Pentateuco

Índice

1 Introducción

2 El  Libro del Génesis

3 El Libro del Éxodo

4 El Libro del Levítico

5 El Libro de los Números

6 El Libro del Deuteronomio

7 Consideraciones finales

8 Referencias bibliográficas

 1 Introducción

El Pentateuco, que contiene los primeros cinco libros de la Biblia (Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio), funciona como una “locomotora” que en vez de tirar, empuja y hace avanzar todo el Antiguo Testamento. En estos libros se encuentran los fundamentos normativos y pedagógicos de la trayectoria histórica del antiguo Israel, bajo la dirección de un gran líder y protagonista humano junto a Dios: Moisés. Los cristianos, además de heredar el Pentateuco, también heredaron la idea de locomotora que está presente en la dinámica normativa y dinámica de los primeros cinco libros (Mateo, Marcos, Lucas, Juan y Hechos), que empujan y hacen avanzar  el Nuevo Testamento bajo la guía del verdadero Dios y verdadero Hombre protagonista de toda la Historia de la Salvación: Jesucristo.

Los libros del Pentateuco constituyen  un conjunto que reunió a diversas tradiciones y que son considerados por judíos y  cristianos, como la herencia que Moisés dejó a todo el pueblo elegido. En la tradición judía, los primeros cinco libros son llamados  Torá (Ley-instrucción-enseñanza). Las versiones latinas, en particular, la Vetus Latina y la Vulgata, adoptaron la nomenclatura griega (= Pentáteuchos cinco rollos o cinco envoltorios/estuches) que pasó a las versiones modernas de las Biblias en  lenguas vernáculas. Por eso, estos libros reciben la denominación de   Pentateuco en la tradición cristiana.

La actual división en cinco libros, en las palabras de los judíos, “cinco quintas partes de la Torá” (hamišā humšê hatōrâ), de la que se deriva la traducción griega  Pentateuco, es una división muy práctica. Los judíos, en lugar de un solo rollo de pergamino, eligieron cinco rollos más pequeños, más fáciles de ser manoseados, transportados, conservados y reescritos cuando era necesario.

En hebreo, cada una de las cinco partes, o rollos, del primer corpus literario de la Biblia, es designada por la primera palabra importante de su texto: berēshît (en el principio); shemôt (nombres); wayyiqrā’ (y llamó); bemidbar (en el desierto); haddebārîm (las palabras). Ya los judíos residentes en Alejandría y responsables de la traducción griega de las Escrituras designaron estos libros con los nombres que de alguna manera fuesen capaces de ayudarles a recordar el contenido de cada libro: Génesis (Génesis), porque trata de los orígenes del mundo, de las criaturas , de los seres humanos y de los antepasados ​​del antiguo Israel; Éxodos (Éxodo), porque se trata de la salida de Egipto; Leuitikón (Levítico), ya que trata de la legislación relativa a todo lo relacionado con el culto; Arithmoi (Números), porque trata del censo de los israelitas en el desierto; Deuteronomion (Deuteronomio), porque trata de la “segunda ley” o “copia de la ley” (cf. Dt 17,18), que  Moisés dio a los hijos de Israel en los campos de Moab, antes de entrar en la tierra prometida, y que completarían las prescripciones  recibidas en el Sinaí.

La división en cinco quintos no fue casual,  se llevó a cabo mediante la creación de puntos de ruptura y sutura entre el final y el comienzo de cada libro. La siguiente tabla proporciona una visión más clara de esta afirmación. Principio y final de cada libro se corresponden. La doble promesa de una prole numerosa y de la tierra buena y fértil, es un hilo conductor importante. Las citas no son exhaustivas, sino sólo ejemplos ..

Génesis Éxodo Levítico Números Deuteronomio

Tierra prometida

Gn 1,1Gn 3,15 señal de esperanza Ex 1,8Inicia con José Lv 1,1Inicia con la Tienda Nm 1,1Inicia con la Tienda Dt 1,1-5Inicia con Moab Tierra que mana leche y miel
Promesa de descendencia numerosaGn 1,26-28Gn 9,1.6-7Gn 15,5

Gn 16,10

Gn 17,2.20

Gn 22,17

Gn 47,27

Gn 48,4

Promesa de descendencia numerosaEx 1,7.10.12.20Ex 32,13 Promesa de descendencia numerosaLv 26,9 Promesa de descendencia numerosaNm 26,54Nm 33,54Nm 35,8 Promesa de descendencia numerosaDt 1,10Dt 6,3Dt 7,13

