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{"id":2552,"date":"2021-12-29T20:46:43","date_gmt":"2021-12-29T23:46:43","guid":{"rendered":"http:\/\/teologicalatinoamericana.com\/?p=2552"},"modified":"2022-02-01T07:56:06","modified_gmt":"2022-02-01T10:56:06","slug":"heresias-en-el-periodo-preniceno","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/teologicalatinoamericana.com\/?p=2552","title":{"rendered":"Herej\u00edas en el periodo preniceno"},"content":{"rendered":"<h5 style=\"text-align: justify;\"><b>\u00cdndice<\/b><\/h5>\n<p style=\"text-align: justify;\">1 Definici\u00f3n conceptual<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">2 Caminos irreconciliables<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">3 Nosotros, los nuestros y ellos, los herejes<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">4 Poner al descubierto y demostrar la herej\u00eda<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">5 Herej\u00eda como cuesti\u00f3n de Estado<\/p>\n<h5 style=\"text-align: justify;\"><strong>1 Definici\u00f3n conceptual <\/strong><\/h5>\n<p style=\"text-align: justify;\">Herej\u00eda deriva de<em> hairesis<\/em> [\u03b1\u1f35\u03c1\u03b5\u03c3\u03b9\u03c2], una palabra griega del verbo <em>hair\u00e9o<\/em> [\u03b1\u1f31\u03c1\u03ad\u03c9], que tiene tres clases principales de significado: la primera indica la acci\u00f3n de tomar, agarrar, sostener; la segunda, de vencer y ganar; y la tercera, condenar y recibir una condena. <em>Hairesi<\/em>s [\u03b1\u1f35\u03c1\u03b5\u03c3\u03b9\u03c2] entr\u00f3 en el l\u00e9xico latino como <em>haeresis<\/em> y, como en el griego, se usa para denominar la operaci\u00f3n de \u201cseleccionar\u201d y \u201celegir\u201d algo, especialmente en el contexto del conocimiento, y para designar los principios o presupuestos te\u00f3ricos y morales de una determinada escuela de pensamiento, secta o partido religioso. En las <em>Antig\u00fcedades Jud\u00edas<\/em>, de Flavio Josefo (siglo I), podemos leer:<\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los jud\u00edos contaban desde la m\u00e1s remota antig\u00fcedad con tres <em>haireseis<\/em> [partido, escuela o secta]: la de los esenios, la de los saduceos y, en tercer lugar, la de los llamados fariseos. Los fariseos llevan una vida frugal, sin la menor concesi\u00f3n a la delicadeza, y siguen fielmente aquellos principios que la raz\u00f3n les sugiere y determina como buenos, ya que consideran que la observancia de los principios que la raz\u00f3n les quiere mostrar es algo por lo cual vale la pena luchar. (La traducci\u00f3n de Vara, en JOSEFO, 1997, p. 1080, fue cotejada y adaptada de la traducci\u00f3n de Whiston, em JOSEPHUS, 1865, p. 58)<\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">En el siglo siguiente, Sexto Emp\u00edrico, en los <em>Esbozos pirr\u00f3nicos <\/em>va en la misma direcci\u00f3n:<\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pues si entendemos que pertenecer a una escuela [<em>hairesi<\/em>s] significa adherirse a un conjunto de dogmas que dependen tanto unos de otros como de lo que aparece, y si decimos que \u201cdogma\u201d es asentimiento a algo que no es evidente, entonces considera que el esc\u00e9ptico no pertenece a ninguna escuela. Pero si entendemos por \u201cescuela\u201d un procedimiento que, seg\u00fan aparece, sigue una determinada l\u00ednea argumental mostrando c\u00f3mo es posible vivir correctamente [\u2026], en este caso decimos que el esc\u00e9ptico pertenece a una escuela, puesto que seguimos consistentemente, seg\u00fan lo que aparece, una l\u00ednea de razonamiento que nos indica un modo de vida de acuerdo con las leyes y costumbres tradicionales y con nuestros propios sentimientos. (EMP\u00cdRICO, 1997, p. 118)<\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ya sea en <em>Antig\u00fcedades<\/em> o en los <em>Esbozos<\/em>, la secta, el partido o la escuela se presentan como modos de organizaci\u00f3n comunitaria, estilo de vida, conjunto doctrinal, m\u00e9todos de razonamiento y supuestos compartidos por los adeptos y\/o disc\u00edpulos y, por lo tanto, no tienen nada de negativo o peyorativo. Sin embargo, esta comprensi\u00f3n empezar\u00eda a cambiar cuando los primeros cristianos, desafiados a superar todo tipo de diferencias sociales y a construir comunidades misioneras igualitarias, pusieron bajo sospecha cualquier actitud o razonamiento que pudiera generar divergencias o particularismos, lo que fue decisivo para que la herej\u00eda tomara lugar. en aspectos muy negativos y, como tal, se enfrent\u00f3 con miedo y cautela.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Un primer paso en esta direcci\u00f3n puede encontrarse en 1Cor 11,17-19:<\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ya que estoy dando recomendaciones, no puedo elogiarlos; porque os reun\u00eds no para bien, sino para mal. Primero, oigo que cuando os reun\u00eds como iglesia, han surgido entre vosotros divisiones (\u03c3\u03c7\u03af\u03c3\u03bc\u03b1\u03c4\u03b1\/<em>scismat<\/em>a). Y, en parte, lo creo. \u00a1Es necesario que haya incluso divisiones (\u03b1\u1f31\u03c1\u03ad\u03c3\u03b5\u03b9\u03c2\/<em>haireseis<\/em>) entre vosotros, para que sean conocidos los que entre vosotros hayan sido probados.!<\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">Como tantas otras iglesias de la \u00e9poca, la asamblea de Corinto reuni\u00f3 a ricos y pobres, esclavos y libres, hombres y mujeres, actitud que llam\u00f3 la atenci\u00f3n de los observadores paganos y ciertamente trajo desaf\u00edos adicionales a la convivencia comunitaria, como el pasaje citado de denuncia. Las congregaciones cristianas, en efecto, buscaron relativizar las diferencias sociales y econ\u00f3micas en vista de la concordia y fraternidad espiritual que emanaba del bautismo, lo que no quiere decir que siempre lo lograran. Sin negar que los cristianos ricos pod\u00edan seguir viviendo como ricos, Pablo, en cambio, no admit\u00eda que se aprovecharan de la celebraci\u00f3n lit\u00fargica para \u201cdespreciar a la iglesia, avergonzando a los pobres\u201d (1Cor 11,22). Una cosa era la distinci\u00f3n social, tolerada dentro de ciertos l\u00edmites, otra muy distinta era la disensi\u00f3n que la primera pod\u00eda causar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En este sentido, el ap\u00f3stol concibe la dif\u00edcil convivencia entre ricos y pobres como una buena oportunidad para que la comunidad pruebe la calidad de su congregaci\u00f3n: los que supieran renunciar a los signos externos de superioridad social, en favor de una comunidad cohesionada e inclusiva, se considerar\u00edan probados; los que no lo hicieran ser\u00edan reprobados. A pesar de esta concesi\u00f3n, las divisiones eclesi\u00e1sticas (<em>haireseis<\/em>), que creaban el contexto para la disensi\u00f3n y la disidencia, estaban lejos de ser vistas con la naturalidad con la que Flavio Josefo hablaba de partidos dentro del juda\u00edsmo. La unidad continu\u00f3 como valor innegociable, expresi\u00f3n concreta de la comuni\u00f3n realizada en la \u201cCena del Se\u00f1or\u201d, que celebraba el memorial de la entrega de Cristo por todas las personas, sin distinci\u00f3n. As\u00ed que, si Pablo parece condescender con la divisi\u00f3n, es en vista de una mayor unidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sin embargo, la unidad tuvo un costo. Si las divisiones y disensiones eran una prueba de calidad, \u00bfqu\u00e9 pasar\u00eda con los que fallaran? En forma de anatema, la comunidad pas\u00f3 a utilizar el uso de la exclusi\u00f3n como dispositivo para regular su propia identidad grupal, transformando la herej\u00eda en un veredicto condenatorio pronunciado por quienes se sent\u00edan probados y aut\u00e9nticos contra quienes se eran vistos como falsos hermanos. Una vez m\u00e1s, esto era lo contrario de lo que suced\u00eda en el juda\u00edsmo o incluso en las escuelas filos\u00f3ficas hel\u00e9nicas, en las que la delimitaci\u00f3n de los conjuntos doctrinales la hac\u00edan libremente los propios partidos o escuelas, y era, a partir de ello, como los partidarios establec\u00edan objetivamente las caracter\u00edsticas de su asociaci\u00f3n. Dentro del movimiento cristiano, el significado de la herej\u00eda como escuela es muy raro y, cuando aparece, los autores que la utilizan insisten en no reconocer la legitimidad de quienes pensaban diferente; de eso resulta que la herej\u00eda, entre los cristianos, es definida por aquellos que la condenan, no por sus adeptos. Estos, cuando se les pregunta, responden que los herejes son los que los acusan.