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{"id":1479,"date":"2017-12-23T17:49:12","date_gmt":"2017-12-23T19:49:12","guid":{"rendered":"http:\/\/theologicalatinoamericana.com\/?p=1479"},"modified":"2017-12-23T17:49:12","modified_gmt":"2017-12-23T19:49:12","slug":"creo-en-la-resurreccion-de-la-carne","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/teologicalatinoamericana.com\/?p=1479","title":{"rendered":"Creo en la resurrecci\u00f3n de la carne"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\"><strong>\u00cdndice<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">1 La resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas y nuestra resurrecci\u00f3n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">2 Fundamentos y caracter\u00edsticas de la resurrecci\u00f3n seg\u00fan san Pablo (1 Cor 15)<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">3 \u201cResurrecci\u00f3n de la carne\u201d. Antecedentes hist\u00f3rico-dogm\u00e1ticos<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">4 S\u00edntesis sistem\u00e1tica<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">4.1 La <em>resurrecci\u00f3n de la carne<\/em> implica salvaci\u00f3n de la totalidad humana<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">4.2 <em>Resurrecci\u00f3n de la carne<\/em> y consumaci\u00f3n comunitaria-social<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">4.3<em> Resurrecci\u00f3n de la carne<\/em> y consumaci\u00f3n cosmol\u00f3gica<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">5 Referencias<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>1 La resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas y nuestra resurrecci\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La comunidad cristiana celebra y sigue proclamando al mundo que Jes\u00fas de Nazaret, el crucificado, ha resucitado. Con este mensaje inaudito culminan los cuatro evangelios del Nuevo Testamento (Mt 28, 5-7; Mc 16, 5-7; Lc 24, 4-7; Jn 20, 12-13). Cristo ha resucitado venciendo la muerte y su victoria es anticipo de la de aquellos que han muerto, ense\u00f1a San Pablo al reflexionar sobre la fe en la resurrecci\u00f3n (1Cor 15,20). \u201cY si no resucit\u00f3 Cristo, vac\u00eda es nuestra predicaci\u00f3n, vac\u00eda tambi\u00e9n vuestra fe\u201d (1 Cor 15,14). La comunidad apost\u00f3lica ense\u00f1a que Jes\u00fas, el Nazareno, el que \u201cpas\u00f3 haciendo el bien\u201d (Hch 10,38) y realizando diversos signos, anunciando el reinado de Dios, fue condenado a la muerte de cruz, colgado de un madero, ese mismo, Jes\u00fas, ha sido resucitado por Dios y constituido Kyrios y Cristo, Se\u00f1or y Mes\u00edas (Hch 2,14-36; 3,12-26; 4,8-12; 10,34-43; 13,16-41). Jes\u00fas es Se\u00f1or (Kyrios) y Cristo porque Dios mismo lo ha resucitado en el Esp\u00edritu. Por lo mismo, desde los inicios de la fe cristiana existe la convicci\u00f3n de que Dios ha anticipado en una persona concreta, en el Nazareno, el acontecimiento escatol\u00f3gico fundamental: la superaci\u00f3n definitiva y para siempre de la muerte: el Crucificado ha resucitado. En Cristo resucitado se cumplen todas las promesas de Dios y por ello es constituido Se\u00f1or de la vida y de la historia humana, fundamento de nuestra esperanza y de nuestra futura resurrecci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Lo vivido por Jesucristo es esperanza de salvaci\u00f3n para todos nosotros: \u201cporque, si confiesas con tu boca que Jes\u00fas es Se\u00f1or y crees en tu coraz\u00f3n que Dios le resucit\u00f3 de entre los muertos, ser\u00e1s salvo\u201d (Rom 10,9). Por ello celebramos y hacemos fiesta en la permanente liturgia y alabanza de la Iglesia, porque la muerte ya no tiene la \u00faltima palabra. Nuestra vida ya no es la cr\u00f3nica de una muerte anunciada, sino, por el contrario, se trata de una vida en la que ya experimentamos el amor de Dios y su presencia constante, y donde por su gracia se pueden anticipar signos de la alegr\u00eda, paz, fraternidad y justicia que alg\u00fan d\u00eda viviremos plenamente. La esperanza de una vida eterna, de una felicidad sin l\u00edmites, de una plena comuni\u00f3n de vida y amor con Dios y todos los bienaventurados, tiene desde ya su fundamento en Jesucristo resucitado. \u201cY si el Esp\u00edritu de Aquel que resucit\u00f3 a Jes\u00fas de entre los muertos habita en vosotros, Aqu\u00e9l que resucit\u00f3 a Cristo de entre los muertos dar\u00e1 tambi\u00e9n la vida a vuestros cuerpos mortales por su Esp\u00edritu que habita en vosotros\u201d (Rom 8,11).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>2 Fundamentos y caracter\u00edsticas de la resurrecci\u00f3n seg\u00fan san Pablo (1Cor 15)<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La ex\u00e9gesis considera que el cap\u00edtulo 15 de la primera carta a los Corintios es fundamental para comprender los alcances de la fe en la resurrecci\u00f3n. En la comunidad de Corinto se manifestaban ciertas dificultades doctrinales debido a la cultura propia del mundo griego o a err\u00f3neas interpretaciones respecto a la resurrecci\u00f3n. El mundo griego pod\u00eda admitir sin problemas la idea de una inmortalidad del alma, pero ten\u00eda serias dificultades para admitir la resurrecci\u00f3n. Para Pablo, \u201cla negaci\u00f3n de una resurrecci\u00f3n <em>corporal<\/em> desintegra los fundamentos mismos de la fe y acaba con la genuina esperanza de la salvaci\u00f3n, que no puede ser sino una salvaci\u00f3n <em>encarnada y escatol\u00f3gica<\/em>\u201d (RUIZ DE LA PE\u00d1A, J. L., 2000, p. 153).