Dt 8,1.13

Dt 11,21

Dt 13,18

Dt 28,63

Dt 30,5.16

Promesa de descendencia numerosaJs 24,3
Tierra prometidaGn 12,7Gn 15,7.18Gn 24,7

Gn 26,3

Gn 48,4

Gn 50,24

Tierra prometidaEx 3,8.17Ex 6,4Ex 13,5.11

Ex 32,13

Ex 33,1.3

Tierra prometidaLv 14,34Lv 18,3Lv 20,24

Lv 25,24.38

Tierra prometidaNm 13,2.17.32Nm 14,8.23Nm 15,2

Nm 16,14

Nm 32,11

Nm 34,2

Tierra prometidaDt 1,35Dt 3,18Dt 9,4

Dt 10,11

Dt 26,9

Dt 34,4

Tierra prometidaJs 1,4.6Js 5,6
Temas centrales:Orígenes (creación, caída, restauración)Patriarcas:(Abraham, Isaac y Jacob) Temas centrales:Esclavitud,Liberación,Éxodo

Marcha

Sinaí

Temas centrales:SacrificiosRitualesFunciones sacerdotales Temas centrales:CensoMarcha por el desierto: de Cades Barnea a las estepas de Moab Temas centrales:En el día de la muerte de Moisés: discursos e instrucciones;Bendiciones y Maldiciones Temas centrales:De Josué a 2Reyes sigue la narrativa sobre la entrada, permanencia y pérdida de la tierra
Gn 50,26termina con José Ex 40,34-35 termina con la Tienda Lv 27,34termina con la Tienda Nm 36,13termina con Moab Dt 34,1-12termina con Moab 2Rs 25,27-30termina con una esperanza cf. Gn 3,15

La principal cuestión en disputa y que implica a muchos estudiosos del Pentateuco se centra en la comprensión de su difícil proceso de formación. Para una visión más amplia y más profunda de la problemática ver RÖMER; MACCHI; NIHAN: 2010, p.85-143. Es útil una comparación del tema “Composición literaria” en la introducción al  Pentateuco de la antigua (1973) y de la nueva (1998) edición de la Biblia de Jerusalén

Sigue a continuación  un breve resumen del problema sobre el proceso de formación:

Punto de partida: 1) Hipótesis de los Documentos: en la base del Pentateuco se perciben dos, tres o más tramas narrativas continuas ( “fuentes” o “documentos”) que fueron redactadas en diferentes momentos y con diferentes ideologías. Al final, han sido yuxtapuestas o mezcladas unas con otras por redactores sucesivos. 2) hipótesis de los Fragmentos: es una reacción a la hipótesis anterior; supone que haya existido originalmente  un número indeterminado de relatos diseminados y de textos aislados sin ninguna continuidad narrativa. Posteriormente, éstos se reunieron por uno o varios redactores-compositores. 3) la hipótesis de los Complementos: intento de reconciliar las dos anteriores, suponiendo que inicialmente hubo una trama narrativa básica y continua que, a lo largo de los siglos, recibió añadidos y complementos.

Durante casi un siglo, se impuso el modelo de los Documentos-Fuentes (J. Wellhausen, G. von Rad, M. Noth, H. Gunkel). Este explicaba el origen del Pentateuco por la fusión de cuatro documentos que tuvieron un origen independiente: Yahvista (“J”) del siglo X aC, originario del reino del sur; Elohista (“E”) del siglo VIII antes de Cristo, originario del reino del norte; Deuteronomista (“D”) del siglo VII aC, originario del reino del sur; Sacerdotal (“P”) de los siglos VI-V aC, iniciado con exiliados en Babilonia y concluido en Jerusalén.

Desde el principio, este modelo interpretativo ha recibido muchas críticas, y desde 1970 se vio fuertemente debilitado, siendo recuperado  en gran medida el modelo de los Fragmentos con una nueva configuración (R. Rendtorff, E. Blum). De acuerdo con este modelo, lo primero que se debe hacer es dejar, perentoriamente, el modelo de los Documentos-Fuentes, y reanudar los estudios basándose en las grandes unidades literarias (Gn 1-11; 12-50; Ex 1-15; 19-24; 16 -18 + Nm 11-20; 21-36 Nm). El Pentateuco, entonces, sería el resultado de un trabajo de redacción, pero principalmente de dos composiciones: una sacerdotal (KP) y una deuteronomista (KD), ambas postexílicas.

