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{"id":1524,"date":"2017-12-28T09:01:48","date_gmt":"2017-12-28T11:01:48","guid":{"rendered":"http:\/\/theologicalatinoamericana.com\/?p=1524"},"modified":"2017-12-29T11:06:48","modified_gmt":"2017-12-29T13:06:48","slug":"justificacion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/teologicalatinoamericana.com\/?p=1524","title":{"rendered":"Justificaci\u00f3n"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\"><strong>\u00cdndice<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">1 La llamada a la santidad y la justicia original<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">2 La justicia de Dios<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">3 La justificaci\u00f3n en la teolog\u00eda de san Pablo<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">3.1 Ley y pecado, justificaci\u00f3n y fe<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">3.2 Los efectos de la justificaci\u00f3n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">4 Elementos del desarrollo de la justificaci\u00f3n en la historia de la teolog\u00eda<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">5 La justificaci\u00f3n en la teolog\u00eda de Lutero<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">6 La contestaci\u00f3n del Concilio de Trento<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">7 Avances ecum\u00e9nicos<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">8 Actualizaci\u00f3n desde Am\u00e9rica Latina<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">9 Referencias bibliogr\u00e1ficas<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>1 La llamada a la santidad y la justicia original<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u201cDios nos ha elegido en \u00e9l [Jesucristo] antes de la fundaci\u00f3n del mundo, para que vivamos ante \u00e9l santamente y sin defecto alguno, en el amor. Nos ha elegido de antemano para ser sus hijos adoptivos por medio de Jesucristo [\u2026]\u201d (Ef 1,4-5). Desde toda la eternidad el plan amoroso de Dios es compartir su vida con la humanidad. Nos ha creado en Cristo y como seres libres, en la esperanza de que orientemos nuestras vidas hacia la recepci\u00f3n de los dones de la filiaci\u00f3n y la fraternidad que nos ofrece, pero con el riesgo de nuestro rechazo. Para estar en su presencia plenamente, se requiere la cualidad de la santidad y se supone el estado de la pureza.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En su gran benevolencia y misericordia, Dios asume la condici\u00f3n humana en su Hijo para apropiarse \u201cdel fracaso del pecado, de la ruptura entre la realidad creada de la historia humana y el cumplimiento a la que est\u00e1 destinada, realizando de este modo su verdadera posibilidad de salvaci\u00f3n\u201d (COLZANI, 2001, 575). El cumplimiento del proyecto divino pasa por medio de la sangre de Jesucristo (Ef 1,7) que trae la victoria sobre el pecado, y culmina en la recapitulaci\u00f3n de todas las cosas en \u00e9l (Ef 1,10). Somos llamados a crecer en la imagen y semejanza de Dios (Gn 1,26-27; Rm 8,29) y a tornarnos santos como Dios es santo (Is 6,3; Mt 5,48). Estamos en proceso de capacitaci\u00f3n para entrar en comuni\u00f3n con Dios en la nueva creaci\u00f3n (Rm 5,1-5; 8,20-23).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El relato yahvista de Gen 2-3 comunica la idea de que los primeros seres humanos viv\u00edan en un \u201cestado original\u201d de justicia, en el sentido de un estado de armon\u00eda y de paz entre s\u00ed mismos, con la tierra y con Dios. Se perdi\u00f3 esta justicia por su decisi\u00f3n de desacatar un mandamiento divino, por querer ponerse en el lugar de Dios. San Anselmo y santo Tom\u00e1s de Aquino comentan esta situaci\u00f3n de la p\u00e9rdida de la justicia original, denominada \u201cpecado original\u201d en la l\u00ednea de san Agust\u00edn. A partir de Ad\u00e1n y Eva se desataron todos los dem\u00e1s pecados personales y sociales de la historia. Superando lecturas historicistas, la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica contempor\u00e1nea interpreta el \u201cpara\u00edso original\u201d no como el estado de las cosas al inicio de la historia humana, sino m\u00e1s bien como la meta hacia la cual caminamos, la plenitud escatol\u00f3gica de la comuni\u00f3n con Dios (Fl 3,7-11). El horizonte del futuro atrae la marcha de la historia. Es expresi\u00f3n de la permanencia del amor fiel de Dios en cada momento, pues la verdad m\u00e1s original es la gracia y no el pecado (GONZ\u00c1LEZ FAUS, 1987, 114-117).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>2 La justicia de Dios<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La justicia divina es \u201cun don a trav\u00e9s del cual Dios intenta hacer que crezca la vida humana en sinton\u00eda con su santidad. [\u2026] se presentar\u00e1 como la capacidad de obrar por la santificaci\u00f3n del pecador\u201d (COLZANI, 2001, 577).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En el Antiguo Testamento Dios se manifiesta como justo en sus acciones (Sl 145,17), y quiere que su pueblo practique la justicia al velar por los derechos de las personas m\u00e1s vulnerables: los pobres, las viudas y los hu\u00e9rfanos, los extranjeros y otros (Sl 82,3; Dt 10,18; 24,17; Is 1,17; Jr 22,3; Am 5,10.24; Zc 7,10). Tambi\u00e9n Dios es justo como juez del pecado (Sal 51,5-6). Su fidelidad a la Alianza prevalece sobre el castigo, porque invita a la conversi\u00f3n y ofrece el don de la salvaci\u00f3n. Dios es justo y misericordioso a la vez, tardo a la ira y lleno de amor y fidelidad (\u00c9x 34,6; Sl 103,8; 145,8).