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Veamos algunos ejemplos. El autor de la <em>Segunda Carta de Pe<\/em>dro desacredita y degrada a aquellos cristianos a los que llama \u201cfalsos maestros\u201d, probable referencia a los predicadores gn\u00f3sticos, \u201cque introducen subrepticiamente\u00a0 perniciosas herej\u00edas, renegando\u00a0 incluso del Soberano que los rescat\u00f3\u201d (2 Pd 2,1); el autor del <em>Apocalipsis de Pedro<\/em>, de la biblioteca gn\u00f3stica de Nag Hammadi, se defiende de las acusaciones de aquellos \u201cque se hacen llamar obispos y tambi\u00e9n di\u00e1conos\u201d (ROBINSON, 1990, p. 372), es decir, ministros cat\u00f3licos, alegando que estos estaban \u201ccontaminados\u201d y, por tanto, \u201ccayeron en un nombre de error, pasando a manos de un hombre malvado y astuto, de dogma multiforme, y ser\u00e1n gobernados her\u00e9ticamente\u201d (ROBINSON, 1990, p. 375) . Y los gn\u00f3sticos tambi\u00e9n se acusaban unos a otros: en el tratado <em>El Testimonio de la Verdad<\/em>, tambi\u00e9n de la biblioteca de Nag Hammadi, el autor, que es declaradamente gn\u00f3stico, llama herejes a otros gn\u00f3sticos, que no pensaban como \u00e9l, por ejemplo, Bas\u00edlides, Valentino e Isidoro, citados nominalmente como grandes mentirosos (ROBINSON, 1990, p. 456).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando los \u201cherejes\u201d acusan a otros \u201cherejes\u201d de herej\u00eda, se puede ver que los diferentes int\u00e9rpretes del legado de Jes\u00fas de Nazaret no admit\u00edan la posibilidad de que pudiera haber m\u00e1s de una interpretaci\u00f3n aut\u00e9ntica de este legado y que, parad\u00f3jicamente, lo que lo que llamaron cristianismo -t\u00edtulo que cada grupo se reservaba s\u00f3lo para s\u00ed mismo- era, de hecho, un caleidoscopio de movimientos y partidos, cada uno de los cuales defend\u00eda la legitimidad de su propia teolog\u00eda y\u00a0 autoridad exclusiva de su doctrina. Desde este punto de vista, parece improductivo definir la herej\u00eda como la negaci\u00f3n de la ortodoxia, porque, en t\u00e9rminos hist\u00f3ricos, la ortodoxia result\u00f3 precisamente de esta larga disputa entre partidos(<em>haireseis<\/em>) cristianos, que ya estaba presente desde el debate entre Pablo y los cristianos\u00a0 judaizantes de Jerusal\u00e9n (Gal 2; Hch 15), abarc\u00f3 todo el siglo II, oponiendo a cat\u00f3licos y gn\u00f3sticos, y lleg\u00f3 al Concilio de Nicea (325), que lejos de poner fin a la disputa, la elev\u00f3 a un nivel sin precedentes.<\/p>\n<h5 style=\"text-align: justify;\"><strong>2 Caminos irreconciliables<\/strong><\/h5>\n<p style=\"text-align: justify;\">En la segunda mitad del siglo II, Celso, un escritor griego, escribi\u00f3 una obra pol\u00e9mica contra los cristianos, a la que llam\u00f3 <em>Discurso sobre la verdad<\/em>; este texto no se ha conservado en su totalidad, y lo poco que podemos leer de \u00e9l son los extractos que Or\u00edgenes (m. 254) copi\u00f3 y coment\u00f3, setenta a\u00f1os despu\u00e9s, en su r\u00e9plica titulada Contra Celso. De las notas de Or\u00edgenes, es posible ver que Celso ten\u00eda un buen conocimiento de la diversidad del cristianismo y de las intrincadas disputas teol\u00f3gicas que divid\u00edan a los cristianos en grupos rivales. As\u00ed es como \u00e9l describe la situaci\u00f3n:<\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tan pronto como se extienden en gran n\u00famero, [los cristianos] se dividen y separan, y cada uno quiere tener su propia facci\u00f3n. Separados de nuevo por su gran n\u00famero, se anatematizan unos a otros; no tienen nada m\u00e1s en com\u00fan, por as\u00ed decirlo, excepto el nombre [de cristianos], \u00a1si es que todav\u00eda lo tienen! Al menos es lo \u00fanico a lo que se avergonzaron de renunciar; adem\u00e1s, cada uno abraz\u00f3 una secta diferente. (OR\u00cdGENES, 2004, p.213)<\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y no queda ah\u00ed: \u201c[&#8230;] estas gentes descargan todos los horrores posibles unos sobre otros, rebeldes a la menor concesi\u00f3n a la concordia y animados por un odio implacable\u201d (OR\u00cdGENES, 2004, p. 446). Celso, de hecho, detestaba el cristianismo y lo consideraba una amenaza para el orden civil, pero no ment\u00eda al destacar el faccionalismo cristiano y las consiguientes acusaciones mutuas. Justino de Roma (<em>I Apolog\u00eda<\/em>), Ireneo de Lyon <em>(Contra las herej\u00edas<\/em>), Tertuliano de Cartago (<em>Prescripci\u00f3n contra las herej\u00edas<\/em>) e Hip\u00f3lito de Roma (<em>Refutaci\u00f3n de todas las h<\/em>erej\u00edas) tambi\u00e9n evidenciaron este antagonismo: Hip\u00f3lito, por ejemplo, incluso enumer\u00f3 33 sistemas cristianos diferentes, tom\u00e1ndolos a todos como tergiversaciones de la fe correcta (ALTANER; STUIBER, 2004, p. 173).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aunque trat\u00f3 de refutar las cr\u00edticas de Celso, Or\u00edgenes no pudo negar que el pagano ten\u00eda raz\u00f3n, al menos cuando observ\u00f3 que el movimiento cristiano estaba bastante agitado. De ah\u00ed que Or\u00edgenes, en lugar de negar que hubiera divisiones doctrinales, prefiri\u00f3 recuperar el antiguo significado de herej\u00eda como escuela filos\u00f3fica: cada facci\u00f3n se\u00f1alada por Celso representar\u00eda en realidad una escuela cristiana diferente. As\u00ed, si el pagano quer\u00eda criticar al cristianismo por estar dividido en tantas escuelas, que critique tambi\u00e9n a los fil\u00f3sofos antiguos. Or\u00edgenes no vio nada malo en eso. Sobre todo porque, como \u00e9l dice, las \u201cdiversas escuelas\/sectas\u201d [<em>haireseis diaforoi<\/em> \/\u03b1\u03af\u03c1\u03ad\u03c3\u03b5\u03b9\u03c2\u03b4\u03b9\u03ac\u03c6\u03bf\u03c1\u03bf\u03b9] de los cristianos nunca provinieron de \u201crivalidades y esp\u00edritu de disputa\u201d, sino del hecho de que la Iglesia acogi\u00f3 en sus comunidades a muchos sabios griegos, que les trajeron sus propias exigencias filos\u00f3ficas (OR\u00cdGENES, 2004, p. 214).