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{"id":357,"date":"2015-01-07T17:53:43","date_gmt":"2015-01-07T19:53:43","guid":{"rendered":"http:\/\/theologicalatinoamericana.com\/?p=357"},"modified":"2016-04-09T17:37:51","modified_gmt":"2016-04-09T20:37:51","slug":"el-dios-trinindad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/teologicalatinoamericana.com\/?p=357","title":{"rendered":"La comuni\u00f3n Trinitaria"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\"><strong>\u00cdndice<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">1 Dios trino en las Sagradas Escrituras<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">2 Breve historia de la doctrina trinitaria<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">3 Perspectiva sistem\u00e1tica. La Trinidad como comuni\u00f3n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">4 Referencias bibliogr\u00e1ficas<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La teolog\u00eda trinitaria contempor\u00e1nea es fruto del esp\u00edritu de apertura y renovaci\u00f3n creativa que caracteriz\u00f3 la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica del s. XX. y desemboc\u00f3 en el Concilio Vaticano II. La b\u00fasqueda de una explicitaci\u00f3n de la fe m\u00e1s acorde con el lenguaje y el imaginario de los nuevos tiempos pero capaz, a su vez, de articularse arm\u00f3nicamente en la tradici\u00f3n eclesial, impactar\u00eda, muy particularmente, en la manera de comprender y dar cuenta del misterio de Dios.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ya antes del Concilio, Karl Rahner (1961, 105-136) hab\u00eda realizado importantes observaciones cr\u00edticas a algunos supuestos y perspectivas de la teolog\u00eda trinitaria cl\u00e1sica. Su motivaci\u00f3n fundamental era de tipo pastoral: aunque los cristianos hacen profesi\u00f3n de fe en la Trinidad, en su pr\u00e1ctica espiritual y religiosa son inminentemente &#8220;monote\u00edstas&#8221;. A tal punto, que si alg\u00fan d\u00eda la doctrina de la Trinidad fuera dejada de lado, no cambiar\u00eda para ellos pr\u00e1cticamente nada. Las causas fundamentales de este &#8220;olvido trinitario&#8221; hay que buscarlas en el modo en que la teolog\u00eda ha explicado el misterio trinitario. La cl\u00e1sica teolog\u00eda occidental bas\u00f3 la afirmaci\u00f3n de la unidad de Dios en la idea de una <em>substancia espiritual absoluta<\/em>, infinita, \u00fanica y eterna. Dios es uno porque es una \u00fanica substancia, esencia o naturaleza. S\u00f3lo despu\u00e9s, pasaba a explicarse que en esa substancia <em>sub-sisten<\/em> tres personas distintas, Padre, Hijo y Esp\u00edritu Santo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En este planteo, parec\u00eda ignorarse que Dios en los Evangelios nunca es presentado por Jes\u00fas como una <em>substancia<\/em> <em>divina abstracta<\/em> sino mucho m\u00e1s concretamente como <em>su<\/em> Padre, de quien \u00e9l es el Hijo amado, que ha venido para salvarnos, entreg\u00e1ndose y entregando al mundo el Esp\u00edritu Santo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El &#8220;olvido de la Trinidad&#8221; habr\u00eda ido de la mano de un descuido de la dimensi\u00f3n salv\u00edfica de la revelaci\u00f3n. Pero la Trinidad no se revela para dar a conocer un contenido doctrinal, o su esencia metaf\u00edsica. Dios se revela para salvar y salva entreg\u00e1ndose tal como es: Padre, Hijo y Esp\u00edritu Santo. La revelaci\u00f3n es su autodonaci\u00f3n (<em>Selbstmitteilung<\/em>) al mundo. Rahner propone un axioma como nuevo punto de partida: &#8220;La Trinidad econ\u00f3mica es la Trinidad inmanente y viceversa&#8221;. Es decir, la Trinidad que se nos ha entregado en la historia de salvaci\u00f3n es Dios tal como es en s\u00ed mismo: Padre, Hijo y Esp\u00edritu Santo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">M\u00e1s all\u00e1 de las cr\u00edticas que la teolog\u00eda de Rahner pueda merecer, su <em>axioma fundamental<\/em> tuvo una enorme repercusi\u00f3n y se convirti\u00f3 en un disparador esencial de la renovaci\u00f3n trinitaria iniciada en el s. XX.