Reformas y movimientos reformistas en la Iglesia en la Edad Media

脥ndice

1 Introducci贸n

2 El Renacimiento Carolingio: antecedentes

2.1 Coronaci贸n de Carlomagno y la 聽Renovatio Imperii

2.2 La Reforma Carolingia

3 Antecedentes a la Reforma Gregoriana

3.1 La Reforma Gregoriana

4 Contestadores, herejes y ortodoxos en los siglos XI-XIII: Contexto

4.1 Ortodoxos

4.2 Herejes

4.2.1 Valdenses

4.2.2 C谩taros

5 Mendicantes

5.1 Franciscanos

5.2 Dominicanos

5.3 Originalidad de Francisco y Domingos

6 Referencias Bibliogr谩ficas

1 Introducci贸n

Desde su origen, la Iglesia estuvo marcada por momentos de crisis que exigieron esfuerzos de reforma. El conocido ep铆teto Ecclesia semper est refomanda resume esta afirmaci贸n. En el siglo VIII, con la ascensi贸n de los francos, y debido a la estrecha uni贸n entre los poderes, el gobernante toma la iniciativa de reforma. Carlomagno es el protagonista de lo que se conoce como el renacimiento carolingio. La decadencia del imperio, desde mediados del siglo IX, tambi茅n afecta a la Iglesia. Desde el siglo X, un anhelo de renovaci贸n, procedente de diversos sectores, especialmente de la vida mon谩stica, culminar谩 en lo que se conocer谩 como la reforma gregoriana. Entre los siglos XI y XIII, laicos, sacerdotes, ortodoxos y herejes, impulsados por complejas transformaciones que marcaron la sociedad medieval, har谩n resonar sus gritos en favor de la reforma en la Iglesia y en la sociedad. Los mendicantes ser谩n una respuesta eficaz a este clamor.

2 El Renacimiento Carolingio: antecedentes

En las transformaciones causadas por las invasiones en Occidente desde el siglo VI, muchos obispos se convirtieron聽 en jefes polivalentes, que combinan las funciones pol铆ticas y sociales con la funci贸n religiosa, adem谩s de聽 hacer alianzas con los nuevos “due帽os del poder”. Fueron los primeros ensayos de lo que ser铆a el “cristianismo medieval” (LE GOFF, 1983, p.60). El bautismo de Clovis (496), marca el inicio de la subida de los francos en Occidente. La Iglesia vio en esta alianza, la posibilidad de la creaci贸n del Reino de Dios en la tierra, inspirado en la Civitas Dei de Agust铆n. La actuaci贸n de Carlomagno (747-814), rey de los francos desde el a帽o 768, estuvo marcada por una serie de reformas pol铆ticas, culturales y religiosas, llamada Renacimiento Carolingio. Tales reformas han de entenderse a la luz de esta estrecha relaci贸n entre la Iglesia de Roma y los gobernantes francos que, bajo el cetro de Carlos, llega a su 谩pice.

El rey franco Carlomagno y el obispo Bonifacio, de acuerdo con el Obispo de Roma, Zacar铆as (741-752), hab铆an llevado a cabo una reforma de la Iglesia en el reino, combatiendo abusos y garantizando la recta observancia de los preceptos cristianos. En una sociedad todav铆a muy ligada a ritos paganos, se esperaba del rey, como si fuese un sacerdote, que cuidase de la salvaci贸n del pueblo a 茅l confiado. Desde Pipino el Breve, obispos y abades, con los nobles laicos, ocupaban un lugar prominente en la administraci贸n real. Un “Concilio Germ谩nico” se llev贸 a cabo en el a帽o 742 o 743, con “el objetivo de la salvaci贸n del pueblo de Dios.” La eficacia de esa salvaci贸n depend铆a de la sinton铆a de los gobernantes con la Sede de Pedro.