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Que el cristianismo atrajo a personas interesadas en la filosof\u00eda, incluso a fil\u00f3sofos profesionales, es evidente, por ejemplo, en el famoso caso de la conversi\u00f3n del fil\u00f3sofo Justino (m. 165): en su <em>Di\u00e1logo con Trif\u00f3n<\/em>, Justino confiesa haber buscado la verdad en diversas formas filos\u00f3ficas. diferentes hasta que descubri\u00f3 el cristianismo y lo abraz\u00f3 como verdadera filosof\u00eda. En la <em>Prescripci\u00f3n contra las herej\u00edas<\/em>, escrita entre 197 y 200, Tertuliano de Cartago confirma que varios eruditos cristianos buscaban reconciliar los contenidos de la fe revelada con los m\u00e9todos y presupuestos de la filosof\u00eda hel\u00e9nica, pero para \u00e9l esto era un completo disparate. Veamos tu descripci\u00f3n:<\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las herej\u00edas mismas, en suma, son alimentadas por la filosof\u00eda. De all\u00ed tom\u00f3 San Valent\u00edn los eones y no s\u00e9 qu\u00e9 formas infinitas para la tr\u00edada del hombre: era plat\u00f3nico. De all\u00ed sali\u00f3 el mejor dios de Marci\u00f3n, que descansa en tanta tranquilidad: Marci\u00f3n era estoico. Y cuando se dice que el alma es perecedera, es de Epicuro de quien se habla. Para negar la resurrecci\u00f3n de la carne, se pueden tomar lecciones de todas las escuelas de fil\u00f3sofos. All\u00ed donde la materia se equipara con Dios, est\u00e1 la doctrina de Zen\u00f3n. Donde se ense\u00f1a que Dios es fuego, se evoca a Her\u00e1clito. Los herejes y los fil\u00f3sofos tratan del mismo asunto y se dedican a los mismos temas. (TERTULLIEN, 1957, p. 96-97)<\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ciertamente Tertuliano no estaba pensando en Justino cuando dijo que Jerusal\u00e9n no ten\u00eda nada que ver con Atenas, ni la Academia con la Iglesia (TERTULLIEN, 1957, p. 98), ya que Justino, que sosten\u00eda que la filosof\u00eda era un camino hacia Cristo, era igualmente opositor a los sistemas her\u00e9ticos, a los que tambi\u00e9n da el nombre de escuelas, como la \u201cescuela de Menandro, en Antioqu\u00eda\u201d (JUSTINO DE ROMA, 1995, p. 42). Por lo tanto, Or\u00edgenes tuvo apoyo hist\u00f3rico para comparar las herej\u00edas cristianas con las escuelas filos\u00f3ficas hel\u00e9nicas, pero lo disimulaba negando que existiera un \u201cesp\u00edritu de disputa\u201d entre las diversas tendencias. Por ejemplo, Justino, en su <em>I Apolog\u00eda<\/em> (c. 140), no se averg\u00fcenza de decir que Sim\u00f3n Samaritano (cf. Hch 8,9-24) y todos los miembros de su escuela estaban pose\u00eddos por el diablo, al igual que Marci\u00f3n (JUSTINO DE ROMA, 1995, p. 42) E Ireneo de Lyon no parece m\u00e1s amable cuando compara los barbelonitas con una infestaci\u00f3n de hongos brotando de la tierra (IRENEU DE LYON, 1995, p. 112).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero si era posible tratar a las facciones cristianas como escuelas doctrinales, \u00bfpor qu\u00e9 Celso evit\u00f3 este enfoque cuando critic\u00f3 las divisiones dentro del cristianismo? Parte de la respuesta surge de la noci\u00f3n misma de una escuela filos\u00f3fica, como vimos con Sexto Emp\u00edrico: fil\u00f3sofos agrupados en escuelas para asegurar que maestros y disc\u00edpulos pudieran practicar mejor la reflexi\u00f3n de acuerdo con sus propios m\u00e9todos y formas de vida (HADOT, 2004, p. 150). Los participantes de una escuela pod\u00edan incluso censurar la forma de vida de otras escuelas, pero sab\u00edan que su forma de practicar la filosof\u00eda no era la \u00fanica posible. Los cristianos, en cambio, pensaban todo lo contrario.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El obispo Ireneo de Lyon, que escribi\u00f3 <em>Contra las herej\u00edas<\/em> al mismo tiempo que Celso publicaba su Discurso, opone la doctrina apost\u00f3lica que \u00e9l profesaba a lo que \u00e9l llama falsa gnosis, es decir, las doctrinas de Sim\u00f3n, Menandro, Saturnino, Bas\u00edlides. Marci\u00f3n, Valent\u00edn, Carp\u00f3crates, Cerinto, y tantos otros: la fe ortodoxa, basada en la ense\u00f1anza de los ap\u00f3stoles, transmitida por sucesi\u00f3n episcopal y condensada en la llamada Regla de Fe, constituir\u00eda la <em>verdadera gnosis<\/em>; cualquier otra ense\u00f1anza cristiana que se desviase de este patr\u00f3n no ser\u00eda m\u00e1s que una mentira.\u00a0 Justino habr\u00eda a\u00f1adido la mentira &#8220;diab\u00f3lica&#8221;, porque, para \u00e9l, las ense\u00f1anzas her\u00e9ticas ven\u00edan a &#8220;dividir&#8221; <em>(diabolus<\/em> como lo que divide) a los que invocan a Cristo como salvador. Tertuliano va en la misma direcci\u00f3n: las herej\u00edas, como caminos paralelos, desv\u00edan los fieles de la fe sencilla del Evangelio:<\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bfd\u00f3nde termina la b\u00fasqueda? \u00bfD\u00f3nde est\u00e1 la morada del creer? \u00bfD\u00f3nde se detienen los descubrimientos? \u00bfCon Marci\u00f3n? Pero Valent\u00edn tambi\u00e9n me dice: <em>busca y encontrar\u00e1s<\/em>. Entonces, \u00bfjunto a Valent\u00edn? Ahora Apeles es el que llama a mi puerta. Ebi\u00f3n, Sim\u00f3n y todos los dem\u00e1s, uno tras otro, usan el mismo artificio para insinuarse y atraerme hacia ellos. Mientras escucho por todos lados, <em>buscad y hallareis<\/em>, nunca llegar\u00e9 al final, parece que nunca aprend\u00ed lo que Cristo ense\u00f1\u00f3, lo que vale la pena buscar, lo que es necesario creer. (TERTULLIEN, 1957, p. 103-104)<\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">La reticencia de Justino, Ireneo y Tertuliano a admitir que Marci\u00f3n, Valent\u00edn o cualquier otro pudiera tener raz\u00f3n sobre el legado de Jes\u00fas proviene precisamente de la desconfianza que alimentaron en relaci\u00f3n con las escuelas filos\u00f3ficas: si cada uno concibe la verdad de manera diferente, \u00bfc\u00f3mo encontrar la Verdad? Los Padres de la Iglesia sosten\u00edan que Jes\u00fas de Nazaret, a trav\u00e9s de su vida y evangelio, hab\u00eda revelado un conocimiento p\u00fablico (<em>exot\u00e9rico<\/em>), dirigido a todos los hombres y mujeres, sin importar si eran alfabetizados o analfabetos; y dec\u00edan que todos los hombres, por la sencillez de la fe, pod\u00edan alcanzar el conocimiento perfecto del mes\u00edas. Los maestros gn\u00f3sticos, por su parte, sosten\u00edan una premisa opuesta; para ellos era necesario distinguir el contenido exot\u00e9rico de la ense\u00f1anza de Jes\u00fas de su contenido esot\u00e9rico, es decir, reservado y transmitido s\u00f3lo dentro de una casta especial de disc\u00edpulos (los gn\u00f3sticos), que eran personas letradas dotadas de una ciencia superior y, por tanto,\u00a0 se sent\u00edan los \u00fanicos capaces de obtener un conocimiento perfecto (PI\u00d1ERO, 2010, p. 197-198).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ante este contraste, parece que Celso ten\u00eda m\u00e1s raz\u00f3n que Or\u00edgenes: los cristianos no formaban escuelas, como los fil\u00f3sofos, y, de hecho, se divid\u00edan en facciones irreconciliables. Los Padres pod\u00edan incluso afirmar que eran los gn\u00f3sticos los que se separaban de la \u00fanica Iglesia, pero ambos luchaban por el mismo trofeo. Los ebionitas (judeocristianos) consideraban al ap\u00f3stol Pablo como un \u201cap\u00f3stata de la ley\u201d (IRENEO DE LYON, 1995, p. 108), y el autor del <em>Apocalipsis de <\/em>Pedro estaba convencido de que los cat\u00f3licos hab\u00edan abandonado el seguimiento justo de Jes\u00fas y de Pedro, y se convirtieron en \u201cpropagadores de la falsedad\u201d (ROBINSON, 1990, p. 474). Celso, que lo ve\u00eda todo desde fuera, parece haber captado el meollo del asunto, a pesar de su desd\u00e9n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las iglesias que se adhieren a la gran tradici\u00f3n de los concilios ecum\u00e9nicos ven la herej\u00eda como una negaci\u00f3n de las verdades de la fe y, comprando el argumento de Tertuliano, afirman que la ortodoxia es la primera, mientras que la herej\u00eda es la segunda (DUBOIS, 2009, p. 47).). En el debate teol\u00f3gico y en la experiencia eclesial de los dos primeros siglos, esta no fue una evidencia segura, al menos no para los grupos que entonces participaban del movimiento cristiano. (CHADWICK, 2001, p. 100).