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{"id":2584,"date":"2021-12-30T16:52:10","date_gmt":"2021-12-30T19:52:10","guid":{"rendered":"http:\/\/teologicalatinoamericana.com\/?p=2584"},"modified":"2022-12-30T07:48:05","modified_gmt":"2022-12-30T10:48:05","slug":"mistica-laica-y-seglar","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/teologicalatinoamericana.com\/?p=2584","title":{"rendered":"Mistica laica y seglar"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Sumario<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">1 Tensi\u00f3n entre m\u00edstica y modernidad<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">2 Principios de la secularizaci\u00f3n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">3 Literatura y cultura moderna<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">4 Etapas de la secularizaci\u00f3n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Referencias<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>1 Tensi\u00f3n entre m\u00edstica y modernidad<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se sabe que existe una m\u00edstica cristiana. Sus grandes frutos se sit\u00faan especialmente entre los siglos XI y XVII, es decir, que corresponde a los periodos de la historiograf\u00eda de lengua inglesa de la <em>High Middle Ages<\/em> (XI al XIII) y <em>Late Middle Ages<\/em> (XIII al XV), a\u00f1adi\u00e9ndose el Renacimiento y el Barroco, pero es claro que tiene sus fundamentos en la antig\u00fcedad, su desarrollo en la primera m\u00edstica medieval (V a XI) y su \u00e1pice en el monaquismo del siglo XII, como periodiza Bernard Mcginn (1996, p. ix-xvi). Es posible discordar plenamente con periodizaciones como esta y con la noci\u00f3n misma de m\u00edstica. Hay quienes justifican el uso del t\u00e9rmino, hay quienes lo critican. Hubo una pol\u00e9mica alemana en la d\u00e9cada de 1980 en la que Kurt Flash negaba que Eckhart fuese un m\u00edstico (FLASCH, 1988, p. 94-110) y Alois Haas consideraba inevitable tal caracterizaci\u00f3n (ver el art\u00edculo de Haas, \u201cWas ist Mystik?\u201d en RUH, 1986, pp. 319-342, y la discusi\u00f3n que sigue en RUH, 1986, pp. 342-346). Alain de Libera est\u00e1 de acuerdo con Flasch (LIBERA, 1999, p. 278, 288-290), pero la mayor\u00eda de los especialistas, como Bernard McGinn, no vieron ning\u00fan sentido en la provocaci\u00f3n, que solo condujo a una renovaci\u00f3n de los estudios y problematizaciones en torno del concepto (MCGINN, 2005, p. 108, 527). Detr\u00e1s de esta pol\u00e9mica, hay un claro intento de los historiadores de la filosof\u00eda medieval (como es el caso de Flasch y Libera) de legitimar la autoridad de Eckhart como fil\u00f3sofo (o te\u00f3logo-fil\u00f3sofo) neg\u00e1ndolo como m\u00edstico, como si no fuera posible que existan las dos cosas en el mismo autor, en la misma obra, en el mismo pensamiento. En el fondo, la lucha secular entre las facultades de filosof\u00eda y teolog\u00eda encontr\u00f3 otro episodio en esta querella por la herencia del pensador renano.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Si, incluso, a uno de los autores centrales de la m\u00edstica cristiana medieval se le niega, por algunos, pertenecer a este espacio contradictorio del saber, \u00bfqu\u00e9 se puede decir, entonces, de la vaga hip\u00f3tesis de la existencia de una m\u00edstica en la modernidad? La pol\u00e9mica en torno a este t\u00e9rmino\u00a0 tan amado y odiado no es nueva: comienza con el surgimiento de su substantivaci\u00f3n en el siglo XVII. Sirvi\u00f3 ya para demarcar el lugar de una espiritualidad artificialmente separada de otras \u00e1reas de la teolog\u00eda, es decir, conven\u00eda al aislamiento y distanciamiento de la experiencia religiosa (CERTEAU, 2015, p. 168-170). A medida que se desarrollaba la modernidad, llamar m\u00edstico a algo se convirti\u00f3 en sin\u00f3nimo de antiguo, medieval, extremadamente piadoso. En el momento de la aparici\u00f3n de los textos de relatos de visiones, experiencias inefables y tratados de gu\u00eda del alma, la m\u00edstica era vista como algo extra\u00f1o, extravagante, diferente y sospechoso. Con el paso del tiempo, el t\u00e9rmino adquiere, para los progresistas a los que \u00e9ste les disgusta, un signo de vejez, conservadurismo, arca\u00edsmo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es en este punto que identificamos las curiosas peculiaridades del concepto, que est\u00e1n directamente ligadas al destino de la noci\u00f3n misma de \u201cOccidente\u201d: uno de los m\u00e1s grandes te\u00f3ricos de la poes\u00eda del siglo XVII, Nicolas Boileau (1636-1711), afirma: \u201cLos m\u00edsticos son modernos; no se ve\u00edan en la antig\u00fcedad\u201d (LESCURE, 1863, p. 23; CERTEAU, 2015, p. 173), lo que significa, para su juicio de valor, algo as\u00ed como desarraigados, perdidos, despreciables. En ese momento, llamar a alguien moderno era, para la mayor\u00eda de los conservadores, sin\u00f3nimo de insulto.