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{"id":1647,"date":"2018-12-24T11:55:26","date_gmt":"2018-12-24T13:55:26","guid":{"rendered":"http:\/\/theologicalatinoamericana.com\/?p=1647"},"modified":"2019-01-27T12:02:06","modified_gmt":"2019-01-27T14:02:06","slug":"la-cristologia-en-los-siglos-ii-y-iii","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/teologicalatinoamericana.com\/?p=1647","title":{"rendered":"La cristolog\u00eda en los siglos II y III"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\"><strong>\u00cdndice<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Introducci\u00f3n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">1 Panorama general de la cristolog\u00eda en los siglos II y III<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">2 Los principales ejes de la reflexi\u00f3n cristol\u00f3gica<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">3 La cristologia de Ireneo<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">4 La cristologia de Or\u00edgenes<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Conclusi\u00f3n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">5 Referencias<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La fe en Jesucristo, transmitida por la predicaci\u00f3n de los ap\u00f3stoles y, m\u00e1s ampliamente, por los diversos escritos del NT, suscit\u00f3 en los siglos siguientes intensa reflexi\u00f3n en el seno de las comunidades cristianas. Si esta reflexi\u00f3n fue particularmente profundizada en la segunda mitad de la \u00e9poca patr\u00edstica (gracias a las controversias que condujeron a los concilios de \u00c9feso, en 431, y Calcedonia, en 451), provoc\u00f3, sin embargo, notables progresos ya en los siglos II y III. Esto se explica por el hecho de que los cristianos de esa \u00e9poca eran conducidos, como por una especie de necesidad interna, a entrar en una comprensi\u00f3n m\u00e1s profunda de su fe en Cristo; pero eso tiene que ver tambi\u00e9n con las discusiones o controversias que los opusieron a los jud\u00edos, a los paganos y a los que, a pesar de valerse del Evangelio, deformaron gravemente su significado (a saber, los adeptos de la corriente llamada &#8220;gnosticismo&#8221;).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ofreceremos aqu\u00ed, primero, un panorama general de la cristolog\u00eda en los siglos II y III y una presentaci\u00f3n de sus principales orientaciones, para, a continuaci\u00f3n, detenernos, de modo particular, en los Santos Padres que, por ese tiempo, contribuyeron de modo muy especial a la reflexi\u00f3n sobre el Cristo: Ireneo y Or\u00edgenes<a href=\"#_edn1\" name=\"_ednref1\">[i]<\/a>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>1 Panorama general de la cristolog\u00eda en los siglos II y III<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es importante recordar la importancia que los textos lit\u00fargicos atribuyen al Cristo, ya sea por medio de breves f\u00f3rmulas, como se ve en el \u00abS\u00edmbolo de los Ap\u00f3stoles\u00bb (cuyos principales enunciados son muy antiguos), bien por la formulaci\u00f3n que se utilizaba en la liturgia bautismal. Durante esta liturgia el celebrante dirig\u00eda al catec\u00fameno la siguiente pregunta:<\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u201c\u00bfCrees en Jesucristo, Hijo de Dios, que naci\u00f3 por el Esp\u00edritu Santo de la Virgen Mar\u00eda, fue crucificado bajo Poncio Pilato, fue muerto, resucit\u00f3 en el tercer d\u00eda vivo de entre los muertos, subi\u00f3 a los cielos y est\u00e1 sentado a la derecha del Padre; que vendr\u00e1 a juzgar a los vivos y a los muertos? &#8220;(HIPPOLYTE DE ROME. <em>La Tradition apostolique<\/em> &#8211; 21, p. 85-87).<\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">Adem\u00e1s de estos textos lit\u00fargicos, entre los cuales est\u00e1 tambi\u00e9n la <em>Didach\u00e9 o Doctrina de los Doce Ap\u00f3stoles <\/em>(<em>La Doctrine des douze ap\u00f4tres<\/em> &#8211; coll. Sources Chr\u00e9tiennes, n.248), los inicios de la literatura patr\u00edstica revelan una gran diversidad de escritos que, cada cual, a su modo, dan testimonio de Jesucristo afirmando su humanidad y su divinidad, as\u00ed como el alcance \u00fanico de su ofrenda en favor de la humanidad. Uno de los m\u00e1s antiguos, Clemente Romano, en su carta a los fieles de Corinto (de 96 a 98 dC), presenta al Cristo como mediador de la salvaci\u00f3n en el seno de la humanidad. Poco despu\u00e9s, Ignacio de Antioqu\u00eda, mientras se prepara para sufrir el martirio (por la segunda mitad del siglo II), escribe varias cartas a comunidades cristianas y ataca exactamente a los &#8220;docetas&#8221;, es decir, aquellos que dicen que el Hijo de Dios habr\u00eda asumido s\u00f3lo una apariencia humana; le opone la plena realidad de la encarnaci\u00f3n:<\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abSed entonces sordos cuando os hablen de otra cosa diferente a Jesucristo, de la raza de David, [hijo] de Mar\u00eda, que verdaderamente naci\u00f3, comi\u00f3 y bebi\u00f3, que fue verdaderamente perseguido bajo Poncio Pilato, que fue verdaderamente crucificado y muri\u00f3, a los ojos del cielo, de la tierra y de los infiernos, que verdaderamente resucit\u00f3 de entre los muertos\u00bb (IGNACE D\u2019ANTIOCHE, <em>Aux Tralliens <\/em>&#8211; IX, 1-2, p.119).