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Jes\u00fas revela e instaura la justicia de Dios en la tierra, as\u00ed inaugurando el tiempo escatol\u00f3gico (Sl 72; Is 42,1-4; Ml 3,20). La justicia del Reino trasciende los legalismos de los escribas y fariseos (Mt 5,20) y todas las dem\u00e1s formas de justicia humana. Jes\u00fas da plenitud a los mandatos de la antigua Alianza, estableciendo as\u00ed la nueva Alianza en el horizonte de un nuevo orden de relaciones humanas seg\u00fan el plan de Dios (Mt 5,6; 6,33). Va m\u00e1s all\u00e1 de los mandatos positivos al recurrir al esp\u00edritu que hay en su base y al proponer que sean vividos radicalmente, llevados a cabo hasta las \u00faltimas consecuencias.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Dios manifiesta su justicia condescendiente al perdonar a su pueblo todos sus pecados. Su justicia es victoria sobre las fuerzas del mal, salva, y se desarrolla en la din\u00e1mica de la gratuidad. Su justicia nos reconstituye en nuestra humanidad, nos recrea, e invita a \u201cun abandonarse confiado en la voluntad de Dios\u201d (MV 20). De ah\u00ed se deriva que \u201c[l]a justificaci\u00f3n es aquella acci\u00f3n que manifiesta y proclama la justicia de Dios, es decir, su voluntad de benevolencia y de misericordia tal como aparece en la persona y en la pascua de Cristo\u201d (COLZANI, 2001, 120).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>3 La justificaci\u00f3n en la teolog\u00eda de san Pablo<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>3.1 Ley y pecado, justificaci\u00f3n y fe<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El tema de la justificaci\u00f3n (<em>dikaiosyn\u00e9<\/em>) por la fe es clave en la teolog\u00eda de San Pablo, y se desarrolla de modo particular en la carta a los romanos. Pablo se dirige a una comunidad cristiana establecida, cuyos integrantes tienen or\u00edgenes tanto jud\u00edos como griegos. Proclama la Buena Noticia como \u201cfuerza de Dios para la salvaci\u00f3n de todo el que cree\u201d, pues \u201crevela la justicia de Dios\u201d (Rm 1,16-17).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pablo constata la realidad de la universalidad del pecado (Rm 3,9-18) ya que \u201ctodos pecaron y est\u00e1n privados de la gloria de Dios\u201d (Rm 3,23). La creaci\u00f3n tambi\u00e9n est\u00e1 esclavizada a la corrupci\u00f3n (Rm 8,21). La fuerza de atracci\u00f3n del pecado lucha contra nuestro deseo de cumplir la voluntad de Dios (Rm 7,14-23), y el pecado trae como consecuencia la muerte (Rm 5,21), o sea nos separa de Dios.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La ley es buena en s\u00ed misma ya que revela lo que es la voluntad de Dios y tiene la finalidad de proporcionar vida (Lv 18,5). Pero los seres humanos son d\u00e9biles y fracasan en sus intentos de cumplir con la ley cabalmente. La ley no tiene capacidad de suscitar la fuerza interior para que obedezcan y tengan vida. \u201c[\u2026] nadie ser\u00e1 justificado ante \u00e9l porque haya cumplido la ley, pues la ley s\u00f3lo proporciona el conocimiento del pecado\u201d (Rm 3,20). Al generar consciencia del bien y del mal, la ley expone la persona a la tentaci\u00f3n y a su propia impotencia para guardarla de forma constante. Por el pecado la ley se torna instrumento que esclaviza m\u00e1s a las personas al mismo pecado, y trae la muerte (Rm 7,7-20).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Con pasi\u00f3n Pablo declara que \u201cindependientemente de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios de la que hablaron la ley y los profetas\u201d (Rm 3,21). Por la sangre que Jes\u00fas derram\u00f3 en la cruz se realiza la justificaci\u00f3n o absoluci\u00f3n ante Dios: \u201c\u00c9stos son justificados por \u00c9l gratuitamente, en virtud de la redenci\u00f3n realizada en Cristo Jes\u00fas\u201d (Rm 3,24; 5,9). Pablo contrapone la justicia de Dios en Cristo y la justicia que los jud\u00edos pensaban que podr\u00edan conseguir por sus propios esfuerzos al cumplir con la ley. No se trata de una declaraci\u00f3n meramente jur\u00eddica de parte de Dios de nuestra inocencia, lo cual quedar\u00eda en el plano externo, puesto que somos <em>constituidos<\/em> como justos (Rm 5,19), transformados en una nueva creaci\u00f3n (2Cor 5,17-21). Y eso es el poder del Evangelio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Para que la oferta de Dios sea acogida libremente se requiere el acatamiento de la fe: el reconocimiento de que la iniciativa proviene de Dios y de la necesidad que se tiene de su ayuda, as\u00ed como el compromiso integral de la persona ante Dios y el mundo entero. La fe es un don de la gracia de Dios, y no una obra nuestra. \u201cSe trata de la justicia que Dios, mediante la fe en Jesucristo, otorga a todos los que creen\u201d (Rm 3,22). Somos justificados por la fe, con efecto ya en el tiempo presente (Rm 3,25-26). La fe en Cristo alcanza lo que la ley no pod\u00eda realizar (Rm 8,3), y as\u00ed la fe sustituye el cumplimiento de la ley.