2.1 Coronaci贸n de Carlomagno y la Renovatio Imperii

La llegada de Carlomagno consolid贸 el largo proceso de “sustituci贸n” de la dinast铆a merovingia por la carolingia, pero su horizonte de acci贸n fue la restauraci贸n del Imperio en Occidente. Para ello, era fundamental la alianza del trono con el altar. Su coronaci贸n en Roma como “rey de los romanos” por el Papa Le贸n III en el a帽o 800 la noche de Navidad, simboliza el renacimiento del antiguo Imperio. La coronaci贸n tuvo la forma de una consagraci贸n episcopal. Ungido con el mismo “oleo sagrado”, que, seg煤n la tradici贸n, hab铆a ungido a Clovis, Carlos se consideraba a s铆 mismo un nuevo Constantino y el suyo ser铆a el nuevo Imperio Romano. Delante de las protestas de los orientales, cuyo trono en el a帽o 800 fue ocupado por una mujer, los sucesores de Carlos reclamaron para el Imperio Carolingio “la plena legitimidad para proclamarse聽 Imperio Romano, basado en el concepto de translatio del poder imperial de los romanos a los francos “(GASPARRI, SALVO y SIMONI, 1992, p.378). En la concepci贸n carolingia del poder, la iglesia y el estado no eran realidades separadas. Actuando como jefe del reino y de la Iglesia, Carlos se sent铆a, de hecho, rey y sacerdote, Vicario de Cristo como el Papa. En las asambleas del reino, las autoridades civiles y religiosas discut铆an asuntos pol铆ticos y eclesi谩sticos. Las resoluciones sobre la liturgia, la moral, la educaci贸n y la disciplina del clero, el nombramiento de obispos y abades se transformaron en leyes del imperio.

2.2 La Reforma Carolingia

Carlos continu贸 el proyecto de Pipino, pero fue m谩s all谩, al idear un plan que ir铆a聽 a remodelar la cultura, la religi贸n y el conocimiento. Por eso, tuvo los mayores exponentes de la cultura occidental. El palacio de Aquisgr谩n se convirti贸 en la sede del saber carolingio y de los 鈥渟abios palatinos鈥, poetas, escritores, cient铆ficos, historiadores, hombres c茅lebres por su conocimiento e inteligencia en diversas 谩reas: Paulo Di谩cono, el laico Eginardo Teodolfo de Orleans, Pedro de Pisa, fueron algunos de estos hombres. El ingl茅s Alcuino, monje de York, uno de los hombres m谩s sabios de su tiempo, colocado al frente de la escuela palatina, se convirti贸 en el principal mentor de la reforma (GARC脥A-VILLOSLADA, 1986 p.262-8).

En el a帽o 789, con la Admonitio Generalis, un conjunto de normas elaboradas por Alcuino en vista de la reforma, Carlos orden贸 la apertura de escuelas en todo el reino, en los monasterios, obispados, y en las zonas rurales. El objetivo de las reformas fue, al principio, preparar pastores para que pudiesen instruir bien al pueblo, pero tambi茅n para el beneficio de la nobleza carolingia, formada en estas escuelas. Los cl茅rigos deber铆an aprender lat铆n, para celebrar debidamente la liturgia; deber铆an conocer de memoria al menos el Credo y el Padre Nuestro, deber铆an entender las oraciones de la misa y los salmos, saber 鈥渓eer鈥 las homil铆as y algunas partes de la Escritura. Los que no se mostrasen lo suficientemente instruidos ser铆an depuestos. El clero deber铆a ser instruido, pero tambi茅n virtuoso: que fuesen c茅libes, no participasen de caza o de la guerra ( GATTO, 1995 p.153-6). En una carta dirigida al abad de Fulda, Carlos afirmaba que recib铆a de los monjes cartas llenas de devoci贸n pero en 聽“estilo grosero y lleno de errores, a causa de su negligencia para educarse”. Tambi茅n afirmaba que necesitaba hombres que tuviesen al mismo tiempo, “la voluntad y el poder para instruirse y disposici贸n para ense帽ar a otros. Nosotros deseamos que sean como conviene a los soldados de la Iglesia, 聽primeros devotos y luego sabios “(PEDRERO-S脕NCHEZ, 1999 p.170-1).

Alcuino elabor贸 un plan de estudios para las escuelas de los monasterios y catedrales, proponiendo el estudio de las artes liberales como proped茅utico al estudio de la Biblia. La ilegible escritura merovingia fue sustituida por la min煤scula carolingia. Los monasterios se convirtieron en importantes centros de cultura. Adem谩s de la ense帽anza, en los scriptoria se copiaron c贸dices antiguos con miniaturas e iluminuras. Carlos tambi茅n incentiv贸 la aprobaci贸n de la Regla de San Benito para los monjes, y la vida can贸nica para los sacerdotes seculares. La liturgia romana se convirti贸 en referencia para las celebraciones en el reino. Carlos consigui贸 del Papa Adriano (772-795) un Sacramentario Gregoriano como modelo para la liturgia. Sus mejores cantores fueron enviados a la capilla papal en Roma para aprender canto gregoriano, y difundirlo en el reino.

