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{"id":1680,"date":"2018-12-25T08:22:07","date_gmt":"2018-12-25T10:22:07","guid":{"rendered":"http:\/\/theologicalatinoamericana.com\/?p=1680"},"modified":"2018-12-25T08:22:07","modified_gmt":"2018-12-25T10:22:07","slug":"simbolo-de-la-fe","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/teologicalatinoamericana.com\/?p=1680","title":{"rendered":"S\u00edmbolo de la fe"},"content":{"rendered":"<p><b>\u00cdndice<\/b><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Introducci\u00f3n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">1 Del Evangelio a las primeras f\u00f3rmulas de confesi\u00f3n de fe<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">2 De las primeras f\u00f3rmulas de confesi\u00f3n de fe al S\u00edmbolo de la Fe<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">3 El S\u00edmbolo Niceno-Constantinopolitano<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Conclusi\u00f3n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Referencias<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Introducci\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El S\u00edmbolo de la Fe es el contenido resumido de la fe de los cristianos. Es el Credo cristiano. Como tal, \u00e9l re\u00fane las verdades centrales del ser-cristiano y del para ser cristiano. \u00c9l expresa la fe que se profesa en el bautismo, es la base de toda ense\u00f1anza catequ\u00e9tica cristiana y principio normativo-doctrinal de toda ortodoxia cristiana. Se supone, por lo tanto, que todo cristiano no s\u00f3lo sepa recitar el S\u00edmbolo de la Fe, sino que sepa vivir y orientar su vida de acuerdo con lo que en la fe profesa. Conviene recordar que el acto de fe (fides qua) no termina en los enunciados sobre Dios del S\u00edmbolo de la Fe, sino en Dios mismo: &#8220;<em>Actus credentis non terminatur ad enuntiabile, sed ad rem<\/em>&#8221; (TOM\u00c1S DE AQUINO, STh II-II , q.1, a.2, ad 2m). La &#8220;cosa&#8221; (res) del acto de fe es el Dios Uno y Trino a quien el fiel existencialmente se dirige en el acto mismo de fe. El saber recitar el S\u00edmbolo no hace de alguien necesariamente un cristiano. El S\u00edmbolo de la Fe tiene, pues, un car\u00e1cter performativo. \u00c9l contiene una rica antropolog\u00eda teol\u00f3gica impl\u00edcita, de modo que lo que all\u00ed se dice expresamente de o sobre Dios tiene repercusiones inmediatas en la autocomprensi\u00f3n de quien es el ser humano para Dios desde la perspectiva cristiana de la fe.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Lo que aqu\u00ed ofrecemos acerca del S\u00edmbolo de la Fe no es sino un resumido desarrollo hist\u00f3rico-te\u00f3rico-fundamental de la fe cristiana hasta la formulaci\u00f3n del S\u00edmbolo que fue adoptado oficialmente para toda la Iglesia cristiana: el S\u00edmbolo Niceno-Constantinopolitano.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>1 Del Evangelio a las primeras f\u00f3rmulas de confesi\u00f3n de fe<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El n\u00facleo de la predicaci\u00f3n de Jes\u00fas se resume en la f\u00f3rmula: &#8220;Se cumpli\u00f3 el tiempo, el Reino de Dios est\u00e1 cerca; &#8220;convert\u00edos y creed en el Evangelio&#8221; (Mc 1,15). Creer en el Evangelio es abrirse para acoger con confianza el Reino o Reinado de Dios, cuya proximidad se anunciaba y ya se hac\u00eda sentir y experimentar en los gestos y palabras del mismo Jes\u00fas. En el n\u00facleo del anuncio post-pascual de los ap\u00f3stoles y sus sucesores se encuentra Jesucristo y su obra: &#8220;Y cada d\u00eda, en el Templo y por las casas, no cesaban de ense\u00f1ar y de anunciar la Buena Nueva del Cristo Jes\u00fas&#8221; (Hch 5,42). La Buena Nueva de Cristo es la manifestaci\u00f3n en \u00e9l del Reinado de Dios (Mc 1,1s). La Palabra que ellos &#8220;evangelizaban&#8221; (Hch 8,4.25.40; 14,7.15.21; 16,10), o el &#8220;evangelio&#8221; (Hch 15,7; 20,24), se concreta en la persona de Jes\u00fas (Hch 8,35), resucitado por Dios (Hch 13,32s; 17,18; cf.2,23; 9,20) y hecho Hijo de Dios con poder (cf. Rm 1,1s), Cristo (Hch 5, 42; 8.12; cf 9,22) y Se\u00f1or (Hch 10,36; 11,20; 15,35; cf. 2,36s). El Se\u00f1or Jesucristo hecho Hijo de Dios jam\u00e1s es anunciado separado de Dios, el Padre, a quien el reino es atribuido. &#8220;A todos los que lo recibieron [el Verbo de Dios, del Padre], les dio el poder de convertirse en hijos de Dios: a los que creen en su nombre&#8221; (Jn 1,12).