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{"id":1722,"date":"2019-02-02T18:23:32","date_gmt":"2019-02-02T20:23:32","guid":{"rendered":"http:\/\/theologicalatinoamericana.com\/?p=1722"},"modified":"2019-02-02T18:23:32","modified_gmt":"2019-02-02T20:23:32","slug":"mistica-y-psicoanalisis","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/teologicalatinoamericana.com\/?p=1722","title":{"rendered":"M\u00edstica y psicoan\u00e1lisis"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Sumario<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">1 La experiencia m\u00edstica<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">2 Freud y la experiencia m\u00edstica<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">3 El fundamento materno de la experiencia m\u00edstica<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">4 La experiencia m\u00edstica como forma sustitutiva de satisfacci\u00f3n sexual<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">5 La experiencia m\u00edstica como vivencia regresiva de tipo psic\u00f3tico<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">6 Referencias<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>\u00a0<\/strong><strong>1 La experiencia m\u00edstica<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La experiencia m\u00edstica puede ser definida como una vivencia de superaci\u00f3n de los l\u00edmites del yo acompa\u00f1ada del sentimiento gozoso de comuni\u00f3n con el todo circundante identificado con lo divino. En otras palabras, se trata de una experiencia ext\u00e1tica de transposici\u00f3n de los l\u00edmites entre el yo y el no-yo y de uni\u00f3n amorosa con Dios, con el que se forma una sola cosa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En &#8220;Las variedades de la experiencia religiosa&#8221;, William James (1842-1910), el &#8220;padre&#8221; de la psicolog\u00eda de la religi\u00f3n, se inclin\u00f3 sobre la experiencia m\u00edstica, enumerando sus caracter\u00edsticas. \u00c9stas, en su opini\u00f3n, son cuatro: la inefabilidad, la calidad no\u00e9tica, la transitoriedad y la pasividad. La experiencia m\u00edstica excede lo que se consigue poner en palabras; implica alguna forma de iluminaci\u00f3n intelectual; es fugaz, moment\u00e1nea, pasajera; y supone, en el que la vivencia, una actitud de entrega.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>2 Freud y la experiencia m\u00edstica<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aunque fuese ateo, Sigmund Freud (1856-1939), el creador del psicoan\u00e1lisis, fue un hombre fascinado por el estudio de la religi\u00f3n. Los dogmas, la moral, la liturgia, la iglesia, la m\u00edstica, nada de eso qued\u00f3 fuera de su escrutinio del fen\u00f3meno religioso.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La interpretaci\u00f3n freudiana de la experiencia m\u00edstica se puede encontrar en el comentario hecho por Freud, en <em>El malestar de la civilizaci\u00f3n<\/em>, del llamado &#8220;sentimiento oce\u00e1nico&#8221;. Por &#8220;sentimiento oce\u00e1nico&#8221;, se entiende un sentimiento de profunda uni\u00f3n con el mundo circundante, como si no hubiera fronteras entre uno mismo y el todo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Seg\u00fan Freud, el sentimiento oce\u00e1nico es simplemente el sentimiento primitivo del yo conservado en la edad adulta. De hecho, el beb\u00e9 no distingue entre su cuerpo y el seno materno, el propio yo y los objetos, el interior y el exterior, lo de dentro y lo de fuera. Originalmente, el yo del beb\u00e9 abarca todo; m\u00e1s tarde, \u00e9l separa de s\u00ed mismo el mundo exterior. Algo de ese sentimiento del yo primario puede, sin embargo, ser conservado, en alg\u00fan recuerdo, incluso en la edad adulta, pudi\u00e9ndose retroceder a esa organizaci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al analizar el sentimiento oce\u00e1nico, Freud no insisti\u00f3 particularmente en el car\u00e1cter materno del mismo. Pero apunt\u00f3 en esa direcci\u00f3n cuando observ\u00f3 que ese sentimiento es heredero de la indiferenciaci\u00f3n entre el cuerpo del beb\u00e9 y el seno de la madre.