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Subrayando su perspectiva cristoc\u00e9ntrica, Pablo reitera enf\u00e1ticamente que el fundamento de la resurrecci\u00f3n de los muertos es la resurrecci\u00f3n de Cristo mismo; los muertos resucitan porque Cristo resucit\u00f3 (vv. 12-19). En el mismo sentido, a Cristo resucitado se le llama dos veces \u201cprimicias\u201d, por el cual \u201cviene la resurrecci\u00f3n de los muertos\u201d (vv. 20-28). Para responder la pregunta por el modo de la resurrecci\u00f3n (\u00bfC\u00f3mo se resucita?), Pablo elige un camino anal\u00f3gico. Utiliza la imagen de la semilla; Dios dar\u00e1 un cuerpo a su voluntad: a cada semilla (sembrada) su cuerpo. Describe, a continuaci\u00f3n, la relaci\u00f3n entre el cuerpo terrestre, cuerpo animado\u00a0 (<em>ps\u00edquico<\/em>) y el cuerpo del hombre resucitado, cuerpo espiritual (<em>soma pneumatik\u00f3n<\/em>), estableciendo cuatro ant\u00edtesis rese\u00f1adas con los siguientes t\u00e9rminos: \u201c<em>se siembra lo corruptible, resucita incorruptible; se siembra lo miserable, resucita glorioso; se siembra lo d\u00e9bil, resucita fuerte; se siembra un cuerpo animado, resucita un cuerpo espiritual<\/em>\u201d (1 Cor 15, 42-44). Muy lejos de los modelos de oposici\u00f3n y exclusi\u00f3n entre materia y esp\u00edritu propios del pensamiento griego, lo que proponen tales ant\u00edtesis es dejar establecida tanto la continuidad como la discontinuidad entre el cuerpo terrestre de la condici\u00f3n peregrina y el cuerpo de los resucitados. Pablo muestra y ense\u00f1a que la resurrecci\u00f3n de los muertos s\u00f3lo puede tener su fundamento en la resurrecci\u00f3n del mismo Jesucristo y<\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u201csi \u00e9sta no puede ser conceptuada ni explicada adecuadamente\u2026 tampoco aquella. Sin embargo, podemos hablar de nuestra resurrecci\u00f3n, en analog\u00eda con la de Cristo \u2013 como lo hace Pablo &#8211; , y proclamarla como obra del poder de Dios efectuada mediante el Esp\u00edritu vivificante\u2026 Por eso podemos esperar que viviremos \u2018siempre con el Se\u00f1or\u2019 y tambi\u00e9n con los dem\u00e1s resucitados\u201d (KREMER, J., 1970, p. 85)<\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">Para Pablo es inimaginable la vida futura sin \u201csoma\u201d. Al decir de J. Gnilka \u201cen esta totalidad (soma) no se separan entre s\u00ed los sentimientos, los pensamientos, las vivencias y las acciones\u2026 Para Pablo el cuerpo es absolutamente inseparable del yo humano\u201d (GNILKA, J., 1970, p. 133). De todos modos se trata de un cuerpo que se transforma (1 Cor 15, 51) por la acci\u00f3n del Esp\u00edritu, \u201cque da lugar a un \u2018cuerpo espiritual\u2019, lleno de &#8216;poder\u2019 y sin debilidad, incorruptible e inmortal\u201d precisa A<strong>. <\/strong>Puig i Tarrech (PUIG I TARRECH, A., 2014, p. 278).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Seg\u00fan J. Ratzinger, de acuerdo al pensamiento de Pablo, el modelo de interpretaci\u00f3n para comprender la corporeidad del hombre resucitado surge de la experiencia de Cristo resucitado y de su nueva corporeidad. \u201cAl realismo fisicista se le contrapone no un espiritualismo, sino un realismo pneum\u00e1tico\u201d (RATZINGER, J., 2007, p. 185). El mismo te\u00f3logo hacer ver que:<\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u201cEn cuanto a la materialidad de la resurrecci\u00f3n queda abierto pr\u00e1cticamente todo. Se afirma su condici\u00f3n de lo totalmente distinto. No se puede decir a ciencia cierta qu\u00e9 significa positivamente su realismo pneum\u00e1tico, que se contrapone a las espiritualizaciones. La idea de que al final, y sea como sea, la <em>totalidad<\/em> de la creaci\u00f3n de Dios entra en la salvaci\u00f3n, resulta tan clara que cualquier sistematizaci\u00f3n reflexiva sobre el material b\u00edblico tiene que tener muy en cuenta esa idea (cf. especialmente 1 Cor 15, 20-28\u2026)\u201d (RATZINGER, J., 2007, p.187).<\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por su parte, B. Sesbo\u00fc\u00e9, junto con reiterar que la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas es modelo ejemplar y causa de la resurrecci\u00f3n de los muertos, a\u00f1ade: que \u201cLa afirmaci\u00f3n de la resurrecci\u00f3n general de los muertos est\u00e1 en estrecha correspondencia con el inter\u00e9s que Jes\u00fas muestra continuamente a lo largo de su ministerio por el cuerpo humano\u201d (SESBO\u00dc\u00c9, B., 2000, p. 612). Lo que la ex\u00e9gesis b\u00edblica quiere subrayar a prop\u00f3sito del pensamiento de Pablo es que \u00e9ste<\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u201cno postula una corporeidad inmaterial ni una espiritualidad desligada\u00a0 del cuerpo. Se trata de una unidad en la que confluyen lo material y lo espiritual. El pneuma es la fuerza que informa al cuerpo. Soma no designa en Pablo una parte del hombre, sino a todo el hombre, a su realidad ontol\u00f3gica misma. \u2018Cuerpo espiritual\u2019, por lo tanto, no significa un cuerpo de materia et\u00e9rea, sino el hombre plenamente divinizado por el Esp\u00edritu del Se\u00f1or\u201d (NOEMI, J., 1996, pp. 91-92).<\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">En efecto, \u201cel cuerpo se da no s\u00f3lo al modo adam\u00edtico, de \u2018cuerpo animado\u2019, sino tambi\u00e9n al modo cristol\u00f3gico debido a la resurrecci\u00f3n de Jesucristo, en cuanto corporeidad gracias al Esp\u00edritu Santo\u201d (RATZINGER, J., 2007, p. 185).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En definitiva, San Pablo quiere superar dos extremos posibles en su \u00e9poca: 1) el espiritualismo griego que se fundaba exclusivamente en la inmortalidad del alma y 2) la idea jud\u00eda de identidad cuasi-f\u00edsica del cuerpo resucitado con el mortal. Nada hace pensar que el cuerpo resucitado se entienda como reanimaci\u00f3n, o recuperaci\u00f3n del cad\u00e1ver. Pero tampoco se puede entender sin el soma transformado. En suma, hay, entre el cuerpo del ser humano hist\u00f3rico-peregrino y el resucitado discontinuidad y tambi\u00e9n continuidad (PUIG I TARRECH, A., 2014, pp. 276-278;\u00a0 SESBO\u00dc\u00c9, B., 2000, pp. 610-612; KREMER, J., 1970, pp. 76-87; GNILKA, J., 1970, p. 127-135; NOCKE, F. J., 1984, pp. 80-83).