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hay dos rasgos muy curiosos en la historia del t\u00e9rmino: primero, aquellos caracterizados como m\u00edsticos fueron, en su \u00e9poca, vistos como demasiado atrevidos, extra\u00f1os, idiosincr\u00e1sicos (siglos XII al XVI); m\u00e1s tarde, la aparici\u00f3n de esa palabra estuvo vinculada a la primera caracterizaci\u00f3n de los temperamentos modernos. \u00bfEs necesario insistir en que su sustantivaci\u00f3n, significando no s\u00f3lo individuos contemplativos, santos, sino personalidades apasionadas que buscan el contacto directo con Dios, es moderna? Consiguientemente, tanto el objeto como el origen del t\u00e9rmino son vistos, al menos hasta el siglo XVIII, como modernos. El inter\u00e9s por los m\u00edsticos como pertenecientes a una nost\u00e1lgica Edad Media es invenci\u00f3n del romanticismo, y el rechazo hacia\u00a0 ellos como supersticiosos y anticuados es introducido por el racionalismo y la ilustraci\u00f3n y consagrado por el positivismo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El adjetivo, desde el siglo XVI, crea una tensi\u00f3n entre querer saber y querer esconder y moviliza \u201cuna er\u00f3tica en el campo del conocimiento\u201d (CERTEAU, 2015, p. 150-151), seg\u00fan Certeau: ese adjetivo parec\u00eda significar el lado oculto y espiritual de algo (CERTEAU, 2015, p. 148-165). Denotaba ya un valor sobrenatural para cualquier cosa. Por este sentido fue, desde el principio, exagerado por unos y ridiculizado por otros. A lo largo de la modernidad, la doble coexistencia de atracci\u00f3n y desprestigio no hizo sino aumentar. Los defensores del valor existencial de la experiencia chocaron con el hast\u00edo del enfoque pragm\u00e1tico y realista o con los psic\u00f3logos positivistas que patologizaron la experiencia m\u00edstica de las mujeres.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La caracterizaci\u00f3n de \u201cOccidente\u201d como lugar de desarrollo de la racionalidad cient\u00edfica y econ\u00f3mica, como ejecuci\u00f3n del dominio t\u00e9cnico de la naturaleza, coloc\u00f3 a la \u201cm\u00edstica\u201d en el espacio opuesto a todo \u00e9xito objetivo, por lo tanto, como antioccidental. Quien se inquieta con la m\u00edstica la ve como nada m\u00e1s que algo in\u00fatil, una molestia; quien se siente atra\u00eddo por ella encuentra, en su nido de fantas\u00eda y entusiasmo, un c\u00e1lido refugio. De ah\u00ed sus frecuentes acercamientos a la poes\u00eda. Octavio Paz (1982) afirma: \u201cse construy\u00f3 el edificio de &#8216;ideas claras y distintas&#8217; que, si bien hizo posible la historia de Occidente, tambi\u00e9n conden\u00f3 a una especie de ilegalidad todo intento de aprehender el ser por v\u00edas distintas a las de estos principios\u201d. No hay validez en lo que no es legible, consecuente y \u00fatil. \u00bfQu\u00e9 sucede con las pr\u00e1cticas que no se ajustan a este modelo cartesiano? \u201cM\u00edstica y poes\u00eda vivieron as\u00ed una vida subsidiaria, clandestina y disminuida\u201d (PAZ, 1982, p. 123). No son pocos los cr\u00edticos que caracterizan la poes\u00eda o m\u00e1s espec\u00edficamente la l\u00edrica como una especie de contemplaci\u00f3n natural (STAIGER, 1975, p. 60-61). Aun as\u00ed, la irritaci\u00f3n positivista contra los m\u00edsticos no dej\u00f3 de influir en gran parte de la propia cr\u00edtica literaria. Autores que se acercan demasiado a caracter\u00edsticas detectadas como m\u00edsticas suelen ser vistos como anticuados, atrasados, desfasados, devotos e incluso obedientes a dogmas, por tanto, menores, porque lo que califica, por excelencia, a un escritor moderno es la ruptura con la autoridad y la osad\u00eda formal. (que tiende a confundirse con comportamiento atrevido). Sin embargo, hay que recordar que, en sus inicios, el m\u00edstico se percib\u00eda como extra\u00f1o, extravagante e incluso moderno. Si examinaran la historia del t\u00e9rmino y de las obras a las que \u00e9l se refiere, encontrar\u00edan en los m\u00edsticos exactamente lo que buscan: osad\u00eda formal y de comportamiento, la mayor prueba es que innovaron la escritura literaria de su tiempo con nuevos modos. de decir.\u00a0 Tales cr\u00edticos no se dan cuenta de la ignorancia que poseen de esta historia y de c\u00f3mo son v\u00edctimas de un t\u00edpico sentido com\u00fan acad\u00e9mico, instaurado por el positivismo, que se ha repetido y reproducido hasta el d\u00eda de hoy.