 Delante del conturbado momento y de las dificultades de las investigaciones, otros estudiosos (P. Weimar, E. Zenger) se dedicaron a lo  que quedaba del modelo de los Documentos-Fuentes y de lo que resultó de las  nuevas investigaciones resultantes del modelo de los Fragmentos. En cierto modo, se trata de una recuperación del modelo de los Complementos, mediante el cual se intenta formular una comprensión del proceso de formación del Pentateuco teniendo en cuenta que es posible aceptar una historiografía preexílica al comienzo del siglo VII antes de Cristo ( “Obra Jerosolimitana de Historia”), que fue ampliada por manos laicas durante el exilio en Babilonia (“Obra Exílica de Historia”) y reinterpretada por manos sacerdotales ( “Obra Sacerdotal de Historia”), inmediatamente después del exilio por los que regresaron en el año 520 antes de Cristo para restaurar el templo de Jerusalén . Por último, estas dos obras (ampliadas y reinterpretadas) se fusionaron en la segunda mitad del siglo V aC ( “Gran Obra postexílica de Historia), lo que resulta en una obra muy amplia y completa: desde el Génesis hasta Reyes (Eneateuco). En esa obra, el escriba y sacerdote Esdras separó a los primeros cinco libros y promulgó como Tora, marcando el surgimiento de la nueva forma religiosa, Judaísmo, en el momento en que se creó la provincia persa de Judá. Con la separación, surgió un nuevo bloque de libros: Josué – Reyes, que más tarde recibieron el nombre de “Profetas anteriores”.

Por el momento, no hay consenso entre los estudiosos y no surgió un nuevo modelo capaz de imponerse, como ocurrió con el modelo de los Documentos-Fuentes. El Yahvista y el Elohista, por ejemplo, que eran considerados fuentes se denominan tradiciones. Últimamente, se prefiere trabajar sólo con lectura sincrónica y explicar los textos desde su forma final y canónica. Es una operación válida, pero hay muchos problemas diacrónicos que no pueden ser ignorados y que requieren la combinación de ambos procedimientos metodológicos.

2 El libro del Génesis

Este libro trata de temas universales: se ocupa de los orígenes del mundo, de la aparición del ser humano, de su pecado y desventuras. Este marco sirvió para presentar la historia de los antepasados de Israel, de acuerdo con una dinámica familiar, hablando de la historia que se desarrolla con Abraham, Isaac, Jacob y José. Este es el enlace entre el final del Génesis y el comienzo del Éxodo. Las “historias” de los antepasados son ciclos narrativos que inicialmente tenían origen independiente y sólo más tarde se unificaron sirviendo de fundamento,  para hablar de los orígenes del antiguo Israel.

El libro puede ser dividido en dos grandes bloques: Gn 1–11 e Gn 12–50.

Gn 1-11 es comúnmente llamado “historia de los orígenes”, ya que su contenido es universal y retrata los comienzos de la humanidad. Estos once capítulos son narraciones amalgamadas, inspiradas en las mitologías mesopotámicas, en la que se pretende hacer una reflexión y para ello, dar una explicación teológica de los orígenes de la humanidad, basada en dos pilares: a) quién es Dios y su obrar: justo y fiel a su creación, en particular, al ser humano; b) que es el ser humano y su obrar: infiel en su relación con Dios y con sus semejantes. Junto a esto, se incluyen las principales instituciones humanas (el matrimonio, las lenguas, las divisiones étnicas, las culturas de subsistencia, la elaboración de los metales, el enfrentamiento entre el campo y lo urbano), y su camino hacia la realización de su destino.

La perspectiva universalista presente en toda la narrativa sirve de base para la historia del antiguo Israel, que, desde la vocación de Abraham, se inserta en el contexto de la historia humana universal. Esta, a su vez, se inserta en el relato de la creación del mundo, como ambiente favorable para la aparición y el desarrollo de la raza humana. El tema principal y dominante de Gn 1-11 es el del origen de todas las cosas en las manos de un solo Dios que hizo, dispuso y mantiene su creación como previsora y providente. Al lado del tema principal, la narrativa quiere mostrar cómo el ser humano, por el pecado de sus progenitores (Gen 3.1 a 24), se aleja cada vez más de Dios  Creador y de su designio de amor.

El relato del diluvio (cf. Gn 6,5-9,17), por ejemplo, sirve para hinchar la condición humana del pecado, pero de acuerdo a las dimensiones cósmicas que desde el principio, muestran que sólo Dios puede crear y destruir el mundo. Es una manera para denotar el dominio divino y para decir que el ser humano no tiene la última palabra sobre la realidad. La destrucción de la humanidad en el caos de un diluvio de proporciones universales tiene que ver con las proporciones universales que fueron provocadas por la desobediencia de los progenitores de la humanidad. De alguna manera, el diluvio hizo que la creación regresase a la anterior situación de los orígenes, pero permitiendo que todo tuviese un nuevo comienzo con Noé, su familia y los animales salvados en el arca. Esto nos lleva a la intención principal: la vocación y la misión de Abraham, por el cual el antiguo Israel surge y se convierte en un pueblo.

