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{"id":1235,"date":"2016-04-10T12:01:00","date_gmt":"2016-04-10T15:01:00","guid":{"rendered":"http:\/\/theologicalatinoamericana.com\/?p=1235"},"modified":"2016-04-10T12:01:00","modified_gmt":"2016-04-10T15:01:00","slug":"cristianismo-medieval-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/teologicalatinoamericana.com\/?p=1235","title":{"rendered":"Cristianismo medieval"},"content":{"rendered":"<p><strong>\u00cd<\/strong><strong>ndice<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">1 Significado hist\u00f3rico de \u201cCristianismo Medieval\u201d<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">2 Circunscribiendo la cristiandad latina (siglos V-X)<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">2.1 La <em>Ecclesia<\/em> y la nueva situaci\u00f3n de Occidente<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">2.2 El papel del monasticismo<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">2.3 La cristiandad carolingia<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">3 Circunscribiendo la cristiandad papal (siglos XI-XV)<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">3.1 El significado hist\u00f3rico de la afirmaci\u00f3n del papado<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">3.2 El avance del poder papal<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">3.3 Las universidades y la escol\u00e1stica medieval<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">3.4 El cristianismo y el disciplinamiento de la sociedad<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">3.4.1 Las cruzadas<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">3.4.2 El tribunal de la inquisici\u00f3n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">4 Referencias bibliogr\u00e1ficas<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0<strong>1 Significado hist<\/strong><strong>\u00f3<\/strong><strong>rico de <\/strong><strong>\u201c<\/strong><strong>Cristianismo Medieval<\/strong><strong>\u201d<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>\u00a0N<\/strong>ing\u00fan acontecimiento o caracter\u00edstica particular nos autoriza a tomar como <em>medieval, <\/em>es decir, \u201ccomo oposici\u00f3n o superaci\u00f3n\u201d de la antig\u00fcedad, el cristianismo que se desarroll\u00f3 en Occidente despu\u00e9s de la deposici\u00f3n del emperador romano R\u00f3mulo Augusto en 476. Desde el punto de vista pol\u00edtico, las Iglesias de Occidente mantuvieron a partir de all\u00ed la misma tradici\u00f3n oriental de ser protegidas y, de cierto modo, gobernadas por la autoridad imperial romana y, a falta de ella, por los monarcas romanos-germ\u00e1nicos, haciendo repercutir hist\u00f3ricamente el modelo social de la cristiandad (<em>christianitas<\/em>) definido despu\u00e9s del llamado \u201cgiro constantiniano\u201d del 313. Desde el punto de vista teol\u00f3gico, los debates alrededor de la naturaleza de Cristo y de su voluntad, el lugar y la acci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo en la Trinidad y en la historia continuaron poblando la mente de los obispos orientales y occidentales, e inquietando a los gobernadores del Imperio que prosiguieron con la costumbre de convocar concilios ecum\u00e9nicos y regionales, para buscar la paz y el consenso entre las muchas teolog\u00edas de la Iglesia. Eso no impidi\u00f3 que los cambios profundos hayan marcado el futuro de esa historia como, por ejemplo, el gradual alejamiento cultural, teol\u00f3gico y disciplinario entre las iglesias orientales y las iglesias occidentales (entre los siglos V-XI), el surgimiento de las iglesias nacionales, con la formaci\u00f3n de los reinos b\u00e1rbaros (siglos V-VI), la ascensi\u00f3n del papado como centro del gobierno eclesial dispuesto a ocupar el punto m\u00e1s alto de autoridad en la <em>Ecclesia<\/em>\u00a0(siglos V-XI), la intensificaci\u00f3n de los sistemas de persecuci\u00f3n de los desv\u00edos dogm\u00e1ticos y morales que de a poco fueron asumiendo caracter\u00edsticas siempre m\u00e1s sociales y pol\u00edticas (siglos VIII-XIV), y atrayendo para s\u00ed un significado hist\u00f3rico de primera grandeza en el Occidente latino.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>\u00a02 Circunscribiendo la cristiandad latina (siglos V-X)<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>\u00a0<em>2.1 La Ecclesia y la nueva situaci<\/em><\/strong><em><strong>\u00f3<\/strong><strong>n de Occidente<\/strong><\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0En el siglo V, el mundo romano vivenci\u00f3 un giro importante en su historia con consecuencias considerables para la historia del cristianismo: poblaciones extranjeras, que los romanos llamaban de b\u00e1rbaras (godos, burgundies, suevos y v\u00e1ndalos), se instalaron definitivamente en las regiones occidentales del imperio (GEARY, 2005). Probablemente estas poblaciones no eran cristianas antes de su entrada en el territorio romano y el proceso de cristianizaci\u00f3n de esos pueblos es bastante amplio y complejo, marcado, a <em>grosso modo<\/em>, por una adopci\u00f3n colectiva del cristianismo, ocurrida como parte de la instauraci\u00f3n de los llamados reinos federados (o romano-germ\u00e1nicos), es decir, substitutos de la autoridad romana en las provincias occidentales (DUM\u00c9ZIL, 2005, p.143-64). Por lo tanto, se trataba de un acto pol\u00edtico realizado a partir de la decisi\u00f3n de los gobernantes b\u00e1rbaros y extensible a las poblaciones que reconoc\u00edan su autoridad (WICKHAM, 2013, p.118-9). Mientras los ciudadanos del imperio en Occidente profesaban la fe defendida por los concilios de Nicea (325), Constantinopla (381), \u00c9feso (431) y Caledonia (451), las poblaciones b\u00e1rbaras adoptaron otro tipo de cristianismo, definido en los concilios regionales de Seleucia y Rimini en 359, cuya doctrina fue llamada de forma peyorativa de \u201cariana\u201d porque, seg\u00fan sus cr\u00edticos, se trataba todav\u00eda de defender la subtalternidad de Cristo en relaci\u00f3n al Padre, premisa defendida por \u00c1rio de Alejandr\u00eda y rechazada por el Concilio de Nicea. No obstante, para los b\u00e1rbaros la cuesti\u00f3n no era el dogma, sino la construcci\u00f3n de una identidad colectiva para grupos multi\u00e9tnicos, como los godos y los v\u00e1ndalos, que encontraron en el cristianismo una forma de afirmarse como comunidad diferente de los romanos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">As\u00ed, mientras el episcopado latino (niceno) ve\u00eda a los b\u00e1rbaros como \u201carianos\u201d, es decir, herejes, los b\u00e1rbaros ve\u00edan a los cristianos nicenos (latinos) como romanos: dos posturas, dos tipos de iglesia (FRIGHETTO, 2010, p.114-30). Los reinos romano-germ\u00e1nicos instalados en Occidente pose\u00edan una jerarqu\u00eda eclesi\u00e1stica particular formando iglesias propias, nacionales, que se identificaban con las poblaciones b\u00e1rbaras y era defendida por ellas como marca de su identidad comunitaria. Con excepci\u00f3n de los v\u00e1ndalos en el Norte de \u00c1frica, los cristianos que se llamaban de arianos no acostumbraban entrar en conflicto o intimidar a los cristianos nicenos, con quienes conviv\u00edan en las mismas ciudades, no destitu\u00edan a los obispos nicenos, no confiscaban sus bienes y mucho menos pretend\u00edan convertir a los latinos, actitud muy practicada por \u00e9stos. El episcopado latino (niceno) principalmente busc\u00f3 influenciar los mecanismos de gobiernos de estos reyes que, a pesar de no ser nicenos, pretend\u00edan adoptar la tradici\u00f3n pol\u00edtica romana y, por ello, vieron en el