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">As\u00ed, hay una tensi\u00f3n permanente en la modernidad con el concepto de m\u00edstica. Hay una modernizaci\u00f3n occidental triunfante, burguesa, y hay una modernidad cr\u00edtica, antiburguesa, intelectual y literaria que a veces adopta el t\u00e9rmino afirmativamente para defender su potencial cr\u00edtico frente a la racionalidad, y otras veces no encuentra en \u00e9l m\u00e1s que dogmatismo, credulidad y superstici\u00f3n. De hecho, la mayor\u00eda de los usuarios de la palabra no conocen ni su teor\u00eda, ni su cr\u00edtica, ni su historia, y mucho menos los autores y obras de esa historia, porque, en realidad, por un lado, la m\u00edstica no se reduce a sus grandes escritores. y pensadores (as\u00ed como la poes\u00eda no puede reducirse a la obra de los m\u00e1s grandes poetas), pero no saber nada de ninguno de ellos -Teresa de \u00c1vila, Juan de la Cruz y Silesius- es desconocer no s\u00f3lo las mejores expresiones del fen\u00f3meno, sino cualquier expresi\u00f3n cualitativa de \u00e9l. Alguien que habla de filosof\u00eda sin haber le\u00eddo a un fil\u00f3sofo, o de poes\u00eda sin haber le\u00eddo a un poeta, por ejemplo, suele ser motivo de burla en los espacios profesionales del conocimiento, sin embargo, no es as\u00ed cuando el objeto en cuesti\u00f3n es la m\u00edstica: la mejor prueba de competencia en la materia es desde\u00f1arla. Por lo tanto, existe un desajuste entre el fen\u00f3meno y sus expresiones, entre el vago conocimiento del concepto y los sistemas filos\u00f3ficos, teol\u00f3gicos y espirituales que lo moldearon a lo largo de la historia. Como la m\u00edstica no es un \u00e1rea del saber, como la filosof\u00eda y la teolog\u00eda, nadie tiene la obligaci\u00f3n de conocerla\u00a0 y pocos manifiestan inter\u00e9s en saber algo de sus distintas expresiones o en detenerse un tiempo en las trampas conceptuales de su problem\u00e1tica, es decir, precaverse un poco y conocer su teor\u00eda (interdisciplinar por naturaleza), que existe desde hace mucho tiempo y cuya bibliograf\u00eda es numerosa. En resumen: la palabra suscita odios y pasiones; sin embargo, en el \u00e1mbito acad\u00e9mico es rechazada por una mayor\u00eda que ignora los estudios sobre ella, apreciada por algunos entusiastas que tampoco tienen mucha idea de su historia y examinada por una minor\u00eda experta, generalmente estudiosos de la Edad Media y de cuestiones de espiritualidad en general.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es inevitable ver el rechazo y la fascinaci\u00f3n por la m\u00edstica en la modernidad; m\u00e1s dif\u00edcil es examinar sus contradicciones. Una vez establecido el n\u00facleo nervioso de los afectos que suscitan la palabra y el fen\u00f3meno, ahora es necesario comprender la larga trayectoria hist\u00f3rica no de la m\u00edstica en s\u00ed (del siglo XII al XVI), sino de lo que diferentes historiadores y te\u00f3ricos denominaron m\u00edstica de la modernidad, neomisticismo o m\u00edstica secularizada, siendo este \u00faltimo concepto de mi preferencia, utilizado por Theodor Adorno sobre el compositor Arnold Sch\u00f6nberg (ADORNO, 1978, p. 460; ADORNO, 2018, p. 328).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>2 Principios de la secularizaci\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Si reflexionamos sobre la llamada m\u00edstica vern\u00e1cula, es decir, aquella que se escribi\u00f3 en las lenguas nacientes de Europa, llamadas vulgares, es posible observar c\u00f3mo se inici\u00f3 el propio conflicto de los m\u00edsticos con la Iglesia a partir de la interesante tesis de Niklaus Largier. Los m\u00edsticos en general (como Eckhart) y las m\u00edsticas beguinas en particular aspiraban a llegar a un p\u00fablico m\u00e1s amplio escribiendo en los idiomas que se hablaban. Fuera de un vocabulario latino ya bien codificado, el v\u00ednculo que estos autores ten\u00edan con lo divino, en el plano espiritual, ir\u00f3nicamente se daba en un plano m\u00e1s concreto como contacto directo con el lector com\u00fan (que ni siquiera necesitaba ser alfabetizado, ya que el libro pod\u00eda ser le\u00eddo por una persona y escuchado por muchas).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Desde un punto de vista medi\u00e1tico, la comunicaci\u00f3n vern\u00e1cula es la gran prueba de que incluso el florecimiento de la m\u00edstica, hoy vista como tradicional, ya estaba secularizada, en el sentido estricto de que las experiencias religiosas abandonaron el espacio mon\u00e1stico para permear el naciente mundo cosmopolita. Tal deseo de comunicarse con un p\u00fablico inexplorado fue motivo de desconfianza y temor por parte de las autoridades eclesi\u00e1sticas: el nuevo medio necesitaba ser controlado. Se quemaron libros de m\u00edsticas, como los de Marguerite Porete. Los cr\u00edticos autorizados se\u00f1alaron que la teolog\u00eda salvaje de las beguinas no conoc\u00eda el tema que abordaban e idearon formas de &#8220;discernimiento de los esp\u00edritus&#8221; para corregir las predicaciones desviadas. Estos cr\u00edticos de la m\u00edstica vern\u00e1cula (como Jean Gerson, 1363-1429) fueron algunos de los primeros antim\u00edsticos de la historia, y no hay forma de entender la historia de la m\u00edstica sin ellos. (ANDERSON, 2011, p. 13-16, 81-89).