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>3 El fundamento materno de la experiencia m\u00edstica<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Con su comentario del sentimiento oce\u00e1nico, Freud inaugur\u00f3 una tradici\u00f3n en psicolog\u00eda de la religi\u00f3n que concibe la relaci\u00f3n del ni\u00f1o con la figura materna como el fundamento psicol\u00f3gico de la experiencia m\u00edstica.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En rigor, psicol\u00f3gicamente hablando, las figuras materna y paterna contribuyen ambas a la construcci\u00f3n de la imagen de Dios y al tipo de relaci\u00f3n que con \u00e9l se establece. En efecto, como objeto mental, Dios no surge en el psiquismo del sujeto de un modo espont\u00e1neo, directo, natural, instintivo. La idea de Dios no brota en el esp\u00edritu del ni\u00f1o por generaci\u00f3n espont\u00e1nea. La relaci\u00f3n del ser humano con Dios, el Otro, est\u00e1 condicionada por su relaci\u00f3n con los dem\u00e1s, empezando por los padres. La relaci\u00f3n primitiva del ni\u00f1o con los padres es el soporte b\u00e1sico de la configuraci\u00f3n de la imagen de Dios. La g\u00e9nesis de la representaci\u00f3n que el ser humano hace de Dios es, pues, mediada por las figuras materna y paterna.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La religi\u00f3n posee, por lo tanto, dos polos fundamentales, dos ejes estructurantes: el materno y el paterno. Las figuras de la madre y del padre plasman, de un modo igualmente importante, el sentimiento religioso y la imagen de Dios en el coraz\u00f3n del ser humano. Los ejes materno y paterno de la experiencia humana de Dios son correlativos, respectivamente, de las vertientes m\u00edstica y prof\u00e9tica de la religiosidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La relaci\u00f3n del ni\u00f1o con la madre es la condici\u00f3n de posibilidad de la vertiente m\u00edstica de la religiosidad. En la configuraci\u00f3n de la experiencia religiosa, el eje materno contribuye con las bases psicol\u00f3gicas del anhelo m\u00edstico. La dimensi\u00f3n materna responde, pues, por el deseo de Dios, constituy\u00e9ndose en la infraestructura ps\u00edquica de la dimensi\u00f3n amorosa de la experiencia de Dios. La relaci\u00f3n unitiva del ni\u00f1o con la madre es el &#8220;lecho&#8221;, por as\u00ed decir, de la experiencia m\u00edstica.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mediante el s\u00edmbolo paterno, a su vez, Dios gana un nombre, una forma y una representaci\u00f3n. Lo paterno tiene que ver tambi\u00e9n con la dimensi\u00f3n normativa de la religiosidad. La transformaci\u00f3n de la realidad hist\u00f3rica circundante en el Reino de Dios corresponde, pues, al polo paterno de la experiencia religiosa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>4 La experiencia m\u00edstica como forma sustitutiva de satisfacci\u00f3n sexual<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La interpretaci\u00f3n psicoanal\u00edtica de la experiencia m\u00edstica, al mismo tiempo que revela los fundamentos psicol\u00f3gicos de la misma, plantea tambi\u00e9n importantes cuestionamientos sobre su naturaleza. Dos cuestiones se destacan. La primera es la opini\u00f3n de que el goce m\u00edstico ser\u00eda s\u00f3lo una forma sustitutiva de placer sexual. De hecho, no pocos m\u00edsticos utilizan un lenguaje nupcial, cuando no francamente er\u00f3tico, para describir su experiencia de uni\u00f3n amorosa con lo divino. La segunda es el punto de vista de que la experiencia m\u00edstica ser\u00eda una vivencia regresiva de tipo psic\u00f3tico, una especie de restablecimiento de la relaci\u00f3n dual con la madre. Ambas cuestiones, como se ve, ponen bajo sospecha la autenticidad de la experiencia m\u00edstica.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Para empezar, \u00bfqu\u00e9 decir de la opini\u00f3n de que el \u00e9xtasis m\u00edstico equivale a un orgasmo sustituto? A este respecto, hay al menos tres reacciones posibles.