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{"id":606,"date":"2015-02-26T23:07:51","date_gmt":"2015-02-27T02:07:51","guid":{"rendered":"http:\/\/theologicalatinoamericana.com\/?p=606"},"modified":"2016-04-01T16:47:21","modified_gmt":"2016-04-01T19:47:21","slug":"teologia-moral-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/teologicalatinoamericana.com\/?p=606","title":{"rendered":"Teolog\u00eda Moral"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\"><strong>\u00cdndice<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">1 Lecciones de la historia<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">2 \u00bf\u00c9tica humana o moral religiosa?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">3 Un doble planteamiento en la moral actual<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">4 La urgencia de un planteamiento cient\u00edfico<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">5 La b\u00fasqueda del mayor bien<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">6 Consciencia, tema central<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">7 El pecado y la culpa<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">8 El pecado social y las estructuras de pecado<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">9 Referencias Bibliogr\u00e1ficas<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong style=\"line-height: 1.5;\">1 Lecciones de la historia<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No cabe duda que la Teolog\u00eda moral ha sufrido una fuerte devaluaci\u00f3n en nuestro mundo actual. Muchas personas educadas en un ambiente cristiano han dejado de creer en las ense\u00f1anzas \u00e9ticas recibidas. Durante mucho tiempo, sin embargo, tuvo una fuerte influencia entre los creyentes para orientar su vida concreta. Se consideraba como una manifestaci\u00f3n expl\u00edcita de la voluntad de Dios que la Iglesia pod\u00eda interpretar y aplicar a las distintas situaciones. La promesa del Esp\u00edritu le otorgaba una firme garant\u00eda para que no se equivocara en sus ense\u00f1anzas. A los fieles no les quedaba otra alternativa que la obediencia y sumisi\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es verdad que, aunque se foment\u00f3 su estudio en buenas Universidades bajo la ense\u00f1anza de grandes te\u00f3logos que nunca faltaron a lo largo de la historia, su inter\u00e9s se centr\u00f3, sobre todo, en ayudar a los confesores para el ministerio de la reconciliaci\u00f3n. El sacerdote manifestaba el perd\u00f3n y la misericordia de Dios pero necesitaba tambi\u00e9n, como juez, el conocimiento exacto sobre la gravedad e importancia del acto cometido. La mayor parte de los textos de moral, hasta tiempos muy recientes, se hab\u00edan convertido en verdaderos <em>pecat\u00f3metros<\/em> que med\u00edan con exactitud e imaginaci\u00f3n todas las posibilidades existentes (<em>casu\u00edstica<\/em>).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esta orientaci\u00f3n prioritaria no evit\u00f3, sin embargo, las m\u00faltiples discusiones que se han dado a lo largo de la historia sobre temas que hac\u00edan referencia a determinados planteamientos \u00e9ticos. Basta recordar, por ejemplo, las diferentes maneras de armonizar las exigencias de la ley con las decisiones de la propia conciencia. Los llamados (<em>sistemas morales<\/em>) no hacen referencia, como podr\u00eda parecer, a los grandes fundamentos de la moral, sino a la proporci\u00f3n diferente que se defend\u00eda entre la obligaci\u00f3n legal y la libertad de cada persona para determinar su opci\u00f3n en las diferentes circunstancias. Aunque las acusaciones de otros tiempos nos parecen hoy superadas, no cabe duda que siguen teniendo su influencia para evitar o inducir hacia una visi\u00f3n m\u00e1s o menos rigorista (<em>rigorismo<\/em>).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Lo mismo ha sucedido con el n\u00facleo b\u00e1sico de la moral. Es decir, cu\u00e1les son aquellas fronteras fundamentales que nunca se podr\u00edan traspasar (<em>ley natural<\/em>). Su existencia ha sido utilizada en bastantes ocasiones para imponer determinados comportamientos. Lo que pertenece a ese \u00e1mbito gozar\u00e1 de mayor consistencia, pero el peligro de ampliar sus l\u00edmites ha sido tambi\u00e9n una realidad hist\u00f3rica. Hasta d\u00f3nde llegan sus exigencias sigue siendo un planteamiento que no termina de aclararse por completo. Sobre todo, cuando entre los mismos autores cl\u00e1sicos no se llegaba a una misma explicaci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Para evitar un pluralismo que pudiera resultar peligroso para la comunidad eclesial, la Iglesia hab\u00eda encontrado en su magisterio un apoyo muy importante. La diferencia cl\u00e1sica entre \u00e9tica y moral encontraba aqu\u00ed su punto de partida. La moral ten\u00eda su origen en la