<\/p>\n<h5 style=\"text-align: justify;\"><strong>3 Nosotros, los nuestros y ellos, los herejes<\/strong><\/h5>\n<p style=\"text-align: justify;\">Buena parte de las discrepancias entre los Padres y los maestros gn\u00f3sticos se debe a que estos \u00faltimos, aun afirmando que s\u00f3lo ellos ten\u00edan el conocimiento perfecto de Cristo, permanecieron dentro de las comunidades cat\u00f3licas, mezclados con cristianos comunes. All\u00ed serv\u00edan como una \u00e9lite espiritual, un grupo selecto que se distingu\u00eda de los dem\u00e1s cristianos, incluidos los cl\u00e9rigos, porque ostentaban una refinada educaci\u00f3n filos\u00f3fica y porque practicaban el celibato \u2013los maestros gn\u00f3sticos se absten\u00edan del matrimonio porque lo ve\u00edan como una concesi\u00f3n a la carnalidad, prohibida a los perfectos. Ireneo de Lyon los llam\u00f3 encratitas, y atribuy\u00f3 la condenaci\u00f3n del matrimonio a un tal Taciano, antiguo alumno de Justino, en Roma (IRENEU DE LYON, 1995, p. 111). Los Padres, \u00bfhabr\u00edan estado menos enojados con los gn\u00f3sticos si hubieran dejado las iglesias y fundado sus propias comunidades? Es una pregunta para la que no hay una respuesta segura, pero que parece leg\u00edtima.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sea como fuere, los maestros no siempre estuvieron re\u00f1idos con sus obispos; Tertuliano, por ejemplo, destaca que Valent\u00edn y Marci\u00f3n \u201cprofesaban la doctrina cat\u00f3lica dentro de la iglesia de los romanos, bajo el episcopado de Eleuterio [174-189]\u201d, y que ejerc\u00edan como profesores eclesi\u00e1sticos; Valent\u00edn, que presum\u00eda de impresionantes dotes intelectuales y oratorias, estuvo a punto de convertirse en obispo (TERTULLIEN, 1957, p. 126). En la pr\u00e1ctica, los maestros gn\u00f3sticos procedieron como el cat\u00f3lico Justino: instruyeron a los fieles que buscaban un conocimiento filos\u00f3fico m\u00e1s profundo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Eusebio de Cesarea (m. 339), en la <em>Historia Eclesi\u00e1stica<\/em>, nos ofrece un buen ejemplo de c\u00f3mo funcionaban estos grupos dentro de una iglesia urbana. En Roma, un pu\u00f1ado de hombres interesados \u200b\u200ben estudiar m\u00e1s intensamente las Escrituras se reuni\u00f3 en torno a un curtidor llamado Teodoto durante el pontificado de V\u00edctor (189-199). Adem\u00e1s de estudiar los textos b\u00edblicos y eventualmente corregirlos, el grupo escribi\u00f3 sus propios comentarios y fue responsable de hacer muchas copias para distribuirlas entre los fieles. En ning\u00fan momento Eusebio se muestra molesto por la existencia de este tipo de iniciativas. El problema radica, para \u00e9l y para los dem\u00e1s Padres, en el contenido de estos escritos y en los m\u00e9todos de estos estudios. Por ahora, destacamos la entrega de estos hombres que no viv\u00edan de la iglesia, aunque buscaban vivir para la iglesia, aunque a su manera. Uno de los integrantes del grupo era banquero, quien sufragaba los gastos del proceso editorial y log\u00edstico, que daba empleo a muchos copistas y colaboradores. (EUS\u00c9BIO DE CESAREIA, 2000, p. 274-278).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Entre los compa\u00f1eros de Teodoto, Eusebio a\u00f1ade tambi\u00e9n a otros escritores, como Asclep\u00edades, Herm\u00f3filo y Apolonio, a los que tambi\u00e9n atribuye la autor\u00eda de libros de ex\u00e9gesis b\u00edblica y teolog\u00eda; obviamente no eran cristianos convencionales. Eran alfabetizados, h\u00e1biles en la escritura y conocedores de los textos cristianos y de la Biblia hebrea. Un obispo estar\u00eda feliz de tener personas as\u00ed en su iglesia, porque toda comunidad eclesial es una comunidad que lee y consume libros. Estos formaban parte de la vida eclesial cotidiana y estaban en todas partes, ya fuera en la liturgia, en la catequesis o en la comunicaci\u00f3n intereclesial. El hecho de que los fieles fueran analfabetos no impidi\u00f3 el alcance de los libros, ya que las comunidades, adem\u00e1s del obispo, los presb\u00edteros y los di\u00e1conos, ten\u00edan el ministerio de los lectores, quienes no\u00a0 faltaban a ning\u00fan acto lit\u00fargico. Los libros eran tan constitutivos de la identidad cristiana que los gobernadores imperiales, durante el siglo III, ordenaron la destrucci\u00f3n de los libros eclesi\u00e1sticos, pues sab\u00edan que de ellos depend\u00edan las asambleas lit\u00fargicas. Eliminar el libro ser\u00eda acelerar el fin de la iglesia misma.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sin embargo, desde la generaci\u00f3n de Ignacio de Antioqu\u00eda (m. 107), los obispos se entend\u00edan a s\u00ed mismos como \u201ccentinelas\u201d del reba\u00f1o y como \u201cinspectores\u201d de la calidad doctrinal y moral de su comunidad; era lo que significaba el t\u00e9rmino <em>episcopus<\/em>, el que vela por la comunidad, el que vela por ella en aras de su control. Las luchas doctrinales del primer siglo ya hab\u00edan ense\u00f1ado a los primeros obispos que no se pod\u00edan confiar. El error her\u00e9tico entra subrepticiamente. Y desde Pablo de Tarso, la herej\u00eda es la ense\u00f1anza que se aparta de la opini\u00f3n del presidente de una comunidad. Ireneo, por ejemplo, consideraba herejes a aquellos \u201cque hablan como nosotros [los obispos], pero piensan diferente de nosotros\u201d y \u201cense\u00f1an de manera diferente a nosotros\u201d (IRENEU DE LYON, 1995, p. 30); Tertuliano, d\u00e9cadas despu\u00e9s, record\u00f3 que los ap\u00f3stoles, en sus ep\u00edstolas, hab\u00edan insistido en que \u201ctodos hablen lo mismo y de la misma manera, y que no haya divisiones ni disensiones en la iglesia, pues, ya sea Pablo o los otros ap\u00f3stoles, todos predicaron de la misma manera\u201d (TERTULLIEN, 1957, p. 123). La unanimidad en la ense\u00f1anza y la doctrina fue uno de los pilares de la ortodoxia: sigue siendo un par\u00e1metro que busca asegurar la calidad del mensaje, pero tambi\u00e9n implica una profunda desconfianza hacia el pluralismo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Este fue el problema con el grupo de Teodoto en Roma; produjeron muchos libros, pero cada uno conten\u00eda una teolog\u00eda diferente. Eusebio informa que si uno comparara los ejemplares de Asclep\u00edades con los de Teodoto, no encontrar\u00eda nada en com\u00fan entre ellos, lo que tambi\u00e9n era cierto para Herm\u00f3filo y Apolonio. Se puede ver que el criterio de la catolicidad estaba bastante activo, aqu\u00ed como antes, en Ireneo: si no hay unanimidad en la ense\u00f1anza, ya se est\u00e1 a un paso de la herej\u00eda. Adem\u00e1s, a estos autores les gustaba interpretar los datos de la revelaci\u00f3n apoyados por el apoyo de la filosof\u00eda y la ciencia hel\u00e9nicas, especialmente Arist\u00f3teles, Euclides, Teofrasto e incluso Galeno, \u201cal que algunos de ellos casi veneran\u201d (EUSEBIO DE CESAREIA, 2000, p. 277).