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La primera de ellas rechaza la interpretaci\u00f3n sexual de la experiencia m\u00edstica, argumentando que el recurso por los m\u00edsticos al vocabulario er\u00f3tico tiene un car\u00e1cter meramente ling\u00fc\u00edstico, metaf\u00f3rico. James representa ese punto de vista. Seg\u00fan el profesor de Harvard, el lenguaje de la experiencia religiosa, a falta de mejor alternativa, recurre, de hecho, al vocabulario er\u00f3tico, nupcial, amoroso. Pero tambi\u00e9n usa el lenguaje del comer, del beber e incluso de la funci\u00f3n respiratoria. Nadie jam\u00e1s sostuvo, sin embargo, que la experiencia espiritual fuera una aberraci\u00f3n de la funci\u00f3n digestiva o una perversi\u00f3n de la funci\u00f3n respiratoria. El lenguaje religioso simplemente se viste con los pobres s\u00edmbolos que la vida com\u00fan ofrece, explica el padre de la psicolog\u00eda de la religi\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Una segunda posibilidad consiste en admitir, s\u00ed, la naturaleza sexual de la experiencia m\u00edstica, rechazando, sin embargo, la conclusi\u00f3n de que eso descalifica la vivencia en cuesti\u00f3n. Admitir la naturaleza libidinal del amor que los seres humanos dedican a Dios significa s\u00f3lo decir que los hombres aman a Dios con el amor que tienen para amar. No hay una forma VIP de amor, diferente del amor sensual, separado, m\u00e1s digno, sublime, y que est\u00e9 a nuestra disposici\u00f3n cuando se trata de amar a Dios. Reconocer, pues, el car\u00e1cter sexual de un \u00e9xtasis m\u00edstico no significa descalificarlo, sino, lejos de eso, humanizarlo. Es esta, por ejemplo, la opini\u00f3n de Paul Tillich (1886-1965) te\u00f3logo luterano, de Antoine Vergote (1921-2013), sacerdote diocesano y c\u00e9lebre psic\u00f3logo de la religi\u00f3n, y de Carlos Dom\u00ednguez Morano (1946-), padre jesuita y psicoanalista, autor, entre muchos otros libros, de <em>Experiencia m\u00edstica y psicoan\u00e1lisis<\/em>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Una tercera posici\u00f3n, por fin, es la de Jacques Lacan (1901-1981). Para \u00e9l, la experiencia m\u00edstica no es sexual; ella est\u00e1 m\u00e1s all\u00e1 &#8211; o, quiz\u00e1, m\u00e1s ac\u00e1 &#8211; de lo sexual. El psicoanalista franc\u00e9s distingue entre dos formas de goce. Una de ellas coincide con lo que se entiende habitualmente por &#8220;placer&#8221; o &#8220;satisfacci\u00f3n&#8221;; la otra, sin embargo, tiene otro alcance. As\u00ed, por un lado, hay el llamado &#8220;goce f\u00e1lico&#8221;; pero hay tambi\u00e9n Otro goce, m\u00e1s all\u00e1 del falo: el llamado &#8220;goce del Otro&#8221;.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El goce f\u00e1lico es el goce al que el sujeto es introducido por la operaci\u00f3n de la met\u00e1fora paterna. Se trata de un goce de naturaleza sexual. El goce f\u00e1lico es el goce del significante, o sea, es una forma de goce que se sit\u00faa en el orden del lenguaje, perteneciendo al registro de lo simb\u00f3lico. El goce del Otro, a su vez, es un goce anterior a la castraci\u00f3n simb\u00f3lica. \u00c9l no es, propiamente hablando, sexuado. Escapa al significante, est\u00e1 fuera del lenguaje, perteneciendo, as\u00ed, al dominio de lo real.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El goce f\u00e1lico es un goce mediado, limitado, circunscrito a las zonas er\u00f3genas, parcial, insatisfactorio. Se trata de un goce mortificado, desnaturalizado. \u00c9l se encuentra en el campo de lo decente. El goce del Otro es el goce del cuerpo en su pulsaci\u00f3n animal. Se trata de un goce originario, m\u00edtico. Se trata de un goce inmediato, ilimitado, desbordante, excesivo, enigm\u00e1tico. \u00c9l pertenece a lo inefable.