<\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">Otros g\u00e9neros de escritos podr\u00edan ser mencionados, incluso en forma po\u00e9tica (como los pasajes cristianos de la colecci\u00f3n conocida bajo el nombre de <em>Or\u00e1culos Sibilinos<\/em>, o tambi\u00e9n, las <em>Odas de Salom\u00f3n<\/em>), as\u00ed como los relatos de martirio que son caracter\u00edsticos de aquella \u00e9poca en que los mismos cristianos eran sometidos a violentas persecuciones y, precisamente en esta situaci\u00f3n, algunos de ellos testificaban hasta el fin su fidelidad a Cristo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se agrega a ello la literatura llamada &#8220;ap\u00f3crifa&#8221;, que son textos cuyo origen se desconoc\u00eda o textos que circulaban bajo nombre falso (por ejemplo, la <em>Carta de Bernab\u00e9<\/em>), o tambi\u00e9n, textos considerados como no aptos para figurar en el &#8220;canon&#8221; de las Escrituras (&#8220;canon&#8221; \u00e9ste que se constituy\u00f3 progresivamente, al menos en lo esencial, a lo largo del siglo II). Cierto n\u00famero de estos textos conten\u00eda afirmaciones heterodoxas, particularmente, afirmaciones &#8220;docetas&#8221;, lo que contribuye a explicar, por fuerza del contraste, el vigor de los desarrollos de Ignacio de Antioqu\u00eda y otros Padres respecto a la verdadera humanidad de Cristo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Adem\u00e1s de todos estos escritos, que, como se puede ver, son de naturaleza diversificada, la literatura patr\u00edstica de los siglos II y III nos leg\u00f3 obras que aportaron una contribuci\u00f3n cristol\u00f3gica de primera magnitud: adem\u00e1s de Ignacio de Antioqu\u00eda, ya mencionado, cabe citar al apologeta Justino en la mitad del siglo II; Ireneo de Lyon y Clemente de Alejandr\u00eda al final de ese mismo siglo; y despu\u00e9s, el gran exegeta Or\u00edgenes, que vivi\u00f3 sucesivamente en Alejandr\u00eda y en Ces\u00e1rea de Palestina, o tambi\u00e9n Tertuliano, en \u00c1frica del Norte. Volveremos m\u00e1s detalladamente a dos de esos autores: Ireneo y Or\u00edgenes. Pero antes de eso conviene precisar los ejes mayores en torno a los cuales se desdobla, en medio de la diversidad de sus escritos, la literatura cristol\u00f3gica del per\u00edodo aqu\u00ed considerado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>2 Los principales ejes de la reflexi\u00f3n cristol\u00f3gica<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La cristolog\u00eda de esta \u00e9poca se desarrolla en una situaci\u00f3n hist\u00f3rica en la que los cristianos, bien minoritarios y a veces amenazados, deben defender su fe frente a las objeciones formuladas contra ellos. Esto se manifiesta, sobre todo, en los escritos de los &#8220;Padres apologetas&#8221; en el siglo II. La obra de Justino, &#8220;fil\u00f3sofo y m\u00e1rtir&#8221;, es significativa a este respecto (ver: JUSTIN, 1994). Por una parte, contiene un escrito de controversia con un jud\u00edo: el <em>Di\u00e1logo con Trif\u00f3n<\/em>: en este escrito, Justino refuta las afirmaciones de su interlocutor, que niega que Jes\u00fas crucificado pueda ser el Mes\u00edas. Por medio de una ex\u00e9gesis denominada &#8220;tipol\u00f3gica&#8221; (algunos personajes o episodios de la Biblia son entendidos como &#8220;figuras&#8221; de Cristo) y una ex\u00e9gesis &#8220;prof\u00e9tica&#8221; (algunos or\u00e1culos o salmos son le\u00eddos como anuncios velados de lo que suceder\u00eda con Jes\u00fas), Justino muestra que las Escrituras antiguas hab\u00edan predicho la Pasi\u00f3n. \u00c9l subraya tambi\u00e9n que el Mes\u00edas crucificado y resucitado ha de volver en la gloria y que, as\u00ed, habr\u00e1 una segunda &#8220;parus\u00eda&#8221; de Cristo al final de los tiempos. Por otra parte, la obra de Justino contiene tambi\u00e9n una Apolog\u00eda, que pretende refutar las objeciones que vienen del mundo pagano. El apologeta escribe, entre otras cosas, que la fe en el Logos de Dios no deber\u00eda ser despreciada como una creencia inveros\u00edmil, ya que las tradiciones de la antig\u00fcedad griega exhiben, ellas mismas, creencias inauditas:<\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando decimos que el Logos, el primog\u00e9nito de Dios, Jesucristo nuestro Maestro, fue generado sin uni\u00f3n carnal, que despu\u00e9s de haber sido crucificado, muerto y resucitado, subi\u00f3 al cielo, nosotros no anunciamos nada m\u00e1s que lo inaudito con respecto a los que vosotros llam\u00e1is hijos de Zeus (JUSTIN, <em>Apologie pour les chr\u00e9tiens<\/em> &#8211; 21, 1,\u00a0p.187).