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>3 \u201cResurrecci\u00f3n de la carne\u201d<\/strong> \u00a0\u00a0(Antecedentes hist\u00f3rico-dogm\u00e1ticos)<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se desprende de los antecedentes b\u00edblicos que lo esencial es que la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas no s\u00f3lo es el fundamento de nuestra fe en la resurrecci\u00f3n corporal, sino que, de hecho, hace posible e implica la resurrecci\u00f3n de todos los muertos al final de la historia. Los primeros s\u00edmbolos de fe recogen de distinto modo esta convicci\u00f3n fundamental. Al respecto, B. Sesbo\u00fc\u00e9, hace ver que<\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u201clos dos credos cristianos emplean a este respecto un lenguaje un tanto diferente: Oriente (Nicea-Constantinopla) menciona \u2018la resurrecci\u00f3n de los muertos y la vida del mundo futuro\u2019; Occidente, por su parte, habla de \u2018la resurrecci\u00f3n de la carne y la vida eterna\u2019. Por este t\u00e9rmino de \u2018carne\u2019 hay que entender, no el conjunto de nuestros m\u00fasculos, sino el \u2018cuerpo\u2019 humano en tanto que es humano y tal como ha sido analizado aqu\u00ed, de acuerdo con su condici\u00f3n hist\u00f3rica, limitada y fr\u00e1gil. El lenguaje de san Juan no vacila ante este t\u00e9rmino bastante \u2018crudo\u2019 de \u2018carne\u2019. Por eso dice: \u2018La Palabra se hizo carne\u2019 (Jn 1, 14), es decir, ha asumido verdaderamente nuestra condici\u00f3n humana corporal y carnal\u201d (SESBO\u00dc\u00c9, B., 2000, p. 611).<\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">Con el fin de refutar y tomar distancia de reducciones espiritualizantes de la categor\u00eda \u201c<em>cuerpo espiritual<\/em>\u201d, aparecidas en cristianos del siglo II bajo influjo gn\u00f3stico, se comienza a utilizar la expresi\u00f3n \u201c<em>resurrecci\u00f3n de la carne<\/em>\u201d. Los especialistas muestran que, por ese motivo, se habr\u00eda incluido en el s\u00edmbolo romano antiguo para neutralizar las interpretaciones espiritualistas de \u00edndole dualista y la misma raz\u00f3n explica que la f\u00f3rmula se haya trasladado y mantenido en muchos credos. Observa C. Pozo &#8211; que \u201cIncluso debe reconocerse una progresiva acentuaci\u00f3n del realismo en las f\u00f3rmulas de fe: de la f\u00f3rmula \u2018resurrecci\u00f3n de la carne\u2019 se empieza ulteriormente a subrayar que la resurrecci\u00f3n se har\u00e1 \u2018en esta carne en que ahora vivimos\u2019 (<em>Fides Damasi<\/em>, DH 72) (POZO, C., 1993, p. 42).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ratzinger, en su libro <em>Escatolog\u00eda, <\/em>y despu\u00e9s de estudiar el empleo de la f\u00f3rmula \u2019resurrecci\u00f3n de la carne\u2019 en los tres primeros siglos (recogiendo los aportes de Ireneo de Lyon y Justino en pol\u00e9mica con el gnosticismo de Valent\u00edn\u2026) concluye que \u201cal final estaba claro que \u2018resurrecci\u00f3n de la carne\u2019 significa resurrecci\u00f3n de las criaturas s\u00f3lo en el supuesto de que quiera decir tambi\u00e9n resurrecci\u00f3n del cuerpo\u201d (RATZINGER, J., 2007, p. 191). Ante el riesgo de gnosticismo y dualismo, la defensa y valoraci\u00f3n de la <em>carne<\/em>, como expresi\u00f3n irrenunciable de la corporeidad e integridad del ser humano, se convirti\u00f3 en los primeros siglos en un tema crucial.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Entre los Padres, Ireneo de Lyon y Tertuliano se destacan por su manifiesta opci\u00f3n en este empe\u00f1o y valoran la salvaci\u00f3n de la carne como algo central de la fe y esperanza cristianas<a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\">[1]<\/a>. Comentando el mismo texto <em>Sobre la resurrecci\u00f3n de la carne<\/em> de Tertuliano<a href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\">[2]<\/a>, que en otro lugar se refiere a la carne como \u201cla hermana de Cristo\u201d y se\u00f1ala que Dios \u201cama la carne\u201d, Sesbo\u00fc\u00e9 observa que este escrito:<\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u201clleva la marca de los acentos cordiales de un cristiano de comienzos del siglo III: nuestra \u2018carne\u2019 es <em>la hermana de Cristo<\/em>. Se salvar\u00e1 en la resurrecci\u00f3n como la suya, con el mismo derecho que todo lo que forma parte de nuestra condici\u00f3n concreta, y con la misma continuidad y la misma discontinuidad entre nuestro estado presente y nuestro estado futuro\u201d (SESBO\u00dc\u00c9, 2000, p. 613).<\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">Confrontado con el dualismo, el Magisterio siempre ha ense\u00f1ado que los muertos resucitar\u00e1n con sus propios cuerpos. A\u00fan resuenan aquellas palabras del XI Concilio de Toledo del a\u00f1o 675: &#8220;creemos que resucitaremos, no en una carne a\u00e9rea o de cualquier otro tipo como algunos deliran, sino en \u00e9sta en la que vivimos, subsistimos y obramos&#8221;(DH 540). Es decir, resucita un cuerpo humano y el mismo cuerpo humano (identidad espec\u00edfica y num\u00e9rica), transfigurado, cuerpo glorioso. Por la misma convicci\u00f3n de unicidad de la persona humana y del valor propio del cuerpo, criatura de Dios, desde los primeros siglos se escucharon voces cr\u00edticas que no aceptaron la doctrina de la transmigraci\u00f3n de las almas, entre otros motivos,\u00a0 por su desprecio a la corporeidad. Adem\u00e1s de Ireneo y Tertuliano, se destacan las opiniones de Justino, Minucio F\u00e9lix, Te\u00f3filo de Antioqu\u00eda, y \u00a0San Agust\u00edn, quienes en distintas etapas culturales manifiestan su rechazo a las teor\u00edas reencarnacionistas entre los siglos II y V (POZO, C., 1993, pp. 165-185). Por su parte, en el a\u00f1o 561 el II Concilio de Braga rechaza ideas semejantes defendidas por las tendencias manique\u00edstas de los seguidores de Prisciliano (DH 456). En el medioevo, el IV Concilio de Letr\u00e1n, XII Ecum\u00e9nico<strong>, <\/strong>realizado en el 1215, en su definici\u00f3n contra el dualismo radical de los c\u00e1taros, quienes tambi\u00e9n rechazaban el cuerpo por considerarlo perverso, recuerda que Jesucristo \u201cha de venir al fin del mundo, ha de juzgar a los vivos y a los muertos y ha de dar a cada uno seg\u00fan sus obras, tanto a los r\u00e9probos como a los elegidos: todos los cuales resucitar\u00e1n con sus propios cuerpos que ahora llevan\u201d (DH 801).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Frente al desaf\u00edo dualista en sus diversas expresiones, la teolog\u00eda cristiana sostiene la bondad de la creaci\u00f3n y de las criaturas, de la materia y del esp\u00edritu, y por ello combina argumentos creacionales y escatol\u00f3gicos para afirmar tanto la bondad original como el destino eterno y glorioso del cuerpo humano.<\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u201cTanto el cuerpo como el esp\u00edritu tienen un futuro de plenitud por el don de Dios Creador y Consumador de la historia. El cristianismo cree en un Dios Creador de todo lo visible e invisible, en un Dios que se define como Amor y que ha creado por amor la existencia de lo otro, de lo distinto de s\u00ed, en su diversidad y pluralidad. Tanto la materia como el esp\u00edritu se remontan a un \u00fanico designio creador de Dios. El cuerpo es, en consecuencia, tan digno, tan aut\u00e9ntico y cabal como el alma. El ser humano, hombre\/mujer, es alma encarnada, s\u00edntesis de materia y esp\u00edritu\u201d (PARRA, F., 2011, p. 249).<\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">Como bien lo ense\u00f1a \u2013 en los tiempos actuales \u2013 el Concilio Vaticano II:<\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">&#8220;En la unidad de cuerpo y alma, el hombre, por su misma condici\u00f3n corporal, es una s\u00edntesis del universo material, el cual alcanza por medio del hombre su m\u00e1s alta cima y alza la voz para la libre alabanza del Creador. No debe, por tanto, despreciar la vida corporal, sino que, por el contrario, debe tener por bueno y honrar a su propio cuerpo, como criatura de Dios que ha de resucitar en el \u00faltimo d\u00eda&#8221; (GS, 14).<\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>4 S\u00edntesis sistem\u00e1tica<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>4.1 La <em>resurrecci\u00f3n de la carne<\/em> implica salvaci\u00f3n de la totalidad humana<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Con su fe en la <em>resurrecci\u00f3n de la carne<\/em>, el cristianismo manifiesta su esperanza en que <em>toda<\/em> la persona y todas las personas tienen un futuro que va m\u00e1s all\u00e1 de la muerte y que pueden confiar en que Dios cumplir\u00e1 su promesa de consumaci\u00f3n. \u201cNo hay esperanza s\u00f3lo para una parte de la persona. A la totalidad del ser humano pertenecen su corporeidad, su sociabilidad e historicidad en relaci\u00f3n con la naturaleza.\u201d (PARRA, F., 2011, p. 251).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es el ser humano entero, en cuerpo y alma, el que alcanza &#8211; por gracia de Dios &#8211; su plenitud. Con raz\u00f3n Hans Urs Von Balthasar, expresa que la \u2018resurrecci\u00f3n de la carne\u2019 \u201cse describir\u00eda mejor como \u2018resurrecci\u00f3n del hombre\u2019 en su totalidad\u201d (VON BALTHASAR, H. U., 2008, pp. 37-38). Lo que los te\u00f3logos quieren destacar es que la corporalidad humana tiene valor en s\u00ed misma junto con todas las dimensiones de lo humano. En palabras de J. Moltmann, \u201cla esperanza en la \u2018resurrecci\u00f3n de la carne\u2019 nos permite no menospreciar ni rebajar la vida corporal ni las experiencias de los sentidos, sino que las afirma profundamente y concede su honor supremo a la \u2018carne\u2019 menospreciada\u201d (MOLTMANN, J., 2004, p. 100).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En analog\u00eda con la resurrecci\u00f3n del Crucificado y su glorificaci\u00f3n corporal (Flp 3, 21),<\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u201clos creyentes consideran tambi\u00e9n su muerte como una parte de aquel proceso en el que toda esta creaci\u00f3n mortal ser\u00e1 glorificada y volver\u00e1 a nacer para el reino de la gloria. Por la \u2018resurrecci\u00f3n de la carne\u2019 se entiende\u00a0 la metamorfosis de <em>esta<\/em> creaci\u00f3n perecedera que llegar\u00e1 a ser el reino eterno de Dios, y de <em>esta<\/em> vida mortal que llegar\u00e1 a ser la vida eterna: \u2018<em>vita mutatur, non tollitur<\/em>\u2019<a href=\"#_ftn3\" name=\"_ftnref3\">[3]<\/a>\u201d (MOLTMANN, J., 2004, pp. 112-113).<\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">Gesch\u00e9 comenta acertadamente que &#8220;es <em>este cuerpo de aqu\u00ed<\/em> el que resucitar\u00e1\u2026 Este cuerpo de aqu\u00ed es el que, como sucede con el grano de trigo, germinar\u00e1 en la vida cumplida, <em>porque es su semilla<\/em>\u2026 El secreto del cuerpo\u2026 es tener un <em>germen<\/em> de cuerpo de gloria&#8221; (GESCH\u00c9, A., 1997, p. 306). Recordemos que, conforme al pensamiento de Pablo, el cuerpo sembrado es el que resucita. Por ello puede aseverar Gesch\u00e9 que \u201cel cuerpo de esta tierra tiene una estructura resurreccional\u201d (GESCH\u00c9, A., 1997, p. 306). Desde Cristo, el Crucificado resucitado, \u201cla resurrecci\u00f3n es ahora el acto del Padre, en Jes\u00fas, por el poder del Esp\u00edritu, por el que remodela precisamente la creaci\u00f3n\u201d (GESCH\u00c9, A., 2002, p. 203).