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>1 Dios trino en las Sagradas Escrituras<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En esta nueva perspectiva, la fe cristiana comprende la salvaci\u00f3n como la <em>progresiva<\/em> <em>autodonaci\u00f3n del Dios trino en la historia<\/em>, como invitaci\u00f3n y apertura al hombre de la comuni\u00f3n infinita del amor del Padre, Hijo y Esp\u00edritu Santo. Tanto el AT como el NT son el testimonio de esta autodonaci\u00f3n de Dios.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El AT, a\u00fan cuando no contenga todav\u00eda una fe expresa en Dios <em>en cuanto<\/em> trino, es ya el testimonio de este particular modo en que Dios se fue revelando a Israel: mostr\u00e1ndose como un Padre amoroso, que instruye con su <em>Palabra<\/em> y gu\u00eda con la sabidur\u00eda y el poder del <em>Esp\u00edritu<\/em>. Se trata de un Dios que se compadece del pueblo que sufre, toma la iniciativa y se acerca para liberarlo y ofrecerle su amistad en una alianza de amor incondicional, que se har\u00e1 definitiva y eterna con la venida y el triunfo de su Mes\u00edas, portador del Esp\u00edritu, que Yahv\u00e9 infundir\u00e1 para siempre en el coraz\u00f3n de su Pueblo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esa experiencia de Dios en el AT cobr\u00f3 una dimensi\u00f3n y plenitud inusitadas con el advenimiento de Jesucristo. A la luz de su resurrecci\u00f3n, toda su vida y su obra fue rele\u00edda como cumplimiento superabundante de aquellas promesas. De all\u00ed que el acontecimiento de la resurrecci\u00f3n implicara indisolublemente la pregunta por la identidad \u00faltima de Jes\u00fas, confesado ahora como Se\u00f1or glorioso, sentado a la derecha de Dios. \u00bfQui\u00e9n deb\u00eda ser este hombre para poder resucitar, subir al Cielo, entregar su Esp\u00edritu a la Iglesia naciente, reinar junto a Dios e inaugurar as\u00ed el acceso a la vida eterna para toda la humanidad? El NT es precisamente el testimonio de esa b\u00fasqueda por responder a la pregunta del mismo Jes\u00fas: &#8220;\u00bfY ustedes, qui\u00e9n dicen que soy yo?&#8221; (Mt 16,15; Mc 8,29; Lc 9,20). Desde esta pregunta, los primeros cristianos releyeron toda la vida de Jes\u00fas, su origen, su nacimiento y el sentido de su muerte en cruz. Los distintos t\u00edtulos aplicados a Jes\u00fas en el NT son expresi\u00f3n de esa b\u00fasqueda por comprender el misterio de su particular identidad y relaci\u00f3n con Dios, a quien llamaba <em>Abb\u00e1<\/em>, Padre. Si Jes\u00fas se consideraba a s\u00ed mismo el Hijo amado, si entend\u00eda su vida y su misi\u00f3n como un env\u00edo desde el Padre, era all\u00ed, en esa relaci\u00f3n de Hijo, donde deb\u00eda encontrarse la clave de su identidad. Dios hab\u00eda acreditado esta pretensi\u00f3n de Jes\u00fas resucit\u00e1ndolo de entre los muertos por el poder del Esp\u00edritu.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Introduciendo la narraci\u00f3n de un nacimiento milagroso, los evangelios sin\u00f3pticos intentaron explicar que esta vinculaci\u00f3n \u00fanica de Jes\u00fas con Dios por el Esp\u00edritu, manifestada en la resurrecci\u00f3n, implicaba confesar que \u00e9l ven\u00eda de Dios. Las cartas de Pablo manifiestan la misma convicci\u00f3n de que la salvaci\u00f3n es inseparable de la acci\u00f3n de Jesucristo, como Hijo de Dios, constituido como Se\u00f1or por el poder del Esp\u00edritu Santo. Las f\u00f3rmulas y saludos tri\u00e1dicos de tipo lit\u00fargico y doxol\u00f3gico de los escritos paulinos (como 2 Co 13, 13) testimonian, desde muy temprano, la incipiente intuici\u00f3n trinitaria de la fe de la Iglesia (Rom 1,3-7; 1 Cor 12,4-6; Gal 4,4-7; Ef 1,3-14). De all\u00ed, que en escritos m\u00e1s tard\u00edos, como el evangelio de Juan, comiencen a aparecer formulaciones cada vez m\u00e1s expl\u00edcitas de la filiaci\u00f3n divina de Jes\u00fas como Logos de Dios (Jn 1, 1-18), que ante su resurrecci\u00f3n mueve al disc\u00edpulo a confesarlo &#8220;<em>Se\u00f1or m\u00edo y Dios m\u00edo<\/em>&#8221; (Jn 20,28).