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La desconfianza cristiana hacia la filosof\u00eda era tan antigua como la Carta a los Colosenses (2,8), e incluso cuando hombres como Justino abrazaron la fe intentaron ser prudentes: la salvaci\u00f3n viene por el acto redentor del mes\u00edas, no por un acto de la raz\u00f3n en busca de verdad. Esta desconfianza disminuir\u00eda e incluso desaparecer\u00eda, por el momento, durante el siglo III, en la generaci\u00f3n de Clemente de Alejandr\u00eda y Or\u00edgenes. Pero en el siglo II, la filosof\u00eda todav\u00eda molestaba, en primer lugar, porque los mismos contempor\u00e1neos paganos f\u00e1cilmente tomaban el cristianismo por una filosof\u00eda, y los pastores quer\u00edan evitar confusiones. En segundo lugar, porque la filosof\u00eda, tal como se practicaba entonces, asum\u00eda comunidades de letrados (escuelas), que representaban una peque\u00f1a \u00e9lite minoritaria, y las iglesias quer\u00edan estar abiertas a todos, letrados y analfabetos. El an\u00f3nimo heresi\u00f3logo a quien Eusebio cita para tratar de Teodoto, insiste en decir que aquellos hombres prefer\u00edan los fil\u00f3sofos a la palabra de Dios, es decir, que entre los datos de la raz\u00f3n y los de la revelaci\u00f3n, siempre predomin\u00f3 la raz\u00f3n. Las comunidades eclesiales se negaron a ser escuelas filos\u00f3ficas: la fe que salva es simple, desprovista de razonamientos silog\u00edsticos, abstracciones conceptuales y c\u00e1lculos l\u00f3gicos. Tertuliano puede haber sido el oponente m\u00e1s ardiente de los fil\u00f3sofos, pero en la sencillez de la fe no estaba solo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero hasta entonces, los maestros gn\u00f3sticos a\u00fan viv\u00edan entre cristianos comunes. El problema se hizo insostenible cuando Teodoto, siguiendo el pensamiento de un tal Artem\u00f3n, neg\u00f3 la divinidad de Cristo y lo present\u00f3 como un mero hombre. A\u00f1ad\u00eda, tambi\u00e9n, que la creencia en la divinidad de Jes\u00fas era, en realidad, una invenci\u00f3n reciente, fruto de una adulteraci\u00f3n de l fe apost\u00f3lica, realizada por el Papa V\u00edctor y aceptada como verdad a partir de su sucesor Zeferino (199-217): no era poca cosa. Teodoto acusaba al Papa de haber corrompido los textos del Nuevo Testamento para hacerlos testificar que Jes\u00fas era Dios, pero \u00bfno era este tipo de acusaci\u00f3n el que hac\u00edan precisamente los obispos \u2013como Ireneo\u2013 contra los gn\u00f3sticos? Ireneo afirm\u00f3 que Marci\u00f3n, por ejemplo, hab\u00eda eliminado los primeros cap\u00edtulos del <em>Evangelio de Lucas<\/em>, que tratan del nacimiento milagroso del Mes\u00edas, y que hab\u00eda interpolado todos los pasajes en los que Jes\u00fas insin\u00faa que su Padre era el Dios creador del mundo (a quien Marci\u00f3n neg\u00f3 ser el dios supremo) (IRENEU DE LYON, 1995, p. 109).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Este episodio, una vez m\u00e1s, sacude nuestras convicciones plagadas de esencialismos modernos. La herej\u00eda era el lado perdedor de un juego de poder; V\u00edctor logr\u00f3 ganar porque el argumento de Teodoto era d\u00e9bil. Al fin y al cabo, como bien recordaba el heresi\u00f3logo, cualquiera pod\u00eda consultar los ejemplares del Nuevo Testamento, esparcidos por las iglesias, o los tratados cristol\u00f3gicos m\u00e1s antiguos para comprobar que V\u00edctor no pod\u00eda haber cambiado nada sin que los dem\u00e1s obispos se dieran cuenta y sin el respeto de todos. ellos. Ese era precisamente el sentido de la catolicidad: compartir la misma fe dentro de una red muy extensa de iglesias, una red que, en ese siglo, abarcaba la extensi\u00f3n del mundo romano, y ya mostraba signos de trascenderlo. Un obispo solo no hizo la fe ni la destruy\u00f3. Los gn\u00f3sticos necesitaban recordar que la doctrina cat\u00f3lica era el consenso en lo m\u00ednimo para lograr lo m\u00e1ximo.<\/p>\n<h5 style=\"text-align: justify;\"><strong>4 Poner al descubierto y demostrar la herej\u00eda<\/strong><\/h5>\n<p style=\"text-align: justify;\">Teodoto era curtidor, es decir, artesano profesional, y tambi\u00e9n fil\u00f3sofo aficionado; \u00e9l no era miembro de la jerarqu\u00eda de la iglesia romana, y su excomuni\u00f3n no socav\u00f3 la estabilidad de la iglesia ni la autoridad de su obispo; por el contrario, fue una lecci\u00f3n expl\u00edcita de que no era f\u00e1cil acusar a un obispo, incluso cuando era bastante popular. Pero \u00bfy si un obispo, guardi\u00e1n de la fe cat\u00f3lica y cabeza de una iglesia, desobedeciera la regla de la fe? \u00bfQui\u00e9n lo acusar\u00eda de hereje? \u00bfQui\u00e9n lo condenar\u00eda?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Todo el debate contra los gn\u00f3sticos reforz\u00f3, entre los obispos, la conciencia de la comuni\u00f3n intereclesial y el principio de sinodalidad. Autores como Ireneo, Tertuliano, Hilario y Or\u00edgenes no escribieron para sus comunidades locales, sino para la Gran Iglesia, una red de iglesias centros episcopales que, entre los siglos III y IV, no ten\u00edan un solo centro, sino al menos dos, Roma y Alejandr\u00eda. Se esperaba que estas dos iglesias, o m\u00e1s bien sus obispos, dirigieran los procesos eclesi\u00e1sticos que deb\u00edan advertir y corregir a los obispos sospechosos y castigar a los obispos condenados.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En ese momento, la herej\u00eda adquiere una nueva connotaci\u00f3n, porque si antes era m\u00e1s o menos f\u00e1cil se\u00f1alar al hereje como un desviado de la regla de la fe, era muy complicado encuadrar a un obispo en estas condiciones. Un obispo es m\u00e1s que un maestro que puede ser despedido, es el l\u00edder de una comunidad urbana, elegido de una base electoral que podr\u00eda significar una peque\u00f1a multitud de simpatizantes, incluidas personas pol\u00edticamente importantes.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En el caso de los miembros de la jerarqu\u00eda, la discusi\u00f3n sobre la herej\u00eda adquiere un lugar eminentemente pol\u00edtico, ya sea porque, al tener apoyo pol\u00edtico, un obispo puede librarse de un proceso eclesi\u00e1stico, o porque, sin apoyo pol\u00edtico, un obispo puede ser acusado de ser un hereje simplemente como una excusa para quitarle el mando. Esto es lo que le sucedi\u00f3 a un cl\u00e9rigo llamado Pablo de Samosata (m. 275), elegido obispo de Antioqu\u00eda, en 261 (CHADWICK, 2001, p. 166-169), aproximadamente un a\u00f1o despu\u00e9s, de que en esa misma ciudad, el emperador Valeriano (253 -260) fuese derrotado y capturado por el imperio persa.Fueron a\u00f1os muy dif\u00edciles.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Con la derrota romana, Siria pas\u00f3 a formar parte de un reino independiente, con sede en Palmira, cuya reina, Zenobia (260-267), se convirti\u00f3 en la punta de un movimiento antirromano que, en un principio, fue bastante fuerte, con posibilidades reales de arrasar el poder imperial del Medio Oriente, pero que en la pr\u00e1ctica fue de corta duraci\u00f3n. Este fue el primer error de Pablo de Samosata: nada m\u00e1s ser elegido obispo, decidi\u00f3 apoyar a una reina ef\u00edmera, pero que, al menos por un tiempo, lo recompens\u00f3 muy bien, le confiri\u00f3 el t\u00edtulo de ducenario y le pag\u00f3 un alto salario.