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Dicho esto, localizamos a algunos sujetos. El hombre est\u00e1 encerrado en la modalidad f\u00e1lica de gozar. El goce f\u00e1lico es un goce masculino. El psic\u00f3tico, como consecuencia de la forclusi\u00f3n del nombre del Padre, no tiene acceso al goce f\u00e1lico, pero goza fuera del significante. La mujer, a su vez, es no-toda inscrita en el orden f\u00e1lico. En parte, ella est\u00e1 en ese orden; pero, por otra parte, no. La mujer tiene, pues, acceso a una forma suplementaria de goce. El m\u00edstico, en fin, como la mujer, frecuenta la regi\u00f3n del goce del Otro.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En esa medida, para Lacan, el goce m\u00edstico no es sexual. No se trata, dice \u00e9l, en la m\u00edstica, de una cuesti\u00f3n de sexo, de un sustituto del orgasmo, sino de un goce que est\u00e1 m\u00e1s all\u00e1 &#8211; m\u00e1s ac\u00e1- de lo sexual.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>5 La experiencia m\u00edstica como vivencia regresiva de tipo psic\u00f3tico<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La experiencia m\u00edstica puede considerarse como aquello que hay de m\u00e1s adelantado en materia de progreso espiritual, el punto culminante de una escalada, el t\u00e9rmino de un largo proceso de crecimiento. Para muchos psicoanalistas, sin embargo, la experiencia m\u00edstica es exactamente lo contrario: se trata de un fen\u00f3meno psicopatol\u00f3gico de car\u00e1cter regresivo; se trata de una reedici\u00f3n de la relaci\u00f3n fusional con la madre que hace pensar en la psicosis. Se plantea, pues, la segunda cuesti\u00f3n arriba anunciada: la sospecha sobre el car\u00e1cter psic\u00f3tico de la experiencia m\u00edstica.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En respuesta a esta objeci\u00f3n, varios autores insistieron en la diferencia entre la m\u00edstica y la psicosis, ofreciendo, adem\u00e1s, criterios para discernir &#8211; o hacer un diagn\u00f3stico diferencial &#8211; entre una cosa y otra. A continuaci\u00f3n, enumeramos 16 diferencias entre la m\u00edstica y la psicosis o, lo que es lo mismo, 16 indicadores de la autenticidad de una experiencia m\u00edstica. Comencemos por la din\u00e1mica de la relaci\u00f3n de lo m\u00edstico &#8211; o de lo psic\u00f3tico, pseudom\u00edstico &#8211; con Dios &#8211; o con lo que llama &#8220;Dios&#8221;.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[1] Para el pseudom\u00edstico, Dios es, sobre todo, un objeto de cuya posesi\u00f3n \u00e9l goza. Habiendo hecho de Dios un objeto para la satisfacci\u00f3n de su deseo, el falso m\u00edstico, por as\u00ed decir, &#8220;lo devora&#8221;. El m\u00edstico aut\u00e9ntico, por su parte, reconoce a Dios como otro libre e independiente; no lo trata como un objeto supuestamente capaz de satisfacer su deseo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[2] El falso m\u00edstico establece con Dios una relaci\u00f3n de tipo fusional. \u00c9l tiende a perderse, disolver, eliminar su propio yo en la relaci\u00f3n con lo divino. El verdadero m\u00edstico, a su vez, preserva su condici\u00f3n de ser separado y, a partir de ella, establece un v\u00ednculo amoroso con Dios, reconocido como alteridad. Su yo y lo divino no se funden en una sola cosa, sino que permanecen distintos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[3] El pseudom\u00edstico exige la presencia ininterrumpida de Dios, el objeto de su deseo, y requiere la permanencia constante del goce de la fusi\u00f3n. \u00c9l no tolera la ausencia de Dios, no soporta la falta del objeto divino, no admite la distancia de aquel que lo satisface, no asume, en fin, su condici\u00f3n de ser separado. El m\u00edstico aut\u00e9ntico, por su parte, acepta con serenidad las aparentes ausencias de Dios y, por consiguiente, la inevitable alternancia entre uni\u00f3n y separaci\u00f3n, presencia y ausencia, consuelo y desolaci\u00f3n, palabra y silencio, luz y tinieblas, compa\u00f1\u00eda y soledad, plenitud y vac\u00edo, goce y aridez, tierra f\u00e9rtil y desierto, etc.