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando tuvo lugar la Reforma, la impresi\u00f3n de folletos (<em>Flugschriften<\/em>) hizo posible el advenimiento de una gran revoluci\u00f3n. Mart\u00edn Lutero (1483-1546) se benefici\u00f3 de la difusi\u00f3n medi\u00e1tica de sus ideas. Sin embargo, cuando observ\u00f3 que los m\u00edsticos entusiastas se aprovechaban de los mismos medios para difundir su libre interpretaci\u00f3n de las Escrituras, decidi\u00f3 controlarlos. El argumento de Lutero lo llev\u00f3 a reemplazar la pr\u00e1ctica medieval de discernimiento de esp\u00edritus por la institucionalizaci\u00f3n de un orden secular (<em>weltliche oberkeit<\/em>; LUTHER, 2016, p. 211) absolutamente disociado del\u00a0 religioso, en el que la expresi\u00f3n de la fe debe ser regularizada por el correcto uso de la ley y la raz\u00f3n. En este sentido, la ex\u00e9gesis inspirada de los \u201centusiastas\u201d pas\u00f3 a ser cohibida (LUTHER, 2016, p. 74-76, 169, 282). El orden secular se convirti\u00f3 en una instituci\u00f3n pedag\u00f3gica que controla las formas en que se puede leer la Biblia. Ten\u00eda un car\u00e1cter normativo que limitaba la comunicaci\u00f3n religiosa (LARGIER, 2009, p. 38-42).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La forma en que los nuevos entusiastas sortearon esta prohibici\u00f3n fue abandonando paulatinamente el dominio religioso y escudri\u00f1ando otro: la naturaleza, empleando los mismos \u201ctropos m\u00edsticos\u201d en un discurso po\u00e9tico. Este fue b\u00e1sicamente el desplazamiento de Silesio (1624-1677). Si la escritura de las beguinas utiliz\u00f3 un paradigma visionario en un ambiente lit\u00fargico, los pensadores y poetas de los siglos XVI y XVII buscaron relaciones entre el mundo material y el mundo espiritual. Ahora bien, la experiencia del mundo es el escenario de los tropos m\u00edsticos: unidad, amor, sufrimiento, delicadeza. A partir del conocimiento de las tradiciones alqu\u00edmicas, la imaginaci\u00f3n pasa a primer plano produciendo toda una <em>cosmopoiesis<\/em> (MAZZOTTA, 2001, p. 74) y ense\u00f1ando una pedagog\u00eda de la percepci\u00f3n (LARGIER, 2009, p. 48-52).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En este dominio de la percepci\u00f3n de la naturaleza es donde un libro seminal del romanticismo, <em>Los disc\u00edpulos de Sais<\/em> (escrito entre 1798-1799, publicado p\u00f3stumamente en 1802), de Novalis (1772-1801), quiere intervenir. La filosof\u00eda herm\u00e9tica renacentista construy\u00f3 babeles de sistemas anal\u00f3gicos, demostrando minuciosamente que la semejanza entre las cosas (entre plantas, piedras, animales, dioses, planetas) segregaba una semejanza m\u00e1s fundamental con regiones espirituales. La gran tarea fue encontrar <em>la firma de las cosas<\/em>, es decir, la marca divina esencial que da sentido a los objetos. Novalis, gran lector de Paracelso (1493-1541) y Jakob B\u00f6hme (1575-1624), busca en este m\u00e1gico mundo de las semejanzas el reflejo narcisista de un yo infinito, rom\u00e1ntico, y quiere llegar a una s\u00edntesis entre el saber medieval, herm\u00e9tico e ilustrado.\u00a0 El poeta y fil\u00f3sofo erudito alem\u00e1n producir\u00e1 tal s\u00edntesis (NOVALIS, 1991, p. 39-44; NOVALIS, 1989, p. 39; B\u00d6HME, 1988, p. 25).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Dif\u00edcilmente se pueden comprender los anhelos espirituales del romanticismo, es decir, de la temprana literatura moderna, sin examinar su conexi\u00f3n intr\u00ednseca con el hermetismo. Si Novalis desarroll\u00f3 tal nexo umbilical con Paracelso y B\u00f6hme, William Blake (1757-1827), Honor\u00e9 de Balzac (1799-1850) y Charles Baudelaire (1821-1867) prefirieron a otro autor. No es exagerado decir que no hay un pensador m\u00e1s influyente en la literatura imaginativa del siglo XIX que el controvertido &#8220;ilustrado&#8221; llamado Emmanuel Swedenborg (1688-1772). Su teor\u00eda de las correspondencias no es original: de hecho, no es m\u00e1s que una versi\u00f3n, en el s. XVIII, de la doctrina renacentista de la semejanza. Sin embargo, fue a trav\u00e9s de su lectura como la mayor\u00eda de los nombres m\u00e1s importantes de la naciente poes\u00eda moderna la conocieron y, especialmente gracias a \u00e9l,\u00a0 quedaron fascinados por ella y la incorporaron a su po\u00e9tica. Hay un punto intrincado a observar aqu\u00ed: as\u00ed como muchas personas se refieren a la m\u00edstica sin conocerla, especialmente cuando proponen o rechazan una relaci\u00f3n entre m\u00edstica y modernidad, en realidad no es f\u00e1cil\u00a0 localizar con precisi\u00f3n ni cu\u00e1l es la influencia de fondo que una corriente literaria moderna est\u00e1 movilizando, ni qu\u00e9 tipo de relaci\u00f3n de transmisi\u00f3n ya exist\u00eda dentro de lo que se est\u00e1 periodizando en alg\u00fan momento de la m\u00edstica anterior a la modernidad y que va a ser relevante para ella.