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{"id":2072,"date":"2020-12-31T17:12:15","date_gmt":"2020-12-31T19:12:15","guid":{"rendered":"http:\/\/teologicalatinoamericana.com\/?p=2072"},"modified":"2021-02-11T18:51:39","modified_gmt":"2021-02-11T20:51:39","slug":"canon-da-sagrada-escritura-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/teologicalatinoamericana.com\/?p=2072","title":{"rendered":"Canon de la Sagrada Escritura"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\"><b>\u00cdndice<\/b><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Introducci\u00f3n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">1 Etimolog\u00eda, definici\u00f3n y presupuestos<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">2 El canon del Antiguo Testamento<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>2.1 El canon del Antiguo Testamento antes del acontecimiento Cristo<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>2.2 Despu\u00e9s del acontecimiento Cristo por jud\u00edos no cristianos<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>2.3 Despu\u00e9s del acontecimiento Cristo por los cristianos<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">3 El canon del Nuevo Testamento<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>3.1 Reconocimiento de los escritos cristianos como sagrados<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>3.2 La evoluci\u00f3n de las listas de textos sagrados cristianos<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Conclusi\u00f3n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Referencias<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Introducci\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El canon de las Escrituras es un tema tratado tradicionalmente por la Teolog\u00eda Fundamental y es un tema cl\u00e1sico de este tratado teol\u00f3gico. Su enfoque presupone el de la entrada <strong>Inspiraci\u00f3n e inerrancia<\/strong>. De hecho, el estudio del canon est\u00e1 vinculado al estudio del concepto teol\u00f3gico de inspiraci\u00f3n. Cronol\u00f3gicamente, la inspiraci\u00f3n de la Escritura vino antes de la elaboraci\u00f3n del canon b\u00edblico, que est\u00e1, por tanto, vinculado a la inspiraci\u00f3n de los libros por \u00e9l reconocidos (O&#8217;COLLINS, 1991, p.292). En el canon est\u00e1n aquellos escritos que ten\u00edan a Dios como su autor, es decir, que fueron divinamente inspirados (GIBERT; THEOBALD, 2007, p.39). Fuera de \u00e9l est\u00e1n aquellos escritos que, a pesar de su valor espiritual o hist\u00f3rico, no son inspirados, no tuvieron a Dios como autor.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Despu\u00e9s de analizar la etimolog\u00eda de la palabra \u201ccanon\u201d, su definici\u00f3n como concepto teol\u00f3gico y la explicaci\u00f3n de sus presupuestos, se estudiar\u00e1 el canon b\u00edblico del Antiguo y Nuevo Testamento.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>1 Etimolog\u00eda, definici\u00f3n y presupuestos<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La Sagrada Escritura fue escrita por innumerables autores humanos a lo largo de la historia del antiguo Israel hasta el siglo I despu\u00e9s de Cristo. Dichos autores compusieron libros que, aunque constitu\u00edan la \u00fanica Sagrada Escritura, se distingu\u00edan entre s\u00ed ya en la \u00e9poca del origen de cada uno. Los diversos libros han sido aceptados como referencia de fe por comunidades de creyentes tanto en el antiguo Israel como en el cristianismo. Esto se debi\u00f3 principalmente al uso, especialmente en el \u00e1mbito lit\u00fargico. Despu\u00e9s, la recepci\u00f3n comenz\u00f3 a expresarse mediante la elaboraci\u00f3n formal de listas de escritos. La palabra griega para designar una lista de tales escritos es \u03ba\u03b1\u03bd\u03ce\u03bd (kan\u00f3n) en su acepci\u00f3n derivada, que significa &#8220;regla&#8221; o &#8220;norma&#8221;. En el sentido propio, este t\u00e9rmino designaba una vara est\u00e1ndar utilizada por un alba\u00f1il o carpintero para medir espacios. Es una palabra pr\u00f3xima y relacionada con otro t\u00e9rmino griego antiguo, \u03ba\u03ac\u03bd\u03bd\u03b1 (k\u00e1nna), que significaba &#8220;ca\u00f1a&#8221;. En el origen remoto de esta palabra se encuentra el idioma sumerio, que entrar\u00eda en lenguas sem\u00edticas con la ra\u00edz <em>Qnh<\/em> (PERANI, 2000, p.390), que de esta manera influir\u00eda en lenguas como el acadio, el ugar\u00edtico, el hebreo antiguo. y \u00e1rabe (BROWN; COLLINS, 1990, p. 1035). En nuestro idioma, a trav\u00e9s de la transliteraci\u00f3n, existe con el mismo significado la forma \u201ccanon\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En teolog\u00eda, el canon es la lista completa de libros que componen la Biblia y que constituyen \u201cregla\u201d o \u201cnorma\u201d para la fe. Los escritos sagrados, tanto los producidos en tiempos de los ap\u00f3stoles como los que ellos recibieron de su herencia jud\u00eda, conforman una lista que se encuentra cerrada y que fue formalizada posteriormente a la \u00e9poca de los ap\u00f3stoles. La lista completa de libros tambi\u00e9n es un reconocimiento de que los otros escritos que no se encuentran all\u00ed no tienen autor\u00eda divina. Por haber sido en ellos reconocidos la exclusiva autor\u00eda divina, las Sagradas Escrituras sirven a los fieles de manera inigualable como gu\u00eda e instrucci\u00f3n en el encuentro con Jesucristo vivo, que es la Palabra- <em>Verbum<\/em> &#8211; por excelencia de Dios y que dialoga &#8211; real y no simb\u00f3licamente, con fieles de cada generaci\u00f3n cristiana. Por eso la lista de estos libros es &#8220;regla&#8221; y &#8220;norma&#8221; para la fe. Los libros que se encuentran en el canon de la Sagrada Escritura tienen para la fe y la vida de las personas una autoridad exigente a ser reconocida de modo definitivo (CAMPENHAUSEN, 1971, p.6).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El primer presupuesto del canon de las Escrituras es la revelaci\u00f3n divina. Este elemento constituye un fundamento hermen\u00e9utico en el acceso realizado por la comunidad de fe a los libros que se encuentran en el canon (AUWERS; DE JONGE, 2003, p.lxxxi). La existencia del canon presupone la recepci\u00f3n, por parte de la comunidad de fe, de ese proceso personalista de la revelaci\u00f3n del &#8220;Alguien&#8221; divino verificado en Israel, teniendo a Cristo como cumbre, proceso que, como acontecimiento vivo, trasciende. y est\u00e1 m\u00e1s all\u00e1 del &#8220;algo&#8221; que es la Biblia. La adopci\u00f3n, hecha con este presupuesto, de una determinada lista de libros como medida est\u00e1ndar fue el resultado de la conciencia, por parte de la comunidad de fe, del vivo proceso revelador en el que Dios se revel\u00f3 principalmente a lo largo de la historia del antiguo Israel y que alcanz\u00f3 la m\u00e1xima profundidad posible en el acontecimiento Jesucristo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El canon, la lista completa de libros que componen la Sagrada Escritura, no aparece en el contenido de ninguno de los libros de la Biblia. Por lo tanto, la segunda suposici\u00f3n del canon es la autoridad reveladora extrab\u00edblica que lo estableci\u00f3. La decisi\u00f3n que reconoci\u00f3 la lista de libros inspirados no est\u00e1 en s\u00ed misma garantizada por el carisma de la inspiraci\u00f3n b\u00edblica (GIBERT; THEOBALD, 2007, p.50).