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aun antes de poder elaborar una doctrina propiamente trinitaria, la comunidad de fe ya proclamaba su fe en f\u00f3rmulas tri\u00e1dicas y practicaba el bautismo como inserci\u00f3n y participaci\u00f3n en la vida divina, &#8220;en el nombre del Padre, del Hijo y del Esp\u00edritu Santo&#8221; (Mt. 28, 19). Con esta indisoluble vinculaci\u00f3n de Padre, Hijo y Esp\u00edritu Santo, la teolog\u00eda del NT proclamaba al Dios que se hab\u00eda revelado de manera definitiva en el destino de Jes\u00fas, mostr\u00e1ndose as\u00ed, tambi\u00e9n para nosotros, como el Dios fiel de la vida, el Dios que es Amor (1 Jn 4,8), que se entrega por los hombres en Jes\u00fas, identific\u00e1ndose con los pobres, los peque\u00f1os y las v\u00edctimas de la historia. Un aspecto que se convertir\u00eda en un acento fundamental de la teolog\u00eda latinoamericana.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>2 Breve historia de la doctrina trinitaria<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Era esta salvaci\u00f3n de Dios Padre, Hijo y Esp\u00edritu Santo la que la Iglesia de los or\u00edgenes deb\u00eda comunicar al mundo. Esa evangelizaci\u00f3n deb\u00eda realizarse en un contexto cultural dominado b\u00e1sicamente por dos horizontes de comprensi\u00f3n: por un lado, el estricto monote\u00edsmo hebreo; por el otro, el pensamiento griego y su b\u00fasqueda de un \u00fanico principio racional ordenador del cosmos. La fe en un Dios <em>trino<\/em> resultaba dif\u00edcil de compatibilizar con esos modelos de una divinidad concebida como unicidad monol\u00edtica, absoluta e inalterable. Parec\u00eda, adem\u00e1s, necedad y locura (1 Co 1,23) mitol\u00f3gica pretender que Dios puede despojarse <em>ken\u00f3ticamente<\/em> de su condici\u00f3n divina, asumir la carne mortal del hombre y sufrir, por amor al hombre, el suplicio y la muerte en cruz. A pesar de ello, el desaf\u00edo de la evangelizaci\u00f3n implicaba justamente expresar la fe en un lenguaje conceptual y simb\u00f3lico, comprensible en cada nuevo escenario epocal y cultural. En ese contexto, las primeras disputas trinitarias se producir\u00edan por querer mostrar que la fe no amenazaba sino que resguardaba la unidad de Dios, y ello aun a costa de debilitar su confesi\u00f3n en el Padre, el Hijo y el Esp\u00edritu Santo. Esta tendencia <em>monarquianista<\/em> (<em>mono-arkh\u00e9<\/em>) adquiri\u00f3 en la historia dos modalidades b\u00e1sicas: el <em>modalismo<\/em> y el <em>subordinacionismo<\/em>. El modalismo consist\u00eda en explicar que Padre, Hijo y Esp\u00edritu Santo son s\u00f3lo los<em> modos<\/em> en que el \u00fanico Dios se manifiesta <em>en la historia<\/em>, es decir, diferentes formas que el \u00fanico Dios \u00a0trascendente (unipersonal) adopta a la hora de hacerse presente en el mundo. El <em>subordinacionismo<\/em>, en cambio, acepta la existencia del Hijo y del Esp\u00edritu como diferentes del Padre, pero atribuy\u00e9ndoles una categor\u00eda ontol\u00f3gica inferior, neg\u00e1ndoles una naturaleza divina igual a la del Padre. S\u00f3lo el Padre es propiamente Dios. Algunos, con todo, consideraban al Logos como una entidad junto a Dios, como la primera y m\u00e1s perfecta de sus obras. Otros, los <em>adopcionistas<\/em>, consideraban que Jes\u00fas era s\u00f3lo un hombre de santidad intachable, elegido por el Padre para adoptarlo como Hijo por la unci\u00f3n del Esp\u00edritu en el bautismo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En