Gn 11,27-50,26 describe los orígenes del antiguo Israel, mostrando cómo Dios creó y eligió este pueblo a través de la realización de su favor a los antepasados, dándoles un nuevo destino humano con la promesa de una descendencia numerosa y de la tierra buena y fértil. Abraham, Isaac, Jacob y José representan cuatro generaciones que vienen de una nueva y justa raíz humana, ya que son los descendientes de Set (Gn 4,.25-26), el hijo que Eva dio a luz, no sólo para tomar el lugar Abel, sino para denotar que el mal no tendrá la última palabra sobre el bien.

En la segunda parte del libro del Génesis, son tres ciclos de tradiciones familiares, Abraham y Sara (cf. Gn 11,27 a 25,18); Jacob y sus hijos (cf. Gen 25,19 a 36,43); José y sus hermanos (cf. Gn 37,1 a 50,26). El relato sobre Isaac no es un ciclo en sí mismo, sino que es el fuerte vínculo entre Abraham y Jacob, respectivamente, el vínculo entre las tradiciones patriarcales de Judá (Abraham) e Israel (Jacob). Isaac es este enlace por el que se garantizó la tenencia de la tierra, ya que el segundo patriarca nunca salió de la tierra de Canaán para vivir en un país extranjero.

La reconstrucción de los pasos que originaron los textos autográficos, es algo imposible de ser alcanzado debido a la ausencia de fuentes extra-bíblicas que se ajusten a los relatos bíblicos. Es cierto que el libro de Génesis ha pasado por un largo proceso de redacción y que gran parte de su contenido se sitúa mejor en el exilio vivido en Babilonia, o incluso en el post-exilio durante la dominación persa, cuando muchas tradiciones del antiguo Israel alcanzaron su redacción final.

Las tradiciones Yahvista y Elohista, objeto de grandes cuestionamientos en los últimos treinta años pueden ser admitidas como reelaboraciones de poemas épicos, originalmente orales, en una forma de prosa escrita. El redactor final, probablemente Sacerdotal, organizó el material en grandes bloques, utilizando una fórmula: “Estas son las generaciones de …” (tôledôt). Esta fórmula introduce el material tradicional y ocurre cinco veces en la historia de los orígenes (cf. Gn 2.4, 5.1, 6.9, 10.1, 11.10) y cinco veces en la historia de los antepasados del antiguo Israel (cf. Gn 11,27; 25,12; 25,19; 36,1.11; 37,2), sirviendo como puntos de conexión y guía general de los relatos que conforman los dos bloques que componen el libro del Génesis.

3 El libro del Éxodo

Este libro se centra en la salida de los israelitas de la tierra de Egipto y en su marcha por el desierto hasta llegar al Monte Sinaí, donde Dios selló una alianza con el pueblo liberado, convirtiéndolo en su  propiedad particular.

Estos tres momentos centrales del libro de Éxodo son la base alrededor de la cual los otros libros del Pentateuco se relacionan. Por lo tanto, las historias, primitiva (Gn 1-11) y patriarcal (Gn 12-50) sirven de premisas para justificar: la entrada y salida de Egipto de los hijos de Israel (Ex 1,1-15,21), la marcha de ellos por el desierto (Ex 15,22-18,27), la llegada y su permanencia en el Sinaí (Ex 19,1 – Nm 10:10); también sirven para mostrar que los hombres libertados, recibiendo las leyes y los preceptos divinos, se convirtieron en la propiedad particular de Dios (Levítico). Libres y con una legislación justa, los hijos de Israel reanudan la marcha por el desierto llegando  a los campos de Moab, y, después de conquistar los territorios de Transjordania, se prepararon para entrar y conquistar la tierra de Canaán (Núm 10,11 Dt 34). Con esto se muestra la continuidad entre los temas de la promesa y de la realización de la descendencia numerosa con el del don de la tierra.

El libro de Éxodo, como el libro de Génesis, también puede ser dividido en dos bloques, que, sin embargo, giran en torno a dos ejes: narrativo y legislativo. 1) Ex 1,1- 15,21: opresión de los hijos de Israel,  vocación,  misión de Moisés y la liberación de Egipto; 2) Ex 15,22-40,38: marcha por el desierto, llegada y permanencia en el Monte Sinaí, y varias prescripciones sobre  la tienda-santuario y los ministros del culto.