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La elaboraci\u00f3n de un canon con este serio reconocimiento de la fe ha representado hist\u00f3ricamente un proceso complejo, cuya consideraci\u00f3n se facilita al examinar por separado los procesos de reconocimiento de las dos partes principales de la Biblia: Antiguo y Nuevo Testamento.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>2 El canon del Antiguo Testamento<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La Iglesia Cat\u00f3lica Romana y varias iglesias ortodoxas reconocen el canon del Antiguo Testamento con 46 libros. Las iglesias reformadas y el juda\u00edsmo aceptan una versi\u00f3n abreviada de 39 libros, en este caso ordenados en diferentes secuencias y tambi\u00e9n agrupados de manera diferente. La diferencia de siete obras entre el canon de 46 libros y el canon de 39 se da por el reconocimiento o rechazo como textos inspirados de los libros de Tob\u00edas, Judit, 1 Macabeos, 2 Macabeos, Sabidur\u00eda, Eclesi\u00e1stico (Sir\u00e1cida) y Baruc, m\u00e1s partes de los libros de Daniel (Dn 3,24-90; 13-14) y Ester. En este \u00faltimo, dicha parte reconocida o rechazada corresponde, seg\u00fan la numeraci\u00f3n de la Vulgata, a Est 10.4-16.24. Sin embargo, en la numeraci\u00f3n de Nueva Vulgata, esta parte aparece fraccionada como: Est 1, 1a-1k; 3,13a-13h; 3,15a-15i; 4,17a-17kk; 5,2a-2p; 8.12a-12cc; 9.19a; 10.3a-3k. Los siete libros en cuesti\u00f3n, m\u00e1s las partes de los libros de Daniel y Ester, son llamados por los cat\u00f3licos deuterocan\u00f3nicos y por los protestantes ap\u00f3crifos<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Una tesis cl\u00e1sica para explicar la diferencia entre el canon de 46 libros y el canon de 39 fue lanzada por Herbert Ryle en 1892 en <em>The Canon of the Old Testament.<\/em> Seg\u00fan Ryle, a finales del siglo I d.C. ya exist\u00edan dos listas oficiales de libros sagrados en el juda\u00edsmo. La primera, el canon veterotestamentario de 46 libros, ser\u00eda precristiano del siglo II a. C. Se tratar\u00eda del canon de Alejandr\u00eda, que se encuentra en la Biblia de los Setenta o Septuaginta. La segunda, el canon veterotestamentario de 39 libros, solo habr\u00eda sido cerrado por jud\u00edos no cristianos despu\u00e9s del acontecimiento Jesucristo. Ser\u00eda el canon palestino, con solo libros en hebreo, establecido por rabinos en la ciudad de Jamnia despu\u00e9s de la destrucci\u00f3n del Templo de Jerusal\u00e9n en el 70 d.C. Pr\u00e1cticamente cada detalle de la tesis de Ryle ha sido objeto de serias cr\u00edticas y modificaciones (BROWN; COLLINS, 1990, p.1037). El estudio m\u00e1s preciso de la formaci\u00f3n del canon del Antiguo Testamento se divide en tres fases: 1) antes del acontecimiento Cristo; 2) despu\u00e9s de Cristo, pero fuera de la fe cristiana; 3) por cristianos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong><em>2.1 El canon del Antiguo Testamento antes del acontecimiento Cristo<\/em><\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Incluso antes de Jesucristo hubo esfuerzos por parte del pueblo hebreo para establecer una colecci\u00f3n de escritos denominada Sagrada Escritura. La definici\u00f3n m\u00e1s antigua de un canon la proporciona el antiguo traductor griego del Eclesi\u00e1stico (Sir\u00e1cida), originalmente escrito en hebreo (MANNUCCI, 1983, p.191). En el a\u00f1o 130 a. C., ese venerado traductor menciona tres veces en el pr\u00f3logo del libro los tres grupos o categor\u00edas de la divisi\u00f3n can\u00f3nica de la Biblia hebrea: \u201cla Ley, los Profetas y los dem\u00e1s Escritos\u201d, o incluso en la forma \u201cLey, Profetas y los dem\u00e1s libros\u201d(Sir, pr\u00f3logo). Esta divisi\u00f3n tripartita se conoci\u00f3, sin embargo, sin que las tres categor\u00edas estuvieran ya cerradas en cuanto a la lista de obras que las compon\u00edan (SCHNIEDEWIND, 2011, p.260).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El primer grupo fue la Ley (<em>Tor\u00e1<\/em>) o Pentateuco, que estaba definida, al menos, desde la \u00e9poca de Esdras (Esd 7,25-26), alrededor del 420 o 400 a.C., aunque en gran parte ya estaba escrito antes del exilio en Babilonia en el 597 a.C. (BROWN; COLLINS, 1990, p.1037). El estudio de manuscritos antiguos muestra que dichos textos de la Biblia hebrea, en uso en el per\u00edodo del Segundo Templo de Jerusal\u00e9n (entre 520 a. C. y 70 d. C.), no siempre son absolutamente id\u00e9nticos al posterior texto masor\u00e9tico, a veces se acercan m\u00e1s al texto griego. de la Biblia de los Setenta y al Pentateuco Samaritano.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El segundo grupo era aquel que el traductor griego del Eclesi\u00e1stico llama &#8220;Profetas&#8221; (<em>Nebi&#8217;im<\/em>). Esta categor\u00eda incluye lo que el juda\u00edsmo denomina &#8220;profetas anteriores&#8221; y los modernos llaman &#8220;obra deuteronomista de\u00a0 historia&#8221;: los libros de Josu\u00e9, Jueces, 1-2 Samuel y 1-2 Reyes (MANNUCCI, 1983, p.191). Es una colecci\u00f3n de naturaleza pre-ex\u00edlica. En los <em>Nebi&#8217;im<\/em> tambi\u00e9n se incluy\u00f3 lo que el juda\u00edsmo designa como &#8220;profetas posteriores&#8221;: Isa\u00edas, Jerem\u00edas, Ezequiel y los &#8220;Doce profetas&#8221;. Estos \u00faltimos abarcan lo que los cristianos llaman &#8220;profetas menores&#8221; con la excepci\u00f3n de Baruc. Los \u201cProfetas\u201d en su conjunto, compuestos por los textos tal como los conocemos hoy, compusieron un canon bien establecido, por lo menos, desde la \u00e9poca en que el original hebreo del libro del Eclesi\u00e1stico (no el pr\u00f3logo griego escrito m\u00e1s tarde por el traductor) fue escrito, alrededor del 180 a.C. (BROWN;\u00a0COLLINS, 1990, p.1037).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El tercer grupo era el de los &#8220;Escritos&#8221; (<em>Ketubim<\/em>). Esta categor\u00eda se refiere a un conjunto cuyo contenido en la era precristiana es dif\u00edcil de definir con precisi\u00f3n, y es el que m\u00e1s revuelo provoca en cuanto a su fijaci\u00f3n (MANNUCCI, 1983, p.191). La cl\u00e1sica tesis de Herbert Ryle, propuesta en 1892, sosten\u00eda que la traducci\u00f3n griega llamada Biblia de los Setenta reflejar\u00eda un canon jud\u00edo alejandrino m\u00e1s largo, establecido antes del acontecimiento Jesucristo. Seg\u00fan Ryle, este canon alejandrino comprender\u00eda los libros deuterocan\u00f3nicos junto con los &#8220;Escritos&#8221; poco tiempo y si la lista original de sus libros estuviera disponible. Sin embargo, la tesis de Ryle debe cambiarse debido al largo tiempo requerido para la traducci\u00f3n de la Septuaginta, sumado al hecho de que la relaci\u00f3n exacta de los libros que la compusieron en la era precristiana no se puede determinar con precisi\u00f3n (MANNUCCI, 1983, p. 192). La inexactitud de las referencias a los &#8220;Escritos&#8221; en el juda\u00edsmo incluso en el siglo I d.C. es una se\u00f1al m\u00e1s de que, en este contexto, el canon de &#8220;Escritos&#8221; no se defini\u00f3 rigurosamente antes del acontecimiento Jesucristo. (BROWN;\u00a0COLLINS, 1990, p.1039).