el s. IV se desatar\u00eda una de las m\u00e1s graves de estas crisis doctrinales. Arrio, disc\u00edpulo de Or\u00edgenes y heredero de una cosmovisi\u00f3n fuertemente neoplat\u00f3nica, part\u00eda de la idea de Dios como el Inoriginado. &#8220;Todo lo que es originado es creado&#8221;, afirmaba. S\u00f3lo el Padre es entonces el Dios \u00fanico, eterno y sin origen. El Hijo, en cambio, procede de Dios como la primera y m\u00e1s perfecta de todas sus criaturas. Es superior y anterior a toda la creaci\u00f3n. Por medio de \u00e9l, Dios ha hecho todas las cosas. Se trata, por tanto, de una instancia intermedia entre Dios y el mundo. Podemos llamarlo &#8220;Dios&#8221;, porque lo es con respecto a nosotros, en sentido <em>funcional<\/em>, pero no en sentido propiamente ontol\u00f3gico, en s\u00ed mismo y por s\u00ed mismo. El arrianismo amerit\u00f3 la convocatoria del Concilio de Nicea (325). Se elabor\u00f3 all\u00ed una confesi\u00f3n trinitaria en forma de credo que intentaba formular conceptualmente, de la manera m\u00e1s precisa posible, la recta interpretaci\u00f3n de la fe. Se acudi\u00f3, para ello, a la terminolog\u00eda utilizada en las discusiones y se defini\u00f3 que el Hijo es &#8220;Dios de Dios, luz de luz, Dios verdadero de Dios verdadero; engendrado, no creado; de la <em>misma naturaleza<\/em> que el Padre&#8221; (<em>homoousios<\/em>) (DzH 125). La confesi\u00f3n se cerraba afirmando tambi\u00e9n la fe en el Esp\u00edritu Santo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El Concilio, con todo, no logr\u00f3 zanjar definitivamente las discusiones. La expresi\u00f3n &#8220;de la misma sustancia&#8221; pod\u00eda ser le\u00edda todav\u00eda en sentido subordinacionista o modalista. La dificultad proven\u00eda muchas veces de los conceptos utilizados. Una misma palabra pod\u00eda ser interpretada de manera distinta en Oriente y en Occidente. La palabra <em>sub<\/em>-stancia (usada para hablar de la esencia divina) pod\u00eda ser comprendida por un griego como sin\u00f3nimo de <em>hypo<\/em>-stasis (que en general se aplicaba a las personas). El arrianismo resurgir\u00eda, poco despu\u00e9s, como negaci\u00f3n de la divinidad del Esp\u00edritu Santo. Liderados por el obispo Macedonio, los <em>pneumat\u00f3macos <\/em>(como los llam\u00f3 San Atanasio), entend\u00edan que el Esp\u00edritu Santo era en realidad un don y no pod\u00eda ser, por tanto, igual al Donante. No pod\u00eda ser una <em>hip\u00f3stasis<\/em> propiamente divina. La teolog\u00eda de los Padres Capadocios fue decisiva para el Concilio de Constantinopla I (381) que asumi\u00f3 enteramente el credo de Nicea y s\u00f3lo lo complet\u00f3 desarrollando un poca m\u00e1s la fe en el Esp\u00edritu Santo: &#8220;Y (creemos) en el Esp\u00edritu Santo, Se\u00f1or y dador de vida, que procede del Padre; que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoraci\u00f3n y gloria&#8221; (DzH 150). No acudi\u00f3 esta vez a la discutida f\u00f3rmula del <em>homoousios<\/em>. Prefiri\u00f3 volver a expresiones m\u00e1s de tipo b\u00edblico y lit\u00fargico para establecer la fe en la plena divinidad del Esp\u00edritu Santo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Puede decirse que con el s\u00edmbolo niceno-constantinopolitano el dogma trinitario qued\u00f3 definido en sus aspectos fundamentales. El Concilio de Constantinopla II (553) utilizar\u00eda ya como f\u00f3rmula definitiva la expresi\u00f3n de los Capadocios &#8220;<em>una physis o ous\u00eda<\/em>&#8220;, &#8220;<em>tres hyp\u00f3stasis o personas<\/em>&#8221; (DzH 421).