En cuanto a los fieles, se les exig铆a pagar diezmos, la asistencia a la misa dominical, el descanso dominical, la frecuencia de los sacramentos, especialmente la Eucarist铆a en ciertas 茅pocas del a帽o. Esto requer铆a una mejor organizaci贸n de las parroquias y di贸cesis. Peregrinaciones, culto de las reliquias y de los santos, poco a poco fueron incrementados. El esp铆ritu de la reforma tambi茅n influir谩 en la pintura, la arquitectura, las artes decorativas. La catedral de Aquisgr谩n es un testimonio del alto esp铆ritu art铆stico que marc贸 este per铆odo.

El renacimiento carolingio marca la culminaci贸n en el acercamiento entre la Iglesia de Roma y los soberanos francos. Carlomagno sintetizar谩 el modelo de sacerdote-rey. Las reformas ser谩n continuadas por su sucesor, Luis el Piadoso, extendiendo a lo largo de occidente la renovaci贸n cultural basada en la mentalidad cristiana. El surgimiento de las universidades, la mejor铆a en el nivel intelectual y moral del clero y religiosos, la preservaci贸n de la rica herencia literaria del mundo grecorromano, son algunos de los frutos de este renacimiento. Desde el siglo XI una nueva conciencia acerca de la naturaleza y la identidad de la Iglesia, diferente de los poderes temporales, comienza a surgir y ganar terreno, especialmente en los monasterios, dando lugar a lo que se conoce como la reforma gregoriana.

3 Antecedentes de la Reforma Gregoriana

La expresi贸n聽 “reforma gregoriana”, que debe su nombre al Papa Gregorio VII (1073-1085), se convirti贸, desde mediados del siglo XX, en el objeto de una verdadera “revisi贸n historiogr谩fica”, tal es la riqueza de matices que este per铆odo hist贸rico ofrece al estudioso (Rust, Silva & FRAZ脙O, 2009, p.135-52; RUST, 2014). Turbulencias pol铆ticas, invasiones y las nuevas demandas sociales marcaron el Occidente desde mediados del siglo IX. En el 962, la coronaci贸n del emperador聽 Ot贸n I聽 por el Papa trae un nuevo impulso a las instituciones pol铆ticas y eclesi谩sticas, a las actividades intelectuales y culturales, hasta el punto de llamar a este per铆odo聽 “nuevo renacimiento” (VERGER, 1997, p.13-26; LE GOFF, 1983, p.53).

Con la llegada de Ot贸n, la alianza entre el poder pol铆tico y el clero se fortalece. El soberano ten铆a el derecho a investir los cl茅rigos y concederles beneficios. No era una ordenaci贸n sacerdotal, pero el emperador, a trav茅s de la “investidura”, daba al escogido el cargo civil y religioso, simbolizado por la entrega del anillo y el b谩culo. A finales del siglo X, los obispos-condes y abades disfrutaron de un poder inmenso, verdaderos se帽ores feudales, cuyo cargo no era dado por las dotes morales, sino s贸lo por lealtad al soberano. Esto dio lugar a abusos. Los problemas m谩s graves eran el nicola铆smo (clero casado o en concubinato, con hijos), y la simon铆a cuando se conced铆an obispados, monasterios y abad铆as (los beneficios eclesi谩sticos) mediante pago. En Roma, la situaci贸n no era muy diferente, con los nobles romanos disputando con violencia la Sede de Pedro.

En el siglo XI, muestras de la protesta a este modelo pol铆tico eclesi谩stico comienzan a emerger. Los monasterios, por sufrir menos los ataques del poder temporal, son el medio privilegiado en el que reflexionar sobre la necesidad de una reforma. Cluny (910) Brogne (929) Gorze (933), son s贸lo algunos de estos monasterios, que se destacaron por una severa disciplina y seriedad siguiendo la Regla de San Benito y que con excelentes abades, tuvo efectos beneficiosos sobre toda la Iglesia. Gregorio VII (1073-1085), el nombre principal de la reforma gregoriana, era cercano a los cluniacenses. Urbano II (1088-1099), uno de los m谩s grandes papas medievales, abandon贸 las filas de Cluny. Pedro el Venerable, y el monje y cardenal Humberto, asesores de papas, eran monjes de Cluny.