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong><em>2.2 Despu\u00e9s del acontecimiento Cristo por jud\u00edos no cristianos<\/em><\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Despu\u00e9s del acontecimiento Jesucristo, los jud\u00edos no cristianos continuaron organizando la colecci\u00f3n de textos sagrados. Los expertos sugieren que la hostilidad hacia los cristianos habr\u00eda estimulado este trabajo para definir el canon jud\u00edo despu\u00e9s de Cristo. Otros sugieren que el \u00edmpetu para la definici\u00f3n provino de disputas internas en el juda\u00edsmo entre fariseos y sectas jud\u00edas de tendencia apocal\u00edptica como la de Qumr\u00e1n (BROWN;\u00a0COLLINS, 1990, p.1040).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El descubrimiento de los manuscritos del Mar Muerto a partir de 1947 permiti\u00f3 una mirada precisa a la situaci\u00f3n del canon del Antiguo Testamento alrededor del a\u00f1o 70 d.C., cuando esos manuscritos fueron escondidos all\u00ed. &#8220;La biblioteca de Qumr\u00e1n da la impresi\u00f3n de una cierta selectividad, pero dif\u00edcilmente de una distinci\u00f3n precisa entre un canon cerrado y los dem\u00e1s textos&#8221; (BROWN; COLLINS, 1990, p.1041).\u00a0 Se encuentran en Qumr\u00e1n tanto la Ley como los Profetas y los Escritos, faltando el libro de Ester. Existen numerosos libros extracan\u00f3nicos. De los Deuterocan\u00f3nicos, est\u00e1n presentes parte de Baruc, as\u00ed como Tob\u00edas y Eclesi\u00e1stico. Sobre este \u00faltimo, fue tambi\u00e9n descubierto un pergamino en hebreo en 1964 en las ruinas de la fortaleza de Masada, lo que indica su gran importancia para aquellos jud\u00edos (MANNUCCI, 1983, p.194).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A finales del siglo I d.C., el historiador Flavio Josefo afirm\u00f3 que los jud\u00edos de la \u00e9poca ten\u00edan libros sagrados considerados como tales debido a su origen divino (BROWN; COLLINS, 1990, p.1039). Josefo testifica que, en ese momento, hab\u00eda un canon jud\u00edo acogido con veneraci\u00f3n, pero que a\u00fan no estaba definido con absoluta precisi\u00f3n (MANNUCCI, 1983, p.193).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La afirmaci\u00f3n de la tesis cl\u00e1sica de Herbert Ryle de que un canon jud\u00edo palestino m\u00e1s corto (correspondiente al canon actual de 39 libros) habr\u00eda sido fijado por rabinos en Jamnia despu\u00e9s del 70 d. C. tambi\u00e9n debe cambiarse. En Jamnia, funcionaba una escuela dedicada al estudio de la <em>Tor\u00e1<\/em>, y all\u00ed los rabinos ten\u00edan funciones de direcci\u00f3n dentro de la comunidad jud\u00eda. Sin embargo, no hubo ning\u00fan s\u00ednodo de rabinos all\u00ed, un \u201cconcilio de Jamnia\u201d (THEOBALD, 1990, p.140). Tampoco hay evidencia de que se haya elaborado all\u00ed una lista de libros sagrados (MANNUCCI, 1983, p. 195). La posici\u00f3n m\u00e1s segura hoy en d\u00eda es que, hasta fines del siglo II d.C., en la esfera jud\u00eda, no se estableci\u00f3 ning\u00fan canon equivalente a los 39 libros del actual canon veterotestamentario abreviado que excluyese escritos en griego (BROWN; COLLINS, 1990, p.1040). Adem\u00e1s, la hip\u00f3tesis del origen griego de los deuterocan\u00f3nicos se vio comprometida al demostrar que una parte relevante de ellos hab\u00eda sido escrita originalmente en hebreo y que la mayor\u00eda de estas obras hab\u00edan sido aceptadas por una parte de jud\u00edos palestinos no cristianos (AUWERS; DE JONGE , 2003, p\u00e1g. Xviii).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">As\u00ed, la fijaci\u00f3n del canon por parte de jud\u00edos no cristianos no se produjo hasta principios del siglo II d.C. (PERANI, 2000, p.399). La raz\u00f3n \u00faltima por la que el juda\u00edsmo no cristiano limit\u00f3 su canon a los libros m\u00e1s antiguos puede haber sido el enfrentamiento con los cristianos, con el prop\u00f3sito de establecer una contraposici\u00f3n judeo-palestina m\u00e1s eficaz al esfuerzo de los cristianos, que a lo largo del siglo II d.C. asumieron un canon m\u00e1s amplio basado en la versi\u00f3n griega de la Biblia de los Setenta (MANNUCCI, 1983, p. 195).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong><em>2.3 Despu\u00e9s del acontecimiento Cristo por los cristianos<\/em><\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los cristianos, tanto de origen jud\u00edo como pagano, comenzaron a hacer esfuerzos para definir la lista de libros sagrados precristianos. En este trabajo utilizaron el acontecimiento de Jes\u00fas como clave de lectura, lo que provoc\u00f3 una inflexi\u00f3n hermen\u00e9utica (GIBERT; THEOBALD, 2007, p.18). Para ellos, \u201cel hecho constituido por Cristo [era &#8230;] como una clave escrita al principio de la partitura y que lo determina todo\u201d (LOHFINK, 1964, p.172). Un pasaje del Evangelio de Juan &#8211; \u201cEscudri\u00f1ad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas ten\u00e9is la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de m\u00ed;\u201d (Jn 5,39) &#8211; refleja apropiadamente esta visi\u00f3n de los antiguos cristianos al considerar la Ley, los Profetas y los Escritos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se manifiesta desde ese m\u00e1s remoto origen el paradigma personalista de revelaci\u00f3n con el que los cristianos de los primeros siglos conceb\u00edan la autocomunicaci\u00f3n de Dios e interpretaban los Libros Sagrados. Para ellos, la Palabra de Dios por excelencia era Jesucristo<em>, Christus praesens<\/em> &#8211; Cristo presente &#8211; en la vida de las comunidades y de los fieles. En relaci\u00f3n con \u00c9l, cualquier Libro Sagrado era referido solo referido anal\u00f3gicamente como Palabra de Dios. La Sagrada Escritura como Palabra de Dios anal\u00f3gica estaba totalmente subordinada a aquel que es\u00a0 la Palabra de Dios en sentido estricto y riguroso, la segunda persona divina invocada en las aclamaciones al &#8220;Padre, Hijo y Esp\u00edritu Santo\u201d. Se estaba lejos en este caso, del paradigma cosificado de la revelaci\u00f3n que, en el segundo milenio, predominar\u00eda en el cristianismo en general y traer\u00eda consigo la preocupaci\u00f3n por determinar las letras exactas, la graf\u00eda y la fraseolog\u00eda del texto b\u00edblico, cuando \u00e9ste pasase, tard\u00edamente, a ser comprendido como inmenso dep\u00f3sito de palabras divinamente reveladas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hasta fines del siglo II, no exist\u00eda un canon veterotestamentario exacto y universalmente aceptado entre los cristianos. A partir de entonces, en paralelo con la progresiva fijaci\u00f3n del canon hebreo entre los jud\u00edos no cristianos, los cristianos tomaron dos caminos para establecer el canon del Antiguo Testamento (BROWN; COLLINS, 1990, p.1042). Por un lado, esto se dio por repercusi\u00f3n opuesta, incluyendo en el AT tanto libros protocan\u00f3nicos como deuterocan\u00f3nicos con base en la Biblia de los Setenta. Un ejemplo es Justino M\u00e1rtir, que no ten\u00eda origen jud\u00edo. Afirm\u00f3 que se deber\u00eda tener como parte de la Sagrada Escritura todo lo que se encuentra en griego en la Biblia de los Setenta, incluso lo que los jud\u00edos no cristianos exclu\u00edan (<em>Dialogus cum