<\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u201cEn adelante la resurrecci\u00f3n pertenece a la capacidad teologal del hombre creado, <em>Homo capax Dei<\/em>, restituido as\u00ed a su vocaci\u00f3n de destino propuesta en la creaci\u00f3n y remodelada en la resurrecci\u00f3n, <em>Homo capax resurrectionis<\/em>. (\u2026) En adelante, el hombre conseguir\u00e1 la salvaci\u00f3n, es decir, el camino de su destino, sabiendo decir s\u00ed a su naturaleza resurreccional\u201d (GESCH\u00c9, A., 2002, p. 204).<\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">Si <em>resurrecci\u00f3n de la carne<\/em> implica resurrecci\u00f3n del hombre en su totalidad, esto significa que hay identidad personal entre el ser humano que se desarroll\u00f3 en la historia terrena y el que resucitar\u00e1. Para J. L. Ruiz de la Pe\u00f1a:<\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u201cresucitar \u2018con el mismo cuerpo\u2019 significar\u00e1\u2026 resucitar con un cuerpo <em>propio<\/em>, esto es, un cuerpo que transparenta la propia y definitiva mismidad, ya sin posible equ\u00edvoco; un cuerpo que es m\u00e1s <em>m\u00edo<\/em> que nunca, en cuanto supremamente comunicativo de mi yo. El cuerpo glorioso (<em>soma pneumatik\u00f3n<\/em>) del que habla Pablo es el <em>yo<\/em> irradiando la vida del Esp\u00edritu, libre de todo automatismo inconsciente, depositario de una plenitud integral que nace del n\u00facleo m\u00e1s \u00edntimo de la persona y alcanza y transfigura su corporeidad\u201d (RUIZ DE LA PE\u00d1A, J. L. 2000, pp. 173-174).<\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">En el mismo sentido, el te\u00f3logo F. J. Nocke, afirma que<\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u201cel cuerpo futuro, a diferencia del presente, ser\u00e1 imperecedero; pero nuestro cuerpo actual no ser\u00e1 substituido por otro, sino transformado en otro\u2026 la esperanza cristiana no pretende que la existencia actual sea simplemente arrinconada, echada, olvidada en favor de otra existencia totalmente distinta, sino que \u00e9sa, en su totalidad, sea elevada y transformada en una existencia indestructible\u201d (NOCKE, F. J., 1984, p. 82).<\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">De acuerdo al te\u00f3logo brasile\u00f1o L. C. Susin, \u201cla \u2018carne\u2019 significa exactamente este modo terreno, mortal, finito y fr\u00e1gil, marcado por l\u00e1grimas, alegr\u00edas, amores y trabajos: esta carne, marcada por la historia terrena, ser\u00e1 transfigurada\u201d (SUSIN, L. C., 1995, p. 127). En definitiva, resurrecci\u00f3n del cuerpo <em>o de la carne<\/em> quiere decir entonces que todo el ser humano \u2013 con la historia de su vida, con sus relaciones con los otros y con la naturaleza \u2013 tiene un futuro y es redimido por Dios. En una palabra, resucita la persona. Contra todo dualismo que rechaza la carne o el cuerpo \u201cla fe cristiana defiende la radical unicidad de la persona humana: unicidad en su origen, unicidad en su destino final; y de una persona que se desarrolla y crece en un mundo radicalmente bueno por designio y gracia de un Dios Creador y Consumador\u201d del mundo y de la historia (PARRA, F., 2011, pp. 249-250).<\/p>\n<ol style=\"text-align: justify;\" start=\"4\">\n<li><strong> 2<\/strong> <strong><em>Resurrecci\u00f3n de la carne<\/em> y consumaci\u00f3n comunitaria-social<\/strong><\/li>\n<\/ol>\n<p style=\"text-align: justify;\">El don de la plenitud consumada que trae consigo la resurrecci\u00f3n de la carne no es un regalo que recibir\u00e1 el individuo aislado de su entorno social y comunitario. Por el contrario, la resurrecci\u00f3n de la carne anhelada y esperada ser\u00e1 un acontecimiento comunitario y social y que, por tanto, integra la red de relaciones humanas espacio-temporales que ha acompa\u00f1ado siempre e hist\u00f3ricamente el desarrollo de cada persona. En fin, resucitamos no s\u00f3lo\u00a0 porque Cristo ha resucitado de entre los muertos y a imagen de Cristo resucitado, causa ejemplar de la nuestra, sino tambi\u00e9n como miembros participantes del cuerpo de Cristo. Con raz\u00f3n J. L. Ruiz de la Pe\u00f1a comenta a prop\u00f3sito de esto \u00faltimo: \u201cla <em>carne<\/em> que resucita est\u00e1, pues, hecha de projimidad, ha sido amasada en el molde de la socialidad. La resurrecci\u00f3n no ser\u00e1 el salvamento del n\u00e1ufrago solitario, sino la reconstituci\u00f3n de la unidad originaria de toda la familia humana\u201d (RUIZ DE LA PE\u00d1A, J. L., 2000, p. 170).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por ser precisamente una esperanza comunitaria inseparable tanto de la vida en com\u00fan y de la comuni\u00f3n, como del anhelo de una sociedad inclusiva y del bien com\u00fan en la historia, en la esperanza de la resurrecci\u00f3n no puede estar ausente la pregunta por la reconciliaci\u00f3n final y la justicia. Reflexionando en torno a la necesidad de justicia y de la reparaci\u00f3n final de todo sufrimiento injusto Benedicto XVI, declara que<\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u201cS\u00ed, existe la resurrecci\u00f3n de la carne<a href=\"#_ftn4\" name=\"_ftnref4\">[4]<\/a>. Existe una justicia<a href=\"#_ftn5\" name=\"_ftnref5\">[5]<\/a>. Existe la \u2018revocaci\u00f3n\u2019 del sufrimiento pasado, la reparaci\u00f3n que restablece el derecho. Por eso la fe en el Juicio final es ante todo y sobre todo esperanza, esa esperanza cuya necesidad se ha hecho evidente precisamente en las convulsiones de los \u00faltimos siglos\u201d (BENEDICTO XVI, SPE SALVI, n. 43).