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La fe es un asentimiento personal a Dios mediante la acogida de su Palabra, su Hijo, Jesucristo. La fe es, por tanto, respuesta humana al amor de Dios, el Padre, manifestado en Jesucristo, su Hijo. &#8220;Dios am\u00f3 tanto al mundo que envi\u00f3 a su Hijo al mundo, a fin de que todo aquel que en \u00e9l cree, no perezca, sino que tenga vida eterna&#8221; (Jn 3,16). El Padre es el Se\u00f1or de la vida y de la muerte, es el que resucit\u00f3 a Jes\u00fas, el Hijo hecho hombre, entre los muertos (Hch 2,32; 5,13; 10,40; 13,30.32.37; 1Cor 6,14; 15,15; 2Cor 4,14; Cl 2,12; Gl 1,1; 1Pd 1,21). Y as\u00ed, al modo de Jesucristo, es al Padre a quien se dirige inicialmente el acto de la fe de los cristianos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El <em>kerigma<\/em> era un resumen muy condensado de la fe cristiana. Pero el misionero cristiano, en su ejercicio de comunicar la fe, deber\u00eda tambi\u00e9n poder explicar de modo m\u00e1s distendido y comprensible el contenido nuclear del anuncio, instruir a las personas, ofrecerles orientaciones pr\u00e1cticas morales. As\u00ed, los primeros sumarios o f\u00f3rmulas de la fe ten\u00edan una intenci\u00f3n claramente catequ\u00e9tica, eran desdoblamientos instructivos-explicativos del <em>kerigma<\/em>, expresaban las verdades que constitu\u00edan la base de la fe por referencia a la vida, pasi\u00f3n, muerte y resurrecci\u00f3n de Jesucristo. Ellas se referir\u00e1n a Jesucristo, a Jesucristo con Dios Padre y con el Esp\u00edritu Santo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>2 \u00a0De las primeras f\u00f3rmulas de confesi\u00f3n de fe al S\u00edmbolo de la Fe<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Desde sus or\u00edgenes, la Iglesia cristiana apost\u00f3lica ha expresado y transmitido su propia fe en f\u00f3rmulas breves y normativas para todos, en res\u00famenes org\u00e1nicos y articulados. Estas s\u00edntesis de la fe fueron llamadas &#8220;profesiones de fe&#8221;, porque resum\u00edan la fe confesada, profesada y testimoniada por los cristianos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sin embargo, la confesi\u00f3n neotestamentaria de fe no pose\u00eda un modelo \u00fanico. El primer modelo es denominado &#8220;cristol\u00f3gico&#8221;. Las confesiones cristol\u00f3gicas de fe traen simplemente el nombre de Jes\u00fas asociado a un t\u00edtulo, tales como: Jes\u00fas es el Se\u00f1or (Rm 10,9; Fl 2,11; 1Cor 12,3); Jes\u00fas es el Cristo (Hch 18,5; 1Jn 2,22); Jes\u00fas es el Hijo de Dios (Hch 8,36-38), o narran de modo m\u00e1s o menos desarrollado el advenimiento de Jes\u00fas subrayando su misterio de muerte y resurrecci\u00f3n (kerigma primitivo). El segundo modelo, denominado binario, es aquel que se refiere a Dios-Padre y a Cristo y que encuentra su f\u00f3rmula t\u00edpica en 1Cor 8,6: &#8220;Para nosotros, s\u00f3lo hay un Dios, el Padre, de quien todo procede, y para el cual vamos, y un solo Se\u00f1or, Jesucristo, por el cual todo existe y por el cual nosotros existimos &#8220;(de modo similar en 1Tim 2,5-6, 6,13). El tercer modelo, finalmente, es ternario, y lo encontramos m\u00e1s expl\u00edcitamente en el saludo del Ap\u00f3stol Pablo a la comunidad de Corinto: &#8220;La gracia del Se\u00f1or Jesucristo, el amor de Dios, y la comuni\u00f3n del Esp\u00edritu Santo est\u00e9n con todos vosotros&#8221; (2Cor 13,13); en el texto de 1Cor 12,4-6, donde se lee: &#8220;Hay diversidad de dones de la gracia, pero el Esp\u00edritu es el mismo; diversidad de ministerios, pero es el mismo Se\u00f1or; diversos modos de acci\u00f3n, pero el mismo Dios que realiza todo en todos &#8220;; y muy especialmente en el orden misionero-bautismal del resucitado al final del Evangelio de Mateo: &#8220;Id, pues; de todas las naciones haced disc\u00edpulos, bautiz\u00e1ndolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Esp\u00edritu Santo, ense\u00f1\u00e1ndoles a guardar todo lo que os he mandado &#8220;(Mt 28,19-20). Este pasaje de Mateo se convirti\u00f3 en la &#8220;c\u00e9lula madre&#8221; de los varios S\u00edmbolos de la Fe empleados en las iglesias cristianas de los primeros siglos (SESB\u00d6U\u00c9, 2002, 75-79; DENZINGER, 2007, n. 10-76).