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{"id":2956,"date":"2023-12-31T17:11:48","date_gmt":"2023-12-31T20:11:48","guid":{"rendered":"https:\/\/teologicalatinoamericana.com\/?p=2956"},"modified":"2024-01-03T16:04:28","modified_gmt":"2024-01-03T19:04:28","slug":"imagen-masculina-de-dios-la-interpelacion-feminista","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/teologicalatinoamericana.com\/?p=2956","title":{"rendered":"Imagen masculina de Dios: la interpelaci\u00f3n feminista"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\"><strong>\u00cdndice<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">1 El hablar sobre Dios<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>1.1 La humanizaci\u00f3n de Dios<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>1.2 Un Dios humano, pero en masculino<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">2 La teolog\u00eda feminista<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>2.1 Cr\u00edtica feminista a la masculinizaci\u00f3n de Dios<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>2.2 Consecuencias del lenguaje masculino sobre Dios para las mujeres<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">3 Hacia una nueva manera de nombrar a Dios<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>3.1 Un Dios que tiene atributos o rasgos femeninos<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>3.2 El Esp\u00edritu Santo como \u00edcono de la feminidad de Dios<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>3.3 Un Dios que sustenta la igualdad fundamental entre varones y mujeres<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">4 La masculinidad de Jes\u00fas \u00bfun problema?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">5 Referencias<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>1 El hablar sobre Dios<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Referirnos a Dios sobrepasa cualquier intento humano de darle nombre. La teolog\u00eda apof\u00e1tica, o sea aquella que calla ante el \u2018misterio\u2019 mantiene su vigencia en el mundo actual porque todo lo que digamos de Dios es infinitamente m\u00e1s peque\u00f1o de lo que realmente Dios es. Pero nuestra condici\u00f3n humana nos empuja a darle nombre y por eso recurrimos a diferentes v\u00edas para referirnos a lo trascendente. Lo hacemos, de manera conceptual, por la v\u00eda de la afirmaci\u00f3n &#8211; Dios es bondad -, por la v\u00eda de la negaci\u00f3n &#8211; Dios no es maldad &#8211; y por la v\u00eda de la eminencia &#8211; Dios es la suma bondad -, por citar algunos ejemplos. M\u00e1s a\u00fan, tambi\u00e9n contamos con otra manera para referirnos a Dios que puede ser m\u00e1s significativa a la hora de expresarnos sobre el misterio. Es la v\u00eda del s\u00edmbolo o de la imagen. De esa manera parece que nos aproximamos m\u00e1s al misterio divino porque esa forma de expresarnos nos acerca m\u00e1s a la totalidad del ser infinito de Dios. Sin embargo, se ha de cuidar que los s\u00edmbolos no se tomen por realidad o que solo se use un \u00fanico s\u00edmbolo. Este no debe perder su car\u00e1cter de una de las formas de remitir al misterio, pero no la \u00fanica, libr\u00e1ndose as\u00ed, de las deformaciones propias de cualquier mediaci\u00f3n humana cuando se absolutiza.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em><strong>1.1 La humanizaci\u00f3n de Dios <\/strong><\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El lenguaje b\u00edblico, como lenguaje semita, asume la l\u00ednea de la humanizaci\u00f3n de Dios, present\u00e1ndonos un Dios que habla con su pueblo, lo conduce a la liberaci\u00f3n, lo cuida, lo recrimina, lo castiga, lo perdona, lo defiende de sus enemigos. El Dios b\u00edblico ama con las entra\u00f1as, piensa con el coraz\u00f3n, act\u00faa con las manos. Ese Dios que camina con ellos y ha realizado grandes haza\u00f1as para liberarlos es al que recuerdan en cada celebraci\u00f3n de la Pascua:<\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mi padre era un arameo errante que baj\u00f3 a Egipto y residi\u00f3 all\u00ed como inmigrante siendo pocos a\u00fan, pero se hizo una naci\u00f3n grande, fuerte y numerosa. Los egipcios nos maltrataron, nos oprimieron y nos impusieron dura servidumbre. Nosotros clamamos a Yahveh Dios, de nuestros padres y Yahveh escuch\u00f3 nuestra voz, vio nuestra miseria, nuestras penalidades y nuestra opresi\u00f3n y Yahveh nos sac\u00f3 de Egipto con mano fuerte y tenso brazo en medio de gran terror, se\u00f1ales y prodigios. Nos trajo aqu\u00ed y nos dio esta tierra, tierra que mana leche y miel. Y ahora yo traigo las primicias de los productos del suelo que T\u00fa, Yahveh, me has dado (Dt 26, 5-10).<\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">Un Dios que entra en relaci\u00f3n con su pueblo y lo acompa\u00f1a en su historia. Un Dios humano como ellos para realizar la historia de la salvaci\u00f3n, no all\u00e1 lejos en el cielo, sino aqu\u00ed cerca, en la tierra, en la historia humana.