Poco a poco fue cada vez mayor la percepci贸n de que la simon铆a, nicola铆smo y las investiduras laicas eran cuestiones intr铆nsecamente relacionadas, afectando y limitando el papel de la Iglesia, desfigurando as铆 su verdadero rostro. Antes de la irrupci贸n de Gregorio VII, varios obispos y papas actuaron en la lucha contra estos males. Se rodeaban de colaboradores entusiastas, convocaban s铆nodos, visitaban las di贸cesis donde defend铆an la autonom铆a y la libertad de la Iglesia.

3.1 El Cisma de 1054

El per铆odo de la reforma gregoriana tambi茅n est谩 marcado por la divisi贸n entre la Iglesia de Oriente y Occidente, conocido como el Cisma de 1054. Con la llegada de Miguel Celurario como Patriarca de Constantinopla (1043-1054), y las reformas en Occidente, especialmente en relaci贸n con el celibato, las diferencias entre latinos y聽 griegos, latentes 聽desde el siglo VIII, se hicieron m谩s pronunciadas. Despu茅s de las medidas represivas contra los cristianos latinos por parte de Miguel, incluyendo el cierre de iglesias, el cardenal Humberto da Silva C谩ndida elabor贸 el op煤sculo Adversus graecorum calumnias firmado por el Papa Le贸n IX (1049-1054). En tono pol茅mico, el escrito defend铆a el Primado Papal, argumentando con la Donatio Constantini, desconocida para los griegos. A petici贸n del emperador bizantino, una delegaci贸n romana fue a Constantinopla para establecer un di谩logo. El cardenal Humberto, sin embargo, jefe de la delegaci贸n, actu贸 m谩s como un juez que como un portador de paz. Su tono duro y amenazador hizo que Miguel Celurario se negase a participar en las discusiones. Al cabo de unos meses, Humberto y los dem谩s, habiendo recibido la noticia de la muerte de Le贸n IX, antes de salir. El 16 de julio, 1054, depositaron en el altar de la iglesia de Santa Sof铆a, una bula de excomuni贸n contra el patriarca y sus seguidores . Este, a su vez, convoc贸 a un s铆nodo en la misma iglesia, y el 24 de julio, tambi茅n excomulg贸 al cardenal Humberto y a los otros delegados, quemando la bula. A pesar de las serias diferencias dogm谩ticas y disciplinarias, el resultado tr谩gico fue tambi茅n el resultado de un largo proceso de distanciamiento cultural, m谩s all谩 del esp铆ritu intransigente de los dos protagonistas principales.

3.2 La Reforma Gregoriana

En 1049, un s铆nodo en la ciudad de Reims, promovido por el Papa Le贸n IX (1049-1054) conden贸 duramente la investidura laica. En 1059, Humberto da Silva C谩ndida en la obra Adversus Simoniacos, tambi茅n neg贸 los reyes el derecho de investidura. Poco a poco se impuso un nuevo concepto en la relaci贸n entre la Iglesia y el Imperio, lo que indicaba una nueva definici贸n del concepto de Iglesia, de separaci贸n entre la santidad del clero y聽 la secularidad de los laicos. Estos 煤ltimos deber铆an ser excluidos de cualquier intervenci贸n directa en la esfera eclesi谩stica. De hecho, este concepto se basa en la idea de que el Papa debe estar en la parte superior de la sociedad, no el emperador.

Una vez que asumi贸 el papado, Gregorio VII confirm贸 las medidas de reforma. Su Dictatus Papae, verdadero libelo reformador, dej贸 claro su punto de vista sobre la naturaleza de la Iglesia: el Papa como autoridad suprema, podr铆a deponer al emperador con la excomuni贸n. Tambi茅n podr铆a desvincular sus s煤bditos de su juramento de fidelidad a un soberano injusto (PEDRERO-S脕NCHEZ, 1999 p.128-9).

En 1075, Enrique IV (1050-1106), antes de ser coronado emperador, nombr贸 obispo para la sede de Mil谩n, aunque 茅sta no estaba vacante. Bajo la amenaza de excomuni贸n, Enrique reaccion贸 nombrando otros tres obispos, y declar贸 que Gregorio “falso monje”, estaba depuesto. Gregorio lo excomulg贸. Se sucedieron duros libelos de ambas partes. Los vasallos de Enrique, aprovech谩ndose de la situaci贸n, lo abandonaron. Aislado, el rey fue a Canossa, donde el Papa se encontraba, en viaje a Alemania. All铆, en 1077, despu茅s de hacer penitencia, pidi贸 y recibi贸 el perd贸n papal. De vuelta a Alemania, calmado los 谩nimos, Enrique convoc贸 un concilio en el a帽o 1080, donde se reafirmaron las prerrogativas imperiales en relaci贸n a las investiduras laicas, y nombr贸 el Anti-Papa, Guilberto, arzobispo de R谩vena (Clemente III – 1080-1100). Entonces invadi贸 Roma. Gregorio VII se refugi贸 en Salerno, donde muri贸 en 1085.