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Para Pablo, Abrah\u00e1n es el prototipo de la persona cuya fe \u201cle fue reputada como justicia\u201d (Rm 4,3.9.22). Recibe esta justicia porque confiaba en la promesa divina, y no en virtud de su circuncisi\u00f3n ni de la ley. Por esto es padre de todos los que creen y creer\u00e1n (Rm 4,10-16).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>3.2 Los efectos de la justificaci\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De la enemistad pasamos a experimentar una paz estable y una esperanza confiada en la plenitud de la salvaci\u00f3n: \u201cuna vez que hemos recibido la justificaci\u00f3n mediante la fe, estamos en paz con Dios [\u2026] y nos gloriamos en la esperanza de participar de la gloria de Dios\u201d (Rm 5,1-2). La justificaci\u00f3n nos libera de la ley, del pecado y de la muerte para que tengamos parte de la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas, de la vida eterna, siendo incorporados al cuerpo de Cristo (Rm 5,21; 6,5; 7,4). Por medio del amor de Dios derramado en nuestros corazones somos empoderados para vivir seg\u00fan el Esp\u00edritu Santo, vivir hondamente como hijos e hijas de Dios (Rm 5,5; 8,9.14-17).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Nosotros y toda la creaci\u00f3n gemimos anhelando nuestra plena liberaci\u00f3n, y el propio Esp\u00edritu gime en dolores de parto hasta que surja la nueva creaci\u00f3n (Rm 8,19-27). Hemos de encarnar el don de la justificaci\u00f3n en nosotros mismos y en toda la creaci\u00f3n mediante un proceso lento de santificaci\u00f3n, para que todo sea conducido a la plenitud de la salvaci\u00f3n. La justificaci\u00f3n posibilita las obras del amor que den \u201cfrutos de santidad\u201d (Rm 6,22; 12,9-13). La fe \u201cact\u00faa por la caridad\u201d (Gl 5,6), y la caridad es \u201cla ley en su plenitud\u201d (Rm 13,9).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>4 Elementos del desarrollo de la justificaci\u00f3n en la historia de la teolog\u00eda<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">San Agust\u00edn reconoce nuestra necesidad absoluta de la gracia de Dios para la remisi\u00f3n de los pecados as\u00ed como para actuar bien y resistir al mal. La gracia de la justificaci\u00f3n se da mediante el don de la caridad que \u201cha sido derramado en nuestros corazones por el Esp\u00edritu Santo\u201d (Rm 5,5), que a su vez nos permite amar. La gracia de Dios es esencial en nuestra posibilidad, voluntad y acci\u00f3n para cumplir con los mandamientos (Fl 2,13), y las acciones de Dios se tornan nuestras. La gracia trabaja en nuestra voluntad atada para hacerla buena. Nuestro libre albedr\u00edo es liberado internamente para volverse libertad y empoderamiento para reconocer y elegir el bien y regocijar en ello. Se entiende la justificaci\u00f3n no como algo que se realiza de una vez para siempre, sino un proceso en crecimiento.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Santo Tom\u00e1s de Aquino indica \u201clos cuatro elementos de la justificaci\u00f3n [\u2026] en la infusi\u00f3n de la gracia, en el don de la fe, en el movimiento hacia Dios y en el alejamiento del pecado\u201d (COLZANI, 2001, 591). Respectos a estos dos \u00faltimos elementos, admite la posibilidad de que la libertad humana participe en el don de la justificaci\u00f3n, mediante \u201cla penitencia, la contrici\u00f3n y la conversi\u00f3n\u201d (COLZANI, 2001, 605). Varios detalles de la visi\u00f3n de san Agust\u00edn y de santo Tom\u00e1s ser\u00e1n retomados en el Concilio de Trento.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>5 La justificaci\u00f3n en la teolog\u00eda de Lutero<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Lutero elabor\u00f3 su teolog\u00eda de la justificaci\u00f3n a partir de sus propias experiencias existenciales-espirituales y en el contexto de su denuncia de ciertas pr\u00e1cticas en la Iglesia de su tiempo. Percib\u00eda las indulgencias y los estipendios vinculados a las misas para los difuntos como una manera pelagiana de intentar comprar el cielo, un intento de \u201cjustificaci\u00f3n por las obras\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Para Lutero, Dios revela su poder al inclinarse hacia sus creaturas para salvarlas de la miseria de su pecado mediante su Hijo crucificado. Sus promesas son dignas de confianza, y por esto los fieles pueden tener una certeza inquebrantable de que son salvados. Al dejarnos alcanzar por \u00e9l recibimos su justicia, su salvaci\u00f3n. No podemos justificarnos por nuestros propios afanes. Lutero afirma la \u00edndole forense de la justificaci\u00f3n: por causa de Cristo, Dios declara justo al pecador arrepentido. Es en virtud de nuestra uni\u00f3n con Cristo que Dios nos imputa su justicia, considerando que la justicia de su Hijo sea la nuestra. Esta justicia permanece exterior al creyente ya que depende de la voluntad de Dios, sin obrar en \u00e9l una transformaci\u00f3n interior. No es algo que podr\u00eda poseer o desarrollar. La persona cristiana es simult\u00e1neamente justa y pecadora (<em>simil iustus et peccator<\/em>), puesto que el pecado original es pecado realmente y permanece en la persona tras el bautismo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los seguidores de Lutero, en cambio, ponen en primer plano el car\u00e1cter jur\u00eddico y sustitutivo de la justificaci\u00f3n, consider\u00e1ndola en t\u00e9rminos de un rescate pagado por Cristo, y no por nosotros los endeudados. En este esquema nuestra uni\u00f3n con Cristo pasa a segundo plano (WILLIAMS, 2004, 977).