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em><strong>1.2<\/strong> <strong>Un Dios humano, pero en masculino<\/strong><\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esta humanizaci\u00f3n de Dios que ha permitido acercar la experiencia de lo absoluto a la historia del ser humano y le ha permitido hablar sobre Dios y relacionarse con \u00c9l, ha tenido una orientaci\u00f3n muy definida. Este Dios humano se ha modelado en masculino. Por supuesto la tradici\u00f3n eclesial ha afirmado que Dios no tiene sexo y transciende toda sexualidad. Sin embargo, tanto en el imaginario popular como en la tradici\u00f3n eclesial y teol\u00f3gica, al privilegiar lo masculino, se ha llegado a configurar un Dios var\u00f3n, con los atributos que la sociedad patriarcal ha dado a los varones, tales como el poder, la autoridad, el control, la severidad, la protecci\u00f3n, el benefactor, entre otros.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cabe aclarar que la sociedad patriarcal o el patriarcado significa \u2018gobierno del padre\u2019. Es una forma de organizaci\u00f3n social en la que el poder est\u00e1 siempre en manos de los varones (en algunos casos, puede estar en manos de mujeres pero que act\u00faan en el mismo modelo masculino), con una serie de grados inferiores de gente subordinada que es cada vez mayor en la medida que se llega a la base. Este mismo modelo se ha instalado en la Iglesia, permitiendo que el patriarcado se haya consolidado de tal manera que parece que es la forma natural de organizaci\u00f3n social. As\u00ed lo expresa la te\u00f3loga Elizabeth Johnson:<\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">La patriarqu\u00eda religiosa es una de las m\u00e1s consistentes formas de esa estructura, pues se entiende a s\u00ed misma como divinamente establecida. En consecuencia, los hombres de gobierno dicen que su poder les ha sido delegado por Dios (invariablemente mencionado en t\u00e9rminos masculinos) y que lo ejercen por mandato divino (JOHNSON, 2002, p. 43).<\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>2 La teolog\u00eda feminista<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La teolog\u00eda feminista es una b\u00fasqueda radical de la dignidad y el lugar de la mujer, as\u00ed como del papel que ha de desempe\u00f1ar y los derechos que ha de ejercer en la sociedad y en la Iglesia. Reacciona contra una teolog\u00eda que califica de patriarcal, androc\u00e9ntrica y unilateral. No se refiere, por tanto, a las mujeres en general, como tema, sino a sus experiencias negativas de vida, derivadas de su condici\u00f3n de mujer. Ahora bien, no hay una \u00fanica teolog\u00eda feminista sino diferentes perspectivas dentro de esta amplia matriz, con sus \u00e9nfasis y prioridades. La teolog\u00eda feminista latinoamericana ha respondido m\u00e1s a la opresi\u00f3n que sufren las mujeres por su doble condici\u00f3n de pobres y mujeres, mientras que las teolog\u00edas feministas de Europa o Norteam\u00e9rica responden m\u00e1s a los derechos de las mujeres, con categor\u00edas de an\u00e1lisis tales como patriarcado o g\u00e9nero. Sin embargo, en las \u00faltimas d\u00e9cadas, gracias a la globalizaci\u00f3n, las teolog\u00edas feministas se han ido relacionando mucho m\u00e1s, uniendo sus b\u00fasquedas &#8211; aunque manteniendo sus particularidades -, y siguen enriqueci\u00e9ndose con nuevas categor\u00edas como decolonialidad, interseccionalidad, entre otras.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las teolog\u00edas feministas han pasado por diversas etapas. En un primer momento, han buscado reivindicar lo femenino. Es decir, posicionar los atributos que la sociedad patriarcal atribuye a las mujeres en un plano de igualdad con los atributos que se atribuyen a los varones. Se habl\u00f3 de una teolog\u00eda femenina o en clave de mujer, con algunas caracter\u00edsticas que la hac\u00edan definirse como una teolog\u00eda m\u00e1s intuitiva, festiva, simb\u00f3lica, etc.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En un segundo momento, las teolog\u00edas feministas han acudido al uso de la categor\u00eda de an\u00e1lisis \u2018g\u00e9nero\u2019. Esta categor\u00eda se refiere<\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">a la construcci\u00f3n diferencial de los seres humanos en tipos femeninos y masculinos. El g\u00e9nero es una categor\u00eda relacional que busca explicar una construcci\u00f3n de un tipo de diferencia entre los seres humanos. Las teor\u00edas feministas [\u2026] coinciden en el supuesto de que la constituci\u00f3n de diferencias de g\u00e9nero es un proceso hist\u00f3rico y social y en que el g\u00e9nero no es un hecho natural [\u2026]. La diferencia sexual no es meramente un hecho anat\u00f3mico, pues la construcci\u00f3n e interpretaci\u00f3n de la diferencia anat\u00f3mica es ella misma un proceso hist\u00f3rico y social (BENHABIB, 1992, p. 52).<\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">Desde esta categor\u00eda se ha denunciado el sistema patriarcal que ha reforzado los estereotipos culturales masculinos y femeninos, manteniendo as\u00ed las estructuras sociales y eclesiales desde la configuraci\u00f3n masculina y patriarcal.