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En la <em>Didach\u00e9<\/em> (finales del siglo I) se encuentra la siguiente instrucci\u00f3n:<\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u201cEn lo que se refiere al Bautismo, bautizad de este modo: una vez expuestas todas estas cosas, bautizad en el nombre del Padre, del Hijo y del Esp\u00edritu Santo en agua corriente. Si no ten\u00e9is agua corriente, bautizad en otra agua [&#8230;]. Derramad agua sobre la cabeza por tres veces, en el nombre del Padre, del Hijo y del Esp\u00edritu Santo\u201d (<em>Didach\u00e9<\/em>, VII, 1-3).<\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">En pleno siglo II, San Justino habla de los que &#8220;recibieron el ba\u00f1o del agua en el nombre del Padre y Se\u00f1or Dios del universo, en el nombre del Se\u00f1or Jesucristo y en el nombre del Esp\u00edritu Santo&#8221;. En este tiempo ya est\u00e1 en uso en el bautismo la forma interrogativa: &#8220;\u00bfCrees en Dios Padre, Se\u00f1or del universo? \u00bfCrees en Jesucristo, nuestro Se\u00f1or, que fue crucificado bajo Poncio Pilato? \u00bfCrees en el Esp\u00edritu Santo, que habl\u00f3 por los profetas? &#8220;(JUSTINO, I <em>Apol<\/em>. 13,1-3). Aunque hasta el siglo III no hay f\u00f3rmula \u00fanica fijada para las iglesias cristianas, las varias f\u00f3rmulas existentes presentan, sin embargo, la estructura trinitaria fiel al contexto lit\u00fargico-bautismal (RITTER, 1984, 405-408).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La primera colecci\u00f3n de regulaciones eclesi\u00e1sticas y lit\u00fargicas desde la <em>Didach\u00e9<\/em> la encontramos en los inicios del siglo III en la Iglesia de Roma. Es la <em>Tradici\u00f3n Apost\u00f3lica<\/em>, de Hip\u00f3lito de Roma, el ancestral directo y m\u00e1s remotamente atestiguado de lo que la Iglesia occidental llama hasta hoy de &#8220;S\u00edmbolo de los Ap\u00f3stoles&#8221;. Este consiste b\u00e1sicamente en el paso de la forma interrogativa dialogal (profesi\u00f3n de fe bautismal) hacia la forma declarativa (SESBO\u00dc\u00c9, 2002, 84).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A partir de los inicios del siglo IV se multiplicaron los s\u00ednodos locales y el uso normativo de las f\u00f3rmulas trinitarias de fe se convirti\u00f3 en una pr\u00e1ctica com\u00fan. Muchas fueron las formulaciones del S\u00edmbolo de la Fe utilizadas por las diversas iglesias cristianas de la \u00e9poca: Roma, Ces\u00e1rea, Jerusal\u00e9n, Antioqu\u00eda, \u00c9feso, Constantinopla, Salamina, Matastia, Cartago, Mil\u00e1n, entre otras. La unificaci\u00f3n del S\u00edmbolo de la Fe tiene su inicio con el Concilio de Nicea (325), se completa en el Concilio de Constantinopla I (381) y es oficialmente promulgada como el Credo oficial de los cristianos por los Concilios posteriores.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La g\u00e9nesis de los S\u00edmbolos es significativa del pasaje del discurso de las Escrituras a la literatura post-apost\u00f3lica. En la medida en que el S\u00edmbolo condensa en una unidad simple la rica diversidad del testimonio del Primer y del Segundo Testamento, se presenta como un acto de interpretaci\u00f3n de las Escrituras y, al mismo tiempo, como la matriz de la ense\u00f1anza catequ\u00edstica y punto de partida del discurso dogm\u00e1tico, ya que las primeras definiciones de fe tomar\u00e1n la forma de adiciones al S\u00edmbolo (SESBO\u00dc\u00c9, 2002, 73).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La palabra <em>s\u00edmbolo<\/em> (lat. <em>Symbolum, gr. \u03a3\u03cd\u03bc\u03b2\u03bf\u03bb\u03bf\u03bd<\/em>) se remit\u00eda a la forma antigua en que las personas hac\u00edan contratos o alianzas. El &#8220;s\u00edmbolo&#8221; significaba la uni\u00f3n de dos mitades de un objeto partido (una pieza o un sello) con ocasi\u00f3n de la celebraci\u00f3n de un contrato, pacto o alianza. A partir de entonces, el objeto simb\u00f3lico cumpl\u00eda la funci\u00f3n de identificar a los portadores y la relaci\u00f3n establecida entre ellos. La verdad de la relaci\u00f3n establecida se mostraba en la yuxtaposici\u00f3n de las dos partes del objeto. Un segundo significado de &#8220;s\u00edmbolo&#8221; es un resumen, una colecci\u00f3n o sumario que re\u00fane enunciados significativos debidamente organizados.