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Con todo, la teolog\u00eda trinitaria sigui\u00f3 buscando una mayor profundizaci\u00f3n y una mejor articulaci\u00f3n entre unidad y diferencia en el seno del Dios trino. No todos los problemas desaparecieron. Vimos que el Concilio de Constantinopla I hab\u00eda afirmado que el Esp\u00edritu Santo &#8220;procede del Padre&#8221; (DzH 150). Sin embargo, en algunas traducciones latinas, comenz\u00f3 pronto a circular la versi\u00f3n que agregaba &#8220;que procede del Padre <em>y<\/em> del Hijo&#8221;. Las f\u00f3rmulas conciliares no hab\u00edan a\u00fan tematizado expl\u00edcitamente la relaci\u00f3n entre el Hijo y el Esp\u00edritu Santo. Era esa falencia la que la traducci\u00f3n latina parec\u00eda querer solventar, proponiendo que el Esp\u00edritu procede <em>conjuntamente<\/em> del Padre <em>y<\/em> del Hijo. Para la teolog\u00eda de Oriente, que fundamentaba la unidad del Dios trino en la persona del Padre como \u00fanico principio y origen fontal (y no tanto en la idea de una sustancia o una esencia divina), esa doctrina pod\u00eda significar introducir al Hijo como un nuevo principio en la Divinidad que amenazaba su unidad. Por motivos m\u00e1s pol\u00edticos que propiamente teol\u00f3gicos, las discusiones en torno a este tema del <em>filioque<\/em> se prolongaron durante siglos y desembocaron, finalmente, en un cisma. Liderada por el Patriarca Cerulario, la Iglesia Oriental se separ\u00f3 de la Iglesia romana en el a\u00f1o 1054. Si bien desde entonces se ha propuesto reiteradamente como m\u00e1s correcta la f\u00f3rmula seg\u00fan la cual el Esp\u00edritu Santo &#8220;procede del Padre <em>por<\/em> el Hijo&#8221;, la cuesti\u00f3n del <em>filioque<\/em> no ha podido ser nunca definitivamente zanjada.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Con la doctrina b\u00e1sica ya consolidada, la Edad Media ya no asisti\u00f3 a grandes disputas trinitarias. Si hubo algunos Concilios dignos de menci\u00f3n, como el XI de Toledo del 675 (DzH 525ss.) y el IV de Letr\u00e1n de 1215 (DzH 800ss.) se debe m\u00e1s a la claridad de su s\u00edntesis que a innovaciones doctrinales. Los t\u00e9rminos <em>ous\u00eda\/esencia<\/em>, <em>physis\/naturaleza<\/em> y <em>substancia<\/em> quedaron fijados como expresi\u00f3n de la unidad del \u00fanico Dios, mientras que <em>hyp\u00f3stasis<\/em>, <em>pr\u00f3sopon<\/em> y <em>persona<\/em> quedaron como los t\u00e9rminos t\u00e9cnicos aptos para referir a Dios en cuanto trino, Padre, Hijo y Esp\u00edritu Santo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Este proceso de fijaci\u00f3n y s\u00edntesis quedar\u00eda coronado con la <em>Summa Theologiae<\/em> de Tom\u00e1s de Aquino (\u20201274). Su obra se bas\u00f3 en su amplio conocimiento de la tradici\u00f3n y su reelaboraci\u00f3n no ya con los habituales moldes de cu\u00f1o plat\u00f3nico, sino desde el rigor de la filosof\u00eda aristot\u00e9lica. Tom\u00e1s part\u00eda del <em>De Deo Uno<\/em>, referido a la esencia divina, su unidad y sus atributos, y luego pasaba al <em>De Deo trino<\/em>, dedicado a explicar la diferencia de las personas divinas y su unidad en esa \u00fanica esencia. Las personas divinas se comprenden all\u00ed como <em>constitutivas<\/em> de la divinidad, no meros <em>accidentes,<\/em> como <em>relaciones subsistentes <\/em>fruto de las <em>procesiones<\/em>. La \u00fanica esencia divina s\u00f3lo subsiste en tres personas y las tres personas s\u00f3lo subsisten relacionalmente en esa \u00fanica sustancia. La substancia divina no es entonces una unidad inm\u00f3vil sino el <em>acto de existir<\/em> en s\u00ed mismo (<em>subsistir<\/em>) como plenitud, como acto de pleno conocimiento de s\u00ed que genera al Logos y amor de s\u00ed que espira el Esp\u00edritu.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esta s\u00edntesis cumbre de la escol\u00e1stica, estar\u00eda llamada a perdurar como doctrina eclesi\u00e1stica oficial hasta mediados del s. XX.