palabra de Dios que la Iglesia, con una especial ayuda del Esp\u00edritu, tiene que interpretar e imponer con su autoridad en las diferentes situaciones hist\u00f3ricas y personales. Mientras que la \u00e9tica se basaba en las exigencias de la raz\u00f3n, que no ofrec\u00eda mayor seguridad y estaba sujeta a los errores humanos. Se indicaba, incluso, que sus propias conclusiones deber\u00edan subordinarse a los contenidos de la moral. La filosof\u00eda qued\u00f3 relegada, durante mucho tiempo, a ser simplemente una ayuda para la fe. No en vano se la consider\u00f3 como una esclava de la teolog\u00eda. No cab\u00eda otra respuesta que la obediencia y sumisi\u00f3n, pues el remordimiento y la amenaza de una condena constitu\u00edan un resorte de extraordinaria eficacia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se hac\u00eda inevitable, por tanto, el planteamiento de un nuevo problema. Como seres racionales, debemos actuar con un convencimiento interior que justifique la conducta que adoptamos. Un esfuerzo de explicaci\u00f3n racional para que nuestro comportamiento resulte sensato y comprensible. Pero, como creyentes, tampoco podemos eliminar nuestra dimensi\u00f3n trascendente que nos hace encontrar en Dios la explicaci\u00f3n fundamental de nuestra vida. La escucha y docilidad a su palabra forma tambi\u00e9n parte de nuestros presupuestos \u00e9ticos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong style=\"line-height: 1.5;\">2 \u00bf\u00c9tica humana o moral religiosa?<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El problema metodol\u00f3gico que entonces se plantea es saber d\u00f3nde encontrar nuestro punto de partida. Si partimos de la raz\u00f3n para construir una \u00e9tica humana, razonable, v\u00e1lida y universal para todos. O si es la revelaci\u00f3n la que nos ha de garantizar, como creyentes, la firmeza y la seguridad plena de nuestra conducta. Excluimos ahora las posturas extremistas de los que niegan, por una parte, el recurso a la fe para defender una plena autonom\u00eda humana; y los que desean, por otra, recurrir solo a la palabra de Dios.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La \u00e9tica secular ser\u00eda un buen representante de la primera opci\u00f3n. Proclama y defiende la consistencia humana de las normas y deberes, sin valerse de otras justificaciones externas. En la divinidad se encontraba la respuesta a la ignorancia que imped\u00eda descubrir una fundamentaci\u00f3n racional. La hip\u00f3tesis de un Dios que revela o de una Iglesia que ense\u00f1a con autoridad ha pasado al museo de la historia. El progreso cient\u00edfico ha certificado su muerte definitiva.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La respuesta protestante, por el contrario, defiende un radicalismo antag\u00f3nico. Para el cristiano no cabe otra opci\u00f3n que una \u00e9tica puramente religiosa. Solo se puede actuar con rectitud, cuando uno se hace oyente de la palabra para dejarse dirigir por el mensaje de la revelaci\u00f3n. Cualquier otro intento de orientar la vida, mediante los valores humanos, llevar\u00e1 a un fracaso absoluto, ya que no existe en nosotros ninguna capacidad de descubrir el bien con nuestros propios medios. Ning\u00fan moralista puede usurpar el trono de Dios para determinar lo que es bueno y lo que resulta inaceptable, como si tuviera la misma competencia que solo a \u00c9l pertenece. Se da una manifiesta contradicci\u00f3n entre los imperativos \u00e9ticos y las exigencias religiosas. A nivel religioso, la \u00fanica categor\u00eda \u00e9tica es la del absurdo, como la actitud desconcertante de Abrah\u00e1n que, por obedecer a Dios, est\u00e1 dispuesto a sacrificar a su propio hijo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No pretendo ahora explicar los matices existentes en ambas posturas. Solo quiero resaltar que, dentro del catolicismo, se ha defendido siempre una postura intermedia. La dimensi\u00f3n humana y religiosa no son dos realidades excluyentes ni contradictorias. Entre la fe y la raz\u00f3n se da una armon\u00eda complementaria, sin que ninguna pierda su valor y utilidad. Se pretende una \u00e9tica que sea profundamente religiosa, sobrenatural y trascendente, pero que no deje de ser, al mismo tiempo, aut\u00e9nticamente humana, racional y comprensible.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong style=\"line-height: 1.5;\">3 Un doble planteamiento en la moral actual<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El acuerdo sobre este presupuesto de base alcanza una plena unanimidad entre los autores cat\u00f3licos. Sin embargo, la insistencia y el \u00e9nfasis que se ponga sobre cada uno de ellos dan lugar a un doble planteamiento, que se ha convertido hoy en un tema pol\u00e9mico dentro de la comunidad eclesial. Se trata de inclinarse hacia una \u00e9tica aut\u00f3noma, donde se subraya m\u00e1s la racionalidad de los contenidos \u00e9ticos, o una moral de fe, en la que se da una mayor primac\u00eda a los datos de la revelaci\u00f3n. El problema no es solo una cuesti\u00f3n especulativa, sino que preocupa por sus implicaciones pastorales.