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los tropos m\u00edsticos abandonaron el contexto de una m\u00edstica vern\u00e1cula -pero a\u00fan vinculada directamente a la tradici\u00f3n, ya sea siguiendo el modelo lit\u00fargico, o el modelo ascensional del tratado- para adentrarse en una cosmolog\u00eda de la semejanza. Cuando tal esquematizaci\u00f3n del universo llega al siglo XVIII, con Swedenborg, \u00e9l crea su propio <em>ordo rerum cretarum<\/em> (orden de las cosas creadas \u2013 por ejemplo, la forma del cielo descrita por \u00e9l obedece al cuerpo humano) dentro de este modelo, sin disputar una posible reforma de la Iglesia, por el contrario, es completamente ridiculizado por la teolog\u00eda y la academia, pero se convierte en un <em>best seller<\/em>, circulando incluso entre la aristocracia de la \u00e9poca (SWEDENBORG, 2008, p. 9-24). Esto parece recordar la literatura de autoayuda actual, pero es un caso muy diferente, ya que es considerado por los mejores autores del siglo XIX y XX como un gran escritor (ver la enorme admiraci\u00f3n que Jorge Luis Borges [1899-1986] ten\u00eda por \u00e9l, por ejemplo, BORGES, 1985, p. 185). Swedenborg inspira la po\u00e9tica de muchos poetas y, en el caso de Baudelaire, especialmente, el poema \u201c<em>Correspondances<\/em>\u201d se convertir\u00e1 en la punta de lanza de todo el simbolismo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por lo tanto, existe una compleja red de transmisiones de motivos nupciales, anal\u00f3gicos y apof\u00e1ticos que cambian de naturaleza y funci\u00f3n en cada momento hist\u00f3rico, pero, al mismo tiempo, delinean grandes canales simb\u00f3licos que atraviesan los siglos. Tanto un enfoque filol\u00f3gico ya superado como una historiograf\u00eda muy restringida no ser\u00edan capaces de examinar la mara\u00f1a densa, m\u00f3vil, variable, pero que contiene tambi\u00e9n ciertas invariantes (de ah\u00ed que Claudio Willer, uno de los mayores investigadores en la materia, abogue por el examen de las continuidades; WILLER, 2010, p\u00e1gs. 30-32). No es f\u00e1cil comprender ni escudri\u00f1ar conexiones tan \u00edntimas entre neoplatonismo, misticismo, hermetismo, romanticismo, simbolismo y modernismo; por el contrario, siempre es m\u00e1s sencillo negarlas como si no existieran. El caso es que tales nexos son patentes, flagrantes, al mismo tiempo que son mucho menos examinados de lo que deber\u00edan, porque, precisamente, como la m\u00edstica y, m\u00e1s a\u00fan, el esoterismo est\u00e1 marcados por el rechazo acad\u00e9mico, pocas personas est\u00e1n dispuestas a examinarlos.\u00a0 Existe tanto la dejadez, demasiado com\u00fan, de ignorarlos y menospreciarlos, como el peligro, tambi\u00e9n, de proyectar en ellos una tradici\u00f3n perenne que contiene la verdad eterna y que est\u00e1 detr\u00e1s de los grandes genios de la humanidad, lo cual es igualmente falso. Por lo tanto, el buen investigador debe ser un equilibrista frente a los dos lados del abismo: ni subestimar ni sobreestimar, sin embargo, debe dejar claro que, si no se puede sobrestimar ontol\u00f3gicamente como lo hacen los perennialistas, es necesario se\u00f1alar el la fuerza filos\u00f3fica y est\u00e9tica real que tal pensamiento anal\u00f3gico tuvo en diferentes \u00e9pocas, sobre todo en los tiempos seculares, modernos; por lo tanto, es necesario darle el valor que se merece, es decir, <em>estimarla<\/em>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>3 Literatura y cultura moderna<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En este caso, el movimiento literario que de hecho incorpor\u00f3, en toda su po\u00e9tica, la teor\u00eda de las correspondencias fue el simbolismo. La pr\u00e1ctica de la musicalidad verbal, las sutilezas, las sugestiones, la sinestesia, el anhelo del ambiente vivido en la hiperestesia, es decir, una b\u00fasqueda espiritual hecha de la pompa dionis\u00edaca de los est\u00edmulos sensoriales arm\u00f3nicos y mel\u00f3dicos\u00a0 encontr\u00f3 en el simbolismo un punto de convergencia. La alternancia baudeleriana entre\u00a0 <em>spleen\u00a0 <\/em>e<em> ideal<\/em>, o la mallarmiana entre voluntad de nada y\u00a0 voluntad de eternidad (MICHAUD, 1961, p. 190) se traduc\u00eda entre la primera fase decadentista, pesimista, y la segunda propiamente espiritualista, positiva. En el per\u00edodo del nacimiento del simbolismo propiamente dicho es cuando la m\u00edstica de la modernidad toma, de hecho, conciencia de s\u00ed misma: \u201cel momento privilegiado donde se descubren todas las relaciones, donde todas las cosas se revelan como solidarias, como unidas en un universo infinito que las ordena\u201d. .