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los cristianos utilizaron el t\u00e9rmino &#8220;s\u00edmbolo&#8221; como signo de identificaci\u00f3n y de comuni\u00f3n, teniendo como centro la confesi\u00f3n de fe en Jes\u00fas, el Cristo, el Hijo del Dios vivo (Mt 16,16). A este sumario de las principales verdades de la fe cristiana, dos ideas est\u00e1n esencialmente relacionadas: la del principio y la del efecto del simbolismo. El principio nos remite al v\u00ednculo mutuo entre elementos distintivos cuya combinaci\u00f3n es significativa; y el efecto apunta a la conexi\u00f3n mutua entre sujetos que se reconocen comprometidos uno con el otro en un pacto, en una alianza, en una ley de fidelidad (cf. ORTIGUES, 1962, 60-61).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El S\u00edmbolo de la Fe se comprende en la comunidad de fe y en la fe de la comunidad. Con \u00e9l se confiesa la fe de la comunidad, en la comunidad y ante la comunidad de fe (profesi\u00f3n) para ser insertado en ella y convertirse en un miembro de ella, de la Iglesia del Hijo, Jesucristo, reunida por el (su) Esp\u00edritu. La primera profesi\u00f3n de fe del cristiano tiene lugar en su bautismo. Fundamental era la profesi\u00f3n de fe en Jesucristo, el Hijo de Dios (cf. Hch 8,37-38). Sin embargo, la difusi\u00f3n y adopci\u00f3n del modelo trinitario (cf Mt 28,19) por las diversas comunidades a partir del siglo II refiri\u00f3 la profesi\u00f3n de fe bautismal a las tres personas de la Sant\u00edsima Trinidad. Las verdades de la fe, ternariamente confesadas \/ profesadas en el bautismo, proporcionar\u00e1n la estructura fundamental del S\u00edmbolo: la primera trata del Padre y de la obra admirable de la creaci\u00f3n; la segunda, del Hijo y del misterio de la redenci\u00f3n de los hombres; la tercera, del Esp\u00edritu Santo, fuente y principio de la santificaci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El uso del t\u00e9rmino &#8220;s\u00edmbolo&#8221; se generalizar\u00e1 en Occidente, donde pasar\u00e1 de la triple interrogaci\u00f3n trinitaria-bautismal a los Credos declaratorios. En el Oriente, el t\u00e9rmino surgir\u00e1 m\u00e1s discretamente a partir del siglo IV (Concilio de Laodicea, en 364, Canon 7). All\u00ed se verifica un relativo silencio acerca de las formulaciones del S\u00edmbolos de la Fe. El principal motivo de tal silencio se atribuye com\u00fanmente a la <em>disciplina del arcano<\/em>, seg\u00fan la cual la clave de los misterios cristianos no deber\u00eda ser puesta por escrito para que no viniera caer en las manos de los paganos. En todo caso, es en el contexto del siglo IV cuando la necesidad de unificar las antiguas f\u00f3rmulas de fe se impone. El s\u00edmbolo de Nicea (325) condens\u00f3 y expres\u00f3 la fe en Jesucristo en confrontaci\u00f3n con el gnosticismo y el arrianismo, mientras que el S\u00edmbolo de Constantinopla (381) desarroll\u00f3 y expres\u00f3 la fe en el Esp\u00edritu Santo en confrontaci\u00f3n con los macedonianos (o neum\u00e1ticos). Y as\u00ed, el S\u00edmbolo que recogi\u00f3 la ense\u00f1anza de Nicea y Constantinopla pas\u00f3 a ser conocido poco a poco en toda la Iglesia cristiana como &#8220;S\u00edmbolo Niceno-Constantinopolitano&#8221; (DENZINGER, 2007, 125-126; 150-151). El Concilio de \u00c9feso (431) lo reconoce como oficial y decreta que ya no se hagan a\u00f1adidos a este s\u00edmbolo, anatematizando a quien lo hiciera. Fiel a este principio, la c\u00e9lebre definici\u00f3n cristol\u00f3gica del Concilio de Calcedonia (451), acerca de las dos naturalezas de Cristo, se expresar\u00e1 en un texto separado (SESBOU\u00c9, 2002, 87). El Concilio de Constantinopla III (681) renov\u00f3 la sanci\u00f3n del Concilio de \u00c9feso.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Fue a partir del siglo VI cuando el Credo Niceno-Constantinopolitano fue adoptado como s\u00edmbolo bautismal en pr\u00e1cticamente todo el Oriente. Progresivamente se utiliz\u00f3 en Occidente hasta que finalmente se adopt\u00f3 en la iglesia de Roma en el siglo IX. En esta \u00e9poca, el uso del <em>Filioque<\/em> (el Esp\u00edritu Santo procede del Padre y <em>del Hijo<\/em>) en el S\u00edmbolo, ya en uso en Espa\u00f1a por lo menos desde el III S\u00ednodo de Toledo, en 589, reapareciendo en diversos concilios de esa ciudad, en 633, 675, 693, se extendi\u00f3 a la Galia, a la alta Italia, y su uso lit\u00fargico comenz\u00f3 a difundirse. Bajo la influencia de Carlos Magno, a finales del siglo VIII e inicios del siglo IX, el a\u00f1adido del <em>Filioque<\/em> al s\u00edmbolo Niceno-Constantinopolitano, se