Thryphone<\/em>, n. 71). Or\u00edgenes, seg\u00fan el relato de Eusebio de Ces\u00e1rea, incluy\u00f3 en la lista de libros sagrados los deuterocan\u00f3nicos Ester y 1-2 Macabeos (<em>Historiae Ecclesiasticae<\/em> VI, 25). El <em>C\u00f3dice Vaticano<\/em>, un manuscrito de la Biblia griega de principios del siglo IV, presenta los libros de Tob\u00edas, Judit, Baruc, Eclesi\u00e1stico y Sabidur\u00eda. El <em>C\u00f3dice Sina\u00edtico<\/em> de mediados del siglo IV es fragmentario en relaci\u00f3n con el Antiguo Testamento, pero incluye los libros Deuterocan\u00f3nicos de Tob\u00edas, Judith, 1 Macabeos, Eclesi\u00e1stico y Sabidur\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por otro lado, en \u00e1mbitos cristianos que viv\u00edan en contacto con comunidades jud\u00edas no cristianas, en ocasiones hubo una repercusi\u00f3n en sinton\u00eda. En estos ambientes, se avanz\u00f3 hacia una concepci\u00f3n abreviada del canon del AT en la que uno de los criterios era la presunta originalidad en idioma hebreo del libro. Melit\u00f3n, un jud\u00edo convertido al cristianismo y obispo de Sardes, proporcion\u00f3 a fines del siglo II el primer canon veterotestamentario cristiano que conocemos, a\u00fan m\u00e1s restringido que el canon abreviado de 39 libros por excluir el libro de Ester. La descripci\u00f3n sobre Melit\u00f3n la proporciona Eus\u00e9bio de Ces\u00e1rea en la <em>Historia Eclesi\u00e1stica<\/em>, en la que se reproduce la lista (<em>Historiae Ecclesiasticae<\/em> IV, 26). Autores cristianos entre el siglo IV y principios del V, como Cirilo de Jerusal\u00e9n, Atanasio y Jer\u00f3nimo, favorecen el canon abreviado, pero de una manera que debe matizarse. Cirilo de Jerusal\u00e9n (EB 9) y Atanasio (EB 14) enumeran el canon abreviado, pero incluyen el deuterocan\u00f3nico Baruc. Jer\u00f3nimo cita a menudo libros deuterocan\u00f3nicos, lo que demuestra el valor que estos libros ten\u00edan para \u00e9l (MANNUCCI, 1983, p.197). Jer\u00f3nimo, adem\u00e1s, comenta en el prefacio de la traducci\u00f3n del libro de Tob\u00edas: \u201cCreo que es mejor desagradar la decisi\u00f3n de los fariseos y servir a lo que determinaron los obispos\u201d (<em>Praefatio in Tobiam<\/em>, c.25).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las determinaciones de las obispos mencionadas por Jer\u00f3nimo hab\u00edan sido tomadas en varios concilios y reflejaban el <em>sensus fidelium<\/em> de la \u00e9poca. La mayor\u00eda de las veces, optaron por un canon largo. En el a\u00f1o 360 d. C., el s\u00ednodo de Laodicea promulg\u00f3 una serie de decretos. En el \u00faltimo de ellos, el n\u00famero 60, el s\u00ednodo defini\u00f3 un canon abreviado, que, a diferencia de Melit\u00f3n, inclu\u00eda el libro de Ester y tambi\u00e9n el libro deuterocan\u00f3nico de Baruc (EB 11). El examen hist\u00f3rico de hoy arroja dudas sobre la autenticidad de este sexag\u00e9simo decreto de Laodicea (GONZAGA, 2019, p.90). Poco despu\u00e9s, en 382, \u200b\u200bel S\u00ednodo de Roma defini\u00f3, con el <em>Decretum Damasi,<\/em> un canon largo con los Deuterocan\u00f3nicos, pero sin Ester ni Baruc (DH 179). A fines del siglo IV, la traducci\u00f3n de la Vulgata encargada por el Papa D\u00e1maso a Jer\u00f3nimo tra\u00eda todos los deuterocan\u00f3nicos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Contempor\u00e1neamente en \u00c1frica, los S\u00ednodos de Hipona, en el 393, y Cartago, en el 397 (DH 186) y 419 (GONZAGA, 2019, p.180), siguieron la l\u00ednea de la Vulgata, pero no mencionan el libro de Baruc. \u00c9sta fue la posici\u00f3n de Agust\u00edn, cuya autoridad contribuy\u00f3 decisivamente a determinar las discusiones sobre el canon en el \u00e1mbito occidental (BROWN; COLLINS, 1990, p.1036). Agust\u00edn enumera las obras del canon con los libros deuterocan\u00f3nicos sin Baruc (AUGUSTINE, <em>De doctrina christiana<\/em> II, 8.13). La misma l\u00ednea de aceptaci\u00f3n de estas obras dentro del AT se manifiesta en el 405 en la carta del Papa Inocencio I a Exuperio, obispo de Toulouse, en Francia. En cuanto a los profetas, la carta de Inocencio I habla gen\u00e9ricamente de \u201cdiecis\u00e9is libros de los profetas\u201d, lo que parece excluir a Baruc e incluir solo a Isa\u00edas, Jerem\u00edas, Ezequiel, Daniel y los doce profetas menores (DH 213). Aproximadamente en 495, el <em>Decretum Gelasii<\/em> enumera los deuterocan\u00f3nicos en el AT, tambi\u00e9n con la excepci\u00f3n de Baruc (EB\u00a026).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En los \u00faltimos siglos del primer milenio, hubo un cambio en el cristianismo en la comprensi\u00f3n del paradigma de la revelaci\u00f3n, que tendr\u00e1 efectos en la consideraci\u00f3n del canon b\u00edblico. Pasa del paradigma personalista de la revelaci\u00f3n al paradigma cosificado. Ahora, siguiendo el paradigma cosificado de la revelaci\u00f3n, \u00e9sta se conceb\u00eda como resultado de la transmisi\u00f3n de un inmenso conjunto de palabras (algo) de origen divino que estar\u00edan disponibles como revelaci\u00f3n a los fieles en el tiempo antes de la muerte. Tal era el paradigma de la revelaci\u00f3n, por ejemplo, de la teolog\u00eda escol\u00e1stica. Este cambio en la concepci\u00f3n de la revelaci\u00f3n producir\u00e1 cambios en la comprensi\u00f3n del canon b\u00edblico. En lugar de encontrar de manera viva a Aquel que es la Palabra de Dios por excelencia, Cristo, a trav\u00e9s de la fiel orientaci\u00f3n del registro de la revelaci\u00f3n en la Sagrada Escritura, entrar\u00eda en vigor\u00a0\u00a0 la preocupaci\u00f3n por esclarecer rigurosamente los libros, en sus letras, graf\u00edas y fraseolog\u00edas exactas,\u00a0 que compondr\u00edan el dep\u00f3sito de palabras divinamente reveladas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En cuanto al canon b\u00edblico, un hito en el segundo milenio fue el sacerdote cat\u00f3lico ingl\u00e9s John Wycliffe. En 1378, afirm\u00f3 el principio de la suficiencia reveladora de la Sagrada Escritura (WYCLIFFE, 1905, p.181; 1906, p.131). Concebido seg\u00fan los moldes del paradigma cosificado de la revelaci\u00f3n, este principio de la suficiencia reveladora de la Biblia (o <em>sola Scriptura<\/em>, como se llamar\u00eda m\u00e1s tarde) rechazaba cualquier otra cosa que no estuviese en la Biblia como revelaci\u00f3n divina. Con eso en mente, Wycliffe realiz\u00f3 la primera traducci\u00f3n de la Biblia (de la Vulgata) al ingl\u00e9s con el prop\u00f3sito de hacer m\u00e1s accesible la revelaci\u00f3n divina. Su traducci\u00f3n incluy\u00f3 los deuterocan\u00f3nicos en el Antiguo Testamento, pero en el pr\u00f3logo solo conten\u00eda la lista can\u00f3nica abreviada de 39 libros, con la declaraci\u00f3n de que cualquier libro del Antiguo Testamento, que no sea uno de esos deber\u00eda considerarse ap\u00f3crifo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">John Wycliffe no se dio cuenta de la incoherencia l\u00f3gica de que tales juicios sobre el canon extrapolan el principio de la suficiencia reveladora de la Biblia, o <em>sola Scriptura<\/em>. Dado que el propio texto sagrado\u00a0 no incluye en ninguno de sus libros la lista de t\u00edtulos que deben ser parte de la Biblia, quien apoya la exclusi\u00f3n de cualquier libro de la categor\u00eda de la Sagrada Escritura hace uso de una autoridad reveladora que no se encuentra en la Biblia sino fuera de ella.