<\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero Justino subraya sobre todo la superioridad e incluso la unicidad del Hijo de Dios en relaci\u00f3n con las figuras mitol\u00f3gicas &#8211; siendo que la creencia en tales figuras debe ser explicada como obra de los &#8220;demonios&#8221; que intentaron alejar a los hombres de la verdad. Por lo dem\u00e1s, no se satisface con tal refutaci\u00f3n de las acusaciones paganas. M\u00e1s exactamente, como esas acusaciones atra\u00edan la atenci\u00f3n sobre la fecha tard\u00eda de la Encarnaci\u00f3n invocada por los cristianos y en eso encontraban motivos de objeci\u00f3n contra la doctrina cristiana, \u00e9l explica que el Logos de Dios, aunque s\u00f3lo recientemente manifestado en la historia, se comunicaba ya de alguna manera en los siglos anteriores a su venida; y as\u00ed llega a escribir:<\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los que vivieron seg\u00fan el Logos son cristianos, incluso si son tenidos por ateos, como por ejemplo, entre los griegos, S\u00f3crates, Her\u00e1clito y otros parecidos a ellos y, entre los b\u00e1rbaros, Abraham, Anan\u00edas, Misael, El\u00edas y algunos otros, de los cuales renunciamos por ahora a enumerar las obras y los nombres sabiendo que ser\u00eda muy largo hacer eso (JUSTIN, <em>Apologie pour les chr\u00e9tiens<\/em> &#8211; 46, 3, p.251).<\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esta perspectiva, ciertamente, no impidi\u00f3 a Justino subrayar la superioridad de Jes\u00fas en relaci\u00f3n con S\u00f3crates; es evidente que, en favor de su controversia con los paganos, \u00e9l llama la atenci\u00f3n sobre la universalidad del don de Dios, del cual los propios paganos se beneficiaron en los siglos antiguos. Retomando y transfiriendo la expresi\u00f3n estoica del &#8220;<em>Logos Spermatikos<\/em>&#8221; explica que el Logos de Dios es &#8220;diseminado&#8221; en el mundo de las naciones: as\u00ed \u00e9l introduce el conocido tema de las &#8220;semillas del Verbo&#8221;, que ser\u00e1 reencontrado por la teolog\u00eda del siglo XX, de modo que el Concilio Vaticano II le har\u00e1 referencia expresa. A trav\u00e9s de tal tema, que, despu\u00e9s de Justino, es ampliamente desarrollado por Clemente de Alejandr\u00eda, a finales del siglo II, se percibe que los Padres apologetas no se quedaron s\u00f3lo a la defensiva, sino que, en el marco de sus respuestas a las objeciones paganas, contribuyeron a la profundizaci\u00f3n de la reflexi\u00f3n cristol\u00f3gica.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De hecho, el aporte de la literatura patr\u00edstica a esta reflexi\u00f3n es, desde los siglos II y III, un aporte doctrinal. Diversos temas merecen especial destaque. As\u00ed, en primer lugar, la insistencia de los sacerdotes sobre el alcance salv\u00edfico de la encarnaci\u00f3n y del misterio pascual. Mientras que a veces se percibe la tentaci\u00f3n en la historia ulterior de la teolog\u00eda de desarrollar sobre todo una reflexi\u00f3n ontol\u00f3gica sobre la identidad humano-divina de Cristo (corriendo el riesgo de dejar en el segundo plano la consideraci\u00f3n de la salvaci\u00f3n ofrecida por Cristo), los Padres de los primeros siglos acent\u00faan que el Verbo de Dios vino para curar a la humanidad herida y para ofrecerle la comuni\u00f3n con su propia vida. Pero esta orientaci\u00f3n no les impide reflexionar tambi\u00e9n, a su modo, sobre la identidad del <em>Logos<\/em>. Ellos subrayan, como hemos visto, la plena realidad de la encarnaci\u00f3n, de la pasi\u00f3n y de la Resurrecci\u00f3n (que es el fundamento de la esperanza cristiana en la &#8220;resurrecci\u00f3n de la carne&#8221;, como subraya Tertuliano, entre otros). Al mismo tiempo, afirman la divinidad del Verbo hecho carne, manteniendo que el Logos no es una simple criatura, sino que es desde siempre generado por el Padre. Ciertamente, esta reflexi\u00f3n no avanza sin buscar a tientas, como se ve, por ejemplo, en Te\u00f3filo de Antioqu\u00eda que, al final del siglo II, distingue dos &#8220;estados&#8221; del <em>Logos,<\/em> el Logos &#8220;interior&#8221; (inmanente en Dios) y el <em>Logos<\/em> &#8220;proferido&#8221; (en el momento en que Dios quiso crear el mundo) &#8211; distinci\u00f3n discutible, pues arriesga a hacer pensar en un desarrollo progresivo en la generaci\u00f3n del <em>Logos<\/em>. El propio Te\u00f3filo, sin embargo, no deja de afirmar la presencia del <em>Logos<\/em> junto a Dios. En todo caso, aunque alguna f\u00f3rmula est\u00e9 sujeta a discusi\u00f3n, cabe subrayar el esfuerzo de los primeros Santos Padres por tratar de expresar la identidad misteriosa del Verbo divino que, mientras se manifiesta entre los hombres, es verdaderamente el Hijo de Dios &#8211; lo que ser\u00e1 desarrollado de modo notable por Ireneo de Lyon. Esta profundizaci\u00f3n cristol\u00f3gica viene acompa\u00f1ada de una reflexi\u00f3n de gran importancia para la teolog\u00eda trinitaria: los primeros Padres se esfuerzan para mantener al mismo tiempo la herencia monote\u00edsta (hay un solo Dios) y la distinci\u00f3n real del Padre, del Hijo y del Esp\u00edritu (eso, contra las formas de &#8220;modalismo&#8221; que ven en las tres Personas simples modalidades de Dios, o contra el &#8220;patripasionismo&#8221;, seg\u00fan el cual el Padre habr\u00eda sufrido la Pasi\u00f3n en el lugar del Hijo). Tertuliano es ciertamente, con Ireneo, el autor que m\u00e1s contribuy\u00f3 a esta reflexi\u00f3n en el per\u00edodo de los siglos II y III, siendo, adem\u00e1s, aquel que introdujo en la lengua latina el t\u00e9rmino &#8220;Trinidad&#8221; y el uso teol\u00f3gico del concepto de &#8220;Persona&#8221;.