episcopado latino un vector importante de romanizaci\u00f3n. Tal demanda suscit\u00f3 una alianza entre el gobierno y la fe, aunque con caracter\u00edsticas diferentes de la alianza de los tiempos de Teodosio I (380). En Oriente, el jefe visible de la Iglesia era el emperador pero en Occidente, sin autoridad imperial desde 476, este cargo qued\u00f3 vac\u00edo, pues los reyes al no tener fe nicena, eran legalmente her\u00e9ticos y, en este sentido, no pod\u00edan ser vistos por los obispos en la misma condici\u00f3n de los emperadores. As\u00ed, el episcopado cat\u00f3lico latino tom\u00f3 para s\u00ed la misi\u00f3n de evangelizar a los reyes y ense\u00f1arles a gobernar. Entre todos los obispos, el de Roma asumi\u00f3 un puesto destacado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El hecho de existir en Occidente apenas una Sede apost\u00f3lica, la de Roma, elev\u00f3 la autoridad de su obispo a una posici\u00f3n \u00fanica entre los obispos de las diversas iglesias que, a pesar de ser latinas, todav\u00eda no se reconoc\u00edan como dependientes de una tradici\u00f3n romano-papal, como es el caso de la iglesia ib\u00e9rica o de la iglesia norte-africana. La situaci\u00f3n era un poco diversa en las Galias donde, debido a la pol\u00edtica, el emperador Valentiniano III en 444 vincul\u00f3 la iglesia galicana a la iglesia de Roma, haciendo que sus obispos obedezcan a todas las leyes can\u00f3nicas sancionadas por el papa, a aceptar las advertencias que \u00e9l fuera a realizar, pudiendo inclusive ser castigados pol\u00edticamente si el papa los denunciase al gobernador de la provincia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En 595, cuando el papa Gregorio Magno envi\u00f3 cuarenta monjes romanos al reino de Kent (sur de la actual Inglaterra), a\u00fan pagano, con la misi\u00f3n de convertir al rey Etelberto y fundar la iglesia en el reino (597), vincul\u00f3 jur\u00eddicamente aquella iglesia, comandada por Agust\u00edn de Cantuaria, su antiguo colaborador en Roma, a la autoridad papal. La marca de esta dependencia, in\u00e9dita en la historia de la Iglesia, qued\u00f3 evidente en el rito de concesi\u00f3n papal del palio pastoral al obispo primaz de Cantuaria. Este gesto ser\u00eda repetido con otro monje-obispo misionario, Bonifacio (673-754) que, bajo las \u00f3rdenes de otro papa llamado Gregorio (Gregorio II, papa desde 715 hasta 731), tom\u00f3 a pecho la evangelizaci\u00f3n de las \u00e1reas germ\u00e1nicas de Sajonia, Hesse y Bavaria: una evangelizaci\u00f3n dif\u00edcil, violenta e impuesta que llev\u00f3 al paroxismo la tendencia de los reinos b\u00e1rbaros de ser convertidos junto con sus reyes (BROWN, 1999, p.273). La entrega del palio, que marcaba la extensi\u00f3n de la autoridad papal sobre las iglesias de misi\u00f3n, fue despu\u00e9s obligatoria para todos los obispos metropolitanos.<\/p>\n<p><em><strong style=\"text-align: justify;\">2.2 El papel del monasticismo<\/strong><\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los monjes y sus monasterios se transformaron en los principales vectores de la evangelizaci\u00f3n de Occidente porque supieron adaptar el cristianismo a las regiones no romanizadas. En primer lugar, es necesario tener presente que la implantaci\u00f3n primitiva de las comunidades cristianas siempre dependi\u00f3 del sistema administrativo romano de las <em>civitates <\/em>(ciudades): este presupuesto era muy dif\u00edcil que existiera en \u00e1reas no romanizadas o en regiones del norte de Europa, donde no hab\u00eda ciudades o donde ellas eran muy raras. Adem\u00e1s de ser necesario que existiera una ciudad para que hubiese un obispo, los monasterios pod\u00edan ser construidos en regiones yermas, con o sin poblaci\u00f3n previa, con o sin sistema pol\u00edtico definido, propiedades y jerarqu\u00edas eclesi\u00e1sticas. En este sentido, los monasterios siempre fueron m\u00e1s pl\u00e1sticos m\u00e1s adaptables a los m\u00e1s diversos ambientes, dado que el monasticismo en s\u00ed mismo, no es considerado una instituci\u00f3n, sino un modo de vida, m\u00e1s aun en una regi\u00f3n de fuerte predominancia de comunidades rurales de peque\u00f1as proporciones o frente a la existencia de un sistema de clanes o tribal, como era el caso de Irlanda en el siglo V (DUM\u00c9ZIL, 2006, p.58). Los monasterios se adaptaban a toda suerte de ambientes y, en todos ellos, establec\u00edan iglesias y ofrec\u00edan los sacramentos y la predicaci\u00f3n, reproduciendo as\u00ed aquello que antes apenas la <em>ecclesia mater<\/em> del obispo presente en una ciudad era capaz de ofrecerlos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Recordemos tambi\u00e9n que el monasticismo de Occidente, inspirado en el modelo oriental, conceb\u00eda su forma de vida a partir de una profunda ascesis que se traduc\u00eda, muchas veces, en el enfrentamiento concreto de los peligros y desaf\u00edos que las regiones m\u00e1s inh\u00f3spitas y las poblaciones aun no cristianizadas ten\u00edan para ofrecer. No podemos interpretar la <em>fuga mundi<\/em>, uno de los grandes temas de la vida mon\u00e1stica, como un desinter\u00e9s por el mundo en cuanto campo de acci\u00f3n de la vida espiritual. Los monasterios jam\u00e1s fueron cerrados a la sociedad que lo circundaba y, a partir de la experiencia cenob\u00edtica propuesta por la Regla de San Benito de Nursia (480-543), siempre se presentaban como <em>escuelas de servicio del Se<\/em><em>\u00f1<\/em><em>or<\/em>, tanto para aquel que con vocaci\u00f3n llegaba al monasterio, como para los habitantes de las proximidades.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mientras la iglesia episcopal, implantada solamente en las ciudades, constitu\u00eda un espacio p\u00fablico de culto, los monasterios pod\u00edan ser construidos por particulares en propiedades privadas, lo que, por un lado, abr\u00eda la posibilidad de que existan tantos monasterios como benefactores existieran y, de otro lado, asociaba el monasterio al patrimonio de una familia que buscaba, por medio de su construcci\u00f3n, vincularse a un capital espiritual inagotable, proporcionar la existencia de un lugar de memoria para los parientes all\u00ed sepultados, as\u00ed como encontrar un futuro para los hijos e hijas que no hubieran conseguido buenos casamientos: el monasterio reproduc\u00eda el <em>status<\/em> aristocr\u00e1tico de la familia (LE JAN, 2006, p.56-82). La Regla de Benito, por ejemplo, valorizaba la pr\u00e1ctica de donaci\u00f3n de hijos peque\u00f1os al monasterio (los oblatos), junto con la donaci\u00f3n monetaria o patrimonial que aseguraba su educaci\u00f3n, lo cual transform\u00f3 a las abad\u00edas en verdaderas casas aristocr\u00e1ticas. De este modo, el cenobitismo de observaci\u00f3n benedictina correspond\u00eda adecuadamente a las caracter\u00edsticas nobiliarias de las sociedades romano-b\u00e1rbaras que se desarrollaron en Occidente entre los siglos V-VIII. Esto constituye una explicaci\u00f3n importante del \u00e9xito de la vida de monasterio en Occidente en el proceso de cristianizaci\u00f3n, en la medida en que el avance del evangelio fue interpretado como el avance de las estructuras socio-pol\u00edticas de los reinos romanos-germ\u00e1nicos simult\u00e1neamente.