\u201d (MICHAUD, 1961, p. 412 \u2013 la traducci\u00f3n de todos los textos citados de otros idiomas es m\u00eda). Tal comprensi\u00f3n se expone precisamente en el libro manifiesto de Charles Morice, <em>La litt\u00e9rature de Tout \u00e0 l\u2019heure<\/em>:<\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hasta que la ciencia se haya decidido a llegar al Misticismo (<em>Mysticisme<\/em>), las intuiciones del Sue\u00f1o superan a la Ciencia y celebran esta alianza a\u00fan futura y ya definitiva del Sentido religioso y el Sentido cient\u00edfico en una fiesta est\u00e9tica donde se exalta el deseo muy humano de una reuni\u00f3n de todos los poderes humanos, volviendo a la simplicidad original. (MORICE, 1889, p. 287)<\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es la poes\u00eda la que logra una s\u00edntesis de las contradicciones entre ciencia y religi\u00f3n, al reconocer en los sue\u00f1os y en la m\u00edstica la superioridad de la intuici\u00f3n frente a la objetividad y la raz\u00f3n. Tal intuici\u00f3n anal\u00f3gica revela la solidaridad fundamental de todas las cosas. \u201cEl arte es la reconstrucci\u00f3n de lo real seg\u00fan las correspondencias secretas y la armon\u00eda soberana de la creaci\u00f3n\u201d (MICHAUD, 1961, p. 418).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">As\u00ed como Henri Bremond detect\u00f3, entre los siglos XVI y XVII, un auge del inter\u00e9s por\u00a0 gu\u00edas de espiritualidad m\u00edstica (una <em>vague ou invasi\u00f3n mystique<\/em>, BREMOND, 1923, p. 582-584), en el per\u00edodo de explosi\u00f3n del simbolismo, tras los preliminares decadentistas, se inicia lo que Jules Sageret llam\u00f3 la \u201cola m\u00edstica\u201d (<em>vague mystique<\/em>, SAGERET, 1920, p. 7-21), es decir, a la generaci\u00f3n de nost\u00e1lgicos le sigui\u00f3 la generaci\u00f3n de los buscadores del ideal, siendo que \u00e9stos quedaron especialmente fascinados por el esoterismo (MICHAUD, 1961, p. 466). La magia invadi\u00f3 los salones, aparecieron varias revistas ocultistas y simbolistas y los poetas reconocieron a un hermano en Jos\u00e9phin P\u00e9ladan, poeta y fil\u00f3sofo esot\u00e9rico que organiz\u00f3 las famosas exposiciones de los Salones de la Rosa-Cruz, entre 1892 y 1897 (MERCIER, 1969; sobre los salones , ver p.188 y 200; sobre los encuentros que Catulle Mend\u00e8s y su hija Judith organizaron entre el mago Eliphas Levi y el medio literario em 1873, especialmente present\u00e1ndolo a V\u00edctor Hugo, ver p. 70; sobre la influencia de Josephin Peladan en el medio po\u00e9tico y art\u00edstico, ver p. 222-225). Lo que ellos hicieron en este sentido en Francia tuvo lugar poco tiempo despu\u00e9s, en el compromiso mas\u00f3nico y pitag\u00f3rico de uno de los m\u00e1s grandes poetas brasile\u00f1os de fin de siglo: Dar\u00edo Vellozo, editor de varias revistas simbolistas y esot\u00e9ricas entre las d\u00e9cadas de 1890 y 1900. (BEGA, 2013, p. 213-251).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tales movimientos eran anticlericales y buscaban una especie de renovaci\u00f3n del gnosticismo. La trayectoria de Joris-Karl Huysmans (1848-1907) sigue precisamente el destino de una parte importante del movimiento: comenz\u00f3 como satanista (decadentista), pas\u00f3 al ocultismo y acab\u00f3 convirti\u00e9ndose al catolicismo (MICHAUD, 1961, p. 266, 469-470). Charles P\u00e9guy (1873-1914) tambi\u00e9n se inici\u00f3 en el anticlericalismo y luego se convirti\u00f3 (MICHAUD, 1961, p. 584-588). Parte de la fase final del simbolismo fue, sorprendentemente, cat\u00f3lica, especialmente en el caso de Paul Claudel (1868-1955) (MICHAUD, 1961, p. 595-629). En Brasil, no hubo conversi\u00f3n de la primera (de la d\u00e9cada de 1890) y de la segunda generaci\u00f3n simbolista (de la d\u00e9cada de 1900), casi todas anticlericales, pero la generaci\u00f3n de la revista Festa, de Tasso da Silveira y Andrade Muricy, se hizo cat\u00f3lica (BEGA, 2013, p\u00e1gs. 212 y 478). Se sabe que en el <em>fin de si\u00e8cle<\/em> hubo un fuerte movimiento republicano en defensa del Estado laico, que alcanz\u00f3 a buena parte de los intelectuales. Luego hubo una reacci\u00f3n cat\u00f3lica de recuperar estos espacios culturales. En Brasil, se tradujo en la militancia de Jackson de Figueiredo (1891-1928), fundador del Centro Dom Vital, y la conversi\u00f3n que logr\u00f3 producir en Alceu Amoroso Lima (1893-1983), quien se convirti\u00f3 en su presidente (DIAS, 1996, p\u00e1gs. 69-85). En Brasil, la renovaci\u00f3n literaria cat\u00f3lica estuvo en el apogeo del modernismo y produjo dos de los m\u00e1s grandes poetas nacionales: Murilo Mendes (1901-1975) y Jorge de Lima (1893-1953). Cecilia Meireles (1901-1964) estuvo al lado de la Escola Nova y alejada del activismo de los n\u00facleos cat\u00f3licos, pero sus lecturas de la m\u00edstica cristiana, especialmente de Juan de la Cruz y Teresa de \u00c1vila, fueron intensas. (ver GOUV\u00caA, 2004, p. 124 e GOUV\u00caA, 2008, p. 48-49).