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em><strong>2.1 Cr\u00edtica feminista a la masculinizaci\u00f3n de Dios<\/strong><\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Desde los presupuestos anteriores podemos aproximarnos a la cr\u00edtica que la teolog\u00eda feminista hace a la masculinizaci\u00f3n de Dios. El problema consiste en que, al utilizar un lenguaje masculino para referirse a Dios en la sociedad patriarcal, la consecuencia ha sido, la de atribuirle a Dios las caracter\u00edsticas de los varones de dicha sociedad. De ah\u00ed que, a Dios se le identifica como alguien<\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">poderoso, var\u00f3n y blanco, un Dios que es protector, benefactor, juez, padre severo, aunque amoroso y fiel y que exige una obediencia incondicionada. Es la imagen de un Dios autoritario, de un juez que parece estar contra el \u201cyo\u201d, contra la humanidad y contra el mundo, la imagen de un Dios como poder controlador, con un dominio cercano e incluso a la coerci\u00f3n (BAUTISTA, 1993, p. 111).<\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">De esta manera esa imagen masculina de Dios refuerza el poder patriarcal y a los varones en la sociedad patriarcal. En contraposici\u00f3n, la situaci\u00f3n de las mujeres en esta sociedad &#8211; de subordinaci\u00f3n, sumisi\u00f3n, obediencia etc.- , se ve reforzada por esta imagen de Dios que las ha llevado a pensar que no pueden cambiar su lugar en la sociedad y en la Iglesia porque esto es querido y sustentado por la divinidad. La imagen de Dios como var\u00f3n en la sociedad patriarcal, mantiene a las mujeres en un papel secundario, infantilizado, impotente y les hace desconfiar de que puedan llegar a la autonom\u00eda propia de cualquier ser libre y con derechos, como Dios lo quiere.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por supuesto que el lenguaje masculino puede representar a Dios, pero el problema es su uso exclusivo. Las im\u00e1genes femeninas son muy poco utilizadas lo mismo que las im\u00e1genes tomadas del mundo de la naturaleza en la expresi\u00f3n de la experiencia cristiana. De hecho, al invocar el misterio trinitario nos dirigimos al Padre, a trav\u00e9s del Hijo en la unidad del Esp\u00edritu Santo. Este \u00faltimo tambi\u00e9n ha sido masculinizado con el uso del pronombre masculino, sin recordar siquiera que el t\u00e9rmino \u2018esp\u00edritu\u2019, en arameo es femenino \u201cla <em>ruah<\/em>\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Otro problema es que este lenguaje se toma literalmente y por eso cuando las personas escuchan hablar de Dios como padre, rey, se\u00f1or, novio, esposo, concuerdan con esa manera de nombrar, pero si se usan pronombres o sustantivos en femenino, las personas creen que se est\u00e1 transgrediendo lo aceptado para hablar sobre Dios y rechazan tales denominaciones. Llegan a pensar que incluso se ofende a Dios al atreverse a invocarlo por palabras tales como madre, esposa, reina o diosa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las im\u00e1genes que invocan a Dios son profundamente patriarcales. A Dios Padre se le representa como a un anciano de barba blanca, a Jes\u00fas como un joven con barba de color casta\u00f1o, ambos con rasgos occidentales y al Esp\u00edritu Santo con una paloma. Aunque esta \u00faltima no aparece como var\u00f3n, el art\u00edculo masculino que acompa\u00f1a la palabra Esp\u00edritu la identifica r\u00e1pidamente con este sexo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em><strong>2.2 Consecuencias del lenguaje masculino sobre Dios para las mujeres<\/strong><\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Varias consecuencias se desprenden de hablar de Dios exclusivamente en masculino, principalmente, por lo que lo masculino representa en el mundo patriarcal. Lo masculino es la raz\u00f3n mientras que lo femenino es la materia; lo masculino es la autonom\u00eda y lo femenino la dependencia, lo masculino es la fuerza y lo femenino es la debilidad, lo masculino es la plenitud y lo femenino la vacuidad, lo masculino es el dinamismo y lo femenino la pasividad y, en ese orden de ideas, lo masculino es la esencia y lo femenino es el complemento. Pero se\u00f1alemos con m\u00e1s precisi\u00f3n algunas de las consecuencias de este nombrar a Dios en masculino:<\/p>\n<p><strong>Consecuencias sociol\u00f3gicas<\/strong>: los soci\u00f3logos han mostrado c\u00f3mo existe una relaci\u00f3n de dependencia entre el sistema simb\u00f3lico de una religi\u00f3n y la organizaci\u00f3n social. Por eso el Dios patriarca funciona para legitimar y reforzar las estructuras sociales patriarcales en la familia, la sociedad y la Iglesia.<\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">El lenguaje sobre el padre del cielo que vigila el mundo justifica e incluso hace necesario un orden en el que el l\u00edder var\u00f3n religioso gobierne sobre su reba\u00f1o, el gobernante civil tenga dominio sobre sus s\u00fabditos, el marido sea la cabeza de la esposa. Si existe un patriarca absoluto celestial, entonces las disposiciones en la tierra deben girar en torno a gu\u00edas jer\u00e1rquicos que necesariamente deben ser masculinos para que puedan representarle y gobernar en su nombre (JOHNSON, 2002, p. 60).<\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esta configuraci\u00f3n religiosa deja a las mujeres por fuera de este esquema y en un papel secundario, sin posibilidad de ocupar puestos de representaci\u00f3n ni mucho menos participar de los niveles de decisi\u00f3n.