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En siglos posteriores, la discusi\u00f3n del canon del AT se reabrir\u00eda nuevamente (\u00bf46 libros o 39?), Pero ahora acoplada, aunque sea l\u00f3gicamente incoherente, con un argumento t\u00edpico del paradigma cosificado de la revelaci\u00f3n: el de la revelaci\u00f3n como <em>sola Scriptura<\/em>. En el siglo XVI, las ideas de John Wycliffe ganar\u00edan vigor con Mart\u00edn Lutero. El pensamiento de Lutero estuvo motivado, entre otros elementos, por la idea de la suficiencia de la Biblia como revelaci\u00f3n divina. Para hacer m\u00e1s accesible esta revelaci\u00f3n divina, Mart\u00edn Lutero public\u00f3 la Biblia traducida al alem\u00e1n en Wittenberg. La primera edici\u00f3n del conjunto completo de libros b\u00edblicos tuvo lugar en 1534, aunque en a\u00f1os anteriores se hab\u00edan hecho impresiones que conten\u00edan partes de la Biblia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En la <em>Biblia de Lutero<\/em>, los siete libros deuterocan\u00f3nicos m\u00e1s los pasajes deuterocan\u00f3nicos de Daniel y Ester fueron desplazados de ubicaci\u00f3n, agrupados y colocados como un ap\u00e9ndice en una secci\u00f3n intermedia entre el Antiguo y el Nuevo Testamento. Tales escritos fueron designados all\u00ed como ap\u00f3crifos, seguidos de la explicaci\u00f3n de que se trataba de escritos que no eran lo mismo que la Sagrada Escritura, pero que aun as\u00ed eran \u00fatiles y apropiados para la lectura (BROWN; COLLINS, 1990, p.1042). Este ap\u00e9ndice fue posteriormente excluido de las ediciones protestantes de la Biblia. En la Reforma, el canon abreviado aparece expresado en detalle como una lista de 39 libros en confesiones nacionales como la <em>Confessio Fidei Gallicana<\/em>, 1559, la <em>Confessio Belgica<\/em>, 1561, la <em>Confessio Anglicana<\/em>, 1563 y la <em>Confesi\u00f3n de Fe de Westminster<\/em>, 1646.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En 1546, el Concilio de Trento abord\u00f3 la cuesti\u00f3n del canon b\u00edblico. En ese momento, \u00e9l promulg\u00f3 su decisi\u00f3n a favor del canon veterotestamentario largo. El Concilio de Trento, sin embargo, mantuvo el mismo paradigma cosificado de revelaci\u00f3n que, caracter\u00edstico del escolasticismo, tambi\u00e9n defend\u00edan John Wycliffe y los reformadores del siglo XVI. El texto del decreto presenta la lista de libros que componen el canon largo del AT con todos los deuterocan\u00f3nicos (DH\u00a01502).<\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al aceptar el canon largo, Trento parece haber conservado la aut\u00e9ntica memoria de la \u00e9poca de los or\u00edgenes cristianos, mientras que los otros grupos cristianos [reformados], en un intento de volver al cristianismo primitivo, se contentaron con el canon abreviado de jud\u00edos [no cristianos] que, si los investigadores protestantes como A.C. Sundberg y J.P. Lewis tuviesen raz\u00f3n, habr\u00eda sido creaci\u00f3n de un per\u00edodo posterior. (BROWN;\u00a0COLLINS, 1990, p.1042)<\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aproximadamente tres siglos despu\u00e9s, en 1870, el Concilio Vaticano I confirmar\u00eda la decisi\u00f3n del Concilio de Trento sobre el canon largo (DH 3006 y 3029). En 1965, el Concilio Vaticano II considerar\u00eda ya asentada la decisi\u00f3n de Trento con respecto al canon del Antiguo Testamento y, por lo tanto, no vio la necesidad de explicar su contenido. Sin embargo, habiendo dejado de lado el concepto de revelaci\u00f3n divina cosificada, el Vaticano II rescat\u00f3, en la Constituci\u00f3n <em>Dei Verbum<\/em>, el paradigma personalista de la revelaci\u00f3n caracter\u00edstico del \u201cdep\u00f3sito de la fe\u201d, es decir, del mismo Cristo y de los ap\u00f3stoles, as\u00ed como de la Iglesia en los primeros siglos de la era cristiana. Ahora, teniendo en mente nuevamente esta concepci\u00f3n personalista de la revelaci\u00f3n, el Vaticano II alude al hecho de que el texto sagrado escrito en la antig\u00fcedad no contiene la lista de los libros can\u00f3nicos b\u00edblicos y que, para determinar tal lista, es inevitable utilizar una autoridad reveladora viva que no se encuentra en la Sagrada Escritura, sino fuera de ella: \u201cmediante la Tradici\u00f3n, la Iglesia conoce todo el canon de los libros sagrados [&#8230; porque] Dios, que en otros momentos\u00a0 habl\u00f3, dialoga sin interrupci\u00f3n con la esposa de su amado Hijo\u201d (<em>Dei Verbum<\/em> n.8).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em><strong>3 El canon del Nuevo Testamento<\/strong><\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las primeras comunidades cristianas ten\u00edan escritos que consideraban sagrados, recibidos de su herencia jud\u00eda. En su hermen\u00e9utica de estos escritos, utilizaron la clave de lectura proporcionada por el evento de la vida, muerte y resurrecci\u00f3n de Cristo. Poco a poco estas primeras comunidades empezaron a escribir sus propios textos a la luz del acontecimiento de Jesucristo. La definici\u00f3n de un canon para estos nuevos escritos signific\u00f3 la elecci\u00f3n de algunos y la exclusi\u00f3n de otros. El cristianismo en general &#8211; ortodoxo, cat\u00f3lico y reformado &#8211; ha reconocido el canon de 27 libros del Nuevo Testamento durante siglos: cuatro evangelios, m\u00e1s los \u00a0Hechos de los Ap\u00f3stoles, catorce cartas espec\u00edficas en el <em>corpus paulinum<\/em>, siete cartas cat\u00f3licas o universales (de Santiago, Pedro, Juan y Judas) y el Apocalipsis de Juan. Hubo un proceso fuera de la Sagrada Escritura cuyo resultado &#8211; el canon &#8211; no fue escrito por ninguno de los hagi\u00f3grafos y no se encuentra dentro de ninguno de los libros de la Biblia. La historia de este proceso en los primeros seis siglos de la era cristiana es compleja. Se debe descartar una hip\u00f3tesis simplista porque se demostr\u00f3 falsa: la de que en un principio habr\u00eda habido una fase de reconocimiento pac\u00edfico de los 27 libros, pero que habr\u00eda sido seguida por un per\u00edodo de duda, para finalmente volver al reconocimiento inicial (MANNUCCI, 1983, p.205<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong><em>3.1 Reconocimiento de los escritos cristianos como sagrados<\/em><\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El sustantivo griego \u03b4\u03b9\u03b1\u03b8\u03ae\u03ba\u03b7 (<em>diath\u00e9ke<\/em>) se puede traducir como &#8220;alianza&#8221; o &#8220;testamento&#8221;, y \u03ba\u03b1\u03b9\u03bd\u1f74 (<em>kain\u00e9<\/em>) es el adjetivo &#8220;nueva&#8221;. La <em>kain\u00e9 diath\u00e9ke<\/em> (Nueva Alianza o Nuevo Testamento) es una f\u00f3rmula importante utilizada por los cristianos desde el principio para referirse al hecho revelador total que se manifest\u00f3 en el acontecimiento de Jesucristo. En los primeros siglos, la expresi\u00f3n &#8220;Nueva Alianza&#8221; o &#8220;Nuevo Testamento&#8221; ten\u00eda un alcance m\u00e1s amplio que la designaci\u00f3n de los 27 libros del canon del NT, y significaba el acontecimiento de la vida, muerte y resurrecci\u00f3n de Cristo. Por ejemplo, Pablo habla de su actividad misionera diciendo que es \u201ccapaz de ejercer el ministerio de la Nueva Alianza [<em>kain\u00e9 diath\u00e9ke<\/em>]\u201d (2Cor 3,6), refiri\u00e9ndose con esa expresi\u00f3n a la amplia realidad manifestada en el acontecimiento de Jesucristo. Luego recuerda el hecho revelador del antiguo Israel y la Alianza Mosaica registrados en los libros que componen la Tor\u00e1: \u201cHasta hoy, cuando [los israelitas] leen el Antiguo Testamento [<em>palai\u00e1 diath\u00e9ke<\/em>, en el sentido de Antigua alianza\u2026. ] \u201d(2Cor 3.14). En este pasaje, la expresi\u00f3n &#8220;Antiguo Testamento&#8221; o &#8220;Antigua Alianza&#8221; es un &#8220;t\u00e9rmino para designar la Ley [que] fue inventado por Pablo para subrayar que se hab\u00eda superado la revelaci\u00f3n hecha a Mois\u00e9s&#8221; (MURPHY-O&#8217;CONNOR, 1990 , p\u00e1g. 820).