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por otro lado, la inclinaci\u00f3n anticlerical gn\u00f3stica, ocultista u orientalista tuvo sus desdoblamientos en varios movimientos de vanguardia en general y en el surrealismo en particular en los a\u00f1os 1920 a 1950. Su tendencia libertaria (bien anarquista, bien socialista, ver LOWY, 2002, p.31-36) se despleg\u00f3 en los <em>beats<\/em>(ritmos<em>) <\/em>americanos en los a\u00f1os 1950 a 1970. Ellos fueron los precursores. del modo de vida contracultural, <em>hippie<\/em> de las d\u00e9cadas de 1960 y 1970, que lograron la haza\u00f1a de llegar a toda la juventud de la \u00e9poca y producir la gran revoluci\u00f3n comportamental del siglo XX (WILLER, 2014, p. 165, 189-190). Los experimentos con \u00e1cido de Timothy Leary (1920-1996) y Ram Dass (1931-2020) no existir\u00edan sin leer el <em>Libro tibetano de los muertos<\/em> y buscar gur\u00fas indios.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se puede decir que si el romanticismo fue el comienzo de la modernidad anal\u00f3gica, el simbolismo fue la primera gran ola, las vanguardias y los <em>beats<\/em> fueron el desarrollo y la contracultura fue el \u00e1pice pol\u00edtico e hist\u00f3rico, en el que las lecturas de la filosof\u00eda perenne de Aldous Huxley (1894-1963), de Timothy Leary, Ram Dass y Alan Watts (1915-1973) condujeron al <em>best seller<\/em> de Carlos Castaneda (1925-1998), al rock psicod\u00e9lico y progresivo. La moda <em>New Age<\/em> de las d\u00e9cadas de 1980 y 1990, si bien fue un gran \u00e9xito lucrativo, incluso impulsando la lectura de cl\u00e1sicos esot\u00e9ricos y hasta m\u00edsticos, ya puede considerarse un signo de decadencia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>4 Etapas de la secularizaci\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Resumiendo el camino recorrido hasta aqu\u00ed es posible, finalmente, reflexionar sobre las etapas hist\u00f3ricas del proceso de secularizaci\u00f3n de la m\u00edstica. Primero, la novedad de la escritura vern\u00e1cula m\u00edstica se expone al lector com\u00fan y molesta a las autoridades, quienes la proh\u00edben y corrigen estipulando la rectificaci\u00f3n del discernimiento de esp\u00edritus. En segundo lugar, Lutero establece la conquista del espacio secular vern\u00e1culo y p\u00fablico de lectura, proponiendo un control racional y autorizado de los entusiastas espirituales incluso dentro de \u00e9l, por lo que la expresi\u00f3n de la espiritualidad encuentra un rechazo dentro de la institucionalizaci\u00f3n del espacio p\u00fablico. En tercer lugar, la filosof\u00eda y la poes\u00eda renacentistas se alejan de las disputas doctrinales teol\u00f3gicas, utilizan tropos m\u00edsticos en la observaci\u00f3n de la naturaleza y proponen sistemas <em>cosmopo\u00e9ticos<\/em> de lectura del mundo que buscan la transformaci\u00f3n de la percepci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En cuarto lugar, el prerromanticismo alem\u00e1n de Novalis emplea la po\u00e9tica anal\u00f3gica renacentista de la firma de las cosas, desplazando la propia magia natural al \u00e1mbito del lenguaje, que, desde all\u00ed, sirve para expresar un yo infinito reflejado narcis\u00edsticamente en el universo. La secularizaci\u00f3n llega al coraz\u00f3n de la subjetividad moderna. Quinto, el simbolismo adquiere una conciencia privilegiada del uso de la analog\u00eda en el lenguaje literario ahora sin el centro dominante del yo. La centralidad del s\u00edmbolo busca un ambiente vago y sugerente de relaciones sinest\u00e9sicas y on\u00edricas dentro de un lenguaje po\u00e9tico imantado de musicalidad arm\u00f3nica y mel\u00f3dica. La teor\u00eda de las correspondencias de Swedenborg se convierte en la base de una po\u00e9tica literaria que crea una b\u00fasqueda espiritual en el centro de la t\u00e9cnica formal po\u00e9tica y de una vida plenamente art\u00edstica. La secularizaci\u00f3n llega al coraz\u00f3n del lenguaje po\u00e9tico anal\u00f3gico. En este punto se hace expl\u00edcito un conflicto entre los ocultistas anticlericales y los conservadores cat\u00f3licos, de modo que s\u00f3lo en una generaci\u00f3n posterior el simbolismo se habr\u00e1 convertido tambi\u00e9n en una po\u00e9tica apropiada para la reacci\u00f3n de un movimiento modernista intelectual cat\u00f3lico. La secularizaci\u00f3n de la m\u00edstica se vuelve parte, tanto de una asociaci\u00f3n entre el medio literario y el ocultismo, como de una reacci\u00f3n renovadora cat\u00f3lica modernista. Ella se vuelve a\u00fan m\u00e1s consciente de su vocaci\u00f3n antiburguesa, incluso entre los cat\u00f3licos, pero especialmente entre los anticlericales.