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sucede que los obispos que formaban la catolicidad cristiana, hasta ese momento, presid\u00edan iglesias radicadas en ciudades pertenecientes al Imperio Romano; en t\u00e9rminos civiles, los obispos eran s\u00fabditos del Imperio, y todos ellos consideraban que el Imperio garantizaba leg\u00edtimamente el orden social, institucional y jur\u00eddico, gracias a sus estructuras estatales. No hac\u00eda mucho que Ner\u00f3n hab\u00eda martirizado a un centenar o m\u00e1s de cristianos (los protom\u00e1rtires romanos), y Clemente (mc 100), presb\u00edtero de Roma, estaba convencido de que ese imperio, una miniatura del universo, era el gran referente para las iglesias, especialmente en materia de orden, disciplina y jerarqu\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Antioqu\u00eda, por ejemplo, hab\u00eda sido la capital de la provincia romana de Siria hasta que Zenobia tom\u00f3 el poder. La ciudad donde los fieles fueron llamados cristianos por primera vez (Hch 11, 26) hab\u00eda pasado a manos antirromanas y, peor a\u00fan, ten\u00eda un obispo declaradamente antirromano. Es dif\u00edcil comprender la posici\u00f3n real de Pablo, porque precisamente por diferir pol\u00edticamente de sus colegas, y por recibir un salario de un estado enemigo, fue duramente criticado; Eusebio de Cesarea, que siempre apoy\u00f3 al Imperio Romano, dedica muchas p\u00e1ginas de su <em>Historia Eclesi\u00e1stica <\/em>a relatar lo sucedido, no sin dejar en evidencia c\u00f3mo Pablo de Samosata fue, desde el principio, un corruptor del episcopado y un peligro para la Iglesia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En su opini\u00f3n, Pablo corrompi\u00f3 el episcopado porque us\u00f3 su cargo de ducenario para hacer alarde de poder: en una enc\u00edclica que los obispos sirios enviaron a los obispos de Roma y Alejandr\u00eda, se dice que Pablo era llevado en literas, que introdujo mujeres a la residencia episcopal, que se sentaba en un estrado que m\u00e1s parec\u00eda el trono de un magistrado que la silla de un obispo, en fin, que ejerc\u00eda de usurero. Y para empeorar las cosas, Pablo lanz\u00f3 ataques contra el <em>establishment<\/em> episcopal griego, acus\u00e1ndolo de ser condescendiente con Or\u00edgenes quien, a su juicio, practic\u00f3 una mala ex\u00e9gesis b\u00edblica y malinterpret\u00f3 la naturaleza del Verbo Encarnado. En el proceso judicial iniciado contra Pablo, no es posible saber si lo que m\u00e1s irrit\u00f3 a los obispos fue su forma de vida principesca o su cr\u00edtica a los griegos: la ciudad de Samosata, a orillas del \u00c9ufrates, ten\u00eda poblaci\u00f3n asiria.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los obispos no se conformaron. Celebraron concilios para derrocarlo y, al no conseguirlo, apelaron a los obispos superiores de Roma y Alejandr\u00eda. No ser\u00eda f\u00e1cil derrocar a un obispo si obedeciera fielmente la regla de la fe; sin embargo, los obispos dijeron que Pablo negaba la divinidad del Hijo y que ense\u00f1aba que el Logos divino solo inspir\u00f3 a Jes\u00fas, sin estar verdaderamente encarnado. Lo que nos lleva a la cuesti\u00f3n de c\u00f3mo actuar cuando un obispo se convierte en hereje. Como vimos en el caso de Marci\u00f3n y Cerd\u00f3n, la pena que se pod\u00eda aplicar era la exclusi\u00f3n de la iglesia, pero esto era f\u00e1cil de resolver cuando el condenado era un laico o un di\u00e1cono o incluso un anciano. Totalmente distinta era la situaci\u00f3n de un obispo, cuyo oficio se basaba en un supuesto teol\u00f3gico, defendido por Ignacio de Antioqu\u00eda, de que el obispo era el vicario de Dios en la tierra, y sin el cual nada se pod\u00eda hacer en la iglesia (IN\u00c1CIO DE ANTIOQUIA, 1995, p\u00e1g. 92; 118).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Basado en la indisolubilidad del v\u00ednculo entre el obispo y su iglesia, Pablo de Samosata no acept\u00f3 la decisi\u00f3n que lo depuso, aunque se orden\u00f3 a un nuevo obispo para ocupar su lugar. Fue entonces cuando se neg\u00f3 a abandonar la residencia episcopal, propiedad de la iglesia. No habr\u00eda podido mantener su posici\u00f3n si no hubiera tenido buenos (e influyentes) partidarios entre su reba\u00f1o. Quiz\u00e1s fue por eso que recurri\u00f3 al emperador romano Aureliano, quien recientemente hab\u00eda recuperado la autoridad sobre Siria y puso fin a al reino de Palmira.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El relato de Eusebio es detallado, pero no tanto. No est\u00e1 claro si Aureliano sab\u00eda o no que Pablo hab\u00eda sido un aliado de Zenobia y, por lo tanto, un traidor a Roma. Es probable que lo supiera, aunque un obispo depuesto ya no representaba ninguna amenaza. Sea como fuere, el emperador acept\u00f3 la solicitud de Pablo, quien solicit\u00f3 el arbitraje imperial en el impasse sobre la residencia episcopal: sin embargo, en lugar de tomar la decisi\u00f3n \u00e9l mismo, Aureliano remiti\u00f3 la demanda al obispo de Roma, quien obviamente apoy\u00f3 la deposici\u00f3n que tuvo lugar. lugar en el S\u00ednodo del 268. Y a\u00f1ade Eusebio: \u201cy as\u00ed, el citado Pablo, fue expulsado de la Iglesia de la manera m\u00e1s vergonzosa por el poder secular\u201d (EUS\u00c9BIO DE CESAREIA, 2000, p. 387).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El caso de Pablo de Samosata, tan singular como lo fue para el siglo III, demuestra que la herej\u00eda se hab\u00eda convertido en un mecanismo del episcopado para regular la propia instituci\u00f3n episcopal, presionando a los obispos, individualmente o en grupos, que por alguna raz\u00f3n interpon\u00edan sus voces a las opiniones teol\u00f3gicas hegem\u00f3nicas, curiosamente sustentadas por c\u00e1tedras episcopales hegem\u00f3nicas, como Alejandr\u00eda o Roma. Bajo la etiqueta de consenso eclesial, lo que estamos presenciando es un juego de fuerzas regionales, en el que habla m\u00e1s fuerte la iglesia que m\u00e1s manda o es la m\u00e1s rica. La herej\u00eda se convirti\u00f3 en lo que las iglesias quer\u00edan (o necesitaban) que fuera, y como tal, no podemos perder de vista la complejidad sociopol\u00edtica de la historia cuando tomamos en serio el estudio de cualquier grupo condenado por herej\u00eda.<\/p>\n<h5 style=\"text-align: justify;\"><strong>5 Herej\u00eda como cuesti\u00f3n de Estado<\/strong><\/h5>\n<p style=\"text-align: justify;\">Como acabamos de notar, Eusebio de Cesarea qued\u00f3 bastante satisfecho con el desenlace dado por un emperador pagano a un conflicto meramente eclesi\u00e1stico, despu\u00e9s de todo, como se afirma en Rm 13,4, el pr\u00edncipe -sin importar su creencia- es un instrumento de Dios. para castigar a los que hacen el mal, y el hereje es una de esas personas. Pero fue Pablo de Samosata quien busc\u00f3 el arbitraje imperial, y lo hizo porque cre\u00eda que la decisi\u00f3n sinodal que lo depuso no respetaba plenamente sus derechos. La iniciativa de Pablo estaba completamente apoyada por la ley. De hecho, hab\u00eda dos caminos posibles para resolver los conflictos entre civiles en el Imperio Romano: el arbitraje extrajudicial, siempre que obedezca a los procedimientos legales, y el proceso judicial propiamente dicho, que depend\u00eda de los tribunales y magistrados p\u00fablicos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En el arbitraje extrajudicial, se permit\u00eda al mediador tener en cuenta la legislaci\u00f3n, la jurisprudencia y las costumbres locales, mientras que el proceso judicial oficial deb\u00eda seguir estrictamente los decretos y decisiones aplicables en todo el imperio. Si nos fijamos bien, el s\u00ednodo de Antioqu\u00eda de 268 funcion\u00f3 como un arbitraje extraoficial, como se deduce de este pasaje de Eusebio:<\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">El que mejor convenci\u00f3 de la hipocres\u00eda [ de Pablo] , despu\u00e9s de haber examinado sus teor\u00edas, fue Malqui\u00f3n, por cierto hombre elocuente, sofista y en Antioquia, presidente de la ense\u00f1anza de la ret\u00f3rica en las escuelas hel\u00e9nicas, adem\u00e1s de ser honrado con el presbiterado en la comunidad de esta ciudad, por la extraordinaria pureza de su fe en Cristo. \u00c9l abri\u00f3 una disputa contra Pablo, mientras los taqu\u00edgrafos la registraban, y sabemos que han llegado hasta nosotros las anotaciones (&#8230;). (EUS\u00c9BIO DE CESAREIA, 2000, p. 381-382)<\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">Como sofista y orador, Malqui\u00f3n era un profesional calificado para mediar en una demanda judicial, y segu\u00eda los protocolos: se escuchaba a los acusados \u200b\u200by a los acusadores, se tomaba nota de las declaraciones, el proceso estaba debidamente