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En las regiones germ\u00e1nicas que no hab\u00edan conocido la romanizaci\u00f3n y urbanizaci\u00f3n, las comunidades cristianas fundadas all\u00ed a partir del siglo VII, depend\u00edan exclusivamente de la acci\u00f3n de los monjes como San Bonifacio, quienes al construir monasterios como base primaria del inicio de la evangelizaci\u00f3n, dieron origen a verdaderas ciudades construidas exclusivamente sobre la tradici\u00f3n cristiana y seg\u00fan un presupuesto cristiano. Esto fue as\u00ed porque los monasterios de matriz benedictina se organizaron como n\u00facleos aut\u00f3nomos de producci\u00f3n de bienes, miniaturizando y adaptando el sistema urbano en los l\u00edmites del claustro y desde all\u00ed hacia las proximidades, siendo importantes en la reproducci\u00f3n de los sistemas socio-pol\u00edticos del Occidente cristiano.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Como vimos, Bonifacio estaba investido de autoridad misionaria conferida por el papa de Roma y era militarmente protegido por las armas del reino franco. No obstante, la comuni\u00f3n de intereses entre los monjes misionarios de San Bonifacio, la Sede papal y el poder carolingio fueron las que dieron vigor al modelo de la cristiandad latina, teniendo su centro espiritual en Roma y su centro pol\u00edtico en Galia. A pesar de que la acci\u00f3n de los carolingios, que instauraron un imperio cristiano en Occidente bajo las bendiciones de los sucesores de San Pedro, haya abarcado una reforma social mediante una reforma completa del clero, ellos contaban con el apoyo irrestricto de los monjes, como una falange her\u00f3ica de misioneros contemplativos que, en el caso de la evangelizaci\u00f3n de Frisia (actual Holanda), hizo revivir el antiguo esp\u00edritu martirial de los or\u00edgenes. De hecho, entre los siglos VII-IX los monasterios fueron, de hecho, los centros intelectuales de la cristiandad latina, pues los carolingios, incluyendo all\u00ed a sus ide\u00f3logos, entend\u00edan que el imperio cristiano no era apenas un imperio de armas, sino de palabra y, sobre todo, de la Palabra en el sentido evang\u00e9lico.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los monasterios se transformaron en talleres de manuscritos, de gram\u00e1tica, de arte, de pensamiento. All\u00ed estudiaban los funcionarios de la burocracia imperial que, despu\u00e9s, fundar\u00edan las escuelas catedrales (siglo IX) y, posteriormente, las facultades que dieron origen al sistema universitario occidental (siglo XII). Esto no signific\u00f3 que los monjes se hubieran apropiado de la cultura escrita, patrimonio universal, e impedido que los laicos se aproximaran a ella; al contrario, la cultura romano-b\u00e1rbara, propia del per\u00edodo carolingio, segmentaba la sociedad en categor\u00edas casi profesionales, reservando para los contemplativos el oficio de las letras, para los arist\u00f3cratas laicos, el oficio de las armas y para los no arist\u00f3cratas, los restantes trabajos manuales. As\u00ed, debemos a los monasterios gran parte de toda la cultura cristiana de Occidente, incluyendo el arte, la filosof\u00eda y el pensamiento pol\u00edtico.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em><strong>2.3 La cristiandad carol<\/strong><strong>i<\/strong><strong>ngia<\/strong><\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La dinast\u00eda carolingia debe su nombre a Carlos Martel (686-741), abuelo de Carlomagno (747?-814) y padre de Pepino III (715-768): Carlos dio origen a la familia aristocr\u00e1tica que promovi\u00f3 un golpe de Estado (WICKHAM, 2013, p.472) en el reino franco en 751, deponiendo al rey merovingio Childerico III. Este golpe cont\u00f3 con el aval y la connivencia del obispo de Roma, el papa Zacar\u00edas (741-752), y con sus sucesores inmediatos que, uno a uno, fueron aprobando y otorgando privilegios a la nueva familia reinante: los papas concedieron a los carolingios el t\u00edtulo de reyes, los ungieron, los coronaron, los hicieron emperadores de todo Occidente, implementaron con ellos un proyecto que deb\u00eda transformar todo el territorio occidental en una sola cristiandad, capaz de rivalizar y suplantar la cristiandad de Oriente, que en aquella \u00e9poca era gobernada por los emperadores <em>iconoclastas<\/em>. La uni\u00f3n del papado con los carolingios tuvo una terrible importancia en el futuro de la historia de la Iglesia: por un lado, ratific\u00f3 el golpe de Estado, transform\u00e1ndolo en voluntad de Dios; por el otro lado, protegi\u00f3 al papado de las embestidas de los reyes lombardos que insist\u00edan en no reconocer la superioridad pol\u00edtica de los papas de la pen\u00ednsula italiana. Esta \u00e9poca marc\u00f3 el inicio decisivo de un camino institucional que elev\u00f3 a los obispos de Roma a la calidad de soberanos pont\u00edfices, proceso que demor\u00f3 siglos y que exigi\u00f3 un gran esfuerzo. Pero, en el siglo VIII, la autoridad apost\u00f3lica de la Sede de Roma, reconocida por todas las iglesias del Occidente, a\u00fan no pose\u00eda la supremac\u00eda de los papas sobre los obispos o sobre los reyes.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">As\u00ed, la cristiandad que vemos en este per\u00edodo debe llamarse de forma m\u00e1s apropiada de carolingia o franca porque sus fronteras a\u00fan coincid\u00edan con las del reino franco-carolingio. De hecho, los ide\u00f3logos del poder real, incluyendo all\u00ed a los cl\u00e9rigos de la cepa de Alcuino de York (735-804) y Teodulfo de Orleans (750-821), bien como los diversos concilios y s\u00ednodos episcopales, como el de Frankfurt de 794, insist\u00edan en tomar como sin\u00f3nimos los t\u00e9rminos <em>ecclesia<\/em> (iglesia) e <em>imperium<\/em> (imperio) (DE JONG, 2003, p.1255). No obstante, este hecho cuadraba bien con la propuesta de dominaci\u00f3n pol\u00edtica de Carlomagno, quien promovi\u00f3 una aproximaci\u00f3n entre su reino y el del antiguo Israel, gobernado por David, Salom\u00f3n y Jos\u00edas, tres figuras que aparecen siempre citadas en los documentos emanados de la corte real y representados en las iglesias de sus palacios. En el fondo, se esperaba que el reino de los francos superara al de los israelitas del Antiguo Testamento porque constitu\u00eda el reino de Cristo y, por lo tanto, era universal y escatol\u00f3gico. Dentro de esta perspectiva, las acciones pol\u00edticas y militares de Carlomagno, y despu\u00e9s de Luis el Piadoso (778-840), fueron emprendidas e interpretadas con el mote veterotestamentario del exterminio de los enemigos de Dios, ahora identificados como los musulmanes, los paganos y todo tipo de herejes.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por tratarse de un imperio-iglesia, las celebraciones lit\u00fargicas, bien como las definiciones doctrinales, asum\u00edan un puesto de primera importancia y preocupaban mucho a los emperadores carolingios, al final eran las oraciones las que manten\u00edan la invencibilidad del reino y la expansi\u00f3n de la fe. En el siglo IX, se encontraban en el territorio franco los m\u00e1s brillantes liturgistas, los te\u00f3logos de renombre con sus escuelas mon\u00e1sticas o episcopales. La corte de Carlomagno en Aix-la-chapelle, justamente llamada de <em>sacrum palatium<\/em>, era vista por los obispos de Occidente como el centro de la perfecta liturgia, modelo para las otras iglesias particulares. Fue uno de los monasterios de Carlos del que tal vez haya salido la mayor reforma de la misa latina, pues se mezclaban, adapt\u00e1ndolas, las liturgias galicana y romana, en una s\u00edntesis que pas\u00f3 a definir el misal romano, desde entonces transformado en universal en el imperio, y que puso fin al misal galicano que r\u00e1pidamente cay\u00f3 en desuso.