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Una \u00faltima orientaci\u00f3n debe ser mencionada: los Padres de los siglos II y III subrayan que la adhesi\u00f3n a Cristo debe tomar cuerpo a trav\u00e9s de toda la vida humana, en un modo de ser y de actuar que pueda testimoniar su autenticidad. El escrito <em>A Diogneto<\/em> (que se remonta sin duda al final del siglo II o al inicio del siglo III) describe de modo magn\u00edfico la condici\u00f3n de los cristianos, los cuales &#8220;residen cada uno en su propia patria, pero como extranjeros residentes&#8221; y &#8221; pasan su vida sobre la tierra, pero siendo ciudadanos del cielo\u201d (<em>\u00c0 DIOGN\u00c8TE<\/em>, V, p.63-65): tal debe ser la condici\u00f3n de los que acogieron la revelaci\u00f3n del Verbo de Dios, que &#8220;renace siempre nuevo en el coraz\u00f3n de los santos\u201d (<em>\u00c0 DIOGN\u00c8TE<\/em>, XI, p.81).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En la misma \u00e9poca, Clemente de Alejandr\u00eda, despu\u00e9s de haber escrito su <em>Protr\u00e9ptico <\/em>para exhortar a los paganos a la conversi\u00f3n, compone una obra titulada <em>El Pedagogo<\/em>, en la que incita a los reci\u00e9n bautizados a dejarse educar y guiar por Cristo. As\u00ed dice: &#8220;Es necesario que sean nuevos los que recibieron su parte del <em>Logos nuevo<\/em>\u201d (CL\u00c9MENT D\u2019ALEXANDRIE, <em>Le P\u00e9dagogue<\/em> &#8211; I, 5, 20, 3, p.147). Clemente precisa que se trata de dejarse conducir por el Cristo hasta en las dimensiones m\u00e1s concretas de la existencia &#8211; la manera de comer, de vestirse, de darse a las diversas ocupaciones de la vida cotidiana. Se podr\u00eda decir, para usar un lenguaje contempor\u00e1neo, que para los Padres de los primeros siglos no hay &#8220;cristolog\u00eda&#8221; sin &#8220;cristopraxis&#8221;: el comportamiento efectivo de los cristianos es que lo que debe testimoniar la realidad de su fe. Evidentemente, los Padres no ignoran que esta exigencia es a menudo negada en los hechos, pero ante eso insisten en la necesidad del arrepentimiento, pues el comportamiento de los pecadores alcanza la identidad de aquellos que, bautizados en Cristo, siempre deber\u00edan vivir con \u00e9l y en \u00e9l.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La fidelidad al Verbo encarnado pretende, por tanto, reflejarse en la calidad de la existencia como un todo. Esta convicci\u00f3n se expresa, entre otras cosas, mediante la instrucci\u00f3n catecumenal (como se ve en la <em>Tradici\u00f3n Apost\u00f3lica<\/em>); que marca, m\u00e1s ampliamente, toda la catequesis sacramental, pues, aunque la celebraci\u00f3n de los misterios, y en particular de la eucarist\u00eda del &#8220;d\u00eda del Se\u00f1or&#8221;, es un momento capital de la vida cristiana, los frutos de esta celebraci\u00f3n deben manifestarse en el conjunto de esa vida, desde las situaciones m\u00e1s comunes hasta las m\u00e1s excepcionales, como, por ejemplo, de la persecuci\u00f3n. Mencionemos tambi\u00e9n que el movimiento mon\u00e1stico, que nace en el transcurso del siglo III, ilustra a su modo esta misma convicci\u00f3n: convertirse en &#8220;amigo del Cristo&#8221;, para los que se retiran en la soledad de los desiertos de Egipto o de Palestina, es comprometerse en un modo de existencia capaz de expresar, por su radicalidad, la profundidad de la adhesi\u00f3n al Se\u00f1or.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Estas son las principales orientaciones de la cristolog\u00eda en los siglos II y III. Con ese tel\u00f3n de fondo cabe ahora concentrarse sobre dos autores especialmente importantes de esta \u00e9poca: Ireneo y Or\u00edgenes.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>3 La cristologia de Ireneo<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El primero de esos autores, originario de Asia Menor y obispo de Lyon despu\u00e9s de la persecuci\u00f3n que alcanz\u00f3 a los cristianos en el a\u00f1o 177, escribi\u00f3 una obra que lleg\u00f3 hasta nosotros titulada <em>Contra las herej\u00edas.<\/em> Esta obra apunta, por un lado, a la doctrina de Marci\u00f3n, que opon\u00eda el Dios de Jesucristo (reconocido como Dios justo y bueno) al Dios revelado en el Antiguo Testamento (presentado como juez vengador y guerrero). Adem\u00e1s, Marci\u00f3n era &#8220;doceta&#8221; y consideraba que el Salvador adopt\u00f3 s\u00f3lo una apariencia carnal. La obra de Ireneo se dirige tambi\u00e9n, de modo m\u00e1s amplio, contra todas las corrientes &#8220;gn\u00f3sticas&#8221;, para las cuales el mundo material, obra de un dios inferior (el &#8220;demiurgo&#8221;) deb\u00eda ser visto como intr\u00ednsecamente malo. Estas corrientes establec\u00edan una oposici\u00f3n radical entre la materia y el esp\u00edritu y afirmaban que s\u00f3lo algunos elegidos pod\u00edan ser salvados por medio de su conocimiento de la verdad &#8211; la verdad que era ense\u00f1ada por gente como Valentino, Bas\u00edlides y otros &#8220;gn\u00f3sticos&#8221;.