<\/p>\n<p><strong>Consecuencias psicol\u00f3gicas:<\/strong> El simbolismo de un Dios var\u00f3n refuerza las sociedades androc\u00e9ntricas donde el var\u00f3n sustenta la superioridad y la mujer la inferioridad. Cuando Dios es concebido a imagen de un sexo, en lugar de los dos &#8211; como deber\u00eda ser por la voluntad creadora de Dios de la igualdad fundamental entre var\u00f3n y mujer -, se acaba pensando que los varones poseen la imagen de Dios de una manera especial. Mary Daly ha resumido contundentemente las consecuencias sociol\u00f3gicas y psicol\u00f3gicas de erigir lo masculino como representaci\u00f3n v\u00e1lida y adecuada de Dios: \u201cSi Dios es masculino, entonces lo masculino es Dios\u201d (JOHNSON, 2002, p. 61). Cuando esta identificaci\u00f3n sucede, las mujeres comienzan a percibirse indignas e inadecuadas para representar a Dios. De ah\u00ed que comiencen a vivir, en cierto sentido, su relaci\u00f3n con Dios al margen de su corporalidad, m\u00e1s a\u00fan, considerando esta \u00faltima como inadecuada, objeto de culpa y repercutiendo seriamente en la dignidad, poder y autoestima.<\/p>\n<p><strong>Consecuencias teol\u00f3gicas:<\/strong> Cuando se pierde el car\u00e1cter evocativo y simb\u00f3lico de las im\u00e1genes y los lenguajes para hablar de Dios y las identificamos con Dios mismo, caemos en el \u00e1mbito de la idolatr\u00eda. Esta no se refiere solo a los objetos materiales que se\u00f1ala el Antiguo Testamento cuando habla de los \u00eddolos. Idolatr\u00eda es tambi\u00e9n cuando esas mediaciones logran distorsionar la realidad, encerr\u00e1ndola en una \u00fanica mediaci\u00f3n haci\u00e9ndole perder su car\u00e1cter de misterio que sobrepasa cualquier representaci\u00f3n. La cr\u00edtica teol\u00f3gica feminista denuncia esta idolatr\u00eda e invita a la conversi\u00f3n porque, adem\u00e1s de ser idolatr\u00eda, \u201cel ideal del gobernante masculino que subyace a la idea de Dios, ideal reproducido en el lenguaje teol\u00f3gico y esculpido en la oraci\u00f3n p\u00fablica y privada, parece m\u00e1s s\u00f3lido que la piedra, m\u00e1s resistente a la iconoclastia que el bronce\u201d (JOHNSON, 2002, p. 64). Esta misma idea la se\u00f1ala Ruether: \u201ces id\u00f3latra hacer a los hombres m\u00e1s iguales a Dios que a las mujeres. Resulta blasfemo usar la imagen y el nombre de lo Santo para justificar el dominio patriarcal [\u2026] La imagen de Dios como var\u00f3n con predominio es fundamentalmente idol\u00e1trica\u201d (RUETHER, 1983, p. 23)<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por tanto, el lenguaje exclusivamente masculino sobre Dios refuerza la sociedad patriarcal y las estructuras que ella conlleva de dominaci\u00f3n y subordinaci\u00f3n. Pero tambi\u00e9n refuerza la estructura jer\u00e1rquica y clerical de la Iglesia, excluyendo a las mujeres de los niveles de participaci\u00f3n y decisi\u00f3n. Con esto no se pretende eliminar los s\u00edmbolos masculinos para hablar sobre Dios, pero si caer en cuenta de las consecuencias que han generado por no estar compartidos con s\u00edmbolos femeninos que equilibren la necesaria igualdad entre varones y mujeres que ha de vivirse en las estructuras sociales y eclesiales. Podr\u00eda se\u00f1alarse, adem\u00e1s, que otros s\u00edmbolos tomados de la naturaleza (agua, roca, \u00e1guila, etc.), enriquecer\u00edan el lenguaje sobre Dios, a\u00f1adiendo al aspecto antropol\u00f3gico, lo bioc\u00e9ntrico y ecol\u00f3gico que hoy es necesario asumir. Sin un esfuerzo serio por enriquecer las im\u00e1genes y los lenguajes sobre Dios, incluyendo lo femenino, el lenguaje actual que tenemos sobre Dios no contribuye a la urgente e inaplazable emancipaci\u00f3n de las mujeres, no solo para que vivan los derechos fundamentales que garanticen su dignidad en la sociedad sino tambi\u00e9n para que vivan la plenitud de su ser hijas de Dios en relaciones libres de subordinaciones e inequidades, como bien lo se\u00f1alaba el ap\u00f3stol Pablo: \u201cya no hay jud\u00edo, ni griego; esclavo ni libre; var\u00f3n ni mujer, ya que todos ustedes son uno en Cristo Jes\u00fas\u201d (G\u00e1l 3, 28).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>3 Hacia una nueva manera de nombrar a Dios<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En el esfuerzo de nombrar a Dios de otra manera para liberarlo de esa nominaci\u00f3n exclusivamente masculina, se han hecho diversos intentos, no siempre f\u00e1ciles de asumir y aceptar. Algunos te\u00f3logos han propuesto nombrar a Dios con t\u00e9rminos no personales o suprapersonales. Por ejemplo, Paul Tillich propone llamarlo Fundamento del ser; Rosemary Ruether, la matriz que abraza y sustenta toda la vida; Wolhart Pannengerg, la fuerza del futuro; Karl Rahner, el misterio sagrado. Aunque estas expresiones liberan a Dios de sexualizarlo, pierden tambi\u00e9n la concepci\u00f3n cristiana del Dios personal con todas las caracter\u00edsticas que ello implica: su relaci\u00f3n con el mundo en t\u00e9rminos de fidelidad, de compasi\u00f3n, de amor liberador. Por eso, aunque haya dificultades, es importante seguir buscando la manera de nombrar a Dios con t\u00e9rminos personales sin que eso signifique sexualizarlo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las