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A pesar de reconocer que, sin los papas, los carolingios no hubieran llegado tan lejos, ellos sab\u00edan bien que la cristiandad que formaban era completa en ella misma, por cuenta de la fraternidad entre los obispos y reyes. En esta \u00e9poca, tanto los obispos como los reyes sab\u00edan bien que el poder de las llaves dado a Pedro por Jes\u00fas, conforme el evangelio de Mateo, cap\u00edtulo 16, era extensible al poder episcopal como untado y que los papas de Roma a\u00fan no ten\u00edan la exclusividad en ese campo (DE JONG, 2003). As\u00ed es como el concilio de Frankfurt de 794 invalid\u00f3 para Occidente los efectos del segundo concilio de Nicea (787) que, presidido por una mujer, la emperatriz Irene, puso fin al cisma iconoclasta; tal era la autoridad del episcopado carolingio que, a\u00fan cuando el papa de Roma hubiera sido considerado leg\u00edtimo y ecum\u00e9nico, fue obligado a tergiversar y encontrar un punto de equilibrio entre las dos eclesiolog\u00edas. No obstante, la iglesia carolingia al negar la posibilidad de conferir a los \u00edconos una reverencia desmezurada, como pretend\u00eda el II Concilio de Nicea, buscaba asegurar que tanto el sacramento eucar\u00edstico cuanto el propio ministerio episcopal no perdiera el papel exclusivo de los mediadores entre Dios y los hombres. En este momento, fue el episcopado comandado por Carlomagno quien mantuvo a la Iglesia latina en la tradici\u00f3n de Gregorio Magno, para quien las im\u00e1genes e \u00edconos eran veh\u00edculos de ense\u00f1anza doctrinal y moral y no objetos de veneraci\u00f3n por s\u00ed mismo. La fuerte idea de que el imperio cristiano manten\u00eda la integridad de la fe dio a los cl\u00e9rigos y fieles la impresi\u00f3n de que viv\u00edan, de hecho, en el reino de Cristo y que ese reino ahora se aproximaba.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por m\u00e1s cristiano que el imperio Carolingio fuera, permanec\u00eda el hecho de que, teol\u00f3gicamente, la <em>ecclesia<\/em> pose\u00eda una naturaleza diferente de la del reino terrenal, nacido, seg\u00fan el G\u00e9nesis, despu\u00e9s del pecado de Ad\u00e1n; la <em>ecclesia<\/em>, a juzgar por la literatura patr\u00edstica, como el <em>Pastor de Hermas, <\/em>anteced\u00eda a la creaci\u00f3n del mundo. No obstante, la conciencia de los obispos del per\u00edodo carolingio y post-carolingio fue gradualmente aumentando la reflexi\u00f3n sobre los l\u00edmites del poder regio sobre la noci\u00f3n misma de la iglesia y, con eso, tenemos el surgimiento de las inflexiones eclesiol\u00f3gicas en nuevas bases. No es que el episcopado y, con \u00e9l, el papado fueran ya suficientemente fuertes al punto de negar a los reyes y pr\u00edncipes el lugar fundamental en el concepto de <em>ecclesia<\/em>, sino que ya no quer\u00edan permitir que el papel desempe\u00f1ado por ellos sirviera para disminuir el poder de los obispos, bien como el tama\u00f1o de sus bienes, frecuentemente utilizados para las necesidades de los propios reyes.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>3 Circunscribiendo la cristiandad papal (siglos XI-XV)<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em><strong>3.1 El significado hist<\/strong><strong>\u00f3<\/strong><strong>rico de la afirmaci<\/strong><strong>\u00f3<\/strong><strong>n del papado<\/strong><\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>\u00a0<\/strong>Entre los m\u00e1s frecuentes estereotipos de la llamada Edad Media se encuentra aquel relativo al poder temporal de los papas. Se piensa que hayan sido hombres todo poderosos capaces de someter reyes y emperadores e instaurar el orden social en los momentos de crisis, cuando reyes y emperadores, por motivos torpes, no eran capaces de cumplir su papel. Tales estereotipos encontraban el aval de importantes historiadores, en la medida en que, en el siglo XX, muchos de ellos vieron en el papado medieval el inicio del orden pol\u00edtico-estatal que marc\u00f3, inclusive, el fin de la Edad Media y comienzo de la modernidad (RUST, 2014). La \u00e9poca de los papas estadistas, monarcas sacerdotales indiscutibles, parece hoy m\u00e1s el producto de un mito historiogr\u00e1fico moderno que un hecho social instaurado en la \u00e9poca que estamos tratando. No es que los papas no hayan ejercido una amplia y estable autoridad m\u00e1s all\u00e1 de los l\u00edmites de la di\u00f3cesis de Roma y de sus <em>iglesias suburbicarias<\/em>, sino que debemos distinguir los diferentes niveles y significados del<em> primado romano <\/em>a lo largo de la historia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0<em><strong>3.2 El avance del poder papal<\/strong><\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0Diversos documentos hist\u00f3ricos nos llevan a ver que, a partir del siglo XI, los papas comenzaron a reivindicar mayor reconocimiento de su poder temporal. Esta actitud form\u00f3 parte de un movimiento clerical, intelectual y mon\u00e1stico que, de a poco, comenz\u00f3 a querer revertir las reglas del juego, buscando que el papado surgiese como \u00fanico poder capaz de gobernar leg\u00edtima y eficazmente la cristiandad. El desenlace de esta historia fue conocido, desde por lo menos la obra de Augustin Fliche (1924), como \u201cReforma Gregoriana\u201d. Se dice que la reforma promovida por los papas del siglo XI fue responsable por la liberaci\u00f3n de la Iglesia de la influencia de los se\u00f1ores laicos que, por la fuerza de su propia condici\u00f3n, no pod\u00edan interferir en los asuntos eclesi\u00e1sticos sin desvirtuarlos y degenerarlos. Se dice tambi\u00e9n que la reforma moraliz\u00f3 al clero, afirm\u00f3 el celibato, excluy\u00f3 los cl\u00e9rigos casados e instituy\u00f3 la vida en comunidad como estado ideal para los padres. Se dice que la reforma volvi\u00f3 a los papas independientes de las presiones imperiales e impidi\u00f3 a los emperadores imponer su candidato durante el c\u00f3nclave.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De hecho, sabemos que hubo una tendencia disciplinar y espiritual, de car\u00e1cter reformador, que cuestionaba la moral de los cl\u00e9rigos y la situaci\u00f3n de la iglesia. Pero esta tendencia nunca fue controlada \u00fanicamente por los papas ni por los cl\u00e9rigos aliados a ellos. Entre los que fueron elegidos papas por la influencia de los emperadores y despu\u00e9s depuestos por papas opositores como Clemente III (1029-1100) y Gregorio VIII (\u271d1137), exist\u00edan muchos cl\u00e9rigos que defend\u00edan las mismas ideas morales de Le\u00f3n IX (1002-1054) y Gregorio VII (1020-1085) como el fin de las investiduras, el celibato obligatorio y el combate a la simon\u00eda. Los monjes y eclesi\u00e1sticos que profesaban la reforma de la Iglesia conviv\u00edan tambi\u00e9n con grandes sectores del laicado que defend\u00edan los mismos valores y exig\u00edan una purificaci\u00f3n de la cristiandad. Con eso, decimos que la renovaci\u00f3n espiritual no opuso cl\u00e9rigos sedientos de santidad y laicos corruptos por el mundo. \u00c9stos nunca fueron obst\u00e1culos para la reforma, sino m\u00e1s bien, grandes entusiastas: en otras palabras, no fueron v\u00edctimas de la reforma, sino sus agentes. En este sentido, es bueno que evitemos pensar que la reforma del siglo XI fue gregoriana o clerical, pues, en verdad, era una anhelo instaurado en la base de la sociedad cristiana y cont\u00f3 con el apoyo de los laicos, como la condesa Matilde de Canossa (1046-1115), brazo derecho del papa Gregorio VII. De todas maneras, teol\u00f3gicamente, el papado sali\u00f3 del siglo XI muy fortificado: como escrib\u00eda Congar (1997, p.104), a los ojos de la curia romana, no era m\u00e1s la <em>Ecclesia<\/em> quien constitu\u00eda la realidad fundamental de la fe, sino el papa: sin papa, no hab\u00eda iglesia. Este discurso eclesiol\u00f3gico cont\u00f3 con el apoyo irrestricto de