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En s\u00edntesis, podr\u00edamos decir que la \u00e9tica aut\u00f3noma tiene una mayor confianza en la capacidad de la raz\u00f3n humana, a pesar de sus limitaciones y condicionantes. Pretende hacer comprensibles los valores \u00e9ticos en un mundo secular y adulto, que pide una explicaci\u00f3n racional para su propio convencimiento. El creyente sabe que esa capacidad le ha sido dada como regalo de Dios (<em>autonom\u00eda te\u00f3noma<\/em>), pero sin que destruya su justificaci\u00f3n humana. Mientras que la moral de fe manifiesta ciertas reservas hacia este planteamiento. Cree que es demasiado ingenuo y optimista, pues sin la ayuda de la revelaci\u00f3n volver\u00edamos a caer en muchos errores. Hay que reconocer que Juan Pablo II termin\u00f3 siendo un entusiasta defensor de la primac\u00eda y necesidad de la fe, por encima de cualquier intento de fundamentaci\u00f3n humana.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La pregunta, en el fondo, radicar\u00eda en saber si una moral es posible sin la fe, o si \u00e9sta a\u00f1ade contenidos \u00e9ticos que no ser\u00edan descubiertos sin la ayuda de la revelaci\u00f3n. O dicho de otra manera, aceptar que los valores que humanizan a la persona, pueden o no pueden ser descubiertos sin ayuda sobrenatural. De la decisi\u00f3n que se tome ante esta alternativa se admitir\u00e1 una moral espec\u00edficamente cristiana, cuyos contenidos no se conocen desde otra perspectiva. O se reconoce, aunque no se tenga en cuenta la dimensi\u00f3n sobrenatural del creyente, que podemos encontrar una plataforma bastante com\u00fan, patrimonio de todos los seres humanos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las divergencias inevitables no se basan solo en estos diferentes presupuestos. Todo valor \u00e9tico es una llamada que sentimos para realizarnos como personas. Nacemos sin estar hechos, y no es posible alcanzar esa meta dej\u00e1ndose llevar por las pulsiones primarias que se experimenta. El ser humano, a trav\u00e9s de las renuncias y gratificaciones que experimenta en su educaci\u00f3n, tendr\u00e1 que descubrir qu\u00e9 configuraci\u00f3n desea darle a todos los elementos que encuentra en su naturaleza. La \u00e9tica no es nada m\u00e1s que el estilo de vida que cada uno quiere darle a su existencia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El mismo Santo Tom\u00e1s, cuando explica en qu\u00e9 consiste la ofensa a Dios, lo hace desde una \u00f3ptica profundamente humanista: \u201cDios no es ofendido por nosotros, sino en la medida que actuamos contra nuestro propio bien\u201d (<em>Suma contra los gentiles, <\/em>III, 122).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong style=\"line-height: 1.5;\">4 La urgencia de un planteamiento cient\u00edfico<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Quiero decir, que todo lo que en moral se considera inaceptable o, desde el punto de vista religioso, se cataloga como pecado, tampoco es, desde una perspectiva humana, la mejor manera de realizarse como persona.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Todo esto significa que no es posible una moral aut\u00e9ntica que no se apoye en presupuestos cient\u00edficos, pues de lo contrario supondr\u00eda la defensa de una moral sin fundamentaci\u00f3n. La dificultad radica, entonces, en que no siempre la ciencia ofrece conclusiones un\u00e1nimes para la valoraci\u00f3n de una conducta. El campo de la bio\u00e9tica es un ejemplo manifiesto de esta dificultad. Como tampoco supone ning\u00fan descr\u00e9dito que, con el avance y los nuevos descubrimientos de las ciencias, hayan de replantearse las soluciones aceptadas con anterioridad o darles una interpretaci\u00f3n diferente para integrar las nuevas posibilidades.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En estas situaciones, existe el peligro de que la moral se convierta en un obst\u00e1culo para el mismo progreso, al condenar de inmediato cualquier nueva posibilidad que no se ajuste por completo a la ense\u00f1anza anterior. El conflicto surge, entonces, entre la fidelidad a un valor, tal y como se hab\u00eda presentado en la tradici\u00f3n, y la fidelidad\u00a0 a una nueva verdad que va enriqueciendo lo anterior. La misma cultura, que va evolucionando con el tiempo, ofrece perspectivas diferentes para valorar cualquier realidad. Incluso, dentro de un mismo \u00e1mbito cultural, como el de la misma Iglesia, se han dado cambios significativos que repercuten en la formulaci\u00f3n de la \u00e9tica concreta. Durante muchos siglos se acept\u00f3 con naturalidad el fen\u00f3meno de la esclavitud; y casi nadie se escandalizaba de que los herejes fueran quemados en la hoguera.