decide en los concilios de Friuli (796) y de Aix-la-Chapelle (SESBOU\u00c9, 2002, 281). Despu\u00e9s de varias d\u00e9cadas de resistencias, comenzando por el papa Le\u00f3n III, que hab\u00eda consagrado a Carlomagno emperador en Roma el a\u00f1o 800, el <em>Filioque<\/em> fue finalmente adoptado por la iglesia romana en 1014 bajo el papa Benedicto VIII, a pedido del emperador Enrique II, agravando \u00a0las desavenencias entre el Occidente y el Oriente cristianos. El conflicto en torno al <em>Filioque<\/em>, que hace tiempo se anunciaba y que en el contexto del siglo XI en mucho extrapolaba la esfera del meramente teol\u00f3gico-lit\u00fargico-doctrinal, tuvo su desenlace con el rompimiento de la unidad de la iglesia cristiana en 1054 (cf. SESBO\u00dc\u00c9, 2002, 281-282).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>4 \u00a0El S\u00edmbolo Niceno-Constantinopolitano<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Dado que el contenido teol\u00f3gico-trinitario del S\u00edmbolo Apost\u00f3lico, tan conocido en el Occidente cat\u00f3lico romano, est\u00e1 contenido en el S\u00edmbolo Niceno-Constantinopolitano, presentaremos aqu\u00ed la formulaci\u00f3n de este \u00faltimo, conforme a la encontramos en el Misal Romano, seguido de algunos comentarios teol\u00f3gicos breves a cada uno sus art\u00edculos.<\/p>\n<ul style=\"text-align: justify;\">\n<li><em>Creo en un solo Dios, Padre Todopoderoso, creador del cielo y de la tierra, de todas las cosas visibles e invisibles.<\/em><\/li>\n<li><em>Creo en un solo Se\u00f1or, Jesucristo, Hijo Unig\u00e9nito de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios, luz de la luz, Dios verdadero de Dios verdadero, generado, no creado, consubstancial al Padre. Por \u00e9l todas las cosas fueron hechas. Y por nosotros, hombres, y para nuestra salvaci\u00f3n, descendi\u00f3 de los cielos: y se encarn\u00f3 por el Esp\u00edritu Santo, en el seno de la Virgen Mar\u00eda, y se hizo hombre. Tambi\u00e9n por nosotros fue crucificado bajo Poncio Pilato; padeci\u00f3 y fue sepultado. Resucit\u00f3 al tercer d\u00eda, seg\u00fan las Escrituras, y subi\u00f3 a los cielos, donde est\u00e1 sentado a la derecha del Padre. Y de nuevo ha de venir, en su gloria, para juzgar a los vivos y a los muertos; y su reino no tendr\u00e1 fin.<\/em><\/li>\n<li><em>Creo en el Esp\u00edritu Santo, Se\u00f1or que da la vida, y procede del Padre [y del Hijo]; y con el Padre y el Hijo es adorado y glorificado: \u00e9l que habl\u00f3 por los profetas. Creo en la Iglesia, una, santa, cat\u00f3lica y apost\u00f3lica. Profeso un solo bautismo para la remisi\u00f3n de los pecados. Y espero la resurrecci\u00f3n de los muertos y la vida del mundo que ha de venir. &#8211; Am\u00e9n.<\/em><\/li>\n<\/ul>\n<p style=\"text-align: justify;\">&#8220;Creo en un solo Dios&#8221; manifiesta la actitud consciente del fiel de estar personal y existencialmente orientado \u00fanicamente hacia Dios. La expresi\u00f3n &#8220;un solo Dios&#8221; caracteriza al monote\u00edsmo cristiano. &#8220;Padre&#8221; es el atributo designativo inmediato de Dios que nos permite comprender su omnipotencia, as\u00ed como lo que de ella inmediatamente se deduce: &#8220;creador del cielo y de la tierra&#8221;. Al dirigir el acto de fe a Dios Padre, omnipotente, creador de todo lo que existe, el fiel se autocomprende como criatura de Dios, como puesto en la existencia por libre disposici\u00f3n de Dios-Creador y, desde all\u00ed, ha de comprender el significado de Dios su vida en el r\u00e9gimen del don, de la gracia. Al extender el \u00e1mbito del creado a &#8220;todas las cosas visibles e invisibles&#8221;, el s\u00edmbolo rechaza toda forma de manique\u00edsmo y de dualismo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&#8220;Creo en un solo Se\u00f1or, Jesucristo&#8221;. El t\u00e9rmino griego \u03ba\u1fe1\u03c1\u1fd0\u03bf\u03c2 (Se\u00f1or) fue utilizado en la Septuaginta para traducir el vocablo hebreo &#8220;Adonai&#8221;, aplicado a Yahweh. De ah\u00ed la primera afirmaci\u00f3n de la igualdad divina de Jesucristo con Dios. Siendo Jes\u00fas, el Cristo (Mes\u00edas), es \u00e9l el ungido de Yahv\u00e9. Si <em>uno solo<\/em> es Dios, el Padre, se deduce que <em>uno solo<\/em> es el Hijo; por eso se dice inmediatamente &#8220;unig\u00e9nito del Padre&#8221;. Para subrayar una vez m\u00e1s su divinidad se dice &#8220;nacido del Padre antes de todos los