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>3 Perspectiva sistem\u00e1tica. La Trinidad como comuni\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">K. Rahner advirti\u00f3 que esta teolog\u00eda, en su esfuerzo por clarificar con f\u00f3rmulas precisas la fe trinitaria, se hab\u00eda ido alejando de sus fuentes b\u00edblicas e hist\u00f3ricas, volvi\u00e9ndose cada vez m\u00e1s formal y abstracta. Propon\u00eda por ello un retorno a la Escritura y a la tradici\u00f3n trinitaria m\u00e1s oriental que parte de la persona del Padre como origen y fuente de la divinidad y no tanto de una esencia o substancia espiritual suprema.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ahora bien, tanto una teolog\u00eda que piensa a Dios desde la idea de sustancia, como la que funda la unidad divina <em>s\u00f3lo<\/em> en la persona del Padre como fuente y origen <em>causal<\/em> de la Divinidad, pueden acarrear el peligro de partir de la unidad como anterior a la diferencia, de un Dios uno <em>cuasi previo<\/em> al Dios trino.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Con la filosof\u00eda moderna del sujeto, esta tendencia se agudiz\u00f3. Dios no era ya pensado como sustancia sino como <em>Sujeto<\/em> o <em>Esp\u00edritu absoluto<\/em> que existe por medio del despliegue <em>ad extra<\/em> de sus propiedades internas. Se volv\u00eda a priorizar, as\u00ed, la unidad por sobre la pluralidad. La teolog\u00eda contempor\u00e1nea reaccion\u00f3 entonces con un retorno a la historia de la salvaci\u00f3n, al acontecimiento de la revelaci\u00f3n de Dios en Jesucristo. Dios se da a conocer tal como es s\u00f3lo en la relaci\u00f3n de Jes\u00fas con su Padre en el Esp\u00edritu. El CV II refleja ya el giro de una perspectiva metaf\u00edsica a una teolog\u00eda que prioriza una comprensi\u00f3n m\u00e1s hist\u00f3rica, fenomenol\u00f3gica, hermen\u00e9utica y existencial de la realidad, m\u00e1s en sinton\u00eda con la cosmovisi\u00f3n y la cultura actual. Conceptos como sustancia e hip\u00f3stasis, parecen no poder expresar ya, en un mundo cultural impregnado por otros valores e imaginarios cosmol\u00f3gicos, el misterio divino que antes transmit\u00edan. No se trata, obviamente, de cambiar lo confesado por aquellas f\u00f3rmulas y conceptos, sino de expresar esa misma fe en perspectivas y categor\u00edas m\u00e1s comprensibles y significativas para el hombre de hoy. La idea de una sustancia suprema, un sujeto absoluto o un origen \u00fanico, solitario y aut\u00e1rquico, no parecen ya modelos aptos para transmitir al Dios del amor trino que se ha abajado <em>ken\u00f3ticamente<\/em> en Jesucristo, asumiendo nuestra condici\u00f3n humana, para hacernos capaces de recibir su Esp\u00edritu y entrar a participar, como hijos, del reino de su amor. De all\u00ed, que importantes te\u00f3logos del siglo XX (von Balthasar, Moltmann, Kasper, Pannenberg, Greshake), aunque por caminos muy distintos, coincidieran en la necesidad de buscar una nueva sistematizaci\u00f3n de la teolog\u00eda trinitaria capaz de presentar al Dios uno en su <em>constitutiva relacionalidad interpersonal<\/em>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Fue en esta l\u00ednea que comenz\u00f3 a utilizarse la analog\u00eda de la <em>communio, <\/em>frecuente en el CV II. Se volv\u00eda con ello a un t\u00e9rmino de raigambre b\u00edblica. Dice 1Jn 4,8 &#8220;Dios es amor&#8221;. Ahora bien, el amor no es ni un sujeto ni una esencia abstracta, sino siempre un <em>acto personal<\/em> que implica <em>simult\u00e1neamente<\/em> relaci\u00f3n y alteridad. El amor no existe nunca como puro movimiento de autoreflexi\u00f3n sino como <em>acto relacional<\/em>, como comunicaci\u00f3n e intercambio. El amor es <em>constitutivamente<\/em> acto comunicativo de donaci\u00f3n-recepci\u00f3n, recepci\u00f3n-donaci\u00f3n con respecto a otros.