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En la exposici\u00f3n paulina, la realidad designada como nueva (Nueva Alianza o Nuevo Testamento en el pasaje de 2Cor 3,6) sit\u00faa la reflexi\u00f3n sobre la <em>palai\u00e1 diath\u00e9ke<\/em> (Antigua Alianza o Antiguo Testamento) en el mismo amplio horizonte de comprensi\u00f3n del t\u00e9rmino <em>diath\u00e9ke<\/em>. Desde el punto de vista de la exactitud de las fuentes, ser\u00eda un anacronismo pensar que Pablo tuviese all\u00ed como impl\u00edcita una \u201ccosa\u201d, la lista de 27 libros que m\u00e1s tarde se llamar\u00eda Nuevo Testamento.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El horizonte m\u00e1s amplio de comprensi\u00f3n de la expresi\u00f3n \u201cNuevo Testamento\u201d debe mantenerse al considerar la elaboraci\u00f3n del canon neotestamentario pues se mantuvo en los tiempos en que se estaba formando. En la era patr\u00edstica, un autor que utiliza el horizonte m\u00e1s amplio de <em>kain\u00e9 diath\u00e9ke<\/em> es Ireneo de Lyon, en 180 d.C. en <em>Adversus Haereses<\/em>. En el cuarto y \u00faltimo libro de esta obra, el obispo de Lyon aborda con frecuencia el tema de las dos Alianzas. En Ireneo, la referencia a las dos Alianzas no equivale al uso que hacemos hoy de las f\u00f3rmulas &#8220;Antiguo Testamento&#8221; y &#8220;Nuevo Testamento&#8221;. \u00c9l se refiere a los acontecimientos de las dos Alianzas, la del antiguo Israel y la nueva en Cristo, manifestadas en la historia del pueblo hebreo. Por lo tanto, la tesis de que Ireneo invent\u00f3 la f\u00f3rmula &#8220;Nuevo Testamento&#8221; para referirse a la lista de escritos cristianos reconocidos como sagrados no puede sustentarse.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ya a mediados del siglo II, hab\u00eda testimonios de que los escritos redactados por cristianos eran reconocidos como sagrados. Hay, en las obras de Justino M\u00e1rtir, claros indicios del reconocimiento de escritos cristianos en la misma categor\u00eda de sagrados en la que se encontraban los escritos jud\u00edos precristianos (MANNUCCI, 1983, p.203). Al hablar de textos cristianos \u00e9l se refiere a un conjunto denominado \u201cMemorias de los Ap\u00f3stoles\u201d en cuyo t\u00edtulo el genitivo indica la autor\u00eda (FIALOVA, 2016, p.169, 171). Tales \u201cMemorias\u201d eran compuestas por los evangelios de Mateo, Marcos, Lucas y Juan (FIALOVA, 2016, p.173). Justino comenta que estas &#8220;Memorias de los ap\u00f3stoles&#8221; se &#8220;llaman Evangelios&#8221; (Apolog\u00eda I, 66).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La indicaci\u00f3n del reconocimiento de la naturaleza sagrada de estos escritos se encuentra a continuaci\u00f3n. Justino informa que el &#8220;d\u00eda del sol&#8221;, el primer d\u00eda de la semana, los cristianos de la ciudad y el campo se reun\u00edan y hac\u00edan \u201cla lectura de las Memorias de los Ap\u00f3stoles y de los Escritos de los Profetas&#8221; (Apolog\u00eda I, 67). Despu\u00e9s de estas lecturas, eran compartidos el pan y el vino eucar\u00edsticos por el presidente de la celebraci\u00f3n y se realizaba la acci\u00f3n de gracias. En Justino, se ve que las &#8220;Memorias de los Ap\u00f3stoles&#8221; o &#8220;Evangelios&#8221; ten\u00edan el mismo car\u00e1cter sagrado que las Sagradas Escrituras que se hab\u00edan recibido del antiguo Israel (FIALOVA, 2016, p.177).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong><em>3.2 La evoluci\u00f3n de las listas de textos sagrados cristianos<\/em><\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La lista m\u00e1s antigua de textos sagrados cristianos actualmente conocida es el <em>Fragmento de Muratori<\/em>. El documento representa el uso, a fines del siglo II en Roma, de los escritos cristianos all\u00ed reconocidos como Sagrada Escritura (MANNUCCI, 1983, p.204). Se trata de un fragmento de manuscrito latino del siglo VII en el que faltan las partes inicial y final. La cr\u00edtica textual indica que fue traducida de un original griego. El <em>Fragmento de Muratori<\/em> est\u00e1 fechado a finales del siglo II porque se refiere a P\u00edo, obispo de Roma de 140 a 155, como reciente. Los cr\u00edticos en la l\u00ednea de Albert Sundberg sostienen que el original del <em>Fragmento de Muratori<\/em> ser\u00eda del siglo IV, pero los argumentos no se sostienen (AUWERS; DE JONGE, 2003, p.315). Falta la parte inicial del documento y no habla de los evangelios de Mateo y Marcos, pero Lucas y Juan se mencionan en las primeras l\u00edneas como el tercer y cuarto evangelio. Adem\u00e1s de los cuatro evangelios y los Hechos de los Ap\u00f3stoles, la lista establece que las trece cartas paulinas, la Primera y Segunda Carta de Juan, la Carta de Judas y el Apocalipsis de Juan deben ser aceptadas. El documento relata que debe ser aceptado un <em>Apocalipsis de Pedro<\/em>, pero se\u00f1ala que algunos en Roma lo rechazan. El <em>Fragmento de Muratori<\/em> no menciona la Carta a los Hebreos, la Carta de Santiago, la Primera y Segunda Carta de Pedro o la Tercera Carta de Juan, e indica algunos libros que no deben leerse en la Iglesia, incluyendo el Pastor de Hermas. (EB\u00a01-7).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">S\u00f3lo a partir del siglo IV empez\u00f3 a llegar una consistente diversidad de testimonios sobre el canon del NT. A principios de ese siglo, Eus\u00e9bio de Ces\u00e1rea nos da noticia de la lista que habr\u00eda sido reconocida por Or\u00edgenes en la primera mitad del siglo III (MANNUCCI, 1983, p.204). Est\u00e1n en ella presentes los cuatro Evangelios y los Hechos de los Ap\u00f3stoles, la Carta a los Hebreos, Apocalipsis, la Primera y Segunda Carta de Pedro (pero arrojando dudas sobre la segunda), tres cartas de Juan (poniendo en entredicho las dos \u00faltimas) y un n\u00famero indeterminado de cartas de Pablo. No se menciona la carta de Santiago o la Carta de Judas (<em>Historiae Ecclesiasticae<\/em> VI, 25).