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al reunir estos tres primeros puntos, podemos entonces afirmar que, para el falso m\u00edstico, Dios es un objeto de cuya posesi\u00f3n goza, con el que desea fundirse y cuya ausencia no tolera. Para el verdadero m\u00edstico, a su vez, Dios es otro libre e independiente, con quien \u00e9l desea unirse amorosamente y cuyas aparentes ausencias acepta con serenidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En l\u00edneas generales, esa es la diferencia fundamental en el modo en que uno y otro se relacionan con lo divino. Es f\u00e1cil percibir que el verdadero m\u00edstico se posiciona a partir de su castraci\u00f3n simb\u00f3lica, es decir, de su condici\u00f3n de ser en falta, mientras que el psic\u00f3tico, pseudom\u00edstico, se caracteriza por el rechazo de esa misma castraci\u00f3n. Hecha esta descripci\u00f3n de car\u00e1cter general, pasemos a algunas otras diferencias de tipo m\u00e1s espec\u00edfico.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[4] Una experiencia m\u00edstica se da a partir de la iniciativa del yo del m\u00edstico, que se dispone a ella, y, en cierta medida, sucede bajo su control. Siendo en parte deliberado, el arrebatamiento m\u00edstico es reversible. La separaci\u00f3n de la realidad externa es temporal, permaneciendo, hasta cierto punto, bajo el dominio de quien hace la experiencia. Un brote psic\u00f3tico, a su vez, es algo incontrolable, involuntario, que se impone de forma invasiva. No est\u00e1 en poder del individuo psic\u00f3tico volver a su estado habitual tan pronto como lo desee.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es verdad que el m\u00edstico no es capaz de producir la experiencia de uni\u00f3n con Dios a su antojo. Pero est\u00e1 en sus manos la iniciativa de disponerse para que suceda; y las t\u00e9cnicas de meditaci\u00f3n sirven exactamente para eso. Una vivencia psic\u00f3tica, a su vez, captura a la persona que pasa por ella de una forma totalizante. Como un <em>tsunami <\/em>psicol\u00f3gico, ella arrastra al sujeto, no le deja alternativa. No hay, pues, control alguno; la pasividad es completa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[5] La duraci\u00f3n de una vivencia m\u00edstica suele ser corta. Como vimos, seg\u00fan James, la transitoriedad es una de las principales caracter\u00edsticas de la experiencia m\u00edstica. En contraste con esa brevedad, una vivencia de car\u00e1cter m\u00f3rbido normalmente tiene una duraci\u00f3n prolongada. No s\u00f3lo suele durar mucho, sino que puede simplemente no terminar, configur\u00e1ndose como un cuadro permanente e irreversible.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[6] En lo que concierne a los fen\u00f3menos extraordinarios, las alucinaciones auditivas son t\u00edpicas de los brotes psic\u00f3ticos, teniendo un car\u00e1cter central en la psicosis paranoica. En una experiencia m\u00edstica, sin embargo, habiendo alg\u00fan fen\u00f3meno de esa naturaleza, suele ser de naturaleza visual, no auditiva. En el terreno de la m\u00edstica, los elementos visuales prevalecen sobre los ac\u00fasticos, al contrario de lo que ocurre en el campo de la psicosis, donde las alucinaciones auditivas son m\u00e1s frecuentes.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Adem\u00e1s, las visiones m\u00edsticas suelen involucrar a figuras de car\u00e1cter benevolente, en vez de representaciones agresivas, terror\u00edficas, paranoides, como acostumbra a suceder en la psicosis. Las alucinaciones psic\u00f3ticas suelen ser bizarras y tienen un car\u00e1cter desorganizado, a diferencia de lo que habitualmente ocurre cuando se trata de una vivencia m\u00edstica.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se a\u00f1ade tambi\u00e9n que, en las experiencias m\u00edsticas, cuando hay visiones, voces, etc., se perciben como algo de naturaleza mental, psicol\u00f3gica, mientras que, trat\u00e1ndose de una vivencia psic\u00f3tica, los elementos sensoriales presentes son percibidos como algo real, incluso corp\u00f3reo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[7] La persona que hace una experiencia m\u00edstica cree en el contenido de su vivencia, pero sin excluir la posibilidad de la duda. Cuando las creencias en juego tienen un car\u00e1cter indubitable, adhiri\u00e9ndose a ellas con absoluta certeza, se trata, con m\u00e1s probabilidad, de un fen\u00f3meno psicopatol\u00f3gico.