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Finalmente, existe hoy una doble forma de aplicar a la realidad algunos valores \u00e9ticos. Lo que en teor\u00eda se presenta como un principio v\u00e1lido y aceptado, hay situaciones concretas en las que no se puede aplicar. Valores evidentes y aceptados, como no mentir, respetar la vida, pagar lo que cada uno se merece, etc., habr\u00e1 que analizar si vale la pena cumplirlos, en la hip\u00f3tesis de que provoque males peores. La misma moral tradicional, cuando una misma acci\u00f3n implicaba consecuencias buenas y negativas, afirmaba que, en caso de perplejidad, cada cual deb\u00eda elegir el mal que le pareciera menor. El principio llamado del doble efecto, la ley de la gradualidad, la distinci\u00f3n entre cooperaci\u00f3n material y formal, la virtud de la epiqueya\u2026 indicaban que no se puede valorar una acci\u00f3n mientras no se considere c\u00f3mo se realiza en concreto.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong style=\"line-height: 1.5;\">5 La b\u00fasqueda del mayor bien<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hay que descubrir, por tanto, cu\u00e1l es el valor superior, que hemos de buscar por encima de todo. O si para evitar alguna consecuencia negativa peor, habr\u00eda que optar por la eliminaci\u00f3n de alg\u00fan bien. Esta moralidad concreta se busca hoy por un doble camino, a trav\u00e9s de una argumentaci\u00f3n deontol\u00f3gica, o por medio de un razonamiento teleol\u00f3gico. La diferencia entre ambas posturas podr\u00eda sintetizarse de la siguiente manera. Una teor\u00eda normativa ser\u00e1 deontol\u00f3gica cuando la moralidad de un comportamiento concreto se deduzca por el an\u00e1lisis de su propia naturaleza, sin darle ninguna importancia a las consecuencias o efectos negativos que pudieran derivarse de ella (<em>Deontolog\u00eda<\/em>). Mientras que la teleol\u00f3gica, por el contrario, aunque tenga tambi\u00e9n en cuenta la naturaleza de la acci\u00f3n, no se atreve a valorarla hasta no considerar las consecuencias que produce (<em>Teleolog\u00eda<\/em>).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No me parece que esta \u00faltima, hacia la que se inclina hoy una mayor\u00eda de moralistas, vaya contra las ense\u00f1anzas fundamentales de la Iglesia, aunque la doctrina m\u00e1s oficial le ponga muchos reparos. Ni que con este planteamiento se caiga en una moral de la pura eficacia o de los beneficios inmediatos. Tampoco se niega la existencia de las llamadas acciones intr\u00ednsecamente pecaminosas, cuando no existe ninguna raz\u00f3n o motivo, que pudieran justificar su no cumplimiento. Pero tambi\u00e9n es cierto que no siempre coinciden en la misma valoraci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>\u00a06\u00a0<\/strong><strong>Conciencia, tema central<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A partir de su comprensi\u00f3n como el <em>nucleus secretissimus atque sacrarium hominis, in quo solus est cum Deo<\/em> (San Agust\u00edn), el Concilio Vaticano II define la doctrina de la conciencia:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u201cEn lo m\u00e1s profundo de su conciencia descubre el hombre la existencia de una ley que \u00e9l no se dicta a s\u00ed mismo, pero a la cual debe obedecer, y cuya voz resuena, cuando es necesario, en los o\u00eddos de su coraz\u00f3n, advirti\u00e9ndole que debe amar y practicar el bien y que debe evitar el mal: haz esto, evita aquello. Porque el hombre tiene una ley escrita por Dios en su coraz\u00f3n, en cuya obediencia consiste la dignidad humana y por la cual ser\u00e1 juzgado personalmente. La conciencia es el n\u00facleo m\u00e1s secreto y el sagrario del hombre, en el que \u00e9ste se siente a solas con Dios, cuya voz resuena en el recinto m\u00e1s \u00edntimo de aqu\u00e9lla. Es la conciencia la que de modo admirable da a conocer esa ley cuyo cumplimiento consiste en el amor de Dios y del pr\u00f3jimo (Gaudium et spes, n. 16). \u201d (<em>Gaudium et spes,<\/em> 16).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Llamado a la comuni\u00f3n con Dios, el ser humano est\u00e1 en permanente \u00a0escucha -de su Palabra y la conserva en su coraz\u00f3n (Jr 17,1; 31,31-34; Ez 14,1-5; 36,26), cuyo \u00fanico habitante es Dios (Jr 11, 20). El Evangelio de Jes\u00fas, manso y humilde de coraz\u00f3n (Mt 11, 28-30), germina en lo m\u00e1s \u00edntimo de la persona\u00a0 (Mt 13, 19). De este n\u00facleo brotan las palabras, las actitudes y comportamientos humanos (Mc 7, 18-23). El ap\u00f3stol Pablo interpreta la tradici\u00f3n sem\u00edtica del coraz\u00f3n y la traduce en la noci\u00f3n griega de conciencia (<em>syneidesis<\/em>) como la expresi\u00f3n interior de la nueva criatura y de su existencia en Cristo (Hb 9, 12).