La salida de Egipto es el marco inicial y constitutivo del antiguo Israel como el pueblo de la alianza. La liberación de Egipto es el fundamento de la fe de este pueblo, porque por ella experimentó y llegó a conocer a Dios como liberador y su fuerte aliado contra todas las formas de opresión. La liberación fue narrada como maravillosa, mostrando que el Dios que libera es el mismo que domina toda la creación.

La experiencia de liberación sentó las bases de la religión de Israel. Es el resultado de la acción de Dios y nace del hecho relatado como éxodo de Egipto. Así, la alianza que sucede al pie del Sinaí adquiere forma institucional. En ella se basa  la ética de los hombres liberados, tanto en el ámbito social como en el culto. Israel, experimentando y reconociéndose como un pueblo rescatado, pasó a tener las condiciones necesarias para poner en práctica una promesa (Gn 12.1-3).

El libro de Éxodo, por el ejemplo y el testimonio salvífico que contiene, se convierte en un criterio capaz de entender la salvación no como concepto, sino como una propuesta de  vida del ser humano con Dios. La alianza del Sinaí, en cuanto  rescata, expresa un nuevo sentido a las relaciones de comunión que deben existir entre Dios y la comunidad de los hombres liberados.

La experiencia de fe que sucedió con los antepasados (Adán, Noé, Abraham, Isaac, Jacob y José) dio lugar a una nueva experiencia liberadora y sentó las bases de las siguientes experiencias narradas con Josué, Samuel, David, Ezequías, Josué y el nuevo Israel que renació del exilio en Babilonia y asumió una nueva configuración religiosa con el judaísmo.

El segundo libro del Pentateuco es el resultado tanto del trabajo de redacción y composición a partir de varias tradiciones acerca de la salida de Egipto y el tiempo del desierto de las veces, pero en particular sobre  la experiencia que se vive en el exilio en Babilonia. Por lo tanto, la redacción final puede ser colocada entre los siglos VI-V aC.

4 El libro del Levítico

Este libro se refiere al culto a realizar por la tribu de Levi, elegida para el servicio de la tienda-santuario que fue establecida por orden de Dios y que de ella tomó pose (cf. Ex 40,34-38), pasando a habitar en medio de su pueblo. La posición literaria en el corpus del Pentateuco puede ser considerada estratégica, ya que está exactamente en el centro, lo que, a su vez, tiene su epicentro en la Ley de Santidad. Esta posición se inserta en la dinámica del pueblo que, de Ex 19,1 a Nm 10,10, permaneció en el Sinaí, recibiendo las condiciones necesarias para una vida con Dios antes de reanudar la marcha por el desierto para entrar y conquistar la tierra Prometida.

El libro contiene básicamente material de índole legislativa, con algunas piezas narrativas (cf. Lev 8-9; 10,1-5; 24,10-14.23). La vida cotidiana es la cuna de las leyes que regulan la vida social, política, religiosa y cultural del antiguo Israel en formación para tomar posesión de la tierra de Canaán. En este sentido, para entrar y tomar posesión de la tierra, el antiguo Israel ya se encontraría orientado por normas, estatutos, decretos y leyes que harían de él un pueblo particular entre los otros pueblos (cf. Dt 4,35-40). Una formación normativa que surgió en el desierto sirvió para garantizar la permanencia del pueblo en la tierra después de su conquista e instalación.

El libro se puede dividir en cinco partes, teniendo en cuenta la naturaleza de los textos: 1) prescripciones sobre los sacrificios (Lv 1-7): lista de varios tipos de sacrificios que agradan a Dios y son ejecutados por los ministros autorizados; 2) investidura de los sacerdotes (Lv 8-10): normas sobre el oficio de los que descienden de Levi a partir de Aarón y de sus hijos. Estos son los que hacen posible el acceso de todo el pueblo a Dios por medio del culto; 3) prescripciones sobre lo puro y lo impuro (Lv 11-16): elenco de animales, personas y situaciones que pueden poner en peligro la pureza de la comunidad de fe. Si ésta se ve comprometida, la solución es un ritual de expiación que ocurre una vez al año y da a todo el pueblo el perdón y la reconciliación con Dios; 4) “Código” de  Santidad (Lv 17-26): enfatiza el aspecto positivo de las cosas y personas relacionadas con el culto. Todo debe ser santo como Dios es santo; 5) El apéndice al “Código” de Santidad (Lv 27): todo lo que se puede ofrecer, personas y bienes, pueden ser consagradas por un voto, pero sólo puede reanudarse cuando sea posible, por el valor estipulado. Sólo lo que estaba condenado al anatema no podía ser rescatado. La dinámica que anima estas cinco partes es clara: el Dios Santo  sólo puede ser adecuadamente adorado por un pueblo que le corresponda en santidad (cf. Lv 19,2).