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[8] Tanto la m\u00edstica como la psicosis tienen que ver con la feminidad. Los m\u00edsticos, por su parte, normalmente son mujeres u hombres identificados femeninamente. De hecho, no es posible mantener un papel viril ante Dios. En la uni\u00f3n m\u00edstica, el &#8220;hombre&#8221; de la relaci\u00f3n, por as\u00ed decirlo, es siempre lo divino; el m\u00edstico, sea \u00e9l del sexo masculino o femenino, hace las veces de &#8220;mujer&#8221;. La psicosis, a su vez, se caracteriza por el fen\u00f3meno del &#8220;empuje a la mujer&#8221;, poseyendo relaciones estrechas con el transexualismo. Esta atracci\u00f3n que la identidad femenina ejerce sobre el psic\u00f3tico parece derivarse de una identificaci\u00f3n precoz y completa del sujeto con la madre. Hay, sin embargo, una diferencia crucial en el modo en que el santo y el loco se identifican con lo femenino: el m\u00edstico feminiza su alma, metaf\u00f3ricamente; el psic\u00f3tico feminiza el propio cuerpo, de una forma literal.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[9] La calidad de los sentimientos que acompa\u00f1an a una y otra experiencia tambi\u00e9n es diferente. Las experiencias m\u00edsticas dejan tras de s\u00ed un rastro de sentimientos positivos, sobre todo, una profunda sensaci\u00f3n de paz; las vivencias psicopatol\u00f3gicas, a su vez, est\u00e1n asociadas a sentimientos negativos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[10] Aunque viva una profunda experiencia de inmersi\u00f3n en Dios, el m\u00edstico conserva su yo y su identidad. M\u00e1s que eso, la experiencia m\u00edstica suele proporcionar al sujeto un enriquecimiento de su personalidad, teniendo, pues, un car\u00e1cter integrador. La regresi\u00f3n psic\u00f3tica, por su parte, tiene un efecto desintegrador sobre la personalidad del individuo, resultando en un estado de desorganizaci\u00f3n ps\u00edquica. Ella tiene un car\u00e1cter ca\u00f3tico y confusional, provocando da\u00f1os irreparables al sentido de identidad y al yo del sujeto.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En otras palabras, trat\u00e1ndose de la identidad de la persona, las experiencias m\u00edsticas integran, organizan, estabilizan, promueven, enriquecen, fortalecen, hacen crecer. Las vivencias psicopatol\u00f3gicas, a su vez, desintegran, desorganizan, desestabilizan, destruyen, empobrecen, debilitan, echan a perder. Aqu\u00e9llas son humanizantes; \u00e9stas, desestructurantes.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[11] Un m\u00edstico aut\u00e9ntico suele ser un individuo exitoso socialmente, \u00e9l mantiene el lazo social. Suficientemente adaptado, capaz de cultivar v\u00ednculos afectivos y relacionarse positivamente con los dem\u00e1s, es una persona inserta en la comunidad de los hombres, mostr\u00e1ndose capaz de amar y trabajar. Un psic\u00f3tico, a su vez, normalmente es desajustado desde el punto de vista social.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esta distinci\u00f3n se armoniza con el hecho de que el contenido de una experiencia m\u00edstica suele encuadrarse en una doctrina religiosa compartida, mientras que el contenido de una vivencia psicopatol\u00f3gica a menudo tiene un car\u00e1cter extra\u00f1o.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[12] Con frecuencia, una persona que hace una experiencia m\u00edstica busca compartir sus vivencias con los dem\u00e1s. El m\u00edstico suele escribir sus experiencias o las cuenta a otra persona, demandando as\u00ed el testimonio de un tercero. En el caso de un fen\u00f3meno psicopatol\u00f3gico, el sujeto no presenta la misma demanda, mostr\u00e1ndose, al contrario, desconfiado y reservado cuando se trata de dar informaciones sobre ella.