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La llave de la compresi\u00f3n de la moral Cristiana es el discernimiento (<em>dokim\u00e1zein<\/em>): la capacidad de tomar, en una situaci\u00f3n dada \u00a0una decisi\u00f3n moral seg\u00fan el Evangelio y con el conocimiento de las implicaciones de la historia de la salvaci\u00f3n. El discernimiento apunta al car\u00e1cter pneumatol\u00f3gico de la conciencia. El contenido primario del discernimiento cristiano es la voluntad de Dios en Jesucristo (Rm 12,2; Ef 5, 17). El discernimiento es el propio ejercicio de la conciencia, es la conciencia moral adulta en acci\u00f3n (Hb 5,14). La Iglesia se presenta como una comunidad de discernimiento: \u201cque puedas discernir lo que es mejor o lo que es bueno, lo que es m\u00e1s importante o lo que m\u00e1s conveniente y agradable a Dios\u201d (Rm 2, 18; 12, 2; Fl 1, 10; Ef 5, 10). Esta perspectiva es el fundamento del <em>sensus fidelium<\/em>. \u201cLos fieles laicos deben ser concientes no solo de pertenecer a la Iglesia, sino de ser la Iglesia\u201d (Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica, n. 899). Todo bautizado tiene el derecho, en raz\u00f3n de su propio conocimiento, competencia y reconocimiento, de manifestar a la comunidad eclesial su opini\u00f3n sobre aquello que pertenece al bien de la Iglesia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La libertad de conciencia tiene la \u00faltima palabra al respecto de las prescripciones morales concretas de la Iglesia. Cada fiel, siendo interpelado por su conciencia, por la Palabra de Dios y por la Tradici\u00f3n est\u00e1 llamado a asumirse haciendo la elecci\u00f3n \u00e9tica de forma responsable. Nadie puede ser forzado a actuar contra la propia conciencia ni siquiera en asuntos relacionados a la religi\u00f3n (C\u00f3digo de Derecho Can\u00f3nico, 748, 2): \u201cLa conciencia es el primero de todos los vicarios de Cristo\u201d (Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica, 1778 &#8211; citado del Cardenal Neumann). La decisi\u00f3n personal adquiere as\u00ed un relieve extraordinario (<em>Decisi\u00f3n moral<\/em>). Solo la propia (conciencia) tiene la \u00faltima y definitiva palabra para la moralidad de nuestras acciones, pero sin olvidar tampoco la validez y obligatoriedad de las normas \u00e9ticas (<em>Norma moral<\/em>)<em>.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se podr\u00eda decir que para el <em>legalista<\/em>, la norma conserva siempre su validez, como el camino m\u00e1s seguro para no equivocarse. El <em>antinomista<\/em>, por el contrario, anula su validez para seguir los dict\u00e1menes de su decisi\u00f3n personal (<em>\u00c9tica de situaci\u00f3n<\/em>). Mientras que la persona madura acepta, por una parte, la obligatoriedad de las exigencias \u00e9ticas, pero sabe tambi\u00e9n subordinarlas cuando se enfrenta tambi\u00e9n a otros valores m\u00e1s importantes, con tal de que tales acciones no se consideren intr\u00ednsecamente pecaminosas, como ya hemos dicho.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esta visi\u00f3n personalista de la conciencia integra armoniosamente la dial\u00e9ctica entre la doble dimensi\u00f3n objetiva y subjetiva de la moral, sin caer en los extremismos de una moral legalista o de una \u00e9tica subjetiva. Una pedagog\u00eda de la moral deber\u00eda consistir en despertar conciencias libres y responsables, que se dejen conducir siempre por la llamada del mayor bien.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong style=\"line-height: 1.5;\">7 El pecado y la culpa<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Como ha sucedido tambi\u00e9n con otros temas, la imagen del pecado ha sufrido un cambio profundo en nuestra sociedad. La misma Iglesia, en algunos de sus documentos, ha manifestado su preocupaci\u00f3n. Tambi\u00e9n aqu\u00ed son muchos los factores que han provocado esta situaci\u00f3n, como puede verse en la <em>Exhortaci\u00f3n Apost\u00f3lica sobre la Reconciliaci\u00f3n y la Penitencia<\/em>, de Juan Pablo II. Apunto con brevedad tres aspectos que me parecen importantes.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El primero, sin duda, es la p\u00e9rdida de la visi\u00f3n sobrenatural. Lo terrible de un accidente no es que el coche haya quedado destrozado, sino la vida que se perdi\u00f3 entre sus restos. Pecar no es simplemente quebrantar una ley, o no cumplir con una obligaci\u00f3n, sino que implica la ruptura de una amistad con el Dios que nos salva. Cuando esa dimensi\u00f3n trascendente se difumina, como acontece en nuestras sociedades secularizadas, la imagen del pecado tambi\u00e9n desaparece (<em>Pecado<\/em>).