del cristianismo en diferentes contextos, de manera fiel y creativa.

Sirva como conclusi贸n de todo este transcurso hist贸rico la afirmaci贸n de la carta de Santiago, que resume la dimensi贸n 茅tica de la religi贸n de la Biblia: 鈥淟a religi贸n pura y sin mancha ante Dios nuestro Padre consiste en esto: visitar a los hu茅rfanos y viudas en sus tribulaciones y mantenerse libre de la corrupci贸n del mundo鈥(St 1,27).

Valmor da Silva. PUC Goi谩s. Texto original en portugu茅s. 聽Recibido: 05/01/2020. Aprobado: 09/11/2021. Publicado: 24/12/2021

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[1] Yhwh normalmente se usar谩 como una transcripci贸n del tetragrama del nombre divino, llamado Adonay, Yahweh, Jehov谩 o Se帽or.

[2] Para la cita de textos b铆blicos, normalmente se sigue la Biblia de Jerusal茅n. (2002).

[3] Sobre la importancia de la profec铆a en la religi贸n de Israel hay numerosas obras. Las notas que siguen pueden profundizarse en Renckens (1969, p. 184-221); Fohrer (1982, p. 273 – 358); Gunneweg (2005, p. 235-283)..

[4] Sobre la religi贸n en el exilio, se sigue aqu铆, fundamentalmente, Schwantes (2009), Renckens (1969, p. 222-233); Fohrer (1982, p. 381-407); Gunneweg (2005, p. 285-295).

[5] Sobre la religi贸n en el per铆odo persa, se puede consultar Renckens (1969, p. 233-238); Fohrer (1982, p. 411-440); Gunneweg (2005, p. 297-306).

[6] Sobre la religi贸n en el per铆odo helenista, veja Renckens (1969, p. 238-251); Fohrer (1982, p. 441-485); Gunneweg (2005, p. 307-341).

[7] Para obtener una vista panor谩mica de la historia y la literatura, consulte: Vasconcellos e Silva (2009, p. 223-370).