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Enfatizando la absoluta primac\u00eda de Dios, Lutero comprende la gracia como el favor gratuito de Dios, inmerecido. Considera adem\u00e1s que somos esclavizados al pecado a tal punto que hemos perdido por completo la libertad respecto a las cosas que conducen a la salvaci\u00f3n, y por esto opone el concepto de libre arbitrio con su <em>servo arbitrio<\/em>. Por estos motivos excluye las buenas obras de la justificaci\u00f3n. Somos incapaces de cumplir con la ley por nuestros propios esfuerzos, pero por la obediencia de Cristo la ley ha sido cumplida en beneficio nuestro. El reformador rechaza cualquier noci\u00f3n de gracia infusa seg\u00fan las categor\u00edas escol\u00e1sticas, la cual impulse las buenas obras que nos merezcan la salvaci\u00f3n y las incorporen en lo que se entiende por la justificaci\u00f3n. Para \u00e9l \u201clas obras de la ley\u201d no traen m\u00e9ritos ni nos justifican (Gl 2,16; Rm 1,17).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">M\u00e1s bien somos justificados por la fe (Rm 3,28; Ef 2,8-9). Tener fe es tener confianza en Cristo y en su obra de reconciliaci\u00f3n y dejarle hacer, vaci\u00e1ndonos de nosotros mismos. M\u00e1s aun, solo la fe (<em>sola fide<\/em>) nos trae la salvaci\u00f3n. Por medio de la fe nos apropiamos de la justicia que Dios nos otorga. Las obras ser\u00edan una pretensi\u00f3n de auto-justificaci\u00f3n, suplantando a Dios. La iniciativa para la justificaci\u00f3n viene de la decisi\u00f3n de Dios, y no depende de nuestra fe como tal. Captamos esta decisi\u00f3n de Dios en la fe, pues la fe procede de la justificaci\u00f3n, y nos hace actuar consecuentemente. Se distinguen los momentos de la justificaci\u00f3n y la santificaci\u00f3n (WILLIAMS, 2004, 977). Con el t\u00e9rmino <em>sola fide<\/em> \u201cLutero pretend\u00eda tanto poner el acento en la fe m\u00e1s que en las obras, como entender la fe de manera personal, excluyendo toda funci\u00f3n de la Iglesia\u201d (COLZANI, 2001, 597).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Temiendo la presunci\u00f3n o autosuficiencia que las obras podr\u00edan generar en una persona, en un escrito temprano Lutero distingue las \u201cobras de la ley\u201d (Rom 3,20) de las \u201cobras de la fe\u201d (Gl 5,6). Si bien aquellas son suscitadas por la ley mediante el miedo o la promesa de bienes temporales, estas son hechas por personas ya justificadas por la fe, desde la libertad y motivadas \u00fanicamente por el amor de Dios, pues \u201cla fe sin obras est\u00e1 muerta\u201d (St 2,26; LUTERO, s\/f, 138).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>6 La contestaci\u00f3n del Concilio de Trento<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El Concilio de Trento trat\u00f3 de varias cuestiones doctrinales para rebatir los errores de los protestantes. El tema del pecado original fue abordado en un decreto propio antes del tema de la justificaci\u00f3n, por ser visto como condicionante de la misma. Para B\u00e1rbara Andrade se podr\u00eda haber tenido un solo decreto, incorporando las afirmaciones acerca del pecado original en el decreto sobre la justificaci\u00f3n, y as\u00ed mejor evidenciar la prioridad de la gracia sobre el pecado (ANDRADE, 2004,151-153).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El Decreto sobre el Pecado Original, del a\u00f1o 1546, es un texto sucinto. Entre otros puntos, aclara que se remite el pecado original por la pasi\u00f3n y muerte de Cristo, cuyos m\u00e9ritos se aplican a las personas en el bautismo (DH 1513). El pecado original se perdona realmente, pues no se trata de apenas no tenerlo en cuenta (DH 1515).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El Decreto sobre la Justificaci\u00f3n, concluido en 1547 (DH 1520-1583), es fruto de un trabajo profundo a lo largo de siete meses que procuraba exponer \u201cla verdadera y sana doctrina\u201d (DH 1520) acerca de este tema, nuevamente para contestar los errores de los reformadores, y tambi\u00e9n para refutar cualquier rastro de pelagianismo y semipelagianismo. Al pr\u00f3logo siguen diecis\u00e9is cap\u00edtulos expositivos, que son complementados por treinta y tres c\u00e1nones.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Entendiendo la gracia en t\u00e9rminos de una relaci\u00f3n vital entre Dios y la persona, y con dinamismo salv\u00edfico, se afirma la necesidad de la gracia en cada paso del proceso de justificaci\u00f3n. Los cap\u00edtulos 1-9 tratan de la primera justificaci\u00f3n en la persona adulta, la cual se realiza tras la evangelizaci\u00f3n y la recepci\u00f3n del bautismo, con el don de la adopci\u00f3n filial. El ser humano es radicalmente incapaz de liberarse de su servidumbre al pecado. Por el pecado el libre albedr\u00edo ha sido \u201catenuado en sus fuerzas\u201d (DH 1521), pero no ha sido anulado. El don de la justificaci\u00f3n nos traspasa del legado de Ad\u00e1n al legado de la gracia de Cristo. \u00c9sta es totalmente gratuita, y nos invita a la conversi\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es a partir de la gracia de Cristo que nuestro libre albedr\u00edo coopera para disponernos a recibir su justicia, as\u00ed como para no volver a pecar. Somos justificados por la fe en el sentido de que el acto de la fe es el inicio de la salvaci\u00f3n, el primer paso en la preparaci\u00f3n para recibir la justificaci\u00f3n. Siguen los actos de esperanza y de un inicio del amor a Dios, en una secuencia que tambi\u00e9n abarca el temor de la justicia divina que conduce a una consideraci\u00f3n de la misericordia divina, odio al pecado y acciones de penitencia. Pero la gracia a la cual estos actos corresponde es aun exterior al ser de la persona pecadora (GROSSI; SESBO\u00dc\u00c9, 2003b, 290). Todo culmina en la recepci\u00f3n del sacramento de bautismo y el inicio de la vida nueva.