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Incluso son muchos los que no quieren reconocer la propia culpa, como si fuera una decisi\u00f3n que brota de la propia (<em>libertad<\/em>). El error y la equivocaci\u00f3n forman parte de nuestro patrimonio, como una consecuencia inevitable de nuestra finitud. La falta, sin embargo, no se debe a la libertad de quien as\u00ed act\u00faa, sino que constituye un fallo del que nadie puede sentirse responsable. Es un acontecimiento que molesta y duele, porque afecta a las fibras m\u00e1s \u00edntimas de la personalidad pero, sobre el ser humano, aunque cometa el mal, no es posible lanzar ninguna condena acusatoria. Nadie elige algo en su contra y, por eso, cuando rechaza a Dios o resiste a la llamada de un valor \u00e9tico, es por haber encontrado otra atracci\u00f3n por la que se siente inevitablemente seducido, sin otra posibilidad de elecci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aunque parezca extra\u00f1o, no es f\u00e1cil una prueba evidente de nuestra libertad. El que se empe\u00f1e en negarla ver\u00e1, detr\u00e1s de cada elecci\u00f3n, el mundo de ciertas experiencias, presiones, recuerdos, intereses, expectativas, etc., que inclinan la balanza hacia un lado de manera inevitable. La hip\u00f3tesis de su existencia, sin embargo, no es un dato anticient\u00edfico. Los m\u00faltiples mecanismos que la amenazan no tienen por qu\u00e9 destruir la capacidad b\u00e1sica de autodeterminaci\u00f3n. Pero tampoco hay que defenderla con una excesiva ingenuidad. Son muchos los factores que la condicionan, aunque no la eliminen. Es posible que, a veces, queramos y no podamos, pero lo m\u00e1s normal es que podamos y no queramos. La libertad es tambi\u00e9n una conquista, que cada persona ha de realizar con su esfuerzo (<em>Libertad<\/em>).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La persona que no ha querido responder a la llamada de un valor que lo deshumaniza, o como creyente se ha cerrado a la amistad con Dios, es l\u00f3gico que experimente por dentro un cierto malestar. El fracaso de un proyecto humano o religioso, aunque no sea absoluto y definitivo, tiene que producir ciertas reacciones interiores que no la dejan tranquila e inmutable, como si nada hubiera pasado. La culpabilidad, como el dolor o la fiebre en los mecanismos biol\u00f3gicos, hace sentir el mal funcionamiento de la persona y el deseo de una curaci\u00f3n eficaz.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Este sentimiento de culpa podr\u00eda estar provocado por diferentes factores. Una sensaci\u00f3n de angustia por el temor a una p\u00e9rdida, o por el miedo a un castigo. Lo que duele no es el mal hecho, sino las malas consecuencias que de \u00e9l se derivan. En otras ocasiones, es la herida que causa el propio narcisismo. Es un hecho que destruye el yo ideal, que humilla y destroza, con un remordimiento que se hace compa\u00f1ero constante del camino. Cuando, en su naturaleza m\u00e1s profunda, radica en la pena por haber atentado contra mi propio bien, provocado un da\u00f1o a los dem\u00e1s y, sobre todo, haber roto mi amistad con Dios (<em>Culpa<\/em>).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong style=\"line-height: 1.5;\">8 El pecado social y las estructuras de pecado<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El concepto de pecado se hab\u00eda analizado siempre con una visi\u00f3n demasiado individualista. Lo importante era no sentirse culpable de la actuaci\u00f3n individual. Si a pesar de la propia honestidad contin\u00faa existiendo el pecado, semejante situaci\u00f3n ser\u00e1 entonces producto de las otras personas, que colaboran con el mal existente. Un planteamiento como \u00e9ste se hace por completo incomprensible en nuestra cultura actual donde la dimensi\u00f3n pol\u00edtica alcanza un relieve extraordinario.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El Vaticano II, en la <em>Constituci\u00f3n sobre la Iglesia en el mundo moderno<\/em> hab\u00eda desenmascarado con claridad esta postura: \u201cLa profunda y r\u00e1pida transformaci\u00f3n de la vida exige con suma urgencia que no haya nadie que, por despreocupaci\u00f3n frente a la realidad o por pura inercia, se conforme con una \u00e9tica meramente individualista\u201d (n. 30).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El pecado social es una realidad evidente, como han subrayado los obispos latinoamericanos del CELAM. El documento de Medell\u00edn (1968) afirma que \u201ccuando se habla de una situaci\u00f3n de injusticia nos referimos a las realidades que expresan una situaci\u00f3n de pecado\u201d (Medell\u00edn, doc. Paz, n. 1). El documento de Puebla (1979) constata que existen mecanismos perversos que provocan y sustentan una situaci\u00f3n de pecado (Puebla, n.1135) y que existe un \u201csistema marcado por el pecado\u201d (n. 92). Existen, adem\u00e1s, \u201cestructuras creadas por los hombres en las que el pecado de sus autores imprime su marca de destrucci\u00f3n\u201d (n. 281). De manera contundente, afirma: \u201cSon muchas las causas de esta situaci\u00f3n de injusticia, sin embargo, en la ra\u00edz de todas ellas se encuentra el pecado, tanto en su aspecto personal como en las propias estructuras\u201d (n. 1258).