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ireneo ten\u00eda conciencia de que esas &#8220;herej\u00edas&#8221; falsificaban radicalmente la predicaci\u00f3n del evangelio como hab\u00eda sido transmitido por los Ap\u00f3stoles y despu\u00e9s por los obispos que les sucedieron. Por eso, se empe\u00f1a en refutarlas y en contrarrestarlas con una recta comprensi\u00f3n de las Escrituras y una doctrina fiel de la &#8220;regla de la fe&#8221; acogida entre las Iglesias. \u00c9l insiste, por eso, en la unidad de Dios y en la unidad de la historia de la salvaci\u00f3n; es uno solo y el mismo Dios el que se ha revelado en el Antiguo y en el Nuevo Testamento, aunque esta revelaci\u00f3n haya pasado por cierto n\u00famero de fases, alcanzando su punto central en la venida del Hijo de Dios en medio de los hombres. As\u00ed, en el marco de su oposici\u00f3n a Marci\u00f3n y a las corrientes gn\u00f3sticas, Ireneo es empujado a desarrollar una importante reflexi\u00f3n sobre el Cristo. \u00c9l subraya, primero, que Cristo hab\u00eda sido prefigurado o profetizado en los siglos que precedieron a su venida: desde estos siglos, escribe Ireneo, Dios actuaba por sus &#8220;manos&#8221; (que son el Verbo y el Esp\u00edritu), y &#8220;desde el principio [ &#8230;] el Verbo de Dios se hab\u00eda acostumbrado a subir y bajar para la salvaci\u00f3n de los que eran molestados\u201d (LYON &#8211; V, 5, 1 e IV, 12, 4, 1982, p. 580 e 440-441). Pero Ireneo evidencia tambi\u00e9n, sobre este tel\u00f3n de fondo, la novedad de la Encarnaci\u00f3n:<\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">Lean con atenci\u00f3n el Evangelio que nos han dado los ap\u00f3stoles, lean tambi\u00e9n con atenci\u00f3n a los profetas, y constatar\u00e1n que toda la obra, toda la doctrina y toda la Pasi\u00f3n de nuestro Se\u00f1or all\u00ed est\u00e1n predichas. &#8211; Pero entonces, pensareis tal vez, \u00bfqu\u00e9 es lo que el Se\u00f1or ha aportado de nuevo por su venida? Y bien, sepan que \u00e9l aport\u00f3 toda novedad, por lo tanto, su propia persona anunciada de antemano: pues lo que fue anunciado por anticipaci\u00f3n era precisamente que la Novedad vendr\u00eda a renovar y revivir al hombre (LYON &#8211; IV, 34, 1, 1982, p. 526).<\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ireneo explica lo que constituye el car\u00e1cter incomparable y \u00fanico del Verbo hecho carne: es inseparablemente hombre y Dios. Por un lado, contra las corrientes docetistas, defiende que el Salvador, nacido de Mar\u00eda, fue un hombre verdadero; por otro lado, contra aquellos para quienes Jes\u00fas habr\u00eda sido s\u00f3lo &#8220;adoptado&#8221; como Hijo de Dios, subraya que el salvador es verdaderamente Dios. Exactamente por ser hombre y Dios \u00e9l ofreci\u00f3 a la humanidad, desviada por el pecado, la posibilidad de reencontrar el camino de la comuni\u00f3n en la vida divina:<\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00c9l entonces mezcl\u00f3 y uni\u00f3, como ya dijimos, el hombre con Dios [&#8230;] Era necesario que el &#8220;Mediador de Dios y de los hombres&#8221;, por su parentesco con cada una de las dos partes, las recondujera a la amistad y, a la concordia, de modo que al mismo tiempo Dios acogiera al hombre y que el hombre se ofreciera a Dios. \u00bfC\u00f3mo habr\u00edamos podido, en efecto, tener parte en la filiaci\u00f3n adoptiva hacia Dios, si no hubi\u00e9ramos recibido por el Hijo la comuni\u00f3n con Dios? \u00bfY c\u00f3mo habr\u00edamos recibido esta comuni\u00f3n con Dios, si su Verbo no estuviera entrado en comuni\u00f3n con nosotros haci\u00e9ndose carne? Por cierto, es por eso que el pas\u00f3 por todas las edades de la vida, concediendo a todos los hombres la comuni\u00f3n con Dios\u201d (LYON &#8211; III, 18, 7, 1982, p. 365-366).<\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">As\u00ed, Ireneo expone, contra el dualismo de Marci\u00f3n y de los gn\u00f3sticos, la identidad del Verbo hecho carne que, en su unidad, es verdadero hombre y verdadero Dios. Y subraya que la Encarnaci\u00f3n est\u00e1 totalmente ordenada a la vida del hombre y su comuni\u00f3n con la divinidad:<\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a1La gloria de Dios es el hombre vivo, y la vida del hombre es la visi\u00f3n de Dios: si la revelaci\u00f3n de Dios por la creaci\u00f3n ya concede la vida a todos los seres que viven sobre la tierra, cuanto m\u00e1s la manifestaci\u00f3n del Padre por el Verbo concede la vida a los que ven a Dios\u00a0!\u00a0\u00bb (LYON &#8211; IV, 20, 7, 1982, p. 474).