siglos&#8221;, pues todo lo que no es Dios recibe el estatus de criatura. Del Hijo divino se puede decir ahora que es &#8220;Dios verdadero de Dios verdadero&#8221; y &#8220;consubstancial al Padre&#8221;. El t\u00e9rmino &#8220;consubstancial&#8221; (\u1f41\u03bc\u03bf\u03bf\u03cd\u03c3\u03b9\u03bf\u03c2) fue empleado en el Concilio de Nicea para afirmar la divinidad de Jesucristo en oposici\u00f3n al subordinacionismo ario. La siguiente expresi\u00f3n, &#8220;Dios de Dios&#8221;, se explica por la afirmaci\u00f3n anterior de que es consustancial al Padre. Con esto tambi\u00e9n se dice que no hay jerarqu\u00eda en Dios, a no ser en el sentido de que el Padre genera (y luego env\u00eda) Hijo, y no al rev\u00e9s. &#8220;Luz de la Luz&#8221; recoge una explicaci\u00f3n tradicional de San Atanasio sobre la relaci\u00f3n entre el Padre y el Hijo eterno: ellos son como la luz y su resplandor; entre ellos hay diferencia, pero no hay distinci\u00f3n de naturaleza. &#8220;Por \u00e9l todas las cosas fueron hechas&#8221; rescata la teolog\u00eda del Pr\u00f3logo de Juan (1,3) y, de \u00e9sta, la de la creaci\u00f3n del mundo que viene a la existencia por la Palabra de Dios (Gn 1 y 2). &#8220;Y por nosotros, hombres, y para nuestra salvaci\u00f3n, descendi\u00f3 de los cielos&#8221; expresa el movimiento que va a dar origen a la Encarnaci\u00f3n del Hijo, no como una simple y desinteresada expedici\u00f3n divina a su creaci\u00f3n, sino con una finalidad precisa: nuestra salvaci\u00f3n (cf. Rm 5,8; Jn 3,16-17; 1Jo 4,8-10). La salvaci\u00f3n por la encarnaci\u00f3n del Hijo trae en s\u00ed la posibilidad de ser hijos de Dios en el Hijo de Dios (Rm 8,14ss; Gl 4,6ss).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La Encarnaci\u00f3n del Hijo de Dios se da &#8220;por el Esp\u00edritu Santo&#8221;, que, como tal, es Dios, es el Esp\u00edritu de Dios, la vida de Dios. Con la expresi\u00f3n &#8220;en el seno de la Virgen Mar\u00eda&#8221; se ha comenzado la cristolog\u00eda hist\u00f3rica. El &#8220;<em>se hizo homb<\/em>re&#8221; completa la afirmaci\u00f3n de que Jesucristo es Dios con nosotros: &#8220;verdaderamente Dios y verdaderamente hombre&#8221; como se dir\u00e1 en la c\u00e9lebre f\u00f3rmula cristol\u00f3gica del Concilio de Calcedonia (DENZINGER, 2007, n.301).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&#8220;Tambi\u00e9n por nosotros fue crucificado&#8221; se comprende en el horizonte salv\u00edfico aludido anteriormente: &#8220;por nosotros [= en pro de nosotros] y para nuestra salvaci\u00f3n&#8221;. Su sangre fue derramada por nosotros para el perd\u00f3n de nuestros pecados (Mt 26,28; Mc14,24). &#8220;Bajo Poncio Pilatos&#8221; atestigua el contexto hist\u00f3rico en que Jesucristo padeci\u00f3. &#8220;Y fue sepultado&#8221; alude simplemente al destino com\u00fan de los que murieron y la pr\u00e1ctica vigente de sepultar los cad\u00e1veres. La expresi\u00f3n &#8220;descendi\u00f3 a la mansi\u00f3n de los muertos&#8221;, del S\u00edmbolo Apost\u00f3lico, no se encuentra en el Niceno-Constantinopolitano. Pero ella alude igualmente a la participaci\u00f3n real de Jes\u00fas en el destino de todo hombre mortal para tambi\u00e9n a partir de ah\u00ed poder ser, por su resurrecci\u00f3n, el Salvador de todos (cf. 1Tm 4,10).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&#8220;Resucit\u00f3 al tercer d\u00eda, conforme a las Escrituras&#8221; nos remite al centro focal de la confesi\u00f3n cristol\u00f3gica de los evangelios y sus relatos de las apariciones del resucitado al tercer d\u00eda. El tercer d\u00eda confirma una vez m\u00e1s la realidad de la muerte del crucificado, ya que no hay reanimaci\u00f3n de cad\u00e1veres dos d\u00edas despu\u00e9s de la constataci\u00f3n f\u00e1ctica de la muerte. Al mismo tiempo habla de la esperanza del justo en la intervenci\u00f3n de Dios que no lo abandonar\u00e1 por m\u00e1s tiempo; y eso &#8220;conforme a las Escrituras&#8221; (1Cor 15,4). &#8220;Y subi\u00f3 a los cielos, donde est\u00e1 sentado a la derecha del Padre&#8221; alude a la Ascensi\u00f3n del Se\u00f1or, completando el <em>kerigma<\/em> primitivo y fundamentando la afirmaci\u00f3n de que Jes\u00fas fue constituido Se\u00f1or (<em>Kyrios<\/em>), colocado a la derecha del Padre. &#8220;Y de nuevo ha de venir, en su gloria, para juzgar a los vivos y los muertos &#8220;atestigua la esperanza en la venida de Cristo en poder y gloria para establecer