teolog\u00edas feministas, en un primer momento, intentaron rescatar los atributos femeninos que la Sagrada Escritura atribuye a Dios para mostrar que tanto lo masculino como lo femenino est\u00e1n presentes en Dios. En un segundo momento se han hecho esfuerzos por mostrar la posibilidad de nombrar a Dios en femenino (no solo en los atributos), centr\u00e1ndose en la persona del Esp\u00edritu Santo, reconociendo as\u00ed lo femenino en el mismo ser de Dios. Finalmente, se est\u00e1n buscando modos de que tanto lo masculino como lo femenino nombren a Dios, haciendo justicia con las mujeres para que ambos g\u00e9neros puedan representar plenamente a Dios, sin priorizar uno de ellos sino mostrando la capacidad que tienen ambos de hablar sobre Dios. Explicitar estos tres esfuerzos es el objetivo de los siguientes numerales, se\u00f1alando los logros, pero tambi\u00e9n los l\u00edmites que conllevan.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em><strong>3.1 Un Dios que tiene atributos o rasgos femeninos<\/strong><\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La primera opci\u00f3n es introducir en Dios los rasgos amables, nutricionales, cuidadores, tradicionalmente asociados al rol maternal de las mujeres. En esta opci\u00f3n no se cuestiona la imagen de Dios Padre, tradicionalmente afirmada como el Dios de Jes\u00fas, pero se enriquece con los rasgos femeninos: \u201cAs\u00ed los aspectos de dulzura y compasi\u00f3n, amor incondicional, respeto y cuidado de los d\u00e9biles y deseo de no dominar, sino de ser un compa\u00f1ero\/a y amigo\/a \u00edntimo\/a, pueden predicarse de Dios y hacerle m\u00e1s atractivo\u201d (JOHNSON, 2002, p. 74-75). Esto se fundamenta en que la Biblia presenta rasgos maternales de Dios de manera contundente, como lo expresa el profeta Isa\u00edas: \u201c\u00bfAcaso olvida una mujer a su ni\u00f1o de pecho, sin compadecerse del hijo de sus entra\u00f1as? Pues, aunque esas llegasen a olvidar, yo no te olvido\u201d (49, 15). Esta opci\u00f3n es muy aceptada por muchos te\u00f3logos porque afirman que la paternidad de Dios debe seguir siendo el signo cristiano por excelencia, pero de esa manera se libera del sexismo y enriquece la antropolog\u00eda cristiana.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sin embargo, los problemas que tiene esta soluci\u00f3n son que Dios sigue siendo concebido a imagen de un var\u00f3n, con las caracter\u00edsticas propias del sexo masculino, siendo matizado por los atributos femeninos que siempre quedan en un lugar subordinado. Incluso, queda fortalecida la figura masculina, al considerarse ahora m\u00e1s completa, por la introducci\u00f3n de los rasgos femeninos en ella. Esta imagen masculina de Dios con rasgos femeninos fortalece a los varones porque ellos conquistan su lado femenino, pero no produce ning\u00fan efecto en las mujeres que siguen siendo el complemento del var\u00f3n y no la plenitud de su ser personal. Ellas quedan capacitadas solamente para representar los rasgos femeninos de Dios, pero no a Dios mismo. \u201cLa desigualdad no es reparada, sino sutilmente promovida para que la imagen androc\u00e9ntrica de Dios siga en su lugar, realzada en su atractivo mediante la inclusi\u00f3n subordinada de rasgos femeninos\u201d (JOHNSON, 2002, p. 76). Adem\u00e1s, \u00bfcon que derecho puede decirse que los rasgos femeninos son exclusivos de las mujeres y no de todo el g\u00e9nero humano? Y podr\u00eda preguntarse a la inversa \u00bfpor qu\u00e9 los rasgos atribuidos al g\u00e9nero masculino no pueden ser tambi\u00e9n de las mujeres, cuando la historia nos muestra que ellas los poseen, aunque hayan sido invisibilizados y perseguidos a lo largo de la historia? En conclusi\u00f3n, aunque esta primera soluci\u00f3n ha servido para comenzar a valorar los rasgos femeninos, de esta manera no se logra contrarrestar el s\u00edmbolo patriarcal de Dios y mucho menos devolver a las mujeres la inclusi\u00f3n y el reconocimiento de su dignidad que nunca deber\u00eda haber sido invisibilizada.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em><strong>3.2 El Esp\u00edritu Santo como \u00edcono de la feminidad de Dios<\/strong><\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Otro camino para darle su lugar y valor a lo femenino ha sido fijarse en la tercera persona de la Trinidad. En arameo, la palabra \u201c<em>ruah<\/em>\u201d (Esp\u00edritu) es femenina y, aunque el g\u00e9nero gramatical de una palabra no es suficiente para rescatar lo femenino, ayuda a comenzar la reflexi\u00f3n a\u00f1adiendo adem\u00e1s otros aspectos m\u00e1s importantes. La sagrada escritura hace uso de la imagen del ave hembra que se cierne sobre el nido y empolla los huevos para producir vida y que remite al esp\u00edritu que aletea sobre las aguas en el momento de la creaci\u00f3n (G\u00e9n 1,2) y al esp\u00edritu en forma de ave que desciende sobre Jes\u00fas en el momento del bautismo (Lc 3,22).