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La comprensi\u00f3n del ser como <em>acto<\/em> (tan propia del Aquinate) y de las personas divinas como <em>relaci\u00f3n<\/em>, se integran en una nueva s\u00edntesis que entiende a Dios como <em>comuni\u00f3n perijor\u00e9tica de amor<\/em>. La teolog\u00eda trinitaria supera as\u00ed la apor\u00eda que obligaba a optar entre reducir a Dios a una pura m\u00f3nada primera o caer en un imaginario de tipo social (o <em>trite\u00edsta<\/em>) que piensa a Dios <em>a partir <\/em>de tres sujetos divinos, cuasi aut\u00f3nomos, que <em>luego<\/em> se unen por amor o consenso. En la comuni\u00f3n divina la unidad no es anterior ni posterior a la Trinidad. La Trinidad <em>es<\/em> la <em>koinon\u00eda<\/em> perfecta del amor infinito que realiza la unidad en la alteridad y la alteridad en la unidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aqu\u00ed Padre, Hijo y Esp\u00edritu Santo, no son ya comprendidos como sujetos o centros aut\u00f3nomos \u00a0anteriores a sus actos. En Dios no hay nada que sea anterior al <em>acto de existir<\/em> <em>como amor<\/em> <em>comunional <\/em>tripersonal. Las personas divinas existen en virtud del amor que ellas mismas son y el amor no es otra cosa que su existencia personal como intercambio de donaci\u00f3n y recepci\u00f3n, <em>hacia<\/em> y <em>desde<\/em> las unas a las otras, <em>en<\/em> las otras, <em>con<\/em> las otras. El Padre es y realiza el amor como comunicaci\u00f3n paternal fecundante, don\u00e1ndose al Hijo y dej\u00e1ndose a su vez constituir por \u00e9l como <em>su<\/em> &#8220;abba&#8221;. El Hijo ama filialmente, como recibi\u00e9ndose y entreg\u00e1ndose siempre desde y hacia el Padre. El Esp\u00edritu, en la senda iniciada por Ricardo de San V\u00edctor, expresa la apertura del amor que no puede cerrarse en una mera relaci\u00f3n Yo-T\u00fa, carente de un destino y direccionalidad com\u00fan. \u00c9l es el <em>condilectus<\/em>, en que los otros dos se encuentran compartiendo el destinatario y la fecundidad gozosa y ag\u00e1pica de su amor. Cada persona media y consuma as\u00ed la relaci\u00f3n entre las otras dos desde su propiedad relacional espec\u00edfica.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se revela tambi\u00e9n aqu\u00ed, el hondo sentido de la persona humana. Ella no es primordialmente una hip\u00f3stasis o un sujeto aut\u00f3nomo ya constituido, que <em>despu\u00e9s <\/em>debe realizarse relacion\u00e1ndose con otros. La persona es m\u00e1s bien la existencia que se sabe <em>constitutivamente<\/em> vinculada a la comunidad humana, en permanente apertura e intercambio con la realidad. Ella existe como radicalmente constituida en s\u00ed desde fuera de s\u00ed, como recepci\u00f3n y relacionalidad ext\u00e1tica, constituida por su lugar y participaci\u00f3n relacional y comunicativa en el conjunto de lo real.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La misma comprensi\u00f3n del ser queda afectada por este misterio de la comuni\u00f3n trinitaria. Todo lo que es, puede comprenderse fenomenol\u00f3gicamente como manifestaci\u00f3n y donaci\u00f3n ext\u00e1tica. Todo <em>lo dado<\/em> est\u00e1 siempre ah\u00ed <em>d\u00e1ndose<\/em> como <em>donado <\/em>en apertura al conjunto vinculado y vinculante de lo real.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Para la teolog\u00eda trinitaria latinoamericana que privilegia la realidad, la historia y la praxis desde la opci\u00f3n por los pobres y excluidos (son de referencia las obras de L. Boff y A. Gonz\u00e1lez), resulta fundamental esta comprensi\u00f3n del Dios de la comuni\u00f3n que se ha identificado con ellos en la entrega de Jes\u00fas a la muerte, como excluido de la comunidad, expulsado de la ciudad, abandonado y condenado. La pascua de Jes\u00fas es expresi\u00f3n del Dios que se resiste y se niega a dejar a algunos excluidos del intercambio humano y social, de la comunicaci\u00f3n de identidades, bienes y valores, del amor y la comuni\u00f3n del reino.