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En otra parte de su obra, Eus\u00e9bio aborda el tema de los libros cristianos que ser\u00edan fidedignos, refiri\u00e9ndose a ellos como &#8220;libros del Nuevo Testamento&#8221; (<em>Historiae Ecclesiasticae<\/em> III, 25). B\u00e1sicamente, repite el elenco anterior que fue reconocido por Or\u00edgenes (MANNUCCI, 1983, p.204). La diferencia es que ahora, hablando por s\u00ed mismo, Eus\u00e9bio comenta que la Carta de Santiago y la Carta de Judas tambi\u00e9n est\u00e1n en la categor\u00eda de dudosas. Testimonia, sin embargo, que ambas estaban siendo empleadas regularmente en varias iglesias (BROWN; COLLINS, 1990, p.1051). Adem\u00e1s, advierte de una tercera categor\u00eda de libros que, a pesar de ser piadosos, no tienen su origen en el \u00e1mbito de los ap\u00f3stoles, como <em>Hechos de Pablo, Pastor de Hermas, Apocalipsis de Pedro, Carta de Bernab\u00e9 <\/em>y las<em> Instituciones de los Ap\u00f3stoles<\/em>. Finalmente, enumera una cuarta categor\u00eda de obras que se alejaban enormemente de la ortodoxia y que, por lo tanto, deber\u00edan ser repudiadas. En esta categor\u00eda incluy\u00f3 una serie de escritos que, recibiendo el nombre de \u201cEvangelios\u201d, fueron atribuidos err\u00f3neamente a Pedro, Tom\u00e9, Mat\u00edas y Andr\u00e9 y difundidos por cristianos herejes. (<em>Historiae Ecclesiasticae<\/em> III, 25).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Contempor\u00e1nea a estas listas es la de Cirilo de Jerusal\u00e9n, aproximadamente del a\u00f1o 350, en la que enumera los libros cristianos que se le\u00edan en la Iglesia. Advierte que solo cuatro son los evangelios leg\u00edtimos. Los otros escritos con ese nombre, como el <em>Evangelio de Tom\u00e1s<\/em>, disfrazados \u201ccon la tinta exterior y el perfume del nombre del Evangelio, enga\u00f1an a las almas de los m\u00e1s ingenuos\u201d (EB 10). Cirilo contin\u00faa y enumera entre los otros textos leg\u00edtimos los Hechos de los Ap\u00f3stoles, la Carta de Santiago, la Segunda y Tercera Carta de Pedro, las tres Cartas de Juan, la Carta de Judas y catorce cartas paulinas (estas sin especificaci\u00f3n individual). No menciona el Apocalipsis (EB 10). Una lista como \u00e9sta es la elaborada en 360 por el Concilio de Laodicea, que guarda silencio sobre el Apocalipsis de Juan. El canon de Laodicea especifica una a una las catorce cartas paulinas (EB\u00a013).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Otros testimonios relevantes son del mismo per\u00edodo a lo largo del siglo IV. El <em>C\u00f3dice Vaticano <\/em>presenta un <em>corpus paulinum<\/em> en el que faltan la Primera y Segunda Carta a Timoteo, la Carta a Tito y la Carta a Filem\u00f3n, adem\u00e1s de no presentar el libro del Apocalipsis. El <em>C\u00f3dice Sina\u00edtico<\/em>, a su vez, presenta los 27 libros del NT m\u00e1s la Carta de Bernab\u00e9 y el Pastor de Hermas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Adem\u00e1s de los c\u00f3dices con el texto b\u00edblico actual, hay testimonios proporcionados por listas nominales de libros b\u00edblicos sin su texto. Uno de ellos es el <em>Canon de Mommsem<\/em>. Theodor Mommsen public\u00f3, en 1890, el descubrimiento de una lista esticom\u00e9trica de los libros b\u00edblicos utilizado por copistas africanos a mediados del siglo IV para calcular el precio de un ejemplar\u00a0 de la Biblia cristiana (AUWERS; DE JONGE, 2003, p.154) . El <em>Canon de Mommsen<\/em> no habla de la Carta a los Hebreos, de la de Santiago ni de la de Judas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En la segunda mitad del siglo IV, se encuentra en Atanasio de Alejandr\u00eda y en los S\u00ednodos de Roma, Hipona y Cartago una concordancia sobre la lista de 27 libros de origen cristiano para ser le\u00eddos en las actividades lit\u00fargicas (MANNUCCI, 1983, p.204). La Carta 39 de Atanasio, escrita en el 367, define un canon detallado del NT (EB 15). El S\u00ednodo de Roma, en el 382, \u200b\u200bcon el <em>Damasi Decretum<\/em>, muestra un canon detallado id\u00e9ntico. \u00c9l consta de los cuatro evangelios de Mateo, Marcos, Lucas y Juan, de los Hechos de los Ap\u00f3stoles, las catorce cartas paulinas identificadas una a una y con la Carta a los Hebreos, el Apocalipsis de Juan, la Primera y Segunda Carta de Pedro, una Carta de Santiago, las tres Cartas de Juan y una Carta de Judas (DH 180). El orden de las cartas cat\u00f3licas o universales (de Santiago, Pedro, Juan y Judas) sigue el orden de los ap\u00f3stoles enumerados por Pablo en G\u00e1latas 2, 9, donde Santiago, Pedro y Juan, en este orden, se conocen como \u201clas columnas de la Iglesia\u201d-, con la carta del ap\u00f3stol Judas Tadeo insertada posteriormente (AUWERS; DE JONGE, 2003, p.574). El S\u00ednodo de Hipona, en 393, establece la misma lista de libros (EB 17), que el III S\u00ednodo de Cartago, en el 397, repite al pie de la letra (DH\u00a0186).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Otros ejemplos siguen a lo largo del siglo V. En el 405, la carta del Papa Inocencio I a Exuperio, obispo de Toulouse, adem\u00e1s de enumerar los 27 libros del canon del NT, advierte contra los escritos no genuinos que circulan con los nombres de ap\u00f3stoles como Mat\u00edas, Santiago el Menor, Pedro, Juan y Tom\u00e9 (DH 213). El <em>C\u00f3dice de Alejandr\u00eda<\/em>, de la primera mitad del siglo V, presenta los 27 libros del NT m\u00e1s la Primera y Segunda Carta de Clemente de Roma (BROWN; COLLINS, 1990, p.1050). A finales del siglo V, el <em>Decretum Gelasii<\/em> menciona los 27 libros del NT uno por uno. (EB 27).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A lo largo del siglo IV, las Iglesias latina y griega se dirig\u00edan a un proceso de aceptaci\u00f3n del canon neotestamentario de 27 libros. En estos \u00e1mbitos, dicha aceptaci\u00f3n se consumar\u00eda al final de este per\u00edodo (BROWN; COLLINS, 1990, p.1050). Sin embargo, esa no era la situaci\u00f3n de las Iglesias en Siria, que utilizaban un canon de 17 libros. En \u00e9ste, los evangelios de Mateo, Marcos, Lucas y Juan fueron reemplazados por el <em>Diat\u00e9ssaron de Taciano<\/em>, que compon\u00eda en una sola obra la armonizaci\u00f3n de los cuatro evangelios. Tambi\u00e9n estaban presentes los Hechos de los Ap\u00f3stoles y un <em>corpus paulinum<\/em> de 15 obras, con la Carta a los Hebreos y una Tercera Carta a los Corintios. Solo durante el siglo V las Iglesias en Siria reemplazaron el <em>Diat\u00e9saron<\/em> por los cuatro evangelios, suprimieron la Tercera Carta a los Corintios y recuperaron la Carta de Santiago, la Primera Carta de Pedro y la Primera Carta de Juan, pero se quedaron sin la Segunda Carta de Pedro, la Segunda y Tercera Carta de Juan, la Carta de Judas y el Apocalipsis. En una situaci\u00f3n an\u00e1loga se encontraba la Iglesia de Antioqu\u00eda (MANNUCCI, 1983, p.205). La Iglesia Copta ten\u00eda un canon que inclu\u00eda la Primera y Segunda Carta de Clemente de Roma, como en el <em>C\u00f3dice Alejandrino<\/em>. La Iglesia Et\u00edope ten\u00eda estas dos cartas y ocho decretos m\u00e1s, para un total de 35 libros. &#8220;Estas consideraciones deben dejar claro al estudiante cu\u00e1nto se est\u00e1 generalizando al hablarse de un canon neotestamentario en la Iglesia de los primeros siglos&#8221; (BROWN;\u00a0COLLINS, 1990, p.1051).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En el segundo milenio, con el predominio del modelo cosificante de la revelaci\u00f3n, ya se atestigua el canon tal como se conoce hoy. Esta es la situaci\u00f3n en 1441, en el Concilio de Florencia, que enumera el canon del NT con 27 libros (DH 1335). En el Concilio de Trento (1546), esta lista fue retomada y confirmada (DH 1503), como ocurri\u00f3 en el Vaticano I (1870), que ratifica el canon de Trento, pero sin enumerar los libros individuales (DH 3006 y 3029).