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se precisa el momento de la justificaci\u00f3n cuando el Esp\u00edritu Santo derrama el amor divino en nuestros corazones (Rm 5,5). La gracia no es apenas el favor de Dios o imputaci\u00f3n de justicia, sino es inherente a la persona y la hace justa realmente. Esta justicia inherente \u201cestablece entre Cristo y los creyentes una unidad de tipo \u00f3ntico, en virtud de la cual somos perdonados y salvados\u201d (COLZANI, 2001, 268). La triada de los actos de fe, esperanza y amor del tiempo de la preparaci\u00f3n para la justificaci\u00f3n ahora se tornan inherentes, o sea dones infusos, frutos de la justificaci\u00f3n. De la exterioridad de la gracia previa a la justificaci\u00f3n, las inseparables virtudes teologales se vuelven principio inmanente de nuestro ser, y nos unen a Cristo al hacernos miembros de su cuerpo. Por el impulso de la caridad no es posible que alguien sea justificado meramente por la fe, o sea por una fe que ser\u00eda muerta si no fuera animada por las obras del amor.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es desde la justicia de Cristo que podemos ejercer nuestra libertad acogiendo y colaborando con la gracia de la justificaci\u00f3n, por la cual se remiten los pecados y se santifica y renueve a la persona interiormente. No se puede disociar estos dos aspectos de la justificaci\u00f3n. Por la gracia de Cristo la persona se torna una nueva criatura, verdaderamente cambiada: de injusta a justa, de enemiga a amiga.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Desde una \u201cmetaf\u00edsica de las causas\u201d (GROSSI; SESBO\u00dc\u00c9, 2003b, 291), se exponen todas las dimensiones bajo las cuales se puede aclarar que solo Dios es el autor de nuestra justificaci\u00f3n. La causa final de \u00e9sta es \u201cla gloria de Dios y de Cristo y la vida eterna\u201d, y la causa eficiente \u201cDios misericordioso, que gratuitamente lava y santifica (1Cor 6,11), sellando y ungiendo (2Cor 1,21s) \u2018con el Esp\u00edritu Santo de su promesa, que es prenda de nuestra herencia\u2019 (Ef 1,13s)\u201d (DH 1528). La causa meritoria es el Hijo en su pasi\u00f3n en la cruz. La causa instrumental se refiere al sacramento de nuestra fe, o sea el bautismo, acto eclesial que hace visible la realizaci\u00f3n del don de la justificaci\u00f3n. Finalmente, la causa formal es la justicia de Dios, es decir la misma justicia con que nos hace justos, la cual se vuelve la \u201cforma\u201d de nuestra justicia, personalizada en su medida para cada individuo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Para mantener las debidas proporciones del temor de Dios y de la virtud de la esperanza, nadie debe jactarse de la certeza de la remisi\u00f3n de sus pecados de parte de Dios, ni hacer de esta certeza de la fe condici\u00f3n para la justificaci\u00f3n en s\u00ed. Por lo mismo hay que evitar una presunci\u00f3n temeraria respecto a la predestinaci\u00f3n divina y nuestra perseverancia final. M\u00e1s bien esperamos y confiamos humildemente en la misericordia de Dios.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los cap\u00edtulos 10-13 tratan de la vida de la persona justificada. Profundamente renovada, ella crece en la justicia y en la santificaci\u00f3n mediante una cooperaci\u00f3n de la fe con las buenas obras. Nadie puede poner la excusa de ser justificado por la sola fe para obviar la pr\u00e1ctica de la justicia en esp\u00edritu generoso para con el pr\u00f3jimo, ni el desempe\u00f1o de los dem\u00e1s mandamientos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los cap\u00edtulos 14-16 abordan el tema de la recuperaci\u00f3n de la justificaci\u00f3n y los frutos de la misma. Si por el pecado se pierda la justificaci\u00f3n, por el sacramento de la penitencia se puede recuperarla. Nuestras buenas obras son retribuidas por Dios en el cielo. Nos \u201cmerecen\u201d la vida eterna, pues como lo capt\u00f3 san Agust\u00edn, los dones divinos se tornan nuestros m\u00e9ritos. El m\u00e9rito es fruto no de las obras humanas como tal sino de la justificaci\u00f3n, \u201cde la influencia de Cristo en nuestra libertad\u201d (COLZANI 2001, 272).