<\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ireneo escribe, en el mismo sentido, que Jesucristo &#8220;a causa de su amor superabundante se hizo lo que nosotros somos a fin de hacer de nosotros lo que \u00e9l es\u201d (LYON, Pr\u00e9face du livre V, 1982, p. 568). Y para expresar este lugar central del Verbo hecho carne en la historia de la salvaci\u00f3n, \u00e9l retoma una palabra del NT para darle una amplitud totalmente nueva: el verbo &#8220;recapitular&#8221;. Este t\u00e9rmino, ya presente en Rm 13,9 y Ef 1,10, es empleado de diversas maneras en <em>Contra los Herejes<\/em>: el Cristo es el nuevo Ad\u00e1n, que &#8220;recapitul\u00f3&#8221; al primer Ad\u00e1n; \u00e9l &#8220;recapitul\u00f3&#8221; la desobediencia de \u00e9ste en su propia &#8220;obediencia&#8221;; y \u00e9l lo &#8220;recapitul\u00f3&#8221; en el \u00e1rbol de la Cruz (mientras Ad\u00e1n y Eva comieron del fruto del \u00e1rbol y, en ese sentido, desobedecieron en el \u00e1rbol)\u201d (LYON &#8211; III, 22, 3\u00a0; IV, 40, 3\u00a0; V, 19, 1, 1982, p. 385; 559; 626). La novedad de Cristo se muestra en el propio hecho de que \u00e9l ha &#8220;recapitulado todas las cosas&#8221; &#8211; es decir: \u00e9l resumi\u00f3 en su persona, al mismo tiempo, el primer Ad\u00e1n y toda la humanidad, asume el g\u00e9nero humano en su totalidad, \u00e9l &#8220;recrea&#8221; a la humanidad liber\u00e1ndola del pecado y renov\u00e1ndola, y la condujo a su plena realizaci\u00f3n, a saber, a la perfecta comuni\u00f3n de los humanos con la propia vida de Dios \u00a0(SESBO\u00dc\u00c9, 2000, p. 160-163).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La teolog\u00eda de Ireneo desarrolla otros temas, incluso acerca de Cristo y de su obra en favor de la humanidad, y lo que acabamos de decir indica al menos algunas orientaciones esenciales de ello. Como se ve, es la confrontaci\u00f3n con las doctrinas de Marci\u00f3n y de los gn\u00f3sticos que lo condujo a desarrollar una reflexi\u00f3n profunda y original acerca del Verbo hecho carne, por medio de la mediaci\u00f3n de las Escrituras y del respeto a la tradici\u00f3n que viene de los Ap\u00f3stoles y de sus sucesores &#8211; esta tradici\u00f3n de que viven las Iglesias esparcidas por diversos lugares y que, precisamente a trav\u00e9s de esta diversidad, testimonia una sola y misma fe.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>4 La cristologia de Or\u00edgenes<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Or\u00edgenes naci\u00f3 alrededor de 185 en Alejandr\u00eda, donde pas\u00f3 la primera parte de su vida. \u00c9l adquiri\u00f3 s\u00f3lida formaci\u00f3n filos\u00f3fica y, sobre todo, se dedic\u00f3 a un estudio muy profundo de la Biblia. Gracias a dejar Alejandr\u00eda a causa del desentendimiento con el obispo de esa ciudad, fue a Ces\u00e1rea de Palestina, donde continu\u00f3 su inmenso trabajo sobre las Escrituras. Su obra es considerable (aunque hab\u00edamos perdido la mayor parte de ella, como consecuencia de las acusaciones de heterodoxia, generalmente injustas, que fueron levantadas contra el alejandrino despu\u00e9s de su muerte). Su obra comprende el <em>Tratado de los Principios<\/em>, que es el primer intento de s\u00edntesis doctrinal en la historia de la teolog\u00eda; adem\u00e1s, una gran apolog\u00eda, el <em>Contra Celso<\/em>, en la que Or\u00edgenes responde a las objeciones de un fil\u00f3sofo griego contra el cristianismo; y sobre todo los comentarios de libros b\u00edblicos y un gran n\u00famero de homil\u00edas sobre pasajes escritur\u00edsticos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La reflexi\u00f3n de Or\u00edgenes sobre el Verbo de Dios debe ante todo ser vista en el contexto de su incesante meditaci\u00f3n sobre la Sagrada Escritura. El alejandrino explica que el lector de las Escrituras no debe simplemente explicar el sentido literal de tal o tal texto, sino elevarse al descubrimiento de su sentido espiritual, que es, ante todo, el sentido que el texto recibe a la luz de Cristo, que &#8220;llev\u00f3 a la plenitud&#8221; las Escrituras. Por lo dem\u00e1s, incumbe al lector buscar el sentido del texto para su propia vida, es decir, reconocer c\u00f3mo los misterios as\u00ed revelados deben tomar cuerpo en el conjunto de su existir. Ahora bien, esta comprensi\u00f3n de los sentidos de la Escritura (de los cuales Or\u00edgenes es el primero en ofrecer una exposici\u00f3n te\u00f3rica) se une inmediatamente a la convicci\u00f3n de que el <em>Logos<\/em> de Dios, aunque se manifieste de manera visible en los d\u00edas de la Encarnaci\u00f3n, ya estaba presente en el transcurso de la historia anterior y, de modo semejante, sigue presente despu\u00e9s de su venida en nuestra humanidad. Y esa presencia se comunicaba, desde los siglos que precedieron al nacimiento de Jes\u00fas, por la propia Escritura, que no se reduce, por tanto, a la mera letra, sino que, bajo su velo, dio acceso al Logos divino. Or\u00edgenes ve\u00eda el s\u00edmbolo de ello en la imagen del &#8220;pozo&#8221;, muchas veces utilizada en la Biblia, desde el <em>G\u00e9nesis<\/em> hasta el episodio de la samaritana en el <em>Evangelio de Juan<\/em>:<\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">Leemos que los patriarcas tambi\u00e9n tuvieron pozos: Abraham tuvo uno, Isaac tambi\u00e9n, Jacob, pienso, tambi\u00e9n. Parta de ese pozo, recorra toda la Escritura en ella buscando los pozos y llegue a los Evangelios [&#8230;] es necesario tomar el Verbo de Dios como un pozo, si \u00e9l esconde un profundo misterio, o como una fuente, si ella desborda y se derrama en favor de los pueblos\u201d (ORIG\u00c8NE, <em>Hom\u00e9lie sur les Nombres<\/em> &#8211; XII, 1, p. 75-77).