La pol茅mica ocup贸 a los canonistas que buscaban soluciones al estancamiento. Los sucesores de Gregorio continuaron en el camino de la reforma, pero fueron m谩s realistas y abiertos al di谩logo. El Papa Pascual II busc贸 un acuerdo con Enrique V, con motivo de su coronaci贸n en 1111, pero el futuro emperador encarcel贸 al Papa y a algunos cardenales, y arranc贸 de ellos el derecho de investidura con聽 anillo y聽 b谩culo, adem谩s de la coronaci贸n. Enrique V fue excomulgado, pero el camino hacia la soluci贸n estaba abierta.

El Concordato de Worms (1122) va a proponer una soluci贸n a la controversia. Con la entrega del anillo y el b谩culo, la Iglesia invest铆a al elegido en los cargos eclesi谩sticos. El nombramiento, no obstante, deber铆a hacerse en presencia del emperador o de su representante. 脡ste, a su vez, atribu铆a al elegido el poder temporal, con la entrega del cetro (PEDRERO-S脕NCHEZ, 1999, p.132). En el 1er Concilio de Letr谩n en 1123, el Concordato de Worms fue reconfirmado. El Concordato no termin贸 el conflicto entre la Iglesia y el imperio, pero se colocaron las bases jur铆dicas para la delimitaci贸n de los poderes temporales y espirituales. Por otro lado, comenz贸 a identificarse cada vez m谩s la Iglesia con el clero y el Papa, mientras que los poderes seculares asumieron, poco a poco la conciencia de su autonom铆a.

4 Contestadores, herejes y ortodoxos en los siglos XI-XIII: Contexto

A partir de finales del siglo XI hasta mediados del siglo XIII aparecieron en todo el Occidente, monjes, laicos, cl茅rigos, que, con un celo y vigor renovado, propusieron la vuelta al Evangelio y la Iglesia primitiva. El esfuerzo de “seguir desnudos al Cristo desnudo” se expresaba a trav茅s de la vida comunitaria, la predicaci贸n y la pobreza voluntaria. “La renuncia al mundo, seguida por el aislamiento en una vida de oraci贸n, dej贸 de ser el 煤nico camino de salvaci贸n” (BOLTON, 1986, p.14). Algunos de estos grupos, en principio sospechosos de herej铆a, se las arreglaron para insertarse en la Iglesia, renov谩ndola desde dentro. Otros, m谩s radicales, pon铆an en tela de juicio la doctrina, y, finalmente, acabaron siendo perseguidos y eliminados. La predicaci贸n prohibida a los laicos, fue el principal punto de conflicto. Un tercer grupo defend铆a tesis inicialmente her茅ticas, y desde el principio fueron combatidos por la Iglesia. La bula Ad Abolendam,, 1184, prescrib铆a la excomuni贸n de “condes, barones, rectores y c贸nsules, de las 聽ciudades y otros lugares,” que no se empe帽asen聽 en la represi贸n de la herej铆a. Sus tierras se colocar铆an bajo interdicci贸n (MERLO, 1989, p.86)

La aparici贸n de estos movimientos se debe a una serie de factores, incluyendo el celo reformador de la reforma gregoriana, la urbanizaci贸n incipiente, la aparici贸n de la burgues铆a y el comercio, con una mayor circulaci贸n de la riqueza, y la acentuaci贸n de los problemas sociales, que colocaba en tela de juicio el antiguo sistema feudal. En el 谩mbito cultural tambi茅n hay nuevo florecimiento, con el surgimiento de las universidades y la circulaci贸n de ideas nuevas, adem谩s de la ampliaci贸n de horizontes, con las peregrinaciones y cruzadas. Jacques Verger afirma que “no se puede negar que el siglo XII fue, con mayor o menor precocidad e intensidad (…), en casi todo el Occidente, un tiempo de mutaci贸n e impulso en el plano cultural” (VERGER, 2001, p. 17). Estos son s贸lo algunos elementos de contexto que formaban el terreno f茅rtil para el surgimiento de estos grupos contestatarios. Sumado a esto el hecho de que, en contraposici贸n a un grupo de personas que deseaban una vida evang茅lica y cristiana ejemplar, hab铆a una poderosa Iglesia, rica y mundana, incapaz de corresponder a los anhelos de estos sectores (FALBEL, 1976, p. 14-5).