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El Decreto sobre la Justificaci\u00f3n del Concilio de Trento ofrece una ense\u00f1anza iluminada y equilibrada sobre el tema al cosechar principios claves de ciertos textos b\u00edblicos y de la tradici\u00f3n teol\u00f3gica, y quedarse por encima de puntos controvertidos de escuela. En vez de oponer la primac\u00eda absoluta de Dios y la realidad de la libertad humana, logra unirlas en orden al proceso de la justificaci\u00f3n, elemento vital de nuestra salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>7 Avances ecum\u00e9nicos<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En la \u00e9poca de la Reforma y Contrarreforma falt\u00f3 un verdadero di\u00e1logo entre ambas partes acerca de sus respectivas posturas doctrinales. Para los Reformadores, la doctrina sobre la justificaci\u00f3n fue cimiento para toda la teolog\u00eda y por tanto ra\u00edz de todo los dem\u00e1s conflictos. Prevaleci\u00f3 un entorno de reacciones reflejas ante las interpretaciones muchas veces inadecuadas respecto a lo que dec\u00eda uno u otro, las cuales desembocaron en condenas mutuas. Por ejemplo, el Concilio de Trento arremeti\u00f3 contra la \u201cconfianza vana\u201d (DH 1533) de quienes tengan certeza absoluta de su justificaci\u00f3n. Al querer oponerse al orgullo y a la sobrevaloraci\u00f3n de las capacidades morales del ser humano, sin percibirlo el Concilio coincidi\u00f3 con Lutero. No hab\u00eda comprendido que para \u00e9l \u201cla fe comprende la absoluta certeza de que Dios nos justifica, pero no la convicci\u00f3n personal de que nosotros responderemos positivamente a su gracia\u201d (COLZANI, 2001, 272). En este \u201cdi\u00e1logo de los sordos\u201d se estanc\u00f3 la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica durante siglos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tras el Concilio Vaticano II, se inici\u00f3 un arduo trabajo ecum\u00e9nico para reexaminar las diferencias confesionales a la luz de los estudios contempor\u00e1neos de la Biblia y de la historia de la Iglesia, dejando de lado los prejuicios. Algunos documentos regionales marcaron hitos en el camino. Se buscaban nuevas expresiones de la fe com\u00fan, para ir superando las controversias y las formulaciones tradicionales tan cargadas de lecturas parciales. La <em>Declaraci\u00f3n conjunta sobre la doctrina de la justificaci\u00f3n<\/em> (DJ), firmada por el Consejo Pontificio para la Promoci\u00f3n de la Unidad de los Cristianos y la Federaci\u00f3n Luterana Mundial en Augsburgo el 31 de octubre (D\u00eda de la Reforma) 1999, es fruto de este trabajo. \u201cFue una experiencia peculiar del di\u00e1logo, en la que cada uno estaba dispuesto a repensar las cosas a partir de la riqueza del otro, y as\u00ed se preparaba para redescubrir aspectos de su propia verdad que las circunstancias hist\u00f3ricas hab\u00edan opacado\u201d (FERN\u00c1NDEZ, 2010, 187-188).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A partir de un desarrollo del mensaje b\u00edblico, el documento articula \u201cuna interpretaci\u00f3n com\u00fan de nuestra justificaci\u00f3n por la gracia de Dios mediante la fe en Cristo\u201d, aun reconociendo que \u201cno engloba todo lo que una y otra iglesia ense\u00f1an acerca de la justificaci\u00f3n, limit\u00e1ndose a recoger el consenso sobre las verdades b\u00e1sicas de dicha doctrina y demostrando que las diferencias subsistentes en cuanto a su explicaci\u00f3n, ya no dan lugar a condenas doctrinales\u201d (DJ 5).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Una afirmaci\u00f3n central sintetiza los temas principales de la teolog\u00eda de la justificaci\u00f3n: \u201cJuntos confesamos: \u2018Solo por gracia mediante la fe en Cristo y su obra salv\u00edfica y no por alg\u00fan m\u00e9rito nuestro, somos aceptados por Dios y recibimos el Esp\u00edritu Santo que renueva nuestros corazones, capacit\u00e1ndono<a name=\"_ftnref11\"><\/a>s y llam\u00e1ndonos a buenas obras\u2019\u201d (DJ 15). A lo largo del documento hay mucho cuidado para recoger debidamente preocupaciones esenciales propias de cada confesi\u00f3n. Por ejemplo, se afirma que la justificaci\u00f3n es un don que no est\u00e1 condicionado a ciertas acciones previas de parte del ser humano (un \u00e9nfasis luterano), y que a la vez esta justificaci\u00f3n se apropia realmente al pecador para instituir en \u00e9l una nueva vida (un \u00e9nfasis cat\u00f3lico).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se afirma la legitimidad de una pluralidad de lenguaje y de acentos en la interpretaci\u00f3n de algunos aspectos de la doctrina de la justificaci\u00f3n. Por ejemplo, la cooperaci\u00f3n humana o la pasividad en la justificaci\u00f3n; la inclusi\u00f3n o no de la santificaci\u00f3n en la comprensi\u00f3n de la justificaci\u00f3n; \u201cjustificaci\u00f3n por la fe\u201d o \u201cjustificaci\u00f3n por la gracia\u201d; si la concupiscencia es pecado o no; los papeles del cumplimiento de los mandamientos y del m\u00e9rito. En algunos casos se puede \u201ctraducir el lenguaje de una confesi\u00f3n al lenguaje de la otra\u201d, por ejemplo: \u201cla \u2018fe\u2019 protestante tiene la misma densidad teol\u00f3gica que la trilog\u00eda cat\u00f3lica \u2018fe, esperanza y caridad\u2019\u201d (VALLS, 1999, 570).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u201cNuestro consenso respecto a los postulados fundamentales de la doctrina de la justificaci\u00f3n debe llegar a influir en la vida y el magisterio de nuestras iglesias. All\u00ed se comprobar\u00e1\u201d (DJ 43). Las tareas de seguir profundizando en las diferencias que perduran y de acoger las consecuencias de la <em>Declaraci\u00f3n <\/em>en la vida real de cada confesi\u00f3n, son vitales en toda la empresa ecum\u00e9nica de caminar m\u00e1s all\u00e1 de la divisi\u00f3n de la iglesia \u201chacia esa unidad visible que es voluntad de Cristo\u201d (DJ 44).