<\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">Or\u00edgenes se dedica, pues, a escrutar los textos del AT para descubrir c\u00f3mo el Logos de Dios se revela ya en ellos. Esta revelaci\u00f3n se vuelve hacia el futuro en la medida en que numerosos textos pueden ser le\u00eddos como prefiguraciones o como profec\u00edas del Cristo que viene a la carne (as\u00ed, Isaac ofrecido en sacrificio es entendido como figura de Jes\u00fas ofreci\u00e9ndose a s\u00ed mismo hasta la muerte y las palabras de Siervo sufriente en el libro de Isa\u00edas se entienden como anunciando de antemano la Pasi\u00f3n de Cristo). El NT atestigua ciertamente una novedad esencial, ya que, a partir de \u00e9l, el <em>Logos <\/em>se hizo visible en medio de los hombres; pero Or\u00edgenes subraya que no era suficiente ver a Jes\u00fas para reconocerlo como el Hijo de Dios y que, incluso para los que lo reconocen as\u00ed, es preciso seguir escrutando la letra de los evangelios para llegar a la comprensi\u00f3n espiritual del Salvador y para convertirse, personalmente en &#8220;otro Cristo&#8221;. \u00c9l formula esta \u00faltima exigencia en un lenguaje que posteriormente ser\u00e1 retomado por los autores espirituales:<\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bfPara qu\u00e9 sirve que Jes\u00fas haya venido solamente en la carne que \u00e9l tom\u00f3 de Mar\u00eda si yo no muestro igualmente que \u00e9l viene en nuestra propia carne? (ORIG\u00c8NE, <em>Hom\u00e9lies sur la Gen\u00e8se<\/em> &#8211; III, 7, p. 141)<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bfPara que el Cristo vino otrora en la carne, si \u00e9l no viene tambi\u00e9n en vuestra alma? Oremos para que cada d\u00eda su advenimiento se cumpla en nosotros y que podamos decir: &#8220;Yo vivo, pero no soy m\u00e1s quien vivo, sino el Cristo que vive en m\u00ed (ORIG\u00c8NE, <em>Hom\u00e9lies sur Luc<\/em> &#8211; XXII, 3, p. 303; cf. Gal 2, 20).<\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00c9l no se contenta, sin embargo, en subrayar c\u00f3mo Cristo se revela a trav\u00e9s de los santos libros; sino que, de modo m\u00e1s preciso, por la propia v\u00eda de esa revelaci\u00f3n, llega a una reflexi\u00f3n profunda sobre la identidad el Verbo de Dios. Si \u00e9l reconoce, por un lado, la humanidad del <em>Logos<\/em> hecho carne, \u00e9l tambi\u00e9n explica que el alma del Salvador est\u00e1 radicalmente unida a Dios. Sobre todo, \u00e9l profesa la eterna generaci\u00f3n del <em>Logos<\/em> divino. Este \u00faltimo punto fue a menudo cuestionado, y esto, desde la \u00e9poca patr\u00edstica, bajo el pretexto de que Or\u00edgenes presenta muchas veces al Hijo como estando debajo del Padre y subordinado a \u00e9l. As\u00ed, \u00e9l fue acusado de haber abierto el camino a la doctrina err\u00f3nea de Ario, a principios del siglo IV, y que \u00e9l rechazar\u00eda la generaci\u00f3n\u00a0eterna del Hijo y lo consideraba como una criatura. A pesar de ello, es f\u00e1cil convencerse, sobre la base de algunos de sus textos, de que Or\u00edgenes realmente mantuvo la generaci\u00f3n eterna del <em>Logos<\/em>, que \u00e9l identifica con la &#8220;Sabidur\u00eda&#8221; de Dios, siempre presente ante el Padre: &#8220;Dios Padre siempre ha sido, \u00e9l siempre ha tenido un Hijo \u00fanico que, al mismo tiempo, es llamado de Sabidur\u00eda\u201d (ORIG\u00c8NE, <em>Trait\u00e9 des pr\u00edncipes<\/em> &#8211; I, 4, 4, p. 171).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Conclusi\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Con certeza, las cuestiones relativas a la identidad del Hijo de Dios se profundizar\u00e1n en los siglos posteriores, particularmente en el marco de las controversias suscitadas por el arrianismo en el siglo IV y despu\u00e9s por Nestorio y Eutiques en el siglo V. Los avances anteriores, sin embargo, bastan para mostrar que la \u00e9poca patr\u00edstica vio emerger, desde los primeros siglos, contribuciones mayores para la reflexi\u00f3n cristol\u00f3gica. No debe causar admiraci\u00f3n que estas contribuciones tambi\u00e9n fueran caracterizadas en ciertos casos por ensayos o vacilaciones: se necesit\u00f3 tiempo para llegar a una comprensi\u00f3n m\u00e1s profunda de lo que dicen el NT y la &#8220;regla de la fe&#8221; acerca de Jesucristo. Pero los siglos II y III representan justamente un momento capital en esta g\u00e9nesis de la reflexi\u00f3n cristol\u00f3gica, y no se podr\u00eda subrayar lo bastante cuanto \u00e9sta se aliment\u00f3, ante todo, de los primeros Santos Padres, por una intensa meditaci\u00f3n de las Escrituras, esos &#8220;pozos&#8221; que siempre se debe retornar porque permiten, no s\u00f3lo conocer mejor al Salvador, sino alimentarse y vivir de \u00e9l.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>Michel F\u00e9dou, SJ<\/em>, Centre S\u00e8vres, Paris. Texto original en franc\u00e9s.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Referenciuas<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>\u00c0 DIOGN\u00c8TE.