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sexto, el surrealismo explota el sentido verbal y explora las relaciones anal\u00f3gicas m\u00e1s distantes y disonantes entre las cosas, provocando la revoluci\u00f3n del antiarte y del acaso objetivo, que es una forma de secularizaci\u00f3n metropolitana de la magia del destino. La secularizaci\u00f3n llega a la violencia de la imagen inconsciente y profundiza su modo de vida bohemio y antiburgu\u00e9s. El simbolismo y el surrealismo son formas diferentes de transformar la percepci\u00f3n a partir de una incorporaci\u00f3n de la b\u00fasqueda espiritual dentro de experimentos radicales en el lenguaje. Si la m\u00edstica comenz\u00f3 experimentando con la lengua vern\u00e1cula, empleando formas extra\u00f1as de hablar, con ox\u00edmoron, hip\u00e9rboles y negaciones, en este momento ella lleg\u00f3 al extremo del experimento antil\u00f3gico y antirracional, en el que el sue\u00f1o impregna el n\u00facleo de la forma po\u00e9tica.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">S\u00e9ptimo, con los <em>beats<\/em> y la contracultura, finalmente el impulso libertario de la m\u00edstica literaria moderna promueve una forma de vida antimetropolitana (<em>drop out<\/em>, abandonar la ciudad y el sistema, ver COHN, 2008, p. 138-181) que invade la cultura de masas con experimentos de vanguardia y alcanza no solo a peque\u00f1as comunidades art\u00edsticas, sino a todo un movimiento global de cambio de comportamiento juvenil. Con las drogas y la espiritualidad india, el rock psicod\u00e9lico y progresivo, la contracultura estiliza la onda de \u00e1cido y las experiencias ext\u00e1ticas de iluminaci\u00f3n en <em>best sellers<\/em> y largas suites musicales instrumentales que se fusionan, como nunca antes, con el campo pop y el erudito, el regreso a naturaleza y el futurismo, la ecolog\u00eda y las utop\u00edas electr\u00f3nicas, la protesta y el \u00e9xito. En cualquier caso, la irritaci\u00f3n que siempre han sentido los acad\u00e9micos hacia los gn\u00f3sticos y ocultistas se renueva con su penetraci\u00f3n en la espiritualidad <em>hippie<\/em>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se aprecian as\u00ed dos caracter\u00edsticas centrales de la secularizaci\u00f3n de la m\u00edstica a lo largo de la Edad Moderna. Primero, el proceso de inmersi\u00f3n en el mundo solo se profundiz\u00f3: desde el uso de la lengua vern\u00e1cula, pasando por la inmersi\u00f3n en la naturaleza, la expresi\u00f3n del yo, la experimentaci\u00f3n con el lenguaje po\u00e9tico, la b\u00fasqueda a trav\u00e9s de lo sugerente y el inconsciente hasta la conquista de la juventud global y la cultura de masas, en la que el arte de alto nivel se convirti\u00f3 en un fen\u00f3meno pop en pro de la abertura de las puertas de la percepci\u00f3n. Por otro lado, la condena de las autoridades al discernimiento de esp\u00edritus y la prohibici\u00f3n de Lutero del espacio secular continu\u00f3, de forma hom\u00f3loga, vigente en todas las etapas de la profundizaci\u00f3n de la secularizaci\u00f3n: los gram\u00e1ticos condenaron el uso incorrecto del lenguaje por parte de simbolistas y surrealistas. y tanto el Estado policial como la universidad hicieron de todo para controlar a los hippies en el apogeo de su surgimiento, hasta que las discogr\u00e1ficas, radios, estudios, grandes editoriales y diferentes medios combatieron sus conquistas est\u00e9ticas hasta producir una vuelta al buen comportamiento y bien dirigido a los negocios del joven <em>yuppie<\/em> de los a\u00f1os 80.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Del mismo modo, diferentes tipos de espiritualismo, en general ingenuos, pero incluso las manifestaciones que tal vez muestran un nivel intelectual m\u00e1s elaborado, en lugar de ser objeto de estudio hist\u00f3rico, formal y social en la universidad, permanecen predominantemente vetados en los espacios de conocimiento. Por tanto, el proceso de secularizaci\u00f3n de la m\u00edstica, por m\u00e1s que no deja de extenderse, expandirse y profanizarse, est\u00e1 siempre marcado por la prohibici\u00f3n en los espacios seculares institucionales. La espiritualidad, salvaje o informada, ingenua o elaborada, entra en los salones, en la literatura de alto nivel o en la cultura de masas, pero no puede ser estudiada y reflexionada en la mayor\u00eda de las epistemolog\u00edas vigentes, por muy abiertas y libres que quieran ser.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>Eduardo Guerreiro Losso<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Ciencias de la Literatura en la UFRJ y becario de productividad del CNPq. Texto original en portugu\u00e9s. Enviado: 15\/11\/2021; aprobado: 20\/12\/2021; publicado: 30\/12\/2021<\/p>\n<p><strong>Referencias<\/strong><\/p>\n<p>ADORNO, Theodor. <em>Quasi una fantasia. <\/em>Musikalische Schriften II. 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