\u00a0 Algo similar sucedi\u00f3 en 1965, en el Concilio Vaticano II (Dei Verbum n. 20).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El alcance de la Reforma Protestante generalmente mantuvo el canon del NT con 27 libros. La Biblia de Lutero traducida al alem\u00e1n y publicada en su totalidad en el 1534 enumera y trae estos 27 libros. En Inglaterra, la edici\u00f3n inglesa de la Biblia autorizada por el rey Enrique VIII en 1539, titulada La Gran Biblia, ten\u00eda el n\u00famero y la secuencia que hoy es usual para el NT. Este procedimiento contin\u00faa hoy, cuando una edici\u00f3n t\u00edpica de la Biblia protestante trae en el mismo orden los mismos 27 libros del NT de una Biblia cat\u00f3lica. La diferencia est\u00e1 en la \u00f3ptica que se utiliza para acceder a los textos del canon. En la Reforma, tal \u00f3ptica es el paradigma cosificado de la revelaci\u00f3n en el que \u00e9sta es comprendida como <em>sola Scriptur<\/em>a. La \u00fanica revelaci\u00f3n divina que est\u00e1 disponible para el creyente antes de su muerte es el texto b\u00edblico que el lector tiene ante s\u00ed, como un inmenso dep\u00f3sito de palabras divinamente reveladas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Conclusi\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La revelaci\u00f3n judeocristiana, desde su origen m\u00e1s remoto, tuvo el car\u00e1cter del paradigma personalista, seg\u00fan el cual lo que se revela es, sobre todo, Alguien que, en la plenitud de ese proceso revelador, se manifest\u00f3 en la persona de Jes\u00fas de Nazaret. Este fue el paradigma de la revelaci\u00f3n del mismo Cristo y los ap\u00f3stoles. Es este Alguien &#8211; <em>Christus praesen<\/em>s, Cristo presente &#8211; quien sigue revel\u00e1ndose m\u00e1s tarde y en el tiempo presente, aunque lo que venga ahora a mostrarse ya se haya revelado antes en el tiempo de la revelaci\u00f3n fundamental. La Sagrada Escritura definida sobre la base de un canon es el registro de esta revelaci\u00f3n fundamental que culmina en Cristo. Ella es el registro que gu\u00eda y orienta con seguridad el encuentro actual con el propio Cristo vivo. Eventuales incertidumbres sobre algunos de sus pasajes no testifican en contra de su car\u00e1cter sagrado. M\u00e1s bien, dan fe de que la Biblia, como Palabra de Dios subordinada, est\u00e1 en una relaci\u00f3n de dependencia total en relaci\u00f3n con Aquel que es la Palabra de Dios por excelencia, Jes\u00fas de Nazaret.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El estudio del canon de la Sagrada Escritura gana en calidad cuando se deja de lado el paradigma cosificado de la revelaci\u00f3n, seg\u00fan el cual lo que Dios habr\u00eda pasado de lo divino a lo humano ser\u00edan palabras exactas conteniendo sus textos revelados en una precisa graf\u00eda y fraseolog\u00eda . Si bien el estudio de los manuscritos antiguos muestra que los textos de la Sagrada Escritura no han sufrido cambios fundamentales desde la antig\u00fcedad, tambi\u00e9n demuestra que existieron diferentes versiones de los textos sagrados utilizados por los jud\u00edos en el per\u00edodo del Segundo Templo (entre 520 a.C. y 70 d.C.), as\u00ed como entre los cristianos del primer siglo. Los textos de esa \u00e9poca no siempre son absolutamente id\u00e9nticos a textos posteriores como el texto masor\u00e9tico y los pergaminos griegos. Algunos est\u00e1n m\u00e1s cerca del texto griego de la Biblia de los Setenta, e incluso del Pentateuco samaritano. Tales diferencias, lejos de ser vistas como errores, falsificaciones o invenciones por copistas o traductores, s\u00f3lo indican la insuficiencia del paradigma de la revelaci\u00f3n. Es la concepci\u00f3n moldeada por tal paradigma -que no fue el de Cristo y los ap\u00f3stoles- la que requerir\u00eda un rigor absoluto de letras, graf\u00edas y fraseolog\u00edas determinadas por el canon de los libros sagrados.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>C\u00e9sar Andrade Alves SJ. <\/em>Facultad Jesuita de Filosof\u00eda y Teolog\u00eda &#8211; Belo Horizonte, Brasil.\u00a0Texto original en portugu\u00e9s. Postado en diciembre de 2020.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>\u00a0<\/strong><strong>Referencias<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">AGOSTINHO DE HIPONA. <em>De doctrina christiana<\/em>. Paris, 1845, col. 15-122. (<em>Migne Patrologiae Cursus Completus<\/em>, PL 34).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">AUWERS, J.-M.; DE JONGE, H. (orgs.). <em>The Biblical Canons<\/em>. Leuven: Leuven University, 2003.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">BROWN, R.; COLLINS, R. Canonicity. In: BROWN, R. et al. (org.). <em>The New Jerome Biblical Commentary<\/em>. Englewood Cliffs: Prentice Hall, 1990. p.1034-1054.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">CAMPENHAUSEN, H.\u00a0F.\u00a0V. <em>La formation de la Bible chr\u00e9tienne<\/em>. Neuch\u00e2tel: Delachaux et Niestl\u00e9, 1971.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">CONC\u00cdLIO VATICANO\u00a0II. <em>Constitui\u00e7\u00e3o Dei Verbum<\/em>. Roma, 1965. 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London: Tr\u00fcbner, v.1, 1905. v.2, 1906. v.3, 1907.<\/p>\n\n\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00cdndice Introducci\u00f3n 1 Etimolog\u00eda, definici\u00f3n y presupuestos 2 El canon del Antiguo Testamento 2.1 El canon del Antiguo Testamento antes del acontecimiento Cristo 2.2 Despu\u00e9s del acontecimiento Cristo por jud\u00edos no cristianos 2.3 Despu\u00e9s del acontecimiento Cristo por los cristianos 3 El canon del Nuevo Testamento 3.1 Reconocimiento de los escritos cristianos como sagrados 3.2 [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[99],"tags":[],"class_list":["post-2072","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-teologia-fundamental-es"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/teologicalatinoamericana.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/2072","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/teologicalatinoamericana.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/teologicalatinoamericana.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/teologicalatinoamericana.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/4"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/teologicalatinoamericana.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=2072"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/teologicalatinoamericana.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/2072\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":2428,"href":"https:\/\/teologicalatinoamericana.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/2072\/revisions\/2428"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/teologicalatinoamericana.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=2072"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/teologicalatinoamericana.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=2072"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/teologicalatinoamericana.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=2072"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}