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>8 Actualizaci\u00f3n desde Am\u00e9rica Latina<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ante el acento individualista que ha caracterizado la teolog\u00eda de la justificaci\u00f3n tanto de la reforma protestante como de la cat\u00f3lica, la teolog\u00eda latinoamericana ayuda a recuperar la perspectiva comunitaria insoslayable en la relaci\u00f3n de Dios con sus creaturas. El contexto de un continente tan herido por estructuras sociales injustas exige un replanteamiento del tema de la justificaci\u00f3n, para que no se quede limitado a la piedad personal, intimista, sin incidencia colectiva.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La elecci\u00f3n divina no es de individuos aislados ni tampoco es algo abstracto. Dios elige a un pueblo (Dt 14,2; 1Pd 2,9) para su justificaci\u00f3n y glorificaci\u00f3n (Rm 8,28-30). Tanto Israel como el nuevo pueblo de Dios que es la comunidad cristiana toman consciencia de su elecci\u00f3n a trav\u00e9s de la experiencia de la acci\u00f3n salv\u00edfica de Dios en su historia, motivada \u00fanicamente por su amor gratuito. La iglesia est\u00e1 invitada a acoger su elecci\u00f3n con alegr\u00eda y a centrar su vida en Cristo, lo cual supone asumir la responsabilidad de bregar por la realizaci\u00f3n de los valores del Reino de Dios, en una transformaci\u00f3n que humanice la sociedad y en el horizonte de la esperanza escatol\u00f3gica.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La teolog\u00eda latinoamericana contempor\u00e1nea recoge la intuici\u00f3n agustiniana que comprende la justificaci\u00f3n en t\u00e9rminos de la liberaci\u00f3n de nuestra libertad sujeta al ego\u00edsmo y sus consecuentes actitudes y opciones pecaminosas, y que percibe c\u00f3mo la acci\u00f3n amorosa de la gracia de Dios en nuestra libertad la desata y la estimula para entregar la vida por amor (Gl 5,1.13-14). El Esp\u00edritu que nos trae la libertad (Rm 8,2; 2Cor 3,17) nos impele con su fuerza din\u00e1mica a salir de nosotros mismos hacia los dem\u00e1s, quienes a su vez desvelan el rostro de Cristo. El estado ontol\u00f3gico de libertad posibilita la libertad en sentido \u00e9tico (MIRANDA, 1991, 98). Nuestra libertad siempre est\u00e1 \u201csituada\u201d, afectada por el entorno vital del momento hist\u00f3rico. En un contexto marcado por fuertes desigualdades sociales que generan pobreza y violencia, el amor al pr\u00f3jimo exige la denuncia prof\u00e9tica y un compromiso para luchar por la justicia, as\u00ed como promover acciones solidarias con las personas y grupos marginados (MIRANDA, 1991, 104-105).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Con renovada elocuencia, diversos autores latinoamericanos tematizan directa o indirectamente las interpelaciones perennes para realizar las obras del amor que son fruto de la justificaci\u00f3n por la fe, priorizando precisamente la pr\u00e1ctica de la justicia del Reino de acuerdo con el discernimiento de los signos de los tiempos. Por ejemplo:<\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">Movidos por el Esp\u00edritu que act\u00faa desde los m\u00e1rgenes de la Iglesia y el reverso de la historia, creemos que las periferias son lugares teol\u00f3gicos [\u2026]. [\u2026] ratificamos nuestro compromiso ineludible con las hermanas y los hermanos en las periferias de la sociedad, azotados por la pobreza y diversas formas de exclusi\u00f3n social, econ\u00f3mica, pol\u00edtica y eclesial, que llama, con urgencia, a luchar por su mayor inclusi\u00f3n e integraci\u00f3n (I ENCUENTRO IBEROAMERICANO DE TEOLOG\u00cdA, 2017)<a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\">[1]<\/a>.<\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>Eileen FitzGerald. <\/em>Universidad Cat\u00f3lica Boliviana \u201cSan Pablo\u201d de Cochabamba (Bolivia). Original en espa\u00f1ol.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>9 Referencias bibliogr\u00e1ficas<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">ANDRADE, B. <em>Pecado original \u00bfo gracia del perd\u00f3n?<\/em> Salamanca: Secretariado Trinitario, 2004.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">COLZANI, G. <em>Antropolog\u00eda teol\u00f3gica<\/em>: el hombre, paradoja y misterio. Salamanca: Secretariado Trinitario, 2001.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">CONSEJO PONTIFICIO PARA LA PROMOCI\u00d3N DE LA UNIDAD DE LOS CRISTIANOS; FEDERACI\u00d3N LUTERANA MUNDIAL. <em>Declaraci\u00f3n conjunta sobre la doctrina de la justificaci\u00f3n <\/em>(31 oct.1999). Disponible en: <span style=\"color: #000000;\">&lt;<a style=\"color: #000000;\" href=\"http:\/\/www.vatican.va\/roman_curia\/pontifical_councils\/chrstuni\/documents\/rc_pc_chrstuni_doc_31101999_cath-luth-joint-declaration_sp.html\">http:\/\/www.vatican.va\/roman_curia\/pontifical_councils\/chrstuni\/documents\/rc_pc_chrstuni_doc_31101999_cath-luth-joint-declaration_sp.html<\/a>&gt;. Acceso en: 17 abril 2017.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">MIRANDA, M. F. <em>Libertados para a pr\u00e1xis da justi\u00e7a<\/em>: a teologia da gra\u00e7a no atual<\/span> contexto latino-americano. S\u00e3o Paulo: Loyola, 1991.