Desde el punto de vista de la formación del libro, se observa que en él se contienen muchas leyes antiguas y recientes. Las leyes más antiguas se pueden derivar de un período en el que el antiguo Israel todavía no tenía un culto y templo único. Estas se fueron  consolidando y recibiendo actualizaciones en los santuarios locales, hasta que las más recientes fueron incluidas en el grupo de la diáspora que regresó a Canaán durante el período persa con el fin de reconstruir la ciudad de Jerusalén y en ella reanudar el  culto sacrificial.

Por lo tanto, el material que  en el libro aparece como derivado de la acción mediadora de Moisés forma parte, esencialmente, de la tradición Sacerdotal que se remonta a su fundador. La gran pretensión de este  libro es predisponer al pueblo para recibir la presencia de su Dios en un ambiente, de cierta manera, caracterizado por su ausencia (Jerusalén destruida por los babilonios). Como un manual, el libro de Levítico autentifica la existencia y regula la práctica de la función sacerdotal. Responsable de la santidad del culto al  Dios único y  santo, los sacerdotes protagonizan los actos que realizan la santidad del pueblo.

5 El libro de los Números

Este libro completa algunas leyes que no entraron en los dos libros anteriores y describe algunos hechos que se produjeron en la segunda etapa de la peregrinación del pueblo a través del desierto. Por lo tanto, el período del Sinaí y el periodo del desierto se convirtieron en los momentos singulares para la recepción de la legislación antiguo Israel. Sin embargo, no se encuentra en el libro de Números una lógica  coherente y clara como en los libros de Génesis y Éxodo.

Moisés, que ya había mediado la alianza y levantó la tienda-santuario, recibió la orden de contar los hombres aptos para la guerra y así, entonces, hacer al pueblo dejar el monte Sinaí , continuar la marcha y proseguir hacia la tierra prometida . Así se hizo, pero por la falta de confianza en Dios, la generación que salió de Egipto no entró en la tierra y a lo largo de más de cuarenta años, el pueblo tuvo que vagar y  enfrentarse a diversos tipos de dificultades antes de lanzarte a la conquista de los territorios de la Transjordania, tomando posesión de la tierra de Sehón rey de los amorreos, y de Og, rey de Basán (cf. Nm 21.33-35; 32).

Téngase en cuenta que el libro de Números también contiene elementos narrativos y legislativos. El contenido puede ser presentado en dos partes: 1) Israel se  prepara para dejar el Sinaí y avanzar hacia la tierra prometida (cf. Nm 1,1-10,10); 2) la marcha desde el Sinaí hasta el Jordán (cf. Nm 10,11-36,13). Esta segunda parte se puede subdividir en dos etapas: en la primera, Israel llega delante de la tierra prometida, explora el territorio, pero no toma posesión. Por eso  debe vagar por el desierto (cf. Nm 10,11-21,20). En la segunda, Israel comienza la conquista de los territorios de Transjordania en la tierra de Moab (cf. Nm 22,21- 36,13)

En el conjunto de este  libro hay muchos disturbios mencionados, lo que dio ocasión para calificar a Moisés aún más. Él aparece en el importante papel de mediador y se presenta como el más humilde de los hombres (cf. Nm 12,3). Debido a la gran resistencia que sufrió, fue reconocido como profeta y hombre de Dios (cf. Nm 12,6-8); un siervo justo en su fe en Dios (cf. Nm 10,29-32) y su amor por el pueblo (cf. Nm 11,2.10-15; 21,7). Sobresale, entonces, su papel como intercesor en favor del pueblo a pesar de sus pecados (cf. Nm 11,27-29 ; 12). Sin embargo, el libro no esconde las debilidades de Moisés : se niega a interceder ante una rebelión de un grupo de levitas (cf. Num 16,15); titubea al ejecutar una orden de Dios (cf. Nm 20,10-12), y se derrumba por el peso de la misión (cf. Nm 11,11-15).

Un elemento central en el libro de Números es el factor de transición: la antigua generación, que salió de Egipto, murió en el desierto (Nm 1,1- 21,9) para que diese lugar a la nueva generación que tomó posesión de la tierra prometida (Nm 26,1-36.13). Sólo Josué y Caleb, con sus familias, fueron preservados por la fidelidad a la orden de conquistar la tierra (cf. Nm 14.6-9). Entre estas dos generaciones se encuentra el curioso ciclo de Balaán, que sirvió para mostrar la total y libre disposición de Dios al elegir y bendecir a Israel (cf. Nm 22,2-24,25). Otra importante transición es la geográfica: del Sinaí, por el desierto, a los campos de Moab. Las primeras conquistas fueron la base de lo que sucedería cuando el pueblo atravesase el Jordán.