4.1 Ortodoxos

Entre los protagonistas de la reforma se encontraban varios miembros del clero. Vital de Savigny (1123), Bernard de Tiron (1046-1117), Esteban de Muret (1045 卤 -1124), Roberto de Arbrissel (1047-1117), Norbert de Xanten (1080 卤1134), entre otros, ten铆an en com煤n el hecho de que, renunciando a una vida c贸moda y exitosa, dejaron todo y pasaron a vivir una vida austera de聽 pobreza, oraci贸n y聽 penitencia. Por otra parte, eran grandes predicadores, y atra铆an a seguidores. A pesar de los conflictos con las autoridades eclesi谩sticas, continuaron en la Iglesia y promovieron la reforma, fundando monasterios que se聽 convirtieron en importantes centros irradiadores de聽 espiritualidad.

Algunos movimientos de reforma de origen laical tambi茅n consiguieron inserirse en la Iglesia. Entre ellos se destacaron los humillados de Lombard铆a, del norte de Italia, divididos en tres grupos: comunidad de hombres, otra de mujeres, y otras personas viviendo con sus familias. Viv铆an del trabajo de sus propias manos y se propon铆an observar estrictamente los preceptos evang茅licos y la pobreza voluntaria. Los que viven en comunidad tambi茅n deb铆an observar la castidad. Cuidaban de los enfermos y los pobres, y tambi茅n ejerc铆an la predicaci贸n. Condenados en 1184, recurrieron a Inocencio III y, despu茅s de redactar una breve regla, 茅ste los aprob贸 en 1201.

4.2 herejes

En la Edad Media, la l铆nea que separaba la contestaci贸n dentro de los l铆mites de la ortodoxia y la herej铆a es muy tenue. Algunos predicadores, en el anhelo de la reforma, avanzaban nuevas y radicales doctrinas, no necesariamente her茅ticas, pero que terminaban chocando con las autoridades. A principios del siglo XII, se destac贸 el ermita帽o Enrique de Lousanne. Invitado a predicar por el obispo de Mans, en 1116, incit贸 de tal modo a esos oyentes que atacaron al clero. Expulsado por el obispo continu贸 la predicaci贸n itinerante. Detenido en 1135, enviado a Cluny, huy贸, pero fue acab贸 preso y muri贸 en prisi贸n despu茅s de 1145.

Pedro de Bruys era otro predicador itinerante que, con radicalismo y聽 violencia, negaba toda la materialidad de la religi贸n en favor de una iglesia espiritual. Instaba a sus oyentes a atacar a los sacerdotes, profanar iglesias, quitar crucifijos y quemarlos. En 1132, una reacci贸n popular quem贸 en una hoguera que 茅l mismo hab铆a encendido.聽 Otros cl茅rigos que dirig铆an los movimientos de contestaci贸n podr铆an ser citados como Tanquelmo, muerto en 1115 por otro sacerdote, Eon de Stella, que muri贸 en prisi贸n en 1150; o el can贸nigo Arnaldo de Brescia, que predicaba una Iglesia pobre y peregrina, y acab贸 ahorcado y quemado en Roma en 1155.