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[13] Un verdadero m\u00edstico mantiene el v\u00ednculo con la realidad y da muestras de habilidad cuando se trata de actuar eficazmente sobre ella. Un m\u00edstico aut\u00e9ntico suele presentar una notable capacidad de acci\u00f3n y un admirable esp\u00edritu pr\u00e1ctico; no es raro, es capaz de concebir y realizar grandes empresas. Un psic\u00f3tico, por su parte, suele girar la espalda al mundo real, mostr\u00e1ndose un tanto inc\u00f3modo cuando se trata de actuar sobre \u00e9l.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[14] Por \u00faltimo, quiz\u00e1s el criterio m\u00e1s importante para evaluar la autenticidad de una vivencia m\u00edstica sea ver sus efectos sobre la persona en cuesti\u00f3n: &#8220;Por el fruto se conoce el \u00e1rbol&#8221; (<em>Mt<\/em> 12,33, <em>Mt <\/em>7,16.20). Apreciar el valor de una experiencia en base a sus consecuencias es un procedimiento recomendado por San Ignacio de Loyola (1491-1556). James, a su modo, tambi\u00e9n adopt\u00f3 ese criterio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El verdadero misticismo estimula el crecimiento en el bien y la elevaci\u00f3n \u00e9tica de la persona. Cuando la experiencia de Dios es verdadera, tiende a ser transformante; ella tiende a cambiar enormemente a la persona que hace la vivencia &#8211; y a cambiarla para mejor. La autenticidad de una experiencia m\u00edstica puede, pues, ser estimada por sus resultados.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[15] En particular, el verdadero misticismo fomenta el altruismo, la apertura hacia los dem\u00e1s, la salida de s\u00ed mismo y el crecimiento de la capacidad de amar. En una regresi\u00f3n de tipo psic\u00f3tico, se trata de un restablecimiento del narcisismo primario, lo que se traduce en el cierre del individuo en s\u00ed mismo. El psic\u00f3tico se cierra, pues, egoc\u00e9ntricamente sobre s\u00ed mismo, al contrario del m\u00edstico aut\u00e9ntico, que se siente impulsado hacia el otro. La din\u00e1mica del misticismo es centr\u00edfuga; la de la psicosis, centr\u00edpeta.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[16] Para concluir, se a\u00f1ade que las experiencias m\u00edsticas no suelen estar asociadas a otros elementos de car\u00e1cter m\u00f3rbido. Una vivencia psicopatol\u00f3gica, a su vez, normalmente no es un fen\u00f3meno aislado, sino que viene acompa\u00f1ada de otros s\u00edntomas indicadores de trastorno mental.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por todo lo que se ha dicho, como se ve, se pueden levantar graves y fundadas sospechas sobre el valor de la experiencia m\u00edstica, y es importante conocerlas y tomarlas en serio. Pero hay tambi\u00e9n criterios satisfactorios para identificar el verdadero misticismo, lo que nos impide descartar las vivencias m\u00edsticas como fen\u00f3menos puramente patol\u00f3gicos.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>Ricardo Torri de Ara\u00fajo, SJ<\/em>. PUC Rio (Brasil). Texto original en portugu\u00e9s.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>4 Referencias<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">ARA\u00daJO, Ricardo Torri de. <em>Experi\u00eancia m\u00edstica e psican\u00e1lise<\/em>. S\u00e3o Paulo: Loyola, 2015.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">ASSOUN, Paul-Laurent. Freud et la mystique. <em>Nouvelle revue de psychanalyse<\/em>, Paris, n.22 (1980), 39-70.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">CL\u00c9MENT, Catherine; KAKAR, Sudhir. <em>A louca e o santo<\/em>. Rio de Janeiro: Relume-Dumar\u00e1, 1997.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">DALGALARRONDO, Paulo. <em>Religi\u00e3o, psicopatologia e sa\u00fade mental. <\/em>Porto Alegre: Artmed, 2008.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">DOM\u00cdNGUEZ MORANO, Carlos. <em>Experiencia m\u00edstica y psicoan\u00e1lisis<\/em>. Madrid: Sal Terrae, 1999. (Cuadernos fe y secularidad, 45).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">____. <em>Orar depois de Freud<\/em>. S\u00e3o Paulo: Loyola, 1998.