hombres tales como Gregorio VII, Pedro Dami\u00e1n (1007-1072), Bernardo de Claraval (1090-1153) y tantos otros oriundos de monasterios justamente alzados a la inmunidad por venepl\u00e1cito papal. No obstante, aceptar la premisa de que es el papa quien instaura la <em>Ecclesia <\/em>es admitir que las iglesias patriarcales y autoc\u00e9falas de Oriente no eran propiamente iglesias y, con esto, tenemos un verdadero cisma. Pero, aun en Occidente, aquellos obispos y te\u00f3logos que, motivados por la autoridad de la tradici\u00f3n, defend\u00edan la antigua eclesiolog\u00eda, fueron llamados her\u00e9ticos simon\u00edacos porque dudaban de que solo los papas pod\u00edan generar la iglesia, defensores de una iglesia imperial (constantiniana) que usurpaba los poderes papales: el principal campo de observaciones de estos embates est\u00e1, desde mi punto de vista, en el proceso de elecci\u00f3n de los nuevos obispos, los cuales, seg\u00fan la antigua costumbre, eran elegidos por el clero y por el pueblo de la iglesia local, pero que durante los siglos IX-X, pas\u00f3 a ser atributo del sistema imperial. No obstante, el papado de los siglos XI y XII busc\u00f3 retirar tanto del clero\/pueblo cuanto del imperio esta prerrogativa, centralizando la elecci\u00f3n de los obispos en las manos de la Curia romana. Se puede entender esta ascensi\u00f3n del papado, por un lado, como parte del proceso de la propia ascensi\u00f3n de Occidente y del avance de una eclesiolog\u00eda romano-c\u00e9ntrica que ten\u00eda, en aquella \u00e9poca, mucha aversi\u00f3n a las eclesiolog\u00edas orientales. Pero este gran cambio de perspectiva no habr\u00eda alcanzado los niveles que conquist\u00f3 sin los arreglos estrat\u00e9gicos entre el papado y las poderosas \u00f3rdenes mon\u00e1sticas, como Cluny y Cister, \u00f3rdenes que pretend\u00edan controlar la sociedad se\u00f1orial (o feudal) m\u00e1s que hacer desaparecer una supuesta iglesia mundanizada (IOGNA-PRAT, 1998).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0<em><strong>3.3 Las universidades y la escol<\/strong><strong>\u00e1<\/strong><strong>stica medieval<\/strong><\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0El surgimiento de las universidades, entre los siglos XII y XIII, dio todav\u00eda mayor sustentaci\u00f3n al sistema sociopol\u00edtico de la cristiandad latina, pues le provey\u00f3 no solo el veh\u00edculo difusor, sino tambi\u00e9n las ideas a ser difundidas y que sostendr\u00edan la universalidad de la sociedad cristiana. As\u00ed, al lado de la autoridad de los papas y del poder de los emperadores y reyes, la universidad naci\u00f3 como una tercera fuerza (el <em>studium<\/em>, o en otros t\u00e9rminos, la ciencia) que, como en un tr\u00edpode, ayudaba a mantener erguidos los otros dos poderes: en las palabras de Lima Vaz (2002, p.21), la universidad era un \u201c\u00f3rgano institucional de cuerpo religioso-pol\u00edtico de la cristiandad\u201d que desplegaba su car\u00e1cter docente. Las universidades fueron fundadas en ciudades como Paris (1200), Bolo\u00f1a (1158), Montpellier (1220) y Oxford (1208) y se organizaban como una corporaci\u00f3n de oficio, es decir, una asociaci\u00f3n de maestros y\/o de alumnos preocupados por proteger el <em>status quo<\/em> de la profesi\u00f3n intelectual. En este sentido es que se puede decir que las universidades ultrapasaron los l\u00edmites jur\u00eddicos, cient\u00edficos y did\u00e1cticos de las escuelas catedrales y mon\u00e1sticas que hab\u00edan marcado la historia de la Iglesia latina en los siglos anteriores. No estaban m\u00e1s vinculadas a la autoridad de un obispo (como la escuela catedral) o de un abad (como la escuela mon\u00e1stica). Las universidades nacieron del deseo de garantizar la libertad y autonom\u00eda institucional para lo cual se las llam\u00f3 de facultades, divididas en dos tipos: el primero, la facultad preparatoria de artes, que ense\u00f1aba las disciplinas liberales (l\u00f3gica, gram\u00e1tica, ret\u00f3rica, aritm\u00e9tica, m\u00fasica, geometr\u00eda y astronom\u00eda) y se transform\u00f3 a mediados del siglo XIII, propiamente en una facultad de filosof\u00eda especializada en los estudios aristot\u00e9licos y judeo-musulmanes; el segundo tipo eran las facultades superiores, b\u00e1sicamente divididas en tres: la facultad de teolog\u00eda, considerada el arte de las artes, la facultad de derecho (can\u00f3nico y civil) y la facultad de medicina. Como enfatiza Verger (1999, p.82), la autonom\u00eda pretendida por las universidades buscaba la capacidad de la instituci\u00f3n de producir su propia organizaci\u00f3n interna, estableciendo sus estatutos, curr\u00edculos, metodolog\u00edas, t\u00edtulos, cursos, etc.; ten\u00eda tambi\u00e9n la intenci\u00f3n de impedir la instrumentalizaci\u00f3n de estos centros de saber por parte de los poderes ex\u00f3genos a ellos, laicos o eclesi\u00e1sticos, reservando a los maestros y tambi\u00e9n en algunos casos a los alumnos el poder de decisi\u00f3n sobre los mecanismos de reproducci\u00f3n del saber y la gesti\u00f3n de recursos all\u00ed invertidos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Desde mi punto de vista, resulta curioso ver el hecho de que las universidades, expresi\u00f3n concreta de una cristiandad que se piensa y se proyecta, utilizaron la herencia filos\u00f3fica greco-romana que solo era accesible a trav\u00e9s de las comunidades que la cristiandad exclu\u00eda de s\u00ed, como los musulmanes, los cristianos ortodoxos (\u201ccism\u00e1ticos\u201d para los latinos) y los jud\u00edos: \u00e9stos eran los que ten\u00edan acceso a los m\u00e1s antiguos manuscritos, las traducciones sir\u00edacas y \u00e1rabes por medio de las cuales los textos griegos llegaron al medioevo occidental. Esto nos lleva a ver que, en el universo de las bellas letras, no hab\u00eda fronteras \u00e9tnicas y religiosas: la sabidur\u00eda antigua recorr\u00eda el Mediterr\u00e1neo de este a oeste en diversas copias que se multiplicaban en escuelas habitadas por maestros musulmanes, cristianos (orientales y latinos) y jud\u00edos, en una relaci\u00f3n amigable que la mentalidad euro-c\u00e9ntrica de hoy tiene dificultades para aceptar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Desde el punto de vista acad\u00e9mico, las universidades de la cristiandad fueron marcadas por un m\u00e9todo de investigaci\u00f3n que, en lat\u00edn, se llamaba <em>disputatio<\/em> (debate) y que consist\u00eda en la proposici\u00f3n de una cuesti\u00f3n (<em>quaestio<\/em>) por un maestro que expon\u00eda a sus alumnos, dispuestos a su alrededor, a los embates de tesis en conflicto, a silogismos y contra-argumentaciones, hasta llegar a la conclusi\u00f3n considerada m\u00e1s adecuada al juego de la filosof\u00eda. En las palabras de Alain de Libera (1999, p.148), el pensamiento universitario medieval es profundamente agon\u00edastico, \u201cla ley de la discusi\u00f3n se impone a todos\u201d. Al lado de las disputas, el comentario a los textos de las grandes autoridades (<em>auctoritates<\/em>) de la cultura cristiana (Biblia, Padres de la Iglesia y fil\u00f3sofos greco-romanos y \u00e1rabes) constitu\u00eda otra vertiente importante de investigaci\u00f3n escolar: en el caso de la teolog\u00eda, comentar el Libro de Sentencias de Pedro Lombardo constitu\u00eda la etapa fundamental para la obtenci\u00f3n del t\u00edtulo de <em>baccalarius theologiae. <\/em>Parafraseando a Tom\u00e1s de Aquino (<em>Liber de coelo et mundo<\/em>, I, lect. 28, n.8), se puede decir que el comentario no era apenas un intento de entender lo que las autoridades hab\u00edan dicho, sino una manera de buscar la verdad en las cosas. Es as\u00ed, por medio de debates y comentarios, de sumas y tratados, que pensadores como Tom\u00e1s de Aquino, Alberto Magno, Alexandre de Hales e Boaventura de Bagnor\u00e9gio, solamente para citar a los m\u00e1s conocidos, se destacaron por profundizar el di\u00e1logo entre el cristianismo y helenismo, entre revelaci\u00f3n y filosof\u00eda: dejaron como legado para Occidente una reflexi\u00f3n filos\u00f3fica original y suficientemente madura que, en muchos aspectos, contribuy\u00f3 para el desarrollo de la filosof\u00eda moderna.