<\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">La tradici\u00f3n cristiana ense\u00f1a que finalmente habr\u00e1 justicia y que la verdad oculta de cada cual se conocer\u00e1 en el momento de la muerte. La fe de la Iglesia sostiene que, inmediatamente despu\u00e9s de la muerte, puede haber comuni\u00f3n con Dios y los bienaventurados o purificaci\u00f3n escatol\u00f3gica, as\u00ed como tambi\u00e9n puede haber perdici\u00f3n o autoexclusi\u00f3n eterna<a href=\"#_ftn6\" name=\"_ftnref6\">[6]<\/a>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>4.3<em> Resurrecci\u00f3n de la carne<\/em> y consumaci\u00f3n cosmol\u00f3gica<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tanto el cuerpo como el esp\u00edritu tienen un futuro de plenitud por el don de Dios Creador y Consumador de la historia. \u201cel mundo material tambi\u00e9n participar\u00e1 en la glorificaci\u00f3n plena del hombre\u2026\u201d (LIBANIO, J. B.,- BINGEMER, M. C., 1985, p. 201).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A una humanidad resucitada corresponde igualmente un mundo transfigurado. Ya se ha dicho que la promesa de la resurrecci\u00f3n de la carne asume al ser humano en su integridad de un modo coherente con la antropolog\u00eda cristiana esencialmente no dualista. El cosmos creado siempre ha formado parte del plan salv\u00edfico que cruza toda la historia. La fe cristiana concibe el final del mundo que trae consigo la Parus\u00eda como consumaci\u00f3n y plenitud del mismo. La Tierra nueva y el cielo nuevo esperados implican trasfiguraci\u00f3n, nueva creaci\u00f3n como don del\u00a0 Dios Creador y Consumador del todo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Para L. Boff, \u201cen Jesucristo resucitado tenemos un modelo que nos permite vislumbrar la realidad futura de la materia. Su cuerpo material fue transfigurado por la resurrecci\u00f3n. No dej\u00f3 de ser cuerpo y por esto mismo una porci\u00f3n de materia. Pero esta materia est\u00e1 de tal manera penetrada por Dios y por la vida eterna, que revela m\u00e1ximamente a Dios y con esto manifiesta capacidades latentes en la materia, que ahora son plenamente realizadas: todo es gloria, luz y comuni\u00f3n, presencia, transparencia, ubicuidad c\u00f3smica. La materia ya no es principio de limitaci\u00f3n, de peso y de opacidad, sino total expresi\u00f3n del sentido, encarnaci\u00f3n del esp\u00edritu y principio de comuni\u00f3n y presencia total\u201d (BOFF, L., 1981, pp. 105-106).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El te\u00f3logo J. Ratzinger piensa que\u2026. En efecto, &#8220;es el hombre <em>entero<\/em> el que alcanza la salvaci\u00f3n, y es el mundo <em>entero<\/em> el que participa de ella&#8221; (RATZINGER, J., 1976, p. 228). Sintetizando su visi\u00f3n del mundo nuevo y la consumaci\u00f3n que esperamos, reitera el te\u00f3logo alem\u00e1n:<\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u201ccomo conclusi\u00f3n qued\u00e9monos con esto: no hay manera alguna de imaginarse el mundo nuevo. Tampoco disponemos de ninguna clase de enunciados concretos que nos ayuden a imaginarnos, de alguna manera, como el hombre se relacionar\u00e1 con la materia en el mundo nuevo y c\u00f3mo ser\u00e1 el \u2018cuerpo resucitado\u2019. Pero s\u00ed tenemos la seguridad de que la din\u00e1mica del cosmos lleva a una meta, a una situaci\u00f3n en la que materia y esp\u00edritu se entrelazar\u00e1n mutuamente de un modo nuevo y definitivo. Esta certeza sigue siendo tambi\u00e9n hoy, y precisamente hoy, el contenido concreto de la creencia en la resurrecci\u00f3n de la carne\u201d (RATZINGER, J., 2007, p. 210).<\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">Efectivamente, la creaci\u00f3n entera est\u00e1 llamada a transfigurarse porque tambi\u00e9n ella ha \u201cde ser liberada de la servidumbre de la corrupci\u00f3n para participar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios\u201d (Rom 8, 21). Retomando la sabidur\u00eda de san Bernardo de Claraval, el pensador franc\u00e9s J. L. Chr\u00e9tien ha se\u00f1alado bellamente que<\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u201cno es la presencia, sino la ausencia del cuerpo lo que impide al alma \u2018salir en cierto modo de s\u00ed misma y entrar toda ella en Dios\u2019<a href=\"#_ftn7\" name=\"_ftnref7\">[7]<\/a>, en una eterna ebriedad. Pues todo ha de ser glorificado; nada debe faltar a la alabanza, y en el h\u00e1lito con que damos gracias a Dios, todo ha de estar presente para que no nos arrojemos a Dios s\u00f3lo con nuestra alma, sino a cuerpo descubierto. Con nuestro cuerpo, tambi\u00e9n podremos entregarle todo lo que en nuestro cuerpo llev\u00f3 su imagen, todo aquello ante lo cual se mantuvo en pie, signo del esp\u00edritu, las monta\u00f1as y los r\u00edos, los \u00e1rboles y los manantiales, todo el mundo material santificado por la encarnaci\u00f3n de Dios. Nada debe faltar a la alabanza\u201d (CHR\u00c9TIEN, J. L., 2005, p. 219).<\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">En el gozo de la glorificaci\u00f3n final participan todas las criaturas creadas por Dios y todos los seres alabar\u00e1n a Dios, su creador (MOLTMANN, J., 2004, pp. 427-430). La gloria de Dios comporta gozo y alegr\u00eda eterna para todas las criaturas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Destacando el don de la alegr\u00eda de la vida eterna en <em>Spe salvi<\/em>, escribe Benedicto XVI que Jesucristo, \u201cverdadero Pastor\u201d, vencedor de la muerte, nos gu\u00eda m\u00e1s all\u00e1 de la muerte (BENEDICTO XVI, SPE SALVI, nn. 6 y 27) y nos conduce a la Vida. La esperanza de la vida verdadera y eterna, que supone la resurrecci\u00f3n de la carne, supera ampliamente toda comprensi\u00f3n y representaci\u00f3n (BENEDICTO XVI, SPE SALVI, nn. 12-13). Sin embargo, algo podemos balbucear: \u201cquien ha sido tocado por el amor empieza a intuir lo que ser\u00eda propiamente <em>vida<\/em>\u201d. La vida verdadera y eterna que, \u201ctotalmente y sin amenazas, es sencillamente vida en toda su plenitud\u201d (BENEDICTO XVI, SPE SALVI, n. 27) en la que estaremos \u201cdesbordados simplemente por la alegr\u00eda\u201d (BENEDICTO XVI, SPE SALVI, n. 12).