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">FREUD, Sigmund. O mal-estar na civiliza\u00e7\u00e3o. In: _______. <em>O futuro de uma ilus\u00e3o, O mal-estar na civiliza\u00e7\u00e3o e outros trabalhos<\/em>. Rio de Janeiro: Imago, 1974 (Edi\u00e7\u00e3o <em>standard<\/em> brasileira das obras psicol\u00f3gicas completas de Sigmund Freud; 21.), 73-171.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">JAMES, William. <em>As variedades da experi\u00eancia religiosa<\/em>; um estudo sobre a natureza humana<em>. <\/em>S\u00e3o Paulo: Cultrix, 1991.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">KAKAR, Sudhir. <em>The analyst and the mystic<\/em>; psychoanalytic reflections on religion and mysticism. Chicago: The University of Chicago Press, 1991.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">LACAN, Jacques. <em>O semin\u00e1rio<\/em>; livro 20: Mais, ainda (1972-1973). 2. ed. cor. Rio de Janeiro: Jorge Zahar Editor, 1985.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">LEUBA, James-H. <em>Psychologie du mysticisme religieux<\/em>. Paris: Librairie F\u00e9lix Alcan, 1925. (Biblioth\u00e8que de philosophie contemporaine).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">PARSONS, William B. <em>The enigma of the oceanic feeling<\/em>; revisioning the psychoanalytic theory of mysticism. New York; Oxford: Oxford University Press, 1999.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">TER\u00caNCIO, Marlos Gon\u00e7alves. <em>Um percurso psicanal\u00edtico pela m\u00edstica, de Freud a Lacan<\/em>. Florian\u00f3polis: Editora da UFSC, 2011.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">VERGOTE, Antoine. <em>Dette et d\u00e9sir<\/em>; deux axes chr\u00e9tiens et la d\u00e9rive pathologique. Paris: Seuil, 1978.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">VERMOREL, Henri; VERMOREL, Madeleine. <em>Sigmund Freud et Romain Rolland: correspondance 1923-1936<\/em>; de la sensation oc\u00e9anique au Trouble du souvenir sur l\u2019Acropole. Paris: Presses Universitaires de France, 1993. (Histoire de la psychanalyse).<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Sumario 1 La experiencia m\u00edstica 2 Freud y la experiencia m\u00edstica 3 El fundamento materno de la experiencia m\u00edstica 4 La experiencia m\u00edstica como forma sustitutiva de satisfacci\u00f3n sexual 5 La experiencia m\u00edstica como vivencia regresiva de tipo psic\u00f3tico 6 Referencias \u00a01 La experiencia m\u00edstica La experiencia m\u00edstica puede ser definida como una vivencia de [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[101],"tags":[],"class_list":["post-1722","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-mistica-y-espiritualidad"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/teologicalatinoamericana.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1722","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/teologicalatinoamericana.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/teologicalatinoamericana.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/teologicalatinoamericana.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/4"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/teologicalatinoamericana.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=1722"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/teologicalatinoamericana.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1722\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":1723,"href":"https:\/\/teologicalatinoamericana.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1722\/revisions\/1723"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/teologicalatinoamericana.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=1722"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/teologicalatinoamericana.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=1722"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/teologicalatinoamericana.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=1722"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}