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sin embargo, es bueno decir que permanece como paradoja el hecho de que hombres como Tom\u00e1s de Aquino y Boaventura de Bagnor\u00e9gio se hayan transformado en los nombres m\u00e1s famosos entre los te\u00f3logos medievales. Oriundos de dos importantes \u00f3rdenes mendicantes, ambos maestros no hicieron teolog\u00eda como una primera vocaci\u00f3n, pues compart\u00edan el ideal fundacional de sus congregaciones por la cual la erudici\u00f3n acad\u00e9mica estaba al servicio del anuncio del Evangelio contra los enemigos de la Iglesia. Dominicanos y franciscanos, antes de ser te\u00f3logos, deb\u00edan ser predicadores y este oficio, renovado desde el Concilio de Latr\u00e1n IV (1215), se dirig\u00eda m\u00e1s propiamente a la conversi\u00f3n de los herejes e infieles que al anuncio kerigm\u00e1tico <em>ad gentes<\/em>. El significado hist\u00f3rico de esta opci\u00f3n para la consolidaci\u00f3n de los estudios teol\u00f3gicos no puede ser minimizado. Por cerca de veinte a\u00f1os (desde 1254 hasta 1274), los maestros universitarios de Paris, miembros del clero secular, levantaron sus armas intelectuales contra los mendicantes y su ense\u00f1anza: combat\u00edan la \u201chipocres\u00eda de su pobreza\u201d y criticaban la manera poco corporativa de lidiar con la ense\u00f1anza (CONGAR, 1961). As\u00ed, el papado precis\u00f3 intervenir para garantizar a los frailes la permanencia en sus c\u00e1tedras y, con esto, al mismo tiempo, reforzar la propia autoridad sobre las universidades. La alianza mendicantes-papados hizo que las universidades, sobre todo la facultad de teolog\u00eda, fueran un instrumento para agrandar y fortalecer el tono conquistador de la cristiandad principalmente en un per\u00edodo de gran cuestionamiento de las bases religiosas y morales del programa cat\u00f3lico. Los frailes mendicantes, nacidos bajo la \u00e9gida de la defensa de la fe contra los enemigos de la Iglesia, buscaron las universidades para tener a\u00fan m\u00e1s condiciones de luchar por la causa de la cristiandad. Los papas, desde Inocencio III, si no antes, cuidaron especialmente las universidades porque de all\u00ed sal\u00edan los discursos apolog\u00e9ticos de las sociedad cristiana presidida por la Sede apost\u00f3lica: la facultad de teolog\u00eda, a pesar de toda la contribuci\u00f3n para el desarrollo filos\u00f3fico, estaba al servicio de la reforma de la Iglesia, lo que inclu\u00eda ciertamente el enfrentamiento con los disidentes, los infieles, los paganos. La producci\u00f3n del saber era la consecuencia de una lucha re\u00f1ida entre las fuerzas de Cristo, en su Iglesia, y las del anticristo, entendido como lo opuesto de la sociedad cristiana latina (la imagen inversa de s\u00ed misma, visible en las tierras isl\u00e1micas)<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>\u00a0<em>3.4 El cristianismo y el disciplinamiento de la sociedad<\/em><\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>\u00a0<\/strong>Es com\u00fan o\u00edr o leer afirmaciones categ\u00f3ricas sobre los m\u00e9todos violentos, grotescos y nada razonables con los que la Iglesia o el imperio cristiano se valieron para coaccionar, cercenar o hasta ejecutar la vida de hombres y mujeres que, por alg\u00fan motivo, enfrentaron su autoridad. Nombres como inquisici\u00f3n, cruzadas, herej\u00eda suscitan un sin fin de sentimientos que, mezclados a la impericia en el campo de la historia, resultan da\u00f1inos para la comprensi\u00f3n del per\u00edodo. Antes que m\u00e1s nada, debemos se\u00f1alar que el cristianismo, en cuanto sistema religioso antiguo, se distingue de las religiones mediterr\u00e1neas justamente por incluir en su sistema de creencias una moral estrictamente definida en t\u00e9rminos de reacci\u00f3n a la cultura mediterr\u00e1nea generalizada por el Imperio romano; en este sentido, no bastaba la rectitud del culto o de la fe (ortodoxia); era necesario que el creyente presentase tambi\u00e9n la rectitud de la conducta, en el \u00e1mbito privado y p\u00fablico (ortopraxia), traducida en una vida disciplinada y asc\u00e9tica. Esta caracter\u00edstica cristiana es tan marcada que, en las m\u00e1s antiguas elaboraciones teol\u00f3gicas sobre la legitimidad de los poderes pol\u00edticos, pensadores cristianos, como el Ap\u00f3stol Pablo, admit\u00edan que, en nombre de la correcci\u00f3n de los vicios, Dios se val\u00eda del uso de la fuerza f\u00edsica, ejercida por los gobernantes, o de la fuerza espiritual, desempe\u00f1ada por los leg\u00edtimos pastores y ministros eclesiales y, en la medida en que la coacci\u00f3n proporcionaba la pr\u00e1ctica del bien, ella era buena y meritoria (SENELLART, 2006, p.72). Sin embargo, el ministerio episcopal siempre fue concebido a partir de esta matriz disciplinatoria y moralizante que colocaba a los obispos en posici\u00f3n de fiscales de las conductas de su reba\u00f1o, siempre listos para exhortar, corregir y castigar. La historia del sacramento de la reconciliaci\u00f3n y de los mecanismos de readmisi\u00f3n a la comuni\u00f3n eclesial de aquellos que de ella salieron muestra cu\u00e1n grande era el car\u00e1cter disciplinante de la comunidad cristiana. En los tiempos medievales, esta caracter\u00edstica se acent\u00faa en la medida en que los ideales de edificaci\u00f3n del nuevo pueblo de Dios, confundido con el reino franco carolingio y, en el l\u00edmite, con la propia cristiandad latina, exig\u00edan que hubiese una concreta adecuaci\u00f3n moral compatible con la unidad doctrinal. Esto solamente era posible y se justificaba delante de una cultura que, al contrario de la nuestra, priorizaba la sincron\u00eda en la que pasado, presente y futuro estuvieran siempre implicados en el ahora y el comunitarismo, es decir, la creencia de que la vida comunitaria es la expresi\u00f3n m\u00e1s elevada de la caridad, transformaba a la sociedad en un solo cuerpo, teniendo a los individuos como miembros. De all\u00ed que la enfermedad moral de una persona implicaba necesariamente la salud espiritual de todo el organismo social y por eso todo pecado, vicio o error precisaba ser corregido para mantener el orden social (MIATELLO, 2010).