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El Concilio Vaticano II no s\u00f3lo descarta toda idea de una aniquilaci\u00f3n del mundo en el \u00faltimo d\u00eda, en el acontecimiento consumador que conlleva la resurrecci\u00f3n final, sino que junto con subrayar que se trata de una plenitud y felicidad que desborda toda expectativa ense\u00f1a tambi\u00e9n la continuidad entre este mundo y la bienaventuranza eterna:<\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">&#8220;Ignoramos el tiempo en que ser\u00e1 la consumaci\u00f3n de la tierra y de la humanidad. Tampoco conocemos de qu\u00e9 manera se transformar\u00e1 el universo. La figura de este mundo, afeada por el pecado, pasa, pero Dios nos ense\u00f1a que nos prepara una nueva morada y una nueva tierra donde habita la justicia, y cuya bienaventuranza es capaz de saciar y rebasar todos los anhelos de paz que surgen en el coraz\u00f3n humano. Entonces, vencida la muerte, los hijos de Dios resucitar\u00e1n en Cristo, y lo que fue sembrado bajo el signo de la debilidad y de la corrupci\u00f3n, se revestir\u00e1 de incorruptibilidad y, permaneciendo la caridad y sus obras, se ver\u00e1n libres de la servidumbre de la vanidad todas las criaturas que Dios cre\u00f3 pensando en el hombre&#8221; (CONC. VATICANO II, GS, 39).<\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">En fin, y como conclusi\u00f3n, al decir <strong><em>resurrecci\u00f3n de la carne<\/em><\/strong> \u00a0hablamos de plenitud y suma alegr\u00eda del ser humano, de una salvaci\u00f3n del hombre entero (cuerpo y alma), donde todas sus relaciones fundamentales se consuman en Dios Uno y Trino en el mundo regalado y transfigurado: un mundo de Dios donde, como ense\u00f1a el Apocalipsis &#8220;<em>no habr\u00e1 ya muerte ni habr\u00e1 llanto, ni gritos ni fatigas, porque el mundo viejo ha pasado<\/em>&#8221; (Ap 21, 4<strong>). <\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>Fredy Parra<\/em>. Facultad de Teolog\u00eda. Pontificia Universidad Cat\u00f3lica de Chile. Texto original espa\u00f1ol.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>5 Referencias<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">BENEDICTO XVI. <em>Spe salvi<\/em>, Madrid: San Pablo, 2007.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">BERNARDO DE CLARAVAL. <em>De diligendo Deo<\/em>, III, 146.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">BOFF, L. <em>La vida m\u00e1s all\u00e1 de la muerte<\/em>. Bogot\u00e1: CLAR, 1981.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">JUAN PABLO II. Catecismo de la iglesia cat\u00f3lica. Madrid: San Pablo, 1992.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">CHR\u00c9TIEN, J. L. <em>La mirada del amor<\/em>. Salamanca: Ed. S\u00edgueme, \u00a02005.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">DENZINGER, H., &#8211; H\u00dcNERMANN, P. <em>El Magisterio de la Iglesia<\/em>. Barcelona: Ed. Herder, 1999 (DH).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">GESCH\u00c9, A. <em>Dios para pensar II. Dios-El Cosmos<\/em>. Salamanca: S\u00edgueme, 1997.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">_____. <em>Jesucristo<\/em>. Salamanca: Ed. S\u00edgueme, \u00a02002.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">GNILKA, J. La resurrecci\u00f3n corporal en la ex\u00e9gesis moderna. En <em>Concilium<\/em> 60 (1970) 127-135.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">IRENEO DE LYON<em>. Adv. haer<\/em>., 5, 14, 1, PG 7, 1161.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">KREMER, J. La resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas, fundamento y modelo de nuestra resurrecci\u00f3n, seg\u00fan San Pablo. En <em>Concilium<\/em> 60 (1970) 76-87.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">LIBANIO, J. B. \u2013 BINGEMER, M. C. <em>Escatolog\u00eda cristiana.<\/em> Buenos Aires: Ed. Paulinas, 1985.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">MOLTMANN, J. <em>La Venida de Dios. Escatolog\u00eda cristiana. <\/em>Salamanca: Ed. S\u00edgueme, \u00a02004.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">NOCKE, F. J. <em>Escatolog\u00eda<\/em>. Barcelona: Ed. Herder, 1984.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">NOEMI, J. <em>El mundo, creaci\u00f3n y promesa de Dios<\/em>. Santiago: Ed. San Pablo, 1996.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">PARRA, F. <em>Esperanza en la historia. Idea cristiana del tiempo. <\/em>Santiago: Ed. Alberto Hurtado, \u00a02011.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">POZO, C., <em>La venida del Se\u00f1or en la gloria<\/em>. Valencia: Edicep, 1993.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">PUIG I TARRECH, A. El cuerpo de Jesucristo resucitado como cuerpo c\u00f3smico y m\u00edstico,\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 en MARL\u00c9S, E. (ed.). <em>Trinidad, universo, persona<\/em>. Navarra: Estella (EDV), 2014.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">RATZINGER, J. <em>Escatolog\u00eda<\/em>. Barcelona: Ed. Herder, 2007.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">_____. <em>Palabra en la Iglesia. <\/em>Salamanca: Ed. S\u00edgueme, 1976.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">RUIZ DE LA PE\u00d1A, J. L. <em>La pascua de la creaci\u00f3n. <\/em><em>Escatolog\u00eda<\/em>. Madrid: Ed. Biblioteca de Autores Cristianos (BAC), 2000.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">SESBO\u00dc\u00c9, B. <em>Creer. <\/em>Madrid: Ed. San Pablo, 2000.