definitivamente el Reinado del Padre (1Tes 1,9-10; 2Ts 1, 7-10; Mt 24, 29-30; Mc 14,62). Esta es una forma apocal\u00edptica de hablar de la consumaci\u00f3n escatol\u00f3gica del Reino de Dios. La expresi\u00f3n &#8220;de los vivos y de los muertos&#8221; fue mantenida porque no hab\u00eda c\u00f3mo determinar si por la ocasi\u00f3n de la segunda venida de Cristo todos deb\u00edan primero morir para entonces ser por \u00e9l juzgados, o no. &#8220;Y su reino no tendr\u00e1 fin&#8221; es una expresi\u00f3n que se entiende en oposici\u00f3n a los subordinacionistas, seg\u00fan los cuales Jes\u00fas entregar\u00e1 todo al Padre despu\u00e9s de haber cumplido su misi\u00f3n terrena<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&#8220;Creo en el Esp\u00edritu Santo, Se\u00f1or que da la vida&#8221; es el modo de decir la vida de Dios. El Esp\u00edritu divino es el principio vital por excelencia, el soplo divino que hace del hombre un ser viviente (Gn 2,7) y trae consigo la promesa de que un d\u00eda ese esp\u00edritu sea la vida misma de Dios en el viviente. Es el Esp\u00edritu que hace vivir (Ez 37,14). El Esp\u00edritu Santo tambi\u00e9n es llamado Se\u00f1or (to <em>Kyrios<\/em> &#8211; en la forma neutra). Siendo &#8220;Se\u00f1or&#8221;, el Esp\u00edritu Santo es de naturaleza divina.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En vez del t\u00e9rmino &#8220;consubstancial&#8221;, utilizado antes para subrayar la divinidad del Hijo, se dice que el Esp\u00edritu <em>procede del Padre<\/em>, y luego se opt\u00f3 por una expresi\u00f3n de corte m\u00e1s b\u00edblico para hablar de su igualdad divina: &#8220;y, con el Padre y el Hijo es adorado y glorificado&#8221;. La f\u00f3rmula &#8220;que procede del Padre&#8221; deb\u00eda expresar, siguiendo a Jn 15,26, las relaciones intratrinitarias, tomando al Padre por fuente de la procedencia tanto del Hijo y del Esp\u00edritu. La formulaci\u00f3n mantiene al Esp\u00edritu en una relaci\u00f3n originaria con el Padre sin ofrecer, sin embargo, mayores explicaciones en cuanto al modo de la procedencia. El S\u00edmbolo Apost\u00f3lico tampoco menciona expl\u00edcitamente la procedencia. &#8220;Que habl\u00f3 por los profetas&#8221; destaca la acci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo en la historia de la salvaci\u00f3n. S\u00f3lo Dios revela a Dios. El primer y el segundo Testamentos est\u00e1n unidos por el mismo Esp\u00edritu, tal como la promesa a su cumplimiento (SESBO\u00dc\u00c9, 2002, 111-113).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La Iglesia es mencionada enseguida dando secuencia a la acci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo en la historia. El Esp\u00edritu Santo hace la Iglesia. Creo \/ creemos en la Iglesia, junto con, en comuni\u00f3n con otros. Si el Esp\u00edritu Santo no nos uniera, reuni\u00e9ndonos en Cristo, no habr\u00eda Iglesia. Ella es &#8220;una&#8221; porque uno solo es Padre, uno solo es el Hijo y uno solo es el Amor divino que nos inserta en la comuni\u00f3n divina; es &#8220;santa&#8221; porque est\u00e1 siendo santificada en cada uno de sus miembros por la presencia viva del Esp\u00edritu Santo recibido en el Bautismo; es &#8220;apost\u00f3lica&#8221; porque hunde ra\u00edces en la fe y en el testimonio de los ap\u00f3stoles; y es &#8220;cat\u00f3lica&#8221; por su universalidad, es decir, no se restringe a un pueblo, a una raza, a una naci\u00f3n, a una delimitaci\u00f3n geogr\u00e1fica o temporal.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&#8220;La comuni\u00f3n de los santos&#8221; deriva de la Iglesia santa. Aquellos a quienes el Esp\u00edritu santifica pertenecen y pertenecer\u00e1n a Dios en todos los tiempos. En el Esp\u00edritu Santo creemos &#8220;en la remisi\u00f3n de los pecados&#8221; profesando, para eso, &#8220;un solo bautismo&#8221;. La salvaci\u00f3n implica restablecer la relaci\u00f3n filial con Dios en el Esp\u00edritu &#8211; del Hijo de Dios &#8211; que nos fue dado (Rm 5,5; 8,15; Gl 4,6; 1Cor 12,2; 1Jn 3,24). Mientras la remisi\u00f3n de los pecados habla del pasado, &#8220;la resurrecci\u00f3n de los muertos y la vida del mundo que ha de venir&#8221; se refiere al futuro en la fe. Creer en la resurrecci\u00f3n de los muertos (&#8220;de la carne&#8221;, dir\u00e1 el S\u00edmbolo Apost\u00f3lico) es creer en el amor vivificante de Dios que nos llama por el nombre a la vida. El acto de fe tiene como fundamento el amor de Dios. &#8220;Am\u00e9n: \u00a1as\u00ed sea!, Es tanto una expresi\u00f3n de asentimiento con todo lo que antes fue confesado \/ profesado como tambi\u00e9n una expresi\u00f3n de la esperanza. Se entiende mejor el &#8220;am\u00e9n&#8221; final por su relaci\u00f3n a lo dicho inmediatamente antes: &#8220;Y espero la resurrecci\u00f3n de los muertos y la vida del mundo que ha de venir&#8221;.