El libro de Números no es homogéneo en cuanto al material utilizado en su preparación. Las fuentes históricas, que fueron la base para la formación de este libro, tienen sin duda un desarrollo largo y complejo. Es plausible que el libro haya adquirido su forma definitiva entre los siglos VI-V aC, respectivamente, durante o después del exilio en Babilonia. Es posible pensar que la mano final del libro se dio cuenta de que la vida del pueblo durante la diáspora-exilio en Babilonia tuvo una estrecha analogía con el periodo en el que el pueblo elegido vagó por el desierto. Por lo tanto, las antiguas tradiciones sobre la época en la que el pueblo vivió en el desierto fueron reinterpretadas según una nueva perspectiva y un nuevo contexto literario. Parte del material es de la tradición sacerdotal, fácilmente identificable por el estilo, el vocabulario y los intereses (legislativos). Parte del material no es de los círculos sacerdotales, especialmente las partes narrativas (Números 11-25; 33). Esto da lugar a tensiones presentes en el libro. Con mucha probabilidad, sin embargo, la versión final estuvo en manos de los círculos sacerdotales y habría sido el último libro del Pentateuco que  llegó a su forma final y canónica, durante el período persa, a finales del siglo V aC.

6 El libro del Deuteronomio

El último libro del Pentateuco comienza con la voz del narrador que, a su vez, ya está en el otro lado del Jordán, es decir, el lado de la tierra prometida (Cisjordania). Por lo tanto, lo que narra mira al otro lado del Jordán (Transjordania), donde estuvo el pueblo y su líder en los campos de Moab, frente a Jericó (Dt 1,1.5; Dt 34,1). El libro entero, sin embargo, parece ser un largo discurso de Moisés que da, incluso, en el mismo día de su muerte en la tierra de Moab, después de haber contemplado  toda la tierra que Dios estaba dispuesto a dar a su pueblo (cf. Dt 34,1-12). Así, el libro fue concebido como el testamento que Moisés, antes de morir, dejó su pueblo, que estaba a punto de entrar y tomar posesión de la tierra prometida. En este testamento  está la exigencia de fidelidad, sin la cual el pueblo no permanecerá en la tierra. Todo lo que Moisés hizo y enseñó debe ser puesto en práctica, con el fin de prolongar su vida en la tierra prometida.

El libro puede dividirse en introducción, tres discursos de Moisés, su bendición sobre el pueblo y la conclusión, en el que relata la muerte de Moisés, en la que anuncia a Josué como sucesor en la dirección del pueblo. La introducción, que se une al final del libro de los Números porque los hijos de Israel acamparon en los campos de Moab, orienta todo el contenido al decir, “estas son las palabras que dirigió Moisés a todo Israel” (Dt 1,1 -5). Los tres discursos se inician por una fórmula similar a la utilizada en la introducción, “estas son las palabras,” abriendo el primer discurso (Dt 1.6-4,40); “Esta es la Torá”, abriendo el segundo discurso (Dt 4.41-49; 5,1-28,68); “Estas son las palabras de la alianza”, abriendo el tercer discurso (Dt 28,69- 32,52).  Sigue la bendición introducida por la frase “esta es la bendición” (Dt 33) y el libro termina con la historia de la muerte de Moisés (Dt 34). El libro, abierto con las  palabras de Moisés a todo Israel, termina con todo el pueblo llorando  por la muerte de su incomparable líder.

En el libro de Deuteronomio, se destacan importantes temas teológicos: la salida de Egipto, la alianza de Dios con el pueblo y la libre elección de éste; el don de la tierra; el don de la ley; la centralidad del único lugar de culto. Trasparece que el libro en su conjunto, es una síntesis teológica de los principales hechos que se narran desde Génesis hasta Números. Las diversas referencias a los patriarcas y a la salida de Egipto permiten que el tejido de la narrativa prosiga hacia el gran objetivo final: entrar y tomar posesión de la tierra prometida. El contenido de los discursos de Moisés pretende alertar a los hijos de Israel sobre las seducciones que encontrarán después de entrar y tomar posesión de la tierra. Por eso  el tono de los discursos es exhortativo. Se dice lo que debe hacer y lo que definitivamente debe ser evitado. La ley – instrucción de Moisés es el parámetro.