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El Dios trino es el Dios del amor creador, que crea el mundo y al hombre como expresi\u00f3n y destinatarios de la apertura de su amor comunicativo y comunional infinito. En un mundo que reclama una mayor consideraci\u00f3n del valor de cada persona para el conjunto de la sociedad humana; del valor de cada grupo \u00e9tnico, regi\u00f3n o cultura particular como expresi\u00f3n de la riqueza del ser humano; del valor de la pluralidad para el concepto mismo de unidad; la revelaci\u00f3n en Cristo del amor infinito, abierto y abarcativo del Dios trino, se transforma en experiencia de salvaci\u00f3n y en llamado que convoca en el Esp\u00edritu a la construcci\u00f3n de su reino de comuni\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>Gonzalo Zarazaga, SJ<\/em>, Facultad de Teolog\u00eda del Colegio M\u00e1ximo de San Jos\u00e9, Argentina.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>4 Referencias Bibliogr\u00e1ficas<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Gonz\u00e1lez, M., <em>La Trinidad: un nuevo nombre para Dios.<\/em> Buenos Aires: Paulinas, 2000.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Greshake, G., <em>El Dios uno y trino<\/em>. Barcelona: Herder, 2001.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ladaria, L., <em>El Dios vivo y verdadero.<\/em> Salamanca: Secretariado Trinitario, 1998.<\/p>\n<p>Rahner, K., Advertencias sobre el tratado dogm\u00e1tico &#8220;de Trinitate&#8221;. En: <em>Escritos de Telog\u00eda<\/em> IV, Madrid: Taurus, 1961, 105-136.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Zarazaga, G., <em>Dios es Comuni\u00f3n<\/em>. Salamanca: Secretariado Trinitario, 2004.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Zarazaga, G., La Trinidad en el horizonte de la Comuni\u00f3n. <em>Stromata<\/em>, San Miguel, v. 59, p. 113-142, 2003.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Para saber m\u00e1s<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Balthasar, H.U. v., El misterio Pascual. En: Feiner, J &#8211; L\u00f6hrer, M. (eds.), <em>Mysterium Salutis III\/2<\/em>. Madrid: Cristiandad, 143-329.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Boff, L., <em>A Trinidade e a sociedade<\/em>. Petr\u00f3polis: Vozes, 1987.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Forte, B., <em>Trinidad como historia<\/em>. Salamanca: S\u00edgueme, 1988.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Gonz\u00e1lez, A., <em>Trinidad y Liberaci\u00f3n.<\/em> San Salvador: UCA 1994.<\/p>\n<p>Kasper, W., <em>El Dios de Jesucristo<\/em>. Salamanca: S\u00edgueme, 4\u00aaed. 1994.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ladaria, L., La Trinidad, misterio de comuni\u00f3n. Salamanca: Secretariado Trinitario, 2002.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Moltmann, J., <em>Trinidad y Reino de Dios<\/em>. Salamanca: S\u00edgueme, 2\u00aaed. 1986.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pannenberg, W., <em>Teolog\u00eda Sistem\u00e1tica<\/em> I. Madrid: UPCO, 1992, 281-485.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Rahner, K., El Dios uno y trino como principio y fundamento trascendente de la historia de la salvaci\u00f3n. En: Feiner, J &#8211; L\u00f6hrer, M. (eds.), <em>Mysterium Salutis II\/1<\/em>. Madrid: Cristiandad, 359-449.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Zarazaga, G., La Comuni\u00f3n trinitaria. La Contribuci\u00f3n de K. Rahner. <em>Estudios Eclesi\u00e1sticos<\/em>, Madrid, v. 80, 263-290, 2005.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00cdndice 1 Dios trino en las Sagradas Escrituras 2 Breve historia de la doctrina trinitaria 3 Perspectiva sistem\u00e1tica. La Trinidad como comuni\u00f3n 4 Referencias bibliogr\u00e1ficas La teolog\u00eda trinitaria contempor\u00e1nea es fruto del esp\u00edritu de apertura y renovaci\u00f3n creativa que caracteriz\u00f3 la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica del s. XX. y desemboc\u00f3 en el Concilio Vaticano II. 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