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">SUSIN, L. C. <em>Assim na terra como no c\u00e9u. Brevil\u00f3quio sobre Escatologia e Cria\u00e7\u00e3o<\/em>. Petr\u00f3polis: Ed. Vozes, 1995.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">TERTULIANO. <em>De carnis resurrectione<\/em>, 8, 3; <em>PL<\/em> 2, 806.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">____. <em>De carnis resurrectione, <\/em>9; <em>PL<\/em> 2, 807 ab.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">VON BALTHASAR, H. U. <em>Escatolog\u00eda en nuestro tiempo<\/em>. Madrid: Ed. Encuentro, 2008.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\">[1]<\/a> Seg\u00fan Ireneo\u00a0 \u201csi no hubiese de salvarse la carne, no se habr\u00eda encarnado en absoluto el Verbo de Dios\u201d (Ireneo de Lyon<em>, Adv. haer<\/em>., 5, 14, 1, PG 7, 116). En el mismo sentido, Tertuliano, en el siglo III, piensa que \u201c<em>caro salutis est cardo<\/em>\u201d, \u201c<em>la carne es el quicio de la salvaci\u00f3n<\/em>\u201d (Tertuliano, <em>De carnis resurrectione<\/em>, 8, 3; <em>PL<\/em> 2, 806).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn2\">[2]<\/a> Tertuliano, <em>De carnis resurrectione, <\/em>9; <em>PL<\/em> 2, 807 ab.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref3\" name=\"_ftn3\">[3]<\/a> Prefacio de Difuntos I, Misal Romano: \u201c<em>La vida no termina, sino que se transforma<\/em>\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref4\" name=\"_ftn4\">[4]<\/a> <em>Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica<\/em>, nn. 988-1004.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref5\" name=\"_ftn5\">[5]<\/a> <em>Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica<\/em>, n. 1040.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref6\" name=\"_ftn6\">[6]<\/a> Opciones libres que se han \u201cfraguado en el transcurso de toda la vida\u201d pueden tener como consecuencia \u201cformas provisionales\u201d de bienaventuranza o condenaci\u00f3n, conforme a la idea del juda\u00edsmo antiguo sobre la condici\u00f3n intermedia entre muerte y resurrecci\u00f3n que se hace presente en la par\u00e1bola del rico Epul\u00f3n y el pobre L\u00e1zaro (cf. Lc 16, 19-31). Inmediatamente despu\u00e9s de la muerte puede haber comuni\u00f3n con Dios y los bienaventurados (<em>Catecismo<\/em>, nn. 1023-1029) como tambi\u00e9n perdici\u00f3n definitiva, una \u201cautoexclusi\u00f3n definitiva de la comuni\u00f3n con Dios y con los bienaventurados\u201d, situaci\u00f3n \u201cque se designa con la palabra \u2018<em>infierno<\/em>\u2019 (<em>Catecismo<\/em>, n\u00ba 1033). Ahora bien, m\u00e1s all\u00e1 de ambas situaciones extremas, a\u00f1ade Benedicto XVI, lo m\u00e1s normal es que en gran parte de los hombres quede, \u201cen lo m\u00e1s profundo de su ser una \u00faltima apertura interior a la verdad, al amor, a Dios\u201d y requieran ser purificados, en el encuentro con el Se\u00f1or, Juez y Salvador (n\u00ba 48), a fin de madurar plenamente para la comuni\u00f3n definitiva con Dios (n\u00ba 47), en un \u201ctiempo del coraz\u00f3n, tiempo del \u2018paso\u2019 a la comuni\u00f3n con Dios en el Cuerpo de Cristo\u201d (n\u00ba 47; cf. <em>Catecismo<\/em>, nn. 1030-1032). El Papa reitera, una vez m\u00e1s, el car\u00e1cter comunitario de la salvaci\u00f3n cristiana, destacando la convicci\u00f3n -heredada del juda\u00edsmo antiguo- de que se puede ayudar a los difuntos en su condici\u00f3n intermedia por medio de la oraci\u00f3n (cf. por ejemplo 2 Mc 12,38-45: siglo I a. C.). Cf. F. Parra, <em>Esperanza en la historia<\/em>, p. 265.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref7\" name=\"_ftn7\">[7]<\/a> Bernardo de Claraval, <em>De diligendo Deo<\/em>, III, 146, citado por J. L. Chr\u00e9tien.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00cdndice 1 La resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas y nuestra resurrecci\u00f3n 2 Fundamentos y caracter\u00edsticas de la resurrecci\u00f3n seg\u00fan san Pablo (1 Cor 15) 3 \u201cResurrecci\u00f3n de la carne\u201d. Antecedentes hist\u00f3rico-dogm\u00e1ticos 4 S\u00edntesis sistem\u00e1tica 4.1 La resurrecci\u00f3n de la carne implica salvaci\u00f3n de la totalidad humana 4.2 Resurrecci\u00f3n de la carne y consumaci\u00f3n comunitaria-social 4.3 Resurrecci\u00f3n de [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[103],"tags":[],"class_list":["post-1479","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-teologia-sistematicadogmatica-2"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/teologicalatinoamericana.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1479","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/teologicalatinoamericana.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/teologicalatinoamericana.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/teologicalatinoamericana.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/4"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/teologicalatinoamericana.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=1479"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/teologicalatinoamericana.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1479\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":1480,"href":"https:\/\/teologicalatinoamericana.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1479\/revisions\/1480"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/teologicalatinoamericana.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=1479"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/teologicalatinoamericana.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=1479"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/teologicalatinoamericana.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=1479"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}