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En la Iglesia primitiva se interpretaba al esp\u00edritu divino en t\u00e9rminos femeninos, atribuy\u00e9ndole el car\u00e1cter materno presente en los or\u00edgenes de la encarnaci\u00f3n de Cristo, que engendra nuevos hijos por el bautismo o que hace presente el cuerpo de Cristo en el misterio eucar\u00edstico. El te\u00f3logo brasile\u00f1o, Leonardo Boff, propuso al Esp\u00edritu Santo como la presencia femenina de Dios. M\u00e1s a\u00fan, Boff llega a proponer la divinizaci\u00f3n de lo femenino en la persona de Mar\u00eda, a semejanza del logos que se encarna en Jes\u00fas. Sin embargo, estos esfuerzos carecen de consistencia firme, m\u00e1s a\u00fan cuando Boff mantiene el esquema dual de masculino y femenino con sus diferencias, siguiendo el esquema de Jung, donde lo masculino es la luz, la transcendencia, la apertura al exterior y la raz\u00f3n; mientras que lo femenino es la oscuridad, la muerte, la profundidad y la receptividad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En Europa, te\u00f3logos como Yves Congar tambi\u00e9n proponen al Esp\u00edritu como la persona femenina de Dios o incluso la feminidad de Dios. Aunque \u00e9l intenta liberar esa imagen femenina de los atributos pasivos que se identifican m\u00e1s con las mujeres, propone que se entienda desde el punto de vista de la maternidad, viendo esta como actitud activa de criar, amar y educar a los hijos. Sin embargo, de esta manera mantiene lo femenino o, lo que es lo mismo, a las mujeres en su papel de madres que, siendo un rol importante no es el \u00fanico ni el que determina todo el ser de las mujeres, ya que muchas no son madres y no por eso dejan de ser mujeres. Todos estos esfuerzos, sin dejar de ser valiosos, presentan inconsistencias y mantienen la posici\u00f3n subordinada de lo femenino frente a lo masculino.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Adem\u00e1s, la tercera persona de la Trinidad ha carecido en la tradici\u00f3n cristiana de un rostro personal. Si a Dios se le ha designado como Padre y a su Hijo como la encarnaci\u00f3n en Jes\u00fas, el Esp\u00edritu ha permanecido como el m\u00e1s misterioso de los tres, sin un rostro definido. Es decir, tendr\u00edamos un Dios que se representa mayoritariamente como masculino y solo de una manera algo amorfa como femenino.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por otra parte, en el misterio trinitario, el Esp\u00edritu Santo procede del Padre y del Hijo y, aunque la doctrina tradicional no pretende mostrar ninguna subordinaci\u00f3n del Esp\u00edritu, para un p\u00fablico sin dicha formaci\u00f3n teol\u00f3gica podr\u00eda interpretarse como subordinaci\u00f3n, favoreciendo una interpretaci\u00f3n donde lo masculino representado por el Padre y el Hijo aparece como superior a lo femenino representado por el Esp\u00edritu. De hecho, sigue vigente en la representaci\u00f3n del logos, lo masculino, el orden, la novedad, la exigencia, la actividad y la transformaci\u00f3n; mientras que, en la representaci\u00f3n del esp\u00edritu, lo femenino, se da la receptividad, la empat\u00eda, el sufrimiento y la conservaci\u00f3n (Cfr. JOHNSON, 2002, p. 77-82)<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Un problema m\u00e1s complejo es que al hablar de dimensiones en Dios, se hace desde la dualidad masculino y femenino y a lo que se llega es a ontologizar la sexualidad humana en Dios, identificando el lenguaje simb\u00f3lico con el ser mismo de Dios. Es necesario dejar claro que todo lenguaje &#8211; masculino o femenino &#8211; ha de evocar a Dios mismo y no a una parte suya. Con eso lo que se consigue es fortalecer el sistema patriarcal y divinizarlo manteniendo esa estructura divina en la sociedad y en la Iglesia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em><strong>3.3 Un Dios que sustenta la igualdad fundamental entre varones y mujeres<\/strong><\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Como hemos visto hasta ahora, los esfuerzos por hablar en femenino de Dios resultan insuficientes y, sobre todo no liberan a la imagen de Dios de rasgos patriarcales en los que las mujeres mantienen su papel subordinado. Por eso una v\u00eda m\u00e1s adecuada es acudir a la creaci\u00f3n del ser humano por Dios, en el que se afirma que tanto var\u00f3n como mujer son imagen y semejanza suya (G\u00e9n 1,27). Si nos apoyamos en esta afirmaci\u00f3n b\u00edblica y sacamos todas las consecuencias que de all\u00ed se desprenden, podremos afirmar que tanto las im\u00e1genes masculinas como las femeninas pueden representar a Dios, pero no en algunos aspectos, dimensiones o rasgos, sino a todo el ser divino. Esto no es posible sin liberarnos de los imaginarios patriarcales que encasillan a varones y mujeres a unos roles determinados y sin darnos cuenta de que, las resistencias para hablar de Dios en femenino vienen de la sociedad patriarcal que nos ha introyectado la primac\u00eda de lo masculino y lo secundario de lo femenino.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es necesario apelar a la tradici\u00f3n eclesial y m\u00edstica en las que el uso del lenguaje femenino se hac\u00eda con m\u00e1s naturalidad. Uno de estos ejemplos lo tenemos en Juliana de Norwich que se refer\u00eda as\u00ed a Jes\u00fas: \u201cLa madre puede dar de mamar su leche a sus hijos, pero nuestra querida Madre Jes\u00fas puede alimentarnos con \u00e9l mismo y lo hace, con el mayor detalle y ternura, en el sant\u00edsimo sacramento, que es el precioso alimento para la verdadera vida\u201d (citado por RUETHER, 1983, p. 67).