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Conclusi\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El S\u00edmbolo de la Fe debe ser el contenido fundamental de toda catequesis y de toda dogm\u00e1tica cristiana. Al decirnos qui\u00e9n es Dios para nosotros, decimos, al mismo tiempo, qui\u00e9n somos nosotros para Dios, y reafirmamos la alianza nueva y eterna con Dios en Cristo Jes\u00fas en la fuerza del Esp\u00edritu Santo. Dios-Trinidad es el amor misericordioso que nos da, nos redime \/ salva y nos santifica. La creaci\u00f3n, la salvaci\u00f3n, la santificaci\u00f3n son el acontecimiento del amor misericordioso de Dios en nuestra vida. Es en el horizonte del amor divino donde se comprende el nuevo mandamiento dado por Jes\u00fas a sus disc\u00edpulos: &#8220;amaos los unos a los otros como yo os he amado&#8221; (Jn 13,24). Es amando como conocemos a Dios: &#8220;El que no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor&#8221; (1Jn 4,8). Y es conocer a Dios como amor como descubrimos la raz\u00f3n y la finalidad de nuestra existencia como don de la bondad infinita de Dios, como gracia. En ese sentido, el S\u00edmbolo de la Fe es el modo resumido que los cristianos tienen para decir: &#8220;Dios es Amor&#8221;.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>Luiz Carlos Sureki, SJ<\/em>. Facultad Jesuita, Belo Horizonte, Brasil. Texto original, portugu\u00e9s.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Referencias<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">BINGEMER, M. C. Deus Trindade: a vida no cora\u00e7\u00e3o do mundo: trindade e gra\u00e7a 1. S\u00e3o Paulo: Paulinas, 2011.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">DENZINGER Heinrich. <em>Comp\u00eandio dos s\u00edmbolos, defini\u00e7\u00f5es e declara\u00e7\u00f5es de f\u00e9 e moral<\/em>. S\u00e3o Paulo: Paulinas\/Loyola, 2007.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">KASPER, Walter. <em>El Dios de Jesucristo. <\/em>Col. Presencia Teol\u00f3gica. Santander: Sal Terrae, 2013.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">LADARIA, Lu\u00eds. <em>O Deus Vivo e Verdadeiro<\/em>. O mist\u00e9rio da Trindade. S\u00e3o Paulo: Loyola, 2005.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">ORTIGUES, Edmond. <em>Le Discours et le symbole<\/em>. Paris: Aubier, 1962.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">PEREIRA LAMELAS, Isidoro. <em>Sim, Cremos. O Credo comentado pelos Padres da Igreja<\/em>. Antologia comentada. Lisboa: Universidade Cat\u00f3lica, 2013.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">RATZINGER, Joseph.; BALTHASAR, Hans Urs von; RAHNER, Karl (y otros). <em>Yo Creo. <\/em>Ensayos 405. Madrid: Encuentro, 2010.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">RITTER, Adolf Martin. \u201cGlaubensbekenntnis (V) \u2013 Alte Kirche\u201d. In: <em>Theologische Realenzyklop\u00e4die<\/em>, Band XIII. Berlin-New York: Walter de Gruyter 1984, 399-412.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">SATTLER, Dorothea. \u201cGlaubensbekenntnis\u201d. In: <em>Lexikon f\u00fcr Theologie und Kirche<\/em>, Band 4. Herder: Freiburg-Basel-Rom-Wien, 1995, p. 702-707.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">SESB\u00d6U\u00c9, Bernard. <em>Hist\u00f3ria dos Dogmas. Tomo 1: O Deus da Salva\u00e7\u00e3o<\/em>. Tradi\u00e7\u00e3o e regra de f\u00e9 e os S\u00edmbolos, a economia da salva\u00e7\u00e3o, o desenvolvimento dos dogmas trinit\u00e1rio e cristol\u00f3gico. S\u00e3o Paulo: Loyola, 2002.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00cdndice Introducci\u00f3n 1 Del Evangelio a las primeras f\u00f3rmulas de confesi\u00f3n de fe 2 De las primeras f\u00f3rmulas de confesi\u00f3n de fe al S\u00edmbolo de la Fe 3 El S\u00edmbolo Niceno-Constantinopolitano Conclusi\u00f3n Referencias Introducci\u00f3n El S\u00edmbolo de la Fe es el contenido resumido de la fe de los cristianos. Es el Credo cristiano. 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