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tambi\u00e9n Juan Pablo II denunci\u00f3 que el mundo contempor\u00e1neo vive bajo el dominio de un sistema basado en \u201cestructuras de pecado\u201d (Sollicitudo rei socialis, n. 36-37). El Papa Francisco llama la atenci\u00f3n para la innegable actualidad de las palabras de su antecesor: \u201cAs\u00ed como el bien tiende a comunicarse, el mal consentido, que es la injusticia, tiende a expandir su potencia da\u00f1ina y a socavar silenciosamente las bases de cualquier sistema pol\u00edtico y social por m\u00e1s s\u00f3lido que parezca. Si cada acci\u00f3n tiene consecuencias, un mal enquistado en las estructuras de una sociedad tiene siempre un potencial de disoluci\u00f3n y de muerte. Es el mal cristalizado en estructuras sociales injustas, a partir del cual no puede esperarse un futuro mejor\u201d (Evangelii Gaudium, n. 59).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La reflexi\u00f3n fundamental podr\u00eda centrarse en torno a esta pregunta b\u00e1sica: \u00bfCu\u00e1l ha de ser la actitud \u00e9tica y cristiana de la persona consciente de su compromiso, frente a las injusticias y pecados sociales que no dependen de ella ni podr\u00e1 eliminar? En esa direcci\u00f3n, Papa Francisco apunta la esencia de la moral cristiana que debe inspirar actitudes morales concretas: \u201cCuando la predicaci\u00f3n es fiel al Evangelio, se manifiesta con claridad la centralidad de algunas verdades y queda claro que la predicaci\u00f3n moral cristiana no es una \u00e9tica estoica, es m\u00e1s que una ascesis, no es una mera filosof\u00eda pr\u00e1ctica ni un cat\u00e1logo de pecados y errores. Todas las virtudes est\u00e1n al servicio de esta respuesta de amor. Si esa invitaci\u00f3n no brilla con fuerza y atractivo, el edificio moral de la Iglesia corre el riesgo de convertirse en un castillo de naipes, y all\u00ed est\u00e1 nuestro peor peligro\u201d (Evangelii Gaudium, n. 39).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>Eduardo L\u00f3pez Azpitarte, SJ.<\/em>\u00a0Facultad de Teolog\u00eda, Granada, Espanha.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>9 Referencias bibliogr\u00e1ficas<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aa. Vv. <em>\u201c<\/em>Que todo sea para edificaci\u00f3n (1 Cor, 14,25). Leer el magisterio y la tradici\u00f3n&#8221;<i>,<\/i>\u00a0<em>Sal Terrae<\/em> 97, (2009), 781-879.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Brackley, Dan. &#8220;Tendencias actuales de la Teolog\u00eda moral en Am\u00e9rica Latina&#8221;,\u00a0<em>Revista Latinoamericana de Teolog\u00eda<\/em>, 19 (2002), 95-120.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Bonn\u00edn Barcel\u00f3, E. &#8220;Pecado social y estructuras de pecado en la Teolog\u00eda latinoamericana&#8221;<i>,<\/i>\u00a0Efem\u00e9rides Mexicana 23 (2005) 41-49.<\/p>\n<p>DEMMER, Klaus. <em>Introdu\u00e7\u00e3o \u00e0 teologia moral. <\/em>S\u00e3o Paulo: Loyola, 2007.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><a style=\"color: #000000;\" href=\"http:\/\/faje:81\/cgi-bin\/infoisisnet.exe\/pesq?AUTOR=Guardini,%20Romano&amp;BASEISIS=1&amp;FROM=1&amp;COUNT=50&amp;FORMAT=referencia&amp;PAGINAORIGEM=&amp;SITE=\">GUARDINI, Romano.<\/a><\/span> <em>La coscienza<\/em>. Brescia: Morcelliana, 1977.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">JOSAPHAT, Carlos.\u00a0&#8220;Todos ser\u00e3o teodidatas (Jo 6,45): docilidade ao esp\u00edrito, autenticidade da consci\u00eancia&#8221;,\u00a0<em>Perspectiva Teol\u00f3gica<\/em>, 44 (2012) 373-398.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">JUNGES, Jos\u00e9 Roque. <em>Evento Cristo e a\u00e7\u00e3o humana<\/em>: temas fundamentais de \u00e9tica teol\u00f3gica. S\u00e3o Leopoldo: UNISINOS, 2001.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">L\u00d3PEZ AZPITARTE, Eduardo.\u00a0<em>Hacia una nueva visi\u00f3n de la \u00e9tica cristiana<\/em>. Sal Terrae<em>,<\/em> Santander 2003.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">_______. &#8220;Retos para la renovaci\u00f3n de la moral cat\u00f3lica<i>&#8220;,<\/i>\u00a0<em>Revista Iberoamericana de Teolog\u00eda,<\/em> 4 (2008) 65-93.<\/p>\n<p>_______. &#8220;Conflitos \u00e9ticos e magist\u00e9rio da Igreja&#8221;,\u00a0<em>Perspectiva Teol\u00f3gica<\/em>, 44 (2012), 353-372.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">_______. <em>Fundamenta\u00e7\u00e3o da \u00e9tica crist\u00e3<\/em>. S\u00e3o Paulo: Paulus, 1995.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"http:\/\/faje:81\/cgi-bin\/infoisisnet.exe\/pesq?AUTOR=Lonergan,%20Bernard%20J.%20F.&amp;BASEISIS=1&amp;FROM=1&amp;COUNT=50&amp;FORMAT=referencia&amp;PAGINAORIGEM=&amp;SITE=\"><span style=\"color: #000000;\">LONERGAN, Bernard J. F<\/span>.