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero tambi\u00e9n los textos b\u00edblicos utilizan las dos im\u00e1genes para hablar sobre Dios. Por ejemplo, las par\u00e1bolas de la misericordia del evangelio de Lucas usan la imagen de un pastor que pierde las ovejas (15,4-7) pero tambi\u00e9n la de una mujer que pierde la moneda (15,8-10). Ambas im\u00e1genes son igual de leg\u00edtimas para representar a Dios. Sin embargo, en la liturgia y en la iconograf\u00eda se ha dado lugar a la primera y, pr\u00e1cticamente, se ha ignorado a la segunda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El misterio de Dios trasciende todas las im\u00e1genes posibles, pero puede ser formulado igual de bien y con las mismas limitaciones en conceptos tomados de la realidad femenina y de la masculina. La perspectiva dise\u00f1ada aqu\u00ed parte de la idea de que s\u00f3lo cuando Dios es nombrado as\u00ed, s\u00f3lo cuando la plena realidad de las mujeres (lo mismo que la de los varones) entra a formar parte de la simbolizaci\u00f3n de Dios junto con los s\u00edmbolos del mundo natural, s\u00f3lo entonces podr\u00e1 ser destruida la fijaci\u00f3n idol\u00e1trica de una sola imagen y ser\u00e1 liberada para nuestro tiempo la verdad del misterio de Dios, junto con la liberaci\u00f3n de todos los seres humanos y de toda la tierra (JOHNSON, 2002, p. 85).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>4 La masculinidad de Jes\u00fas \u00bfun problema?<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Despu\u00e9s de la reflexi\u00f3n hecha sobre el lenguaje y el s\u00edmbolo para referirnos a Dios buscando hablar de \u00e9l con t\u00e9rminos masculinos y femeninos, nos preguntamos si la masculinidad de Jes\u00fas no es un problema insuperable para dejar de pensar a Dios en masculino. As\u00ed lo afronta Elisabeth Johnson:<\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">El que Jes\u00fas de Nazaret fuese un ser humano masculino no se cuestiona. Su sexo era un elemento constitutivo de su persona hist\u00f3rica junto con otras particularidades tales como su identidad racial jud\u00eda, su ubicaci\u00f3n en el mundo de la Galilea del S. I, y as\u00ed sucesivamente, y como tales hay que respetarlas. La dificultad surge, m\u00e1s bien, del modo en que la masculinidad de Jes\u00fas se elabora en la teolog\u00eda y la practica eclesial androc\u00e9ntricas oficiales (JOHNSON, 2003, p. 120-125).<\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">La masculinidad de Jes\u00fas ha sido utilizada para reforzar la imagen masculina de Dios, distorsionando as\u00ed el verdadero ser de Dios y reforzando la sociedad patriarcal. Una primera distorsi\u00f3n ha sido la de considerar la masculinidad de Jes\u00fas como una caracter\u00edstica esencial del ser divino y reforz\u00e1ndolo con el uso exclusivo de im\u00e1genes masculinas para hablar de Dios.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Otra segunda distorsi\u00f3n es creer que por el hecho de Jes\u00fas haberse encarnado en un var\u00f3n, estos gozan de m\u00e1s posibilidad de identificarse con \u00e9l. Por eso, solo los varones son capaces de representar a Cristo plenamente. Se llega entonces a pensar que las mujeres son incapaces de identidad cr\u00edstica, e incluso a algunos les causa horror de hacerse una pregunta leg\u00edtima: \u00bfPodr\u00eda el hijo de Dios haberse encarnado en una mujer? Por eso es necesario recordar que la doctrina de la creaci\u00f3n y la teolog\u00eda del bautismo no se\u00f1alan en ning\u00fan momento una exclusividad masculina.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La tercera distorsi\u00f3n es la posibilidad de que las mujeres no sean salvadas por Cristo. Si se es coherente la afirmaci\u00f3n de San Ireneo de que \u201clo que no es asumido no es redimido\u201d, al Cristo no haber asumido la corporeidad de las mujeres, puede que a ellas no llegue la salvaci\u00f3n. Estas distorsiones quedan corregidas con los datos b\u00edblicos: \u201cel Verbo se hizo carne\u201d (Jn 1,14) y no el Verbo se hizo var\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Adem\u00e1s, al fijarnos en el actuar de Jes\u00fas es importante su relaci\u00f3n con las mujeres, mostrando que super\u00f3 las expectativas de la sociedad de su tiempo donde haberlas dejado en un segundo lugar, hubiera correspondido con el lugar asignado para las mujeres. Pero Jes\u00fas, coherente con el anuncio del reino, incluye a las mujeres en el grupo de sus disc\u00edpulas, las constituye en las primeras anunciadoras de su resurrecci\u00f3n y destinatarias de su salvaci\u00f3n. En definitiva, es necesario recordar que<\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">[\u2026] entre las m\u00faltiples diferencias, la masculinidad de Jes\u00fas se aprecia como intr\u00ednsecamente importante para su propia identidad hist\u00f3rica personal y el reto hist\u00f3rico de su ministerio, pero no teol\u00f3gicamente determinante de su identidad como el Cristo ni normativa para la identidad de la comunidad cristiana (JOHNSON, 1991, p. 499).