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>3.4.1 Las cruzadas<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las cruzadas fueron parte de un movimiento prioritario, pero no exclusivamente militar, de inspiraci\u00f3n escatol\u00f3gica, milenarista y penitencial, oriundo de una idea de cristiandad expansionista, propia de la experiencia carolingia, y vinculado a los diversos problemas y crisis pol\u00edtico-sociales que marcaron la historia del Occidente latino; su objetivo inmediato era la liberaci\u00f3n de Jerusal\u00e9n y de los otros lugares Santos de la vida terrena de Cristo que, desde el siglo VII, estaban bajo el orden pol\u00edtico del imperio musulm\u00e1n. Este compromiso contemplaba todos los dem\u00e1s objetivos de instaurar el orden cristiano romano-germ\u00e1nico, por medios militares, en los espacios dominados por la ortodoxia bizantina (o cualquier otro tipo de ortodoxia), por el islamismo y por cualquier otra eclesiolog\u00eda que no se adecuase a los presupuestos occidentales de inspiraci\u00f3n carolingia-papal. Cronol\u00f3gicamente, el movimiento cruzadista puede ser situado entre finales del siglo XI (1095) extendi\u00e9ndose hasta 1272, por lo menos. En t\u00e9rminos generales, las cruzadas sumaban dos situaciones bastante importantes de la cristiandad latina: la dimensi\u00f3n guerrera, constitutiva de los arist\u00f3cratas y reyes cristianos, y la peregrinaci\u00f3n que, de larga data, era uno de los mecanismos m\u00e1s relevantes de penitencia y, por lo tanto, de reinserci\u00f3n social de aquellos que pecaron y quebraron la unidad del cuerpo que era la sociedad cristiana. Aunque la aristocracia guerrera haya encontrado siempre un lugar y funci\u00f3n eclesial, la invenci\u00f3n de la caballer\u00eda, alrededor del siglo XI, trajo a la luz, m\u00e1s de una vez, el debate sobre la legitimidad de la violencia y el uso de las armas en el seno de la sociedad cristiana (FLORI, 2013): una vez pacificada, se cree que la cristiandad no podr\u00eda verse escindida en grupos rivales, en una lucha fraticida, exactamente lo que nunca dej\u00f3 de suceder, una vez que la cristiandad, a pesar de ser fuerte, jam\u00e1s consigui\u00f3 borrar por completo el peso de la tradici\u00f3n regionalista de las grandes familias que daban origen a los se\u00f1or\u00edos, principados y hasta reinos. De esta manera, los l\u00edderes de la cristiandad precisaban encontrar un mecanismo que, pese a las divergencias internas, congregase a los guerreros en una causa superior y pertinente a su vocaci\u00f3n, la defensa del reino de Cristo y la victoria sobre sus enemigos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al mismo tiempo, la peregrinaci\u00f3n, en cuanto penitencia, tambi\u00e9n posibilitaba para los guerreros la ocasi\u00f3n adecuada de vincular su funci\u00f3n social al proyecto de una <em>societas christiana <\/em>que buscaba reformarse para conquistar. En la medida en que Jerusal\u00e9n era excesivamente distante y estaba fuera de los l\u00edmites de la cristiandad, ofrec\u00eda aquella carga de peligros y sacrificios que convert\u00eda a la ciudad en el lugar perfecto para una penitencia completa y, quien sabe, definitiva. A pesar de existir quien interprete las cruzadas a partir de sus presupuestos pol\u00edticos y econ\u00f3micos, suponiendo que fue una empresa ventajosa, su funcionamiento muchas veces precario y deficitario cont\u00f3 con la fuerza simb\u00f3lica que Jerusal\u00e9n evocaba para la cultura religiosa de aquella \u00e9poca: al final, el reino de Dios que los cristianos latinos esperaban hacer triunfar mezclaba aquella teocracia del Antiguo Israel, cuyo centro era Jerusal\u00e9n, con el significado m\u00edstico y aleg\u00f3rico que esta ciudad adquiri\u00f3 en la cultura cristiana primitiva. Profec\u00edas, expectativas militaristas, predicaci\u00f3n popular, redespertar evang\u00e9lico, \u00edmpetu penitencial, las cruzadas fueron mucho m\u00e1s motivadas por fuerzas espirituales que por intereses materiales y su significado social reside en el triunfo de la idea de cristiandad entendida como un Estado m\u00edstico que elabora sus proyectos pol\u00edticos a la luz de la teodicea cristiana y cat\u00f3lica.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los valores que una sociedad proclama no disimulan la hipocres\u00eda de sus acciones; las cruzadas, inspiradas en la penitencia y en la escatolog\u00eda, fueron, muchas veces, camino de violencia pura y gratuita, sobre todo cuando sus agentes, impregnados de sentimientos que podemos clasificar de xen\u00f3fobos y fan\u00e1ticos, usaban la fuerza para arrasar y destruir no solo soldados opositores, sino tambi\u00e9n personas indefensas. Parece sintom\u00e1tico el hecho de que, a los ojos musulmanes, principales blancos de los ataques, los cruzados no eran identificados como \u201ccristianos\u201d, sino como \u201cfrancos\u201d, t\u00edtulo que designaba a los s\u00fabditos del antiguo imperio carolingio, o sea, Francia. As\u00ed, aquello que los hijos de la cristiandad llamaban de empresa espiritual, los isl\u00e1micos la ve\u00edan como acto guerrero, de naturaleza conquistadora, militar y material. Es cierto que tanto el Islam como la cristiandad no distingu\u00edan pol\u00edtica de religi\u00f3n; pero, en el pormenor de la cruzada, los isl\u00e1micos identificaron bien que toda aquella guerra no ten\u00eda solo el prop\u00f3sito de rever Jerusal\u00e9n, sino de destruir los Estados musulmanes y, quien sabe, la propia religi\u00f3n del profeta.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0<em>3.4.2 El tribunal de la inquisici\u00f3n<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El papel de la inquisici\u00f3n no difiere mucho de las finalidades y procedimientos de la cruzada. Pero, para entender mejor el fen\u00f3meno de la inquisici\u00f3n, debemos recordar que, en una sociedad que se cree m\u00edstica, los desv\u00edos doctrinales significan la conmoci\u00f3n de los lazos sociales, de naturaleza espiritual, que mantiene de pie esta sociedad. En este sentido, la persecuci\u00f3n a las herej\u00edas debe ser interpretada m\u00e1s como un intento de superaci\u00f3n de las crisis sociopol\u00edticas que un problema dogm\u00e1tico: esto puede ser verificado, por ejemplo, en varios documentos papales que, al lanzar la acusaci\u00f3n de herej\u00eda, identificaban como herejes grupos enteros de ciertas ciudades, sobre todo, italianas, que profesaban, en verdad, una pol\u00edtica pro-imperial y antipapal, lo que fatalmente hac\u00eda del adversario pol\u00edtico un hereje potencial: a los ojos de los agentes pontificios, todo gibelino, es decir, el partidario del emperador, pod\u00eda ser considerado un hereje si no respetaba los l\u00edmites concedidos a la oposici\u00f3n. Con esto decimos que la herej\u00eda es una invenci\u00f3n de los que gobiernan (ZERNER, 2009): no es, por lo tanto, una oposici\u00f3n a una iglesia, sino oposici\u00f3n al mundo que se deja gobernar por una iglesia en particular. Si dejamos este aspecto de lado y no distinguimos la herej\u00eda de la Baja Edad Media de lo que era la herej\u00eda en la Antig\u00fcedad, dejaremos de entender por qu\u00e9 los mecanismos de identificaci\u00f3n y supresi\u00f3n de la herej\u00eda estuvieron siempre vinculados a los derechos pol\u00edticos, a las autoridades pol\u00edticas y a sus instituciones (tanto en las ciudades comunales como en los reinos y principados) y por qu\u00e9 la tortura, en este caso, fue adoptada.