4.2.1 Valdenses

Alrededor de 1175, despu茅s de una crisis religiosa, el pr贸spero comerciante de Lyon, Pedro Waldo (卤 1140-1217), tambi茅n conocido como Valdo de Lyon, obtuvo una traducci贸n de los Evangelios y otros escritos del Nuevo Testamento, abandon贸 a la familia, don贸 los bienes a los pobres y se convirti贸 en un predicador itinerante. Sus seguidores, conocidos como los valdenses o los Pobres de Lyon, vivieron la pobreza, la vida en com煤n y la castidad. Pedro predic贸 el retorno al Evangelio, pero tambi茅n critic贸 a los cl茅rigos indignos y algunas pr谩cticas de la iglesia. Tambi茅n declar贸 que su vocaci贸n no ven铆a de la Iglesia, sino de Dios mismo. Un contempor谩neo los describe: “No tienen casa, caminando en parejas, descalzos, sin provisiones; Ellos tienen todo en com煤n, como los ap贸stoles, y siguen desnudos al Cristo desnudo “(FALBEL 1977, p.106). Impedidos de predicar por el obispo de Lyon, recurrieron a Roma en 1179, donde se realizaba el 3er Concilio de Letr谩n. El movimiento fue aprobado con la condici贸n de que pidiesen permiso a los obispos para predicar. Como los obispos se negaban, y sin embargo, continuaban predicando, acabaron excomulgados en 1184. Desde entonces, el movimiento tom贸 contornos cada vez m谩s heterodoxos, con respecto a la doctrina, con los ataques m谩s duros contra las autoridades religiosas, y la creaci贸n de una jerarqu铆a propia, con obispos, sacerdotes y di谩conos. Una escisi贸n del movimiento se produjo en 1210, agravada despu茅s de la muerte de Pedro en 1217. Dos grupos se reconciliaron con la Iglesia: los Pobres Cat贸licos, dirigidos por Durand de Huesca y el grupo dirigido por Bernardo Prim (BOLTON, 1986, p. 66-70). De los movimientos her茅ticos medievales, los valdenses eran el 煤nico que sobrevivi贸 hasta los tiempos modernos, adhiri茅ndose despu茅s a la reforma protestante.

4.2.2 C谩taros

Los c谩taros (del griego, katar贸i perfectos) fueron, desde su aparici贸n en el siglo XI, identificados con la herej铆a (FALBEL, 1976, p. 36-7). Tambi茅n eran conocidos como albigenses, por su fuerte presencia en la ciudad de Albi en Francia y en el Languedoc (THOUZELLIER, 1969). Adem谩s de los elementos comunes a otros movimientos her茅ticos se distingu铆an por un marcado dualismo, que se opon铆a radicalmente a la doctrina cat贸lica: aceptaban s贸lo聽 el Nuevo Testamento,聽 negaban聽 la humanidad de Cristo, negaban la Eucarist铆a. Ellos mismos bendec铆an el pan en la cena. Rechazaban la evoluci贸n hist贸rica de la Iglesia, considerando la Iglesia primitiva como la verdadera Iglesia. Los c谩taros ten铆an partidarios entre las 茅lites se帽oriales y poco a poco ocuparon un importante espacio en la sociedad. Fueron combatidos, en un primer momento, a trav茅s de debates p煤blicos. San Bernardo y Santo Domingo fueron los principales nombres de la parte de la Iglesia, obteniendo poco 茅xito. Fueron condenados en 1184, por la bula Ad Abolendam, y en 1199, con la Vergentis in Senium. En 1209, una cruzada fue proclamada en su contra.

5 Los mendicantes

En el contexto de estos movimientos de reforma, hab铆a algunos grupos que, por vivir de limosnas, fueron llamados “mendicantes”. Dos de ellos se destacan como catalizadores para la renovaci贸n de todo el anhelo de renovaci贸n expresado hasta entonces, convirti茅ndose en los m谩s importantes aliados papales en la contenci贸n de la herej铆a y en la difusi贸n de los ideales reformadores: “En aquel tiempo (…) en el mundo que ya envejec铆a, nacieron en la Iglesia cuya juventud se renueva como el 谩guila, dos religiones (…) la de los Frailes Menores y la de los Predicadores “(TEIXEIRA, 2004, p. 1431).

5.1 Franciscanos

Hijo de un rico comerciante de As铆s, Francisco (1181 / 2-1226) busc贸 el 茅xito en las armas, pero se convirti贸, se fue a vivir la pobreza evang茅lica como predicador itinerante y penitente, y pronto consigui贸 seguidores. Francisco amaba, especialmente la pobreza evang茅lica, pero la fraternidad se convirti贸 tambi茅n en un diferencial de su movimiento: “Y despu茅s que el Se帽or me dio hermanos, (…) el Alt铆simo mismo me revel贸 que deber铆a vivir seg煤n la forma del santo Evangelio “(TEIXEIRA, 2004, p.189). Su modelo no era la Iglesia de los Ap贸stoles, sino el propio Cristo. Por otro lado, no atacaba al clero y mostraba un respeto reverencial por la Iglesia y la jerarqu铆a (BARROS, 2012, p.177). La coherencia entre predicaci贸n y vida atrajo seguidores. A principios de 1209, Francisco present贸 al Papa Inocencio III, un programa de vida, el cual fue aprobado oralmente, permiti茅ndoles ejercer la predicaci贸n exhortativa: estaba fundada la Orden de los Frailes Menores. En 1212, la joven Clara de As铆s, fue admitida en el grupo. Las clarisas, viviendo en clausura, se convirtieron en la rama femenina de los franciscanos. Hombres y mujeres, c茅libes y casados 鈥嬧媡ambi茅n se unieron a la “fraternidad”, siguiendo una regla propia. La regla definitiva de los franciscanos se aprob贸 en 1223. Francisco envi贸 a sus disc铆pulos en misi贸n por todo el Occidente, y surgieron los inevitables problemas institucionales y disciplinarios. Cuando muri贸 en 1226, la Orden estaba en franca expansi贸n, pero los frailes se encontraban en una encrucijada entre permanecer fiel a los ideales del fundador y sus primeros compa帽eros, o llevar a cabo las misiones que la Iglesia gradualmente confiaba a ellos. Asumiendo los “menores” posiciones de poder y control, la “santa pobreza”, inevitablemente, ser铆a puesta en cuesti贸n. A lo largo de los siglos XIII y XIV, la orden pasar谩 a trav茅s de una importante evoluci贸n, convirti茅ndose en uno de los soportes principales misi贸n de la Iglesia.