\u00a0<\/em>In Coll. Sources Chr\u00e9tiennes, n.33 bis. Paris: Cerf, 1951 (Traducci\u00f3n al castellano:<em>\u00a0Padres apost\u00f3licos. <\/em><em>Sevilha: Apostolado Mariano, 1991<\/em><em>)<\/em>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">CL\u00c9MENT D\u2019ALEXANDRIE.\u00a0<em>Le P\u00e9dagogue<\/em>. In. Coll. Sources Chr\u00e9tiennes n.70, Paris: Cerf, 1970.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">HIPPOLYTE DE ROME.\u00a0<em>La Tradition apostolique<\/em>. In Coll. Sources Chr\u00e9tiennes n.11 bis, Paris: Cerf, 1968.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">IGNACE D\u2019ANTIOCHE.\u00a0<em>Aux Tralliens.\u00a0<\/em>In\u00a0Sources Chr\u00e9tiennes n.10 bis. Paris: Cerf, 1969 (Traducci\u00f3n castellana: Las cartas de San Ignacio de Antioqu\u00eda\u00a0 y de San Policarpo de Esmirna. Buenos Ayres: Dedebe, 1945).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">IR\u00c9N\u00c9E DE LYON,\u00a0<em>Contre les h\u00e9r\u00e9sies<\/em>. Livres V et IV. Paris: Cerf, 1965, 1969 (Traducci\u00f3n castellana: Contra los hereges. M\u00e9xico: Conferencia del Episcopado Mexicano, 2000).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">JUSTIN martyr.\u00a0\u00a0<em>\u0152uvres completes<\/em>. Paris: Migne, 1994.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">JUSTIN martyr.\u00a0<em>Apologie pour les chr\u00e9tiens.\u00a0<\/em>In coll.\u00a0Sources Chr\u00e9tiennes n.507, Paris: Cerf, 2006.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">LA DOCTRINE DES DOUZE AP\u00d4TRES (Didach\u00e9). In coll. Sources Chr\u00e9tiennes n.248. Paris: Cerf, 1978 (Tradu\u00e7\u00e3o castellana: <em>Padres apost\u00f3licos<\/em>: la doctrina de los doce ap\u00f3stoles y Cartas de San Clemente Romano, Madrid: Aspas, 1946).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">ORIG\u00c8NE.\u00a0<em>Hom\u00e9lie sur les Nombres<\/em>, XI-XIX. In Coll. Sources Chr\u00e9tiennes n. 442, Paris: Cerf, 1999.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0______.\u00a0<em>Hom\u00e9lies sur la Gen\u00e8se<\/em>, III. In Coll. Sources Chr\u00e9tiennes n.7 bis, Paris: Cerf, 1944.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>______. Hom\u00e9lies sur Luc<\/em>, XXII, In Coll. Sources Chr\u00e9tiennes n.87, Paris: Cerf,\u00a0 1962.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>______. Trait\u00e9 des principes<\/em>, I-III, In Coll. Sources Chr\u00e9tiennes, Paris: Cerf, 1978 (Tradu\u00e7\u00e3o portuguesa:\u00a0 Or\u00edgenes.\u00a0<em>Tratado sobre os princ\u00edpios<\/em>. S\u00e3o Paulo: Paulus, 2012).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">SESBO\u00dc\u00c9, B.\u00a0<em>Tout r\u00e9capituler dans le Christ. Christologie et sot\u00e9riologie d\u2019Ir\u00e9n\u00e9e de Lyon<\/em>. Paris: Descl\u00e9e, 2000.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ednref1\" name=\"_edn1\">[i]<\/a> Las referencias bibliogr\u00e1ficas de esta entrada estar\u00e1n em franc\u00eas, lengua original del texto. Pero, cuando es el caso de traducciones en castellano, las mismas estar\u00e1n\u00a0 en las referencias finales.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00cdndice Introducci\u00f3n 1 Panorama general de la cristolog\u00eda en los siglos II y III 2 Los principales ejes de la reflexi\u00f3n cristol\u00f3gica 3 La cristologia de Ireneo 4 La cristologia de Or\u00edgenes Conclusi\u00f3n 5 Referencias La fe en Jesucristo, transmitida por la predicaci\u00f3n de los ap\u00f3stoles y, m\u00e1s ampliamente, por los diversos escritos del NT, [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[103],"tags":[],"class_list":["post-1647","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-teologia-sistematicadogmatica-2"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/teologicalatinoamericana.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1647","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/teologicalatinoamericana.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/teologicalatinoamericana.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/teologicalatinoamericana.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/4"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/teologicalatinoamericana.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=1647"}],"version-history":[{"count":5,"href":"https:\/\/teologicalatinoamericana.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1647\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":1708,"href":"https:\/\/teologicalatinoamericana.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1647\/revisions\/1708"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/teologicalatinoamericana.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=1647"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/teologicalatinoamericana.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=1647"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/teologicalatinoamericana.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=1647"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}