Un marco formal característico en el libro es la alternancia entre los destinatarios de las exhortaciones de Moisés, ora presentados por la segunda persona del singular, tú, y ora en la segunda persona del plural, vosotros. Aunque Moisés protagoniza el discurso en primera persona, también hay interrupciones que hablan de Moisés en tercera persona (cf. Dt 4,41-5,1a; 27,1a; 28,69; 29,1).El fuerte fondo mosaico está presente tanto en los discursos como en el “Código Deuteronómico” (cf. Dt 12-26 *). Sin embargo, el origen del libro no se remonta a la época de Moisés y su forma final debe ser colocada en un período posterior, el siglo V aC. Se supone que el libro ha pasado, probablemente por tres etapas: preexílica, exílica y postexílica. En estos tres pasos, contribuyeron diferentes manos: profética, sacerdotal y sabios cortesanos.

7 Consideraciones finales

El Pentateuco es considerado la constitución del antiguo Israel en forma de historia de la salvación. Lo que ocurrió en relación con el antiguo Israel, desde el punto de vista de la narrativa, es  obra de Dios. La creación del mundo es su punto de partida y la conquista de la tierra prometida es su punto de llegada. Este itinerario es un camino modélico de la fe que va de la expulsión del paraíso a la entrada en el fértil Egipto (Génesis), de la salida de éste, guiados por Moisés a través del desierto para entrar en tierra buena y fértil, una tierra que mana leche y miel (Éxodo- Deuteronomio). En medio de la trama narrativa, una legislación amplia y diversa aparece distribuida en largos párrafos de los libros de Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio.

Los libros que componen el Pentateuco evidencian y trazan  para el oyente-lector, una historia continuada que va desde los orígenes del mundo y de los antepasados ​​de Israel – Abraham, Isaac, Jacob y José – hasta la muerte de Moisés delante de la tierra prometida. Esta trayectoria puede ser memorizada a través de las principales etapas: la historia de los orígenes del mundo, del hombre, del pecado; historia de los Patriarcas (Génesis);  esclavitud y éxodo de Egipto; marcha por el desierto hasta el Sinaí; alianza en el Sinaí; pecado de idolatría en la elaboración del becerro de oro; renovación de la alianza; determinación y normas para erigir la tienda-santuario; legislación sobre la conducta del pueblo y reglas sobre lo puro y lo impuro; censo del pueblo; reanudación de la marcha por el desierto; bendición al pueblo en la boca de Balaán; conquista de los territorios de la Transjordania (Éxodo-Números); recapitulación de la historia para establecer al pueblo en la libertad que recibió como un don  de Dios; delante de él, el pueblo tiene la posibilidad de recibir las bendiciones por la obediencia y las maldiciones por la desobediencia (Deuteronomio).

Estas etapas se encuentran en forma de síntesis en Js 24,1-10 y bien completa en Ne 9,5-23. También en diversos Salmos de  naturaleza histórica, estas etapas son recordadas. Todo esto para que el pueblo siempre se acuerde de cantar las maravillas que Dios ha obrado en su favor (Sal 78 [77], 105 [104], 106 [105], 135 [134], 136 [135]).

Por lo tanto, el Pentateuco atestigua el don gratuito  de Dios, por la forma como conduce los acontecimientos salvíficos en favor de su pueblo, sobre todo por su acción liberadora en Egipto, por la celebración de la alianza del Sinaí, por la manifestación de la misericordia de perdonar la grave falta del pueblo que eligió a un becerro de oro como su Dios (cf. Ex 34,1- 9) y, finalmente, por introducir a la gente en la tierra prometida. En esta dinámica histórica, el Pentateuco muestra que Dios, después de la elección de Abraham y de haber permitido que Jacob se transfiriese a Egipto, no olvidó, y mucho menos abandonó  a los descendientes de los patriarcas en un país extranjero. La razón aparece en alusiones a las promesas hechas. La liberación fue forzada porque hubo opresión desproporcionada y cruel, al lado de la resistencia del faraón intransigente, lo que condujo a su pueblo y su país al caos. Por lo tanto, es evidente la gran característica de Dios: es fiel a su palabra. Este es el fundamento de la fe y el criterio de la verdad salvadora que el Pentateuco quiere transmitir. El ser humano no sólo puede, sino que debe confiar en su vida en las manos de Dios que crea, libera  y mantiene la vida en el desierto, donde ella no podría existir, y mucho menos prosperar. Es lo que el Pentateuco testimonia y transmite en forma de  ley e instrucción.

Leonardo Agostini, PUC Rio. Texto original português

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