5.2 Dominicanos

Domingo de Guzm谩n (1175-1221), noble cl茅rigo espa帽ol, despu茅s de un viaje a Alemania con su obispo, Diego Azeb猫s, qued贸 impresionado con el avance de la herej铆a. A su regreso a Espa帽a en 1206, admirados con la ostentaci贸n y el lujo exagerado de los legados papales, en contraste con la pobreza y la frugalidad de la vida de los herejes que trataron en vano de convertir, comentaron con el legado: “No es esto, hermanos, en mi opini贸n, no es este el camino … con un espect谩culo contrario edificareis poco, destruir茅is mucho y no obtendr茅is nada”(GELABERT y MILAGRO 1947 p.172-3). Los dos decidieron predicar en pobreza e itinerancia en la regi贸n el Languedoc, sur de Francia, famoso por ser un basti贸n de los herejes. En 1207, un grupo se convirti贸 en Montreal. En el mismo a帽o fundaron una comunidad en Prouille para dar la bienvenida a las mujeres c谩taras convertidas. Diego, a su vez, consegu铆a una importante victoria en Palmiers, con la conversi贸n de los Pobres Cat贸licos valdenses guiados por Durand de Huesca. Despu茅s de la muerte de Diego, Domingo cre贸 una peque帽a comunidad de predicadores que fue aprobada en el IV Concilio de Letr谩n con el nombre de Orden de Predicadores, siguiendo la Regla de San Agust铆n. Domingo concluy贸 las Constituciones en 1221, haciendo hincapi茅 en la pobreza individual y com煤n. Los Predicadores se dedicaron al estudio en los grandes centros universitarios, en vista de la predicaci贸n. La austeridad de vida y celo apost贸lico atrajo a nuevos miembros. Algunas comunidades femeninas se unieron a la Orden. Cuando Domingo muri贸 en 1221, la Orden estaba en proceso de franca expansi贸n.

5.3 Originalidad de Francisco y Domingo

Domingo y Francisco fueron capaces de dar una respuesta 鈥渃at贸lica鈥 a los deseos de聽 reformar que en todas partes surgieron. A diferencia de las 贸rdenes religiosas tradicionales, ambos mostraron una apertura al mundo que quer铆an evangelizar (LAWERENCE 1998, p.9; Little, 1978, 168-9). La movilidad fue una de sus principales caracter铆sticas. Aunque Francisco elabor贸 una regla original y Domingo fue obligado a asumir la regla agustiniana, ambas fundaciones tienen como base el deseo de dedicarse en cuerpo y alma a la salvaci贸n de los cristianos, a trav茅s de la predicaci贸n apost贸lica, pobre, itinerante. As铆, aunque viven en comunidades, “el mundo era su claustro.” A diferencia de Francisco, que demuestra reserva en cuanto a los estudios acad茅micos, Domingos exige de sus frailes una formaci贸n acad茅mica ideal en vista de la predicaci贸n. Sin embargo, estando a煤n vivo Francisco, sus frailes van a comenzar a inserirse en el mundo acad茅mico y, poco a poco, los miembros de las dos 贸rdenes estar谩n juntos en las universidades, ya sea defendiendo los mismos ideales, ya sea聽 en campos opuestos, pero siempre buscando satisfacer las necesidades urgentes de la Iglesia.

Frei Sandro Roberto da Costa, OFM. Instituto Teol贸gico de Petr贸polis, RJ. Texto original Portugu锚s

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