armado. En esas condiciones, Malqui\u00f3n podr\u00eda tomar su decisi\u00f3n, que ser\u00eda refrendada por los magistrados y tendr\u00eda validez legal. Para que un arbitraje extrajudicial fuera recibido oficialmente, era necesario que las partes involucradas estuvieran de acuerdo con la elecci\u00f3n del \u00e1rbitro: Malqui\u00f3n era un presb\u00edtero de la iglesia en la que Pablo era obispo, adem\u00e1s, gozaba de una buena reputaci\u00f3n. Cumpl\u00eda con todos los requisitos para el papel que desempe\u00f1aba y, ciertamente, Pablo confiaba en su capacidad. Sin embargo, el veredicto no agrad\u00f3 al obispo. Era su derecho, como ciudadano, apelar a la corte formal para ver si en esa otra instancia pod\u00eda revertir el resultado. Y eso fue lo que hizo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El caso particular de Pablo de Samosata se\u00f1ala un importante punto de inflexi\u00f3n en la forma en que las iglesias comenzaron a tratar las herej\u00edas, es decir, convirti\u00e9ndolas en un asunto judicial y, por tanto, en un asunto de Estado. Esa transformaci\u00f3n trajo como consecuencia dos significativos cambios: el primero es la creciente participaci\u00f3n de profesionales forenses, como Malqui\u00f3n, en los debates sobre la herej\u00eda y, gracias a estos profesionales, el lenguaje jur\u00eddico-ret\u00f3rico se hizo recurrente en la composici\u00f3n de los textos de acusaci\u00f3n y defensa, influyendo en el propio vocabulario teol\u00f3gico. El segundo cambio se refiere a la mediaci\u00f3n directa del Estado en la deliberaci\u00f3n doctrinal y en la conclusi\u00f3n de los debates. Ahora bien, el poder p\u00fablico no se inmiscu\u00eda en los asuntos privados a menos que se lo pidieran, y, desde Pablo de Samosata, los obispos comenzaron a recurrir a este recurso, ya sea para denunciar a los herejes o para defenderse de la acusaci\u00f3n de herej\u00eda. (HUMFRESS, 2007, p. 260-268).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El ardor antiher\u00e9tico que vimos en Ireneo y Tertuliano s\u00f3lo cambi\u00f3 de lugar; en su af\u00e1n por acabar con la herej\u00eda, los obispos abrieron las puertas de sus iglesias para que el Estado hiciera lo que ellos mismos no supieron resolver. Para los obispos, este era un precio que val\u00eda la pena pagar. Sucede que el Estado no funciona como la iglesia, aunque la iglesia claramente ha adoptado expresiones estatales desde por lo menos el siglo segundo. Para que el poder p\u00fablico actuara sobre las cuestiones eclesiales, era necesario que los cl\u00e9rigos adaptaran las exigencias teol\u00f3gicas a los procedimientos legales y permitieran al Estado adaptar el lenguaje teol\u00f3gico a las categor\u00edas jur\u00eddicas. La herej\u00eda se convirti\u00f3 en un delito legalmente imputable y, por tanto, sujeto a penas coercitivas. Los obispos se alegraron, por un momento pareci\u00f3 que tendr\u00edan mayores recursos para reprimir a los herejes. Pero resulta que, antes de un juicio formal, nadie puede ser declarado culpable, por lo que los presuntos herejes tambi\u00e9n podr\u00edan movilizar a los tribunales civiles contra los ortodoxos. Se inici\u00f3 una larga lucha judicial en la que la herej\u00eda quedar\u00eda en suspenso hasta que el magistrado la atribuyera a una de las partes contendientes.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En el a\u00f1o 313, los obispos donatistas del norte de \u00c1frica apelaron al emperador Constantino, pidi\u00e9ndole que revisara la decisi\u00f3n del Concilio de Roma, que los hab\u00eda condenado. Constantino prefiri\u00f3 hacer lo que hizo Aureliano y favoreci\u00f3 la opini\u00f3n de los obispos cat\u00f3licos, encabezados por el Papa Milc\u00edades. No satisfechos, los donatistas iniciaron una serie de protestas que obligaron al emperador a convocar un s\u00ednodo de obispos occidentales, celebrado en Arles, en el a\u00f1o 314. El caso donatista dej\u00f3 claro a Constantino que un cisma colectivo pod\u00eda significar disturbios civiles dif\u00edciles de controlar y con altos costos para el erario p\u00fablico; hab\u00eda que resolver la situaci\u00f3n, y por eso se convoc\u00f3 un concilio. En \u00e9l, el donatismo fue formalmente condenado como herej\u00eda, y el resultado asumi\u00f3 fuerza jur\u00eddica; con base en ello, Constantino, en 317, orden\u00f3 la supresi\u00f3n de la Iglesia Donatista, la confiscaci\u00f3n de las propiedades eclesi\u00e1sticas y el arresto de sus obispos. (IRVIN; SUNQUIST, 2004, 317).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sin embargo, lo que parec\u00eda ser la victoria de la catolicidad result\u00f3 ser mucho m\u00e1s fr\u00e1gil. La ley puede incluso tipificar como delito la herej\u00eda, sin embargo, la interpretaci\u00f3n jurisprudencial de la ley, la celeridad de los procesos y el alcance de los veredictos dependen de la situaci\u00f3n del sistema judicial, la posici\u00f3n de los magistrados y la capacidad de presi\u00f3n pol\u00edtica ejercida por las partes. En otras palabras, para que el proceso funcionara, las autoridades p\u00fablicas ten\u00edan que tener la voluntad de actuar. Agust\u00edn de Hipona (m. 354), quien particip\u00f3 activamente en el debate donatista, mostr\u00f3 en sus escritos c\u00f3mo la judicializaci\u00f3n de la herej\u00eda podr\u00eda resultar en medidas ineficaces. Los obispos cat\u00f3licos podr\u00edan eventualmente verse favorecidos por la benevolencia imperial, pero \u00bfpor cu\u00e1nto tiempo? R\u00e1pidamente se dieron cuenta de que la benevolencia de un gobernante cambiaba f\u00e1cilmente de direcci\u00f3n. Y para mantenerla en su favor, los obispos tuvieron que aprender a negociar con los magistrados y las autoridades p\u00fablicas como cualquier otra persona influyente.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Si antes hab\u00eda que convencer a los herejes de su herej\u00eda, ahora los obispos ten\u00edan que convencer tambi\u00e9n a los magistrados, pero en este caso no siempre bastaba con la pura argumentaci\u00f3n. Los acuerdos y concesiones eran inevitables y ten\u00edan consecuencias, el concilio de Nicea, por ejemplo, defini\u00f3 la ortodoxia trinitaria, pero lo que sigui\u00f3 al concilio fue una serie de derrotas para los ortodoxos y el ascenso de los herejes, lo que convenci\u00f3 al emperador Constancio II (337-361) para buscar un compromiso. Cuando el estado define la ortodoxia, los t\u00e9rminos de la fe son materia de negociaci\u00f3n pol\u00edtica, tanto como el texto de la ley. La intransigencia doctrinal puede seguir inflamando a ciertos obispos, pero saben que sin compromiso pol\u00edtico y cierta dosis de adulaci\u00f3n, la herej\u00eda seguir\u00e1 siendo una opci\u00f3n para los descontentos y disidentes.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Como hemos visto hasta ahora, todo el tema de la herej\u00eda se presenta como un juego de fuerzas entre grupos discordantes impulsados \u200b\u200bpor la convicci\u00f3n de que no puede haber m\u00e1s de una fe verdadera. La judicializaci\u00f3n de la herej\u00eda demostr\u00f3 al Estado que esas diferencias teol\u00f3gicas escond\u00edan fisuras sociales, culturales y \u00e9tnicas que reflejaban el propio Imperio Romano, en su vasta\u00a0 pluralidad cultural. Los cristianos pueden defender que su doctrina es, en teor\u00eda, universal, sin embargo, sus comunidades son fragmentos de poblaciones locales, establecidas en terrenos particulares, en los que el pasado, la lengua, las condiciones econ\u00f3micas se convierten en filtros catalizadores para que all\u00ed la fe universal cree sus ra\u00edces. La ortodoxia implica necesariamente di\u00e1logo o debate con y entre culturas, del mismo modo que la herej\u00eda puede expresar xenofobia y prejuicio racial. La invenci\u00f3n de los concilios ecum\u00e9nicos, como pol\u00edtica de Estado, demuestra lo fr\u00e1gil que puede llegar a ser la ortodoxia, pues resulta del equilibrio entre regionalismos, cuyo capital pol\u00edtico es siempre asim\u00e9trico.