<\/a> <em>La formazione della coscienza.<\/em> Brescia: La Scuola, 2010.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">MART\u00cdNEZ, Julio L.; CAMA\u00d1O, Jos\u00e9 M. Moral Fundamental<em>. <\/em><em>Bases teol\u00f3gicas para el discernimiento \u00e9tico.<\/em> Santander: Sal Terrae, 2014.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><a style=\"color: #000000;\" href=\"http:\/\/dialnet.unirioja.es\/servlet\/autor?codigo=2007058\">MIER<\/a>,<\/span> S.<em>\u00a0&#8220;<\/em>Desaf\u00edos y esperanzas para una teolog\u00eda moral desde Am\u00e9rica Latina&#8221;<i>,<\/i>\u00a0<em>Revista Iberoamericana de Teolog\u00eda<\/em>, n\u00ba <a href=\"http:\/\/dialnet.unirioja.es\/servlet\/ejemplar?codigo=161128\">4 ((2007<\/a>),\u00a0 85-98.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">SESBO\u00dcE, Bernard.\u00a0 <em>El magisterio a examen<\/em>. Autoridad, verdad y magisterio en la Iglesia. Mensajero: Bilbao, 2004.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">SESBO\u00dc\u00c9, Bernard. &#8220;Magist\u00e9rio e consci\u00eancia&#8221;<i>,<\/i><em>\u00a0Perspectiva Teol\u00f3gica<\/em>, 44 (2012), 399-413.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">THEVENOT, Xavier. <em>Contar com Deus:<\/em> estudos de teologia moral. S\u00e3o Paulo: Loyola, 2008.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><a style=\"color: #000000;\" href=\"http:\/\/faje:81\/cgi-bin\/infoisisnet.exe\/pesq?AUTOR=Valadier,%20Paul&amp;BASEISIS=1&amp;FROM=1&amp;COUNT=50&amp;FORMAT=referencia&amp;PAGINAORIGEM=&amp;SITE=\">VALADIER, Paul.<\/a><\/span><em> Elogio da consci\u00eancia<\/em>. S\u00e3o Leopoldo: UNISINOS, 2000.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">VALADIER, Paul. <span style=\"color: #000000;\"><em><a style=\"color: #000000;\" href=\"http:\/\/www.mcu.es\/webISBN\/tituloDetalle.do?sidTitul=1412519&amp;action=busquedaInicial&amp;noValidating=true&amp;POS=0&amp;MAX=50&amp;TOTAL=0&amp;prev_layout=busquedaisbn&amp;layout=busquedaisbn&amp;language=es\">La condici\u00f3n cristiana: en el mundo sin ser del mundo<\/a>.<\/em><\/span> Santander: Sal Terrae, 2006.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">VIDAL, Marciano. <em>Orientaciones \u00e9ticas para tiempos inciertos<\/em>. Descl\u00e9e De Brouwer: Bilbao, 2007.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">_______. <em>Nova moral fundamental: o lar teol\u00f3gico da \u00e9tica.<\/em> S\u00e3o Paulo: Paulinas\/Santu\u00e1rio, 2003.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">VITALI, D. &#8220;Universitas fidelium in credendo falli nequit (LG 12). Il \u2018sensus fidelium\u2019 al Concilio Vaticano II&#8221;, <em>Gregorianum<\/em> 86 (2005) 607-628.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">ZUCCARO, Cataldo. <em>Cristologia e moral<\/em>: hist\u00f3ria, intepreta\u00e7\u00e3o, perspectivas. S\u00e3o Paulo: Ave Maria, 2007.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00cdndice 1 Lecciones de la historia 2 \u00bf\u00c9tica humana o moral religiosa? 3 Un doble planteamiento en la moral actual 4 La urgencia de un planteamiento cient\u00edfico 5 La b\u00fasqueda del mayor bien 6 Consciencia, tema central 7 El pecado y la culpa 8 El pecado social y las estructuras de pecado 9 Referencias Bibliogr\u00e1ficas [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[194],"tags":[],"class_list":["post-606","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-teologia-moraletica-teologica-2"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/teologicalatinoamericana.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/606","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/teologicalatinoamericana.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/teologicalatinoamericana.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/teologicalatinoamericana.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/4"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/teologicalatinoamericana.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=606"}],"version-history":[{"count":5,"href":"https:\/\/teologicalatinoamericana.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/606\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":1092,"href":"https:\/\/teologicalatinoamericana.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/606\/revisions\/1092"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/teologicalatinoamericana.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=606"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/teologicalatinoamericana.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=606"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/teologicalatinoamericana.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=606"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}