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">DENZINGER, H.; HUNERMANN, P. <em>El Magisterio de la Iglesia<\/em>. Barcelona: Herder, 1999.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">FITZMYER, J. A. Carta a los Romanos. In: BROWN, R. E.; FITZMYER, J. A.; MURPHY, R. E. <em>Nuevo comentario b\u00edblico San Jer\u00f3nimo<\/em>: Nuevo Testamento y art\u00edculos tem\u00e1ticos. Estella (Navarra): Verbo Divino, 2004, p. 361-418.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">FERN\u00c1NDEZ, V. M. <em>Gracia<\/em>: nociones b\u00e1sicas para pensar la vida nueva. Buenos Aires: \u00c1gape, 2010.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">FRANCISCO, <em>Misericordiae vultus<\/em>: bula de convocaci\u00f3n del jubileo extraordinario de la misericordia (11 abril 2015). Disponible en: <span style=\"color: #000000;\"><a style=\"color: #000000;\" href=\"https:\/\/w2.vatican.va\/content\/francesco\/es\/apost_letters\/documents\/papa-francesco_bolla_20150411_misericordiae-vultus.html\">https:\/\/w2.vatican.va\/content\/francesco\/es\/apost_letters\/documents\/papa-francesco_bolla_20150411_misericordiae-vultus.html<\/a>. Acceso en: 15 abril 2016.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">GONZ\u00c1LEZ FAUS, J. I. <em>Proyecto de hermano<\/em>: visi\u00f3n creyente del hombre. Santander: Sal Terrae, 1987.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">GROSSI, V.; SESBO\u00dc\u00c9, B. Gra\u00e7a e justifica\u00e7\u00e3o: do testemunho da Escritura ao fim da Idade M\u00e9dia. In: SESBO\u00dc\u00c9, B. <em>ET AL.<\/em> (DIR.). <em>O homem e sua salva\u00e7\u00e3o (s\u00e9culos V-XVII)<\/em>. S\u00e3o Paulo: Loyola, 2003, 229-274.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">______. Gra\u00e7a e justifica\u00e7\u00e3o: do conc\u00edlio de Trento \u00e0 \u00e9poca contempor\u00e2nea. In: ______, ______, 275-311.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">I ENCUENTRO IBEROAMERICANO DE TEOLOG\u00cdA. <em>Declaraci\u00f3n de Boston<\/em>. Boston <span style=\"color: #000000;\">College, 6-10 feb. 2017. Disponible en: <a style=\"color: #000000;\" href=\"https:\/\/www.bc.edu\/schools\/stm\/formacion-continua\/encuentro-ibero-americano\/declaracionBoston.html\">https:\/\/www.bc.edu\/schools\/stm\/formacion-continua\/encuentro-ibero-americano\/declaracionBoston.html<\/a>. Acceso en: 30 abril 2017.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">LUTERO, M. <em>Comentarios de Mart\u00edn Lutero vol. 1<\/em>: carta del ap\u00f3stol Pablo a los romanos. Sevilla: CLIE, s\/f.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">VALL, H. Comentario al documento \u201cDeclaraci\u00f3n conjunta sobre la doctrina de la justificaci\u00f3n\u201d. In: <em>Di\u00e1logo Ecum\u00e9nico<\/em> t. XXXIV, n. 109-110, p. 565-572, 1999.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">WILLIAMS, R. Justifica\u00e7\u00e3o. In: LACOSTE, J-Y. (DIR.). <em>Dicion\u00e1rio cr\u00edtico de teologia<\/em>. S\u00e3o Paulo: Loyola\/Paulinas, 2004, p. 974-980.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\">[1]<\/a> La <em>Declaraci\u00f3n de Boston<\/em> fue firmado por 36 te\u00f3logos y te\u00f3logas, incluyendo a Virginia Azcuy, V\u00edctor \u00a0\u00a0\u00a0Codina, Jos\u00e9 Ignacio Gonz\u00e1lez Faus, Gustavo Guti\u00e9rrez, Maria Clara Lucchetti Bingemer, Juan Carlos Scannone, Pedro Trigo, Jon Sobrino, Roberto Tomich\u00e1 y Olga Consuelo V\u00e9lez.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00cdndice 1 La llamada a la santidad y la justicia original 2 La justicia de Dios 3 La justificaci\u00f3n en la teolog\u00eda de san Pablo 3.1 Ley y pecado, justificaci\u00f3n y fe 3.2 Los efectos de la justificaci\u00f3n 4 Elementos del desarrollo de la justificaci\u00f3n en la historia de la teolog\u00eda 5 La justificaci\u00f3n en [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[103],"tags":[],"class_list":["post-1524","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-teologia-sistematicadogmatica-2"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/teologicalatinoamericana.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1524","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/teologicalatinoamericana.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/teologicalatinoamericana.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/teologicalatinoamericana.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/4"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/teologicalatinoamericana.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=1524"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/teologicalatinoamericana.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1524\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":1546,"href":"https:\/\/teologicalatinoamericana.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1524\/revisions\/1546"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/teologicalatinoamericana.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=1524"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/teologicalatinoamericana.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=1524"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/teologicalatinoamericana.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=1524"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}