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Desde el Concilio de Nicea en 325, la herej\u00eda ha sido solo una de las muchas armas utilizadas por los obispos en sus incesantes \u201cguerras por Jes\u00fas\u201d (JENKINS, 2013), guerras libradas por cl\u00e9rigos pero patrocinadas por el estado. Los emperadores pod\u00edan, de hecho, tratar de mediar en los conflictos entre diferentes iglesias, excluyendo a los herejes y promulgando la ortodoxia. Sin embargo, la b\u00fasqueda de la fe correcta fue, en s\u00ed misma, una actividad de silenciar las voces que no interesaban al poder y de amplificar las voces que s\u00ed interesaban. Esto es lo que sucedi\u00f3, por ejemplo, en el Concilio de Calcedonia, de 451: los defensores de la \u00fanica naturaleza de Cristo, llamados miafisitas o monofisitas, y que eran egipcios, sirios, armenios, mesopot\u00e1micos, fueron simplemente ignorados por la corriente mayoritaria episcopal grecolatina, en ese momento, representada por la cristolog\u00eda del Papa Le\u00f3n Magno (440-461) y los obispos alineados con la emperatriz Pulqueria (m. 453).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El desacuerdo de Calcedonia nos muestra c\u00f3mo los debates teol\u00f3gicos en realidad se derivan de problemas sociales, \u00e9tnicos y pol\u00edticos. El mundo romano pudo formar un solo imperio, pero nunca fue m\u00e1s que un caleidoscopio de diferencias que, en tiempos de paz, se manejaban con facilidad, pero que, en tiempos de crisis, resultaban muy agudas. El siglo V es famoso por ser el \u00faltimo momento de la unidad romana: en el a\u00f1o 476 desaparece el \u00faltimo emperador romano de Occidente, dejando all\u00ed cientos de iglesias cat\u00f3licas y decenas de iglesias arrianas, como en R\u00e1vena y Toledo. En Oriente, el imperio se mantuvo firme, pero ya no con la misma cohesi\u00f3n. Egipto y Siria, las zonas econ\u00f3micamente m\u00e1s productivas y, por tanto, m\u00e1s ricas, fueron el hogar de las poblaciones cristianas anticalcedonianas, perseguidas por el Estado romano, ortodoxo y calcedoniano.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La persecuci\u00f3n de los herejes anticalcedonios no fue una buena pol\u00edtica de Estado, pues los sujetos que, a causa de la herej\u00eda, se ven disminuidos por el r\u00e9gimen no suelen ser muy fieles a \u00e9ste. Cuando el Imperio Isl\u00e1mico surgi\u00f3 en el Mediterr\u00e1neo, con la propuesta de proteger a los firmantes de los tratados de paz, los anticalcedonios sirios y egipcios no dudaron de que hab\u00eda llegado el momento de vengarse de los herejes calcedonios. Aceptaron que el califato isl\u00e1mico reemplazar\u00eda al basileus hereje y empezaron a considerar que el surgimiento del Islam era un merecido castigo divino para la herej\u00eda calcedonia. Volvemos a Celso. En t\u00e9rminos hist\u00f3ricos, la herej\u00eda es un dispositivo que delimita el campo de la autoridad y justifica la violencia y la intolerancia contra quienes no se someten.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>Andr\u00e9 Miatello.\u00a0<\/em>UFMG\/FAJE ( Brasil). Texto original en portugu\u00eas. Enviado: 20\/08\/2021. Aprobado: 25\/10\/2021. Publicado: 30\/12\/2021.<\/p>\n<h5 style=\"text-align: justify;\"><strong>Referencias<\/strong><\/h5>\n<p style=\"text-align: justify;\">ALTANER, B.; STUIBER, A. <em>Patrologia<\/em>. Vida, Obras e Doutrina dos Padres da Igreja. Trad. MonjasBeneditinas. 3.ed. S\u00e3o Paulo: Paulus, 2004.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">CHADWICK, H. <em>The Church in Ancient Society.<\/em> From Galilee to Gregory the Great.Oxford: Clarendon Press, 2001.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">DUBOIS, J.-P. Pol\u00eamicas, poder e exegese: o exemplo dos gn\u00f3sticos antigos no mundo grego. In: ZERNER, M. (Ed.). <em>Inventar a heresia?<\/em> Discursos pol\u00eamicos e poderes antes da Inquisi\u00e7\u00e3o. Trad. N\u00e9ri de Barros Almeida et al. Campinas: Editora Unicamp, 2009. p. 39-45.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">EMP\u00cdRICO, S. 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S\u00e3o Paulo: Paulus, 1995.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">MINNS, D. Irenaeus of Lyons. In: PARRY, K. (Ed.). <em>TheWileyBlackwellCompanion to Patristics<\/em>. Oxford: John Wiley &amp; Sons, 2015. p. 71-84.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">OR\u00cdGENES. <em>Contra Celso<\/em>. Trad.Orlando Reis. S\u00e3o Paulo: Paulus, 2004.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">IN\u00c1CIO DE ANTIOQUIA. <em>Padres Apost\u00f3licos.<\/em>Trad. Ivo Storniolo; Euclides Balancin. S\u00e3o Paulo: Paulus, 1995.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">PI\u00d1ERO, A. La Gnosis. In: ALVAR, J. et al(Ed.). <em>Cristianismo Primitivo y Religiones Mist\u00e9ricas<\/em>. 3.ed. Madri: C\u00e1tedra, 2010. p. 197-225.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">ROBINSON, J. <em>TheNagHammadi Library in English<\/em>. Nova Iorque: HarperCollins, 1990.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">TERTULLIEN.<em>Trait\u00e9 de la Prescription contre les H\u00e9r\u00e9tiques<\/em>. Introduction, texte critique, et notes de R. F. Refoul\u00e9.Trad. P. De Labriolle. Paris\u00a0: \u00c9ditions du Cerf, 1957.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00cdndice 1 Definici\u00f3n conceptual 2 Caminos irreconciliables 3 Nosotros, los nuestros y ellos, los herejes 4 Poner al descubierto y demostrar la herej\u00eda 5 Herej\u00eda como cuesti\u00f3n de Estado 1 Definici\u00f3n conceptual Herej\u00eda deriva de hairesis [\u03b1\u1f35\u03c1\u03b5\u03c3\u03b9\u03c2], una palabra griega del verbo hair\u00e9o [\u03b1\u1f31\u03c1\u03ad\u03c9], que tiene tres clases principales de significado: la primera indica la [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[195],"tags":[],"class_list":["post-2552","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-historia-del-cristianismo"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/teologicalatinoamericana.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/2552","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/teologicalatinoamericana.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/teologicalatinoamericana.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/teologicalatinoamericana.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/4"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/teologicalatinoamericana.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=2552"}],"version-history":[{"count":4,"href":"https:\/\/teologicalatinoamericana.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/2552\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":2660,"href":"https:\/\/teologicalatinoamericana.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/2552\/revisions\/2660"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/teologicalatinoamericana.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=2552"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/teologicalatinoamericana.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=2552"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/teologicalatinoamericana.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=2552"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}