<\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">En otras palabras, es anacr\u00f3nico invocar la masculinidad de Jes\u00fas para restringir alg\u00fan espacio de acci\u00f3n de las mujeres. Como hemos dicho, la masculinidad de Jes\u00fas es una realidad hist\u00f3rica pero no constituye una necesidad ontol\u00f3gica en la que se juega la salvaci\u00f3n de la humanidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es necesario seguir teologizando sobre esta realidad para transformar las mentalidades y los imaginarios y poder invocar al Dios que excede cualquier identificaci\u00f3n gen\u00e9rica pero que, al mismo tiempo, se encarna en nuestras condiciones hist\u00f3ricas de una manera m\u00e1s integral que diga y simbolice la creaci\u00f3n divina de varones y mujeres a imagen suya de manera plena y total. En este sentido, trabajar sobre el lenguaje es un recurso indispensable.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Un lenguaje no sexista, inclusivo, liberador para las mujeres sobre Dios pasa por todas las formas de significaci\u00f3n y ha de encarnarse en ellas para mostrar la inabarcabilidad del misterio divino, pero tambi\u00e9n para transformar mentes y corazones, algo tan necesario para un cambio real del contexto patriarcal que nos hizo hablar de Dios con s\u00edmbolos exclusivamente masculinos, y que hoy necesita recuperar otro lenguaje que incluya lo femenino, no como dos partes complementarias sino como la riqueza del ser humano sexuado que desarrolla todas sus potencialidades y hace de cada uno un ser humano \u00fanico e irrepetible en relaci\u00f3n con todos los dem\u00e1s, sean varones o mujeres (V\u00c9LEZ, 2018, p.139).<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Olga Consuelo V\u00e9lez Caro. Doctora en Teolog\u00eda. Fundaci\u00f3n Universitaria San Alfonso. Texto enviado en 20\/04\/2023, aprobado en 20\/10\/2023, publicado en 31\/12\/2023. Original espa\u00f1ol<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Referencias<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">BAUTISTA, E. Dios. In: NAVARRO, M. (Dir.). <em>10 mujeres escriben teolog\u00eda<\/em>. Estella (Navarra), 1993, p. 105-130.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">BENHABIB, S. \u201cUna revisi\u00f3n del debate sobre las mujeres y la teor\u00eda moral\u201d. Isegor\u00eda 6 (1992): 37-64<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">HERLINDE, P.\u00a0 Deus\/Deusa. IN: G\u00d6SSMANN, E., MOLTMANN-WENDEL, E., HERLINDE, P., PRAETORIUS, I., SCHOTTROFF, L., SCH\u00dcNGEL-STRAUMANN, H. <em>Dicion\u00e1rio de Teologia Feminista<\/em>. Vozes: Petr\u00f3polis, 1997, p. 92-98.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">JOHNSON E. <em>La cristolog\u00eda hoy. Olas de renovaci\u00f3n en el acceso a Jes\u00fas<\/em>. Madrid: Sal Terrae, 2003.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">JOHNSON, E. La masculinidad de Cristo. <em>Revista Concilium<\/em> 238 (1991), p. 489-499<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">JOHNSON, E. <em>La que es. El misterio de Dios en el discurso teol\u00f3gico feminista<\/em>. Barcelona: Herder, 2002.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">RUETHER, R. <em>Sexism and God-Talk. Toward a Feminist Theology<\/em>. Boston: Beacon Press, 1983.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">V\u00c9LEZ, C. <em>Cristolog\u00eda y mujer. Una reflexi\u00f3n necesaria para una fe incluyente<\/em>. Bogot\u00e1: Editorial Javeriana, 2018.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00cdndice 1 El hablar sobre Dios 1.1 La humanizaci\u00f3n de Dios 1.2 Un Dios humano, pero en masculino 2 La teolog\u00eda feminista 2.1 Cr\u00edtica feminista a la masculinizaci\u00f3n de Dios 2.2 Consecuencias del lenguaje masculino sobre Dios para las mujeres 3 Hacia una nueva manera de nombrar a Dios 3.1 Un Dios que tiene atributos [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[103],"tags":[],"class_list":["post-2956","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-teologia-sistematicadogmatica-2"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/teologicalatinoamericana.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/2956","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/teologicalatinoamericana.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/teologicalatinoamericana.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/teologicalatinoamericana.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/4"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/teologicalatinoamericana.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=2956"}],"version-history":[{"count":4,"href":"https:\/\/teologicalatinoamericana.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/2956\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":3047,"href":"https:\/\/teologicalatinoamericana.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/2956\/revisions\/3047"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/teologicalatinoamericana.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=2956"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/teologicalatinoamericana.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=2956"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/teologicalatinoamericana.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=2956"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}