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los or\u00edgenes de la inquisici\u00f3n deben ser buscados en el IV Concilio de Letr\u00e1n celebrado en Roma en 1215. Este concilio represent\u00f3 el momento de una inmensa y general revisi\u00f3n de la cristiandad: fue el momento de buscar un reordenamiento interno que fuese capaz de dotar a los cristianos de la fuerza moral para vencer al Islam; por eso, el horizonte del concilio fue la cruzada, una nueva cruzada, realizada por cristianos aut\u00e9nticos, ya que las otras cruzadas hab\u00edan fracasado, seg\u00fan la comprensi\u00f3n de la \u00e9poca, por la falencia moral de los cruzados y por los pecados de los cristianos, siendo que el principal de ellos era la herej\u00eda. El canon II del Concilio de Latr\u00e1n establec\u00eda los procedimientos de exclusi\u00f3n y represi\u00f3n: los her\u00e9ticos deb\u00edan ser identificados por los poderes clericales, castigados por los poderes seculares, siendo sus bienes confiscados; los sospechosos tambi\u00e9n deb\u00edan ser colocados en el ostracismo social hasta que probasen su inocencia, mientras tanto, incurr\u00edan en la penalidad de los culpados, siendo que el plazo para la defensa ser\u00eda de un a\u00f1o. Si el problema fuera solamente eclesi\u00e1stico, deber\u00edamos preguntarnos por qu\u00e9 el Canon III insiste en definir los castigos en t\u00e9rminos pol\u00edticos: los servidores p\u00fablicos que no trabajasen en la extirpaci\u00f3n de la <em>pravitas haeretica<\/em> ser\u00edan destituidos de los cargos y todos sus s\u00fabditos podr\u00edan desobedecerlo: se trataba de la verdadera anulaci\u00f3n pol\u00edtica tanto del hereje como de quien lo persegu\u00eda; se perd\u00edan los derechos de votar\/de ser votado, prestar juramento y ocupar cargos p\u00fablicos (p\u00e9rdida de los derechos pol\u00edticos); no se pod\u00eda hacer un testamento o recibir una herencia; si fuera juez o abogado, sus actos jur\u00eddicos perd\u00edan la validez (p\u00e9rdida de los derechos civiles); no pod\u00edan recibir los sacramentos o tener sepultura cristiana (p\u00e9rdida de los derechos religiosos). La identificaci\u00f3n de estos desv\u00edos ser\u00eda realizada mediante la vigilancia mutua, en primer lugar, de los pastores (padres y obispos), en los espacios parroquiales y diocesanos; en segundo lugar, por los vecinos, unos sobre otros y, mediante la denuncia, el error deb\u00eda ser se\u00f1alado; por eso es que en esa \u00e9poca, las parroquias recib\u00edan fuerte est\u00edmulo para ser reformadas e incrementar los mecanismos de control sobre las actitudes particulares de sus fieles; los obispos fueron nuevamente advertidos para visitar las parroquias con frecuencia y para redactar informes y, una vez identificados los errores, deb\u00edan ser llevados a juicio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A pesar de que todav\u00eda no hab\u00eda sido fundado, el tribunal de la inquisici\u00f3n ya se anticipaba en estos procedimientos. Faltaba apenas que la decisi\u00f3n fuera tomada, lo que de hecho sucedi\u00f3, bajo el papa Gregorio IX en 1239. Es interesante pensar que este papa, mucho antes de su elecci\u00f3n (cuando se llamaba Hugolino de Segni), fue un agente eficiente de las determinaciones del Concilio de Latr\u00e1n IV; como legado apost\u00f3lico, recorr\u00eda el norte de Italia para recaudar dinero para la V Cruzada y, simult\u00e1neamente, implementar la pol\u00edtica anti-hereje del concilio. Cuando se transform\u00f3 en papa en 1227, elev\u00f3 a la m\u00e1xima potencia su deseo de ordenar la cristiandad seg\u00fan la eclesiolog\u00eda pontificia. Para ello, cont\u00f3 con el apoyo de dos importantes movimientos, que hac\u00eda poco fueron elevados a la categor\u00eda de \u00f3rdenes religiosas, los Frailes Predicadores, o dominicos, y los Frailes Menores, o franciscanos, cuyos fundadores convivieron con el cardenal Ugolino y, despu\u00e9s de su muerte, fueron canonizados por Gregorio IX. Este papa, muy sensible a los nuevos movimientos de la reforma religiosa, us\u00f3 los frailes para agilizar tanto la pacificaci\u00f3n de las ciudades como la represi\u00f3n her\u00e9tica. Les concedi\u00f3 poderes de acci\u00f3n pol\u00edtica en las ciudades, inclusive poderes superiores a los obispos, para que actuasen en nombre del papa. Basados en los procedimientos jur\u00eddicos, teniendo la reconciliaci\u00f3n por finalidad y la defensa de la verdad como horizonte te\u00f3rico, los frailes inquisidores buscaban identificar el error y corregirlo mediante la exhortaci\u00f3n y, en caso de que no fuese suficiente, con los castigos ya previstos por el concilio. La investigaci\u00f3n precisa (<em>inquisitio<\/em>) de los posibles errores de fe era tambi\u00e9n llamada de <em>negotium fidei<\/em>, el mismo nombre dado al tribunal que investigaba los candidatos a santos, procedimiento que conocemos como proceso de canonizaci\u00f3n, novedad instaurada por Inocencio III en 1198. As\u00ed, de la misma manera que se deb\u00eda probar la santidad de un cristiano fallecido, se deb\u00eda probar la ortodoxia de un cristiano vivo acusado de herej\u00eda. Los mismos procedimientos: instauraci\u00f3n de una mesa de \u00e1rbitros (juez, promotor, relator, abogado), consulta de testimonios, interrogatorio de los acusados, etc.; hasta por lo menos 1252, no podemos decir que este tribunal usase cualquier medio truculento de arrancar la verdad; sin embargo, con el asesinato del gran inquisidor, Pedro de Verona (1205-1252), de la orden de los dominicos, en este mismo a\u00f1o en Mil\u00e1n, el papa Inocencio IV, enfrentado en su autoridad, lanz\u00f3 una contraofensiva: canoniz\u00f3 a Pedro desde ese momento llamado San Pedro M\u00e1rtir y endureci\u00f3 todav\u00eda m\u00e1s los procedimientos de investigaci\u00f3n y castigo: es en este momento que entran en escena las torturas. Sin embargo, jam\u00e1s podemos confundir la inquisici\u00f3n fundada por el papa en el siglo XIII (justamente llamada de inquisici\u00f3n pontificia) con aquella que los reyes ib\u00e9ricos (portugueses y espa\u00f1oles), mediante el derecho del <em>patronato<\/em>, utilizaron para perseguir a sus opositores pol\u00edticos, desde el siglo XV en adelante (llamada de inquisici\u00f3n ib\u00e9rica, espa\u00f1ola o moderna). Son instituciones, procedimientos, finalidades y resultados a menudo distintos. A pesar de esto no servir como justificaci\u00f3n, la inquisici\u00f3n pontificia, seg\u00fan los documentos hist\u00f3ricos, no alcanz\u00f3 nunca los \u00edndices persecutorios que imaginamos. En verdad, hab\u00eda una verdadera pol\u00edtica de retardar la instauraci\u00f3n del tribunal o los castigos, una vez que no siempre tales procedimientos correspond\u00edan a la voluntad de los liderazgos locales, muchas veces implicados con los acusados sentenciados. De esta manera, los casos dr\u00e1sticos de intervenci\u00f3n y violencia deben ser vistos dentro de la radicalizaci\u00f3n de cuestiones pol\u00edticas regionales y moment\u00e1neas y no la l\u00f3gica efectiva que controlaba la instituci\u00f3n. As\u00ed, la inquisici\u00f3n pontificia, o medieval, se articulaba dentro de una perspectiva sociopol\u00edtica de cristiandad en que, a pesar de la sincron\u00eda entre el poder secular y el religioso, la simple distinci\u00f3n entre los representantes de ambos poderes (reyes y papas, respectivamente) imped\u00eda que la inquisici\u00f3n fuera enteramente instrumentalizada por la raz\u00f3n de Estado que marc\u00f3 la inquisici\u00f3n ib\u00e9rica.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>Andr<\/em><em>\u00e9<\/em> <em>Miatello.<\/em> UFMG e FAJE (Brasil). Texto original portugu\u00e9s.<em><br \/>\n<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0<strong>4 Referencias bibliogr<\/strong><strong>\u00e1<\/strong><strong>ficas<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0BROWN, Peter. <em>A ascens<\/em><em>\u00e3<\/em><em>o do cristianismo no Ocidente<\/em>. Trad.: Eduardo Nogueira. Lisboa: Editorial Presen\u00e7a, 1999.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">CONGAR, Yves. Aspects eccl\u00e9siologiques de la querelle entre mendiants et s\u00e9culiers dans la seconde moiti\u00e9 du XIIIe si\u00e8cle et le d\u00e9but du XIVe. In\u00a0: <em>Archives d<\/em><em>\u2019<\/em><em>Histoire doctrinale et litt<\/em><em>\u00e9<\/em><em>raire du Moyen <\/em><em>\u00c2<\/em><em>ge,<\/em> p. 35-151. 1961.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">______. <em>Igreja e papado. <\/em>Perspectivas hist\u00f3ricas. Trad.: Marcelo Rouanet. S\u00e3o Paulo: Loyola, 1997.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">DE JONG, Mayke. 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